Martí Otra Visión

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José Martí en la pintura de Raúl Martínez

Raúl Martínez es un de los artistas más significativos de la contemporaneidad cubana, pintor, diseñador y dibujante, era al triunfo de la Revolución, un joven muy bien informado sobre los movimientos plásticos de su época y con una concepción muy personal dentro de la pintura abstracta, en la que sienta con calidad una forma de hacer, pero como a tanto cubanos, los cambios políticos determinaron en él un cambio en su línea de trabajo.

 Abandona el abstraccionismo y adopta el pop-art como su forma de expresión artística, con una seguridad que le permite crear una radiante y colorida iconografía de la sociedad cubana en el que rostros conocidos de héroes, mártires y personalidades alternan con el rostro anónimo del pueblo del cual forma parte.

 

 Era su modo de ver la Revolución como proceso integrador pero múltiple, idea a la que no escapó la representación de nuestro José Martí, al que por primera vez lo da en líneas y colores vivos, muy dentro de los cánones del pop, tratamiento en los que la evocación pierde la rigidez de lo iconográfico para acercarse a lo cotidiano del Martí que nos acompaña en los caminos por andar, integrado a la esencia de su pueblo y su sociedad.

 

 Hoy que la iconografía martiana se nutre de cientos de interpretaciones que intenta llegar a lo esencial de su pensamiento y ejemplo, en un mundo de imágenes, como en el que vivimos, he querido traer la obra de  quien primero, década de los 60s y 70s hace una interpretación personal que no deja indiferente a quienes se acercan a ella.

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José Martí por Herman Norman

Entre los modesto objetos que formaban parte de la oficina de José Martí en la ciudad de Nueva York, estaba este retrato que le hizo un pintor de origen sueco, Herman Norman,  que residía en esa ciudad y  se empeñó en pintar a nuestro Martí en el ámbito que le era más familiar en esta época, su despacho ubicado en el cuarto piso del edificio de 120 from Street. Lugar desde donde atendía los asuntos consulares de Uruguay, Paraguay y Argentina y posteriormente, a partir de 1892 fue sede del Partido Revolucionario Cubano y redacción del periódico revolucionario “Patria”.

 

 Con curiosidad de artista el pintor al retratarlo hace suyo el ambiente que rodeaba al Apóstol, con sus libros escoltándolo y esa postura de escribiente  que para todos los que conocemos un poquito a Martí, no podemos concebirlo de otro modo.

 

 Este retrato de medianas proporciones, pintado al óleo sobre tela, posiblemente en 1892 fue el único que en vida se le hiciera a José Martí  por un pintor y se conserva como parte de la colección que atesora el Museo Casa Natal de José Martí.

 

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Leer en Cuba

«Nuestro vino, de plátano y si sale amargo, es nuestro vino»

José Martí

 

 He leído hace muy pocos días, en esta red de todos en el que abundan muchas cosas, una opinión tendenciosa y basada en informaciones infundada y manipuladas sobre los libros en Cuba, el cuidado de su tesoro bibliográfico y la supuesta persecución del libro y por supuesto del lector.

 

 Me dolió profundamente leer que en Cuba se quemaban los libros, esa es una mentira tan grande que no merecería respuesta, pero yo soy un martiano, un cubano, no un funcionario, que ha trabajado toda su vida con la gente de a pie, mostrándole su historia, su cultura y el modo de crecer, porque como dijo Martí, “Leer es crecer” y el crecimiento espiritual del cubano de hoy está más que demostrado en la dimensión de la obra que ha construido, Cuba no es un “campo de concentración”, es  el país que nos han dejado construir, pero en el que tenemos claro, qué país y qué futuro queremos.

 

 Una de las primeras medidas tomadas por el Gobierno Revolucionario fue la creación de la Imprenta Nacional de Cuba, el 31 de marzo de 1959, dirigida por ese orgullo de Cuba que es el escrito Alejo Carpentier, su primera acción fue publicar, en edición popular, en cuatro pequeños tomos, con papel periódico esa obra universal que es “El Quijote”, vendido el conjunto al precio de un peso, fueron cien mil ejemplares, tirada extraordinaria para la época que decía a las claras cuáles eran las intenciones de aquellos jóvenes “iconoclastas” dispuestos a cambiar lo que debía ser cambiado para que los cubanos, la MAYORÍA, tuvieran acceso a todo lo que se le había negado por pobres.

 

 El año 1961 fue el año de la educación en Cuba, más del 30 % de la población era analfabeta, la mayoría campesinos y la Revolución organizó un programa amplio, apoyada por los jóvenes que bajo la consigna de, “si sabes enseña, sino sabes aprende”, fuimos a vivir con los campesinos, enseñarle las primeras letras y el significado de aquella frase martiana de: “SER CULTO ES EL ÚNICO MODO DE SER LIBRE”  y a fin de año éramos “¡Territorio Libre de Analfabetismo!”, eso creó las bases para convertirnos en un pueblo de lectores y de estudiantes.

 

 Millones de libro de todas las materias se han producidos en el sistema editorial cubano, muchos libros de ciencias sociales, de política, pero también lo mejor de la literatura universal, es una tradición basada en el libro, barato, con precios casi simbólico durante más de cuatro década y cuando los problemas económicos de los 90, contrajo la producción de libros, miles de esos libros salieron de las libreros de la gente y las instituciones para venderse o intercambiarse entre los lectores y los libreros, ¡porque la tradición de lectura estaba fomentada!

 

 Pero se recuperó el libro y el país, un poco más caro, pero ya está repletando y buscando a un lector que lo utiliza e intercambia, aún en tiempo de Internet, cuando el libro vive su crisis existencial en el mundo.

 

 …¿y qué decir de nuestra Feria del Libro, masiva, popular, fiesta de la cultura, que nadie me cuenta, sino que la vivo año tras año?

 

 Hemos construido una obra, más grande que nosotros mismo, que estamos en el deber de enseñar y aprender a defender, porque con la autocomplacencia la perdemos y aunque son reales y  grandes los problemas que hoy tenemos en Cuba, nunca serán  tan grandes como perder el derecho de ser dueños de nuestro futuro.

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Una disección del artículo “La futura esclavitud” de José Martí (II)

A partir de la formulación de Spencer sobre la creación de un Estado cada vez más regulador y paternalista, que él compara con los  estados autocráticos de los Incas peruanos y de la Galia romana, José Martí se detiene a detallar ampliamente los argumentos del inglés.

 

 En este punto Martí parece compartir preocupaciones con el filósofo inglés y resume  el sexto párrafo con una breve y lapidaria frase: “¡Mal va un pueblo de gente oficinista!”[1]

 

  El controvertido séptimo párrafo, entresacado por muchos y contrapuesto con malicia al Estado Revolucionario Cubano, es un resumen de los temores de Spencer y  José Martí lo resume con mucho cuidado, aunque no se aleja de la esencia del original, su objetividad parece advertirnos de la posibilidad de que esta cosas puedan ocurrir y por ello algunos investigadores ven en este párrafo el criterio martiano, para que pueda opinar el lector  le transcribo íntegro el párrafo:

 

Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, o irla perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad un esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la Rendida, por el tiempo y en la labor que pluguiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquellos. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre el; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo. Y como los funcionarios son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyados por todos los que aprovechasen o esperasen aprovechar de los abusos, y por a aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio, y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana. “De mala humanidad-dice Spencer–no pueden hacerse buenas instituciones.” La miseria pública será, pues: con semejante socialismo, a que todo parece tender en Inglaterra, palpable y grande. El funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre.”[2]

 

 El último párrafo de “La Futura Esclavitud” es un esperanzador llamado de José Martí a los poderosos que representa Spencer, una toma de posición que hace a José Martí más nuestro, por sus principios éticos, su apego a la justicia social y su innegable toma de posición al lado de los oprimidos:

 

“Y en todo este estudio apunta Herbert Spencer las consecuencias posibles de la acumulación de funciones en el Estado, que vendrían a dar en esa dolorosa y menguada esclavitud; pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra de guineas.

 

 Nosotros diríamos a la política: ¡Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra.”[3]

 

Nota

Creo necesario para el seguidor de este blog que incluya íntegro el artículo de José Martí, aunque me pase un poco de la extensión acostumbrada en mis entradas de blog.

 

“LA FUTURA ESCLAVITUD”

Tendencia al socialismo de los gobiernos actuales.-La acción excesiva del Estado.-Habitaciones para los pobres.-La racionalización de la tierra.-El funcionarismo.

 

 La Futura Esclavitud se llama este tratado de Herbert Spencer. Esa futura esclavitud, que a manera de ciudadano griego que contaba para poco con la gente baja, estudia Spencer, es el socialismo. Todavía se conserva empinada y como en ropas de lord la literatura inglesa; y este desdén y señorío, que le dan originalidad y carácter, la privan, en cambio, de aquella más deseable influencia universal a que por la profundidad de su pensamiento y melodiosa forma tuviera derecho. Quien no comulga en el altar de los hombres, es justamente desconocido por ellos.

 ¿Cómo vendrá a ser el socialismo, ni cómo éste ha de ser una nueva esclavitud? Juzga Spencer como victorias crecientes de la idea socialista, y concesiones débiles de los buscadores de popularidad, esa nobilísima tendencia, precisamente para hacer innecesario el socialismo, nacida de todos los pensadores generosos que ven como el justo descontento de las clases llanas les lleva a desear mejoras radicales y violentas, y no hallan más modo natural de curar el daño de raíz que quitar motivo al descontento. Pero esto ha de hacerse de manera que no se trueque el alivio de los pobres en fomento de los holgazanes; y a esto sí hay que encaminar las leyes que tratan del alivio, y no a dejar a la gente humilde con todas sus razones de revuelta.

 So pretexto de socorrer a los pobres-dice Spencer,-sácanse tantos tributos, que se convierte en pobres a los que no lo son. La ley que estableció el socorro de los pobres por parroquias hizo mayor el número de pobres. La ley que creó cierta prima a las madres de hijos ilegítimos, fue causa de que los hombres prefiriesen para esposas estas mujeres a las jóvenes honestas, porque aquéllas les traían la prima en dote. Si los pobres se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesaran a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia, a menos que no se los allane proporcionándoles labores el Estado. Ya se auxilia a los pobres en mil formas. Ahora se quiere que el gobierno les construya edificios. Se pide que así como el gobierno posee el telégrafo y el correo, posea los ferrocarriles. El día en que el Estado se haga constructor, cree Spencer que, como que los edificadores sacarán menos provecho de las casas, no fabricarán, y vendrá a ser el fabricante único el Estado; el cual argumento, aunque viene de arguyente formidable, no se tiene bien sobre sus pies. Y el día en que se convierta el Estado en dueño de los ferrocarriles, usurpará todas las industrias relacionadas con éstos, y se entrará a rivalizar con toda la muchedumbre diversa de industriales; el cual raciocinio, no menos que el otro, tambalea, porque las empresas de ferrocarriles son pocas y muy contadas, que por sí mismas elaboran los materiales que usan. Y todas esas intervenciones del Estado las juzga Herbert Spencer como causadas por la marea que sube, e impuestas por la gentualla que las pide, como si el loabilísimo y sensato deseo de dar a los pobres casa limpia, que sanea a la par el cuerpo y la mente, no hubiera nacido en los rangos mismos de la gente culta, sin la idea indigna de cortejar voluntades populares; y como si esa otra tentativa de dar los ferrocarriles al Estado no tuviera, con varios inconvenientes, altos fines moralizadores; tales como el de ir dando de baja los juegos corruptores de la bolsa, y no fuese alimentada en diversos países, a un mismo tiempo, entre gente que no andan por cierto en tabernas ni tugurios.

 Teme Spencer, no sin fundamento, que al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del Estado, habría este de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera. Y es verdad que sí llegare la benevolencia a tal punto que los páuperos no necesitasen trabajar para vivir-a lo cual jamás podrán llegar,-se iría debilitando la acción individual, y gravando la condición de los tenedores de alguna riqueza, sin bastar por eso a acallar las necesidades y apetitos de los que no la tienen. Teme además el cúmulo de leyes adicionales, y cada vez más extensas, que la regulación de las leyes anteriores de páuperos causa; pero esto viene de que se quieren legislar las formas del mal, y curarlo en sus manifestaciones; cuando en lo que hay que curarlo es en su base, la cual está en el enlodamiento, agusanamiento y podredumbre en que viven las gentes bajas de las grandes poblaciones, y de cuya miseria -con costo que no alejaría por cierto del mercado a constructores de casas de más rico estilo, y sin los riesgos que Spencer exagera -pueden sin duda ayudar mucho a sacarles las casas limpias, artísticas, luminosas y aireadas que con razón se trata de dar a los trabajadores, por cuanto el espíritu humano tiene tendencia natural a Ia bondad y a la cultura, y en presencia de lo alto, se alza, y en la de lo limpio, se limpia. A más que, con dar casas baratas a los pobres, trátase sólo de darles habitaciones buenas por el mismo precio que hoy pagan por infectas casucas.

 Puesto sobre estas bases fijas, a que dan en la política inglesa cierta mayor solidez las demandas exageradas de los radicales y de la Federación Democrática, construye Spencer el edificio venidero, de veras tenebroso, y semejante al de los peruanos antes de la conquista y al de la Galia cuando la decadencia de Roma, en cuyas épocas todo lo recibía el ciudadano del Estado, en compensación del trabajo que para el Estado hacía el ciudadano.

 Henry George anda predicando la justicia de que la tierra pase a ser propiedad de la nación; y la Federación Democrática anhela la formación de “ejércitos industriales y agrícolas conducidos por el Estado”. Gravando con más cargas, para atender a las nuevas demandas, las tierras de poco rendimiento, vendrá a ser nulo el de éstas, y a tener menos frutos la nación, a quien en definitiva todo viene de la tierra, y a necesitarse que el Estado organice el cultivo forzoso. Semejantes empresas aumentarían de terrible manera la cantidad de empleados públicos, ya excesiva. Con cada nueva función vendría una casta nueva de funcionarios. Ya en Inglaterra, como en casi todas partes,  se gusta demasiado en ocupar puestos públicos, tenidos como más distinguidos que cualesquiera otro y en los cuales se logra remuneración amplia y cierta por un trabajo relativamente escaso: con lo cual claro está que el nervio nacional se pierde. ¡Mal va un pueblo de gente oficinista!

 Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, o irla perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad un esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la Rendida, por el tiempo y en la labor que pluguiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquellos. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre el; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo. Y como los funcionarios son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyados por todos los que aprovechasen o esperasen aprovechar de los abusos, y por a aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio, y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana. “De mala humanidad-dice Spencer–no pueden hacerse buenas instituciones.” La miseria pública será, pues: con semejante socialismo, a que todo parece tender en Inglaterra, palpable y grande. El funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre.

 Y en todo este estudio apunta Herbert Spencer las consecuencias posibles de la acumulación de funciones en el Estado, que vendrían a dar en esa dolorosa y menguada esclavitud; pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra de guineas.

 Nosotros diríamos a la política: ¡Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra.

 


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo 15:288-292

[2] Ídem

[3] Ídem

Sin categoría, socialismo

A Fidel, por su ejemplo de vida

Cuando yo era un niño, allá por los lejanos 60s, los cubanos no conocíamos la fecha de nacimiento de Fidel, y llegaba agosto con todo el calor y no eran tiempos de cumpleaños; en aquellos días germinales  no pasaba un mes sin que ocurriera algo nuevo que asombraba al pueblo y  nos jugábamos la vida por ser distintos.

 En ese entonces, Fidel nos parecía eternamente  el mismo barbudo de la Sierra, incansable con sus largas zancadas y  kilométricos discursos en los que hoy nos asomamos para comprender que en esos días, a más de resolver la cotidianidad, se estaba asomando al futuro y en muchas ocasiones quiso acelerar su construcción. Desde entonces era una costumbre que si pasaba algo trascendente en política o en nuestra vida de pueblo, esperábamos a ver qué dice Fidel.

 

 El líder… “es aquella persona capaz de inspirar y guiar a individuos o grupos.  El líder es el modelo para todo el grupo. No debe ser de ningún modo un caudillo, un cabecilla, el líder no adopta algunos valores negativos de estos, es mucho más.

“El líder es sencillo, veraz, capaz de trabajar en grupo, capaz de expresar libremente sus ideas, capaz de luchar por sus principios, tiene buenas relaciones humanas, piensa con estrategia, etc.”[1]

 

 Recuerdo muy bien cuando murió el Che y allá en la Plaza de la Revolución, increíblemente silenciosa, nos dijo a todos y principalmente a los que entonces éramos adolescente, que Ernesto Guevara era el modelo de hombre y revolucionario al que debíamos aspirar,… y soñamos y quisimos ser como el Che.

 

 También vienen a mi memoria aquellos tristes días de 1970, en medio de un inmenso campo de cañas de azúcar,  un grupo de adolescentes lloramos inconsolablemente, cuando desde la radio Fidel nos decía que no se podrían hacer los diez millones de toneladas de azúcar, por la que tantos sacrificios habíamos hecho,… y luego del silencio, él mismo nos dijo que había que convertir el revés en victoria.

 

 Ese es Fidel, leyenda para los que desde lejos supieron de su coraje, inteligencia y virtudes; y para nosotros los cubanos, los que hemos crecido con sus decisiones, rectificaciones, victorias y errores: el invicto hombre conductor de pueblo, síntesis de su coraje, voz de sus aspiraciones y escudo moral de sus virtudes.

 

 “Porque la vida de Fidel trasciende a su persona individual. El nombre de Fidel condensa las aspiraciones, las resistencias y los sueños rebeldes de numerosos pueblos, no sólo del cubano, contra el capitalismo, el imperialismo y el neoliberalismo. Si el Che Guevara es el símbolo mundial de la rebeldía juvenil, su amigo y compañero Fidel representa la máxima expresión de las rebeliones antiimperialistas y socialistas del Tercer Mundo. Por eso es tan despreciado por los poderosos del planeta, sus monopolios de (in)comunicación y la CIA, incluyendo en esta fauna atroz a los extremistas millonarios de Miami que hoy quieren, mezquinamente, ocupar el centro de la escena mediática con su prédica de odio, resentimiento y muerte.” [2]

 

¡Qué bueno que está de nuevo ahí, claro y lúcido a sus 84 años consagrados a Cuba y a la humanidad!

 



[1] C. Flores, “El líder”. Monografía. http://www.monografias.com/trabajos72

[2] Néstor Kohan, “Y después de Fidel qué?, Argentinas, 1/8/2006

 

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La familia de José Martí

Son las familias como las raíces de los pueblos y quien funda una, y da a la patria hijos útiles, tiene al caer en el último sueño de la tierra, derecho a que se recuerde su nombre con respeto y cariño.[1]

 

 

 Queridos amigos, para conocer mejor a José Martí quiero con estas breves notas acercarme al su ámbito familiar  en pequeñas fichas que recojan datos mínimos de esos que conformaron el círculo más entrañable de este hombre de vocación universal. Para el pueblo cubano estos conocimientos sirven de base para conocer al hombre humilde que supo forjarse así mismo y contribuir a la formación de los demás, por ello es de mucha importancia para conocerlo saber sobre sus afectos más entrañables:

 

 Padres

v      Mariano Martí Navarro: Nació en Valencia, España el 31 de octubre de 1815 y murió en La Habana el 2de febrero de 1887. Llegó a Cuba como soldado de artillería y posteriormente trabajo como celador de barrio y en otros menesteres para mantener a su familia.

 

v      Leonor Pérez Cabrera: Nació en Santa Cruz de Tenerife en el archipiélago de Las Canarias, España el 17 de diciembre de 1828, murió en La Habana el 19 de junio de 1907. Ama de casa.

                                                                 

     Hermanas

 

v      Leonor Petrona (Chata): 29/julio/1854- 9/julio/1900. Nació y murió en La Habana, se casó el 16/9/1869 con Manuel García Álvarez y tuvieron cuatro hijos: María Andrea, que murió a los tres años de edad, Alfredo (1872-1947), Oscar (1874-1955) y Mario (México 1876-1946).

 

v      María Salustiana (Ana): 8/Junio/1856- 5/enero/1875. Nació en La Habana y murió en México, siendo novia de Manuel Ocaranza.

 

v      Carmen (Valenciana): 2/diciembre/1857- 14/junio/1900. Nació en Valencia y murió en La Habana. Se casó el 23/12/1882 con Juan Radillo Riera y tuvo cinco hijos: Juan Paulino (1884-1949), Carmen (1887-1959), Pilar (1888-1944), Enrique  (1891-1963) y Angélica (1894-1978).

 

v      María del Pilar Eduardo (Pilar): 13/noviembre1859- 11/noviembre/1865. Nació y murió en La Habana  muy niña, de casi 7 años.

 

v      Rita Amelia: 10/enero/1862- 16/noviembre/1944. Nació y murió en La Habana. Se casó el 10/2/1883 con José García Hernández, tuvo siete hijos: José Joaquín (1883-1902), Amelina (18861979), Aquiles(1888- 1970), Alicia (1890-1970), Gloria(1892-1909), Raúl(1893-1982) y José Emilio(1902-1932).

 

v      Antonia Bruna: 6/octubre/1864- 9/febrero/1900. Nació y murió en La Habana. Se casó el 12/10/1885 y no tuvo hijos.

 

v      Dolores Eustaquia (Lolita): 2/noviembre/1865-29/agosto/1870. Nació y murió en La Habana muy niña, de casi 5 años. 

 

   

      Esposa

 

v      Carmen Zayas-Bazán Hidalgo: 29/mayo/1853- 15/enero/1928. Nació en Camaguey y murió en La Habana. Se conocieron y casaron en México el 20/12/1877. Fue con Martí a Guatemala y después a Cuba al año siguiente. El 28/2/1880 embarcó con el niño para Nueva York para reunirse con él, en su segunda deportación. Retornó a Cuba en el mes de octubre. En diciembre de 1882 volvió a su lado hasta marzo de 1885, en que regresó a su región natal. Después de casi seis años, en junio de 1891, viajó a Nueva York y dos meses más tarde se presentó en el consulado español para pedir protección y embarcó hacia Cuba, abandonando para siempre a Martí.

      Hijo

 

v      José Francisco Martí Zayas-Bazán(Pepito): 22/noviembre/1878- 22/octubre/1945. Nació y murió en La Habana. Se casó el 12/2/1916 con María Teresa Bances Fernández-Criado (8/2/1890- 12/10/1980). No tuvieron hijos. Fue soldado del Ejército Libertador y continuó la carrera militar durante la República. Alcanzó el grado de Mayor General del Ejército.

 


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo 28: 317

Biografía, Sin categoría

Félix Varela en el pensamiento de José Martí

Para Martí, estar lejos de la patria fue un modo de acercarse a ella, de buscarla en el alma de los cubanos  que como él habían dejado la isla querida por estar en desacuerdo con el modo tiránico que se le gobernaba. Su estancia en el destierro le sirvió para escuchar con orgullo los relatos de los hombres y mujeres que vivieron los momentos gloriosos del 10 de octubre, de la Asamblea de Guaimaro o de las cargas al machete del Camaguey, con Agramonte a la vanguardia de la caballería legendaria. Eran cosas que le llenaban el corazón y la mente de orgullo, por el pueblo cubano y que sirvieron para reafirmar sus convicciones sobre la necesidad de la independencia de Cuba.

 

 En su exilio forzoso pudo conocer con más detenimiento la cultura forjada en el siglo XIX por esa vanguardia intelectual de la isla, leer sobre el pensamiento del Padre Félix Varela ese adelantado, “(…)que cuando vio incompatible el gobierno de España con el carácter y las necesidades criollas, dijo sin miedo lo que vio, y vino a morir cerca de Cuba, tan cerca de Cuba como pudo, sin alocarse ni apresurarse,  ni confundir el justo respeto a un pueblo de instituciones libres con la necesidad injustificable de agregarse al pueblo extraño y distinto que no posee lo mismo que (con) nuestro esfuerzo y nuestra calidad probada podemos llegar a poseer”[1]

 

 Era su preocupación mayor aquella admiración ciega de las clases pudientes criolla por ese vecino poderoso y advertía de forma clara y directa sobre el peligro de convertir aquella admiración en anexión.  Habla Martí de las simpatías anexionistas de algunos y les recuerdas que Félix Varela  no quiso la anexión, pese a la admiración que sentía por lo que habían logrado los estadounidenses.

 

 Respeto es lo que siente Martí por el hombre de letras y el pensador adelantado, que por su visión anticipadora y la manera ágil y directa que tiene de enfrentar los grandes problemas de Cuba, con energía y firmeza, llega a la conclusión de que la solución estaba en la independencia; idea temida por los mismos burgueses criollos que alabaron al presbítero en su cátedra del Seminario San Carlos y lo eligieron posteriormente a las Cortes en 1821, y que en ese instante toman distancia del patriota sincero que al igual que Cristo previó esa deserción al expresar:

 

“(…) El deseo de conseguir el aura popular es el móvil de muchos que se tienen por patriotas, (…) no hay placer mayor para un verdadero hijo de la patria como el de hacerse acreedor a las consideraciones de sus conciudadanos por sus servicios a la sociedad; más cuado el bien de esta exige la pérdida del aura popular, he aquí el sacrificio más noble y más digno de un hombre de bien, y de aquí el que desgraciadamente es muy raro”

 

 En consecuencia con esa virtud y vocación de sacrificio de Félix Varela, José Martí escribió en uno de sus cuadernos de apuntes, una frase que bien puede calificar al cura precursor y a él mismo: “El primero será siempre el que más desdeñe serlo”

 

 Hombre de letras y rezos, de cultura enciclopédica, rompedor de cánones y prejuicios, Varela fue el hombre que abrió caminos en la mente de los criollos, cuando desde la cátedra de filosofía del Seminario San Carlos, abogó por la experimentación científica, la especulación investigativa, la enseñanza en español y la dignidad del hombre como patrón de conducta, sus ideas espantaron al liderato criollo, temeroso  de perder sus privilegios  en una lucha por la independencia.

 

 José Martí conoce las ideas de Varela, las tiene presente en los momentos que organiza un pueblo para conquistar la independencia y reconoce  el sacrificio del que vio primero y más lejos al querer la emancipación de Cuba.

 


[1] Obras Completas Tomo 2: 96

 

 

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14 de marzo, día de la prensa en Cuba

«No hay monarca como un periodista honrado»[1]

José Martí

 

 Hace ciento dieciocho años salió a la luz el periódico de José Martí, Patria, el periódico de los cubanos que querían la independencia,  definido por el Apóstol como la tribuna de los cubanos y no como el órgano de ningún partido o facción; como el medio para afianzar la unidad y divulgar la obra de todos los que dentro y fuera de Cuba se empeñaban por dignificar su condición de cubanos. Eso fue  Patria.

Nace este periódico, por la voluntad y con los recursos de los cubanos y puertorriqueños independientes de New York, para contribuir, sin premura y sin descanso, a la organización de los hombres libres de Cuba y Puerto Rico, en acuerdo con las condiciones y necesidades actuales de las Islas, y su constitución republicana venidera; para mantener la amistad entrañable que une, y debe unir, a las agrupaciones independientes entre sí, y a los hombres buenos y útiles de todas las procedencias, que persistan en el sacrificio de la emancipación, o se inicien sinceramente en él; para explicar y fijar las fuerzas vivas y reales del país, y sus gérmenes de composición y descomposición, a fin de que el conocimiento de nuestras deficiencias y errores, y de nuestros peligros, asegure la obra a que no bastaría la fé romántica y desordenada de nuestro patriotismo; y para fomentar y proclamar la virtud, donde quiera que se la encuentre. Para juntar y amar, y para vivir en la pasión de la verdad, nace este periódico…”[2]

 Por esta razón se escogió esta fecha para rendir homenaje a la prensa cubana, esa que no tiene anuncios, se edita en blanco y negro y es marcadamente partidista y militante, que tiene una tradición revolucionaria de muchos años, que apuesta por la Revolución y por su pueblo, que tiene mucho que avanzar, principalmente en el seguimiento de los temas internos o internacionales que nos interesan, sin pecar por omisión o darnos excusas por respuestas o silencio de funcionario, sin temer a esa frase tan hecha de callar para  “no darle armas al enemigo”; a la larga los buenos son los que triunfan, dijo Martí, y tiene mucho el periodista de soldado,agregó, pero de soldado de la verdad, la objetividad y el juicio crítico.

 José Martí  es el más alto ejemplo de periodista que tenemos los cubanos, hombre creativo que puso su inteligencia en función del mejoramiento humano y que hizo del periodismo profesión de enseñanza a partir de la veracidad de lo que escribe, la objetividad de los que informa y la didáctica, que no el didactismo, para hilvanar ideas, cumplir objetivos y fijar conceptos consolidados en su conocimiento social y su sagacidad política.

 Periodista de primera línea al que nada humano le fue ajeno y cuya especialidad fue el ser humano, trabajando las innumerables vertientes de su quehacer cotidiano desde la alta política hasta el entretenimiento y sus costumbres, sin el pecado vacío del “ganapan”, con el juicio atinado, la opinión alerta y la enseñanza como oficio.

 En este día de la prensa cubana, el mejor homenaje  al periodista mayor será el servicio comprometido y crítico al pueblo y la nación, con la objetividad como escudo y la verdad como lanza, rompiendo entuertos y contra molinos de vientos.


[1] Obras Completas. Tomo 10:383

[2] Obras Completas. Tomo  1: 315

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El beisbol, opiniones martianas

Termina la Serie Nacional de Beisbol en Cuba, la pelota, como cada uno en esta isla la llama, para adorarla o desdorarla, de acuerdo a como le halla ido al equipo de sus amores, que por suerte son dieciséis para dividir pasiones de tanta gente que se desayuna y come beisbol en corrillos que son más atrevidos y atractivos que los que hace el cubano para comentar cualquier otro tema.

 En estos tiempos estamos heridos en el orgullo patrio porque el beisbol nuestro está cuestionado y herido porque ha perdido varios campeonatos internacionales seguidos y como problema mayor todos en esta isla debatimos y tenemos opiniones en el conjunto de las cuales están las verdaderas causas de un estancamiento peligroso. Causas económicas, políticas y deportivas se mezclan con otras menores pero que pesan para la pérdida de calidad del mayor espectáculo nacional cubano.

 Para aportar un granito más a esta pasión nuestra por la pelota quiero referirme a cómo vio José Martí el beisbol en sus inicios neoyorquinos en el que pudo percibir su despunte como fenómeno lúdico de masas, que lo llevaría a ser el mayor negocio deportivo de los Estados Unidos, las Grandes Ligas, donde la megalomanía yanqui los lleva a nombrar Serie Mundial a la final de su liga de beisbol.

 Llegar a la cuna del béisbol en enero de 1880 no pudo dejar indiferente a José Martí ávido lector, observador acucioso y simpatizante de todo fenómeno social que beneficiara al ser humano. Eso era el beisbol o base boll, su nombre original, cuando allá por los años de la Guerra de Secesión (1861-1865) de los Estados Unidos se extendió por toda la geografía del país norteño llevado por los soldados de la unión, principalmente los que procedían de New York y sus alrededores, en cuya ciudad había nacido y se desarrollaba el deporte de las bolas y los strike, a tal punto que el juego comenzó a ser conocido en todo el país como el New York Game(El Juego de Nueva York)

 Ya en la década de los 80 del siglo XIX el béisbol se había consolidado en los Estados Unidos con la creación en 1876 de la National League(Liga Nacional) que agrupaba a ocho equipos profesionales del este y centro este de ese país:  Grises de Louisville, Rojos de Cincinnati, Mutuales de Nueva York, Gorras Rojas de Boston, Azules Oscuros de Hartford, Browns de San Louis, Reservas Blancas de Chicago y Reservas de San Louis

 Debe ser por esta popularidad tan grande que Martí llama  a este deporte, “pelota yanqui[1], aunque para referirse a él en la mayoría de los casos usa el sustantivo “pelota”,  como conocemos hoy todos los cubanos al béisbol, palabra que Martí no usa en ninguna de sus crónicas.

 Como para que no quepan dudas al referirse a otros juegos con pelota le agrega un calificativo identificador: “pelota de pié” (fútbol), “pelota de césped” o de “jardín” (tenis) y pelota emplumada (bádminton), pero para el béisbol siempre escribió, pelota.

 En sus conocidas crónicas para la prensa de Hispanoamérica aparecen más de una veintena de menciones  o comentarios breves sobre la pelota, la mayoría de ellas para dar cuenta de la popularidad del juego entre los estadounidenses.

 Con asombro nos habla de la masiva participación de la gente de todas las clases sociales en las múltiples actividades lúdicas que se generan en el estío norteño. En medio de tanto ajetreo el béisbol ocupa un lugar protagónico, jugado en todas parte por niños, jóvenes y adultos: “(…)Si se mira a las calles por las tardes, no se ve sino mozos robustos que andan a buen paso, para cambiar sus trajes de oficio por el vestido de paseo, con que han de lucir a la novia, o el del juego de pelota, que aquí es locura, en la que se congregan por parques y solares grandes muchedumbres”[2] y en otra de sus “Escenas Norteamericanas” agregará: “En cada solar hay un desafío de pelota”[3], son gente común que acude a dar rienda suelta a sus energía en porfías donde “(…)juegan con brazos desnudos y ágiles los favoritos de la ciudad(…)”[4]

 Para quienes han leído sus crónicas, resulta muy llamativo su calificativo de juego “desgraciado y monótono[5] , que aplica al béisbol  en comentario escrito en 1887 al reseñar una serie de reuniones y convenciones que se realizaban en la ciudad. Estos juicios van dirigidos no al juego en sí, sino a los vicios que a su alrededor se fueron generado producto de la enconada rivalidad y la pugna entre clubes, las apuestas y las riñas con su secuela de vicios y holgazanería, consecuencias  estás incluidas en ese calificativo de “desgraciado”; en tanto lo de “monótono” tan vez esté dado por lo extenso de un partido de béisbol, que como promedio rebasa las dos horas, siendo frecuente llega a las tres y más, problema que aún hoy arrastra el béisbol como uno de sus principales problemas.

 En cuanto a su conocimiento del juego de pelota, quedan en esas notas suyas, apreciaciones que dan fe de su dominio de las reglas del juego, ese juego “(…)con sus cuatro bases y sus dieciocho jugadores(…)[6] que será noticia porque “(…)los nueve de Chicago vencen en el juego de pelota a los nueve neoyorquinos”[7]  y lo hacen basándose en un fildeador que “(…)gana diez mil pesos, porque no va una vez la pelota por el aire que el no la pare(…)”[8]; o comenta con sorpresa la contratación de un joven estudiante universitario a punto de graduarse, que abandona la carrera, porque como jugador de béisbol gana fama y mucho más dinero que como abogado o médico y todo “(…)por su firmeza para recibir la bola de lejos, o la habilidad para echarla de un macanazo a tal distancia que pueda, mientras la devuelven, dar la vuelta el macanero a las cuatro esquinas del cuadro en que están los jugadores(…)”[9]

 Cuenta de el interés que tiene el deporte para la prensa norteamericana de la época, principalmente el béisbol y su Liga Nacional profesional, a tal punto “(…) que para dar cuenta de quién recorrió más veces o tomó más pelota en el aire, publican los periódicos de nota al oscurecer, una edición extraordinaria (…)”[10]Conoce el juego y es muy posible que siguiera algún equipo  o pelotero en particular, dado ese acercamiento más personal que  solo se logra como espectador.

 

 En una conocida crónica dedicada a los muchachos vendedores de diarios, aparecida en el periódico mexicano, “El Partido Liberal” en 1888 se refiere a las expectativas que estos “voceadores” de noticias levantaban con sus titulares en los momentos en que la población trabajadora regresaba a la casa.

 

 La pregunta expectante que se hace Martí en este artículo es su homenaje mayor al béisbol y sus practicantes al  narrar de modo poético uno de los lances más espectaculares de la pelota:

“(…)¿qué peloteros ganaron, los de Nueva York, que tienen el bateador que echa la pelota más lejos, o los del Chicago, cuyo campeador es el primero del país, encuclillado fuera del cuadro, mirando al cielo, para echarse con ímpetu de bailarín a coger en la punta de los dedos la pelota que viene como un rayo por el aire?”[11]

 De antología, creo que después de esta descripción de un cacher o receptor cogiendo una bola elevada detrás del home, cada vez que vea la jugada recordaré la descripción de Martí y crecerá mi amor por un deporte que esparte de la idiosincrasia del cubano.


[1] O.C.J.M.T:13:367

[2] Otras Crónicas de Nueva York:40

[3] O.C.J.M. T. 15:

[4] O.C.J.M. T.9:438

[5] O.C.J.M. T. 11: 258-259

[6] O.C.J.M. T.13: 367

[7] O.C.J.M. T.10: 297

[8] Ídem

[9] O.C.J.M. T.13: 337

[10](O.C.J.M. T.11: 259

[11]Anuario Martiano CEM:1979:21

 

 

 

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José Martí, autobiografía

  Este es un documento curioso, escrito por José Martí para el periódico “Patria” en 1892, el tema central es el propio Martí quien esboza una biografía del Delegado del Partido Revolucionario Cubano, pocos días después de haberse constituido esta organización que tiene como fin primordial luchar por la independencia de Cuba y de Puerto Rico, por su valor testimonial la traemos a los lectores de este Blog a modo de acercarnos un poco más a la figura gloriosa del Héroe Nacional de Cuba:

 

“El Delegado del Partido Revolucionario Cubano,- del Partido que mantiene la unión de los antillanos revolucionarios para impedir, con una guerra de espíritu público, el triunfo de una independencia nominal y fugaz, por no llevar en sí el aliento y los monos y el propósito de la república,- es el mismo hombre que a raíz del Zanjón[1] concentró e torno suyo los cubanos sagaces que convenían en la necesidad de mantener compactas, para la lucha decisiva,  las fuerzas de una guerra en que causas efímeras y personales vinieron a hacer posible la tregua innecesaria; el mismo hombre que, al día siguiente de caer con el movimiento imperfecto de 1880, convidaba a los jefes prestigiosos del extranjero, y a los cubanos más señalados de la Isla, a ordenar desde entonces, desde hace doce años, los elementos de opinión y de fuerza, para alzarse en seguro con la colonia podrida y minada; el mismo hombre que en hora difícil, sin ira en el corazón, prefirió mantener la  justicia de respetar al país y convidarlo cuando se le llevaba a la guerra que lo trastornaría, a la gloria insuficiente de llevar al país temeroso una guerra oscura y ciega; el mismo hombre que, por encargo de los compatriotas con quienes residía, propuso a las emigraciones, hace tres años, la conveniencia de fijar, campaña franca y unida, los principios de utilidad pública, y los métodos democráticos y cordiales, con que servían a la patria sus hijos emigrados. Y al ser honrado por distinción que ninguna otra pudiese superar, con la representación visible del Partido Revolucionario Cubano, él sabrá, sin duda en acuerdo estricto con su propia historia, y en obediencia al mandato expreso de sus compatriotas, guiar las fuerzas revolucionarias, en el período de su gestión, de modo que sean la única ayuda y no el mayor  peligro, de la patria amada; de modo que incluyan, para el poder de hoy y la paz de luego, los elementos todos del país, en la proporción de la justicia de modo que la guerra que se ordene, sea la guerra republicana e impersonal, germen de la república segura, y dispuesta en acuerdo con la voluntad y los intereses legítimos de la patria.”

Periódico “Patria”, 23 de abril de 1892[2]

  Es una breve manera de resumir sus actividades políticas en pos de la independencia de Cuba en un período de doce años que la historiografía cubana hoy reconoce como, La Tregua Fecunda

período de intensa lucha ideológica en la sociedad colonial de la isla entre una burguesía que apuesta a la anexión a los Estados Unidos para proteger sus intereses económicos y un pueblo decidido a ser libre a toda costa.

[1] Lugar donde se firmó el fin de la primera guerra de independencia en Cuba, febrero de 1878

[2] Obras Completas de José Martí. Tomo 1, pp.415, 416

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