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OBSTÁCULOS PARA QUE LA SOCIEDAD RECONOZCA LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES

Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la violencia contra las mujeres es aún una pandemia global. Hasta un 70 por ciento de ellas sufre algún tipo de ésta en su vida. Se calcula que entre 500 mil y dos millones de personas son víctimas cada año de trata, lo que las lleva a la prostitución, a realizar trabajos forzados, a la esclavitud o servidumbre; de éstas, alrededor del 80 por ciento son féminas y niñas.

“México sigue más o menos ese patrón: al menos una de cada tres mujeres ha sido golpeada, obligada a tener relaciones sexuales o ha padecido otro tipo de agresión, tanto en el ámbito público como en el privado”, señaló Patricia Piñones Vázquez, académica del Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) de la UNAM.

Con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, que se conmemora este 25 de noviembre, detalló que la invisibilidad y la normalización son obstáculos para que la sociedad reconozca la violencia hacia ese género.

Además, indicó que en el país una de cada cinco ha sido maltratada física o sexualmente; cada 15 segundos se agrede a una, y en uno de cada tres hogares ha habido maltrato emocional, intimidación, abuso físico y sexual hacia ellas.

Asimismo, resaltó que el daño físico mata o provoca discapacidad en un gran número de este segmento, en el rango de edad de entre 15 y 44 años, cifra superior a las enfermas de cáncer cervicouterino o de mama.

El asesinato es el acto culminante de una serie de vejaciones cruentas. La violencia contra ese sector es una pandemia global y un problema cultural que debe atenderse desde el punto de vista social y cultural; destroza vidas, rompe comunidades y detiene el desarrollo; es un problema social que ha existido desde siempre, “lo grave es que se naturaliza, nos hemos acostumbrado y la percibimos como normal”.

En el país el miedo y la vergüenza son obstáculos para que las mujeres denuncien, razón por la que los datos son inconsistentes.

Un estudio de ONU Mujeres al respecto, afirma que a pesar de la alta incidencia de transgresiones a sus derechos, la legislación mexicana ha sido precursora en la región en materia legislativa en el tema; ejemplo de ello son las leyes generales para la Igualdad entre Mujeres y Hombres (2006), y la de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (2007).

También, se considera un avance fundamental la reforma constitucional en derechos humanos, que los eleva a rango constitucional, así como las recientes reformas al Código Penal Federal.

La discriminación contra mujeres y niñas, así como la desigualdad de género, tienen su expresión en los actos cotidianos que se cometen contra ellas; de acuerdo con datos de las Naciones Unidas, son las violaciones de garantías más extendidas y traen graves repercusiones en la salud, la libertad, seguridad y vida; socavan el desarrollo de los países, generan inestabilidad en las sociedades e impiden el progreso hacia la justicia y la paz.

En la nación, el ambiente de impunidad, sumado a la insensibilidad y ausencia en la rendición de cuentas por parte de un sector considerable de autoridades del ámbito de la impartición de justicia, “hace sinergia con la violencia y discriminación sistemática, que deriva de estructuras patriarcales y machistas asentadas en prácticas, valores y normas, así como en disposiciones jurídicas, según afirma un reporte de la ONU”, indicó Piñones.

La violencia basada en el género exhibe otros tipos de discriminación como la diversidad de las preferencias sexuales, aspecto castigado por los patrones culturales tradicionales. “Es contra todo esto que luchamos en esta fecha”, remarcó.

Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2011), 47 de cada 100 mujeres de 15 años o más que han tenido pareja o esposo, han vivido situaciones de violencia emocional, económica, física o sexual; 44.8 por ciento de las casadas o unidas ha sido agredida por su pareja o esposo al menos una vez a lo largo de su vida en común, pero más grave aún es que esta situación ocurrió, incluso, en el noviazgo.

De acuerdo con el Instituto Mexicano de la Juventud, en el noviazgo 15.5 por ciento de las mexicanas de entre 15 y 24 años de edad ha sido víctima de actos en el sentido referido, 75 por ciento ha sufrido agresiones psicológicas y 16.5 por ciento ha vivido al menos una experiencia de ataque sexual, añadió.

Además, prosiguió, en el país 30 de cada 100 mujeres se unió en pareja antes de los 18 años, lo que muestra una de las tantas caras de la discriminación, pues indica la falta de oportunidades y opciones de desarrollo.

“Si pensamos en nuestras hijas, alumnas, compañeras, uno considera que esto no puede seguir así, tenemos que alzar la voz; el 25 de noviembre es un buen día para decir ni una más, ya basta”.

Son múltiples los costos sociales y económicos de estas conductas, así como sus consecuencias; en primer término, tienen efectos intergeneracionales inmediatos, es decir, se repiten los patrones en las nuevas generaciones. “Si todo mundo percibe este comportamiento como normal, se aprende a verlo así y después se replica de la misma manera, lo que tiene impactos a nivel individual en los sobrevivientes, es decir, los niños que presencian la violencia en cualquiera de sus formas y expresiones”.

Además de reducir la productividad y agotar los presupuestos públicos, sus costos y consecuencias duran generaciones y obstaculizan los esfuerzos de los países para reducir este problema en materia educativa, de trabajo y salud, entre otras.

A fin de disminuir estas condiciones, debemos promover los derechos de las mujeres y de las niñas, una vida sana con igualdad de oportunidades, pero también se requiere que éstas los conozcan y los exijan. Asimismo, es necesario que quienes se desempeñan en las instituciones encargadas de proveerlos, los respeten.

Debemos visibilizar la violencia hacia ese género desde un enfoque multicultural, de la diversidad y de los derechos humanos; esto hace la diferencia y nos permitirá prevenirla, sancionarla y erradicarla desde cada uno de los espacios de incidencia

FUENTE: Boletín UNAM-DGCS-681 —- Ciudad Universitaria. —- 24 de noviembre de 2014

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