Martí Otra Visión

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Recepción martiana

Un paseo solidario por la tierra de los vietnamitas

Por estos días de octubre el pueblo vietnamita celebra el milenio de su capital Hanoi, martirizada con los crueles bombardeo a que la sometió la mayor potencia del mundo en el afán de derrotar la resistencia de un pueblo  que es muy caro para nosotros los cubanos, por su valor a toda prueba y su capacidad para renacer de las cenizas. Para estos hermanos vaya este trabajo escrito hace unos dos años y en el que resalto las valoraciones de José Martí sobre un pueblo que resistía al colonialismo francés a fines del siglo XIX, pero que tuvo que enfrentar a lo largo de su historia a japoneses, chinos y norteamericanos.

 

 El silencio laborioso de un país que reconstruye su territorio es la admirable respuesta de un pueblo que se ganó ese derecho expulsando de su tierra a la potencia más poderosa de la historia. Hace menos de medio siglo Viet-Nam ganó el protagonismo mundial por su resistencia persistente, valor e inteligencia en una guerra que involucró a los Estados Unidos de América y sus aliados empeñados en someter a un pueblo a su designio neocolonialista. La hazaña del pueblo vietnamita por  expulsar a las fuerzas yanquis de su territorio, y conseguir que se respetara su derecho a la reunificación y a la construcción de una sociedad más justa.

 

 Esa es Viet-Nam, la nación que en las décadas de los sesenta y setenta ocupó los primeros planos noticiosos por su heroico enfrentamiento al imperialismo norteamericano; la patria del admirado Tío Ho y la depositaria de la solidaridad de todos los pueblos del planeta, incluyendo el nuestro que hizo de la causa vietnamita la suya.

 

 “Por Viet-Nam estamos dispuestos a dar nuestra propia sangre”, dijo Fidel, y ese mismo sentimiento estaba y está en cada cubano que hace suya esa convicción de vencer, esa resistencia sin cansancio y la sabiduría de ese pueblo hermano que puso sus tradiciones y cultura en función de su voluntad de vencer; que hizo exclamar al líder del pueblo de Viet-Nam, Ho Chi- Minh que tras la victoria construirían un país mil veces más hermoso.

 

 Este es el mismo pueblo anamita del que escribiera para los niños de América Latina nuestro José Martí, quien a través de sus lecturas supo de aquellos seres humanos que en Asia y por debajo de China tenían la tradición de pelear, no porque fuera un pueblo guerrero, sino porque “(…)A los pueblos pequeños les cuesta mucho trabajo vivir. El pueblo anamita se ha estado siempre defendiendo (…)”, y por esa constante defensa de su libertad enfrentó a los emperadores chinos, los belicosos siameses (Tailandeses), los colonialistas franceses, los militaristas japoneses y los imperialistas norteamericanos, con esa convicción de que nada es más preciado que la libertad.

 

¿Qué pudo haber llevado al Héroe Nacional de Cuba a escribir sobre un pueblo pequeño y lejano, en ese siglo decimonónico en el que persistían muchos pueblos desconocidos para la “civilización occidental”?

 

 Ante todo su admiración y respeto por su valentía y su resistencia al vasallaje, su orgullosa manera de llevar la ocupación temporal de su país y el convencimiento de que, “(…) tanto como los más bravos. Pelearon y volverán a pelear, los pobres anamitas (…)”, en los que valoró su arraigado sentido de pertenencia y el amor a la libertad.

 

 “Un paseo por la tierra de los anamitas”, es el título que elige para su crónica en el último número de la revista “La Edad de Oro”(Octubre, 1889). La información debió llegarle por la prensa francesa que circulaba en Nueva York, pero él fiel a su costumbre y principios éticos, convierte la lectura en ameno relato y no en paseo exótico por tierras desconocidas, aprovechando  el mismo para dejar en claro sus ideas sobre la igualdad de los hombres y pueblos y el valor que tiene ser libre, tanto en lo individual como en lo colectivo:

 

“El mundo es un templo hermoso, donde caben en paz todos los hombres de la tierra, porque todos han querido conocer la verdad, y han escrito en sus libros que es útil ser bueno, y han padecido y peleado por ser libres en su tierra, libres en el pensamiento”.

 

 Eso reconoce el Apóstol en los vietnamitas, en quien no ve estirpe de pueblo guerrero, sino de gente laboriosa que ha hecho una admirable obra cultural, ejemplificada por él por las huellas materiales en sus pagodas, palacios y en sus sencillas casas de madera, decoradas y sobrias; de ellos habla como los hábiles artesanos que trabajan la arcilla, la madera y los metales, mientras defienden y conservan sus ancestrales tradiciones.

 

 A ese pueblo hermano dedica Martí el tributo respetuoso de su solidaridad al narrar la resistencia de los anamitas frente a la poderosa maquinaria de guerra francesa:

“(…) Pueblo a pueblo se ha estado defendiendo un siglo entero del francés, huyéndole unas veces, otras cayéndole encima, con todo el empuje de los caballos, y despedazándole el ejército (…)”

 

 Cuantos recuerdos traen estas palabras para mi generación, que desde Cuba fuimos siguiendo la hombrada de ese pueblo, que no dejaba dormir al invasor, esos “súper-héroes” yanquis y sus colaboradores, que armados con los más modernos y sofisticado medios de guerra, sometían al país de Anam a una lluvia de fuego y sustancias químicas, tratando de derrotar a los persistentes y audaces  combatientes herederos de los heroicos anamitas que tuvieron en Martí un cronista comprometido con su causa.

 

¿Y que modo más hermoso y cómplice de cerrar su crónica sobre los anamitas amigos que aquella de ofrecernos la paciencia acuñada de estos pueblos del Lejano Oriente en un “¡Quién sabe!”?, puesto en boca de un hombre de pueblo, ante la pregunta susurrada de un compatriota. Ese “quién sabe” es el dubitativo futuro del que conoce a su pueblo y sabe que no será sometido por mucho tiempo; del que espera seguro la continuidad de una lucha que no podrá tener otro final que el de la independencia.

 

 Esos son los valores de los pueblos sintetizados y demostrados por los vietnamitas a lo largo de su historia en la que han tenido que pagar muy alto el precio de su emancipación y elogiados por el Cubano Mayor, el guía de nuestro pueblo en la búsqueda de su independencia e inspiración de los continuadores de sus ideas, que no solo siguieron su ejemplo, sino que hacen realidad su legado con la Revolución Cubana triunfante en 1959, que hizo de la solidaridad con Viet-Nam un compromiso real y militante.

 

 La semilla de esa amistad está en José Martí

 

Recepción martiana

El Martí de Pueblo de Roberto Fabelo

 

Nuestro Roberto Fabelo, pintor contemporáneo cubano, que se graduó y ha desarrollado toda su obra dentro del período revolucionario cubano, tiene entre sus temas la figura de José Martí, interpretada en varios trabajos que nos devuelven una imagen no convencional en la que el “padrazo” que es Martí para todas las generaciones de cubanos, queda fundido a los temas que este valioso artista ha trabajado durante estos años.

 

 Uno de los trabajo más interesantes es este que  reproducimos porque funde al Apóstol con figuras de la mitología martiana, no explicita pero sí con un guiño de complicidad con todos los que hemos crecido admirando la obra del cubano universal.

 

Junto con las figuras muy fabelianas, están los íconos que los cubano recordamos  al evocar a Martí, fíjense en esa bella muchacha que se une a él delicadamente, puede ser su María, la niña de los Mantillas que fue su ahijada y que tantas polémicas y suspicacias despiertas sobre la posible paternidad de Martí; recuerda igualmente a su “Pilar”, la protagonista de  “Los zapaticos de rosa”, ese cuento en versos que es casi un himno para los niños cubanos y junto a él, ese  niño rubio que puede ser el “Ismaelillo” personaje en  que convierte a su hijo y que todos recordamos como el símbolo de la pureza creada por un padre en honor a su fraterno.

 

 En un primer plano un niño ataviado con traje de “Mambí”, apelativo con el que conocemos los cubanos a los combatientes por la independencia  de Cuba en nuestras guerras contra el colonialismo español, lleva en su mano “La rosa blanca” símbolo  de la amistad como la virtud mayor del ser humano, dentro de la simbología martiana.

 

 Entremezclados están las figuras de la gente humilde con las que quiso echar su suerte nuestro Héroe Nacional  junto a frutas de la isla, caracolas marinas y la vegetación de ese monte noble y benigno de los campos cubanos, todos asentados sobre el contorno de la isla de Cuba, nuestra querida patria.

Recepción martiana

Martí en el ojo de Fernando

Fernando Pérez[1], esa sensibilidad humana que le ha dado por hacer películas, acaba de estrenar en Cuba un filme imprescindible para conocer a nuestro José Martí, él lo ha llamado, “José Martí en el ojo del canario” y no ha dejado de conmover a todo el que se enfrenta e este drama de vida, que  cuenta sobre un niño inteligente de mediados del siglo XIX en medio de circunstancias muy dura para el desarrollo de su personalidad.

 

 Es justamente aquí donde está el mérito de este filme, darnos pautas a los espectadores para entender al hombre que fue –es- Martí, moviéndose en un mar de situaciones cotidianas que lo  tendrán siempre frente a una alternativa de vida: justicia-injusticia, virtud-deshonor, opresión-libertad, deber-comprensión y muchas otras que pudieron ser  razones para crearse a sí mismo como fue.

 

 Nada de compasión, ni guiños al esteriotipo de héroe que la tradición, la política y los intereses pudieron haber creado y  sí mucho de sinceridad para darnos un  Joven Martí, distinto, humano y palpable para todo el que quiera llegar hasta sus problemáticas.

 

 Habrá otras formas de abordar al hombre y sus circunstancias pero esta de Fernando Pérez, marca pauta a pesar del silencio mediático y del comentario escéptico de los “gurues” de siempre.

 

Ficha técnica

 

Guión y dirección: Fernando Pérez

 

Fotografía: Raúl Pérez Ureta

 

Música original: Edesio Alejandro

 

Actuaciones: Rolando Brito (Don Mariano Martí), Broselianda Hernández (Leonor Pérez), Damián Rodríguez (Martí niño), Daniel Romero (Martí adolescente), Manuel Porto, Aramis Delgado, Luis Rielo y Julio Cesar Rodríguez

 

 


[1] En la filmografía de Fernando Pérez, considerado uno de los más importantes directores de Cuba, sobresalen Clandestinos (1987), Madagascar (1994), La vida es silbar (1998), Suite Habana (2003), Madrigal (2006) y ahora se incorpora José Martí el ojo del canario (2010), una producción  del Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficos de Cuba en coproducción con la española Wanda Producciones y Televisión Española.

 

Recepción martiana

Los versos de José Martí y la tonada de La Guantanamera

 

 Muchas veces las popularidad de una obra artística, sea del género que fuere, llega de forma inesperada y cuando menos se le espera. Algo similar ocurrió con los poemas de José Martí de su poemario “Versos Sencillos”, escrito en 1891 y bastante difundidos en nuestro ámbito latinoamericano por aquello de la profundas verdades que encierra y la musicalidad de una poesía muy apegada al romancero popular español.

 

 En Cuba, desde el colegio recitamos aquellos versos que nos hablan de amistad, de amor al sacrificio, de la virtud humana, del desprendimiento y el odio al egoísmo, a la ambición y sobre todo que nos va contando de forma muy hermosa la biografía del Cubano Mayor.

 

 En el siglo XX cubano el maestro Ernesto Lecuona, uno de los más reconocidos compositores de Cuba, musicalizó uno de aquellos versos, “La rosa blanca” y varias versiones del mismo poema nos llegan desde diferentes cuerdas y tesituras para rendir homenaje a Martí.

 

 Pero  en la  década de los 60s a todos los cubanos nos sorprendió la gran popularidad internacional que alcanza la tonada, “Guajira Guantanamera”, patentada por Joseíto Fernández, retomada por el folklorista estadounidense Piter Sigger, quien la da a conocer al mundo con los “Versos Sencillos” de José Martí, según los había escuchado al músico cubano Héctor Angulo, quien a su vez la toma de la versión del también cubano Julián Orbón. La melodía se populariza de tal forma que en 1966 ya tenía cientos de versiones en todo el mundo y en los más diversos idiomas.

 

 Vean cuántas circunstancias para que el mundo entero reconociera a Cuba por una emblemática melodía, que su autor había utilizado en los años 40s y 50s para contar por la radio cubana las tragedias de la crónica roja y que ahora volvía a nosotros redimida por la poesía de Martí, cantada por voces de todo el mundo. Aquellas estrofas tomadas al azar del poemario hoy nos identifican y enorgullecen:

 

Yo soy un hombre sincero

De donde crece la palma,

Y antes de morirme quiero

Echar mis versos del alma.

 

Yo he visto al águila herida

Volar al azul sereno,

Y morir en su guarida

La víbora del veneno.

 

Con los pobres de la tierra

Quiero yo mi suerte echar:

El arroyo de la sierra

Me complace más que el mar

 

Denle al vano el oro tierno

Que arde y brilla en el crisol:

A mí denme el bosque eterno

Cuando rompe en él el sol.

 

 Ese es mi Martí, el que vive y crece en el alma de los cubanos.

 

 

Recepción martiana

El socialismo y Martí

Hace meses que vengo meditando si entrar o no en la polémica que ronda hoy al mundo convulso que nos ha tocado vivir, hacerlo desde la honestidad de una experiencia de vida personal en un pueblo que ha tratado de darse el sistema  más justo posible.

 Teorizar requiere horas de estudios a veces toda una vida, pero la realidad  nos pisa los talones con necesidades de seres vivos que son imprescindible satisfacer, por eso Fidel dijo una vez que el capitalismo se construía solo, porque se basa en el egoísmo de la gente, mientras que el socialismo  había que construirlo, porque había que levantarlo con la solidaridad y el altruismo humano, era más o menos la esencia de aquellas palabras de un soñador  que ha  dedicado toda una vida para guiar un proceso perfectible, hecho por mujeres y hombre que se  equivocan, se acomodan o arriman las brazas al sartén de sus necesidades egoístas, hasta el punto de hacer peligrar la obra social.

  En primer lugar, para ser honesto, quiero delimitar mis ideas, creo en el socialismo y  he crecido plenamente en este sistema de justicia social, con miles de carencias, pero satisfecho y orgulloso de lo que hemos logrado. Muchos factores internos y externos han frenado el mayor desarrollo de nuestra sociedad, pero en lo personal sigo creyendo en ella y en la posibilidad de mejorarla y no de cambiarla por un sistema capitalista que nos hará más desiguales y donde la novedad es que tendremos: millonarios, por poner un ejemplo.

  Quiero citar  un breve fragmento de un artículo de Armando Hart Dávalos aparecido en el periódico cubano Juventud Rebelde el 28 de enero de 2004 en el que  aborda este tema del socialismo y las impresiones de nuestro José Martí sobre estas ideas demonizadas no desde ahora, sino desde que aparecieron como alternativa de los humildes:

 «Precisamente, el drama del socialismo en el siglo XX se explica por el hecho que tras la muerte de Lenin se pasó por alto la cultura. Martí lo había advertido cuando dijo en carta a su compañero Fermín Valdés Domínguez, que “dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:—el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas:—y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos”;[1] es decir, el de la ignorancia, y el del oportunismo, la mediocridad y la corrupción. En la incultura y en la maldad humana estaban para el Apóstol los peligros que tenía la idea socialista, por esto fracasó el socialismo real. También Martí señaló en esa propia carta a Fermín Valdés Domínguez que en nuestro pueblo no es tanto el riesgo como en la sociedad más iracunda de Europa, y le expuso ideas clave que recojo a continuación: “[…] explicar será nuestro trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla. Y siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa”.[2] »

 Para dar más claridad al lector transcribo íntegra la carta de Martí a su amigo del alma:

Nueva York, mayo, 1894

 Sr. Fermín Valdés Domínguez

 Fermín queridísimo:

                               De la maluquera, y el quehacer de que voy halando como un mulo, me he dado un salto a Nueva York, a mis cosas. Estoy al salir, para la gran fagina: y empiezo por casa. ¿Aunque por qué llamo a esta tierra dura “casa”? Ya tú conoces esta vida. Nuestra gente cada día padece más aquí. El país los echa: por fortuna vivimos unos cuantos, que moriremos por abrirles tierra. Y viven almas como esa brava tuya, que está ahora de renuevo, y tan metida en virtud, que cuando vaya allá te he de encontrar todavía mejor mozo. Leña al horno, Fermín, que va a necesitarse pronto el fuego. Recibí todas tus cartas, y a todas te contestaré con más detalles que si te los escribiera. Muy juiciosas las observaciones sobre las necesidades perentorias: a eso estamos. Creo que ya vamos hasta por la cintura en la maravilla. Sudo muerte; pero vamos llegando. Y tengo una fe absoluta en mi pueblo, y mejor mientras más pobre: a ver si me falla. Esa sí que sería puñalada mortal. Ya yo te veo hecho un jardín, como se me pone a mí el alma cuando ando por esas tierras, de la bondad que pisa y bebe uno, y que tú celebras con elocuencia verdadera en tu hermosa carta a “Cuba”. ¿Qué delicadeza mayor quieres, ni qué más viril poesía, que la que mueve la creación de ese club nuevo, que no valdrá porque lleve nuestros nombres, sino por las virtudes que en nosotros creen ver sus fundadores, que con serlo, se revelan capaces de ellas ? Por ahí es por donde nuestra tierra está pecando: por lo feos y escasos que andan, por ahí, el amor y la amistad. -Ahí tienes una nimiedad que ni a ti ni a mí nos puede dejar los ojos secos.-Es preciso merecer ese cariño.

 

Una cosa te tengo que celebrar mucho, y es el cariño con que tratas: y tu respeto de hombre, a los cubanos que por ahí buscan sinceramente, con este nombre o aquél, un poco más de orden cordial, y de equilibrio indispensable, en la administración de las cosas de este mundo. Por lo noble se ha de juzgar una aspiración: y no por esta o aquella verruga que le ponga la pasión humana. Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: -el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas: - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados. Unos van, de pedigüeños de la reina, -como fue Marat, -cuando el libro que le dedicó con pasta verde -a lisonja sangrienta, con su huevo de justicia, de Marat. Otros pasan de energúmenos a chambelanes, como aquellos de que cuenta Chateaubriand en sus “Memorias”. Pero en nuestro pueblo no es tanto el riesgo, como en sociedades más iracundas, y de menos claridad natural: explicar será nuestro trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla. Y siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa. Muy bueno, pues, lo del 10 de Mayo. Ya aguardo tu relato, ansioso.

 

 Yo que te charlo, estoy lleno de gente, y sin un minuto. ¿Conque ya suena la alcancía, y me vas a recibir con el aire de prisa de un médico atareado? No me hables de Palma. Tú curarás, porque te quieren, y porque sabes. Aquí te necesitaría, porque me cuesta mucho escribir, y estar levantado. Allá voy a llegar muy mohíno, y acaso inservible. -Mejor, me verán arrastrándome, por servirle a mi tierra,-por servirlos. .No hay sermón como la propia vida. ¿Y quieres creer que, mozo como soy, no pienso en tanta gente noble sino con cariño de padre a hijo?-De prisa te diré cómo gozo con que por corazones tan buenos se vaya extendiendo tu cura, que es a la vez de cuerpo y de alma. Ya sé- ¿quién lo supo nunca mejor?- lo que han de pensar de ti. Y vuelo. Yo me voy a halar del mundo con el hijo de Gómez. -A todos, que no escribo. Hago bien. ¡Ya me perdonarán. . .! tu

 

                                                                                       José Martí

 

 



[1] José Martí. Carta a Fermín Valdés Domínguez. O. C. t. 3, p. 168

[2] Ídem

Personalidades, Recepción martiana

El Martí del Parque Central de La Habana

En el mismo centro de La Habana clásica, mirando hacia la ciudad antigua, que tantas veces recorrió en su niñez y su juventud, se levanta la estatua de José Martí erigida en 1905 en el centro del Parque Central, sitio concurrido, lleno de historia y de tantos recuerdos para el habanero de cualquier edad.

 

Es hoy un monumento aceptado por todos, en mármol blanco de Carrara diseñado por el escultor cubano José Vilalta y Saavedra a solicitud de cientos de compatriotas que con sus ahorros contribuyeron a sufragar los gastos para levantar este recuerdo al cubano que tanto hizo por nuestra independencia y al que muy pocos conocían en ese ya lejano principios del siglo XX.

 

 Cuando Máximo Gómez develó el paño que dejaba al descubierto la estatua pedestre y discursiva del maestro, muchos de los  que le escucharon en Cayo Hueso,  Tampa o  Nueva York, se sintieron decepcionado ante el elegante hombre que esculpido en piedra parecía decirle:

 

-¡Miren en qué me han convertido!

 

 Ese no era el humilde Delegado del Partido Revolucionario Cubano que ellos habían bautizado Apóstol a  fuerza de veneración y respeto, le sobraba  ese lujo y le faltaba el movimiento genuino de su espíritu inquieto e indomable, era como sí a falta de su legado, esa piedra blanca alzada en el mismo lugar en que estuvo la reina Isabel II de España, nos hablara de la decepción y el  engaño de la República a medias.

 

 El habanero se acostumbró al Martí del Parque Central y con los años la veneración al ejemplo, transformó en lugar de peregrinación este monumento que hoy marca un hito de historia de la capital cubana  al que acudimos con motivaciones mayores y vigencia infinita.

Recepción martiana

“Martí es la idea del bien que él describió”, Fidel Castro

En el año 2003 se reunieron en La Habana un buen número de intelectuales, profesionales y  estudiosos de la obra de José Martí para celebrar el 150 aniversario de su natalicio, fuera de los  logros aglutinadores de un evento de este tipo en el que le correspondió a la Sociedad Cultural José Martí jugar un rol muy importante, el saldo del evento es medible por las palabras de clausura del Comandante en Jefe Fidel Castro, en torno a la figura del Apóstol a quien logra resumir con palabras del propio Martí que extracta en la búsqueda y la práctica del bien el fin ético del hombre, estas palabras  de Fidel sobre el Apóstol son el homenaje  mejor de un hombre que con su obra de vida rinde un perenne homenaje a Martí, a continuación ofrecemos estos fragmentos del discurso de clausura del evento que así lo atestiguan:

 

“¿Qué significa Martí para los cubanos?

 

“En un documento denominado «El Presidio Político en Cuba», Martí cuando tenía 18 años, después de sufrir cruel prisión a los 16 con grilletes de hierro atados a sus pies afirmó: “Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el  nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno.”

 

“Para nosotros los cubanos, Martí es la idea del bien que él describió.

 

“Los que reanudamos el 26 de julio de 1953 la lucha por la independencia, iniciada el 10 de octubre de 1868 precisamente cuando se cumplían cien años del nacimiento de Martí, de él habíamos recibido, por encima de todo, los principios éticos sin los cuales no puede siquiera concebirse una revolución. De él recibimos igualmente su inspirador patriotismo y un concepto tan alto de honor y de la dignidad humana como nadie en el mundo podría habernos enseñado.

 

“Fue un hombre verdaderamente extraordinario y excepcional. Hijo de militar, nacido en un hogar de padre y madre españoles, deriva en profeta y forjador de la independencia de la tierra que lo vio nacer; intelectual y poeta, siendo un adolescente al iniciarse la primera gran contienda, fue capaz más tarde de conquistar el corazón, el respeto, la adhesión y el acatamiento de viejos y experimentados jefes militares que se llenaron de gloria en aquella guerra.

 

“Amante fervoroso de la paz, la unión y armonía entre los hombres, no vaciló en organizar e iniciar la guerra justa y necesaria contra el coloniaje y la injusticia. Su sangre fue la primera en derramarse y su vida la primera en ofrendarse como símbolo imborrable de altruismo y desprendimiento personal.  Olvidado y aún desconocido durante muchos años por gran parte del pueblo por cuya independencia luchó, de  sus cenizas, como ave Fénix, emanaron sus inmortales ideas para que casi medio siglo después de su muerte un pueblo entero se enfrascara en colosal lucha, que significó el enfrentamiento al adversario más poderoso que un país grande o pequeño hubiese conocido jamás.

“Más allá de Cuba, ¿qué recibió de él el mundo? Un ejemplo excepcional de creador y humanista digno de recordarse a lo largo de los siglos.

 

“¿Por quiénes y por qué? Por los mismos que hoy luchan y los que mañana lucharán por los mismos sueños y esperanzas de salvar al mundo, y porque quiso el azar que hoy la humanidad perciba sobre ella y tome conciencia de los riesgos que él previó y advirtió con su visión profunda y su genial talento.

 

“El día en que cayó, el 19 de mayo de 1895, Martí se inmolaba por el derecho a la vida de todos los habitantes del planeta.

 

“Es la ya famosa carta inconclusa a su amigo entrañable Manuel Mercado, que Martí interrumpe para marchar sin que nadie pudiera impedirlo a un inesperado combate, reveló para la historia su más íntimo pensamiento, que no por conocido y repetido dejaré de consignar una vez más: “Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber, (…)de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.”

 

“Semanas antes, al suscribir en Santo Domingo el Manifiesto de Montecristi junto al ejemplar patriota latinoamericano Máximo Gómez, de origen dominicano y escogido por Martí como jefe militar de las fuerzas cubanas, próximo a partir hacia Cuba, entre otra muchas y brillantes ideas revolucionarias, Martí escribió algo tan admirable que, aun a riesgo de aburrir, también necesito repetir: “La guerra de independencia de Cuba(…) es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aún vacilante del mundo.”

 

“Cuán precozmente escribió esta frase, que se ha convertido en el tema principal de este encuentro. Nada hay hoy más necesario y vital que ese  distante y al parecer utópico equilibrio.

 “En este instante en que se conmemora el 150 aniversario del natalicio de José Martí, el hombre que quizás por vez primera en la historia planteó el concepto del equilibrio del mundial, una guerra  está por comenzar como consecuencia del más colosal desequilibrio en el terreno militar que jamás existió sobre la Tierra.(…)

 

“Nadie crea que los individuos hacen la historia. Los factores subjetivos influyen, aceleran con sus aciertos o retrasan con sus insuficiencias y errores los procesos históricos, pero no determinan el resultado final. Ni siquiera un hombre tan genial como Martí –podría decirse igualmente de Bolívar, Sucre, Juárez, Lincoln y otros muchos hombres admirables como ellos- habría sido conocido por la historia de haber nacido por ejemplo treinta años antes o después.

 

En el caso de Cuba. De haber nacido nuestro Héroe Nacional en 1823 y cumplido 30 años en 1853, en medio de una sociedad esclavista y anexionista dueña de plantaciones y enormes masas de esclavos, y sin existir todavía el poderoso sentimiento nacional y patriótico forjado por los gloriosos precursores, no habría sido posible entonces el inmenso pape que  desempeñó  en la historia de nuestra Patria.

 

“Si algo me atrevo a sugerir a los ilustres visitantes aquí reunidos sería lo que veo que ya están haciendo. No obstante, a riesgo de cansarlos me permito repetir y reiterar: frente a las armas sofisticadas y destructoras con que quieren amedrentarnos y someternos a un orden económico y social mundial injusto, irracional e insostenible: ¡sembrar ideas! ¡sembrar ideas! ¡y sembrar ideas!; ¡sembrar conciencia!, ¡sembrar conciencia! ¡y sembrar conciencia!

 

Muchas gracias.”

 

 

Antimperialismo, Recepción martiana

José Martí, Fidel Castro y el 26 de Julio

En la tradición revolucionaria cubana de los últimos cincuenta años se ha hecho una cita obligada el vincular  las ideas de José Martí a  los acontecimientos del asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953.

 

Esto no es una manera de legitimar la acción por el grupo de jóvenes que encabezado por Fidel Castro y Abel Santamaría, sino la verdad histórica de que aquellos muchachos se inspiraron en el legado ético político del Apóstol de la independencia de Cuba.

 

 Ese año 1953 se celebraba en toda Cuba el centenario del nacimiento de José Martí y a esos homenajes se unió  el espurio régimen que había llegado un año ante al poder por un golpe de estado encaminado a cortar la creciente popular en pleno crecimiento y que amenazaba con llevar al poder a un gobierno de bases democráticas y populares.

 

 Fulgencio Batista, un soldado devenido en figura clave de la oligarquía nacional y de los poderes extranjeros, encabezados  por Estados Unidos, interrumpía la continuidad de la democracia representativa en Cuba y dejaba sin efecto la Constitución del 40, un proyecto de país engañosamente escamoteado a las masas y convertido en letra muerta por la fuerza de las armas del ejército constitucional y la complicidad de los privilegiados del país.

 

 Ante ese atropello a los derechos y el intento por aplastar las aspiraciones populares, respondió un grupo de jóvenes cubanos, sin vínculos con la política tradicional o la militancia de oposición del momento, era la “generación del centenario”, de vocación martiana, formados en los sueños inconclusos de su pueblo.

 

 Ellos fueron al cuartel Moncada, dispuestos a iniciar una Revolución que rompiera con todos los compromisos humillantes de los intereses sociales de las fuerzas políticas dominantes, dispuestos a hacer realidad aquella máxima de Martí, de “con todos y para el bien de todos”, que encierra más izquierda que muchos largos manifiestos, para tratar de enrumbar al pueblo cubano por un camino de conquistas de derechos y de cumplimientos de sueños pospuestos, comenzando por el más importante de todos, poner todas las fuerzas de la sociedad al servicio de los anhelos populares , bajo la guía de Fidel y las ideas claras de José Martí que fue a no dudarlo, el inspirador de aquella arremetida viril que cambió el curso de la historia de Cuba.

 

 

Recepción martiana

José Martí y la generación cubana de 1923

 La generación cubana de 1923 es una generación puente entre los que  lucharon por la independencia de Cuba y habían visto frustrados sus sueños de independencia y soberanía, por la intervención de los Estado Unidos (1898-1902) y los jóvenes que en la década del veinte del siglo XX exigían un cambio para mejorar los males de la sociedad cubana, empantanada en un limbo de “independencia regida” por intereses yanquis.

 

 Eran jóvenes  que se avergonzaban de la “politiquería” nacida en la República mediatizada por la Enmienda Platt[1], que denuncian los robos y fraudes muy frecuentes en los gobiernos de Cuba de esas primeras décadas y que nacen a la luz pública justamente con una protesta colectiva de jóvenes intelectuales[2] en contra de un sonado fraude del gobierno de Alfredo Zayas.

 

 Esta generación de cubanos estaba dispuesta a cambiar la situación de Cuba y para ello se organizaron  y encabezan un movimiento cultural y político renovador que pone a  la isla al tanto de las corrientes más de vanguardias desarrolladas en el mundo.

 

 Es en medio de estas circunstancias en que la obra de José Martí, poco conocida y estudiada, fue ocupando un espacio mucho más amplio e influyendo mucho más en la formación ideológica de aquella combativa “generación del 20”. Gonzalo de Quesada, Fermín Valdés Domínguez y la generosa emigración revolucionaria que en su mayoría regreso a Cuba a principios del siglo XX, dan a conocer al Martí de claro pensamiento latinoamericanista, antimperialista, que basó el desarrollo del Partido Revolucionario Cubano  sobre la confianza de los más humildes, que hizo de su divisa, “Con todos y para el bien de todos” la base de su proyecto de República y que advertidor y consecuente había regresado a Cuba a luchar por esas ideas o morir en el empeño.

 

 Fue un joven de esta generación quien al acercarse a los textos martianos, escribió en 1926 un artículo que tituló, “Glosas al pensamiento de José Martí”, en el que no nos habla del poeta, del escritor, sino del Martí que la burguesía cubana quiso esconder, el antimperialista, amigo de los humildes y luchador por el mejoramiento humano.

 

 Ese joven  era Julio Antonio Mella, líder estudiantil, fundador del primer partido comunista en Cuba y una de las figuras más radicales del movimiento revolucionario cubano.

 

 Mella demuestra que José Martí estaba vigente, que sus palabras no eran viejas y que podían servir para seguir luchando por alcanzar una vida mejor para su pueblo.

Es por eso que dice en su artículo: “Es imprescindible,  que una voz de la nueva generación, libre de prejuicios y compenetrada con la clase revolucionaria de hoy, escriba ese libro. Es necesario dar un alto y, si no quieren obedecer, un bofetón a tanto canalla, tanto mercachifle, tanto patriota, tanto adulón, tanto hipócrita… que escribe o habla de José Martí”[3]

 

 Más adelante en su escrito, Mella hace un breve análisis de la obra del Apóstol, como antimperialista, internacionalista y su vinculación con la clase trabajadora, concluyendo que sus ideas no entran en contradicción con el socialismo, que se puede ser martiano y socialista, porque lo objetivos son similares.

 

Pero no fue solo Mella, muchos jóvenes de esa generación continuaron las enseñanzas de Martí a partir del conocimiento de sus escritos y la continuidad de su obra social. En esos tiempos de “hacer” cuando el sueño de cambios parecía cercano, Martí se convirtió en paradigma y continuidad.

 Raúl Roa, otro de los miembros de aquella generación, resume este período intenso de la historia nacional y la presencia martiana en ella con estas palabras de extraordinaria vigencia:

 

“Escribir o hablar de Martí puede cualquiera. Lo que ya no puede cualquiera es vivir, como propia, la vida de sacrificio, de abnegación y de coraje que vivió Martí, en tensión heroica contra lo que es y está superado, es patrimonio exclusivo de los que viven para Martí y no de Martí.”[4]

 

 


[1] La Enmienda Platt fue un tratado impuesto a Cuba por el Gobierno de Estados Unidos en el que se constitucionalizaba el derecho de ese país de intervenir en Cuba cuando sus intereses estuvieran en peligro, aprobado en 1902 se mantuvo en pie hasta 1934 en que “ellos decidieron derogarlo” por obsoleto.

[2] Esta  se produjo el 18 de marzo de 1923 y se conoce en la historia de Cuba como “La Protesta de los trece”, por el número de los firmantes, y estaba encabezada por el joven abogado Rubén Martínez Villena, quien devino líder comunista hasta su muerte en 1935.

[3] Valoración Múltiple José Martí, tomo I, pág. 51

[4] Valoración Múltiple José Martí, tomo I, pág. 79

 

Recepción martiana

Los sietemesinos

A los sietemesinos sólo les faltará el valor

José Martí

 

 Hace unos pocos días (22 /5/2010), el periódico cubano Juventud Rebelde publicó en su página dos, un artículo titulado, “Hay que darles mandinga” del periodista Julio Tamayo Martínez en el que se llama la atención acerca de los “modos camaleónicos” de un grupo de personas, no tan pocas como quisiéramos, que encuentran en “la falsía, la replica de actitudes extrañas, costumbres foráneas, modulaciones vocales ajenas a nuestra idiosincrasia u otras conductas “singulares” apreciable en la calle”[1] su manera de evadirse y de reflejarse “distintos”, cuando en realidad caen en el molde neoliberal de la “aldea global” que la industria del consumismo quiere para sus “chicos y chicas plásticos”, play boy tercermundistas que José Martí caracterizara con “sietemesinos”[2].

 

 Son la gente que encuentra bueno lo extranjero solo por serlo y que llevan su “etiquetada vida” a una especie de status social que lo eleva por encima de los mortales comunes, los que José Martí ridiculiza en su artículo “Nuestra América: “No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan. ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades!

 

 A este Martí recordé cuando leía el artículo de Tamayo Martínez, porque  vemos a diario y como algo esnobista y ridículo, extemporáneo a esos que reniegan de lo suyo, como el que no tiene que ver con los que a diario hacemos la miel y el panal.

 

 Pero recordé más, y fui a las Obras Completas del Apóstol en busca de las reflexiones de un hombre aún joven que en 1885 describe deslumbrado y sabio las regatas tradicionales entre un yate inglés y uno norteamericano, matizada por el patriotismo que una victoria patria enciende en los hombres y mujeres de cualquier latitud, es por ello que sus atinadas palabras mantienen actualidad para caracterizar a quienes el consumismo convierte en personas, “tan desechables” como los productos que los esclavizan:

 

…ya porque un vapor lleno de bostonianos ha venido río arriba, con ocasión de las regatas, a mofarse de los petimetres neoyorquinos que no hallan cosa de su tierra que sea buena: y compran en Inglaterra yates que Nueva York vence, y andan por las calles a paso elástico y rítmico, como si anduviesen sobre pastillas, y hablan comiéndose las erres y la virilidad con ellas, acariciando con el mostachillo rubio el cuerno de plata del bastón que no se sacan de los labios: son unos señorines inútiles y enjutos, a quienes no se ve por las calles desde que venció el Puritan.

 

“Las regatas, como tantas otras cosas, no son de valer por lo que son en sí, sino por lo que simbolizan. De los Estados Unidos se van las herederas a Inglaterra, a casarse con los lores; ningún galán neoyorquino se cree bautizado en elegancia si no bebe agua de Londres; a la Londres se pinta y escribe, se viste y pasea, se come y se bebe, mientras Emerson, piensa, Lincoln muere, y los capitanes de azul de guerra y ojos claros miran al mar y triunfan. La grandeza tienen en casa, y como buenos imbéciles, porque es de casa la desdeñan. Hasta la hormiga, la mísera hormiga, es más noble que la cotorra y el mono.

 

 Pues si hay miserias y pequeñeces en la tierra propia, desertarlas es simplemente una infamia, y la verdadera superioridad no consiste en huir de ellas, ¡sino en ponerse a vencerlas! La regata ha dado esto bueno de sí, como da siempre algo bueno, aunque parezca puerilidad al que ahonda poco, todo acto o suceso que concentra la idea de la patria; ¡hay un vino en los aires de la patria, que embriaga y enloquece! Se le bebe, se le bebe a sorbos en estas grandes ocasiones y ¡parece que se deslíen por la sangre, con prisa de batalla, los colores de una gran bandera![3]

 Al que le sirva el sayo, que se lo ponga


[1]“Hay que darles mandinga”. Julio Martínez Tamayo. Juventud Rebelde. 22/5(2010

[2] “Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás”.Nuestra América, José Martí. Enero 1889

[3] La Nación. Buenos Aires, 22/10/ 1885. Tomo 10. Obras Completas de José Martí. 1975

 

 

Habla José Martí, Recepción martiana

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