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Archivo de Julio, 2011

El conocimiento del mundo. Parte 10


El conocimiento del mundo. Parte 10

Autor José Gabriel Gutiérrez Pantoja

Hasta ahora se ha hecho referencia a una tipología simple de cómo los humanos a partir de nuestras condiciones fisiológicas, psicológicas y sociales podemos aproximarnos al conocimiento de nuestro mundo. Y se dice aproximarnos porque no obstante las capacidades humanas para entender y transformar su entorno, su vinculación con los objetos es unilateral, espacial e histórico.

Esto nos indica que nosotros solo podemos percibir de los objetos con los que nos relacionamos, por muy pequeños y simples que sean, lo que se manifiesta de ellos a nuestros sentidos. Es decir, lo que de ellos podemos percibir. Y solo percibimos lo que se nos presenta, ya que otra parte se nos oculta, sea el otro lado o su interior. Además de de que esa percepción corresponde al momento y al sitio en que nos relacionamos con ese objeto.

Por ende, el conocimiento del mundo, y particularmente de nuestro mundo vida, como se señaló inicialmente, implica la dificultad que nos presentan los objetos para su conocimiento. Es decir, nuestras posibilidades de conocer los objetos están relacionadas directamente con las características de los objetos.

De manera general podemos decir que los objetos tienen mayor dificultad para su conocimiento cuando ellos son inestables, y el criterio de inestabilidad lo da la vitalidad del objeto. Todos los objetos que consideramos dentro del llamado reino de lo animado, o animal, es decir, todo lo que tiene autonomía de movimiento y una temporalidad de vida que será consecuente con sus circunstancias.

En ese reino animal encontramos diversos tipos de vida que incluye desde los virus, los microbios, los insectos, las serpientes, los felinos, los peces, las aves y los seres humanos, entre otros, en sus diversas características y composiciones. De estos el que mayor dificultad implica para su conocimiento es el ser humano, debido a que tiene el elemento que lo distingue de los otros entes animados: la razón.

A todos los demás entes animados se les puede condicionar para que tengan ciertas formas de comportamiento y, en muchas ocasiones, pueden ser previsibles. Pero en el caso de los humanos, sus formas de comportamiento pueden variar aún bajo ciertos condicionamientos, por lo que el conocimiento de su individualidad y de su relación con otros seres humanos, eso que se llama relación social tiene una enorme dificultad para poder conocerse.

Esa dificultad para el conocimiento del mundo, se va reduciendo cuando los objetos son más estables. Por ejemplo en el caso de lo que se ha clasificado como parte del reino vegetal, donde se incluye todo tipo de vegetación, desde las selvas hasta los desiertos. Pasando por todo tipo de árboles y flores que se han vuelto parte de la cotidianeidad humana, en sus diferentes hábitats, ya sea rural, semiurbano o urbano. Si bien en la historia del conocimiento humano sobre ese reino se han hecho diversas clasificaciones que pretenden dar cuenta del mismo, todavía hay mucho por conocer, pues sus procesos de vida también cambian de acuerdo con las condiciones medioambientales.

Finalmente en el llamado reino mineral, que podemos calificar como más estable que los otros, también se ha hecho un gran avance en el conocimiento de los diversos elementos. Muchos de ellos que fueron descubiertos desde hace muchos años y fueron transformados por la inteligencia humana para ponerlos a su servicio, siguen siendo investigados para saber que nuevas combinaciones y aleaciones se pueden hacer para darles utilidades distintas a las hasta ahora conocidas, estos son los avances de la tecnología aplicados a los diversos productos de consumo humano.

Si hacemos una breve referencia sobre la vinculación de los objetos con los tipos de conocimiento, podemos identificar que por lo inestable del objeto de conocimiento humano, los productos del conocimiento y los saberes se orientan principalmente hacia lo mítico, debido a que ese objeto, por su constante transformación, no puede ser comprobado lo que se dice de él ya que lo que se percibe en un tiempo y un espacio, no se puede reproducir, salvo mediante el uso de instrumentos de registro como las cámaras fotográficas y de video, o las grabadoras, pero ello solo nos permite aproximarnos al objeto que puede ser interpretado de diversas maneras. Y no podemos descartar los conocimientos precientíficos por lo novedoso de la información.

En el caso de los objetos más estables como los denominados reinos vegetal y mineral, los conocimientos precientíficos y los saberes empíricos son los que prevalecen; y en el caso de aquellos investigadores que están constantemente trabajando con los objetos de la realidad podemos encontrar los conocimientos científicos. Como se dijo los conocimientos y saberes filosóficos se vinculan con los otros tipos.

Cierto que estos procesos de conocimiento y saberes son mucho más complejos que lo que aquí se describe, pues habría que buscar ejemplos particulares que nos lleven a su mayor explicación.

Educación y cultura, filosofía

El conocimiento del mundo. Parte 9

El conocimiento del mundo. Parte 9.  Autor José Gabriel Gutiérrez Pantoja

Los conocimientos y saberes filosóficos son parte de nuestro proceso personal de conocimiento, aunque suelen no ser muy comunes, estos se presentan cuando centramos nuestra atención en nuestras acciones, nuestros conocimientos y nuestros pensamientos.

Se ha establecido que la tradición filosófica de occidente comenzó en la Antigua Grecia y tuvo, principalmente, su desarrollo en esa área. Por ello se afirma que el término «filosofía» es originario de Occidente, y su creación ha sido atribuida al pensador griego Pitágoras, quien acuñó el término de φιλοσοφία, que significa ‘amor por la sabiduría’. Los trabajos de Platón, popularizaron en sus diálogos la práctica filosófica pues contrapuso a los filósofos y los sofistas; los filósofos eran quienes se dedicaban a buscar la verdad, mientras que los sofistas eran arrogantemente quienes afirmaban poseerla, y con ello, ocultaban su ignorancia detrás de juegos retóricos o adulación, convenciendo a los otros con argumentos infundados o falsos, cobrando además por enseñar a hacer lo mismo.

Por su parte Aristóteles adoptó esta particularidad de su maestro, extendiéndola junto con su obra a toda la tradición occidental posterior. La filosofía se constituyó así en un pensamiento de nuestras formas de pensamiento y de nuestras maneras de actuar.

Posteriormente el pensador alemán Emanuel Kant, afirmaba que la enseñanza de la filosofía era para aprender a filosofar, no para conocer lo que dicen los otros filósofos, pues ello nos niega la prerrogativa de filosofar.

A partir de esas premisas se establece que uno de los tipos de conocimiento es el filosófico que se identifica como esos momentos del pensamiento en los que pensamos sobre nuestros pensamientos, pues toda acción conlleva necesariamente un pensamiento que es el que conjuntamente con nuestras acciones nos permiten entender el proceso de nuestra vida y por ende nuestro proceso de conocimiento.

Si bien en nuestro proceso de vida en vigilia realizamos muchas actividades, ya sea de manera rutinaria o reflexiva, hay ocasiones que por voluntad propia o por condiciones del entorno, vinculado obviamente con nuestro proceso de conocimiento, queremos explicarnos o criticar esas acciones y razonamientos personales, es entonces que pasamos de los conocimientos y saberes cotidianos y comunes al conocimiento filosófico.

Es por ello que el conocimiento filosófico se constituye en vigilante, crítico o promotor de nuestros otros tipos de conocimiento y por ello de nuestras acciones.

El conocimiento filosófico tiene así la función de una epistemología, de un conocimiento del conocimiento que, como dijimos, se puede presentar eventualmente en nuestros procesos de conocimiento. La expresión de epistemología viene del griego πιστήμη (episteme), que significa “conocimiento”, y λόγος (logos) que se entiende como “teoría”. Literalmente la podemos entender como teoría del conocimiento, pero toda teoría se forma a partir de las diversas formas o tipos de conocimiento. Es decir, como conocemos los conocimientos y particularmente nuestros propios conocimientos.

El conocimiento filosófico puede constituirse así en el vigilante y guía de nuestros otros tipos de conocimiento. Cuando ello se hace más común, el hacer y el decir, que parte de nuestros procesos de conocimiento, ya no se podrán realizar o exponer sin antes haber razonado los posibles alcances de esos actos. El conocimiento filosófico se integra a nuestras formas de conocimiento y razonamiento cotidiano, común, con lo que vamos constituyendo una orientación epistemológica personal a nuestra vida.

Es con ello que los conocimientos y los saberes filosóficos se estatuyen como el sustento de nuestra epistemología personal lo cual puede ser la guía de nuestros proyectos de vida. Ello significa que si bien nuestros conocimientos no dejarán de ser accidentales, ellos se irán disminuyendo pues nuestra vida será menos dependiente del azar y más de la intención racional, con lo cual podemos reducir las incertidumbres en nuestros procesos de vida y, por ende, de conocimiento.

El conocimiento filosófico tiene así una función primordial en nuestros procesos de conocimiento, pues le da a nuestra condición de seres racionales el sustento que se requiere para exaltar la característica que nos hace diferentes de los otros seres animados de éste mundo: la razón.

Educación y cultura, filosofía

El conocimiento del mundo. Parte 8

El conocimiento del mundo. Parte 8

Autor José Gabriel Gutiérrez Pantoja

Los conocimientos y saberes científicos son menos comunes en los procesos de conocimiento, ello se debe a que en nuestro conocimiento del mundo, en el que radica el humano, los descubrimientos individuales tienen que darse a conocer a los interesados en el objeto de interés común, a las llamadas comunidades científicas. Estas comunidades están conformadas por conjuntos de individuos que tienen un trabajo orientado a un área de conocimiento. De manera general podemos decir que las áreas del conocimiento se han establecido para que los estudiosos puedan entender lo más posible de las mismas. Así podemos identificar que unos se dedican a lo que se ha denominado como física, química, geografía, biología, medicina, sociología, política, etc. Ello se debe a que el mundo en que vivimos es tan complejo que solo cuando se hace una división de trabajo en diversas áreas esas comunidades intentan lograr los mayores alcances para explicar sus contenidos. Así, cuando alguien aporta un conocimiento novedoso para esa comunidad, es lo que se puede determinar como conocimiento científico.

De acuerdo con nuestra tipología, cuando un individuo hace personal o de forma colectiva el descubrimiento de un objeto, a éste se le determinó como precientífico, pero para que se reconozca como científico, es decir, como una aportación novedosa a un área de conocimiento, se requiere la participación de aquellos que trabajan en áreas afines para que puedan verificar que efectivamente ese conocimiento es novedoso. Es entonces cuando se le puede reconocer como conocimientos científicos, es decir aquellos que aportan descubrimientos y, por ende, conocimientos nuevos para sus áreas.

Si bien los conocimientos son percepciones novedosas del entorno y los saberes interacciones reiteradas, en el caso del conocimiento científico que nos ocupa, se vuelve saber a partir del momento en que la comunidad científica realiza las corroboraciones necesarias para verificar lo novedoso de la propuesta. Luego de hacer las experimentaciones, análisis explicaciones y verificaciones que determinen los alcances de las aportaciones, esos conocimientos científicos los podemos identificar como saberes científicos.

Por ello todo conocimiento científico, todo descubrimiento y reconocimiento como tal, tiene un tiempo de vigencia, el cual dura hasta que la comunidad científica de esa área del conocimiento lo acepte como una aportación novedosa, para entonces, al constituirse en un saber científico, se divulgará con el fin de que lo conozcan aquellas personas que estén interesados en el descubrimiento y sea parte de los saberes empíricos, adquiridos solo como referencia documental pero, generalmente, no experimental.

Este tipo de conocimiento no obstante que su finalidad es aportar nuevos conocimientos del entorno de la humanidad, ha adquirido diversas connotaciones, una de las principales es que al concepto de lo científico se le utiliza como un ascendiente de autoridad cognoscitiva para indicar que algún objeto o producto tiene un valor reconocible e indiscutible, no obstante que falten los argumentos socialmente demostrativos.

En ocasiones cuando una empresa promociona un producto se afirma que sus cualidades están “científicamente comprobadas”, pero lo mismo sucede cuando a partir de un argumento se pretende imponer una idea, resaltando que es un “conocimiento científico”.

Con ello lo científico ha perdido el sentido de su aportación novedosa al conocimiento social, de ser un descubrimiento, para configurarse como símbolo de autoridad y exclusividad.

Los gremios de investigadores se constituyen en grupos sociales que excluyen a otros grupos o individuos interesados en esas áreas para apropiarse, para sí o sus empresas, de esos conocimientos los que, dependiendo de su utilidad, pueden venderse a quienes se interesen en ellos.

Por lo tanto el conocimiento científico se constituye en un factor de comercialización al margen de todo beneficio social, aunque se divulgue que esa es su finalidad.

De ahí la imprecisión del contenido de su expresión. Al conocimiento científico se le identifica comúnmente con aquellas personas que trabajan en un laboratorio o en un cubículo y tienen la prerrogativa de publicar, en sus propios medios, los resultados de sus investigaciones. Pero de conformidad con lo dicho hasta ahora, el conocimiento científico es una actitud para el descubrimiento y una aptitud que se genera a partir del trabajo constante para poder encontrar, descubrir, aquello que no se conocía o no se había divulgado hasta el presente.

Pero ello dependerá no solo del investigador, sino también del objeto investigado. Pues no es lo mismo investigar sobre objetos de la realidad, que pueden ser más o menos estables o más o menos inestables, que sobre literatura en la que solo se encuentra referencias de las investigaciones anteriores.

El conocimiento científico se adquiere de la relación con la realidad, no con los escritos.

Educación y cultura, filosofía

El conocimiento del mundo. Parte 7


El conocimiento del mundo. Parte 7

Autor José Gabriel Gutiérrez Pantoja

Todo ser humano tiene un tiempo y un espacio en su proceso de conocimiento, ello podemos corroborarlo si recordamos o relacionamos, hasta donde es posible, nuestros periodos de vida.

En nuestra infancia, cuando aún somos dependientes para alimentarnos y desplazarnos, tenemos un mundo vida que se circunscribe a la actividad de quien o quienes nos atienden. Nuestros conocimientos se basan en nuestras percepciones las que pueden ser diferentes si tenemos mucha movilidad o casi similares si nuestra movilidad es restringida. En el primer caso, nuestros conocimientos precientíficos son continuos pero efímeros, pues la movilidad no permite que se retenga en la memoria la cantidad diversa de objetos con los que nos relacionamos; en cambio cuando la movilidad es restringida nuestras percepciones, que inicialmente son novedosas, cuando estas se reiteran se constituyen en saberes los cuales se preservan con mayor nitidez en la memoria.

De la misma manera vamos adquiriendo los lenguajes y las formas de comportamiento. Al escuchar y reproducir las expresiones guturales que nos dicen quienes están a nuestro derredor, nos lleva inicialmente a identificar objetos que relacionamos con los enunciados o palabras. Así, nuestros enunciados iniciales, tienen relación con objetos perceptibles, pero conforme vamos adquiriendo mayor cantidad de lenguaje, los objetos son mayormente referenciales.

Las formas de comportamiento también se relacionan con los lenguajes, pero además en nuestra relación con los otros. Las posibilidades de acción personal se ven estimuladas o restringidas por el ámbito social en el que nos desenvolvemos. Las expresiones guturales de aquellos con los que nos relacionamos comúnmente, acompañadas de gesticulaciones y tonos de voz, nos imponen una forma de comportamiento para ese entorno. Este obviamente, puede cambiar de conformidad con las características de las relaciones sociales en otro tiempo y en otro espacio.

Así, un ser humano puede tener tanta cantidad de comportamientos, los cuales dependen de las formas de comportamiento de los individuos que se encuentren a su derredor en tiempos y espacios determinados.

Los lenguajes y las formas de comportamiento hacen que los conocimientos ya no estén directamente relacionados con los objetos, sino con las referencias de los mismos que nos dan aquellos con los que interactuamos. Así los conocimientos precientíficos que son más comunes en el periodo de vida en que somos más dependientes, van dejando paso a los que provienen de un discurso o una referencia. A esos que denominamos como míticos.

Cuando vamos adquiriendo un lenguaje, los sentidos y contenidos son generalmente distintos a los que tienen los otros individuos pues su forma de aprenderlos dependen de la relación tiempo-espacio en el que se interactúan. No obstante, tenemos una cultura, proveniente de la imposición y personalidad adquirida, que se funda en la asertividad. El entorno social nos condiciona para que nuestras formas de expresión estén basadas en la aseveración, no en la duda. La familia (independientemente de cómo esté conformada), la escuela y, en su momento, el ambiente laboral, nos exigen que aceptemos los que dicen o hacen los otros, aunque para nosotros de conformidad con nuestros mundo-vida, no parezcan consecuentes.

Así, nuestros procesos de conocimiento se presentan comúnmente entre los conocimientos y saberes míticos y los conocimientos precientíficos y saberes empíricos.

Pero como se había señalado anterior mente, en nuestra tipología del conocimiento, también tenemos conocimientos y saberes científicos y filosóficos.

Educación y cultura, filosofía

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