Martí Otra Visión

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Archivo de Noviembre, 2009

“La Edad de Oro”, la revista de Martí

 

Este año se están cumpliendo 120 años de la aparición en Nueva York de una singular revista dedicada a los niños, escrita íntegramente por José Martí. Corría el mes de julio de 1889 y el Apóstol estaba inmerso en su labor en su labor organizativa para lograr la unidad de los patriotas cubanos en busca de la tan anhelada independencia de la isla; pese a ello dedicó un tiempo a realizar uno de sus sueños intelectuales, escribir una revista para los más jóvenes.

 

¿Qué lo inspiró?, el deseo de hacer una publicación dirigida a los niños de América Latina en la que junto a las enseñanzas éticas y pedagógicas, el lector aprendiera de la historia de su continente, desde sus orígenes hasta las luchas independentistas, enfatizando en el compromiso que como latinoamericanos tenían.

 

 Si para él esa América mestiza tenía mucho de que enorgullecerse, mucho más importante era garantizar que las nuevas generaciones fueran conciente de su responsabilidad con sus pueblos, todo esto escrito de un modo novedoso, sencillo, sin caer en maniqueísmos, tratando al niño y al adolescente con la seriedad y el respeto que merecían.

 

 Qué modo más hermoso de contarles sobre los pueblos originarios de América en  “Las ruinas indias”, donde la cultura de esas grandes naciones amerindias  se describen con sus luces y sombras, pero con el orgullo de tenerlas como pasado vivo en una época en que muchos intelectuales de este continente se avergonzaban de sus orígenes ancestrales.

 

  A las luchas independentistas en América dedicó uno de sus más hermosos trabajos aparecido en “La Edad de Oro”, “Tres héroes;  en el que partiendo de las figuras de Simón Bolívar, José de San Martín y el cura mexicano Miguel Hidalgo, resalta con sentidas palabras, en las que no esconde su orgullo, las hazañas de los pueblos latinoamericanos por sacudirse el yugo español.

 

 No se detuvo aquí y en el breve espacio de los cuatro número que pudieron publicarse de la revista, les habla a los infantes sobre la revolución científico técnica que se generaba en los grandes centros del capitalismo, resaltando los cambios que se producían, su utilidad y el provecho que podían sacar los pueblos de nuestra América si sabían poner estas fuerzas al servicio del progreso social, y junto a estas temáticas las narraciones y poemas de hermosa factura y acabada intencionalidad ética en el que su exaltación de la bondad como condición del ser humano se contrapone al racismo, el egoísmo, la avaricia, las ansias de poder y otros muchos antivalores que tienen por antídoto al “bien”.

 

 Este es el proyecto de José Martí para los niños de América Latina, la revista “La Edad de Oro” recopilada hoy en un libro de cabecera del niño y el adolescente cubano y en el que están expresados sus sueños de creador.

 

 Por último queremos transcribir un fragmento del prólogo que escribiera el Maestro para el primer número de la revista:

 

A los niños que lean “LA EDAD DE ORO”

Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para caballero, y la niña nace para madre. Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana; para contarles a las niñas cuentos lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres. Todo lo que quieran saber les vamos a decir, y de modo que lo entiendan bien, con palabras claras y con láminas finas. Le vamos a decir cómo está hecho el mundo: les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora para eso se publica LA EDAD DE ORO: para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy, en América, y en las demás tierras: y cómo se hacen tantas cosas de cristal y de hierro, y las máquinas de vapor, y los puentes colgantes, y la luz eléctrica; para que cuando el niño vea una piedra de color sepa por qué tiene colores la piedra y qué quiere decir cada color; para que el niño conozca los libros famosos donde se cuentan las batallas y las religiones de los pueblos antiguos. Les hablaremos de todo lo que se hace en los talleres, donde suceden cosas más raras  e interesantes que en los cuentos de magia, y son magia de verdad, más linda que la otra: y les diremos lo que se sabe del cielo, y de lo hondo del mar y de la tierra: y les contaremos cuentos de risa y novelas de niños, para cuando hayan estudiado mucho, o jugado mucho, y quieran descansar. Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo. Y queremos que nos quieran, y nos vean como cosa de su corazón.

 Lo que queremos es que los niños sean felices, como los hermanitos de nuestro grabado; y que si alguna vez nos encuentra un niño de América por el mundo, nos apriete mucho la mano, como a un amigo viejo, y diga donde todo el mundo lo oiga: “¡Este hombre de La Edad de Oro es mi amigo!”

 

La Edad de Oro Nº 1 Julio, 1889

 

 

 

 

 

Educación

José Martí en el imaginero popular

Ya estoy de vuelta, en estos días he recorrido un poco la “Cuba profunda”, esa que está alejada de la capital y que permite al buen observador darse un baño de pueblo, pueblo trabajador, que sueña y respalda el proyecto revolucionario en el que está inmerso, sin muchos “teques” ideológicos, pero sí con un claro sentido de lo justo y necesario.

 

 En estos días he tenido oportunidad de acercarme al Martí del imaginero popular, ese que sustenta a un pueblo porque “habló de todo” y nos sigue asombrando con sus aforismos nacidos de su pensamiento, sacados de contextos, a veces mal citado, pero que alientan en la lucha diaria por encontrarnos. Del nacimiento de este mito quiero escribir un poco.

 

 La República nacida en 1902 con su carga de decepciones y frustraciones, venía precedida del sueño inconcluso de José Martí, conocido de primera mano por los miles de emigrados cubanos que en los talleres de tabaquería de Tampa y Cayo Hueso le oyeron en su prédica encendida y convencida. Ellos trajeron la leyenda y en la Cuba triste que nació con el siglo XX fueron propagando el mito martiano, ese que hizo erigir en el Parque Central de La Habana, una estatua de mármol blanco, que no era el Martí hiperquinético que había conocido en la emigración, pero que fue el símbolo al que se agarraron para rendirle homenaje; el mito que hizo cantar al pueblo aquellos versos… “Martí no debió de morir / porque fuera el Maestro y el Guía / otro gallo cantaría / la patria se salvaría / y Cuba sería feliz…”, tristes estrofas de la ira contenida de un pueblo que había dejado a un tercio de los suyos en los campos de batalla y amanecía al siglo con  una caricatura de República y el desconcierto de un liderato convertido en “politiqueros” de segunda mano, con honrosas excepciones.

 

 Era triste ver la imagen de Martí en esos primeros 25 años de república, el invitado de piedra en los mítines políticos, citado y encartonado en frases hechas que ocultaban su preclaro y radical pensamiento.

 

 De ese “maniqueísmo” lo salvaron los maestros cubanos, esos que por su cuenta lo hacen crecer en sus clases, más allá de su poesía y la tristeza de haberlo perdido. Los maestros cubanos que enseñaron patria cuando esta estaba comprometida por la “Enmienda Platt”, aquella Ley anexada a la constitución cubana por los yanquis y que, entre otras cosas, les daba derecho a intervenir en Cuba cuando sus intereses estuvieran en peligro.

 

¡Qué República era aquella!, esa no era la patria del… “con todos y para el bien de todos”, proclamada por José Martí y ese sueño no lo olvidó el pueblo y su vanguardia que lo hicieron crecer al develar su pensamiento y tomarlo como proyecto para su futuro.

Recepción martiana

La ética en Martí

Notas para una conferencia con jóvenes estudiantes del nivel medio, en enero de 2009 en el Museo de la Revolución.

Resulta muy de actualidad hablar de ética en  Cuba, cuando la Revolución ha emprendido un camino de reencuentro con los mejores valores del hombre como principio básico para continuar una obra humana y apegada al pueblo.

 

 Los valores, relegado muchas veces por necesidades del diario a un segundo plano y a veces, no pocas, potenciados a primer plano cuando nos conviene, no son un ropaje que podemos asumir por conveniencias, sino principios éticos que están en la misma base de la cultura de la sociedad.

Para dejar bien en claro de lo que estamos hablando acudamos a la definición de la palabra ética:

“Ética. Adjetivo. Conforme a la moral.  Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre. Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana.”

 En el aniversario 156 del natalicio de José Martí hemos decidido hablar de este hombre para resaltar  no solo lo que dijo sobre la ética, sino su modo  de vivir, que constituye un ejemplo de cómo enfrentar la vida bajo principios morales de eticidad.

 Nacido en el seno de una familia humilde, creció  bajo los valores de honestidad, honradez, apego a la verdad, amor al trabajo, respeto a sus mayores, obediencia y colaboración con los de más, normas ética que en conjunto conformaban lo que en nuestra sociedad llamamos una persona decente, que honra ante todo a su familia y se prepara para cumplir su misión social.

 

Su familia numerosa, pasó muchas estrecheses económicas pero en su seno prevaleció el principio de mantenerse con la manera honrada de  ganar el sustento. Su padre, funcionario público, en una época en que fue muy común que estos vendieran sus favores a quien podía pagarlos, tuvo muchas dificultades con sus superiores por las quejas de quienes no podían sobornarlo. Baste el ejemplo de su actuación en Caimito de Hanábana, cuando interceptó un alijo ilegal de esclavos y fue destituido de su cargo, a pesar de que actuaba bajo los principios de la Ley colonial.

 

 Aún niño, pudo contemplar el triste espectáculo de la esclavitud, enseñoreada en Cuba, como cruel anacronismo que no entendía dados sus cortos años, pero que no dejaron de  estremecerlo de dolor y repulsa, al punto de sellar para consigo el compromiso de combatir aquella bárbara práctica que sometía a seres semejante a la condición de animales de trabajo a los que se podía negar todos los derechos.

 Adolescente, llega a la escuela de Rafael María de Mendive y junto a él incorpora un nuevo sentimiento más elevado de comprensión y amor social, el sentido de pertenencia a una comunidad identitaria que pugna por ser libre para alcanzar sus objetivos propios, negados por su metrópoli. Nace así su amor a la patria, a su pueblo, su identificación con sus anhelos, y sin negar  sus bases éticas, crece, ahora como patriota.

 

José Martí paga muy caro su lealtad a sus principios éticos, es encarcelado por conspirar contra España y es sometido a trabajos forzados. No hablamos de un adulto, sino de un jovencito en la flor de la vida.

 

Soy de los que piensa, que ustedes los jóvenes deben acercarse a este Martí. El que tuvo la edad de ustedes, vuestras dudas y temores, sueños y convicciones, pero creció sobre ellas y con ellas para convertirse en la persona que es, el Héroe Nacional, producto de su perfeccionamiento personal, logrado en la interacción con su tiempo y la sociedad, representada por la familia, los amigos, condiscípulos, maestros y también por el gobierno colonial y los enemigos de su causa.

 

El mismo que a los quince años era conciente del compromiso con su país; a los dieciséis publica los primeros trabajos políticos y es detenido; a los diecisiete se enfrenta al tribunal militar y defiende el derecho de Cuba a la independencia, por lo que es condenado a prisión y trabajo forzado; a los dieciocho escribe en la misma España, El Presidio Político en Cuba y a los veinte le exige al gobierno republicano español que le concedan a Cuba los mismos derechos de libertad que ellos quieren para España.

 

Como ven no tuvo que esperar a madurar biológicamente para  comprender cuál era su lugar en su tiempo, sino que calladamente cumplió con esos deberes que le marcaron su ética individual y social, que para Martí no iban disociada sino unida en un todo.

 

 Respondiendo a esos principios morales emprendió lo que siempre consideró era su primero y más importante deber, contribuir al mejoramiento humano y ese principio pasaba por la independencia de Cuba, el desarrollo cultural del hombre, la dignificación de los pueblos latinoamericanos, el vencimiento de los peligros de anexión y sometimiento a los Estados Unidos, la condena a todo tipo de discriminación o coacción moral al hombre y el desarrollo de la bondad como sentimiento mayor humano.

 

“Ser bueno” era su paradigma ético para la formación de las nuevas generaciones, lo reitera en sus conversaciones con los niños desde las páginas de su revista “La Edad de Oro”, el niño cortés, humano, solidario, como diríamos hoy, es la base del ser humano que será mañana y junto a esto una preocupación  constante por el estudio, la superación en todos los sentidos y no solo en la adquisición de títulos, siempre, su elevación espiritual, el cultivo de la sensibilidad para lo estético, junto a lo ético.

 Lo bello como categoría no solo estética, sino ética, cultivando la capacidad de ver lo bello aún en lo aparentemente feo, vivir en busca de lo hermoso y llegar a fundir de tal modo lo ético y lo estético, que cuando falte uno de ellos en el otro tengamos la sensibilidad de notarlo y luchar por corregirlo.

 Hombre integral, Martí no emprendió nada sin que estuvieran presente sus principios éticos, tanto en su labor cultural, como política.  En lo cultural, sabemos que cultivó la poesía, la prosa reflexiva, la traducción, la oratoria y la enseñanza en sentido general y en todo su obra procuró desarrollar la utilidad de la virtud, es decir, nada vano, nada superfluo, ni aún en el entretenimiento, por lo que fue creando un paradigma de enseñanza, que no envejece, sino que gana vigencia con las tareas que emprende la sociedad revolucionaria cubana.

 

En lo político, no fue Martí de los que pensaba que el fin justificaba los medios, no podían conseguirse fines elevados, si estos estaban basados en la coacción de la libertad del hombre, en la postergación de principios para facilitar objetivos o alianzas, si no se apelaba a la ética social basada en la unidad de propósitos o trasparencia en el logro de metas.

 El pensamiento de Martí está basado en la nobleza de ese fin,  alcanzar una República … con todos y para el bien de todos, de reconocer a la humanidad como patria del hombre; la convicción de que un principios justo es muy poderoso y que solo basado en la ética el hombre crece y es humano.

 ¿No son acaso estas ideas las que guían a la Revolución Cubana?, Si, lo son, pero la Revolución, la sociedad, lo somos todo y no se puede pretender  llevar la moral como piel de camaleón que cambia según las circunstancias, Martí con su vida breve, telúrica y ejemplar nos da la pauta de lo que debemos ser.

 

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