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La oportunidad. Autor David Gómez Salas, el Jaguar

La oportunidad

Autor David Gómez Salas, el Jaguar.

Dedicada a mis amigos Gonzalo G Piqué y Carlos Fragoso Bernal

El viernes 10 de octubre de 1997 asistí a las tres de la tarde al  restaurante Angus ubicado en la colonia Florida al sur de la ciudad de México, para comer con mis amigos Gonzalo G Piqué y Carlos Fragoso Bernal. Nuestras reuniones eran siempre reconfortantes. En algún sitio agradable compartíamos múltiples ideas sobre aspectos técnicos y humanos. La oportunidad que surgió en esta reunión refleja el contexto en que se desarrollaba de nuestra amistad.

Un día antes, el jueves 9 de octubre de 1997, el huracán Paulina azotó la ciudad de Acapulco Guerrero. Ciudad turística que en aquel año contaba con 700 mil habitantes y 15,000 cuartos de hotel. Era fácil imaginar los problemas que estaría viviendo esta ciudad y los que viviría en los siguientes días. Un golpe a la economía de la ciudad y; lo más grave fue que afectaba, por su ubicación, a las personas más humildes.

Sabíamos que el huracán Paulina había dañado los sistemas de agua potable y alcantarillado, las plantas potabilizadoras y las plantas de tratamiento de aguas residuales.  La ciudad no contaba con esos servicios y tomaría semanas repararlos y ponerlos en operación, El riesgo de una epidemia era real, así que decidimos ir a apoyar a la ciudad de Acapulco.

Gonzalo G Piqué que era  Vicepresidente Ejecutivo para América Latina de U. S. Filter, comentó que su empresa tenía plantas portátiles de tratamiento de agua  en Laredo Texas, frontera de Estados Unidos con México.

Si conseguíamos llevar y operar una de esas plantas, ayudaríamos a muchos habitantes de Acapulco.  Con una planta portátil podríamos tratar un millón de galones por día. Entregando 10 galones (37.85 litros) de agua por persona, podríamos apoyar cada día a 100 mil personas.

Llamé por teléfono al Ingeniero Guillermo Guerrero Villalobos, Director General de la Comisión Nacional del agua, para darle a conocer nuestro espontáneo plan. Requeríamos que el gobierno agilizara los trámites para cruzar la frontera e introducir a México una planta potabilizadora y llevarla hasta Acapulco, lo más pronto posible. Para asegurar que el ingeniero Guerrero tomara mi llamada hablé primero con su secretaria particular Loyda Casimiro, una gran amiga y excelente persona.

Gonzalo consiguió convencer U. S. Filter en gastar, de manera altruista, miles de dólares para apoyar a la población de Acapulco a salir con ventura de esa crisis.

Carlos Fragoso Bernal, que era Director Comercial en U. S Filter y conocía diversos funcionarios llamó a sus amigos para que apoyaran esta aventura.

Con innumerables llamadas telefónicas y gran cantidad de contactos, se obtuvieron los permisos requeridos para que la planta potabilizadora entrara al país y circulara por el territorio mexicano hasta el puerto de Acapulco.

El mismo viernes  a las nueve de la noche se contaron con la aprobación de todas las personas indicadas, de los gobiernos de Estados Unidos, México y la empresa U. S. Filter.

El sábado a las ocho de la mañana un gran remolque con una planta de tratamiento de agua cruzó la frontera. Recorrió siete Estados de la República Mexicana, escoltado por funcionarios y policías mexicanos. El recorrido duró 26 horas debido a la lluvia, deslaves y dos pinchaduras en los neumáticos.

El mismo sábado en mañana US Filter envió un equipo de 15 personas para instalar y operar la planta. Yo compré los cuñetes de hipoclorito de sodio que usaríamos para la desinfección del agua tratada; porque cuando se acude a ayudar en situaciones de emergencia conviene llevar todo. Los comercios ubicados en la zona de desastre  tienen problemas de abasto.

El domingo  a las siete de la mañana llegaron a mi casa Gonzalo y Carlos para salir a Acapulco. El viaje bajo la lluvia y con obstáculos en la carretera, fue lento.

Arribamos a la ciudad de Acapulco, sus calles estaban inundadas y con barro por todas partes. Las personas formaban filas en los sitios donde el gobierno repartía botellas con agua potable. También  había personas caminando con cubetas en la mano, las cuales las llenaban en los camiones cisterna del gobierno, estacionados en algunos puntos de la ciudad.

Localizamos el campamento de la Comisión Nacional del Agua y ahí nos dirigimos a la oficina del Ingeniero Guerrero. Afuera de su oficina encontramos al Licenciado Diego Paulino Rosas, gerente de Comunicación Social, a quien le explicamos nuestra misión. Diego Paulino nos dijo que llamáramos a la puerta, lo hicimos y no abrieron, dirigí de nuevo la mirada a Diego Paulino y me dijo: Abran la puerta y pasen. Lo hicimos.

Estaba el Ingeniero Guerrero Villalobos reunido con el ingeniero Próspero Ortega  y otros funcionarios. Al principio el ingeniero Guerrero mostró  en su rostro sorpresa y hasta cierto enojo porque interrumpimos su junta.

–Ingeniero  Guerrero Villalobos y señores, buenas tardes, somos de U. S. Filter y trajimos un gran remolque con una planta de tratamiento de agua para situaciones de emergencia,  la estacionamos en las afueras de la Acapulco. Estamos aquí para instalar y operar la planta. ¿En dónde quieren que la instalemos?–dijo Gonzalo

–¿Cual es la capacidad de la planta?– Me preguntó el ingeniero.

– Cuatro millones de litros por día– Contesté. Es un sistema de filtración y cloración, agregué.

– Los filtros son hasta de 10 micras, detienen parásitos y quistes. Además cuenta con un sistema de cloración para desinfección bacteriológica.–Dijo Carlos.

Platicamos en forma breve un poco más y el ingeniero Guerrero le pidió a un colaborador que nos mostrara los puntos donde se podría instalar nuestra planta.

El primer sitio era un charcos cuya alimentación de agua era mínima, no convenía porque lo agotaríamos rápidamente.

El segundo sitio era bajo un túnel carretero por donde escurría agua filtrada. El agua era de buena calidad, pero el caudal era del orden de 5 litros por segundo e iría disminuyendo velozmente porque el área de captación era pequeña. Ese caudal se podía captar y clorar para usarlo directamente para abastecer de agua a los habitantes aledaños.

El tercer sitio era sobre el Río Camarones que tiene una área de captación grande y el caudal era del orden de 60 litros por segundo, lo que permitía suponer que aún disminuyendo podríamos alimentar nuestra planta durante varios días.

La planta de tratamiento se ubicó en el río Camarones con el apoyo de 40 soldados del ejército mexicano, que construyó en el río una obra de toma provisional, para que se mantuviera el nivel del agua adecuado (50 centímetros de profundidad) y se alimentara un tubo de acero de 6 pulgadas(quince centímetros) de diámetro.

El ejercito también apoyó con 16 soldados que descargaron el lunes al medio día la arena de cuarzo y otros materiales. En la noche arribó otro trailer y los soldados descargaron la grava y la antracita.

Y así se logró apoyar a los habitantes de Acapulco, el martes les dimos agua tratada. El laboratorio municipal realizó los análisis al agua tratada para garantizar su calidad. Muchos habitantes de Acapulco contaron con agua para bañarse, limpiar pisos de sus casas, lavar lo indispensable de ropa y utensilios, etc.

Alcanzamos nuestro objetivo: mejorar las condiciones de higiene y sanidad de la población para evitar la aparición de una epidemia.

Cuando recuerdo este hecho me siento feliz por haber tenido la oportunidad de ayudar a los demás sin aspirar a recibir algo a cambio.  Sin embargo, años después, me doy cuenta que recibí mucho, porque al recordar siento gran alegría.

Ensayo, Social, Política y economía

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