Mediterráneo medieval

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Siglos IV y V, el final de un imperio

El Coliseo de Roma. (wikimedia commons)

El Coliseo de Roma. (wikimedia commons)

La Edad Media en Europa tiene asociado su inicio con la caida del Impero Romano de Occidente. Ésta no se produjo en unos pocos años sino que fue el resultado de un encadenamiento de circunstancias que tendrían su origen a finales del siglo III, con la primera decisión de dividir el imperio.

Cabeza de una estatua del emperador romano Diocleciano en el Museo Arqueológico de Estambul, foto de Giovanni Dall'Orto.

Cabeza de una estatua del emperador romano Diocleciano en el Museo Arqueológico de Estambul, foto de Giovanni Dall

Fue  Diocleciano (284-305) el primero en dividirlo, inicialmente con una “diarquía” y, posteriormente, con una “tetrarquía”. El motivo era obtener un mejor control debido a los disturbios internos que había sufrido el imperio en los años anteriores, aunque este sistema, en principio no dividía el poder imperial, pues Diocleciano se había reservado para sí el poder absoluto (Auctoritas Senioris Augusti).

Sería finalmente Flavio Teodosio (347-395), llamado Teodosio I el Grande (379-395), quién dividiría finalmente el imperio entre sus dos hijos.
Teodosio fue el último emperador que gobernó en su totalidad el imperio romano, fijó el cristianismo niceno o catolicismo como religión oficial del mismo mediante el Edicto de Salónica en el año 380 y, tras su muerte dejó el imperio dividido definitivamente entre sus dos hijos, Arcadio y Honorio.
Arcadio recibiría la porción de Oriente que estaba compuesta por la península de los Balcanes, Anatolia, Oriente Próximo y Egipto, la cual se convirtió, con el tiempo, en el Imperio Bizantino, cuyo nombre proviene de Bizancio, un antiguo nombre griego de su capital, Constantinopla.
Por su parte, Honorio recibiría la porción occidental del imperio, la cual estaba compuesta por por la península Ibérica, Italia, Galia (actual Francia), la isla de Gran Bretaña, el Magreb y las costas de Libia.
Flavio Honorio (384-423) gobernó el Imperio Romano de Occidente (395-423) e hizo de Milán su capital, pero los problemas no hacían más que incrementarse. Desde hacía algún tiempo que occidente sufría continuas disidencias civiles, con generales que se alzaban contra el poder y se autoproclamaban emperadores, especialmente en la Galia y en Britania. Por otro lado existía una fuerte presión ejercida por los pueblos llamados “bárbaros” del norte, los cuales, a su vez, se veían empujados por la expansión de los hunos, procedentes de Asia.

Alarico I, reproducción fotográfica de 1894 de una pintura de Ludwig Thiersch (wikimedia commons)

Alarico I, reproducción fotográfica de 1894 de una pintura de Ludwig Thiersch (wikimedia commons)

La situación empeoró notablemente cuando Alarico I, el rey de los visigodos, inició su marcha sobre Italia en el año 402. Aunque al principio el general romano, de orígen vándalo, llamado Estilicón, conseguiría vencerle en la Batalla de Pollentia, para salir vencedor había tenido que reunir gran parte del ejército que controlaba la frontera del Rin, pues el ejército romano ya no era tan numeroso como en tiempos anteriores. Como consecuencia de esta reducción drástica de la vigilancia, el Rin pronto sería cruzado, en el 406, por los pueblos bárbaros que rápidamente se esparcieron por toda la Galia y la Península Ibérica, devastando y asolando cuanto encontraban a su paso.
Por si esto fuese poco, las islas británicas, al quedarse aisladas de una posible ayuda imperial, sufrieron las revueltas de sus generales, el primero de ellos Marcos entre el 406 y 407), le siguió Graciano en el 407 y, finalmente Constantino que en el 408 se autoproclamaba emperador de Britania, aunque finalmente sería derrotado por el General Constancio. Ante la imposibilidad de atajar la crisis surgida, el general Estilicón sería ejecutado el mismo año 408.
La autoridad romana se estaba desvaneciendo por momentos en todo el imperio, solo las ciudades de Rávena y Milán conseguían, a duras penas, resistir los embates. De esta forma Alarico volvía a tomar la iniciativa y ponía sitio a Roma para obtener sustanciosos botines a cambio de dejarla en paz. Lo hizo en el 408 y lo repitió en el 409, hasta que en el 410 la ciudad no pudo reunir la cantidad solicitada por Alarico y éste dio la orden de saquearla.

Retrato de Gala Placidia, desde su mausoleo en Rávena. (wikimedia commons)

Retrato de Gala Placidia, desde su mausoleo en Rávena. (wikimedia commons)

A continuación, el visigodo, se puso en marcha hacia Nápoles con la intención de embarcarse con destino a África, pero nunca llegaría, pues falleció por el camino. Le sucedería su hijo Ataulfo, quién tomó decisiones que afectarían definitivamente el futuro del Imperio. La primera fue la de aceptar la oferta de Gala Placidia, la hermana de Honorio, que se ofreció para ser su esposa a cambio de firmar la paz. Otra de las decisiones fue otorgarle a Ataulfo la región de Aquitania a cambio de que reconquistase la Galia. Ataulfo fallecería el 415 asesinado por uno de sus hombres de confianza.
Al regreso de Gala Placidia a Roma fue forzada por su hermano a casarse con el General Constancio, su hombre de confianza.
En el año 423 fallecía Honorio, sustituyéndole su hombre de confianza y cuñado el General Constancio que asumió el poder bajo el nombre de Constantino III. Sin embargo su gobierno sería efímero pues fallecería de forma repentina en el 425.
A la muerte de Constantino le sucedió Valentiniano III hijo suyo y de Gala que solo contaba con 6 años de edad. Durante su minoría de edad regentó el imperio su madre, primero, y el General Aecio a partir del 433.
Tras largas y costosas batallas contra los bárabros de la Galia, finalmente ésta fue conquistada y en el año 429 conquistarían la península hispana, expulsando a los vándalos, pero las consecuencias de esta expulsión tendría nuevas repercusiones.
Los vándalos se dirigieron, en su huída, al norte de África, arrasándola y conquistando Cartago, desde donde crearon un pequeño imperio que se extendería rápidamente por las islas mediterráneas de Córcega, Cerdeña, parte de Sicilia y las Baleares. Finalmente saquearían Roma en el 455. Los romanos habían perdido la hegemonía del Mare Nostrum y, lo que era peor, su principal reserva de cereales, el Norte de África.

“La Fiesta de Atila”, cuadro del pintor húngaro Mór Than. Se basa en el fragmento de Prisco, al que representa de blanco en la parte derecha, sosteniendo su libro de historia.

“La Fiesta de Atila”, cuadro del pintor húngaro Mór Than. Se basa en el fragmento de Prisco, al que representa de blanco en la parte derecha, sosteniendo su libro de historia.

Con el Imperio reducido a la Galia, Italia y parte de la península Ibérica, aun sufriría otro terrible acoso, en esta ocasión por parte de los hunos dirigidos por su rey Atila (406-453).
Atila emprendía la invasión y desolación de Italia en el año 451, llevando a cabo constantes saqueos y genocidios de poblaciones enteras. Finalmente el general romano Flavio Aecio, conseguía una alianza con los visigodos, los francos y los alanos, enfrentándose a Atila en la Batalla de los Campos Cataláunicos, derrotando a los hunos y sus aliados, los ostrogodos.
Sin embargo el rey de los hunos reharía su ejército y en el 452 inició una nueva campaña sobre Italia llegando hasta las mismísimas puertas de Roma. Sería el papa León I Magno quién conseguiría convencerle de que se retirase. Los argumentos que utilizó para conseguirlo han sido secreto de tumba y fuente de múltiples especulaciones. Atila moriría un año después, en el 453.

En el año 454, Valentiniano III, celoso de los éxitos y la popularidad del General Aecio, lo mandó asesinar, pero su destino se sellaría al año siguiente, el 455, cuando el propio emperador sería asesinado, probablemente, por gente fiel al general o, también se especula, por gente de Petronio Máximo, rico senador romano que, al día siguiente, se autoproclamaba emperador tras sobornar a los principales generales.
Sin embargo la suerte del imperio ya estaba sellada, faltos de un general importante, como había sido Aecio, la galia en manos de los Visigodos y los Francos y la península Ibérica en manos de los Vándalos, el imperio se había quedado reducido a la península itálica. Pero aun no había terminado todo, Petronio Máximo, que había ascendido al trono el 17 de marzo de 455, recibía la noticia de que Genserico, el rey de los Vándalos había desembarcado en Italia. A los romanos les entró el pánico y se sucedieron tumultos y revueltas que finalizarían con el asesinato del emperador unas semanas después de haberse autoproclamado, el 22 de abril y la posterior entrada en Roma, tres días después, de Genserico. De nuevo sería el Papa León I quién evitaría una masacre y un saqueo sin precedentes.

El encuentro de San León, León I, con Atila

El encuentro de San León, León I, con Atila

A Petronio le sucedería otro efímero emperador, Avito, quién estuvo poco más de un año en el poder. A éste le sucedería Mayoriano que rigió los destinos romanos hasta el 461 en que sería forzado a abdicar debido a una revuelta de algunos de sus generales. Después le tocaría el turno a Libio Severo, nombrado por los generales amotinados, aunque éste, a cambio de sus antecesores, nunca recibiría la aprobación del emperador de Oriente. Su reinado terminaría bruscamente en el 465, se cree que envenenado por los propios generales que le habían situado en el trono. Tras su muerte se abriría un período de vacío de poder que no se resolvería hasta el año 467 con el nombramiento de Antemio.

Antemio tuvo que enfrentarse a dos desafíos importantes, por un lado los visigodos que, bajo el reinado de Eurico dominaba ya el sur de la galia y la península Ibérica y, por otro lado, el todopoderoso rey vándalo Genserico que controlaba todo el norte de África. Bajo su reinado, perdieron parte de los territorios que aun conservaban en la Galia, a manos de Eurico. Por otro lado intentó, en alianza con León I de Bizancio, expulsar a los vándalos del norte de África, pero fracasó estrepitosamente. En el año 470 enfermaba gravemente, culpando de ello a algunos de sus hombres de confianza que ordenó ejecutar, lo que provocó otra revuelta militar que terminaría con su vida el 11 de julio del 472.

Moneda con la imagen de Zenon, Princeton Economic Institute, 1998

Moneda con la imagen de Zenon, Princeton Economic Institute, 1998

Le sucedería Anicio Olibrio quién solo duraría unos meses, falleciendo de muerte natural a finales de octubre de ese mismo año. Su sucesor, Glicerio, no tendría mayor fortuna pues sería depuesto en junio del 474 por Julio Nepote, tras un enfrentamiento entre ambos. Julio Nepote fue el último emperador reconocido por el Imperio de Oriente, aunque su reinado fue también puesto en cuestión por otros nobles romanos, como Orestes que le obligó a abandonar Roma, colocando en su lugar a su hijo Rómulo Angústulo. Sin embargo, Nepote siguió siendo el emperador nominal reconocido, aunque su gobierno efectivo solo lo ejercía sobre Dalmacia.

Finalmente, el 4 de setiembre del 476, Rómulo era obligado a huir de Roma por el general Odoacro. Este fue, realmente el final del Imperio Romano de Occidente, pues Odoacro, al desterrar a Rómulo, lo primero que hizo fue enviar las insignias imperiales al emperador Zenón en Constantinopla, junto con una carta en la que pedía ser confirmado dux de Italia. Zenón accedió a esta petición y le confirió el rango de patricio. De esta forma, la mayoría de historiadores coinciden, se marcaba el final de un período y se daba inicio al período conocido como la Edad Media.

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Alta Edad Media (s.V al X), El fin de un Imperio

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