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socialismo

Una disección del artículo “La futura esclavitud” de José Martí (II)

A partir de la formulación de Spencer sobre la creación de un Estado cada vez más regulador y paternalista, que él compara con los  estados autocráticos de los Incas peruanos y de la Galia romana, José Martí se detiene a detallar ampliamente los argumentos del inglés.

 

 En este punto Martí parece compartir preocupaciones con el filósofo inglés y resume  el sexto párrafo con una breve y lapidaria frase: “¡Mal va un pueblo de gente oficinista!”[1]

 

  El controvertido séptimo párrafo, entresacado por muchos y contrapuesto con malicia al Estado Revolucionario Cubano, es un resumen de los temores de Spencer y  José Martí lo resume con mucho cuidado, aunque no se aleja de la esencia del original, su objetividad parece advertirnos de la posibilidad de que esta cosas puedan ocurrir y por ello algunos investigadores ven en este párrafo el criterio martiano, para que pueda opinar el lector  le transcribo íntegro el párrafo:

 

Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, o irla perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad un esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la Rendida, por el tiempo y en la labor que pluguiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquellos. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre el; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo. Y como los funcionarios son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyados por todos los que aprovechasen o esperasen aprovechar de los abusos, y por a aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio, y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana. “De mala humanidad-dice Spencer–no pueden hacerse buenas instituciones.” La miseria pública será, pues: con semejante socialismo, a que todo parece tender en Inglaterra, palpable y grande. El funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre.”[2]

 

 El último párrafo de “La Futura Esclavitud” es un esperanzador llamado de José Martí a los poderosos que representa Spencer, una toma de posición que hace a José Martí más nuestro, por sus principios éticos, su apego a la justicia social y su innegable toma de posición al lado de los oprimidos:

 

“Y en todo este estudio apunta Herbert Spencer las consecuencias posibles de la acumulación de funciones en el Estado, que vendrían a dar en esa dolorosa y menguada esclavitud; pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra de guineas.

 

 Nosotros diríamos a la política: ¡Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra.”[3]

 

Nota

Creo necesario para el seguidor de este blog que incluya íntegro el artículo de José Martí, aunque me pase un poco de la extensión acostumbrada en mis entradas de blog.

 

“LA FUTURA ESCLAVITUD”

Tendencia al socialismo de los gobiernos actuales.-La acción excesiva del Estado.-Habitaciones para los pobres.-La racionalización de la tierra.-El funcionarismo.

 

 La Futura Esclavitud se llama este tratado de Herbert Spencer. Esa futura esclavitud, que a manera de ciudadano griego que contaba para poco con la gente baja, estudia Spencer, es el socialismo. Todavía se conserva empinada y como en ropas de lord la literatura inglesa; y este desdén y señorío, que le dan originalidad y carácter, la privan, en cambio, de aquella más deseable influencia universal a que por la profundidad de su pensamiento y melodiosa forma tuviera derecho. Quien no comulga en el altar de los hombres, es justamente desconocido por ellos.

 ¿Cómo vendrá a ser el socialismo, ni cómo éste ha de ser una nueva esclavitud? Juzga Spencer como victorias crecientes de la idea socialista, y concesiones débiles de los buscadores de popularidad, esa nobilísima tendencia, precisamente para hacer innecesario el socialismo, nacida de todos los pensadores generosos que ven como el justo descontento de las clases llanas les lleva a desear mejoras radicales y violentas, y no hallan más modo natural de curar el daño de raíz que quitar motivo al descontento. Pero esto ha de hacerse de manera que no se trueque el alivio de los pobres en fomento de los holgazanes; y a esto sí hay que encaminar las leyes que tratan del alivio, y no a dejar a la gente humilde con todas sus razones de revuelta.

 So pretexto de socorrer a los pobres-dice Spencer,-sácanse tantos tributos, que se convierte en pobres a los que no lo son. La ley que estableció el socorro de los pobres por parroquias hizo mayor el número de pobres. La ley que creó cierta prima a las madres de hijos ilegítimos, fue causa de que los hombres prefiriesen para esposas estas mujeres a las jóvenes honestas, porque aquéllas les traían la prima en dote. Si los pobres se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesaran a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia, a menos que no se los allane proporcionándoles labores el Estado. Ya se auxilia a los pobres en mil formas. Ahora se quiere que el gobierno les construya edificios. Se pide que así como el gobierno posee el telégrafo y el correo, posea los ferrocarriles. El día en que el Estado se haga constructor, cree Spencer que, como que los edificadores sacarán menos provecho de las casas, no fabricarán, y vendrá a ser el fabricante único el Estado; el cual argumento, aunque viene de arguyente formidable, no se tiene bien sobre sus pies. Y el día en que se convierta el Estado en dueño de los ferrocarriles, usurpará todas las industrias relacionadas con éstos, y se entrará a rivalizar con toda la muchedumbre diversa de industriales; el cual raciocinio, no menos que el otro, tambalea, porque las empresas de ferrocarriles son pocas y muy contadas, que por sí mismas elaboran los materiales que usan. Y todas esas intervenciones del Estado las juzga Herbert Spencer como causadas por la marea que sube, e impuestas por la gentualla que las pide, como si el loabilísimo y sensato deseo de dar a los pobres casa limpia, que sanea a la par el cuerpo y la mente, no hubiera nacido en los rangos mismos de la gente culta, sin la idea indigna de cortejar voluntades populares; y como si esa otra tentativa de dar los ferrocarriles al Estado no tuviera, con varios inconvenientes, altos fines moralizadores; tales como el de ir dando de baja los juegos corruptores de la bolsa, y no fuese alimentada en diversos países, a un mismo tiempo, entre gente que no andan por cierto en tabernas ni tugurios.

 Teme Spencer, no sin fundamento, que al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del Estado, habría este de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera. Y es verdad que sí llegare la benevolencia a tal punto que los páuperos no necesitasen trabajar para vivir-a lo cual jamás podrán llegar,-se iría debilitando la acción individual, y gravando la condición de los tenedores de alguna riqueza, sin bastar por eso a acallar las necesidades y apetitos de los que no la tienen. Teme además el cúmulo de leyes adicionales, y cada vez más extensas, que la regulación de las leyes anteriores de páuperos causa; pero esto viene de que se quieren legislar las formas del mal, y curarlo en sus manifestaciones; cuando en lo que hay que curarlo es en su base, la cual está en el enlodamiento, agusanamiento y podredumbre en que viven las gentes bajas de las grandes poblaciones, y de cuya miseria -con costo que no alejaría por cierto del mercado a constructores de casas de más rico estilo, y sin los riesgos que Spencer exagera -pueden sin duda ayudar mucho a sacarles las casas limpias, artísticas, luminosas y aireadas que con razón se trata de dar a los trabajadores, por cuanto el espíritu humano tiene tendencia natural a Ia bondad y a la cultura, y en presencia de lo alto, se alza, y en la de lo limpio, se limpia. A más que, con dar casas baratas a los pobres, trátase sólo de darles habitaciones buenas por el mismo precio que hoy pagan por infectas casucas.

 Puesto sobre estas bases fijas, a que dan en la política inglesa cierta mayor solidez las demandas exageradas de los radicales y de la Federación Democrática, construye Spencer el edificio venidero, de veras tenebroso, y semejante al de los peruanos antes de la conquista y al de la Galia cuando la decadencia de Roma, en cuyas épocas todo lo recibía el ciudadano del Estado, en compensación del trabajo que para el Estado hacía el ciudadano.

 Henry George anda predicando la justicia de que la tierra pase a ser propiedad de la nación; y la Federación Democrática anhela la formación de “ejércitos industriales y agrícolas conducidos por el Estado”. Gravando con más cargas, para atender a las nuevas demandas, las tierras de poco rendimiento, vendrá a ser nulo el de éstas, y a tener menos frutos la nación, a quien en definitiva todo viene de la tierra, y a necesitarse que el Estado organice el cultivo forzoso. Semejantes empresas aumentarían de terrible manera la cantidad de empleados públicos, ya excesiva. Con cada nueva función vendría una casta nueva de funcionarios. Ya en Inglaterra, como en casi todas partes,  se gusta demasiado en ocupar puestos públicos, tenidos como más distinguidos que cualesquiera otro y en los cuales se logra remuneración amplia y cierta por un trabajo relativamente escaso: con lo cual claro está que el nervio nacional se pierde. ¡Mal va un pueblo de gente oficinista!

 Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, o irla perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad un esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la Rendida, por el tiempo y en la labor que pluguiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquellos. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre el; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo. Y como los funcionarios son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyados por todos los que aprovechasen o esperasen aprovechar de los abusos, y por a aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio, y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana. “De mala humanidad-dice Spencer–no pueden hacerse buenas instituciones.” La miseria pública será, pues: con semejante socialismo, a que todo parece tender en Inglaterra, palpable y grande. El funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre.

 Y en todo este estudio apunta Herbert Spencer las consecuencias posibles de la acumulación de funciones en el Estado, que vendrían a dar en esa dolorosa y menguada esclavitud; pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra de guineas.

 Nosotros diríamos a la política: ¡Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra.

 


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo 15:288-292

[2] Ídem

[3] Ídem

Sin categoría, socialismo

Una disección del artículo “La futura esclavitud” de José Martí (I)

“La futura esclavitud” es un artículo de José Martí, publicado en abril de 1884  en la revista La América de Nueva York, el mismo es un agudo comentario del Apóstol acerca del ensayo homónimo escrito por el filósofo y sociólogo inglés Herbert Spencer.[1]

 

 De forma  minuciosa Martí desmonta el escrito para analizarlo párrafo a párrafo, en un ejercicio que denota cuanto le interesó. El  tema central de este ensayo está enfocado en el estudio de las consecuencias de la aplicación de medidas de beneficio social para las clases humildes en la Inglaterra librecambista de fines del siglo XIX en la que predominaba un clima de inquietudes sociales por las enormes desigualdades de la sociedad capitalista que margina a buena parte de la población.

 

 Spencer hace fuertes críticas a los socialdemócratas ingleses porque con estas medidas, según su parecer, estimulan la vagancia, al sostener a una población sin recursos, y asegura, que tal proceder llevará a la formación de un estado basado en un ejército de funcionarios, para controlar y distribuir aquellos beneficios y por ende frenando el libre desarrollo del capitalismo.

 

 Los juicios de Martí son breves pero esclarecedores y a lo largo del artículo muestra más desacuerdos que acuerdos con las ideas del inglés.

 

  En su ensayo Spencer se pregunta, “¿por qué presentamos este cambio como esclavitud futura?[2] - su respuesta es clara- “todo socialismo implica esclavitud[3] , tal pregunta y su respuesta están dadas por las reformas que el Parlamento inglés de esa época había aprobado  para mejorar las condiciones de vida de la población más pobre.

 

 Esta herejía, según Spencer, contribuía a implanta la “esclavitud social”, porque la comunidad se apropia de parte de las ganancias de los capitalistas para sostener estas reformas y eso para él era “esclavitud”.

 

“Si, sin posible opción, ha de trabajar para la sociedad y recibe del fondo común una parte, en este caso llega a ser esclavo de la sociedad. La organización socialista necesita una esclavitud de esta clase, y hacia tal esclavitud nos están conduciendo muchas medidas recientes y aún más, otras por las que se aboga”[4]

 

 El comentario de José Martí desde sus inicios sitúa su posición: “Esa futura esclavitud, que a manera de ciudadano griego que contaba para poco con la gente baja, estudia Spencer, es el socialismo”[5]. Delimita la posición elitista del inglés como en las polis griegas donde poco cuenta el demos con la “gente baja” y redondea su idea al final del párrafo: “Quién no comulga en el altar de los hombres, es justamente desconocido  por ellos”[6]

 

 En el segundo párrafo, antes de entrar a explicar los argumentos de Spencer de cómo el socialismo devendría en la “futura esclavitud”, Martí expone su criterio bien claro:

 

“¿Cómo vendrá a ser el socialismo, ni cómo éste ha de ser una nueva esclavitud? Juzga Spencer como victorias crecientes de la idea socialista, y concesiones débiles de los buscadores de popularidad, esa nobilísima tendencia, precisamente para hacer innecesario el socialismo, nacida de todos los pensadores generosos que ven como el justo descontento de las clases llanas les lleva a desear mejoras radicales y violentas, y no hallan más modo natural de curar el daño de raíz que quitar motivo al descontento. Pero esto ha de hacerse de manera que no se trueque el alivio de los pobres en fomento de los holgazanes; y a esto sí hay que encaminar las leyes que tratan del alivio, y no a dejar a la gente humilde con todas sus razones de revuelta.”[7]

 

 El contestatario joven periodista cubano dedica el tercer párrafo de su artículo a exponer los argumentos de Spencer para estar en contra de las medidas sociales que favorecen a los pobres, que él llama creadoras de holgazanes, culpándolos de su pobreza; en las líneas finales del párrafo está la opinión del Maestro: “(…) como si el loabilísimo y sensato deseo de dar a los pobres casa limpia, que sanea a la par el cuerpo y la mente, no hubiera nacido en los rangos mismos de la gente culta, sin la idea indigna de cortejar voluntades populares; y como si esa otra tentativa de dar los ferrocarriles al Estado no tuviera, con varios inconvenientes, altos fines moralizadores; tales como el de ir dando de baja los juegos corruptores de la bolsa, y no fuese alimentada en diversos países, a un mismo tiempo, entre gente que no andan por cierto en tabernas ni tugurios.”[8]

 

 Estas conclusiones del Apóstol debieran bastarle a los tergiversadores de su pensamiento para convencerlos en que su posición es junto a los “pobres de la tierra” y de apoyo a todo cuanto le beneficie.

 

 En el cuarto párrafo sigue analizando los argumentos de Spencer, tratando el aspecto de la elevación de los impuestos en la medida que se aumentan las prestaciones a los pobres lo cual, según el analista inglés, era la causa de que los pobres vivan sin trabajar.

 

 El quinto párrafo le sirve a Spencer para introducir su tesis fundamental, el crecimiento de un estado burocrático y distribuidor de  recursos para los más pobres que crecerá constantemente hasta paralizar la iniciativa individual de la sociedad y con ella “esclavizar” a todos los ciudadanos. Martí comenta estos argumentos y plantea que  el inglés tiene en parte razón “(…)pero esto viene de que se quieren legislar las formas del mal, y curarlo en sus manifestaciones; cuando en lo que hay que curarlo es en su base, la cual está en el enlodamiento, agusanamiento y podredumbre en que viven las gentes bajas de las grandes poblaciones, y de cuya miseria(…)pueden sin duda ayudar mucho a sacarles las casas limpias, artísticas, luminosas y aireadas que con razón se trata de dar a los trabajadores, por cuanto el espíritu humano tiene tendencia natural a la bondad y a la cultura, y en presencia de lo alto, se alza, y en la de lo limpio, se limpia. A más que, con dar casas baratas a los pobres, trátase sólo de darles habitaciones buenas por el mismo precio que hoy pagan por infectas casucas.”[9]

 


[1] Este ensayo es uno de los cuatro trabajos recopilado y publicado en 1883 bajo el título The man versus the State (El hombre contra el Estado) de Herbert Spencer (1820-1903)

[2] http:www.antorcha.net/biblioteca_virtual/derecho/spencer.html

[3] Ídem

[4] Ídem

[5] Obras Completas de José Martí. Tomo 15:288-292

[6] Ídem

[7] Ídem

[8] Ídem

[9] Ídem

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