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Martí Otra Visión

Blog en Monografias.com

 

Archivo de Julio, 2010

José Martí, “Un juego nuevo y otros viejos”

La muy conocida revista “La Edad de Oro”, escrita íntegramente por José Martí para los niños de América Latina, tiene en su número 1 un artículo dedicado a los juegos que practican los pueblos desde sus orígenes y en el que el Maestro explica cómo es de importante para la formación de la sociedad esa actividad lúdica que llamamos juego, en la que el hombre ensaya su vida en sociedad a través de juegos grupales e individuales.

 

 Comienza su artículo refiriéndose a un juego popular entonces y hoy entre los niños, el “juego del burro”, como él lo llama, consistente en ponerle un rabo de papel a un burro dibujado en cartulina, con los ojos tapados, a fin de hacerlo más difícil. El referido juego aún se practica, al menos entre nosotros, y es de ver los inimaginables lugares donde recibe el rabo el susodicho burro.

 

Luego las amenas explicaciones de Martí llevan al lector a la historia del juego y el juguete, de forma sencilla y didáctica, para que entienda el niño lo importante del jugar.

 

 Ahora que es verano en Cuba y que se incrementan los grupos de juegos en todas partes es bueno recordar esta amena lectura en la que su autor nos lleva por lo caminos de la cultura para decirnos cosas como estas:

 

“Los pueblos, lo mismo que los niños necesitan de tiempo en tiempo algo así como correr mucho, reírse mucho y dar gritos y saltos. Es que en la vida no se puede hacer todo lo que se quiere, y lo que se va quedando sin hacer sale así de tiempo en tiempo, como una locura (…) Los hombres de todos los países blancos, o negros, japoneses o indios, necesitan hacer algo hermoso y atrevido, algo de peligro y movimiento…”

 

Toda una concepción de lo lúdico y su valor social que nos alerta acerca de la importancia del juego para todos los seres humanos, aun más para los niños, reservorios de energía que deben ser encaminadas en bien de su salud física y mental.

 

 No sería él un latinoamericano orgulloso de la cultura de su tierra sino hiciera  una larga referencia acerca de los juegos de los habitantes originarios de este continente a modo de compararlo con lo que se hacía en otras partes del mundo:

 

“Los indios de México tenían cuando vinieron los españoles esa misma danza del palo. Tenían juegos muy lindos los indios de México. Eran hombres muy finos y trabajadores, y no conocían la pólvora y las balas como los soldados de español Cortés pero su ciudad era como de plata, y la plata misma la labraban como un encaje, con tanta delicadeza como en la mejor joyería. En sus juegos eran tan ligeros y originales como en sus trabajos. Esa danza del palo fue entre los indios una diversión de mucha agilidad y atrevimiento; porque se echaban desde lo alto del palo que tenía unas veinte varas y venían por el aire dando volteos y haciendo pruebas de gimnasio sin sujetarse más que con la soga, que ellos tejían muy fina y fuerte, y llamaban metate. Dicen que estremecía ver aquel atrevimiento; y un libro viejo cuenta que era “horrible y espantoso, que llena de congojas y asusta el mirarlo.””

 

 En esta misma revista en la sección “La ultima página” referirá que la ejercitación del cuerpo era necesaria no solo para tener salud sino para estar preparado por si un pueblo ladrón osaba querer robarnos la libertad, para eso es importante ser fuerte, dirá y despedirá este artículo sobre los juegos y juguete con estas simpáticas palabras:

 

“Porque con los cuentos se ha de hacer lo que decía Chichá, la niña bonita de Guatemala:

-          ¿Chichá, por qué te comes esa aceituna tan despacio?

-          Porque me gusta mucho.”

 

Lúdica y deporte

“Martí es la idea del bien que él describió”, Fidel Castro

En el año 2003 se reunieron en La Habana un buen número de intelectuales, profesionales y  estudiosos de la obra de José Martí para celebrar el 150 aniversario de su natalicio, fuera de los  logros aglutinadores de un evento de este tipo en el que le correspondió a la Sociedad Cultural José Martí jugar un rol muy importante, el saldo del evento es medible por las palabras de clausura del Comandante en Jefe Fidel Castro, en torno a la figura del Apóstol a quien logra resumir con palabras del propio Martí que extracta en la búsqueda y la práctica del bien el fin ético del hombre, estas palabras  de Fidel sobre el Apóstol son el homenaje  mejor de un hombre que con su obra de vida rinde un perenne homenaje a Martí, a continuación ofrecemos estos fragmentos del discurso de clausura del evento que así lo atestiguan:

 

“¿Qué significa Martí para los cubanos?

 

“En un documento denominado «El Presidio Político en Cuba», Martí cuando tenía 18 años, después de sufrir cruel prisión a los 16 con grilletes de hierro atados a sus pies afirmó: “Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el  nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno.”

 

“Para nosotros los cubanos, Martí es la idea del bien que él describió.

 

“Los que reanudamos el 26 de julio de 1953 la lucha por la independencia, iniciada el 10 de octubre de 1868 precisamente cuando se cumplían cien años del nacimiento de Martí, de él habíamos recibido, por encima de todo, los principios éticos sin los cuales no puede siquiera concebirse una revolución. De él recibimos igualmente su inspirador patriotismo y un concepto tan alto de honor y de la dignidad humana como nadie en el mundo podría habernos enseñado.

 

“Fue un hombre verdaderamente extraordinario y excepcional. Hijo de militar, nacido en un hogar de padre y madre españoles, deriva en profeta y forjador de la independencia de la tierra que lo vio nacer; intelectual y poeta, siendo un adolescente al iniciarse la primera gran contienda, fue capaz más tarde de conquistar el corazón, el respeto, la adhesión y el acatamiento de viejos y experimentados jefes militares que se llenaron de gloria en aquella guerra.

 

“Amante fervoroso de la paz, la unión y armonía entre los hombres, no vaciló en organizar e iniciar la guerra justa y necesaria contra el coloniaje y la injusticia. Su sangre fue la primera en derramarse y su vida la primera en ofrendarse como símbolo imborrable de altruismo y desprendimiento personal.  Olvidado y aún desconocido durante muchos años por gran parte del pueblo por cuya independencia luchó, de  sus cenizas, como ave Fénix, emanaron sus inmortales ideas para que casi medio siglo después de su muerte un pueblo entero se enfrascara en colosal lucha, que significó el enfrentamiento al adversario más poderoso que un país grande o pequeño hubiese conocido jamás.

“Más allá de Cuba, ¿qué recibió de él el mundo? Un ejemplo excepcional de creador y humanista digno de recordarse a lo largo de los siglos.

 

“¿Por quiénes y por qué? Por los mismos que hoy luchan y los que mañana lucharán por los mismos sueños y esperanzas de salvar al mundo, y porque quiso el azar que hoy la humanidad perciba sobre ella y tome conciencia de los riesgos que él previó y advirtió con su visión profunda y su genial talento.

 

“El día en que cayó, el 19 de mayo de 1895, Martí se inmolaba por el derecho a la vida de todos los habitantes del planeta.

 

“Es la ya famosa carta inconclusa a su amigo entrañable Manuel Mercado, que Martí interrumpe para marchar sin que nadie pudiera impedirlo a un inesperado combate, reveló para la historia su más íntimo pensamiento, que no por conocido y repetido dejaré de consignar una vez más: “Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber, (…)de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.”

 

“Semanas antes, al suscribir en Santo Domingo el Manifiesto de Montecristi junto al ejemplar patriota latinoamericano Máximo Gómez, de origen dominicano y escogido por Martí como jefe militar de las fuerzas cubanas, próximo a partir hacia Cuba, entre otra muchas y brillantes ideas revolucionarias, Martí escribió algo tan admirable que, aun a riesgo de aburrir, también necesito repetir: “La guerra de independencia de Cuba(…) es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aún vacilante del mundo.”

 

“Cuán precozmente escribió esta frase, que se ha convertido en el tema principal de este encuentro. Nada hay hoy más necesario y vital que ese  distante y al parecer utópico equilibrio.

 “En este instante en que se conmemora el 150 aniversario del natalicio de José Martí, el hombre que quizás por vez primera en la historia planteó el concepto del equilibrio del mundial, una guerra  está por comenzar como consecuencia del más colosal desequilibrio en el terreno militar que jamás existió sobre la Tierra.(…)

 

“Nadie crea que los individuos hacen la historia. Los factores subjetivos influyen, aceleran con sus aciertos o retrasan con sus insuficiencias y errores los procesos históricos, pero no determinan el resultado final. Ni siquiera un hombre tan genial como Martí –podría decirse igualmente de Bolívar, Sucre, Juárez, Lincoln y otros muchos hombres admirables como ellos- habría sido conocido por la historia de haber nacido por ejemplo treinta años antes o después.

 

En el caso de Cuba. De haber nacido nuestro Héroe Nacional en 1823 y cumplido 30 años en 1853, en medio de una sociedad esclavista y anexionista dueña de plantaciones y enormes masas de esclavos, y sin existir todavía el poderoso sentimiento nacional y patriótico forjado por los gloriosos precursores, no habría sido posible entonces el inmenso pape que  desempeñó  en la historia de nuestra Patria.

 

“Si algo me atrevo a sugerir a los ilustres visitantes aquí reunidos sería lo que veo que ya están haciendo. No obstante, a riesgo de cansarlos me permito repetir y reiterar: frente a las armas sofisticadas y destructoras con que quieren amedrentarnos y someternos a un orden económico y social mundial injusto, irracional e insostenible: ¡sembrar ideas! ¡sembrar ideas! ¡y sembrar ideas!; ¡sembrar conciencia!, ¡sembrar conciencia! ¡y sembrar conciencia!

 

Muchas gracias.”

 

 

Antimperialismo, Recepción martiana

José Martí, Fidel Castro y el 26 de Julio

En la tradición revolucionaria cubana de los últimos cincuenta años se ha hecho una cita obligada el vincular  las ideas de José Martí a  los acontecimientos del asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953.

 

Esto no es una manera de legitimar la acción por el grupo de jóvenes que encabezado por Fidel Castro y Abel Santamaría, sino la verdad histórica de que aquellos muchachos se inspiraron en el legado ético político del Apóstol de la independencia de Cuba.

 

 Ese año 1953 se celebraba en toda Cuba el centenario del nacimiento de José Martí y a esos homenajes se unió  el espurio régimen que había llegado un año ante al poder por un golpe de estado encaminado a cortar la creciente popular en pleno crecimiento y que amenazaba con llevar al poder a un gobierno de bases democráticas y populares.

 

 Fulgencio Batista, un soldado devenido en figura clave de la oligarquía nacional y de los poderes extranjeros, encabezados  por Estados Unidos, interrumpía la continuidad de la democracia representativa en Cuba y dejaba sin efecto la Constitución del 40, un proyecto de país engañosamente escamoteado a las masas y convertido en letra muerta por la fuerza de las armas del ejército constitucional y la complicidad de los privilegiados del país.

 

 Ante ese atropello a los derechos y el intento por aplastar las aspiraciones populares, respondió un grupo de jóvenes cubanos, sin vínculos con la política tradicional o la militancia de oposición del momento, era la “generación del centenario”, de vocación martiana, formados en los sueños inconclusos de su pueblo.

 

 Ellos fueron al cuartel Moncada, dispuestos a iniciar una Revolución que rompiera con todos los compromisos humillantes de los intereses sociales de las fuerzas políticas dominantes, dispuestos a hacer realidad aquella máxima de Martí, de “con todos y para el bien de todos”, que encierra más izquierda que muchos largos manifiestos, para tratar de enrumbar al pueblo cubano por un camino de conquistas de derechos y de cumplimientos de sueños pospuestos, comenzando por el más importante de todos, poner todas las fuerzas de la sociedad al servicio de los anhelos populares , bajo la guía de Fidel y las ideas claras de José Martí que fue a no dudarlo, el inspirador de aquella arremetida viril que cambió el curso de la historia de Cuba.

 

 

Recepción martiana

La otra familia de Martí

 En los círculos martianos de Cuba existen temas sobre el Apóstol que se hablan bajito y como a escondidas, por esa manía de nosotros de hacer ideales a las personas que amamos, a esto ha contribuido mucho una posición semi-oficial de algunos investigadores que se han atribuido el dictar el cómo debe ser conocida la figura, desdibujando episodios y momentos de la biografía de quien es por derecho una figura de ejemplar trayectoria, este pasaje de la segunda familia martiana es un secreto a voces y quiero contarla con la voz de Yamil Díaz:[1]

 

« Martí no solo vivió en patrias prestadas sino que también –a falta de la propia- llegó a tener una familia prestada, de ello dan fe los primeros cinco documentos que recoge este libro: cartas de las Mantilla. Resulta llamativa la súplica que hacen al joven Manolito, su madre como su hermana María: “que cuide al delegado” cuando lo más natural hubiera sido que rogaran al maestro que cuidara a Manuel. Un texto de especial interés en este grupo es la misiva de Carmen Miyares a Martí –primera que se conoce hasta el momento- y no tan solo por su fugaz advertencia sobre aquello que el propio Martí llamó “la ingratitud probable de los hombres”. Esta carta fue escrita en ese mismo ambiente de complicidad que al parecer obligaba al maestro a suprimir el encabezamiento de casi todas las cartas que redacta para ella. Así le dice Carmen al Apóstol: “No tema escribir a esta casa pues mis cartas nadie las ve, ni se fija nadie en las cartas que trae el cartero, los huéspedes duermen mucho, sobre todo el que podría hacer algún perjuicio”. No obstante, expresa su desconfianza en que “esta no llegue a sus mano”, lo que no impide el siguiente arranque amoroso: “Espero que Manolito le ha de servir, y lo ha de acompañar, trate de tenerlo siempre a su lado pues así siento como que algo de mi cuerpo esta junto a Ud.” Creo que frases como estas obligan a no regatear a Carmen Miyares el verdadero protagonismo que le corresponde en la vida sentimental de Martí.»

 

 


[1] Martí: los documentos de Dos Ríos, Yamil Díaz en Revista Caimán Barbudo Nº 306 (fragmento)

(Fragmento)

 

Biografía

La familia de José Martí

Son las familias como las raíces de los pueblos y quien funda una, y da a la patria hijos útiles, tiene al caer en el último sueño de la tierra, derecho a que se recuerde su nombre con respeto y cariño.[1]

 

 

 Queridos amigos, para conocer mejor a José Martí quiero con estas breves notas acercarme al su ámbito familiar  en pequeñas fichas que recojan datos mínimos de esos que conformaron el círculo más entrañable de este hombre de vocación universal. Para el pueblo cubano estos conocimientos sirven de base para conocer al hombre humilde que supo forjarse así mismo y contribuir a la formación de los demás, por ello es de mucha importancia para conocerlo saber sobre sus afectos más entrañables:

 

 Padres

v      Mariano Martí Navarro: Nació en Valencia, España el 31 de octubre de 1815 y murió en La Habana el 2de febrero de 1887. Llegó a Cuba como soldado de artillería y posteriormente trabajo como celador de barrio y en otros menesteres para mantener a su familia.

 

v      Leonor Pérez Cabrera: Nació en Santa Cruz de Tenerife en el archipiélago de Las Canarias, España el 17 de diciembre de 1828, murió en La Habana el 19 de junio de 1907. Ama de casa.

                                                                 

     Hermanas

 

v      Leonor Petrona (Chata): 29/julio/1854- 9/julio/1900. Nació y murió en La Habana, se casó el 16/9/1869 con Manuel García Álvarez y tuvieron cuatro hijos: María Andrea, que murió a los tres años de edad, Alfredo (1872-1947), Oscar (1874-1955) y Mario (México 1876-1946).

 

v      María Salustiana (Ana): 8/Junio/1856- 5/enero/1875. Nació en La Habana y murió en México, siendo novia de Manuel Ocaranza.

 

v      Carmen (Valenciana): 2/diciembre/1857- 14/junio/1900. Nació en Valencia y murió en La Habana. Se casó el 23/12/1882 con Juan Radillo Riera y tuvo cinco hijos: Juan Paulino (1884-1949), Carmen (1887-1959), Pilar (1888-1944), Enrique  (1891-1963) y Angélica (1894-1978).

 

v      María del Pilar Eduardo (Pilar): 13/noviembre1859- 11/noviembre/1865. Nació y murió en La Habana  muy niña, de casi 7 años.

 

v      Rita Amelia: 10/enero/1862- 16/noviembre/1944. Nació y murió en La Habana. Se casó el 10/2/1883 con José García Hernández, tuvo siete hijos: José Joaquín (1883-1902), Amelina (18861979), Aquiles(1888- 1970), Alicia (1890-1970), Gloria(1892-1909), Raúl(1893-1982) y José Emilio(1902-1932).

 

v      Antonia Bruna: 6/octubre/1864- 9/febrero/1900. Nació y murió en La Habana. Se casó el 12/10/1885 y no tuvo hijos.

 

v      Dolores Eustaquia (Lolita): 2/noviembre/1865-29/agosto/1870. Nació y murió en La Habana muy niña, de casi 5 años. 

 

   

      Esposa

 

v      Carmen Zayas-Bazán Hidalgo: 29/mayo/1853- 15/enero/1928. Nació en Camaguey y murió en La Habana. Se conocieron y casaron en México el 20/12/1877. Fue con Martí a Guatemala y después a Cuba al año siguiente. El 28/2/1880 embarcó con el niño para Nueva York para reunirse con él, en su segunda deportación. Retornó a Cuba en el mes de octubre. En diciembre de 1882 volvió a su lado hasta marzo de 1885, en que regresó a su región natal. Después de casi seis años, en junio de 1891, viajó a Nueva York y dos meses más tarde se presentó en el consulado español para pedir protección y embarcó hacia Cuba, abandonando para siempre a Martí.

      Hijo

 

v      José Francisco Martí Zayas-Bazán(Pepito): 22/noviembre/1878- 22/octubre/1945. Nació y murió en La Habana. Se casó el 12/2/1916 con María Teresa Bances Fernández-Criado (8/2/1890- 12/10/1980). No tuvieron hijos. Fue soldado del Ejército Libertador y continuó la carrera militar durante la República. Alcanzó el grado de Mayor General del Ejército.

 


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo 28: 317

Biografía, Sin categoría

Juan Gualberto Gómez y José Martí, la amistad militante

Esta casa y este ámbito fue la fragua de una amistad nacida al calor de las simpatías mutuas que dos jóvenes cubanos tenían por la causa de su Cuba irredenta. Ambos llegaban de la tierra ajena, uno Martí desde Guatemala, Juan Gualberto Gómez[1] desde Francia, tras un breve paso por México.

 

 La modernidad que cada uno vio en su periplo por tierras foráneas alienta un pensamiento más radical en cuanto a los destinos de Cuba, la independencia.

 

 La Habana a la que llegan, esa que Martí dijo que no pecaba de miedo, era un hervidero de ideas: unos esperanzados en que España le diera a Cuba la autonomía que tanto tiempo les negó, otros conocedores de las ambiciones de la metrópoli no dejaron de apostar por la independencia para la solución de los problemas de Cuba, en ese bando militaban Juan Gualberto Gómez y José Martí.

 

 Pluma ágil, análisis profundo y sobre todo gran polemista,  el inteligente pardo fue forjándose como un periodista de prestigio en la prensa del viejo continente y al regresar a su patria en 1878 se pone al servicio de las ideas independentista y de dignificación de su raza, objetivos a los que dedica toda su inteligencia y valor personal.

 

  Para esos menesteres funda su periódico La Fraternidad (1878), justo en el lugar donde hoy se levanta esta casa que le rinde memoria; en su andares por las tertulias y espacios habaneros, conoce a un joven revolucionario con ideas independentistas, con el que alcanza una afinidad ideológica tal que se convertirá en su amigo y posteriormente en su colaborar más importante en Cuba: José Martí.

 

 El compromiso político con la isla irredenta los llevará a ambos a conspirar y apoyar los levantamientos que se producen en 1879 en el oriente del país y que hoy conocemos como la Guerra Chiquita, esta actitud los provoca la deportación y el destierro, primero de Martí y luego del joven Juan Gualberto.

 

En 1890 regresa a Cuba después de haber cumplido un largo período de alejamiento de la isla por su manifiesta simpatía y compromiso con la causa independentista de Cuba. Había estado confinado en Ceuta y posteriormente fue autorizado a trasladarse a la península, radicándose en Madrid desde donde desarrolla una labor periodística destacada y muy apreciada por los liberales españoles y por la intelectualidad de ese país, quienes se preciaban de contar con la amistad del distinguido mulato cubano.

 

 En Madrid fue jefe de redacción de El Abolicionista y luego de La Tribuna, en cuya dirección reemplazó a su amigo Rafael María de Labras; fue también editorialista y cronista de los diarios El Progreso y El Pueblo, además de corresponsal de varios diarios españoles y europeos.

 

 Compartió con los más destacados periodistas y escritores españoles de su época, sobresaliendo como polemista formidable y temible al decir de los que cruzaron palabras desde la prensa con Juan Gualberto.

 

 Fue muy apreciado en los corrillos intelectuales por su gran cultura, su calidad periodística y por la firmeza de sus convicciones ideológicas, que incluía como elementos fundamentales, sus ideas abolicionistas y su independentismo. Por estas razones y por su calidad humana contó con la estimación de Ramón y Cajal, Castelar, Salmerón, Pi y Margall, Maura y Cánovas del Castillo, entre otros. Todos ellos políticos e intelectuales con quien no siempre estuvo de acuerdo pero  que admiraron su cultura y valentía para defender sus criterios.

 

 A pesar de este bien ganado prestigio intelectual en la península, Juan Gualberto Gómez quiere regresar a Cuba y por ello gestiona su autorización para volver a La Habana, permiso que obtiene en 1890.

 

 Ya en suelo cubano Juan Gualberto reanuda la publicación de su periódico La Fraternidad, que reaparece el 30 de agosto de 1890, esta vez con un decidido objetivo de hacer valer el derecho de los cubanos de expresar libremente sus ideas separatistas, para ello quiere hacer valida en Cuba la decisión del Tribunal Supremo de España que ha declarado lícita la propaganda carlista y republicana, por lo que el valiente mulato considera lógico que dicha sentencia ampare igualmente al separatismo.

 

 Desde el primer número  en La Fraternidad expone los objetivos que lo animan en un artículo titulado “Nuestros propósitos”, en el que hace un recuento de su labor a favor de la causa separatista y un reto a los que esperan las reformas prometidas por España y nunca cumplidas, en alusión a la estéril política de los autonomistas.

 

Manteniendo esta peligrosa posición de combate contra el colonialismo Juan Gualberto Gómez terminó enfrentado directamente con las autoridades españolas de la isla. Pesa sobre él una condena de dos años impuesta por la Audiencia de La Habana, por el artículo, “Por qué somos separatistas”, aparecido en el número 14 de La Fraternidad del 23 de septiembre de 1890. Interpuesto recurso ante el Tribunal Supremo de España por Rafael María de Labras a nombre de Juan Gualberto Gómez, dicho tribunal falló a favor del mismo el 25 de noviembre de 1891.

 

 El triunfo legal de Juan Gualberto Gómez en los tribunales de la metrópoli tuvo una gran trascendencia para el movimiento separatista cubano, se adquiría el derecho de hacer propaganda por la separación de la isla de España, propaganda que no podía ser una incitación a la rebelión y la lucha armada, pero que permitía hacer público los puntos de vistas de los que creían era posible la soberanía de la isla.

 

 Tal fue la repercusión de esta decisión judicial que el Capitán General de la Isla Camilo Polavieja lo consideró un golpe mortal para el poder colonial y así lo consigna en sus Memorias: “El día que firmó tal sentencia abandonamos los medios para sostener nuestra soberanía en la Isla de Cuba”

 

 Esta fue la tónica del periodismo que hizo Juan Gualberto Gómez desde La Fraternidad, en los escasos don años en que este circuló en Cuba, defendiendo el derecho de los cubanos a una aspiración de independencia, al tiempo que  sostenía la promoción de las aspiraciones de las masas de “color” en el logro de una plena igualdad tras la abolición de la esclavitud en la isla.

 

 Es esa la razón para sostener que la aparición del periódico La Igualdad, el 7 de abril de 1892, es una continuidad del trabajo iniciado en La Fraternidad, aunque ahora el énfasis estaría dado en lo que él consideraba era muy importante en aquellos momentos y expresado con toda claridad en el artículo “Lo que somos”, de la edición inaugural de La Igualdad, y en el que expresa que su propósito era unir a los cubanos sin distingos de color de la piel, así como de hallar una solución justa a los problemas socioeconómicos de la colonia:

 

Vamos en busca de la igualdad: blancos, negros y mulatos, todos son iguales para nosotros; y nuestra aspiración consiste en que todos así lo sientan; para que llegue un día en que los habitantes de Cuba se dividan, no por el color de la piel, sino por el concepto que abriguen de las soluciones que se presenten a los problemas políticos, sociales y económicos, que se disputan el predominio en el mundo culto”

 

Desde La Igualdad se defendían los derechos de la raza de color, porque al decir del propio Juan Gualberto Gómez, esta igualdad no sería posible, si al negro no se le concedían primero los mismos derechos que a los blancos, sino desaparecían primero toda una serie de leyes y ordenanzas racistas que las costumbres habían arraigado en la población.

 

 Los estudiosos cubanos de hoy hacen mucho énfasis en el valor del periódico La Igualdad para la difusión de las ideas martianas, en la preparación de los cubanos para la lucha por la independencia, pero casi no se habla de la titánica labor de Juan Gualberto desde sus páginas en favor de las reivindicaciones de los negros.

 

Raquel Mendieta en su ensayo “Agitación política y reivindicación socio-racial: El Directorio Central de las Sociedades de la raza de Color en Cuba” resume esta labor:

 

 La escuela mixta, como forma de integrar desde la niñez a blancos y negros; la necesidad de una activa participación de los sectores negros en la vida política a través del voto que se le quiere negar; la crisis política de los partidos coloniales -Unión Constitucional  y Liberal Autonomista-, incapacitados para dar soluciones a los problemas económicos, políticos y sociales que aquejan al país; el derecho de los negros a entrar en los lugares públicos; la necesidad de eliminar los libros diferenciados en el Registro Civil, así como las fórmulas de cortesía en las células personales, o cualquier otro elemento  que tienda a diferenciar, con carácter peyorativo para los negros, a ambas razas; el derecho de existencia de los cabildos de africanos, son algunos de los temas fundamentales que sacará a la palestra  pública Juan Gualberto Gómez[2]

  El periodismo que desarrolla Juan Gualberto Gómez entre 1890 y 1895 se desarrolla básicamente en los periódicos La Fraternidad y La Igualdad, convertidos por él en tribuna de divulgación de las mejores causas de la sociedad cubana: la lucha por la independencia y la reivindicación de los derechos de la raza negra, su palabra apasionada y convincente toma fuerza para luchar desde dentro contra los males de la sociedad colonial y desbrozar el camino a la sociedad cubana soñada por los mejores hijos de este país.

 

 

 

 

 

 Tengamos en cuenta que por estos mismos años José Martí desarrolla en la emigración una importantísima labor de integración y unidad de todos los cubanos alrededor del objetivo principal del momento, la consecución de la independencia, pero sin olvidar las grandes problemáticas de la sociedad cubana de finales del siglo XIX.

 

 Juan Gualberto está plenamente identificado con estas ideas, las compartes y las divulga, a veces de forma abierta y publica, otras a través del trabajo clandestino y comprometido al que se ha consagrado.

 

 La creación del Partido Revolucionario Cubano por Martí en 1892, lo encuentra en primera fila y con un prestigio muy grande entre los independentistas de la isla, por lo que su nombramiento como Delegado en La Habana de dicho partido fue el lógico resultado que culminaría con el alzamiento del 24 de febrero de 1895, coordinado por él, que no dudó en dar el ejemplo, aún cuando las condiciones para el alzamiento en Ibarra no eran nada favorables.

 

 Un nuevo destierro y un mayor compromiso con su país y sus ideas maduraron en él al combatiente que tras la muerte de Martí y frustrada la independencia por la que había luchado, defiende los ideales martianos, que eran los de su pueblo.

 

Forma parte de la Asamblea Constituyente, desde la cual combate con energía la propuesta de Enmienda Platt como apéndice a la Constitución Cubana y se mantuvo indoblegable en defensa de los ideales que había abrazado junto con Martí y los miles de cubanos que había dado su vida por la libertad.

 

La intervención norteamericana, disfrazada bajo el eufemístico manto de la “ayuda” para darnos la libertad, se prolongó mucho más de lo debido, en la búsqueda constante del acomodo necesario para anexar la isla a la Unión Americana, o cuando menos dejarla tan atada a ella que convirtiera en caricatura la sagrada aspiración de libertad, por la que habían muerto más de un tercio de la población de la isla.

 

En día como estos  se hace necesario hacer unas breves comentarios sobre su actuación en los días fundacionales de la República, cuando a la tristeza de haber perdido a tanta gente sacrificada de forma heroica en la guerra, se unía el frustrante sentimiento de no haber alcanzado los objetivos que se había propuesto la vanguardia del mambisado, principalmente ese de ser libres e independientes, anhelo aún muy lejano en aquellos días de 1898.

 

  En medio de este panorama Juan Gualberto se erige entre los pocos radicales que intenta salvar estos ideales del naufragio revolucionario:

 

“…La era de las revoluciones sangrientas debe darse por terminada en Cuba. Nadie debe pensar entre nosotros en motines y revueltas. Solo si se intentara por los extraños atentar a lo que nos queda de libertades y de derechos, y a la semi-independencia que nos deja el malhadado apéndice constitucional, sería justificada la suprema y desesperada apelación a las armas, para defender los restos de nuestro patrimonio y de nuestro decoro…”

 

 Había luchado con toda pasión en la Asamblea Constituyente para hacer prevalecer los principios de su amigo José Martí, olvidados por completo en una asamblea plagada de autonomistas, transfigurados en patricios; libertadores a la caza de una prebenda y negociantes a la búsqueda de un buen puesto o una concesión, a la sombra del verdadero amo del país.

 

 El momento de prueba para estos  treinta y un constituyentes, llegó con la aprobación de la Enmienda Platt, por el Congreso Norteamérica y firmada como Ley por el presidente de ese país, para nada había contado con los cubanos y el país entero se alzó en una sola voz para protestar.

 

 En medio del vocerío, la serena ponencia de Juan Gualberto Gómez,  desmonta toda la intención del dogal hipócrita, que se disfrazaba como una  reglamentación para garantizar las libertades cubanas y responde:

 

  “…la Enmienda altera esencialmente el espíritu y la letra de la Resolución Conjunta, de abril de 1898 y del Tratado de París de ese mismo año, en ellos se refrenda el derecho de los cubanos a ser libres e independientes…tiende por los términos de sus cláusulas principales a colocar a la Isla de Cuba bajo la jurisdicción, dominio y soberanía de los Estados Unidos”

 

A los norteamericanos “…de hecho y de derecho le correspondería la dirección de nuestra vida interior”

 

“Solo vivirán los Gobiernos que cuenten con su apoyo y benevolencia: y lo más claro de esta situación sería que únicamente tendríamos gobiernos raquíticos y míseros…, condenados a vivir atentos a obtener el beneplácito de los poderes de la Unión que servir y defender los intereses de Cuba”

 

“Solo tendríamos una ficción de gobiernos y pronto nos convenceríamos de que era mejor no tener ninguno y ser administrados oficial y abiertamente desde Washington que por desacreditados funcionarios cubanos, dóciles instrumentos de un Poder extraño e irrespetuoso”

 

 Desgraciadamente tras la lectura de la ponencia se produjo un encendido debate y se acentuó la división y el desconcierto. La presión de los interventores sobre los constituyentes fue muy fuerte y esto hizo que se rompiera la mayoría que rechazaba la Enmienda ante el chantaje yanqui y la frustración y falta de liderazgo entre los políticos cubanos.

 

 En carta al presidente Roosevelt el gobernador Leonardo Wood le dice que en la Constituyente había alrededor de ocho “degenerados” dirigidos por un negrito de nombre Juan Gualberto, contra quien escribe violentos e infames insultos.

 

 La Enmienda fue aprobada e impuesta el 12 de junio de 1901 por la Asamblea Constituyente, Juan Gualberto votó en contra y donde quiera que se parara expresó su firme desacuerdo con este dogal político, que legalizó el protectorado yanqui en Cuba.

 

 El 20 de mayo de 1902, desde las páginas de El Fígaro  advierte nuevamente a los cubanos de entonces y de ahora:

 

“…Pero más que  nunca hay que persistir en la reclamación de nuestra soberanía mutilada: y para alcanzarla, es fuerza adoptar de nuevo en las evaluaciones de nuestra vida pública las ideas directoras y los métodos que preconizara Martí, cuando su genio previsor dio forma al sublime pensamiento de la revolución…”

 

Este es el hombre amigo de José Martí, crecido desde su humildad y los prejuicios de su época, a la altura de los imprescindibles de la Patria.

 

 Para él nuestro homenaje,

                                          

                                          Muchas gracias

 


[1] El 12 de julio de 1854 nace en el ingenio Vellocino, en Sabanilla del Encomendador, provincia de Matanzas, Cuba, Juan Gualberto Gómez, negro nacido en pleno régimen esclavista implantado en Cuba por el colonialismo español y por la oligarquía criolla que basó su espectacular desarrollo económicos a los cientos de miles de esclavos africanos que sostuvieron el mayor auge económico de la isla de Cuba durante más de tres siglos.

[2] Mendieta, Raquel: Cultura lucha de clases y conflicto racial 1878-1895. La Habana, 1989

 

 

Personalidades

José Martí y el fútbol americano

Estamos en plena efervescencia mundialista, muchos ya  se duelen de la eliminación del equipo de sus amores, otros, apenas cuatro países, mantienen la esperanza de alzar la fea copa con que la FIFA premia los esfuerzos de los gladiadores modernos. Aquí en Cuba donde el fútbol es mera anécdota  hay miles siguiéndolo por la tele, en un esfuerzo del estado que incluye la transmisión de todos  los partidos de la Copa Mundial en vivo, y por supuesto que en un país de deportistas y amantes al deporte no se habla de otra cosa que de fútbol.

 

 Quiero en medio de este entusiasmo por el “más universal” comentarles acerca de las crónicas que José Martí escribió, referidas a un primo hermano del balompié, ese “fútbol americano” que tanto caracteriza a los Estados Unidos, por su rudeza, virilidad y catarsis lúdica nacional y que nuestro Apóstol vio jugar durante su larga estancia de exilio.

 

 Hay en sus escritos sobre  deportes en los Estados Unidos menciones a los juegos donde se utiliza pelota, siempre  con una especificación: pelota de pie (fútbol), pelota de jardín (tennis),  pelota emplumada (balmington), etc., pero siempre que se refirió al beisbol escribió, pelota y nada más, tal y como decimos los cubanos de hoy.

 

Entre   los deportes que se practicaban y practican en las universidades de Estados Unidos, uno de los más populares y brutales era el fútbol americano. José Martí tuvo oportunidad de presenciar algunos partidos en los que el encono convertía estos encuentros en batallas campales por la fuerte rivalidad, más allá del terreno de deportivo en el  que se pone en juego el honor y el prestigio del jugador y de la institución que representa.

 

 Narró para la posteridad el juego tradicional de las universidades de Yale y Princeton, que dirimían año tras año al iniciarse el curso la supremacía deportiva. Esta tirantez derivaba en violencia, tanto en la cancha como en las graderías, por lo que aquellos juegos llamados a contribuir a la formación de la joven generación, terminaban en una irracional confrontación.

 

 Juego hecho a la medida de esa nación pragmática y ruda, el rubby simboliza como ningún otro deporte a ese país.

 

 En noviembre de 1884 José Martí envía a Buenos Aires esta hermosa y épica crónica donde describe la batalla campal en la que se convirtió el juego anual entre las  universidades, Princeton y Yale:

 

“…Dicen que el juego ha sido horrible. Era una arena abierta, como en Roma. Luchaban como Oxford y Cambrigge en Inglaterra, los dos colegios afamados, Yale y Princeton… Naranja era el color de Yale y el de Princeton azul…El cielo sombrío como no queriendo ver…Los gigantes entrando en el circo, con la muerte en los ojos, llevan el traje de juego: chaqueta de cañamazo, calzón corto, zapatilla de suela de goma: ¡Todo estaba a los pocos momentos tinto en la sangre propia o en la ajena!”[1]

 

 El párrafo que sigue es una joya de la narración deportiva, llena de toda la emotividad de lo que ocurre en el terreno, con las palabras adecuadas y el dramatismo creciente hasta el desenlace final:

 

“Los de un bando se proponen entrar a punta de pie la bola en el campo hostil: y los de este deben resistirlo, y volver la bola al campo vecino. Este pega: aquel acude a impedir que la bola entre: uno se echa sobre la bola…: los diez, los veinte, todos los del juego, trenzados los miembros como los luchadores del circo, batallan a puño, a pie, a rodilla, a diente…Y cuando se apartan del montón el infeliz capitán del Yale, caída la mandíbula, apretados los dientes, lívido y horrendo, se arrastra por la arena hecha lodo… Si el día no acabase, no cesaría. Yale vence.”[2]

 

 Tras la conmoción del partido el Apóstol reflexiona: “El lucimiento mental se desdeña, y se enaltece el brío del músculo”[3]

 

 Era su modo de mostrarnos la rudeza de una sociedad en la que la espiritualidad y la nobleza eran en muchas ocasiones opacadas por la fuerza del músculo y el éxito a toda costa.

 


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo X, p. 132. La Habana, 1975

[2] Ídem

[3] Ídem

Habla José Martí, Lúdica y deporte

José Martí sobre Manuel García

Manuel García es uno de esos bandoleros románticos que no faltan en la tradición popular de ningún pueblo y cuya leyenda es contada de mil maneras por los cubanos. Se cuenta que fue mambí y que estuvo alzado durante la primera guerra por la independencia de Cuba por la zona de la actual provincia de Matanzas.

 

 Terminada la contienda, cuentan estas historias populares, se mantuvo alzado enfrentando las partidas que para su captura organizaba el gobierno colonial español en la isla convirtiéndose en  un connotado enemigo de España y de los ricos.

 

 Este Robin Hood tropical asaltaba a los viajeros en los caminos de una extensa zona del occidente de Cuba convirtiéndose en un peligro para los ricos a los cuales exigió muchas veces rescate por su vida.

 

 Enterado de los planes insurrecciónales de  sus compatriotas quiso contribuir a su modo a los necesarios fondos del Partido Revolucionario Cubano para organizar la nueva guerra para la emancipación de la isla. Por ello contactó con el prestigioso periodista cubano negro, delegado del PRC en Cuba y principal líder del movimiento revolucionario en la colonia Juan Gualberto Gómez, para entregarle una buena cantidad de dinero para la noble causa de la independencia; dinero que era parte de un rescate que había recibido por un secuestro a un acaudalado hacendado criollo.

 

 Juan Gualberto  sabiendo el origen de aquel dinero, escribe a José Martí preguntándole el destino que debía dársele a aquel dinero y si debía remitirlo al tesorero del Partido Revolucionario Cubano, Benjamín Guerra. La contundete respuesta del Apóstol queda resumida en este fragmento de su respuesta al noble Juan Gualberto:

 

“Devuelva, devuelva usted inmediatamente ese dinero criminalmente adquirido. Con sumas de tal origen no se va a la honra: el Partido quiere que llegue su bandera a los combates sin ninguna mancha: para lo que preparamos la guerra, para Gómez y para mí, los bandoleros solo son criminales, y el dinero que de ellos venga, infama. El árbol debe venir sano desde la raíz.

Biografía

Un análisis del joven Martí sobre los Estados Unidos

 Al conocer la labor periodística desarrollada por nuestro José Martí desde los Estados Unidos como cronista de importantes periódicos de América Latina, podríamos pensar que es a partir de sus vivencias personales de vida que desarrolla ese pensamiento antimperialista que es hoy uno de sus innegables aportes a las ideas  más progresistas de nuestro continente.

 

 Pero sin embargo, este fragmento escrito en unos de sus primeros Cuadernos de Apuntes que data de 1871 durante su exilio en España, nos muestra a un joven de 18 años con una profunda concepción sobre la sociedad norteamericana y las ideas muy claras en cuanto a las diferencias entre una país como ese y los países hispanoamericanos  desarrollandos en pueblos de origen diferente. Sus palabras son la elocuente prueba del humanista, el cubano independentista y el que admira y respeta al vecino, pero al que no quiere imitar por considerar que nuestra circunstancia y  formación no son las mismas:

 

 “Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento, - Nosotros posponemos el sentimiento la utilidad.

 

“Y si hay diferencia de organización, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que solo puede llamarse corazón cubano, ¿cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos  se legislan?

 

Imitemos. ¡No! –Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos.- Creemos, porque tenemos necesidad de creer. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son más puras ¿cómo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes?

 

Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más  alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tata costa!”[1]


[1] Obras Completas de José Martí, t. XXI p. 15

Biografía, Habla José Martí

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