Martí Otra Visión

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Archivo de Agosto, 2009

“He aquí un gran sacerdote, un sacerdote vivo: el trabajador”

El primer encuentro de José Martí con el movimiento obrero ocurrió en México a donde llegó en 1875 después  de cursar sus estudios universitarios en España, se había separado de Cuba en 1871 tras ser juzgado y condenado por oponerse al colonialismo español en la isla. En México trabajó como periodista de la Revista Universal, se interesa por las actividades reivindicativas de los trabajadores y no pierde oportunidad para mostrar sus simpatías, “…causa un noble orgullo sentirse en un pueblo en el que muchos hombres aman ya el trabajo y van siendo capaces de cumplir su misión”,  además de ser elegido para participar en un congreso obrero convocado en 1876 por los trabajadores mexicanos.

 

 Luego será el contacto con el poderoso y heterogéneo movimiento obrero de los Estados Unidos, permeado por los anarcosindicalistas y mayoriado por los cientos de miles de emigrantes, principalmente europeos.

 

 En un primer momento sus crónicas mostraban una severa valoración de los métodos violentos de lucha de los obreros, con sus huelgas frecuentes e intensas. Su criterio irá evolucionando  en la medida que conoce al país, al capitalismo y a los trabajadores: “Se viene encima, amasado por los trabajadores, un universo nuevo”

 

 Al organizar el Partido Revolucionario Cubano para emprender la emancipación de Cuba y Puerto Rico, José Martí contactó con el organizado y patriótico proletariado cubano, asentado en la península de La Florida, principalmente en Tampa y Cayo Hueso. Eran en su mayoría obreros tabacaleros, agrupados en barrios de esas ciudades, verdaderos hervideros de cubanía, que acogieron gratamente la prédica radical y sincera del Apóstol.

 

 Los une a su labor revolucionaria y solicita su ayuda para organizar la “Guerra Necesaria” con la que se lograría la independencia de Cuba y Puerto Rico. Martí acude a los humildes, en ellos encuentra valor, patriotismo y disposición de lucha y constituye el factor principal para lograr la unidad de todos los que quieran libre a Cuba, no importa su condición social o su orientación política.

 

 La suerte de la revolución independentista que el organiza, la fía a los trabajadores, a los humildes de la emigración y de la isla y por ello dice con vehemencia: “Son como siempre los humildes, los descalzos, los desamparados, los pescadores…los que se juntan frente a la inequidad, hombro con hombro” porque, “la verdad se revela mejor a los pobres y a los que padecen”

 

 José Martí organizó la guerra de liberación nacional en Cuba a través de un Partido cuyos objetivos iban más allá de la independencia, en momentos cruciales de la historia de Cuba y de América Latina, y sufragada principalmente por los trabajadores  y la emigración revolucionaria de la isla, su  prematura muerte en combate dejó trunca sus ideas que aún mantienen su vigencia.

 

Biografía

De América soy hijo y a ella me debo

Un momento importante en la maduración política de José Martí fue su contacto con la sociedad norteamericana.  Llega a Nueva York el 3 de enero de 1880, venía de España después de haber sido deportado por el gobierno colonial español de la isla de Cuba algunos meses antes.

 

 El contacto con aquel país en pleno apogeo de su desarrollo económico fue deslumbrante, por eso escribe en  el periódico The Hour en un artículo titulado “Impresiones de América” en el que expresa: Estoy, al fin en un país donde cada uno parece ser su propio dueño. Poco a poco el conocimiento más profundo de aquel país le hará escribir un año después: (…) este país, señor en apariencias de todos los pueblos de la tierra, y en realidad esclavo de todas las pasiones de orden bajo que perturban y pervierten a los demás pueblos.

 

 En aquella nación vivió las emociones de las grandes transformaciones tecnológica, la expansión de la nación hacia el oeste, las ríadas de emigrantes provenientes de Europa, base de la vertiginosa transformación del país; luchas de los trabajadores, en su mayoría emigrantes, por mejores salarios y ocho hora de labor, acontecimientos que sirvieron para aguzar su pensamiento social, siempre al lado de los humildes; sus críticas a los métodos violentos de lucha y su comprensión paulatina de aquella gente  engañada y víctima del gran capital, es una constancia dialéctica de su maduración.

 

 En los Estados Unidos el Apóstol cubano conoció y puso al descubierto el fenómeno imperialista y advierte sobre el peligro que representaba para Cuba, las Antillas y a la larga para América Latina. El auge económico del país traía la necesidad de mercados y sus clases dominantes apuntaban hacia el dominio de las naciones de la América Latina.

 

Desde sus crónicas para los periódicos de Hispanoamérica no se cansa de mostrar las luces y las sombras de aquella nación y al organizar el movimiento independentista y liberador de la isla de Cuba, sienta sus objetivos políticos de impedir la anexión de Cuba al país del norte.

 

 Su profundo espíritu analítico y su voluntad de estudiar las interioridades de los Estados Unidos, le permitieron  llegar a conclusiones político sociales que aún hoy guardan una gran vigencia:

 

-          La unidad de los países latinoamericanos como contraparte al hegemonismo de los Estados Unidos.

-          El desarrollo cultural y económico de nuestra América como antídoto a la dominación de la nación del norte.

-          La necesidad del desarrollo desde bases propias como contrapartida a la influencia y penetración de esa cultura basada en el pragmatismo y el individualismo exacerbado

-          La esencia humanista de la  sociedad, su confianza en el ser humano y su capacidad de  ser bueno.

 

Esas y otras que se me escapan son esencias sociales de la prédica martiana, no solo contenida en documentos políticos y programáticos, sino en toda su obra intelectual y de vida.

Latinoamericanismo

¿Por qué Martí hoy?

Una de las razones de la vigencia del pensamiento de José Martí está dada por la contemporaneidad de sus ideas, que nos permite acudir a él, no como fuente literaria únicamente, sino como hombre de estos tiempos que está a nuestro lado para enfrentar los retos de la humanidad de hoy.

 

 En su obra vamos de asombro en asombro, unas veces sintiéndonos aludidos, otras encontrando respuestas y las más de las veces comprometiéndonos. El escritor que hay en Martí no solo es revolucionario porque innova en cuanto a las formas, sino porque expresa una nueva visión de la realidad.

 

 En sus escritos siempre hay una estrecha relación entre lo ético y lo estético, para él no hay separación entre la belleza del contenido y la profundidad de lo que se dice y el compromiso con lo que defiende. El poeta, el periodista, el intelectual es el mismo líder de los cambios que propugna para su país, su gente, la humanidad. “Patria es humanidad”, expresó alguna vez y no dejó por regionalismos estrecho de pensar en su América, Nuestra América.

 

 Su concepción de lo revolucionario está dada por la capacidad del hombre de ser vanguardia, marchar junto a lo nuevo, servir a las mayorías, ser heraldo del futuro y auténticamente nacional al mismo tiempo que solidario con todos los seres humanos.

 

 Su obra intelectual va dirigida a resaltar los valores autóctonos de  Latinoamérica, frente a corrientes que en su época y en esta, se empeñan en imitar culturas ajenas, tan solo por considerarlas superiores a la propia.

 

 En su viseral ensayo “Nuestra América” se ocupa de dejar claros sus hitos culturales para un mundo nuestro, nuevo y posibles:

 

“La historia  de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria…

 

“Injértese en nuestras  repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas…

 

“Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!

 

“…el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero…”

 

Este es nuestro José Martí.

Latinoamericanismo

José Martí por la independencia de Las Antillas

Si una llamó a la América Latina, una y muy importante, consideró a las tres Antillas hermanas, esas que, “(…) se tienden los brazos por sobre los mares y se estrechan ante el mundo, como tres tajos de un mismo corazón sangriento, como tres guardianes de la América cordial y verdadera, que sobrepujará a la América ambiciosa  como tres hermanas”.

 

En un escrito aparecido en el periódico Patria, en mayo de 1892, dedicado a homenajear al puertorriqueño Román Baldorioty Castro, Martí analiza con razones contundentes la necesaria unidad que ha de existir entre las tres grandes islas por donde comenzó la conquista de América, expresa el dilema político de Las Antillas, si libres bastión de la dignidad de Latinoamérica, si sometidas a las apetencias yanquis, punta de lanza de la ambición imperial norteamericana.

 

 “No parece que la seguridad de las Antillas, ojeada de cerca por la codicia pujante, dependa tanto de la alianza ostentosa, en lo material insuficiente, que provocase reparo y justificara la agresión como de la unión sutil y manifiesta en todo(…) de las islas que han de sostenerse junta, o juntas desaparecer en el recuerdo de los pueblos libres”

 

Martí no alienta la formación de una República Antillana, sobretodo por los recelos que levantaría esta idea en las oligarquías locales y más aún en los Estados Unidos, que como bien dice él, tendría pretexto para una agresión. Pero sí las exhorta a la solidaridad y unidad “sutil y manifiesta” en “todo” para seguir siendo libres.

 

  Desde Nueva York, sigue la política de la naciente potencia imperialista, se da cuenta de que esta expansión dominadora de la oligarquía norteamericana pasa en primer lugar por el dominio de Las Antillas, concepción que en términos geopolítico, en su época, abarcaba a las islas mayores del archipiélago caribeño, y que el peligro inminente se cernía sobre Cuba y Puerto Rico, restos del imperio colonial español.

 

 Por eso denuncia ante los pueblos de Nuestra América y el mundo las no disimuladas pretensiones hegemónicas de los Estados Unidos:

 

“(…)Walker fue a Nicaragua por los Estados Unidos; por los Estados Unidos, fue López a Cuba Y ahora cuando ya no hay esclavitud con que excusarse, está en pié la liga de la Anexión; habla Allen de ayudar a la de Cuba; va Douglas a procurar la de Haití y Santo Domingo; tantea Palmer la venta de Cuba en Madrid; fomentan en Las Antillas la anexión con raíces en Washington,(…) dan cuenta incesante los diarios del norte, del progreso de la idea anexionista(…)”

 

 La independencia de Cuba ya no es para José Martí solo un problema nacional, sino el cumplimiento de una necesidad política y social que consolidará la existencia misma de América Latina ante el peligro hegemónico que representa los Estados Unidos, ideas que quedan clara en los comentarios de la prensa yanqui de la época y que Martí cita de forma advertidora, “(…)¿En que dirección se ha de mover nuestra bandera?, dice el Sun en un artículo odioso, “sobre el norte, o sobre el sur, o sobre alguna de las Antillas?”

 

 Ya por estos años había comenzado la intervención abierta de los Estados Unidos en los asuntos internos de los pueblos de la región, la República de Haití era víctima de estas intrigas para arrebatarle parte de su territorio y crear una base carbonera en la península de San Nicolás, cruce estratégico de los mares del Caribe. Era el antecedente de la tristemente célebre política del “Gran Garrote” que se enseñoreó por estas tierras a principio del siglo XX. Martí siguió las noticias de la intromisión de los norteamericanos en los asuntos internos de Haití y nos habla de cómo apoyaron con recursos y armas al sublevado Hipolite hasta derrocar al gobernante legítimo.

 

 Por Cuba, por América Latina, se esfuerza Martí por lograr la unidad de los cubanos para “(…) impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América”, esa es la tarea titánica que se impuso y más difícil aún fue  hacerse entender por los que veían en la nación del norte el modelo posible para nuestros países.

 

  Las Antillas son vistas por José Martí como el fiel de América, el equilibrio entre los dos conglomerados sociales desarrollados a partir de la colonización, poblados por gente muy disímil y con un desarrollo económico y social marcadamente muy diferente: al norte la nación industrializada, fuerte, autosuficiente y ambiciosa, producto de siglos de desarrollo capitalista; al sur, aletargadas y desunidas, las repúblicas románticas, fruto de la codicia usurera del español, que apenas vio en América la fuente de su enriquecimiento y destruyó culturas, trajo una oleada de esclavos y sin proponérselo  creó un crisol de pueblos.

 

  Dentro de este modelo de unidad, había una prioridad básica, la independencia de Cuba y Puerto Rico por ser “(…) indispensables para la seguridad, independencia y carácter definitivo de la familia hispanoamericana en el continente donde los vecinos de habla inglesa codician la clave de las Antillas para cerrar en ellas todo el Norte por el istmo y apretar luego con todo este peso por el Sur”

 

 Aquella preocupación obsesiva, aquellas valientes advertencias, que no solo iban en cartas privadas, sino que también fueron escritas en artículos y ensayos periodísticos, fungieron como  Oráculo americano que dejó entrever lo que ocurriría en América Latina y en las Antillas en particular, tras la intervención de los norteamericanos en la guerra de independencia de Cuba, y fue el Caribe el lago privado de las cañoneras yanquis, que ocuparon Cuba y dejaron la Enmienda Platt, convirtieron a Puerto Rico en un eufemístico Estado Libre Asociado, desembarcaron en Santo Domingo, Haití y Nicaragua, imponiendo su ley y exigiendo sus cobros; se adueñaron del istmo de Panamá y levantaron el canal interoceánico y aplicaron de forma altanera y descarada su política de conveniencia en las Repúblicas Centroamericanas convertidas en las descoloridas “Repúblicas Bananeras”. Era la triste consecuencia que previó Martí con la expansión imperial y que resumió en estas palabras:

 

“Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo”

 

Antimperialismo, Latinoamericanismo

José Martí, su descubrimiento de América

La presencia de José Martí en los países latinoamericanos le descubre a este hombre de pensamiento abarcador y sagaz una realidad nueva con la cual se va a identificar desde un principio. Hombre de gran cultura y pensamiento avanzado José Martí se enfrenta a una Hispanoamérica subvalorada por sus propios hijos muy en especial por su clase intelectual y política que cree vivir  una especie de fatalismo cultural por el hecho de haber nacido en naciones nuevas, con realidades nuevas, pero que ellos identifican casi unánimemente como zonas de barbarie e incivilización.

 

 En José Martí se da un acercamiento maduro a las concepciones de una América Latina con personalidad propia y llena de cualidades sociales y espirituales capaces de llenar de orgullo a sus hijos cuando la descubren y valoran. Con una historia propia nacida de sus raíces aborígenes con sus cumbres en las culturas maya, azteca e inca; mezclada de forma dramática con las culturas occidentales y africanas, de las cuales nace una fuerza nueva, con las cualidades de su herencia  y las dificultades de sus prejuicios.

 

 Allí atisbó Martí, pegado al pulso de México, las huellas de una humanidad nueva que había crecido en esta parte del mundo, razas maltratas y preteridas, humilladas por el orgullosos europeos siempre pensando ser los dueño de la civilización. Asombrado de las ruinas que dejaron sus antepasados se fue llenando de un sentido de pertenencia que crece en la medida que son mayores sus contactos con otros pueblos de la dormida América, esa que poco a poco pasó a ser Su América, Nuestra América.

 

 En medio de este aprendizaje de identidad conoce los complejos de la intelectualidad hispanoamericana, deslumbrada con una cultura europea que añora para sí y avergonzada de su indiada, sus negros y su mestizaje.

 

 En medio de este rico y confuso medio social, Martí comprende que no habrá nación, ni identidad en América Latina, si estos pueblos y en especial su intelectualidad, no asume toda su herencia cultural, con sus grandezas y nimiedades, sus orgullos y sus bochornos, para crecer con unos y otros, como patria nueva de intereses comunes.

 

 De estas meditaciones nace su ensayo “Nuestra América” (1/1/1891), ese gran manifiesto cultural e identitario que no caduca y que define como ningún otro documento suyo, sus ideas sobre América Latina y su futuro.

 

 La primera advertencia del documento es contra el “caudillismo”, fenómeno muy arraigado  en Latinoamérica y que convierte a los países y territorios de esta parte del mundo en feudos y fincas particulares: “Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifiquen al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal”

 

 

 Continua su análisis advirtiendo sobre los peligros que acechaban a estos pueblos dado por el desarrollo de los países capitalistas y en particular de los Estados Unidos, país donde vivía: “Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas de almohada (…): las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas, valen más que trincheras de piedras”

 

 En un segundo párrafo aborda la unidad como factor necesario para alcanzar objetivos mayores: “Los pueblos que no se conocen, han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos (…) Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”

 

 El tercer párrafo está dedicado a fustigar a los que reniegan de su América y de su cultura en lenguaje muy sarcástico: “¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que lo crió, y reniegan, bribones, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades”

 

 A continuación Martí hace un análisis minuciosos sobre los problemas sociales de América Latina y las formas más adecuadas de gobernar y hacer avanzar a esos pueblos: “La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglo de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia(…) “El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país”

 

 Dedica un espacio a analizar la relación entre los intelectuales y el pueblo, entre los que se apegan a las raíces autóctonas y los extranjerizantes: “Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”, y concluye razonando que el buen gobierno en América no es el que aplica el código extranjero, sino las leyes que se avengan al espíritu nacional: “Gobernante en un pueblo nuevo, quiere decir creador”

 

 Más adelante resume en una frase el vital tema de la interinfluencia cultural: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas (…)”

 

 Análisis apasionado y poético, recuento en símiles y metáforas de la historia de América Latina y  apretado resumen para llegar a la esencia de sus errores: “La colonia continuó viviendo en la república; y nuestra América se está salvando de sus yerros: -de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importancia excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen”

 

 Su inmensa fe en los pueblos de Hispanoamérica lo lleva a expresarse con seguridad y optimismo sobre las posibilidades del hombre de nuestros países: “Crear, es la palabra de pase de esta generación. El vino de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!”

 

 Al final de su ensayo Martí hace una advertencia sobre el peligro que representa para América Latina, la otra América, emprendedora, pujante, ambiciosa, que nos desprecia y desea someter. Ante este peligro él antepone la superación de los problemas que frenan a las naciones latinoamericanas; la unidad y la integración en un solo pueblo para enfrentar este reto.

 

 El tema de Hispanoamérica es uno de los temas cardinales en la obra martiana y a él vincula la independencia de Cuba de gran importancia estratégica en el desarrollo o fracaso de los planes expansionistas de Estados Unidos, esas ideas quedan claras en su carta a Manuel Mercado, horas antes de caer en combate,  justamente para impedir a tiempo que los Estados Unidos cayeran con esa fuerza más sobre los pueblos de América.

 

 Renacen hoy estas ideas que en apretada síntesis resume el Apóstol en su ensayo mayor, Nuestra América, hoy más que nunca vive Martí y anda de cabalgada con los pobres de la tierra, del brazo de los nuevos tiempos en que los pueblos mestizos de esta América ya se dan cimiento nuevo para levantar un mundo mejor, más justo, equitativo y participativo.

 

 Esta es la lectura contemporánea de José Martí, afincado en el corazón de los más humildes y enriqueciendo a la América Nueva con prédica de hoy que espera no ser demagogia de partidos sino programa de cambios.

Latinoamericanismo

José Martí latinoamericanista

José Martí es el Apóstol de nuestra independencia, es una figura que todos los cubanos y los latinoamericanos debemos conocer. Él fue un hombre muy preocupado por los destinos de la América que había sido colonizada por los españoles, esa que hoy conocemos como América Latina y él llamó Nuestra América.

 

¿Por qué la llamó Nuestra América? Él decía que la América de habla hispana era una sola, con muchas cosas en común entre nuestros pueblos y muy diferentes a la América de habla inglesa, que era la otra América, con otros intereses, cultura y costumbres.

 

 A lo largo de buena parte de su vida José Martí escribió mucho para los periódicos de los países de América Latina: Argentina, Venezuela, México, etc. Y siempre trató de enseñarles a los pueblos de esos países, cómo era la vida en los Estados Unidos, de que forman vivían, sus preocupaciones por el dinero y la falta de sentimientos elevados como la solidaridad,  el desinterés material, altruismo, la filantropía o la generosidad, como cualidades  de la sociedad.

 

 Les advirtió que en ese país había hombres poderosos que querían dominar a las naciones de Latinoamérica y someterlas política y económicamente, así como arrebatarle sus riquezas. En los social esta clase rica de esa nación, veía a las sociedades de Nuestras América como inferiores, incapaces de trabajar para desarrollarse e interesados solo por las diversiones y el placer.

 

 Por esta razón Martí abrazó la idea bolivariana de unir a todos los países de América Latina en una sola nación para poder avanzar e impedir ser dominados por el “norte revuelto y brutal que nos desprecia”, como el calificó a los Estados Unidos.

 

 En su última carta al mexicano Manuel Mercado, el 18 de mayo de 1895, un día antes de caer en combate, Martí le expresó a su amigo sus preocupaciones políticas, por las intenciones del imperialismo yanqui para dominar a nuestros países y le dice: “Cuanto hice hasta hoy y haré es para eso”…”viví en el monstruo y le conozco su entrañas y mi honda es la de David”

 

 Ese es nuestro José Martí el hombre que no solo luchó por liberar a Cuba del colonialismo español, sino para impedir que los norteamericanos dominaran a la América Latina, esa que él quería próspera, feliz y unida y que hoy recoge su honda para enfrenta al “Gigante de siete leguas”

 

Latinoamericanismo

Un partido para la independencia

Para José Martí ahora ya no era solo la urgencia de la independencia de Cuba, sino impedir la anexión a los Estados Unidos y tratar de frenar las ambiciones hegemónicas de esa nación sobre América Latina, eso ya estaba claro para él en 1891.

 

  El partido que el proyectaba era coronación del trabajo político de toda su vida y por eso desde fecha tan temprana como 1882 le dice a Máximo Gómezí, el Partido  no es producto de la “(…) vehemencia pasajera, ni del deseo vociferador e incapaz, ni de la combinación temible, sino del empuje de un pueblo aleccionado, que… el mismo Partido proclama, ante de la Revolución su redención de los vicios que afean al nacer la vida republicana”

 En enero de 1892 José Martí se reúne en Nueva York con los dirigentes de la Convención Cubana y les presenta el borrador de las Bases del Partido Revolucionario Cubano (PRC). Esos documentos serán discutidos por los representantes de los Clubes Revolucionarios Cubanos radicados en los Estados Unidos. Se aprueban las bases y los estatutos y se crea la Comisión Recomendadora de los documentos que preside el propio José Martí.

 

 Las Bases del Partido proclaman que el objetivo primero del mismo era lograr la independencia de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico.

 

 El ordenamiento dentro de una guerra generosa y breve, encaminada a asegurar en la paz y el trabajo, la felicidad de los habitantes de la isla.

 

 Unir a todos los revolucionarios y recaudar los fondos necesarios sin compromisos inmorales ni con hombre, ni entidad alguna.

 

Cumplir en la vida histórica del continente, los deberes difíciles que su situación geográfica  le señale.

 

 Fundar un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer  los peligros de la libertad, restaurar la hacienda y salvar al país de los peligros internos y externos que lo amenacen.

 

 Como se puede observar al leer los objetivos del PRC, no es solo la independencia lo que propone fomentar esta organización revolucionaria, sino que como tareas importantes e impostergables se propone impedir la anexión de Cuba a los Estados Unidos y contribuir a la creación de una República equitativa en la que se cumpliera la máxima martiana de con todos y para el bien de todos”, razón por la cual su constitución fue una factor de unidad nacional de todos los que querían no solo una patria libre, sino para todos sin distinción de riquezas, ni razas, y en la cual las posibilidades fueran iguales. La no mención directa de los Estados Unidos eran razones estratégicas para poder desarrollar el movimiento en el territorio de esa nación que cumplía una neutralidad cómplice acorde con sus intereses.

 

El 14 de marzo de 1892 se funda el periódico PATRIA dirigido por José Martí, tribuna de la independencia y de todos los cubanos honestos que quisieran expresarse. Jugó un importante rol en el trabajo de preparación y organización de la Revolución Liberadora Cubana convocada por el Apóstol.

 

  El 8 de abril José Martí es elegido Delegado del PRC a propuesta de los clubes de Tampa, Cayo Hueso y Nueva York, acompañado por Benjamín Guerra como Tesorero.

 

 Finalmente se acuerda proclamar oficialmente al PRC el 10 de abril de 1892, en el aniversario 23 de la Asamblea de Guaimaro, que proclamó la primera República en Armas en Cuba.

 

Biografía

José Martí contra los Estados Unidos

 

 El 24 de mayo de 1888 el presidente de los Estados Unidos “invitó” a  los gobiernos de los países hispanoamericanos independiente a una conferencia internacional en Washington, para estudiar, entre otras cosas, la adopción  de una moneda común de plata, de uso forzoso en las transacciones comerciales recíprocas entre los estados de América.

 

 El 7 de abril de 1890, los Estados Unidos de América propone establecer una unión monetaria internacional que tuviera como base  una o más monedas internacionales, uniformes en peso y ley, que pudiesen usarse en todos los países representados en esta conferencia.

 

 El 30 de marzo de 1891 un  diplomático de origen cubano presenta un informe a nombre de Uruguay en la Conferencia Monetaria Internacional de Washington, es José Martí quien hace un informe brillantísimo, primero en castellano y después en inglés, recomendando el bimetalismo y recordando de paso que no es “el oficio del continente americano restablecer con otro método y nombre el sistema imperial por donde se corrompen y mueren las repúblicas”

 

 Martí rechaza las opiniones de la delegación de los Estados Unidos, que aspiraba a la creación de una moneda internacional de plata, propone  la creación de un sistema de monedas uniformes, que harían más morales y seguras las relaciones económicas de los pueblos. Hace una caracterización de los EE.UU. y del peligro que representaba para América las intenciones de ese país.

 

 En ese discurso hace un llamado a que prevalezca, tanto en el comercio como en la política, la paz igual y culta y que todo cambio de moneda futuro debía hacerse en acuerdo con todos los países implicados.

 

 En esa misma comparecencia llamó la atención sobre otros aspectos del intercambio desigual entre las naciones de América, al decir “quien dice unión económica dice unión política” y “el pueblo que compra manda”

 

 Tan ardua fue su batalla que su débil salud se quebranta en aquel “invierno de angustia” de 1890 con la presión del convite de los Estados Unidos, en que por ignorancia, o por fe fanática, o por miedo, o por cortesía, se reunieron en Washington, bajo el águila temible, los pueblos hispanoamericanos” y nacieron sus testimoniales “Verso Sencillos” (1891) y escribió  “Nuestra América”(enero 1891), su ensayo más completo sobre América Latina y que comentaremos en otra oportunidad.

 

Antimperialismo, Biografía

El crecimiento de un líder

 El período  que media entre 1882 y 1887 fueron años de consolidación intelectual de un hombre que en lo político ya tenía definida su línea de idea, Cuba y su independencia, que desarrolló una intensa actividad diplomática, al presidir los consulado de Uruguay, Paraguay y Argentina en Nueva York, que tradujo para la firma Applenton, libros del francés y el inglés para el español y que consolidó un prestigio intelectual que puso en función de esos grandes objetivos políticos que se propuso.

 El 10 de octubre de 1887  pronuncia en Nueva York un importante discurso ante la emigración cubana que marca su regreso a las gestiones conspirativas para lograr la independencia de Cuba, desde ahora nada lo detendrá. En noviembre lo nombran presidente de la Comisión Ejecutiva para organizar los trabajos revolucionarios con esos fines, entra en contacto con los revolucionarios cubanos en Cayo Hueso y días después invitan a Máximo Gómez y Antonio Maceo a sumarse a este proyecto emancipador.

 Serán años de cabildeo y voluntad férrea por lograr  que todos los que quieran la independencia de Cuba se unan bajo una sola organización  que desde 1882 le ha dicho a Máximo Gómez, debe existir para impedir un peligro mayor, la anexión a los Estados Unidos, debido a las intenciones de aquellos que no querían perder sus privilegios, aunque ambicionaban librarse de España.

 Por eso expresa la necesidad de crear un Partido que aúne a los que quieren la libertad, como modo de atajar a los anexionistas que desean: “una libertad cómoda” para salvar “(…) a la par su fortuna y su conciencia”

Para alcanzar estas metas desarrolló un gran esfuerzo organizativo, convenciendo y despejando dudas de sus intenciones; limando asperezas y contradicciones y apoyándose en el legado libertario de los hombres que  habían iniciado el camino de libertad que él pretendía continuar. El resultado de este titánico esfuerzo fue la creación,  del Partido Revolucionario Cubano (PRC).

 Esos años se caracterizaron por la prédica incesante del Maestro en su empeño por unir a todas las fuerzas revolucionarias dentro y fuera de Cuba; sus incesantes contactos personales o a través de correspondencia, con las principales figuras de la anterior guerra. El peregrinaje por las tierras de América y el Caribe en busca de apoyo a la causa de Cuba y sobre todo por su prédica dentro de los Estados Unidos, con los núcleos de emigrados que conformarían posteriormente las bases del PRC.

Tras la invitación de los emigrados de Tampa para que hablara en el Club Cubano de esa ciudad, Martí llega a ella el 25 de noviembre de 1891 y se dirige a los tabaqueros el 26 de ese mismo mes, esta comparecencia suya es conocida como el discurso “Con todos y para el bien de todos”,  en el que traza las líneas programáticas del futuro partido y la revolución independentista. Al día siguiente en la conmemoración del décimo  aniversario del fusilamiento de los estudiantes de Medicina, Martí vuelve a dirigirse a lo emigrados y su discurso se recoge como “Los pinos nuevos”. Estas comparecencias de Martí marcan  el momento de inicio del auge del movimiento revolucionario que culminaría con la creación del PRC  y la reorganización de las luchas independentistas, que el llamó “Guerra Necesaria”

Biografía

Con los pobres de la tierra (II)

 Terminados sus estudios se traslada a México (enero de 1875)  lo espera su familia paterna, allí hará carrera como periodista y afianza un prestigio intelectual que lo hará habitual en las tertulias de la capital mexicana y sus teatros. En México se enamora de una joven cubana y con ella se casa el 20 de diciembre de 1877, poco antes ha tenido que dejar México, la llegada al poder de Porfirio Díaz es el motivo principal de su retiro a Guatemala donde lo reciben favorablemente la intelectualidad y los funcionarios del gobierno, conociendo su ilustración y sus dotes para el discursos y la palabra escrita. Su folleto “Guatemala”, escrito al calor de la noble acogida de este pueblo, es un atisbo de cuánto espera el de su América mestiza, esa que ya conoció en México y que  poco a poco crece en su corazón por su historia, su autenticidad y grandeza, negada en muchos casos por los propios intelectuales de estas tierras, avergonzados de tanto indio descalzo y tantas costumbres “añejas”.

 En 1878 regresa a Cuba, había terminado la guerra y se le permite establecerse en La Habana, su esposa viene embarazada y en noviembre de 1878 nace su hijo único, José Francisco Martí Zayas Bazán, a quien dedicara su primer poemario impreso, “Ismaelillo”, razón por la cual muchos le llamaron de esta manera. Este poemario es capital en la poesía martiana, versos fundacionales que los modernista asumen como en la raíz del movimiento que encabezó Darío, que llamó a Martí, Maestro.

 Pero Martí en medio de sus alegrías tiene un gran dolor, Cuba sigue siendo colonia y la mayoría de los intelectuales habaneros creen que la vía de las reformas resuelve los problemas de Cuba, por eso conspira y se une a los pocos que creen en la independencia y  las autoridades españolas lo vuelven a deportar a España (septiembre de 1879)

 Breve fue su estancia en España, en enero de 1880 llega Nueva York para unirse al movimiento conspirativo que dirige una nueva insurrección en Cuba y que tiene sus bases en la fuerte colonia cubana de Nueva York. Pocos meses después fracasa el intento y le toca a él asumir el triste papel que nunca quiso para sí, llamar a los insurrectos a deponer las armas, esto le ganó enemigos, sembró desconfianzas y dividió a los cubanos del exilio patriótico. Es ahora un hombre decepcionado, desconocido, con un gran talento y una enorme voluntad para llevar adelante sus planes organización de un nuevo movimiento independentista en Cuba. El tiempo, su constancia e inteligencia, se unirían a esos factores históricos que hacen posibles los cambios en un pueblo que los necesitaba y que ya había luchado por ellos.

 En 1882 permanece seis meses en Venezuela, período de intenso estudios de la historia y la realidad de su América, del contacto con intelectuales liberales de ese y otros países y de confrontar con un dictador como Guzmán Blanco que finalmente lo expulsa en julio de 1882. De esa etapa el aprendizaje y el compromiso con los suyos, que ya no son solo los cubanos, sino los hispanoamericanos.

 Regresa a Nueva York y reemprende una intensa colaboración con  periódicos del continente, El Nacional en Caracas, La Nación en Buenos Aires y El Liberal en México, base para que otros difundas sus crónicas y ensayos sobre la actualidad del mundo y de los Estados Unidos, con una mirada moderna, objetiva y siempre con la idea fundamental de dar a conocer mejor en estas tierras de América, la realidad del capitalismo tanto en Europa como en los Estados Unidos (“Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”), mostrando luces y sombras, contrastando y tomando distancia del elogio adulón de algunos intelectuales en el continente.

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