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Martí Otra Visión

Blog en Monografias.com

 

Archivo de Diciembre, 2009

“El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!”, José Martí

Termina un año, un año de trabajo y resultados discretos pero sostenidos para los cubanos, impulsados por la idea y la necesidad de hacer avanzar un proyecto justo y autóctono que tiene a la justicia social y al ser humano como objetivos más importantes.

 

 Hace cincuenta años triunfó una Revolución sui géneris en América,  encabezada por Fidel Castro y con bases profundamente populares, venía a llenar el vacío de justicia y completar las esperanzas frustradas y pospuestas de un pueblo que generación tras generación vio malogrado el sueño martiano de tener una República “con todo y para el bien de todos” y padeció gobiernos “democráticos” con un concepto muy estrecho de pueblo y unos bolsillos muy anchos y esquilmadores.

 

 Han sido años difíciles, este proceso se ha erguido a pesar de los poderosos enemigos, interno y externos que ha tenido, a pesar de las mentiras que han tratado de ocultar la verdad de un pueblo que mide sus logros no por haber llenado de rascacielos y deslumbrantes centros de lujos sus ciudades, sino por su red de escuelas, hospitales, centros científicos, todos con un sentido humanista  y no de lucro; que puede vanagloriarse por haber eliminado o disminuido a niveles ínfimos flagelos y vicios que hoy caracterizan a buena parte de la sociedades consumistas, cuyos patrones para medir el progreso parten del consumo  y no por la satisfacción de las necesidades básicas de la gente.

 

 Nuestro Martí, cuya ideología está en la base de este proceso que dura a pesar de los pesares, lapidó a los que conociendo un proceso o ignorándolo, se atreven  a deslegitimizarlo y dijo: “Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz”

 

 Muchas felicidades para todos los que entran en contacto con estas breves palabras, desde esta isla colmena donde luchamos porque haya menos zánganos y porque ese mundo mejor sea posible. Creo en el ser humano y en su racionalidad, seguiremos teniendo planeta azul para todos, con menos ricos, pero también con menos pobres.

Sin categoría

El maestro de José Martí

 En la vida de todo gran hombre siempre hay un maestro que influye e incide en la actitud de este en la sociedad en la que le toca desarrollarse, unas veces ese maestro queda en las sombras pero su prédica y su ejemplo de vida fluyen en su discípulo aún cuando este lo supera en la tarea de llevar adelante ideas de las cuales tuvo una primera noción con ese maestro.

 

 Ese fue el caso de Rafael María de Mendive (1821-1886), un intelectual cubano de sólida formación cultural, educado en el colegio de José de la Luz y Caballero, ambos formadores de ciudadanos, cubanos de convicción y  orgullosos de su otredad con respecto a España.

 

 Al colegio de Mendive llega en 1865 un jovencito de clara inteligencia, sed de aprender y dotes naturales para la poesía, era José Julián Martí Pérez, mente despierta en años de inquietudes que admiró en su maestro su entrega a la enseñanza, sus dotes poéticas y la pasión por Cuba y su cultura.

 

 Cuánta inteligencia vio en el discípulo, que terminando el séptimo grado convence a su padre para presentar a su alumno a exámenes de suficiencia  con vista a matricular la Segunda Enseñanza, aprobó, y su joven alumno matriculó en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana en 1866 y al año siguiente su maestro lo incorpora a su nuevo Colegio San Pablo en el que podía continuar los estudios de segunda enseñanza de forma gratuita.

 

 En octubre de 1868 al iniciarse la guerra por la independencia en Cuba, el colegio de Mendive se convierte en un hervidero de simpatizantes de la independencia y el maestro  en sus tertulias mantenían informado a sus discípulos sobre la marcha de la guerra, argumentaba el derecho de Cuba para ser libre y nunca ocultó sus simpatías por la revolución que se desarrollaba en Cuba.

 

 Él, como ninguno, influyó decisivamente en la formación ideológica de José Martí,  en su rigurosa formación humanística, con esa visión de universalidad y pertenencia  que lo hicieron al mismo tiempo, el forjador de la unidad de los cubanos para continuar la lucha por la independencia y el impulsor  de la unidad latinoamericana para enfrentar los peligros latentes entonces, consumados hoy, de las ambiciones del capitalismo norteamericano sobre nuestra región. El fustigador de dictadores, el partidario del ser humano y sus posibilidades de desarrollo espiritual y el hombre de sensibilidad poética tal que integra los versos a sus ideales, sin perder ni belleza, ni convicción en lo que dice y escribe.

 

 En el Día del Educador en Cuba (22 de diciembre) cuando celebramos la hazaña de nuestro pueblo de liberarse del analfabetismo en 1961, nada mejor que recordar a estos dos grandes de nuestra pedagogía en los cuales se cumple aquel aforismo de José de la Luz y Caballero que me atrevo a parafrasear: “maestro puede ser cualquiera, educador, solo quien sea un evangelio vivo”

Biografía

Martí y la naturaleza

“Vivir en la tierra no es más que un deber de hacerle bien”

 

“Si la tierra espera y oye, ¿por qué no hemos de bajar la mano amiga hasta la tierra?”

 

José Martí

 

Hace muy pocos días comenzó en la fría ciudad de Copenhague, la Cumbre sobre Cambios Climáticos (7 al 18 de diciembre de 2009), trascendental foro en el que el egoísmo y la cordura se juegan el futuro de la tierra, nuestra casa azul y verde dentro de la cual no nos llevamos muy bien esos que nos llamamos “humanos”, “creación superior de la naturaleza” y otras lindas referencias que hablan más de nuestra autosuficiencia que de nuestra inteligencia.

¿Qué se discute? Al margen de la cantidad de CO2 que cada uno este dispuesto a emitir o no, se discute el futuro, la permanencia o no de este extraordinario proceso cósmico que llamamos “vida” y que, teoría aparte, puede ser que sea único en la inmensidad material que tanto nos aturde cuando oímos hablar de ella a los científicos.

La racionalidad, esa que nos hace  humano parece faltar cuando se tratan temas tan cardinales y todo porque los que tienen mucho, desde el punto de vista material, no quieren ceder un poco de sus privilegios y prefieren desaparecer a lo grande, que convivir de forma más sencilla y “racional” con esos que somos las parte, “los pobres de la tierra”.

¿De qué hablamos? De supervivencia, de futuro, de paz, de bienestar, pero, “para todos” y ese todo somos la aldea global de todos los colores, de todos los pensamientos, de todas las orientaciones espirituales, sexuales y de género, esos somos el mundo, una especie en vía de extinción, pero con la solución en sus propias manos, ¡busquémosla!

 Para ayudar un poco a buscar la solución me remito a la persona que más conozco después de mí, José Martí, el hombre que no me canso de decir fue un humanista extraordinario, el mismo que en medio de tareas que fueron para él de mucha importancia y a fines del siglo XIX cuando esta espiral de envenenamiento de la tierra comenzaba escribió lo siguiente:

 

“Comarca sin árboles, es pobre. Ciudad sin árboles, es malsana. Terreno sin árboles, llama poca lluvia y da frutos violentos. Y cuando se tienen buenas maderas, no hay que hacer como los herederos locos de grandes fortunas, que como no las amasaron, no saben calcular cuándo acaban, y las echan al río; hay que cuidar de reponer las maderas que se cortan, para que la herencia quede siempre en flor; y los frutos del país solicitados, y éste señalado como buen país productor.

 

“Es moda, aunque vulgar e injusta, pensar que lo que no hace un pueblo práctico, o que goza fama de tal no es práctico. Y las verdades suben de punto, cuando, luego de haberlas dicho labios latinos, las repiten labios norteamericanos.

 

“La América, que sabe cuán cruel y locamente se- cortan en los países hispanoamericanos sus magníficos bosques de maderas ricas; que ve cómo, a pesar de una que otra ley desobedecida o mal cumplida, casi en parte alguna resiembran lo que arrancan, sin pensar que, como en algunos lugares acontece, las maderas son la única riqueza de la comarca…” (O.C. T.8:302-304)

 

 Son reflexiones muy específica sobre el tema que más afectaba a la naturaleza de su tiempo, la deforestación, ese mal agravado en el siglo XX y que hoy se une a la emisión desenfrenada de gases de efecto invernadero, la caza indiscriminada de animales, el envenenamiento de las aguas de ríos y mares y tantos otros males que nos han traídos el “progreso” desigual y egoísta, que no impide las grandes desigualdades humanas.

 Eran solo unas palabras, como uno más de los terrícolas, concientes o no del peligro y que no esperan milagros, sino acciones de los que deciden, expertos o no, políticos o científicos y vuelvo a Martí para cerrar:

 

“El mundo sangra sin cesar de los crímenes que se comente en él contra la naturaleza”

1892, O.C. T.4: 381

 

 

 

Recepción martiana

Martí en el ámbito cultural mexicano

La entrada de Martí al ambiente cultural mexicano se produce con su llegada a la redacción de la “Revista Universal de Política, Literatura y Comercio”, ubicada en la planta baja del edificio Nº 13 de la calle de San Francisco, actual Madero, casi frente a la plazuela de Guardiola, allí llega recomendado por su vecino y amigo de la familia Manuel Mercado, hombre influyente y generoso  que junto al cubano Pedro Santacilia se convierten en sus protectores espirituales en estos primeros meses de estancia en Ciudad de México.

 

 Su primera colaboración aparece en 2 de marzo de 1875 y a partir de ahí son frecuentes sus trabajos para este diario: poemas, crónicas breves y sobretodo una versión al español de la novela de Víctor Hugo, “Mes fils”, aparecida bajo el título de “Mis Hijos”, en forma de folletín en este mismo mes. El éxito de acogida de la traducción le gana la confianza de los círculos intelectuales de México y le permite formar parte de la plantilla del periódico a partir del 7 de mayo de 1875.

 

 Para hablar de estos días fundacionales para el periodismo martiano, quiero remitirme a las palabras de Guillermo de Zendegui quien en su importantísimo libro “Ámbito Martiano” nos dice:

 

“Hacer periodismo, no es simplemente escribir artículos literarios ni enviar regularmente una crónica o un reportaje a una publicación cualquiera, sino compartir los afanes de una redacción, sus apremios, sus pláticas y sus ocios; y aún eso no basta si falta la vocación, la honradez del verdadero militante. Hablar de Martí como periodista, es evocar a México y revivir sus días y sus noches junto a una mesa llena de revueltos papeles, (…). En el trajín del oficio, y en la paz de la sala de la “Revista Universal”, (…) (1)

 

  Su paso por la “Revista Universal” está marcado por la constancia de su pluma y la calidad de lo que escribe, aun cuando tiene que ceñirse a la máxima periodística de la síntesis. Allí aparecerán no solamente los artículos bajo su nombre, sino los que llevan el seudónimo de Orestes,  las crónicas bajo el título de “Correos de Teatros” y sus reportajes parlamentarios.

 

 Pero hay mucho más, en el diario aparecen otros  trabajos que llevan su impronta, aunque no su firma. “Todo acontecer de interés periodístico, desde el acto cultural hasta la nota policíaca, sin omitir el aplauso a la obra meritoria del político, la condolencia, la justa queja del vecindario, las nuevas del último invento; todo lo registra en apretados párrafos, en “Ecos de todas partes”, una sección fija sin duda atribuible a Martí, y que aparece sin interrupción hasta concluir el año 1875” (2)

 

 Junto a este periodismo de oficio se levanta el escritor y el pensador polemista y valiente en la crítica elevada, el editorial de opinión y la apasionada y brillante defensa del liberalismo a la cual se unió en medio de los peligros dictatoriales que culminaron con la llegada al poder de Porfirio Díaz y la aconsejada salida de Martí de México.

 

 Pero no es solo su pertenencia a la plantilla de la “Revista Universal”, lo que define la incorporación de Martí a la vida cultural mexicana, el 22 de marzo es propuesto para entrar en la membresía del Liceo Hidalgo, prestigiosa institución cultural que había sido fundada por Francisco Granado Maldonado y que Ignacio Maldonado había llevado a un alto nivel cultural, tanto por el prestigio y la obra de sus socios, como por su programa de tertulias, veladas y polémicas, en algunas de las cuales se vio envuelto Martí, como la que sostuvo con Gustavo Baz sobre el materialismo.

 

 El teatro era una de las artes favoritas del Apóstol, frecuentaba las salas y pronto conocería a los artistas y creadores que mantenían la funciones en las escenas de la Ciudad de México. Desde su columna teatral de la “Revista Universal”, hizo crítica periodística y se entusiasmó con obras y actrices que marcaron aquellos años juveniles.

 

 Su estancia en México quedará para siempre unida a un éxito personal y pasajero, logrado con la puesta en escena de su única obra de teatro, “Amor con Amor se Paga”, pieza en un acto representada en el Teatro Principal el 19 de diciembre de 1875, por la compañía de Enrique Guasp de Peris con la actriz y amiga personal de Martí, Concha Padilla, en el protagónico.

 

 La primera estancia en México, significó el descubrimiento de una cultura latinoamericana que lo hizo sentir orgulloso por lo que significaba de auténtica, conoció del esfuerzo de aquella intelectualidad por salir adelante después de largos años de guerra, que habían acentuado el retrazo cultural de la gran nación azteca y desde entonces miró como propia cada problemática o éxito de la nación que lo acogió por primera vez en su América.

 

 

  1. Guillermo de Zendegui: “Ámbito Martiano”, Pág. 79, La Habana, 1954
  2. Ídem. , Pág. 80

 

 

Biografía

Martí no es de la raza vendible

Corta fue la estancia de José Martí en la ciudad de La Habana, tras su regreso a la misma en agosto de 1878 cuando terminada la Guerra de los Diez Años, la “Paz del Zanjón” permite a los deportados políticos el regreso a la isla. Esta no fue en principio la primera idea de Martí, según escribe a Mercado no quiere regresar a un país donde se le haría imposible vivir en cuanto conocieran cuáles eran sus ideales políticos.

  Desde el punto de vista político el ambiente habanero está saturado de las esperanzas de autonomía que  prometió España tras el término de la guerra, muchos en el país, principalmente intelectuales y personas  con intereses económicos que proteger, cifran sus augurios en la posibilidad de lograr para la isla un estatus similar a las provincias de la península, para lo cual crearon con la aprobación de la metrópoli el Partido Autonomista, al que se afiliaron de buena fe muchos cubanos.

 Pese a este ambiente reformista que encuentra en la ciudad, el Martí que regresa, es un hombre convencido de que España no hará concesiones a los cubanos y que el logro de los anhelos nacionales pasaban por la conquista de la independencia.

 La presencia de José Martí en La Habana trae aparejados nuevos compromisos para el joven patriota, la ciudad parecía indiferente a los males de la nación en aquel verano de 1878 cuando el vapor Nuevo Barcelona proveniente de Honduras los deja en el puerto habanero.

 José Martí escéptico en cuanto a estas esperanzas de reformas, mantuvo frente a la mayoría reformista su punto de vista independentista, conocedor de que las autoridades españolas jamás consentirían en darle la libertad a la colonia de la sacaban grandes ganancias.

 La presencia de José Martí en la ciudad fue muy bien acogida por sus coterráneos y principalmente por los grupos intelectuales criollos agrupados en los Liceos de Guanabacoa y de Regla, que lo hicieron miembro de ambas instituciones en las que tuvo una activa participación cultural.

 En el Liceo de Guanabacoa José Martí llegó a ser miembro de la directiva como secretario de la Sección de Literatura, que organiza las conocidas discusiones científico literarias sobre diversos temas en los cuales participó Martí.

 Otras oportunidades tuvo el Apóstol para el lucimiento de su oratoria erudita al hablar en el homenaje que el Liceo de Guanabacoa le ofreció al músico cubano Rafael Díaz Albertini. En sus palabras Martí resalta sus valores como artista y su pertenencia a una cultura forjada en esta tierra y de la cual se manifiesta orgulloso.  Esas  palabras marcaron una reacción airada del Capitán General de la Isla, Ramón Blanco,  a quien se le atribuye las siguientes palabras:

“Quiero no recordar lo que he oído y no concebí que se dijera delante de mí, representante del gobierno español. Voy a pensar que Martí es un loco, pero un loco peligroso”

 En otras ocasiones las palabras de Martí resonaron en el Liceo de Guanabacoa, una de ellas para rendir homenaje al poeta Alfredo Torroella, como él desterrado, que enfermo añoraba venir a la patria para morir en su suelo natal, hecho que no dejó de resaltar el joven ponente con un marcado sentido del amor a la tierra en la que se nace y los anhelos de redención que para ella quieren sus hijos.

  Fuerte es el vínculo de Martí con esta institución en la que fue presencia obligada, participando en sus tertulias y veladas, leyendo sus poemas, dando su criterio y cultivando la amistad de aquella buena gente que recordará siempre al apasionado joven preocupado por los problemas de Cuba.

 De igual índole fueron sus lazos con el Liceo de  Regla desde su fundación. Inaugurado el 10 de octubre de 1878, José Martí fue invitado a decir las palabras centrales de esa velada, que estaba evidentemente dirigida a conmemorar el décimo aniversario del alzamiento de los cubanos contra el dominio colonial. Su discurso dejó huellas entre los que presenciaron el acto, eran palabras mesuradas, llenas de símiles y recuerdos, guiadas a exaltar los valores culturales y patrióticos de los nacidos en esta tierra, hecho que le gana la simpatía de los gestores culturales de la idea, que muy pronto lo hicieron socio de la nueva institución como miembro de su Sección de Instrucción.

 Si el acercamiento de José Martí a estas instituciones, en las que permanecía vivo el ímpetu nacional, fue un modo importante para mantenerse vinculado a su pueblo; no lo es menos su constante presencia en la vida intelectual de la ciudad, invitado a tertulias, mítines, banquetes, reuniones literarias o simplemente invitado por las instituciones culturales.

 Es muy conocida su participación en el banquete en honor al periodista cubano  Adolfo Márquez Sterling en el Hotel Inglaterra en el que argumenta su brindis por el amigo, el cubano, pero no por las ideas autonomistas en las que no creía.

 Se ha escrito mucho sobre sus esfuerzos por establecerse en la ciudad, ganarse la vida haciendo lo que había aprendido: trabajando en el magisterio o como abogado, carreras que había cursado en España, pero que sus necesidades económicas no le habían permitido comprar los títulos correspondientes. Basadas en estas carencias de títulos las autoridades de la isla le impidieron trabajar en algunas de estas carreras, haciéndole más difícil la estancia en La Habana.

 El fin último de las autoridades coloniales españolas era obligarlo a salir de Cuba ante el agobio económico que vivía; era un “peligroso” independentista que no desaprovechaba ocasión para dejar bien claro cuál es su criterio sobre el status colonial cubano y qué esperaba de sus compatriotas, muchos de ellos ilusionados por las promesas de autonomía para Cuba.

 Se sabe vigilado y su paso por la ciudad se mide por sus vínculos con otros separatistas, que lo invitan a reuniones e intercambian criterios que van forjando una comunidad de intereses en favor de la libertad de Cuba.

 Decidido y valiente se une al movimiento conspirativo que sucede al alzamiento de los orientales en agosto de 1879, en lo que la Historia de Cuba recoge como “La Guerra Chiquita”.

 Forma parte de la directiva conspirativa en La Habana y ante el evidente desafío las autoridades españolas deciden detenerlo el 17 de septiembre de 1879. Encarcelado recibe propuestas de las autoridades para hacer una pública dejación de sus ideas a cambio de su permanencia en el país, pero su intransigente respuesta de que “Martí no es de la raza vendible”, corta todo intento de entendimiento y finalmente es deportado a España.

  Muchos amigos acuden al muelle a despedir al rebelde joven, tiene 26 años, en su alma aprietan fuerte las penas de hombre: atrás quedan su esposa y su hijo, con menos de un año; sus padres sufren de nuevo al verlo detenido y desterrado y su pueblo de nuevo movido a la noble idea de ser libre y a quien el futuro no se le presenta nada favorable por las divisiones internas, las esperanzas de los autonomistas y el cansancio natural tras diez largos años de guerra. Para él la decisión es ya una convicción: Cuba debe ser libre.

 

 

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