lig tv izle
justin tv

Noticiencias

Blog en Monografias.com

 
promosyonbank.com promosyon canta

Tiburones come gente. Autor David Gómez Salas

Tiburones come gente

Autor David Gómez Salas

Convencí a Goyo y al Pedro para escapar de la Colonia Penal Federal Islas Marías. Fue fácil convencer a Pedro,  porque estaba decidido a todo, debido a que lo había abandonado su novia.  A Goyo  también lo habían abandonado, pero estaba menos afectado.

Goyo llegó al penal con su mujer Natividad más conocida como la Naty. Pedro llegó con su novia Margarita, alias la Márgara.  Conmigo iba la Sirenita, que la mató una enfermedad.

Al transcurrir casi un año la Naty abandonó a Goyo,  se juntó con un guardia llamado Genaro. Por su parte la Márgara abandonó más rápido a Pedro, a los seis meses de su llegada se juntó con el Cuadrado, otro custodio.

Los tres teníamos motivos para desear no ver más aquel lugar y algunos de sus habitantes.

La Isla María Madre está vigilada por la infantería de Marina y está prohibido acercarse a la isla a una distancia menor a 12 millas. Sin embargo de noche es posible acercarse a la costa y retirarse pronto sin ser descubiertos. Por eso que mi idea fue salir nadando de noche y abordar una lancha a 100 metros de la costa.

Necesitaba conseguir quien me apoyará con una lancha, tenía varios amigos pescadores de confianza, uno de ellos: El Oxígeno.

Goyo creía que el mar estaba infestado de tiburones y atacarían a quién se arrojara al agua.

Conozco la zona—Le dije. Hay muy pocos tiburones, porque hace muchos años estuvieron pagando a setenta dólares el kilo de aleta seca de tiburón y los pescadores casi acabamos con los tiburones.

De la Isla María Madre a la costa continental hay una distancia de 72 millas que se podrían recorrer en cuatro horas y media, metiéndole velocidad. Normalmente navegando con tranquilidad el recorrido se hace en cinco horas y media. Siempre y cuando, existan buenas condiciones de viento, oleaje y corrientes marinas.

Los guardias pasaban lista a los presos tres veces al día, la primera vez a las cinco de la madrugada y la última vez a las ocho de la noche. A partir de las nueve y media de la noche hay toque de queda, nadie puede salir de su vivienda. Ningún preso puede estar en calles, caminos, costa o sitio alguno que no sea su casa.

El mejor momento para escapar es durante el toque de queda, porque se tiene el resto de la noche sin que pasen lista. Pero como también hay que cuidar no ser vistos por los otros presos y habitantes, conviene esperar a que duerma la mayoría. Las once de la noche es  buena hora.

Así que salimos a las once de la noche, nos arrastramos y caminamos hasta la playa, para lanzarnos al mar y nadar hasta el punto donde nos recogería el Oxígeno con su lancha La Malquerida.

El Oxígeno nos dijo que en caso de ver una lancha patrulla debíamos tirarnos de inmediato al agua. Nos entregó a cada uno, un juego de ropa compuesto por short, camiseta, chaleco salvavidas y aletas. Todas las cosas eran de color negro, para que fuera difícil que nos vieran en el agua.

En caso de que nos arrojáramos al mar, La Malquerida continuaría el viaje a la costa para que al ser interceptada más adelante, solo encontraran en la lancha al Oxígeno, a Yaco que era su hijo y ayudante, y la pesca del día.

Oxígeno me dio una brújula para que al nadar de noche, pudiera orientarme a la costa. Una pequeña lámpara para ver la brújula y hacer señales en caso necesario. Y un frasco que contenía una crema de elaboración casera. A un producto artificial llamado esperma de ballena, le agregan extractos de ruda y ajo. El esperma de ballena artificial es insoluble en el agua de mar.

Nos cambiamos de ropa, la que traíamos la metimos en una bolsa de red plástica, amarramos a una piedra que llevó el Oxígeno y la arrojamos al fondo del mar. Y nos embadurnamos la crema en las piernas, sirve para ahuyentar a los tiburones, no se acercan.

No se preocupen, no los dejaré abandonados—nos dijo. Un amigo, el Memín, estará al pendiente de ustedes y si nota que regreso a San Blas sin ustedes, él saldrá en su lancha a buscarlos. Navegará haciendo una señal para que ustedes sepan que es él.  Será una luz  larga, tres luces cortas, una larga, tres cortas; repetidamente. Cuando vean la señal, encienden la lámpara para que él pueda verlos.

El plan para evitar que nos encontraran en la lancha era: tirarnos al agua cuando los viéramos venir y después tener mucha suerte. Simple.

Cerca de las dos horas de la madrugada observamos que venía una lancha y nos tiramos al mar. Oxígeno continuó navegando La Malquerida rumbo a  San Blas. Aquella madrugada el cielo estaba nublado, no se veía la luna, ni las estrellas.

El agua estaba fría y gracias a Dios el mar no estaba agitado. Yo iba al frente, atrás a mi izquierda Goyo y atrás a mi derecha Pedro. Nadamos rumbo al Este. Goyo estaba asustado y a cada rato imaginaba ver tiburones.

No te preocupes, los tiburones no comen mierda—dijo Pedro a Goyo. Pero es mejor que te coma un tiburón, así tu alma queda en el animal, no se la lleva el diablo al infierno

Creo que no vendrán por nosotros. Estaremos un chingo en el agua. De repente se pone el agua helada. ¿Cuánto dura el ungüento que nos pusimos?—dijo Goyo.

No se quita con el agua, dura mucho. Vamos a nadar con calma, para que no nos de un calambre—contesté.

¿Cómo se quita?—pregunto Goyo.

Con gasolina o con alcohol—dijo Pedro.

Le atinamos a una noche oscurísima, no nos verá ni Dios—dijo Goyo.

Hace mucho tiempo que no te ve—contestó Pedro

Después de estar cerca de tres cuartos de hora en el agua, se aproximaron a nosotros, dos lanchas provenientes del Este.  Nos quedamos quietos y las lanchas pasaron de largo.

¿Quiénes serían?—preguntó Goyo. Yo creo que la policía, ya habrán avisado al puerto, por radio. Se contestó el mismo

No vi que hicieran la señal convenida—les dije.

Hay que hacerse a la idea de que seguiremos nadando hasta la Playa—dijo Pedro.

Más o menos otros tres cuartos de hora después, regresaron del Oeste. Esta vez pudimos ver que hacían la señal convenida. Una luz larga, tres cortas. Pero como eran dos lanchas no encendí la lámpara y las lanchas nuevamente pasaron de largo.

Debiste encender la lámpara, las dos lanchas hicieron la señal—me dijo Pedro.

Lo raro es que son dos lanchas—respondí

Que tal vino a buscarnos el Memín y otro compa. Con dos lanchas se puede revisar mejor—dijo Pedro

Si regresan encenderé la lámpara—contesté.

Y pasó casi otra hora para que viéramos de nuevo las dos lanchas que aparecieron en el Este, esta vez venían muy al norte de nosotros. Encendí de inmediato la lámpara para que nos vieran y por las prisas no esperé a ver si hacían bien la señal. Y después de dos o tres minutos nos vieron y se dirigieron a nosotros.

La primera lancha que llegó era de la guardia costera.

¡Chin! Volveré a ver a la Naty—exclamó Goyo.

Y yo a la Márgara—dijo Pedro

Yo simplemente no puedo ver  la Isla—contesté.

Repentinamente oí: ¡Ya la hicimos, mis cuates! Era la voz del Oxígeno, gritando.

La lancha de atrás era La Malquerida y desde ahí gritó: ¡Aquí el Capi es mi amigo, está para ayudar, le vale madres lo demás!

A bordo de La Malquerida, Oxígeno nos contó que la lancha patrulla tardó en alcanzarlo porque él le metió duro para que lo detuvieran lejos de nosotros. Cuando la lancha patrulla lo alcanzó, Oxígeno se dio cuenta que el que lo perseguía era su amigo.

Han pasado muchos años después de aquella madrugada y todavía me reúno con Goyo y Pedro, al menos una vez al año. Siempre al tomar el primer trago brindamos por “La Naty”, “La Márgara” y mi Sirenita.

He leído que de 70 prófugos que han escapado de la Isla María Madre en los últimos quince años, las autoridades de la isla solo capturaron a cuatro. Las autoridades opinan que probablemente a los demás se los comieron los tiburones. ¡Ya ni Goyo!

¡Salud, salud y salud!

    Compartir este post en:
  • Facebook
  • Twitter
  • menéame
  • Delicious
  • Technorati
  • Digg
Cuentos y poesías

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.


Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda