Martí Otra Visión

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José Martí desde sus cuadernos de notas

El tomo 21 de las Obras Completas de José Martí recopila en forma cronológica el contenido de 22 cuadernos de apuntes del maestro, son el testimonio más íntimo de sus emociones, sus arranques de genialidades anotados al vuelo con esa letra difícil  que llena de ideas las sencillas hojas reunidas y cocidas, posiblemente por él mismo, para no dejar escapar esa multiplicidad de pensamientos que como el bien dice:

 

“Siempre que me siento a escribir, la Fortuna celosa me pone una copa de hiel al lado. Mi obra es trocarla en mieles.- Jamás he entrado en una gran labor sin que alguna pena haya venido a perturbarme en el comienzo.- Y he hecho mi jornada bravamente, con un muerto a la espalda…”[1]

 

 Era difícil su obra , no porque faltara genio y voluntad en este hombre, sino porque se había propuesto  llevar adelante tareas de titánico alcance: despertar un país de su condición de vasallaje, impedir que la codicia de los hijos más acomodados de ese país, mudaran por amor a las riquezas de metrópoli, levantar un pueblo unido del infortunio esclavista, basado en la condición humana como único requisito para la igualdad, alertar a pueblos hermanos sobre los peligros de la avaricia de una clase rica y poderosa, crecida en “el norte revuelto y brutal que nos desprecia”.

 

 Todo esto “…para dejar a lo sumo como memoria de nuestra vida, una frase confusa, o un juicio erróneo, o para que los que fueron montes de dolor parezcan granillos de arena, en los libros de un historiador”[2]

 

  Este es el hombre, quien nos entrega jirones de ideas en estos cuadernos hecho para sí y a los cuales hay que asomarse con respeto,  como lectura que permite verlo crecer en sus contradicciones, acosado por los deberes personales, enfermo de soledad, alejado de amores y salir indemne de esos transes de fecundo silencio del que solo estas páginas lo salvan:

 

“Pero este amor de patria ha de ser enteramente puro, sin mezcla de interés personal, activo, activo hasta el frenesí, hasta el sacrificio, hasta la bandera, pero con una actividad de sacerdote, sin que ella se manche nunca con el menor viso de ambición o celo”[3]

 

 Por eso vive “sin patria pero sin amo”, añorando como nadie sus palmas y su pueblo, del cual vivió alejado más de la mitad de su vida, escondiendo en sus noches y sus notas la pena del exiliado:

 

“Hay algo de buque en toda casa en tierra extranjera. Dura aquella sensación de  indefinible disgusto. Se siente oscilar la tierra y vacilar sobre ella nuestros pies. A veces se sujeta uno de las paredes -y por donde otros  van firme, camina uno tambaleando. El espíritu está fuera de equilibrio”[4]

 

 Ese es Martí, el cubano que guía y alerta desde sus ideas claras y vigentes.


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo XXI: 161. la Habana, 1972

[2] Ídem: 161

[3] Ídem: 284

[4] Ídem: 242

Biografía, Habla José Martí

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