Noticiencias

Blog en Monografias.com

 

Archivo de Julio, 2013

Prevención contra la gastritis, úlcera péptica y cáncer

Hacia 1983, John Robin Warren y Barry Marshall, médicos e investigadores australianos, descubrieron que la causante de muchas de las gastritis y de las úlceras pépticas era la bacteria Helicobacter pylori, ligada al desarrollo de cáncer gástrico, segunda causa de muerte en el mundo dentro de las enfermedades neoplásicas (en 1994, la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer la clasificó como un carcinógeno del grupo 1).

En la actualidad, se calcula que 50 por ciento de la población del planeta está infectada con H. pylori, y según un estudio de 1998, el 66 por ciento de los mexicanos es seropositivo.

De ese 50 por ciento, la mayor parte permanecerá asintomática o padecerá gastritis leve, y de ese porcentaje, de 10 a 15 por ciento desarrollará una úlcera péptica.

Esta última se clasifica en úlceras gástricas y duodenales. H. pylori es responsable del 80 por ciento de las primeras, y de casi 95 por ciento de las segundas. Con respecto al cáncer gástrico, de uno a tres por ciento de los infectados corre riesgo de desarrollarlo.

Irma Romero Álvarez, investigadora del Departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, dirige un estudio de la actividad anti-Helicobacter pylori de extractos y compuestos aislados de diversas plantas medicinales mexicanas.

Al principio, con el apoyo de científicos del Instituto de Biología (IB), Romero Álvarez y sus colaboradores identificaron tanto las plantas comerciales que se vendían en el Mercado de Sonora, como las colectadas por ellos para combatir trastornos gastrointestinales o de dolor de estómago, y escogieron las que tenían mejor actividad anti-Helicobacter pylori. Desde entonces las analizan para tratar de discernir cómo actúan.

“Trabajamos en el laboratorio con la bacteria in vitro y probamos la actividad gastroprotectora y antiinflamatoria de las plantas medicinales en ratones. Nuestra investigación, que lleva varios años, es básica y multidisciplinaria: también participan investigadores de la Facultad de Química (FQ) y del IB, así como del Cinvestav del Instituto Politécnico Nacional”, añadió.

Entre las plantas medicinales analizadas por los universitarios están el cuachalalate, la hoja del aguacate, estafiate, hierba del cáncer, yerbabuena, chirimoya, algunos epazotes, árnicas, y la chupandilla.

La primera fue el cuachalalate, porque es una de las más famosas. En la FQ ya se habían estudiado sus propiedades gastroprotectoras y antiinflamatorias, pero no se sabía si tenía un efecto anti-Helicobacter pylori.

En cuanto a la chupandilla, hallaron que se usaba como adulterante del cuachalalate. Científicos del IB les dijeron que, debido a la escasez de esta última, los vendedores suelen complementarla con un poco de la primera.

“Al estudiarla por separado, nos dimos cuenta de que, incluso, era más activa que el cuachalalate para eliminar a la bacteria in vitro. De este modo decidimos analizarla a profundidad porque no había muchos estudios químicos, microbiológicos, gastroprotectores, ni antiinflamatorios”.

Fraccionaron la chupandilla con distintos solventes y observaron, en primer lugar, la actividad anti-Helicobacter pylori de sus extractos; luego vieron su toxicidad, pues para pasar a una fase posterior es necesario saber si son tóxicos o no.

Así detectaron dos extractos: uno hexánico, que tiene una adecuada actividad contra la bacteria, y propiedades antiinflamatorias y antiulcerosas importantes, pero del que se obtienen pequeñas cantidades, y otro metanólico, que tiene menos actividad anti-Helicobacter pylori y propiedades antiinflamatorias que el hexánico, pero es un excelente gastroprotector y de él se pueden extraer cantidades importantes.

“Lo que queremos es comprobar si las propiedades que se les atribuyen son ciertas, y a partir de ahí, tratar de aislar los compuestos que podrían llegar al mercado como un nuevo antibiótico, aunque sabemos que las probabilidades de que un compuesto obtenido por nosotros llegue son bajas”, reconoció Romero Álvarez.

Actualmente, los extractos de plantas reciben apoyo, porque la ONU se percató que la gente sigue con su uso como una fuente alternativa de medicamentos.

“Contienen muchos compuestos que pueden tener efecto sobre distintas sintomatologías. En el caso de la gastritis y la úlcera péptica, un extracto que mate a la bacteria, sea gastroprotector y antiinflamatorio, y no cause tantos efectos colaterales, sería quizás un artículo más viable que un nuevo antibiótico. Por eso nuestra idea no es sólo contribuir al desarrollo de un nuevo fármaco, sino poner en manos de la población uno o varios extractos que permitan tratar, directa e integralmente, esos padecimientos”, indicó.

Recientemente, los investigadores realizaron un experimento piloto para ver si el extracto metanólico de la chupandilla podía tener no sólo actividad gastroprotectora, sino resolver la úlcera gástrica. Lo administraron en ratones con úlcera inducida por alcohol y obtuvieron una mejora significativa. Con los datos que recopilen estarán más cerca de pasar a la siguiente etapa, la clínica.

“Nuestra intención es completar los estudios preclínicos en ratones y pasar a la etapa final: la clínica en seres humanos. Para ello necesito asociarme con alguien que trabaje la farmacología de los compuestos que vayamos a probar”, apuntó.

Debido a que a la fecha no hay una vacuna contra H. pylori, otra línea de estudio de Romero Álvarez y sus colaboradores es probar si los extractos y compuestos que han aislado son capaces de inhibir los procesos de colonización de esa bacteria, con lo que incidirían en la prevención de los padecimientos que ocasiona.

FUENTE: Boletín UNAM-DGCS-435 - Ciudad Universitaria - 19 de julio de 2013.

Educación y cultura, Posgrados, Salud

BARRO CON CHAPOPOTE Y ACEITE DE CHÍA, MATERIAL DE CONSTRUCCIÓN

Mediante la química orgánica, investigadores universitarios han podido identificar las sustancias que hace más de mil años permitieron a los arquitectos construir con barro edificios que permanecen hasta nuestros días, a pesar de lluvias y huracanes.

En el sitio arqueológico La Joya de San Martín Garabato, en el municipio de Medellín de Bravo, a 15 kilómetros al sur del puerto de Veracruz, hay arquitectura monumental construida entre los periodos Protoclásico y Clásico (entre los años 400 y 1000 después de Cristo).

Dado el deplorable estado en que se encontraba la estructura, debido a la extracción de tierra para fabricar ladrillo, en 2004 se iniciaron las excavaciones, y a partir de 2009 un grupo interdisciplinario realizó los estudios sobre materiales estructurales originales, la preservación y mantenimiento de la pirámide.

Para los investigadores es importante identificar las sustancias que han mantenido a la pirámide en mejores condiciones de lo que se esperaría, dado el tipo de material empleado. Ello no sólo para conocer el avance tecnológico que permitió que se desarrollara una tradición arquitectónica que usó el barro como material de construcción en el trópico húmedo, sino también para emplearlo en la conservación de restos arqueológicos y en nuevas edificaciones.

Annick Daneels, del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM, responsable del proyecto, quiso saber cuáles elementos permitieron que por siglos el barro resistiera a la lluvia y al viento.

En el proyecto DGAPA-PAPIIT/UNAMIN300812 (2012-2014) “Patrimonio arquitectónico en tierra: estudio y gestión”, también participaron Yuko Kita, del Programa de Becas Posdoctorales en la UNAM, IIA, y Alfonso Romo de Vivar, responsable del Laboratorio de Productos Naturales, del Instituto de Química (IQ).

Para su análisis, se tomaron muestras de la estructura, como rellenos, adobes, pisos y aplanados, de las que se extrajeron y separaron las sustancias que los técnicos académicos de los laboratorios del IQ sometieron a varios experimentos, por ejemplo, espectroscopia infrarroja, resonancia magnética nuclear y espectrometría de masas.

Los análisis de las sustancias en las muestras estructurales se compararon con los de capas de chapopote sobre piezas de cerámica prehispánica del mismo periodo y sitio arqueológico. “En los resultados de ambos, encontramos hidrocarburos, ésteres aromáticos, y algunos que pensamos provienen de la descomposición del triglicérido de aceite secante”, dijo Romo de Vivar.

El académico agregó que los hidrocarburos y algunos ésteres podrían provenir de derivados del petróleo, como el bitumen, conocido en México por la palabra, de probable origen nahua, chapopote. El aceite secante actuaría como disolvente de aquél.

Yuko Kita, doctora en conservación de patrimonio cultural, indicó que el chapopote se disuelve bien en los aceites secantes. “De éstos, el más conocido es el de linaza, que se usa para las pinturas al óleo mezclado con pigmentos, y también para barnizar muebles de madera. Esa semilla de linaza no es endémica de México, pero la chía sí, de la que también se obtiene un aceite secante que habría sido utilizado como disolvente del chapopote.

“Disuelto este último, se habría utilizado como estabilizante del barro. Quizá de esta manera se empleó en la construcción prehispánica”, señaló la investigadora.

Material poco adecuado para la construcción

“En 2009 un equipo de arqueólogos, arquitectos, químicos e ingenieros, empezó a trabajar en la parte inorgánica de los materiales de la construcción prehispánica para saber qué tipo de arcilla contenía y encontraron una muy expansiva (esméctica) que no es un material muy favorable para usarlo en construcción”, relató Yuko Kita.

Annick Daneels consideró que alguna sustancia debió ser utilizada para estabilizar esta arcilla expansiva y conservar en buen estado las edificaciones, y buscó la colaboración de los químicos de la UNAM para determinarla.

“El uso del mucílago o ‘baba’ de nopal para fabricar adobe es muy conocido, pero aunque en la región crece nopal no es tan abundante como en el altiplano central”, externó Yuko Kita. “En otras regiones del trópico húmedo, como Guatemala y El Salvador, también hay estructuras prehispánicas de tierra cruda, y allá usan el extracto de malva (Sida rhombifolia) para la preservación e intervención de estas estructuras. Actualmente, se emplea el extracto de un árbol, la guácima (Guazuma ulmifolia) para fabricar adobe”.

Como las dos especies crecen en la región de La Joya, Annick Daneels estimó que utilizaron el extracto de una de ellas como aglutinante para la estructura de barro.

Se machacan los tallos y hojas de la malva y se remojan en agua, y al siguiente día se obtiene un líquido fluido con burbujas. El extracto de guácima se extrae de la corteza, al remojarla en agua por un día. El resultado es un líquido viscoso, un poco parecido a la baba del nopal, explicó Yuko Kita.

Sin embargo, al analizar los materiales originales de construcción hallaron una cantidad considerable de hidrocarburos.

“Como teníamos la idea de los mucílagos vegetales, al principio pensamos que hubo alguna impureza en los disolventes o contaminación moderna. Pero al trabajar con los disolventes del grado analítico, aún salía gran cantidad de hidrocarburos en las muestras, por eso confirmamos que éstos provienen de los materiales originales”, apuntó Yuko Kita.

Al confirmar su presencia, se preguntaron de dónde provenían. “Se sabe que en la antigua Mesopotamia se empleaba bitumen para pegar los adobes o impermeabilizar la estructura de tierra, y hoy en Estados Unidos se usa para estabilizar la estructura de tierra cruda disuelta en disolventes industriales o en forma de emulsión en agua. Los olmecas también utilizaban bitumen caliente para impermeabilizar sus construcciones. El caso de La Joya es distinto porque suponemos que disolvieron el bitumen en aceite secante, como el de chía, para poder mezclarlo con la tierra”, expuso.

Aceite de chía, como disolvente

Romo de Vivar está convencido de que la chía, planta de origen mexicano, es la fuente del aceite secante usado como solvente del chapopote. “El triglicérido puede provenir de ese aceite. Las señales en los espectros de resonancia magnética nuclear del triglicérido identificado en los materiales estructurales corresponden a los de aceites secantes”.

Por su parte, Yuko Kita añadió que “el único aceite secante prehispánico que se conoce es el de chía, y se tienen evidencias en México de su uso intenso, en lugar del de linaza en la pintura al óleo hasta el siglo XVIII. Pero estamos en proceso de identificar su origen y aún no podemos confirmar que fue el de chía, aunque es probable que sí”.

El chapopote disuelto en este último se mezclaba con el lodo para realizar una arquitectura monumental. “Esto hacía a la arcilla menos expansiva al evitar que entrara agua”, abundó.

Pruebas en el sitio

Desde diciembre de 2012, los investigadores empezaron a construir cinco muros de prueba en el sitio. En uno utilizaron agua sin estabilizante; en otro, el extracto de malva; en el tercero, mezclaron la tierra con extracto de guácima, y en el cuarto, usaron chapopote disuelto en aceite secante de linaza; en el último, probaron un producto comercial de emulsión de asfalto base agua.

“El aplanado sin estabilizante en seguida se agrietó. Los aplanados que contienen chapopote y la emulsión asfáltica no presentaron grietas profundas al fraguar. Tampoco en los casos de malva y guácima, aunque quizá no aguanten la época de lluvias. Vamos a monitorearlos para evaluar su resistencia a la intemperie”, detalló.

Como el empleo del chapopote disuelto en aceite secante en la construcción con barro no se había reportado en la literatura latinoamericana, los investigadores consideran que este hallazgo abriría nuevas rutas en los estudios sobre la arquitectura prehispánica de tierra cruda, y también sobre el origen de la materia prima, su producción y comercio en las antiguas culturas mesoamericanas.

FUENTE: Boletín UNAM-DGCS-441   Ciudad Universitaria  22 de julio de 2013.

Educación y cultura, Física y Química, Posgrados

TEJIDO ÓSEO A PARTIR DE CÉLULAS MADRE

Investigadores de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala de la UNAM, desarrollan una línea de estudio para crear tejido óseo, a partir del cultivo de células madre tomadas de la pulpa dental de las piezas temporales o “de leche”, y de los terceros molares, mejor conocidos como “muelas del juicio”, con la intención de tratar defectos óseos como parte de la patología bucodental.

Con este fin, se instalará un laboratorio de ingeniería tisular en la Clínica Odontológica Cuautepec –una de las ocho a cargo de la entidad universitaria-, con apoyo de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación del Distrito Federal (SECITI). Además, impulsará indagaciones en la materia entre los alumnos de licenciatura y posgrado, informó Martín Ascanio Balderas, coordinador de los trabajos.

El universitario indicó que este proyecto, que se encuentra en sus primeras etapas, ha tenido el apoyo institucional de Patricia Dávila Aranda, directora de la FES Iztacala, quien determinó un espacio físico para su desarrollo.

En el lugar, ubicado en la delegación Gustavo A. Madero, se realizará el proyecto La ingeniería de tejidos en las disciplinas odontológicas, en el que también participan José Cano Brown y Carlos Andrés Gallardo, académicos de la FES, asesorados por Raúl Rosales Ibáñez, profesor investigador de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).

Odontólogos del futuro

Los trabajos de ingeniería tisular en odontología aún son incipientes. Refieren a la construcción de tejidos en el laboratorio, a partir de células localizadas en la boca, campo en el cual la UASLP incursionó hace cuatro años, recordó el profesor-investigador de la universidad potosina.

“En conjunto con la FES, estamos por abrir un proyecto similar en la UNAM, para formar a los odontólogos del futuro. Además de contribuir en su formación profesional, pueden desarrollar investigación de alto nivel en esta nueva ciencia, con beneficio para los pacientes”, dijo Rosales Ibáñez.

La colaboración entre la instancia de esta casa de estudios y la UASLP, comenzó en diciembre de 2011, año en que Alberto Jiménez, alumno de la carrera de Cirujano Dentista de Iztacala, asesorado y acompañado por los profesores referidos (de la FES), llevó al laboratorio de ingeniería tisular de Raúl Rosales un tercer molar que fue extraído en la Clínica Odontológica Acatlán; en ese espacio se llevaron a cabo las fases experimentales para obtener las células madre a partir de la pulpa dental.

El laboratorio

El profesor de la FES adelantó que los trabajos tienen el objetivo de estandarizar la técnica para el cultivo de células madre tomadas de la pulpa dental, de ligamento periodontal y del paladar, para crear músculos, huesos o cartílago.

Además, se trabajará en la diferenciación celular y en los andamios tisulares. Posteriormente, se indagarán los avances en animales de experimentación, hasta llegar a su aplicación clínica en pacientes.

En los primeros años, el proyecto estará orientado al linaje osteogénico, para localizar otras zonas de la boca de donde obtener las unidades de cultivo. Es fundamental que las clínicas odontológicas participen en el proyecto, subrayó el especialista en oclusión y prótesis.

La finalidad es que los estudiantes se gradúen con una tesis y la publicación de un artículo indizado, con ranking internacional, para estandarizar la técnica de cultivo de células madre a nivel mundial.

A futuro, podría ser una alternativa en terapias regenerativas. Las instalaciones de Iztacala podrían aportar la piel que requieren los tratamientos de pacientes que sufren quemaduras o huesos para atender fracturas que no sanan.

FUENTE: Boletín UNAM-DGCS-440 Ciudad Universitaria  21 de julio de 2013.

Posgrados, Salud

La oportunidad. Autor David Gómez Salas, el Jaguar

La oportunidad

Autor David Gómez Salas, el Jaguar.

Dedicada a mis amigos Gonzalo G Piqué y Carlos Fragoso Bernal

El viernes 10 de octubre de 1997 asistí a las tres de la tarde al  restaurante Angus ubicado en la colonia Florida al sur de la ciudad de México, para comer con mis amigos Gonzalo G Piqué y Carlos Fragoso Bernal. Nuestras reuniones eran siempre reconfortantes. En algún sitio agradable compartíamos múltiples ideas sobre aspectos técnicos y humanos. La oportunidad que surgió en esta reunión refleja el contexto en que se desarrollaba de nuestra amistad.

Un día antes, el jueves 9 de octubre de 1997, el huracán Paulina azotó la ciudad de Acapulco Guerrero. Ciudad turística que en aquel año contaba con 700 mil habitantes y 15,000 cuartos de hotel. Era fácil imaginar los problemas que estaría viviendo esta ciudad y los que viviría en los siguientes días. Un golpe a la economía de la ciudad y; lo más grave fue que afectaba, por su ubicación, a las personas más humildes.

Sabíamos que el huracán Paulina había dañado los sistemas de agua potable y alcantarillado, las plantas potabilizadoras y las plantas de tratamiento de aguas residuales.  La ciudad no contaba con esos servicios y tomaría semanas repararlos y ponerlos en operación, El riesgo de una epidemia era real, así que decidimos ir a apoyar a la ciudad de Acapulco.

Gonzalo G Piqué que era  Vicepresidente Ejecutivo para América Latina de U. S. Filter, comentó que su empresa tenía plantas portátiles de tratamiento de agua  en Laredo Texas, frontera de Estados Unidos con México.

Si conseguíamos llevar y operar una de esas plantas, ayudaríamos a muchos habitantes de Acapulco.  Con una planta portátil podríamos tratar un millón de galones por día. Entregando 10 galones (37.85 litros) de agua por persona, podríamos apoyar cada día a 100 mil personas.

Llamé por teléfono al Ingeniero Guillermo Guerrero Villalobos, Director General de la Comisión Nacional del agua, para darle a conocer nuestro espontáneo plan. Requeríamos que el gobierno agilizara los trámites para cruzar la frontera e introducir a México una planta potabilizadora y llevarla hasta Acapulco, lo más pronto posible. Para asegurar que el ingeniero Guerrero tomara mi llamada hablé primero con su secretaria particular Loyda Casimiro, una gran amiga y excelente persona.

Gonzalo consiguió convencer U. S. Filter en gastar, de manera altruista, miles de dólares para apoyar a la población de Acapulco a salir con ventura de esa crisis.

Carlos Fragoso Bernal, que era Director Comercial en U. S Filter y conocía diversos funcionarios llamó a sus amigos para que apoyaran esta aventura.

Con innumerables llamadas telefónicas y gran cantidad de contactos, se obtuvieron los permisos requeridos para que la planta potabilizadora entrara al país y circulara por el territorio mexicano hasta el puerto de Acapulco.

El mismo viernes  a las nueve de la noche se contaron con la aprobación de todas las personas indicadas, de los gobiernos de Estados Unidos, México y la empresa U. S. Filter.

El sábado a las ocho de la mañana un gran remolque con una planta de tratamiento de agua cruzó la frontera. Recorrió siete Estados de la República Mexicana, escoltado por funcionarios y policías mexicanos. El recorrido duró 26 horas debido a la lluvia, deslaves y dos pinchaduras en los neumáticos.

El mismo sábado en mañana US Filter envió un equipo de 15 personas para instalar y operar la planta. Yo compré los cuñetes de hipoclorito de sodio que usaríamos para la desinfección del agua tratada; porque cuando se acude a ayudar en situaciones de emergencia conviene llevar todo. Los comercios ubicados en la zona de desastre  tienen problemas de abasto.

El domingo  a las siete de la mañana llegaron a mi casa Gonzalo y Carlos para salir a Acapulco. El viaje bajo la lluvia y con obstáculos en la carretera, fue lento.

Arribamos a la ciudad de Acapulco, sus calles estaban inundadas y con barro por todas partes. Las personas formaban filas en los sitios donde el gobierno repartía botellas con agua potable. También  había personas caminando con cubetas en la mano, las cuales las llenaban en los camiones cisterna del gobierno, estacionados en algunos puntos de la ciudad.

Localizamos el campamento de la Comisión Nacional del Agua y ahí nos dirigimos a la oficina del Ingeniero Guerrero. Afuera de su oficina encontramos al Licenciado Diego Paulino Rosas, gerente de Comunicación Social, a quien le explicamos nuestra misión. Diego Paulino nos dijo que llamáramos a la puerta, lo hicimos y no abrieron, dirigí de nuevo la mirada a Diego Paulino y me dijo: Abran la puerta y pasen. Lo hicimos.

Estaba el Ingeniero Guerrero Villalobos reunido con el ingeniero Próspero Ortega  y otros funcionarios. Al principio el ingeniero Guerrero mostró  en su rostro sorpresa y hasta cierto enojo porque interrumpimos su junta.

–Ingeniero  Guerrero Villalobos y señores, buenas tardes, somos de U. S. Filter y trajimos un gran remolque con una planta de tratamiento de agua para situaciones de emergencia,  la estacionamos en las afueras de la Acapulco. Estamos aquí para instalar y operar la planta. ¿En dónde quieren que la instalemos?–dijo Gonzalo

–¿Cual es la capacidad de la planta?– Me preguntó el ingeniero.

– Cuatro millones de litros por día– Contesté. Es un sistema de filtración y cloración, agregué.

– Los filtros son hasta de 10 micras, detienen parásitos y quistes. Además cuenta con un sistema de cloración para desinfección bacteriológica.–Dijo Carlos.

Platicamos en forma breve un poco más y el ingeniero Guerrero le pidió a un colaborador que nos mostrara los puntos donde se podría instalar nuestra planta.

El primer sitio era un charcos cuya alimentación de agua era mínima, no convenía porque lo agotaríamos rápidamente.

El segundo sitio era bajo un túnel carretero por donde escurría agua filtrada. El agua era de buena calidad, pero el caudal era del orden de 5 litros por segundo e iría disminuyendo velozmente porque el área de captación era pequeña. Ese caudal se podía captar y clorar para usarlo directamente para abastecer de agua a los habitantes aledaños.

El tercer sitio era sobre el Río Camarones que tiene una área de captación grande y el caudal era del orden de 60 litros por segundo, lo que permitía suponer que aún disminuyendo podríamos alimentar nuestra planta durante varios días.

La planta de tratamiento se ubicó en el río Camarones con el apoyo de 40 soldados del ejército mexicano, que construyó en el río una obra de toma provisional, para que se mantuviera el nivel del agua adecuado (50 centímetros de profundidad) y se alimentara un tubo de acero de 6 pulgadas(quince centímetros) de diámetro.

El ejercito también apoyó con 16 soldados que descargaron el lunes al medio día la arena de cuarzo y otros materiales. En la noche arribó otro trailer y los soldados descargaron la grava y la antracita.

Y así se logró apoyar a los habitantes de Acapulco, el martes les dimos agua tratada. El laboratorio municipal realizó los análisis al agua tratada para garantizar su calidad. Muchos habitantes de Acapulco contaron con agua para bañarse, limpiar pisos de sus casas, lavar lo indispensable de ropa y utensilios, etc.

Alcanzamos nuestro objetivo: mejorar las condiciones de higiene y sanidad de la población para evitar la aparición de una epidemia.

Cuando recuerdo este hecho me siento feliz por haber tenido la oportunidad de ayudar a los demás sin aspirar a recibir algo a cambio.  Sin embargo, años después, me doy cuenta que recibí mucho, porque al recordar siento gran alegría.

Ensayo, Social, Política y economía
chatroulette chatrandom

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda