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Archivo de Febrero, 2010

El beisbol, opiniones martianas

Termina la Serie Nacional de Beisbol en Cuba, la pelota, como cada uno en esta isla la llama, para adorarla o desdorarla, de acuerdo a como le halla ido al equipo de sus amores, que por suerte son dieciséis para dividir pasiones de tanta gente que se desayuna y come beisbol en corrillos que son más atrevidos y atractivos que los que hace el cubano para comentar cualquier otro tema.

 En estos tiempos estamos heridos en el orgullo patrio porque el beisbol nuestro está cuestionado y herido porque ha perdido varios campeonatos internacionales seguidos y como problema mayor todos en esta isla debatimos y tenemos opiniones en el conjunto de las cuales están las verdaderas causas de un estancamiento peligroso. Causas económicas, políticas y deportivas se mezclan con otras menores pero que pesan para la pérdida de calidad del mayor espectáculo nacional cubano.

 Para aportar un granito más a esta pasión nuestra por la pelota quiero referirme a cómo vio José Martí el beisbol en sus inicios neoyorquinos en el que pudo percibir su despunte como fenómeno lúdico de masas, que lo llevaría a ser el mayor negocio deportivo de los Estados Unidos, las Grandes Ligas, donde la megalomanía yanqui los lleva a nombrar Serie Mundial a la final de su liga de beisbol.

 Llegar a la cuna del béisbol en enero de 1880 no pudo dejar indiferente a José Martí ávido lector, observador acucioso y simpatizante de todo fenómeno social que beneficiara al ser humano. Eso era el beisbol o base boll, su nombre original, cuando allá por los años de la Guerra de Secesión (1861-1865) de los Estados Unidos se extendió por toda la geografía del país norteño llevado por los soldados de la unión, principalmente los que procedían de New York y sus alrededores, en cuya ciudad había nacido y se desarrollaba el deporte de las bolas y los strike, a tal punto que el juego comenzó a ser conocido en todo el país como el New York Game(El Juego de Nueva York)

 Ya en la década de los 80 del siglo XIX el béisbol se había consolidado en los Estados Unidos con la creación en 1876 de la National League(Liga Nacional) que agrupaba a ocho equipos profesionales del este y centro este de ese país:  Grises de Louisville, Rojos de Cincinnati, Mutuales de Nueva York, Gorras Rojas de Boston, Azules Oscuros de Hartford, Browns de San Louis, Reservas Blancas de Chicago y Reservas de San Louis

 Debe ser por esta popularidad tan grande que Martí llama  a este deporte, “pelota yanqui[1], aunque para referirse a él en la mayoría de los casos usa el sustantivo “pelota”,  como conocemos hoy todos los cubanos al béisbol, palabra que Martí no usa en ninguna de sus crónicas.

 Como para que no quepan dudas al referirse a otros juegos con pelota le agrega un calificativo identificador: “pelota de pié” (fútbol), “pelota de césped” o de “jardín” (tenis) y pelota emplumada (bádminton), pero para el béisbol siempre escribió, pelota.

 En sus conocidas crónicas para la prensa de Hispanoamérica aparecen más de una veintena de menciones  o comentarios breves sobre la pelota, la mayoría de ellas para dar cuenta de la popularidad del juego entre los estadounidenses.

 Con asombro nos habla de la masiva participación de la gente de todas las clases sociales en las múltiples actividades lúdicas que se generan en el estío norteño. En medio de tanto ajetreo el béisbol ocupa un lugar protagónico, jugado en todas parte por niños, jóvenes y adultos: “(…)Si se mira a las calles por las tardes, no se ve sino mozos robustos que andan a buen paso, para cambiar sus trajes de oficio por el vestido de paseo, con que han de lucir a la novia, o el del juego de pelota, que aquí es locura, en la que se congregan por parques y solares grandes muchedumbres”[2] y en otra de sus “Escenas Norteamericanas” agregará: “En cada solar hay un desafío de pelota”[3], son gente común que acude a dar rienda suelta a sus energía en porfías donde “(…)juegan con brazos desnudos y ágiles los favoritos de la ciudad(…)”[4]

 Para quienes han leído sus crónicas, resulta muy llamativo su calificativo de juego “desgraciado y monótono[5] , que aplica al béisbol  en comentario escrito en 1887 al reseñar una serie de reuniones y convenciones que se realizaban en la ciudad. Estos juicios van dirigidos no al juego en sí, sino a los vicios que a su alrededor se fueron generado producto de la enconada rivalidad y la pugna entre clubes, las apuestas y las riñas con su secuela de vicios y holgazanería, consecuencias  estás incluidas en ese calificativo de “desgraciado”; en tanto lo de “monótono” tan vez esté dado por lo extenso de un partido de béisbol, que como promedio rebasa las dos horas, siendo frecuente llega a las tres y más, problema que aún hoy arrastra el béisbol como uno de sus principales problemas.

 En cuanto a su conocimiento del juego de pelota, quedan en esas notas suyas, apreciaciones que dan fe de su dominio de las reglas del juego, ese juego “(…)con sus cuatro bases y sus dieciocho jugadores(…)[6] que será noticia porque “(…)los nueve de Chicago vencen en el juego de pelota a los nueve neoyorquinos”[7]  y lo hacen basándose en un fildeador que “(…)gana diez mil pesos, porque no va una vez la pelota por el aire que el no la pare(…)”[8]; o comenta con sorpresa la contratación de un joven estudiante universitario a punto de graduarse, que abandona la carrera, porque como jugador de béisbol gana fama y mucho más dinero que como abogado o médico y todo “(…)por su firmeza para recibir la bola de lejos, o la habilidad para echarla de un macanazo a tal distancia que pueda, mientras la devuelven, dar la vuelta el macanero a las cuatro esquinas del cuadro en que están los jugadores(…)”[9]

 Cuenta de el interés que tiene el deporte para la prensa norteamericana de la época, principalmente el béisbol y su Liga Nacional profesional, a tal punto “(…) que para dar cuenta de quién recorrió más veces o tomó más pelota en el aire, publican los periódicos de nota al oscurecer, una edición extraordinaria (…)”[10]Conoce el juego y es muy posible que siguiera algún equipo  o pelotero en particular, dado ese acercamiento más personal que  solo se logra como espectador.

 

 En una conocida crónica dedicada a los muchachos vendedores de diarios, aparecida en el periódico mexicano, “El Partido Liberal” en 1888 se refiere a las expectativas que estos “voceadores” de noticias levantaban con sus titulares en los momentos en que la población trabajadora regresaba a la casa.

 

 La pregunta expectante que se hace Martí en este artículo es su homenaje mayor al béisbol y sus practicantes al  narrar de modo poético uno de los lances más espectaculares de la pelota:

“(…)¿qué peloteros ganaron, los de Nueva York, que tienen el bateador que echa la pelota más lejos, o los del Chicago, cuyo campeador es el primero del país, encuclillado fuera del cuadro, mirando al cielo, para echarse con ímpetu de bailarín a coger en la punta de los dedos la pelota que viene como un rayo por el aire?”[11]

 De antología, creo que después de esta descripción de un cacher o receptor cogiendo una bola elevada detrás del home, cada vez que vea la jugada recordaré la descripción de Martí y crecerá mi amor por un deporte que esparte de la idiosincrasia del cubano.


[1] O.C.J.M.T:13:367

[2] Otras Crónicas de Nueva York:40

[3] O.C.J.M. T. 15:

[4] O.C.J.M. T.9:438

[5] O.C.J.M. T. 11: 258-259

[6] O.C.J.M. T.13: 367

[7] O.C.J.M. T.10: 297

[8] Ídem

[9] O.C.J.M. T.13: 337

[10](O.C.J.M. T.11: 259

[11]Anuario Martiano CEM:1979:21

 

 

 

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José Martí, su visita a Venezuela

Desde finales de año 1880 el joven José Martí ya tenía decidido ir a Venezuela, nación que vivía un período de renovación social y bonanza bajo el impulso del Septenio Liberal (1870-1877) encabezado por Antonio Guzmán Blanco, caudillo progresista de una cultura bastante amplia y admirador de la Europa burguesa en cuyos resultados sociales y culturales se basa para sus medidas de modernización y desarrollo. Gobernó en Venezuela desde 1870 hasta 1888 con períodos de larga estancia en Europa durante los cuales gobernaron sus acólitos dirigidos a distancia por el “ilustre americano”, como le gustaba a Guzmán Blanco que lo llamaran.

 Durante su largo mandato el presidente  venezolano supo ganarse el apoyo, tanto de liberales, a quienes benefició con su política económica, como a los conservadores, que pudieron sobrevivir e incluso expandir sus riquezas, bajo el manto de un estado estable y con una economía en alza bajo el signo del liberalismo, aunque en realidad las libertades proclamadas en la Constitución de los Estados Unidos de Venezuela eran aplicadas a discreción y conveniencia del gobernante. Si alguna radicalización hubo en la Venezuela de Guzmán Blanco está dada por la aplicación de reformas anticlericales que debilitaron a la oligarquía de sotanas.

 Pero la base de su poder estaba en el ejército, organización a la que supo ganarse con amplias prebendas y privilegios que los mantuvo fieles a su régimen.

 Bajo su gobierno se introducen en el país mejoras en el sistema educacional, que se hizo gratuito y obligatorio en la enseñanza primaria; se mejoran las comunicaciones del país, desarrollando una red de ferrocarriles, puertos y carreteras que beneficiaron  a la economía agraria venezolana.

 Junto a estos positivos logros del gobierno de Guzmán Blanco están presentes las características de un régimen dictatorial que no permite la oposición. Fue implacable con sus enemigos políticos, a quienes desaparecía o deportaba sin dejar de invocar la Constitución de 1864.

 Venezuela no fue la excepción del resto de los países de América Latina, su historia en la segunda mitad del siglo XIX fue el enfrentamiento entre los conservadores terratenientes y los liberales de la incipiente burguesía, por garantizar los fueron de la libertades individuales que les permitiera su desarrollo como clase. Esto unido a la influencia injerencista de las potencias extranjeras empeñadas en mantener sometidas a las jóvenes repúblicas hispanoamericanas.

 Ante José Martí, Venezuela se presentaba como la posibilidad más factible para establecerse en una nación hispanoamericana, su modelo liberal era el que mejor resultado había alcanzado en Nuestra América, con autoctonía y soluciones a problemas heredados de la colonia. Esto no es ignorado por el cubano que tiene en el estudio del proceso venezolano  uno de sus objetivos en tierra del Libertador.

 El 20 de enero de 1881 llega al puerto de La Güaira en el vapor Felicia, ese mismo día se traslada a Caracas, trae cartas de recomendación para varias personalidades y conocidos que se encargan de encaminar los pasos iniciales de José Martí.

 A ningún otro lugar llega Martí con mayores expectativas y respeto, Caracas es para él, “Jerusalén de los sudamericanos, la cuna del continente libre, donde Andrés Bello, un Virgilio, estudió; donde Bolívar, un Júpiter, nació”[1]

  La capital venezolana tenía fama de culta, Humboldt la había llamado inteligente y hospitalaria y Martí la somete a su curiosidad de erudito. Nada escapa a sus observaciones, costumbres, vestuarios, prácticas religiosas, estilo de vida, todo le interesa y lo anota en su cuaderno de apuntes.

 Caracas le agrada  y le atrae tanto en lo material como en lo espiritual, porque la ciudad ofrece al forastero el incentivo de su refinamiento y de una inquietud intelectual poco usual en las ciudades  latinoamericanas de su época.

Teorodo Aldrey, Director del periódico caraqueño “La Opinión Nacional” lo invita a colaborar en su diario; Agustín Abeledo, le brinda la cátedra de literatura en el Colegio Santa María y en el Colegio de Guillermo Tell Villegas explica francés. La capital venezolana lo recibe con admiración y el 21 de marzo, lo somete a su prueba de fuego con el homenaje que le brinda la intelectualidad caraqueña en el Club de Comercio. Al hablar en ese acto Martí dijo:

“(…) Así, armado de amor, vengo a ocupar mi puesto en este aire sagrado, cargado de las sales del mar libre y del espíritu potente e inspirador de hombres egregios;-a pedir vengo a los hijos de Bolívar un puesto en la milicia de la paz. [2]

 En Caracas se codeó con los mejores y más sobresalientes intelectuales de Venezuela del momento: Juvenal Anzola, Gil Fortoul, César Zumeta, Ramón Sifuentes, Gonzalo Picón, Andrés Alfonso, Eloy Escobar, Cecilio Acosta y otros que se destacaron en el ámbito de las letras.

 La obra cultural más importante de José Martí fue la creación de la Revista Venezolana de la cual salieron dos números escritos casi íntegros por él.

 Para el gobierno de Guzmán Blanco y sus partidarios, Martí se hizo persona muy incómoda, por su manera de juzgar la libertad de expresión, sin temor del parecer del presidente de la república y por su amistad con Cecilio Acosta, intransigente fustigador del despotismo reinante en Venezuela.

 Al morir Cecilio Acosta, Martí escribe un ensayo elogioso sobre el intelectual liberal en la Revista Venezolana y sus palabras levantaron sospechas entre los personeros del régimen y los aduladores del presidente:

“Este fue un hombre, en junto. Postvió y previó. Amo, supo y creó. Limpió de obstáculos la vía. Puso luces. Vio por si mismo. Señaló nuevos rumbos. Lo sedujo lo bello; lo enamoró lo perfecto, se consagró a lo útil (…) Tuvo durante su vida a su servicio una gran fuerza, que es la de los niños: su candor supremo (…) Su pluma siempre verde, como la de un ave del Paraíso, tenía reflejos de cielo y punta blanda (…) Pudo pasearse, como quien pasea con lo propio, con túnica de apóstol (…)” [3]

 Aquel elogio determinó su salida de Venezuela, pues Guzmán Blanco le hace llegar discretamente su voluntad de que abandone el país, se cumplía la advertencia de su amigo venezolano Nicanor Bolet, quien antes de salir de Nueva York le escribe:

“Mi patria señor Martí, no es un lugar a propósito ahora para sus ideas. En Venezuela el éxito corruptor, con su mano enguantada de oro, todo lo somete. Solo tiene voz el ditirambo en la literatura, la denuncia en el periodismo y la loa bizantina en la tribuna”

 No pedirá el joven disculpa para quedarse, a pesar del brillante camino que se estaba labrando en Caracas, prefiere el incierto regreso a la gris ciudad de Nueva York, pero no quiere marchar sin dejar en claro entre sus amigos la disposición de colaborar en  empresa grande como es conocer y unir a la América Latina de ahí su carta escrita un día antes de partir (27 de julio de 1881) y dirigida a su amigo Fausto Teodoro Aldrey:

“A migo mío:

Mañana dejo a Venezuela y me vuelvo camino de Nueva York. Con tal premura he resuelto este viaje, que ni el tiempo me alcanza a estrechar, antes de irme, las manos nobles que en esta ciudad se me han tendido, ni me es dable responder con la largueza y reconocimiento que quisiera las generosas cartas, honrosas dedicatorias y tiernas muestras de afecto que he recibido estos días últimos. Muy hidalgos corazones he sentido latir en esta tierra; vehementemente pago sus cariños; sus goces, me serán recreo; sus esperanzas, plácemes; sus penas, angustia; cuando se tienen los ojos fijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajador en su camino: los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no se merman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, ésta es la cuna; ni hay para labios dulces, copa amarga; ni el áspid muerde en pechos varoniles; ni de su cuna reniegan hijos fieles. Deme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo.”[4]

 Saldrá de Venezuela el 28 de julio de 1881, a bordo del vapor “Claudius” regresa a Estados Unidos, cargado de la experiencia breve e intensa en la tierra de Bolívar, convencido de las posibilidades de desarrollo de la América Hispana y conocedor del lastre que significaba para estas repúblicas la herencia colonial, presente en la sociedad y en los prejuicios de su clase dominante. De todo ello advertirá el cubano mayor.


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo 19: 158

[2] Obras Completas de José Martí. Tomo 7: 286

[3] Obras Completas de José Martí. Tomo 7: 164

[4] Obras Completas de José Martí. Tomo 7: 267

 

Biografía, Latinoamericanismo

José Martí, autobiografía

  Este es un documento curioso, escrito por José Martí para el periódico “Patria” en 1892, el tema central es el propio Martí quien esboza una biografía del Delegado del Partido Revolucionario Cubano, pocos días después de haberse constituido esta organización que tiene como fin primordial luchar por la independencia de Cuba y de Puerto Rico, por su valor testimonial la traemos a los lectores de este Blog a modo de acercarnos un poco más a la figura gloriosa del Héroe Nacional de Cuba:

 

“El Delegado del Partido Revolucionario Cubano,- del Partido que mantiene la unión de los antillanos revolucionarios para impedir, con una guerra de espíritu público, el triunfo de una independencia nominal y fugaz, por no llevar en sí el aliento y los monos y el propósito de la república,- es el mismo hombre que a raíz del Zanjón[1] concentró e torno suyo los cubanos sagaces que convenían en la necesidad de mantener compactas, para la lucha decisiva,  las fuerzas de una guerra en que causas efímeras y personales vinieron a hacer posible la tregua innecesaria; el mismo hombre que, al día siguiente de caer con el movimiento imperfecto de 1880, convidaba a los jefes prestigiosos del extranjero, y a los cubanos más señalados de la Isla, a ordenar desde entonces, desde hace doce años, los elementos de opinión y de fuerza, para alzarse en seguro con la colonia podrida y minada; el mismo hombre que en hora difícil, sin ira en el corazón, prefirió mantener la  justicia de respetar al país y convidarlo cuando se le llevaba a la guerra que lo trastornaría, a la gloria insuficiente de llevar al país temeroso una guerra oscura y ciega; el mismo hombre que, por encargo de los compatriotas con quienes residía, propuso a las emigraciones, hace tres años, la conveniencia de fijar, campaña franca y unida, los principios de utilidad pública, y los métodos democráticos y cordiales, con que servían a la patria sus hijos emigrados. Y al ser honrado por distinción que ninguna otra pudiese superar, con la representación visible del Partido Revolucionario Cubano, él sabrá, sin duda en acuerdo estricto con su propia historia, y en obediencia al mandato expreso de sus compatriotas, guiar las fuerzas revolucionarias, en el período de su gestión, de modo que sean la única ayuda y no el mayor  peligro, de la patria amada; de modo que incluyan, para el poder de hoy y la paz de luego, los elementos todos del país, en la proporción de la justicia de modo que la guerra que se ordene, sea la guerra republicana e impersonal, germen de la república segura, y dispuesta en acuerdo con la voluntad y los intereses legítimos de la patria.”

Periódico “Patria”, 23 de abril de 1892[2]

  Es una breve manera de resumir sus actividades políticas en pos de la independencia de Cuba en un período de doce años que la historiografía cubana hoy reconoce como, La Tregua Fecunda

período de intensa lucha ideológica en la sociedad colonial de la isla entre una burguesía que apuesta a la anexión a los Estados Unidos para proteger sus intereses económicos y un pueblo decidido a ser libre a toda costa.

[1] Lugar donde se firmó el fin de la primera guerra de independencia en Cuba, febrero de 1878

[2] Obras Completas de José Martí. Tomo 1, pp.415, 416

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Martí y los tabaqueros

Dentro de pocos días celebraremos en Cuba el aniversario 115 del reinicio de la guerra por la independencia de Cuba, fue el 24 de febrero de 1895 cuando  en la isla  se levantaron un numeroso grupo de combatientes bajo la consigna de, “independencia o muerte” y  “Viva Cuba Libre”, ambas, expresión de la voluntad mayoritaria de los cubanos de alcanzar la independencia, tantos años pospuesta y tantas veces frustrada, no solo por la metrópoli española, sino por la poderosa oligarquía de la isla, temerosa de perder sus privilegios y ver menguadas sus riquezas por el empuje de las mayorías.

 Esta es la insurrección organizada por José Martí y los más radicales separatistas de la isla, preparada con celo y maestría por el hombre que preveía el peligro de anexión que se cernía sobre la rica colonia de España.

 Para organizar este movimiento revolucionario creó Martí el Partido Revolucionario Cubano, organización política que aglutinaba a todos los que quisieran la independencia y los cambios necesarios en Cuba para poder fundar una república en la que fuera realidad aquella frase suya que resume su radicalidad y compromiso social: “Con todos y para el bien de todos”.

 En la organización de este movimiento revolucionario  e independentista, José Martí contó con el apoyo incondicional de la emigración cubana en los Estados Unidos y principalmente con los tabaqueros cubanos del sur de La Florida, sector que le brindó todo su apoyo y lo hizo su líder en este afán de organizar la “Guerra Necesaria”.

 A los tabaqueros se refiere Martí, a ellos acudió en los momentos de organizar la independencia de la patria.

“¡De los tabaqueros suelen hablar con desdén los que no tienen el valor del trabajo, ni el de ganar con sus manos, sea cual quiera labor, una vida libre y honrada![1]

…Y si algún bribón le dice que por ser pobre, ha dejado de amar la libertad, que por perder el asiento en la tabaquería ha perdido su amor de hermano al hombre, y el deseo de buscarle en tierra propia una casa feliz y el dolor de la venganza de sus compatriotas oprimidos, y todo lo que hace la limpieza y la dignidad del ser humano, el tabaquero sin asiento clavará de un revés contra la pared a quien crea que por perdido su jornal ha perdido la honra.”[2]

 Para ayudar la noble causa de Cuba los tabaqueros de la emigración llegaron a establecer el Día de la Patria para contribuir con un día de jornal a engrosar los fondos de la revolución independentista, con admiración Martí se refirió a ellos como los hombres que después de trabajar para el sustento de su familia trabajaban su día de descanso para engrosar el tesoro con que se ha de “conseguir  su honra de hombres y de ser  humanos”.

 El primer contacto de José Martí con la combativa emigración del sur de La Florida se produjo en noviembre de 1891 al aceptar la invitación  que le extendió Néstor L. Carbonell, presidente del Club Agramonte, para que hablara en el Liceo Cubano de Tampa. En la medianoche del día 25 de noviembre de 1891, llegó por primera vez José Martí a Tampa, acuden a recibirlo los emigrados revolucionarios cubanos, muchos de ellos tabaqueros.

 Al día siguiente recorre los talleres  y fábricas de tabacos, el recibimiento de los trabajadores fue extraordinario. El día termina con un acto en el Liceo Cubano de Tampa donde Ramón Rivera presenta al Apóstol que pronuncia un discurso conocido con el título de “Con todos y para el bien de todos”

  Al día siguiente, 27 de noviembre, en otra velada de la Convención Cubana en conmemoración del XX Aniversario del fusilamiento de los estudiantes de medicina, pronuncia su segundo discurso denominado, “Los pinos nuevos”, en el que expone el programa necesario para alcanzar la independencia partiendo de la unidad de todos los que quieren la independencia de Cuba.

 La repercusión de la visita de Martí a Tampa llega a Cayo Hueso, donde por iniciativa de un grupo de obreros tabaqueros se forma un Comité para preparar la visita de Martí.

 El 25 de diciembre de 1891 llega José Martí a Cayo Hueso por primera vez, el recibimiento es caluroso y multitudinario, pronuncia un discurso y enferma de bronco laringitis, al punto que el médico le ordena reposo y no recibir visitas.

 La noche del 3 de enero de 1892 visita el Club San Carlos y pronuncia un discurso que enaltece a los combativos emigrados cubanos del Cayo. La culminación de esta fructífera jornada fue la reunión y el trabajo conjunto con los presidentes de las organizaciones revolucionarias para unificar criterios para la lucha.

 Estos momentos marcan la consolidación de Martí como líder de la revolución independentista que se prepara y el inicio de una gestión unitaria  para conseguir unificar a los veteranos de la Guerra Grande (1868-1878) y a los que como él no habían participado en aquella contienda, pero no era solo una cuestión generacional lo que se discutía, sino la creación de un órgano político que no solo guiara la guerra sino que sentara las bases de la futura república, ese rol lo jugó el Partido Revolucionario Cubano, bajo cuyos estatus se organizó la insurrección en Cuba, la misma que se inicio el 24 de febrero.

 


[1] OC Tomo 5: 417

[2] OC Tomo 3: 371

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