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Martí Otra Visión

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Archivo de Octubre, 2009

El pensamiento martiano como componente de la Revolucionaria Cubana

En el proceso de formación del pensamiento revolucionario cubano ha existido una articulación armónica de las ideas de los más preclaros pensadores de la isla, José Martí tiene como base las concepciones de cubanía que le llegan de hombres como Félix Varela, José María Heredia y José de la Luz y Caballero, entre otros; lo que unido a un pensamiento liberal y democrático que conoce de la tradición occidental de la cual es deudor, va conformando una posición democrática revolucionaria, que en su caso,  lo lleva a una radicalización antiimperialista frente a las posiciones expansionistas de los Estados Unidos, una identificación de sus raíces con la América Latina y la necesidad unitaria de esta para enfrentar los nuevos retos que le imponía el desarrollo del capitalismo a  fines del siglo XIX por la ambiciones de la oligarquía norteamericana.

 

 El pensamiento social martiano se desarrolla a fines del siglo decimonónico, cuando de forma impetuosa y peligrosa para los pueblos se extiende en los Estados Unidos la fase superior del capitalismo, el imperialismo; ese estadío capitalista en el que las poderosas fuerzas de la oligarquía rebasan el marco de lo nacional para expandirse por las naciones de menor desarrollo y subordinarlas a su modo de producción, bien como mercado de sus productos, fuente de materia primas o sitios de expansión geopolítica.

 

 En medio de este complejo proceso vive José Martí, estudioso de los fenómenos sociales que se desarrollan en la rica nación del norte y signado por una misión liberadora que le ha dado sentido a su vida.

 

 Mucho antes de que maduraran en  Cuba las simientes del marxismo ya José Martí había definido una manera de pensar novedosa y autóctona, partiendo del principio de construir una sociedad “con todos y para el bien de todos”, para lo cual creó un Partido(Partido Revolucionario Cubano), que tenía como misión no solo luchar por la independencia de Cuba y Puerto Rico, sino también crear una república de hermandad, en la que necesariamente la sociedad tenía que cambiar para cumplir ese reclamo de igualdad del que José Martí se hizo eco.

 

 Junto a esto el  Apóstol, basado en su experiencia, sagacidad política y conocimiento de la sociedad norteamericana, intuyó que en esa desmedida ambición de la oligarquía  yanqui había un peligro que podía evitarse con la unidad de los países de América Latina, esa que el llamó Nuestra América.

 

 Tras su muerte en Dos Ríos y la salida de la metrópoli española en 1899 se inicia la intervención norteamericana en Cuba y posteriormente se proclama la República (1902), entidad que nacía conculcada por las condicionantes neocolonialistas que le impuso la Enmienda Platt. En ese ambiente social las ideas de Martí comienzan a arraigarse y difundirse entre los cubanos, venciendo una tendencia oficialista de las clases dominantes, que pretenden presentarlo como un mártir de la independencia, de vida sacrificada y destacada labor literaria; todo esto era verdad pero José Martí era mucho más que eso, el verdadero sentido ideológico de su vida no se había materializado en aquella república y es por ello que las nuevas generaciones de cubanos y su vanguardia lo asumen en su intento por lograr el cumplimiento de sus sueños.

 

 Este ideario martiano completado con su ética humanista y su pedagogía avanzada y social se fortalece al ser retomada por la generación del veinte del siglo anterior, jóvenes que como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena o Juan Marinello, entre otros, abrazan el marxismo como ideología social para luchar por los cambios  que necesitaba la nación cubana, enriquecidos de modo conciente y creciente con la ideología martiana. En estos momentos comienzan a publicarse los escritos que Martí había dejado diseminado por la prensa Latinoamericana  y esta generación joven  comprende que esas ideas martianas mantenían plena vigencia.

 

 Por eso el joven Mella, fundador del Partido Comunista de Cuba (1925) plantea que él le debe un libro a Martí, al Martí antimperialista, revolucionario y consecuente que descubre en la obra del Apóstol y Rubén Martínez Villena, poeta, líder comunista y obrero, escribe un poema en el que pide acabar la obra que emprendió Martí haciendo una República para todos.

 

 Ellos fueron la base de la continuidad del pensamiento social cubano que entronca con la Generación del Centenario del Apóstol, encabezada por Fidel Castro y Abel Santamaría, martianos de corazón y conocedores de las teorías marxistas. Hombres que antes de conocer la ideología de Marx y Lenin, ya habían estudiado a José Martí, el mismo que Fidel nombra “autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada”, en el juicio  que se le siguió por este hecho.

 

 La Revolución Cubana ante que marxista fue martiana y martiano fue el programa del Movimiento 26 de Julio,la organización que dirigió la lucha contra la tiranía. Estas fueron las bases ideológicas de la Revolución Cubana, triunfante en 1959, martiana por convicción y marxista por necesidad, auténtica y social, en constante perfeccionamiento en su búsqueda incesante por la plena igualdad humana.

 

 

Antimperialismo

La divulgación del ejemplo

Para Julio C, Valdés,

Trabajar en la divulgación de  una figura histórica como José Martí es todo un reto que en Cuba hemos asumido un grupo de personas, aquí expongo la modesta experiencia de este martiano que disfruta grandemente el contacto diario con la gente. adjunto una breve ponencia de trabajo sobre nuestro quehacer:

 Con esta ponencia queremos exponer la experiencia de trabajo con los adolescentes y jóvenes en el Museo Casa Natal de José Martí, partiendo de divulgar la vida ejemplar y comprometida del joven Martí, no solo en su compromiso social con la independencia de Cuba, sino con un actuar consecuente durante su vida, pero enfatizando en su juventud, en la que ética y acción se conjugan para forjar un carácter.

 La divulgación de la vida y la obra del Apóstol ha servido para acercar a los niños, adolescente y jóvenes al mundo ético de la principal figura de nuestra historia.

 El que enseña historia debe ante todo eludir los lugares comunes de la repetición mecánica  de hechos y criterios ajenos, asimilados de forma acrítica. Cuando esto sucede en el tratamiento de figuras históricas se obtiene por resultado una imagen icónica, inalcanzable, alejada de la realidad humana, que desde el punto de vista ideológico se convierte en imagen adorada, pero lejana, que deja de influir en la formación del ser humano, porque en su “perfección” esa figura no tiene nada que ver con el hombre y mujer de su entorno y con él mismo, que busca patrones perfectibles pero reales, posibles de alcanzar.

 Acercar al joven a Martí, debe partir del conocimiento más humano de su vida y principalmente de sus años juveniles. Ese que tuvo su edad, sus dudas y temores, sueños y convicciones, pero creció sobre ellas y con ellas para convertirse en la persona que es, el Héroe Nacional, producto de su perfeccionamiento personal, logrado en la interacción con su tiempo y la sociedad, representada por la familia, los amigos, condiscípulos, maestros y también por el gobierno colonial y los enemigos de su causa.

Hemos partido para ello  de la divulgación entre  los adolescentes y jóvenes,  de su quehacer estudiantil, siempre signado por la estreches de recursos materiales; sus afectos, amigos y mujeres que amó y le amaron, tratando de conformar el retrato humano de un ser excepcional, el mismo que a los quince años era conciente del compromiso con su país; a los dieciséis publica los primeros trabajos políticos y es detenido; a los diecisiete se enfrenta al tribunal militar y defiende el derecho de Cuba a la independencia, por lo que es condenado a prisión y trabajo forzado; a los dieciocho escribe en la misma España, El Presidio Político en Cuba y a los veinte le exige al gobierno republicano español que le concedan a Cuba los mismos derechos de libertad que ellos quieren para España.

 Mostrarle a los jóvenes  este ejemplo es un modo de identificarlos con un paradigma, que debe llegarle desde lo cotidiano a través de anécdotas, cartas, valoraciones contemporáneas y conocimiento del ambiente social en que se formó.

 La manera de acercar a las nuevas generaciones de  cubanos al joven Martí permite un espacio de diálogo y reflexión que enriquece su identificación con los que le precedieron y estimula el conocimiento  de la obra del Apóstol.

 Esta experiencia basada en la visita dirigida al Museo, encuentros sistemáticos, charlas y conferencias, trata de ir al diálogo, escuchar sus criterios, la información que tienen del héroe, de modo que en la interacción con el facilitador (museólogo y/o bibliotecaria), el adolescente o joven conozca más a Martí, no solo como información biográfica e histórica, que ya sería bueno, sino como persona semejante a él, que a edades como la de él supo cumplir con los deberes de su tiempo.

 Esta interacción la hacemos por medio de diversas técnicas de mayor o menor duración:

La primera de ellas es la Visita Dirigida, en la que tienen una visión general del Apóstol y  resaltando los años juveniles de José Martí y su labor. El requisito más importante para la Visita Dirigida es la motivación del joven, que en el caso de los grupos escolares debe lograrse por el maestro. Venir a la Casa Natal  debe ser para ellos algo más que una obligación docente.

 Los grupos no deben ser mayores de 20 alumnos de forma que podamos hacer más personal la comunicación, escuchar sus preguntas y criterios durante la visita e incluso ver su reacción y los comentarios que hacen entre ellos.

 El trabajo con grupos para conferencias, charlas y encuentros con la historia,  tiene por objetivo divulgar una mayor información sobre Martí entre los jóvenes, debatir criterios y  valores humanos que están presente en el Héroe.

 Para estas actividades los grupos pueden ser mayores, hasta 40 alumnos y la habilidad del guía, facilitador o conferencista, permitirá una mejor comunicación y asimilación de la información que se brinda y el debate en torno a sus valores humanos y éticos.

 Los talleres y círculos de interés le permiten al joven interactuar con una mayor información sobre José Martí a través de encuentros sistemáticos, con un programa sobre temas más específicos que traten aspectos puntuales de la Vida y la Obra del Apóstol. Por ejemplo: La Habana de José Martí, Los afectos del joven Martí, Los amores de José Martí, etc.

 Los resultados generales de la aplicación de este proyecto nos indican que no solo hay entre los jóvenes un mayor y mejor conocimiento sobre José Martí, sino que se logra sedimentar en ellos actitudes en correspondencia con la ética martiana de amor a la familia, a la patria, valorar mucho mejor las  cualidades humanas y esforzarse por lograrlas, eso no medidle con  exámenes  sino con actitudes de la vida.

 Acercar al joven al Martí de su edad, puede lograr una mayor identificación con su obra, la formación de un criterio propio sobre la figura y la incorporación de la ética martiana a sus valores.

Hoy que los programas educacionales de Cuba incluyen el estudio múltiple de Martí, se necesita que el joven lo vea más allá de una asignatura que vencer y lo incorpore a su vida, a su ética personal, que solo será posible si lo entiende como una persona que fue como él, dentro de sus circunstancias, como él y logró transitar esa vida en base a una ética de valores universales que funcionan también hoy.

 Exponemos nuestra experiencia de enseñar la vida y la obra de José Martí a jóvenes, partiendo del trabajo que desarrollamos también con niños. Procuramos ir acorde a los programas del sistema nacional de educación, motivándolos en la primaria a un conocimiento de los primeros años de la vida de Martí, una visión general de su figura dentro del panorama histórico de Cuba y un trabajo divulgativo de la obra que dedicara el Apóstol a los niños y jóvenes: la revista La Edad de Oro.

 Ya para el joven divulgamos los años juveniles de Martí, su tiempo y el ejemplo de vivir acorde a su ética de servicio a su país, de honestidad y consagración a toda causa justa y algo muy importante para todo joven, el espíritu de superación, el placer del estudio y de enseñar.

 Martí joven es un ejemplo a tener en cuenta  ese ser humano en formación que busca modelos a seguir, asideros para fortalecer su sentido de pertenencia a un país con historia y tradiciones dignas, de una sólida base ideológica afirmada en la solidaridad y el desarrollo pleno de hombres y mujeres integrales en un mundo cada vez más competitivo y difícil

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José Martí, el maestro

Estas notas fueron escritas en diciembre de 2008 para compartirlas con un grupo de jóvenes maestros cubanos en ocasión de la jornada del educador de ese año, por lo que resumen quiero compartirlas con mis amigos.

 

 En las circunstancias actuales de nuestro país, donde el estudio permanente ha ganado un lugar preponderante en la formación del ciudadano, en un mundo competitivo, con un torrente de información que puede llegar a saturar y no enseñar, vale la pena acudir a Martí, ese adelantado cubano del siglo XIX que parece estar a nuestro lado proponiéndonos como fórmula fundamental  para esta educación permanente, un estudiante preparado para aprender solo, él frente al contenido y la información, como solución a su constante y necesaria actualización, aunque no hay que olvidar el valor del estudio colectivo como consolidador de saberes y formador del engranaje social que hace al ser humano parte de un grupo.

 

 José Martí desde muy joven impartió clases y era evidente que disfrutaba del oficio de enseñar, aunque  resalta su labor teórica dentro de la pedagogía y la formación del hombre. Conoció las formas de la enseñanza de su época, no solo las que se aplicaban en Cuba, con sus rezagos escolásticos y las influencias más liberarles que aplicaban maestros de avanzada, sino también que se mantuvo al tanto de los más adelantados métodos didácticos y educativos que se aplicaban en Estados Unidos y Europa, a los cuales sometió al criterio de la práctica cotidiana y a la crítica ideológica.

 

 Para él estaba claro que enseñar no era solo trasmitir conocimientos, sino formar valores éticos y morales que hicieran del alumno un mejor ser humano. En Martí el magisterio fue permanente, disfrutando del placer de trasmitir información y crear conciencia en los educandos.

 

 Puede considerársele un precursor de los métodos contemporáneos de enseñanza por el empleo de concepciones y procedimientos novedoso en el acto de enseñar, que superaba los niveles de desarrollo alcanzado por la didáctica y la metodología de su época.

 

 Es notoria su novedosa manera de enseñar gramática española para un grupo de adulto en una escuela nocturna de Nueva York,  para cuya enseñanza partió de la lengua viva que conocían los hablantes, sin valerse de las reglas y manuales al uso, porque su criterio era que de ningún lugar se aprendía más que de la vida práctica, sus discípulos eran obreros, gente humilde, en su mayoría negros, cubanos  emigrados a Estados Unidos en busca de mejor situación económica o por razones políticas.

 

 Su periodismo abundante y valioso está regido por un objetivo didáctico de mostrar el mundo, la sociedad, en sus cambios y momentos de desarrollo, máxime cuando estaba inmerso en la sociedad de más dinámico impulso tecnológico y científico de su tiempo, los Estados Unidos. Para estos fines todo tema es propicio para desarrollar y difundir conocimientos.

 

  Allá por la década de los 70 del siglo XIX, aparecen sus primeras reflexiones sobre temas educativos, aparecidas en la Revista Universal de México bajo el seudónimo de Orestes y  en los 80  publica  sus primeros artículos pedagógicos, uno de ellos referido  al maestro ambulante, una novedosa idea entonces para que los niños del campo aprendieran sin abandonar su medio; su acertado razonamiento lo lleva a la conclusión de que a este niño campesino era necesario enseñarle cosas que le fueran necesaria en su vida, sobre la naturaleza y la agricultura:

 

“Es necesario mantener a los hombres en el conocimiento de la tierra y en el de la perdurabilidad y trascendencia de la vida.”

“Ser bueno es el único modo de ser dichoso.

 

“Ser culto es el único modo de ser libre.

“Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno.

“Y el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza. La naturaleza no tiene, celos, como los hombres. No tiene odios, ni miedo como los hombres. No cierra el paso a nadie, porque no teme de nadie. Los hombres siempre necesitarán de los productos de la naturaleza. Y como en cada región sólo se dan determinados productos, siempre se mantendrá su cambio activo, que asegura a todos los pueblos la comodidad y la riqueza”

 

 Mucho vio el Apóstol en su tiempo de residencia en los Estados Unidos, de esa época son la mayoría de sus escritos sobre temas de educación, que abarcarán diversos aspectos que van desde lo ético al contenido de las escuelas, opinando que la educación no podía estar divorciada de la vida y que si un país quiere ciudadanos útiles y cultos, debe formarlos en base al más actualizado estudio de las ciencias, pero no en la abstracción de los libros y las fórmulas solamente, sino en su interacción con la vida. Nada debe enseñarse, sino se sabe su utilidad y para ello el alumno debía estar vinculado al taller, la experimentación, la tierra, la investigación y la práctica en sentido general.

 

 Esta escuela creadora que Martí promueve no debía formar solo al ser humano en el conocimiento de las ciencias, sino que él presta una atención especial a la formación ética y espiritual del ciudadano.

 

 Al analizar la escuela norteamericana y europea de su tiempo, critica el fruto de su sistema: alumnos “duros” preparados para la competencia en un mundo de ofertas y demandas, en los que la espiritualidad no es cualidad prioritaria.

 

 El quería que el nuevo ciudadano de América fuera más que eso, preparado para la vida científico-técnica que se avizoraba, pero conocedor de su historia, capaz de asumirla y con un basamento ético humanista y solidario.

 

 En sus escritos pedagógicos dispersos en sus obras periodísticas, por suerte hoy recopilados por varios autores como Herminio Almendros y Elsa Vega Jiménez, José Martí trata temas tan interesantes como: la relación maestro-escuela; la relación de la educación con su época, la educación de la mujer(tan polémica en su época), la educación moral, la autoctonía en la enseñanza, la educación física, la relación estudio trabajo, la educación estética, la enseñanza de la historia, la educación práctica, la formación del maestro, la educación y la ternura, la relación de la educación y la enseñanza y muchos temas colaterales que muestran a un pedagogo integral preocupado porque el hombre comprenda la sociedad humana  y la naturaleza, viva en armonía con ella y este preparado para vivir en un mundo mejor.

 

 Su ideario pedagógico mantiene hoy su vigencia en Cuba  y en todos los que le quieran seguir en el mundo, dada su manera de interpretar  la educación del hombre, de modo integral y aplicando las más avanzadas técnicas y métodos del momento. Su profunda y amplia cultura, su experiencia social, su ideal democrático y revolucionario lo hacen uno de los intelectuales a citar en cuanto a la formación del hombre en la sociedad contemporánea.

 

Para cerrar esta breve semblanza sobre esta importante faceta de José Martí nada mejor que este fragmento de su pensamiento pedagógico:

 

“Educar es depositar en cada hombre la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo, para que flote sobre él y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote; es preparar al hombre para la vida”

Educación

La carta inconclusa de Dos Ríos

Ningún documento de José Martí habla de su obra política como esta carta personal que iniciara un día antes de su muerte y que no pudo concluir aquella noche por la llegada del Mayor General Bartolomé Masó. Los que nos hemos acercado a su obra sabemos que ya todo estaba dicho y como presentimiento iluminado quiere dejar resumida su posición frente a los grandes peligros que enfrentaba, Cuba, América Latina, los pueblos, los humildes; esos peligros que desoyeron amigos y enemigos, unos subestimando aquel poderoso país, otros esperando sumarse al carro del vencedor, hablar inglés y tener la gran civilización de la cosas, de las utilidades y de consumidor. ¡Cuán cercana suenan sus palabras 114 después!, ¡qué advertencia de tanta actualidad y qué urgencia de que su prédica vaya más allá de las arengas de los políticos!

Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895.

Sr. Manuel Mercado

Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber-puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.

Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos -como ese de Vd. y mío,-más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los Imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia,-les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato y de ellos.

Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas:-y mi honda es la de David. Ahora mismo, pues días hace, al pie de la victoria con que los cubanos saludaron nuestra salida libre de las sierras en que anduvimos los seis hombres de la expedición catorce días, el corresponsal del Herald, que me sacó de la hamaca en mi rancho, me habla de la actividad anexionista, menos temible por la poca realidad de los aspirantes, de la especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta sólo de que haya un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree, en premio de oficios de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante,-la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,-la masa inteligente y creadora de blancos y de negros.

Y de más me habla el corresponsal del Herald, Eugenio Bryson:-de un sindicato yanqui-que no será-con garantía de las aduanas, harto empeñadas con los rapaces bancos españoles, para que quede asidero a los del Norte;-incapacitado afortunadamente, por su entrabada y compleja constitución política, para emprender o apoyar la idea como obra de gobierno. Y de más me habló Bryson,-aunque la certeza de la conversación que me refería, sólo la puede comprender quien conozca de cerca el brío con que hemos levantado la Revolución,-el desorden, desgano y mala paga del ejército novicio español,-y la incapacidad de España para allegar en Cuba o afuera los recursos contra la guerra, que en la vez anterior sólo sacó de Cuba.-Bryson me contó su conversación con Martínez Campos, al fin de la cual le dio a entender éste que sin duda, llegada la hora, España preferiría entenderse con los Estados Unidos a rendir la Isla a los cubanos.-Y aún me habló Bryson más: de un conocido nuestro y de lo que en el Norte se le cuida, como candidato de los Estados Unidos, para cuando el actual Presidente desaparezca, a la Presidencia de México.

Por acá yo hago mi deber. La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas, a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos, que jamás la aceptarán de un país en guerra, ni pueden contraer, puesto que la guerra no aceptará la anexión, el compromiso odioso y absurdo de abatir por su cuenta y con sus armas una guerra de independencia americana.

Y México, ¿no hallará modo sagaz, efectivo e inmediato, de auxiliar, a tiempo, a quien lo defiende? Sí lo hallará,-o yo se lo hallaré.- Esto es muerte o vida, y no cabe errar. El modo discreto es lo único que se ha de ver. Ya yo lo habría hallado y propuesto. Pero he de tener más autoridad en mí, o de saber quién la tiene, antes de obrar o aconsejar. Acabo de llegar. Puede aún tardar dos meses, si ha de ser real y estable, la constitución de nuestro gobierno, útil y sencillo. Nuestra alma es una, y la sé, y la voluntad del país; pero estas cosas son siempre obra de relación, momento y acomodos. Con la representación que tengo, no quiero hacer nada que parezca extensión caprichosa de ella. Llegué, con el General Máximo Gómez y cuatro más, en un bote en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas; cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle;-alzamos gente a nuestro paso; -siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla; los campos son nuestros sin disputa, a tal punto, que en un mes sólo he podido oír un fuego; y a las puertas de las ciudades, o ganamos una victoria, o pasamos revista, ante entusiasmo parecido al fuego religioso, a tres mil armas; seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas. La revolución desea plena libertad en el ejército, sin las trabas que antes le opuso una Cámara sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor; pero quiere la revolución a la vez sucinta y respetable representación republicana,-la misma alma de humanidad y decoro, llena del anhelo de la dignidad individual, en la representación de la república, que la que empuja y mantiene en la guerra a los revolucionarios. Por mí, entiendo que no se puede guiar a un pueblo contra el alma que lo mueve, o sin ella, y sé cómo se encienden los corazones, y cómo se aprovecha para el revuelo incesante y la acometida el estado fogoso y satisfecho de los corazones. Pero en cuanto a formas, caben muchas ideas, y las cosas de hombres, hombres son quienes las hacen. Me conoce. En mí, sólo defenderé lo que tengo yo por garantía o servicio de la Revolución. Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad. Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplame esto a mí, o a otros.

Y ahora, puesto delante lo de interés público, le hablaré de mí, ya que sólo la emoción de este deber pudo alzar de la muerte apetecida al hombre que, ahora que Nájera no vive donde se le vea, mejor lo conoce y acaricia como un tesoro en su corazón la amistad con que Vd. lo enorgullece.

Ya sé sus regaños, callados, después de mi viaje. ¡Y tanto que le dimos, de toda nuestra alma, y callado él! ¡Qué engaño es éste y qué alma tan encallecida la suya, que el tributo y la honra de nuestro afecto no ha podido hacerle escribir una carta más sobre el papel de carta y de periódico que llena al día!

Hay afectos de tan delicada honestidad…

 

 

Habla José Martí

10 de Octubre

Esta fecha para los cubanos tiene un significado especial y patriótico, ese día de 1868 se inician las luchas por la independencia de nuestra querida isla, sojuzgada por España por más cuatrocientos años había quedado como una reminiscencia colonial desde los día en que el continente entero se levantó contra el yugo de la metrópoli, por conveniencia económica de su burguesía esclavista y oportunista que prefirió la opulencia bajo el yugo que la libertad riesgosa y sin esclavos. 

 El siglo XIX fue para Cuba un tiempo de fragua y contradicciones, la isla había emergido de las contiendas revolucionarias de América, como un enclave próspero, con una poderosa burguesía, llena de títulos de Castilla, una riqueza inmensa y una cultura criolla con identidad y sentido de ser, pero lastrada por el sostenimiento de una economía  plantacionista basada en la mano de obra de miles de esclavos africanos traídos a trabajar y mantenido bajo el más duro régimen de explotación esclavista.

“La siempre fiel Isla de Cuba”, fue el título que los monarcas hispanos dieron a esta sociedad de contrastes, en la que casi la mitad de la población era esclava, mientras sus educados señores discutían sobre las libertades civiles para ellos. España supo manejar este factor esclavista como la fórmula política para impedir toda rebelión en la isla.  El temor a una rebelión masiva de esclavos, semejante a la que se produjo en Haití refrenó los ímpetus de libertad de los sectores más progresistas de  Cuba.

 Pero el cambio de circunstancias, la crisis de la industria azucarera, la sobre explotación  arancelaria de la metrópoli y la maduración de una generación más radical y conciente de su identidad de cubanos, hizo que aquel día, el rico hacendado y abogado Carlos Manuel de Céspedes, proclamara la independencia de Cuba y le diera la libertad a sus esclavos que se unieron a la lucha por la independencia.

 Durante diez años pelearon los cubanos por su independencia y en ese tiempo, fueron incorporándose a la lucha los sectores populares, incluyendo  los esclavos liberados que a más de la independencia aspiraban a la abolición total de la esclavitud en Cuba. Durante este tiempo de las filas populares surgieron los hombres que le daría otro sentido a la lucha, el mulato Antonio Maceo, líder más radical de la contienda y excelente estratega militar; Máximo Gómez, dominicano radicado en Cuba de claras ideas  e independentista sincero, también excelente estratega, y muchos otros que afianzaron en los combatiente  la necesidad de la independencia total, la abolición de la esclavitud y la instauración de una república democrática.

 En febrero de 1878, los elementos menos radicales de la Revolución aceptaron el plan de pacificación del General Arsenio Martínez Campos, a espalda del pueblo combatiente que representado por el General Antonio Maceo rechaza las condiciones del pacto y declaran su intención de seguir la guerra mientras no hubiera libertad para Cuba y abolición para los esclavos.

 Pese a ello la guerra entró en recesión, los grandes líderes partieron a la emigración y quedó pospuesta la República que había crecido en los montes, más de intenciones que de realidad.

 En 1895 se reiniciaba la guerra por la independencia, entraba  a la palestra independentista el más preclaro revolucionario cubano del siglo XIX, el llamó a esta nueva guerra, “Necesaria” y recogió en el Partido que fundó para llevar adelante esta revolución, lo más avanzado del pensamiento radical en Cuba, era José Martí.

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Los temas educativos de José Martí en la revista La América, 1884

El pensamiento pedagógico de José Martí tiene en la revista La América, editada en Nueva York, un sustento importante para desarrollar sus ideas sobre la educación para el ser humano en países como los de América Latina en los que el estancamiento de siglo de coloniaje permanecía aún a pesar de que se acercaban al centenario de su vida republicana. En su transitar por varios países de Hispanoamérica aprecia los esfuerzos reformadores de los gobiernos, pero conoce del freno de las oligarquías conservadoras, sus prejuicios para con los aborígenes, los mestizos y los descendientes de africanos, tenidos por ellos como gente de inferior clase, que se le soporta como animales de trabajo, pero se desprecia por ser freno de  la “civilización” que ellos pretendía crear al estilo de los países más avanzados de occidentes.

 

 En enero de 1884 asume la dirección de esta revista y aparece  un artículo suyo acerca de las grandes polémicas en los colegios norteamericanos sobre la implantación de la enseñanza científica y práctica a la que hace su aporte al escribir:

 

 “La educación, pues, no es más que esto: la habilitación de los hombres para obtener con deshago y honradez los medios de vida indispensables en que existen, sin rebajar por eso las aspiraciones delicadas, superiores y espirituales de la mejor parte del ser humano”[1]

 

 Concepto que completa con esta conclusión:

 

“La educación tiene un deber ineludible para con el hombre, -no cumplirlo es un crimen: conformarle a su tiempo- sin desviarle de la grandiosa y final tendencia humana. Que el hombre viva en analogía con el universo, y con su época (…)”[2]

 

 En la edición de febrero  reseña la enseñanza de los oficios en un colegio norteamericano, donde en el segundo párrafo dice:

 

“Ventajas físicas, mentales y morales vienen del trabajo manual(…)El hombre crece con el trabajo que sale de sus manos(…) el que debe su bienestar a su trabajo, o ha ocupado su vida en crear y transformar fuerzas, y en emplear las propias, tiene el ojo alegre, la palabra pintoresca y profunda, las espaldas anchas, y la mano segura, se ve que son esos los que hacen el mundo: y engrandecidos, sin saberlo acaso, por el ejercicio de su poder de creación, tienen cierto aire de gigante dichoso, e inspira ternura y respeto(…)”[3]

 

 Es evidente la importancia que da el Apóstol al trabajo como formador del ser humano y  su valor educativo en la conformación social y no como instrumento enajenante y  de explotación. Tal es su convencimiento de la importancia educativa del trabajo que escribe:

 

“Y detrás de cada escuela un taller agrícola, a la lluvia, al sol, donde cada estudiante  sembrase un árbol”[4]

 

Concepción que sirve de base a la escuela cubana revolucionaria, que potencia al trabajo como formador del “hombre nuevo” para la “sociedad nueva”, hombre culto, con una altísima preparación, pero dotado de los valores que hacen más noble al ser humano, altruismo, solidaridad, espíritu de grupo y comprometido con la construcción de la nueva sociedad.

 


[1] OC de José Martí, t. 8 p. 427

[2] Ídem

[3] Ídem, p. 288

[4] Ídem

Educación

Cintio Vitier, un martiano íntegro

 En la noche de este  1º de octubre de este año ha muerto en La Habana, Cintio Vitier(1921-2009), una de las grandes figuras de la intelectualidad cubana de todos los tiempos, hombre íntegro hizo de la eticidad un modo de vivir en su pueblo y con su pueblo, defendiendo sus principios y sin ceder ante presiones ningunas, vinieran de donde vinieran.

 

 Formó parte del grupo “Orígenes” esos que marcaron la década del cincuenta del siglo XX con su forma de buscar la cubanía en lo raigal, en medio de una república de desaliento y definiciones; los mismos que al triunfo de la Revolución se entregan vitales y creativos al proceso revolucionario y que tuvieron que soportar en ella incomprensiones y desconfianzas, que el tiempo ha permitido poner en su lugar.

 

 Cintio Vitier, junto a su esposa Fina García Marruz han hecho del estudio de la obra de José Martí, una de sus más importantes misiones y de tal entrega han surgido múltiples ensayos valorativos de su obra literaria y política que lo hacen hoy un imprescindible para el conocimiento y valoración de la figura del Apóstol y sus ideas.

 

 Los que nos hemos dedicado al estudio y divulgación de la obra martiana tenemos en sus ensayos, investigaciones y conferencias sobre el tema una fuente de consulta  caracterizada por lo atinado del concepto y la belleza de las formas para hacer llegar a todos ese legado de amor y entrega que nos dejó José Martí.

 

 Martí es para  Cintio paradigma ético y fuente viva a la que hay que acudir en busca de esa cubanía vigente y militante cuando se trata de construir una sociedad mejor, más justa, participativa y solidaria.

 

 Promovió el conocimiento de la obra de Martí en los difíciles momentos de la década del 90 en “Los Cuadernos Martianos”[1], cuadernos que fueron su aporte para el rescate de las raíces cubanas y revolucionarias que estaban en José Martí.

 

 Ese es el hombre que en la mañana de hoy será sepultado en su Cuba entrañable, el poeta de sensibilidad extraordinaria, el ensayista valiente y sapiente, el cristiano militante y sin dobleces, el consejero de muchos, el defensor  de la obra de sus compañeros de generación en “Orígenes”, el merecedor de la más alta distinción del estado cubano, la Orden José Martí, el caballero enamorado de su compañera de la vida: Un Cubano Mayor, que ya es historia.

 

 


[1] Iniciativa de Cintio Vitier para  recopilar en cuatro breves tomos, las principales obras de José Martí, dosificada de acuerdo a los niveles escolares para difundirlos en las escuelas del país de toso los niveles de enseñanza. Su impresión se realizó con el donativo popular

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