Perlas Del Pensamiento

Temas y artículos sobre superación personal, sicología,realidad cuántica,cuentos para reflexionar

 

Archivo de Julio, 2010

La ciencia reconoce la importancia de la meditación

Aunque pueda sonar llamativo, de acuerdo con la información disponible en una de las bases de datos más respetadas dentro de la comunidad científica internacional hasta la fecha se han publicado más de 1800 trabajos científicos sobre la meditación.

Para el doctor Claudio Naranjo, médico psiquiatra, investigador y uno de los pioneros de la psicología transpersonal, la meditación puede hacer grandes aportes a la ciencia y la educación.

Un cuento sufí –de la doctrina mística del Islam– relata la historia de Nasrudin quien pierde sus llaves en el camino, y las empieza a buscar debajo de la luz del farol. A medida que pasa el tiempo se suman vecinos a ayudarlo a encontrarlas, pero luego de mucho tiempo, la búsqueda ha sido en vano. Finalmente, uno de los vecinos le pregunta a Nasrudin, “¿Seguro que las perdistes aquí?”, “No”, responde Nasrudin. “¿Entonces por qué las buscas aquí?”, le preguntan, y el responde: “Porque en esta esquina hay luz, mientras que la otra esquina está muy oscura.”
En cierta medida, el relato refleja los condicionamientos que regulan la mente y el comportamiento humano en la vida cotidiana, en el modo en que se imparte la educación a los niños y la manera en que se ejerce la práctica científica, entre otros ámbitos de la vida, según se destacó recientemente en la conferencia “La meditación, su importancia en el campo de la ciencia y la educación”, brindada por uno de los pioneros de la psicología transpersonal, el doctor Claudio Naranjo, en el auditorio de la Facultad de Medicina de la UBA.
Para el médico psiquiatra Naranjo, que ha sido investigador de la Universidad de Berkeley (Estados Unidos) y es fundador del Instituto SAT de psicoterapia integradora, la meditación constituye una herramienta que puede ayudar a “encontrar las llaves” allí donde se encuentran y no dónde es más fácil buscarlas. De acuerdo con Naranjo la meditación puede servir “para que el mundo científico pueda distinguir entre la ciencia propiamente tal y el cientificismo dogmático”. Asimismo consideró de gran relevancia el aporte que las dimensiones de la meditación pueden hacer en el campo de la educación tales como “la paz interior, la atención a las propias vivencias y otras que favorecen no sólo la salud mental, sino también el desarrollo interior de las personas, más allá de sus capacidades de producción.”

Estudios científicos sobre la meditación

Durante la conferencia, se subrayó que si bien muchos científicos consideran a la meditación un fenómeno muy abstracto, hasta la fecha figuran más de 1800 trabajos publicados en PubMed, una de las bases de datos más respetadas dentro de la comunidad científica. Estos estudios incluyen evidencias sobre los efectos de la meditación en la conciencia y en la atención, entre otras habilidades.
Por ejemplo, un trabajo publicado en el Proceedings of the National Academy of Science –realizado por investigadores de la Universidad de Wisconsin en Estados Unidos– se centró en el estudio comparativo de la actividad cerebral de personas que habían realizado meditación en prolongados períodos de tiempo frente a personas que no habían meditado. El análisis de los encefalogramas mostró que la actividad cerebral en ambos grupos era diferente.
Otro trabajo publicado por el grupo de R. Davidson en PLOS Biology revela que la práctica de la meditación afecta la capacidad de atención en estado de vigilia. Tras realizar una serie de ejercicios, los autores del trabajo observaron que los meditadores tienen una mayor capacidad para discriminar entre dos objetos que son expuestos en un muy breve lapso del tiempo. De acuerdo con los investigadores, los meditadores tenían esa habilidad dado que la energía del cerebro estaba concentrada en la atención focal y no tanto en pensamientos discursivos o en emociones.
Asimismo la revista PLOS One publicó en 2008 los resultados de un trabajo realizado en el campo de la biología molecular. En el estudio –que tuvo lugar en el Hospital General de Massachussets por científicos del Instituto Benson-Henry de Medicina Mente-Cuerpo– participaron personas que habían practicado meditación a lo largo de un lapso de entre 4 y 20 años, y otras que habían tenido poco o nulo acceso a esa práctica. En ellos se evaluó la respuesta de relajación, que es la opuesta a la respuesta de estrés, por medio de análisis de genómica funcional en muestras de sangre. Lo novedoso del estudio fue el concepto de estudiar a la respuesta de relajación por sí misma, ya que siempre se la contemplaba como un fenómeno que se origina luego de un episodio de estrés. Los investigadores descubrieron que los meditadores poseían un perfil de expresión genética característico en la sangre que permitía diferenciarlos de lo no-meditadores o de las personas que habían participado de un curso de meditación breve (8 semanas). Tanto en éste como en los otros estudios se concluyó que el tiempo dedicado a la meditación correlacionaba de manera positiva con los efectos que se estudiaban. En otras palabras, los efectos de la meditación son acumulativos, esto es, que es necesario realizar una práctica constante para ver sus resultados.
Por otra parte, fue importante detectar que los efectos derivados de la meditación se manifiestan también en el estado de vigilia, o sea cuando no se está meditando, por lo que se concluyó que la meditación posee efectos directos sobre las actividades diarias.
Por otra parte, desde el 2002 la revista Nature incluye en sus revisiones a la meditación como una actividad a través de la cual se influye al sistema nervioso.
Una de las iniciativas que ha fomentado el avance del estudio científico de la meditación proviene del Instituto Mente y Vida, con sede en Estados Unidos. Este instituto promueve la colaboración entre científicos y destacadas figuras del budismo que tienen como objetivo ampliar la comprensión del conocimiento a fin de generar un aporte no solo para el avance de las ciencias sino del desarrollo humano en todas las dimensiones de la vida.
En el prólogo del libro “Emociones destructivas” de Daniel Goleman (Editorial Vergara), el Dalai Lama escribe: “El budismo y la ciencia no son visiones contrapuestas del mundo, sino enfoques diferentes que apuntan hacia el mismo fin, la búsqueda de la verdad. La esencia de la práctica budista consiste en la investigación de la realidad, mientras que la ciencia, por su parte, dispone de sus propios métodos para llevar a cabo esa investigación. Tal vez, los propósitos de la ciencia difieran de los del budismo, pero ambos ensanchan nuestro conocimiento y amplían nuestra comprensión”. Y agrega: “Como demuestran los diversos encuentros organizados hasta el momento por el Instituto Mente y Vida, son muchos los ámbitos en los que el budismo puede contribuir al conocimiento científico”.

Meditación y ciencia

De acuerdo con Naranjo, a través de la meditación la ciencia podría despojarse del cientificismo: “Llamo cientificismo a una arrogancia que históricamente se desarrolló en la ciencia cuando libró su batalla contra la fe, en los orígenes del iluminismo, en los siglos de las luces, en el siglo de Voltaire, cuando se destronaron a los reyes, cuando se cuestionaron a las autoridades eclesiásticas como nunca antes. Es la única forma que tuvo la razón para triunfar, empleando argumentos envueltos de un autoritarismo equivalente de signo contrario. El dogmatismo religioso fue combatido con el dogmatismo de la razón.”
Sin embargo, el profesor Naranjo, señaló que en la actualidad hay algo anacrónico en ese dogmatismo científico. “Los científicos suelen sentir que no se pierden mucho con descartar sobre aquello sobre lo cual la razón no puede pronunciarse, y los del mundo de la intuición sienten que los científicos se pierden mucho porque una persona que tiene despierto ese otro sentido de la intuición, abierto al camino de la experiencia se puede acercar a esa sabiduría que equivale a una vida plena”, afirmó. Para el experto, a la ciencia le falta capacidad de síntesis y suele separar la razón de la intuición, cuando ambas capacidades podrían integrarse. “En la ciencia está esa tendencia de no “ver cosas demasiado difíciles, de no buscar la llave ahí donde está oscuro, sino más bien a la ‘luz de las lámparas’, a la luz del intelecto”, destacó. Y agregó que la meditación puede contribuir a esa capacidad de síntesis de las diversas dimensiones de las personas (intelecto, emociones e instinto, entre otros aspectos) tanto en el campo de la educación como en la práctica científica.

“Hay en cada persona una falta de paz, y esa falta de quietud y de estar en paz consigo mismo y con la vida no es algo irrelevante a la paz del mundo. Entonces la quietud es una practica meditativa que tiene muchas formas, está en muchas tradiciones como el hinduismo, el budismo, el taoísmo y sufismo, entre otras”, indicó Naranjo. Y agregó que la quietud –que es un aspecto de la meditación- cura automatismos del pensamiento y de la actitud.

“Estamos siempre en movimiento, estamos haciendo siempre esto, siempre haciendo aquello, y no nos damos cuenta de nuestra compulsión del hacer, de movernos, de la compulsión de querer llenar el vacío de nuestro ser con algo, con el próximo movimiento, con el próximo proyecto, con el próximo logro, con el próximo pensamiento. Pascal lo dijo hace siglos:’el problema del mundo es que la gente no sabe quedarse quieta en su cuarto’”, destacó el médico psiquiatra.

Pero no solo interesa el quedarse quieto, el detener la mente, el silenciar el pensamiento, interesa también lo que parecería que es lo contrario, afirmó Naranjo. Y prosiguió: “Se puede decir que hay en la meditación una dimensión que va de la luz roja del ‘quieto’ a la luz verde de ‘la invitación a fluir (dejar fluir la mente)’. Se trata de una complementariedad que la conocen muy bien los meditadores, sobre todo en la tradición Zen, en la que se insta a una imagen que se usa mucho que uno debe dejar que la mente sea como el cielo que es móvil e imperturbable pero por el cual pasan las nubes, como una entrega a la corriente de la vida.”

“Es como una invitación a dejarse llevar por algo desconocido, invitar a que entre en funciones una parte de nuestra mente que puede entrar a sustituir el pequeño Yo cotidiano y en esos momentos en que entra en operación esa parte, decimos que son momentos de inspiración. Entonces eso es una dimensión de la meditación que tiene esa polaridad, del signo ‘Pare’ y el signo ‘Siga’, pero que son una complementariedad, porque mientras más logramos quietud, el poder estar sin hacer, más logramos no ser esclavos de la acción compulsiva habitual”, explicó Naranjo y agregó que desde su punto de vista las personas que están interesadas en el estudio de la meditación están descubriendo que donde hay más meditación es en el budismo.

Asimismo destacó que “el budismo es la religión de la meditación por excelencia, el articulo supremo es ‘mejora tu mente’, y la manera de mejorar tu mente es la meditación si se quiere llegar a otro plano de la existencia.”

Según Naranjo, el que se interesa en estudiar la meditación, se hace un poco creyente de que la meditación sirve. “El hecho de que haya correlatos neurofisiológicos ya es un indicio de que es real. Creo que la cercanía entre la comunidad científica y la comunidad de quienes practican meditación inspirará un poco de fe de ese ideal humano que es más solidario”, aseguró a la Agencia CyTA. Y subrayó que desde el punto de vista de la investigación, la meditación libera la intuición por lo cual “puede que haya una ayuda a la capacidad inductiva en la ciencia.”

Por último, abogó por una “ciencia menos arrogante en su denigración de lo que no se comprende o aún no ha sido comprendido” y destacó que para la ciencia sería útil mostrar “la capacidad de estar abierto a todas las ideas. Ser riguroso, y tener una apertura, al mismo tiempo.”

Para el Médico Psiquiatra Claudio Naranjo, que ha sido investigador de la Universidad de Berkeley (Estados Unidos) y es fundador del Instituto SAT de psicoterapia integradora, la meditación constituye una herramienta que puede hacer grandes aportes a la educación y a la ciencia.

meditación

La ventana

El día amaneció gris, dejando sentir ya la llegada del invierno.
Hacía frío y era muy temprano,  por la noche una extraña inquietud no le había dejado dormir bien. Joaquín se levantó apesadumbrado, sintiendo en su
interior una rara sensación de desazón.
Lo primero que hizo fue acercarse a la ventana y correr las cortinas para que entrase un poco de luz luego se sentó delante de ella a contemplar el paisaje de finales de otoño y el mar que se veía bravío, como enojado por el viento que producía grandes olas. Estuvo allí horas mirando, mirando sin saber que era lo que en realidad buscaba ver, podía ser alguien que estuviera caminando, las olas, en realidad no tenía idea de qué estaba buscando.

Siguió largo tiempo así, sin pensar hasta que comenzó a ver cambiar el paisaje que lo rodeaba, el sol se asomó, todo se veía más brillante y alegre, comenzó a pensar entonces en la vida, cómo sin darnos cuenta las cosas surgen y resurgen - tanto es así que hay veces que nos sentimos como si estuviésemos atrapados en una rueda giratoria; dando vueltas y más vueltas sin poder parar sintiéndonos cual juncos y camalotes en medio del agua arrastrados por la corriente y sin siquiera darnos cuenta de que nunca es la misma agua la que nos arrastra pues el río sigue su cauce al igual que la vida que nos pasa muchas veces por delante y la vemos pasar inmutables, culpando al “destino” a “Dios” o al “Universo”; no importa el nombre que le demos la “culpa” de lo que “nos pasa” o “no nos pasa” nunca es nuestra y si logramos darnos cuenta de que sí “somos los creadores de nuestras vivencias y no vivencias” nos cuesta aceptarlo y siempre encontramos alguna o varias excusas y “porqués” para lo que hicimos o no hicimos ;vivimos en un eterno devenir, que muchas veces nos arrastra y si no reaccionamos a “tiempo” éste se nos fue y la vida pasó ante nuestros ojos como un carnaval y nunca la vivimos, en realidad fuimos vividos por ella, consumidos por sus “devenires”.-

Comenzaron a aparecer en su mente imágenes de su vida de antaño, su niñez, su adolescencia, su juventud, y pensó qué había hecho en todos esos años que habían pasado que en realidad fuera lo que él quería hacer; ahora a los cincuenta años se dio cuenta de que en realidad nunca había hecho algo que realmente quisiera, que le hiciera feliz, no tenía el empleo que  quería y ni siquiera una posición económica desahogada; aunque con esfuerzo había podido conseguir una vida confortable, estaba solo, vivía solo pues nunca había podido encontrar el amor, o por lo menos eso creía él. Muchas veces había sentido antes la desazón que no le había permitido casi dormir la noche anterior acompañada de una sensación de vacío que no lograba explicarse y en la cual realmente nunca había querido pensar mucho, después de todo vivía así por su propia elección.

Esta vez era diferente, no sabía porqué pero así lo sentía, había nacido en él la imperiosa necesidad de saber el porque de aquellos sentimientos. Siguió tratando de recordar hachos, situaciones y repasarlas en su mente para poder ver con un poco más de claridad cuales habían sido sus errores, en que se había equivocado; todavía estoy a tiempo -pensaba- si logro darme cuenta de mis errores podré cambiar mi vida.

Así estuvo largas horas repasando su vida, de a poco fue devanando la madeja, lo material no le preocupaba pues sabía que podía remediarlo cuando quisiera pues era una persona muy inteligente y con habilidades muy desarrolladas en muchas áreas las cuales le permitirían conseguir otro empleo pero esta vez haciendo algo que le gustara hacer como por ejemplo el dibujo, la pintura, la escultura que eran su hobby- también en el olvido por “falta de tiempo”- y la podía convertir en su medio de vida. Comenzó a pensar en los sentimientos, cómo era posible que nunca hubiera encontrado ni conocido el verdadero amor se preguntaba; en ese momento oyó una voz interior que le preguntaba ¿qué piensas de ti mismo? Trató de contestar esa pregunta y no podía responder,  en realidad jamás se había detenido a pensar en si mismo, daba por hecho que existía pues se veía y podía tocarse, pero ¿quién era?, ¿estaba vivo, es decir realmente sentía vida dentro de él? Sintió un escalofrío que lo recorrió por dentro y por fuera de su cuerpo, acaso era solo eso, un cuerpo con una mente; o era algo más. Pero que más podía ser, ¿porqué de pronto sintió tanta angustia? otra vez oyó la voz que le decía mira dentro de tu corazón allí encontrarás todas las respuestas; ¿cómo que “mire dentro de mi corazón” -se preguntaba-, cómo lo hago?

En ese momento como si fuera una respuesta comenzó a escuchar y sentir sus latidos cada vez con más fuerza y fue por primera vez que sintió la Vida que habitaba en él, una inmensa alegría y sensación de paz inundaron todo su ser de tal modo que estuvo rato largo atendiendo y pensando en la Vida que él es.

Los rayos del sol brillaban cada vez con mayor intensidad, tanto que en un determinado momento fue como si ese sol fuera él mismo y en ese instante encontró al verdadero amor y lo sintió con tanta fuerza que le parecía que envolvía al mundo entero; esa fue la razón de que yo estuviera solo-pensó-, ahora entiendo, ahora siento y sé que estaba buscando fuera lo que debía encontrar dentro de mí. De pronto vio sus ojos reflejados en el vidrio de la ventana y una sonrisa que nunca más se le borraría, en eso se movió, abrió los ojos y se dio cuenta de que todo había sido un hermoso sueño que le cambiaría la vida para siempre; miró hacia la ventana desde su cama y siguió sintiendo el Amor y la Vida que por vez primera supo que estaban dormidas dentro de él esperando a que los despertara, en ese momento volvió a nacer pero como un ser pleno y con la convicción de que de ahora en más se había terminado la soledad pues era tanto el Amor que tenía dentro de sí que estaba decidido a compartirlo con el mundo.

Esa mañana se levantó - aún era temprano- y lo primero que hizo fue correr las cortinas de la ventana -esta vez estaba bien despierto- y mirar hacia el mar, ese mar que tanto lo había atraído siempre con sus misterios e inmensidad; pero ahora se veía diferente, todo para él “era diferente” no olvidaba el sueño de la noche anterior y vio todo a su alrededor con un brillo especial, como si los seres y las cosas tuvieran “luz propia”.

Se quedó un rato, en silencio, contemplando el paisaje  que lo rodeaba y era como que estuviera “viendo” por primera vez. Ahora lo veía todo con claridad y seguía sintiendo asombro y una “sensación” desconocida para él hasta entonces.

Todo era tan nuevo que parecía como si estuviera en otro lugar, y allí seguía el mar, ese mar…

Se volvió hacia el espejo y por primera vez se “vio” como lo que realmente era,

vio  el rostro de un niño sonriendo, luego se transformó en el rostro de un adolescente, aquella sonrisa ya no era la misma, se veía algo sombría,- y claro, el estudio, la indecisión propia de la edad..-; ahora el rostro era el de un adulto y aquella fresca sonrisa de la infancia había desaparecido por completo y se había convertido en una mueca entre triste y amarga, el ceño fruncido, la mirada melancólica como añorando aquella infancia y los sueños que en ella tenía y habían sido postergados por “su propio bien” según la familia y allegados, “acá en Uruguay nadie vive del arte” decían.

Se “re-conoció” en esos rostros y pensó ¿qué había hecho él por ellos? nada, se dijo, solo se dejó llevar y…no hay más excusas ni porqués; el último rostro que apareció fue el de “ahora” y ahí quedó, contemplándose y le gustó tanto lo que vio que su corazón parecía que iba a explotar de la emoción ¡él también tenía luz propia!

Había vuelto la sonrisa fresca y espontánea de la infancia, ahora sabía que todavía estaba “a  tiempo” de hacer por esos seres que se le habían  “re-presentado” las cosas que ellos hubieran querido que hiciera.

Se duchó y salió a la calle con una sonrisa que ni él se había visto ni imaginado que podía tener jamás. Todo lo que veía le parecía diferente, a cada persona que se le cruzaba -lo conociera o no- lo saludaba con esa hermosa sonrisa y lo bendecía para “sus adentros”; todos le respondía de igual manera, como que iba contagiando su alegría y su gratitud hacia la Vida que le permitió “re-descubrirse” y “re-descubrirla” en sí mismo y en los otros; los que hasta no hace más que algunas horas no importaban, en realidad hasta no hace más que algunas horas ni él mismo importaba.

Caminó un rato hasta que llegó a la playa, se sentó en la arena a mirar el mar, a escuchar el sonido de las olas que iban y venían hasta que comenzó a sentirse parte de él y en ese devenir sentía que era transportado a un lugar mágico, de ensueño y ahí si se dejó llevar por ese sentimiento pero a conciencia, porque él quería que fuera así, nadie se lo había impuesto. Pasado algún tiempo, miró allá a lo lejos, donde el cielo y el mar parecen unirse; y se unieron para él y sintió como si “todo fuera uno y una misma cosa”

Era tan grande y tan extraña para él aquella sensación pero a la vez tan hermosa que estaba como extasiado. Él, que nunca había creído más que en lo que podía ver y tocar estaba “disolviéndose” entre el cielo y el mar y formando parte de ellos y ellos parte de él. Sentía  que eso es el Amor,  el verdadero, el que ama y no necesita tocar algo o a alguien para sentirlo porque no toca más que con el corazón y se trasmite desde el Alma y se expande hacia Todo y Todos atrayendo solo cosas buenas a quien lo da y a quien lo recibe -aunque este último no tenga conciencia de ese Amor- y al igual que con el cielo y el mar formaba parte de él y él parte de ellos y se dio cuenta de que todos somos parte de Todo y el Todo forma parte de nosotros. Entonces, pensó que había pasado la mitad de su vida luchando para conseguir quien sabe qué si todo lo que podía desear ya era suyo porque también formaba parte del mismo Todo y estaba hecho de los mismos elementos.

cuentos para reflexionar, editorial, narrativa
chatroulette chatrandom