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La corrupción en México. Por David Gómez Salas

Recibí un documento que contiene un análisis sobre la corrupción en México, elaborado por mi amigo José Jiménez Cortés. Con la anuencia del autor, presento a mis lectores el resumen siguiente:

Prácticamente todos los días, los ciudadanos nos enteramos de actos de corrupción que se realizan en nuestro país. Se dice que no se conoce el caso de algún político que no haya saqueado las instituciones por las que haya pasado, imagine.

¿Porque surgen personajes como René Bejarano, la directora del FONDEN, Carlos Imaz, el Niño verde, los delegados de Tláhuac y Gustavo A. Madero y los autores del FOBAPROA?. No son personajes de bajo nivel socioeconómico. El Índice de Corrupción y Buen Gobierno (ICBG) señala que aumenta la propensión a ser corrupto, entre más alto es el nivel socioeconómico del servidor público.

En la época prehispánica de 200 AC a 1,325 DC, México vivió un largo período de bienestar espiritual, y desarrollo científico y social; una especie de socialismo en que una manera de trascender era “Hacer el bien”.

En las grandes culturas como la Tolteca, Teotihuacana y Maya, predominaba la devoción a Tláloc y Quetzalcóatl, (Kukulkan, o Serpiente Emplumada para los Mayas). El primero como el responsable de la vida y el segundo como el responsable del desarrollo espiritual. Pero Quetzalcóatl fue vencido por las fuerzas del mal y tuvo que huir por el oriente, prometiendo regresar a instaurar de nuevo su reino de sabiduría y amor.

Del año 1,325 DC a 1,519 DC, las guerras y la ambición material de los Aztecas cambiaron radicalmente el mundo místico de Quetzalcóatl por el de Huitzilopochtli. Justo cuando la sociedad Azteca se encontraba muy corrompida, aparece Hernán Cortés, quien encabeza a los conquistadores.

Los conquistadores, hombres rebeldes, desobedientes de leyes, prófugos de la justicia, perseguían el enriquecimiento en el menor tiempo posible. Ese fue el inicio de la mezcla de dos sociedades corruptas. Los españoles nunca se preocuparon por hacer de la Nueva España una nación, se trataba de acumular riquezas y regresar a la Península Ibérica con las manos llenas. Los indígenas fueron tratados como animales y destinados a los trabajos más duros. De esta manera, transcurrieron casi trescientos años.

Después de este penoso período, aparece la lucha de los criollos por el poder, es decir, la guerra de independencia. Durante el México independiente, gobernado por criollos principalmente, se siguió copiando modelos de nación, basados en naciones europeas, y las logias masónicas protagonizaron el centralismo. Nunca más se recordaron los preceptos de Quetzalcóatl, nunca más se consideró al indígena y a su sabiduría para integrar este país, la Nación se empezó a construir como un modelo de nación europea. Ese debe ser nuestro gran pecado, la Nueva España y ahora nuestro México ha sido y sigue siendo botín de saqueo.

Después del movimiento revolucionario, se dio inicio a la construcción del México actual. El país que venía despertando del feudalismo, rápidamente lo cubrió el capitalismo, el imperialismo, el neoliberalismo y la globalización. Modos de producción que han escrito una historia en este país, pero que aún no explican el porqué de muchos acontecimientos. Entre ellos, la creciente y marcada corrupción que se sigue dando de manera galopante en las altas esferas de la política, las finanzas y las grandes empresas.

Sin embargo, dentro de toda esta maraña, se teje un México incorruptible: es el México imaginario de Quetzalcóatl, por eso podemos ver Mayordomías de muchos años incorruptibles; formas de ahorro como es el caso de las tandas, en donde la palabra es el acto más importante del compromiso; la enorme fe por los ritos del “Niño Pa” en los barrios de Xochimilco; el respeto a los compadres y el deber moral que existe en muchos barrios; e incluso el misticismo y respeto que existe por el santo de los Narcos.

Es ese México que respeta, el que hace de esta Nación una comunidad con cimientos aún en lo espiritual, en lo que todavía no se corrompe, sino se fortalece. Pero desgraciadamente, este fenómeno no se da en las clases que protagonizan el poder.

¿Acaso estamos esperando la venida de Quetzalcóatl para que este país vuelva a profesar la incorruptibilidad y los valores fundamentales que hagan de esta Nación un verdadero ejemplo de honestidad, progreso y respeto?.

Sabemos que es imposible, así como imposible resulta desligarnos de los engranajes de la globalización y de las leyes económicas que rigen el mundo moderno. No podemos seguir esperando ansiosamente ese milagro. Deberá ser con base de esfuerzos por aceptar nuestra historia y emerger como una verdadera raza cósmica, mística y respetuosa de los valores más profundos de nosotros mismos.

Esta sociedad dañada en lo más profundo de sus sentimientos logrará una cura cuando estemos más orgullosos de nosotros mismos; cuando no imitemos ciegamente modelos extranjeros; cuando los indígenas sean tratados con verdadera equidad; cuando aprendamos a aceptar, a respetar y a valorar a nuestra gente; cuando un político no blasfeme al decir que un problema de siglos, se puede resolver en quince minutos; cuando la sociedad sea más incluyente; cuando se profese mayor equidad en el reparto de la riqueza… cuando todo esto suceda podremos hablar de un verdadero combate a ese maligno cáncer, que es la Corrupción.

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