Inmigración y Literatura

de la Argentina y el mundo

 

Inmigración y Literatura

Centro Asturiano de Buenos Aires

Colectividades Argentinas, Inmigración y Literatura

1a Biennal of Italy Creativity

Inmigración y Literatura

Memorie Migranti

Museo dell’Emigrazione Pietro Conti

Inmigración y Literatura

América

Donde brilla el tibio sol
con un nuevo fulgor
dorando las arenas
Donde el aire es limpio aún
bajo la suave luz
de las estrellas
Donde el fuego se hace amor
el río es hablador
y el minte selva
Hoy encontré un lugar
para los dos en esta nueva tierra.

América, América
todo un inmenso jardín
esto es América.
Cuando Dios hizo el edén
pensó en América.

Cada nuevo atardecer
el cielo empieza arder
y escucho el viento
que me trae con su canción
una queja de amor
como un lamento
El perfume de una flor
el ritmo de un tambor
en las praderas
danzas de guerra y paz
de un pueblo que aún
no ha roto sus cadenas

América, América
todo un inmenso jardín
esto es América.
Cuando Dios hizo el edén
pensó en América

Nino Bravo

Fuente: musica.com
Inmigración y Literatura

Un poema de Luigi Muccitelli

AMORE D’UN SOGNO INCARNATO

(Dedicata alle donne del mondo che nella vita soffrirono
ma amarono il proprio uomo e la famiglia)

Amore, amore, amore sognato,
dolce incorporeo, impalpabile fluire
della mia inesauribile sorgente magnetica
al di sotto dello stagno cristallizzato
nelle torbidi gelide stagioni di solitudine.
Niente confortava il mio precario vivere
fantasma trascinato per sentieri bui
con la paura lancinante di sprofondare
nell’abisso invisibile del destino.
Poi tu, solo tu, apparisti improvvisa
con la tua luce solare e mi penetrasti,
incidesti la mia dura crosta refrattaria,
con soave tenerezza, paziente, sicura, al fine
di prorompere dal varco facendo scoccare
la scintilla intrappolata e squarciare
la tenebrosità, scacciare ogni mia paura
inculcata negli angoli bui del mio essere.
Un essere triste, privato dell’amore,
usurpato dei valori ancestrali,
senza un bagaglio terreno, errante
per impervi sentieri del mondo,
piccolo uomo scudisciato ad ogni passo,
con le tempie martellanti a dismisura
da un irreale sogno d’amore stellato,
in una vittoria esaltante sul destino.
Mentre tu, con fede mai sopraffatta,
nel tormento, annotavi con inumidita grafia
le ore, i giorni, i mesi, gli anni preceduti
all’attimo dell’impatto con la felicità.
Eppure, non leggesti, giammai,
il mio poema scritto nel cuore, senza parole,
con la passione, il fuoco che ardeva tutti
i miei pensieri, senza cenere, resi brace
incandescente di vulcano.
E tu capivi, tacevi, accettavi, sopportavi,
rabbrividivi al dubbio che il tuo vero amore
non fosse corrisposto, mentre sconoscevi
quanto immateriale fosse la mia decisione
d’averti compagna, autentica, confortante.
Tu che potevi scegliere fra tanti amori diversi
perseguisti il solo amore chiodato nel tuo petto.
Quanti anni abbiamo vissuto, quanta pena
t’ho procurato, quanti ostacoli superati,
inciampando, rialzandoci, proseguendo
ostinati nell’armonizzare la tua semplice
vita di donna, di madre, di nonna,
con i miei sogni mai offuscati dagli angeli
svaniti al bagliore della luce divina
negli attimi del dormiveglia.
Amore, amore d’un sogno incarnato, il nostro,
unico, raro, scritto nel grande libro celeste,
da leggere e rileggere nell’eternità.

AMOR DE UN SUEÑO ENCARNADO

(Dedicada a las mujeres del mundo que en la vida
sufrieron pero amaron su propio hombre y la familia)

Amor, amor, amor soñado,
dulce, incorpóreo, impalpable fluir
de mi inacabable surgiente magnética
debajo del estanque cristalizado
en turbias gélidas estasiones de soledad.
Nada confortaba mi precario vivir
fantasma trajinado por senderos obscuros
con miedo tajante de derrumbar
en el abismo invisible del destino.
Pues tú, sólo tú, apareciste improvisa
con tu luz solar y me penetraste,
cincelaste mi dura costra refractaria,
con suave ternura, paciente, segura, al fin
de prorrumpir por el paso haciendo estallar
le centella entrapada y quebrar
la tenebrosidad, echar cada miedo mío
insinuado en ángulos obscuros de mi ser.
Un ser triste, privado del amor,
usurpado de valores ancestrales,
sin un bagaje terreno, errante
por altos senderos del mundo,
pequeño hombre con latigazos en cada paso,
con las sienes golpeadas en desmedida
por un irreal sueño de amor estrellado,
en una victoria exaltante sobre el destino.
Mientras tú, con fe nunca vencida,
en el tormento, anotabas con humedecida grafía
las horas, los días, los meses, los años precedidos
al rato de impate con la felicidad.
Y aún, no leiste, jamás,
mi poema escrito en el corazón, sin palabras,
con la pasión, el fuego que quemaba todos
mis pensamientos, sin ceniza, hechos brasa
incandescente de volcán.
Y tú comprendías, callabas, aceptabas, aguantabas,
temblabas en la duda que tu verdadero amor
no fuera correspondido, mientras desconocías
cuanto inmaterial fuera mi decisión
de tenerte compañera, auténtica, confortante.
Tú que podías elegir entre tantos amores diferentes
perseguiste el solo amor clavado en tu pecho.
Cuantos años hemos vivido, cuanta pena
te he procurado, cuantos obstaculos superados,
caendo, levantandonos, siguiendo
obstinados en armonizar tu sencilla
vida de mujer, de madre, de abuela,
con mis sueños nunca oscurados por los ángeles
desvanecidos al relámpago de luz divina
en los ratos de dormidera.
Amor, amor de un sueño encarnado, el nuestro,
único, raro, escrito en el grande libro celeste,
de leer y releer en la eternidad
Inmigración y Literatura

UN PUENTE AZUL

A. B. C. DEL PARTIDO DE CORCUBION

INVITA A USTED A LA PRESENTACION DEL LIBRO

DE NUESTRA SECRETARIA DE ACTAS
CONSUELO BERMUDEZ.

PRESENTARÀ Y COORDINARÀ
RAMÓN SUAREZ “O MUXO”

DISERTARAN CARLOS AMEIJEIRAS, PRESIDENTE DE LA INSTITUCION,
Y LA ESCRITORA MARITA RODRIGUEZ-CAZAUX

EXPONDRÀN ADEMAS SUS TRABAJOS ARTISTICOS,
LOLA Y MUCHA BERMUDEZ

SABADO 31 DE AGOSTO A PARTIR DE LAS 16 HS
EN EL SALON “A CORUÑA” DE NUESTRO RECREO SOCIAL
DE BARTOLOME CRUZ 1871, VICENTE LOPEZ

Inmigración y Literatura, Inmigrantes y Exiliados Destacados

EL SUEÑO VUELTO REALIDAD

(Historia de Emigrantes Europeos de 1900)

Luis, sencillo muchacho de un pueblo italiano, donde la gente seguía en milenaria pobreza, usurpada hasta en el alma, había soñado ardientemente aquel momento; casi no creía que hubiera llegado y un fuerte temblor sacudía todo su escarnecido cuerpo. Parecía que dos poderosas manos le habían agarrado sacudiendole despiadamente. Había obtenido el sello por la Embajada de Venezuela para salir hacia su fantasticada adventura en seguir las huellas de su padre quien no daba noticias desde siete años. Era el 1957, época en que centenares de jóvenes se iban a suramérica o Australia pudiendo pagar altos gastos a un agente de viajes quien, hasta falsificando pasaportes, procuraba la documentación necesaria y el pasaje en barco, muchos firmando cartas de deudas con los bancos locales, pues dejandolas a los responsables de familia. Él no tenía posibilidad financiera alguna, tampoco una familia que pudiera empeñarse por el préstamo, y el padre quedaba envolvido por el silencio, sin nunca pensar en llamar al hijo abandonado a los diezysiete años.

Por casualidad, Luis supo que en Roma había una entidad de gobierno llamada C.I.M.E. (Centro Italiano Migración Europea), oficina encargada de coordinar los flujos de obreros, requeridos al extranjero, según pedidos de necesidad en cada país, entonces, abiertos a trabajadores especializados. Así, siendo calificado electricista, también de marina militar, no perdió tiempo, sabiendo moverse autónomamente, dirigiendose enseguida a aquella sede, afortunadamente atendido con mucha comprehensión, evaluando directamente su petición y en pocos días, después de un control médico a su constitución física, le concedieron el bienestar.

Era el mes de julio y, a pesar del sol fuerte y muy caliente, él se sentía atravesár por un gélido flúido rociado a su corazón que aleteaba fuerte, como para salirse de su pecho.Pues, una llamada de calor placó su temblor, como le acaecía cada vez que debía enfrentar un viaje hacia el incógnito.Fue a despedirse de su abuelo, el único cariño que le quedaba, de la que una vez fue una numerosa familia patriarcal. Su jóven y bella madre había muerto casi  diez años antes, quebrando todos sus sueños, y dos años después el padre se había ido a suramérica para buscar mejor suerte, sin dar más noticias de él, propio en el país donde soñaba de llegar para construirse una nueva existencia, lejos de su pueblo hundido en historias de miserables sin alguna luz al horizonte.

Su abuelo, hombre fuerte y musculoso que trabajaba de toda la vida, un gigante, también de bondad, le abrazó con las lágrimas en los ojos y sólo le dijo: “Acuerdate, yo tuve directa experiencia, cada país es mundo, y tú eres jóven,  con posibilidad de rehacerte una vida mejor que aquí. Pero, nunca olvides que traen más dos pelos de mujer que un par de bueyes….” Pues le dió un billete de 5 mil lires, lo maximo que podía, que en 1957 correspondían a  10 dólares norteamericanos. El único capital que Luis guardó en su bolsillo como una reliquia y prosiguió su viaje, él también entiernecido y enjugandose las lagrimas con el pañuelo.

En el puerto de Nápoles, el barco ya estaba listo para salpar las anclas, animado por la muchedumbre de emigrantes llegados de toda Italia del sur y parientes que agitaban pañuelos al aire. En la sala del embarcadero,Luis siguió la cola por el control aduanero, entonces muy rigurosos, como si los pobres cristos que emigraban, hubieran bienes ilegales en las maletas de cartón machacado, amarradas con cuerdas porqué no tenian buenas cerraduras. Como la de Luis que contenía apenas un par de trajes que le había regaládo su cuñado sastre y poca ropa íntima. Todavia, debía pasar por el control. Los policias a lado rodeaban miradas severas, ojalá para sorprender algun contrabandero, entre la masa de muertosdehambre que seguían la odiséa de padres y abuelos para ir a buscar el pan tán lejos, en países desconocidos, sino que iluminaban sueños y esperanzas.

Luis, estaba detrás a un sacerdote con pinta de indio, gruesos anteojos de tortúga, quien demostraba su refinada instrucción y una cierta capacidad psicoanalítica. Iba empujando paso a  paso su carretilla repleta de maletas de luciente cuero de buena factura y, volviendo la cabeza, dió una rápida ojeada a él y a su maleta de cartón machacado, casi compadeciendole, invitandole a ponerla entre la suyas.

“Ponla con las mías, no tengas miedo que pasaremos sin problemas…” Así le dijo en apróximado italiano. En verdad, él no tenía preocupación alguna, ya que habrían sólo acertado su miserable condición, quizá, hasta se habría avergonzado. Pues, pronto salieron dirigiendose al puente del embargo. Los policias de aduana se habían limitados en ojear los pasaportes y saludar atentamente el pasaje del sarcerdote y lo que creían su ayudante. Fue, aquel, un feliz encuentro que se transformó en amistad entre el sacerdote de nombre Don Ramón y Luis quien, aunqué no poseía cultura universitaria o de seminario, sabía conversar en correcto italiano, con dialéctica aguda y simpática. Enseguida fueron en sintonía, como dos compadres de antigua fecha, llamandose simplemente por nombres, en armoniosa amistad, mientras el barco empezaba la navegación, alejandose desde el muelle de Nápoles, hacia el mar abierto al horizonte, donde una gruesa rueda de sol se imergía enrollando el velario oscuro de la noche.

Ramón y Luis se mostraban alegres de la cruzada oceánica, muy pronto confiandose las tristes vicisitudes de propias vidas. En tanto iban establecíendo otras amistades entre los pasajeros, contentos de ser ayudados en vencer primeramente la tristeza y la nostalgia, pues temor y mal de mar durante quince días de navegación hasta llegar al Puerto de La Guaira en Venezuela.

Eran dos muchachos coetáneos, de veinteycuatro años, distintos sólo por instrucción: el uno había estudiado en universidad civil y seminario religióso, por voluntad paterna, el otro pudo apenas frecuentar por tres años un instituto agrario, antes de ser obligado a renunciar sin amparo de familia, y su universidad fue la calle. Todavia, había sido marinero militar por dos años, donde vivió sus experiencias de vida que le maduraron, siempre brincando obstaculos para salir de su mediocre condición social. Entre ellos hubo una inmediata simpatía, revelando afinidades culturales y dialéctica brillante, sobretodo con las mujeres ansiadas de disfrutar picadas adventuras en aquella irrepetible oportunidad de cruzada océanica. Por su parte, Ramón quería salvar su veste de cura con maneras gentiles y destacadas, sino en sus ojos se leía claramente una carga herótica incontenible, lo que más se agudizaba y ampliaba en la mente de mujeres deseosas de vivir secretas y misteriosas adventuras. Él, durante sus años de seminarista en Roma, seguramente había vivido alguna noche de parranda, mientras ahora, libre de cualquier control, sentía la necesitad de desahogar su espiritu rebelde y su cuerpo de jóven exuberante costreñido por muchos años en la abstinencia. Así, en un momento de pausa, confió a Luis su triste vida de imposición paterna.

Ramón pertenecía a una riquisima familia de hacenderos chilenos, donde las reglas eran dictadas por el padre, mientras la madre sufría su inferior condición, como todas en aquella época de casi esclavitud femenina, aún sabiendo siempre ayudar a escondida sus propios hijos. Todavia, como buena madre, también quedaba atada al sueño de ver propio hijo realizar un feliz y rico matrimonio, digno de propia condición social. Él, pero, jóven estudiante en un colegio de Valparaíso, se había enamorado perdidamente de una bellisima muchacha india encontrada en un barrio muy pobre, donde vivía e soñaba de salir de su condición miserable. Y en aquel barrio había muchisimas como ella, ingnoradas, a márgen de castas terreras y políticas que nada se preocupaban de problemas sociales, sino enriqueciendo más con la mano de obra de peones, comprimiendoles cada anspiración de salir de la secular condición de miseria. Lo mismo que pasaba  en Italia, en pueblos agriculos del sur, donde los pocos hacenderos imponían duro trabajo y limitada sobrevivencia.

Por eso, jóven sin alternativa de vida,  Ramón tuvo que obedecer transladado a la Universidad de Córdoba en Argentina, donde se graduó en lengua inglés. Pues, no satisfecho, el padre siempre persiguiendo en su diseño de poder politico entre las ricas castas, le obligó a seguir estudios religiosos en Roma para volverse sacerdote y, un día, quizá, ser obispo y hasta cardenal en Valparaíso. Ahora, finalmente, en su viaje de regreso, se sentía libre de desahogar sus incanceladas penas, confiandolas a Luis, un muchacho como él diferente sólo en el color, sino libre de perjuicios y ligamenes familiares, como él quería ser, encontrado por destino, y quien sabía  escuchar, demostrando comprehensión y sincera amistad, inspirando confianza. Le dijo que una vez vuelto a su pais, ya mayor y sin obligos, habría abandonado la veste de sacerdote, para incompatibledad con su espiritu y proyectos de vida, ya que podia bien ganarse la sobrevivencia construyendose un porvenir sin la ayuda de su padre, ojalá enseñando la lengua inglesa en institutos privados.

En tanto, después de la primera noche de navegación siguiendo la costa italiana, el barco fue anclado en el puerto de Génova para embarcar otros pasajeros del norte Europa. Allí se embarcaron centenares de familias húngaras, destierradas en consecuencia de la invasión de blindados soviéticos en el año de 1956. Entre ellos, un grupo de misioneras francesas llegadas en trén a través de la frontera de Veintemillas. Las que fueron acogidas por el capellán de bordo, un hombre anciano, flaco, de ojos penetrantes, quien con gesto rápido las reunió para acompañarlas a los camarotes. A lado de él caminaba una bellisima muchacha, con paso elegante de modela y un rostro maravilloso que radiaba luz alrededor, aunque en su sencilla uniforme celeste y la blanca capucha, caracteristica de las hermanas misionera, que no cubría todos sus bucles dorados.

Siguiendo en la navegación, no tardó ella en acercarse a “Don Ramón” junto a Luis quien sabía hablar en lengua francesa, lo que sorprendió al amigo sacerdote, esta vez, quedado fuera de la conversación, no pudiendo entender o exprimirse con la muchacha embrujadora. Él se había si graduado en lengua inglesa, estudiado latín en seminario, lograba exprimirse en italiano, además de su castellano, pero en aquel momento se sentía impotente. Luis, envés, en los tres años de escuela agraria había  estudiado la lengua francesa, y personalmente también la española por medio de un fasciculo que le prestó un compañero quien esperaba también noticias de su padre, lo mismo emigrado a Venezuela sin dar más noticias. Pues, Luis, en su desventajada vida , tuvo siempre gana de aprender idiómas y la manera de ponerlos en practica  y mejorar sus conocimientos.

Así, indiferente a la punta de invidia que leía en los ojos de Ramón, seguía conversando alegramente, traduciendo sólo algunas palabras, mientras cautivaba la simpatía de la estupenda francesita. Ella, también divertida, se daba cuenta del embarazo y el deseo que  probaba Don Ramón, picando pero el ojo a Luis, ya facinada por él y al mismo tiempo embrujandolo siempre más. Todavia, mientras charlaban divertidos, a menudo pasaba el capellán, rodeando indignadas miradas a él que consideraba un intruso y a la misionera, quien iba controlando desde el primer momento del embarco. Pues con hipócrita gentileza la invitaba a seguirle para la reza cotidiana, y ella obedecía, volvíendo una dulce mirada a Luis con la muda promesa de volver apenas possible.

Poco a poco se iba consolidando una irresistible atracción  entre Giselle, así se llamaba la francesita, y Luis: dos muchachos más o menos de la misma edad. Y en cada encuentro maduraba más fuerte, la atración y un sentimiento de amor y esperanza de nueva vida, sobretodo para ella que había profundas penas en su pecho. En un íntimo momento, descorazonada, confió a Luis su drama de pobre muchacha muy cortejada en su pueblo, enamorada por malasuerte de un cobarde muchacho, hijo de rica familia burguesa, quien la preñó, pues desapareciendo abandonandola a su destino. Así, desvergonzada por la familia y la gente de su pueblo, entonces, por la mayoria de intolerante tradición, sufrió descuidada alimentación y agudas penas, hasta perder al hijo que nunca vió la luz para enmarcar su triste vicisitud. Por eso, tuviendo oportunidad, se había enrolado como misionera para ir a Brasil, en un pueblecito más lejos en el Mato Groso.

Luis escuchó muy entristecido la historia, una de la muchas que caractérizaban el abuso que se perpetraban, en daño de las más bellas muchachas de pobres familias, pues costreñidas en sacrificarse por amor de los hijos sin culpa, quienes pero debian en la vida sufrir la etiqueta de “bastardos”, entre sociedades despiadadas de verdaderos bastardos culpables. Él, en aquellos momentos descorazonado, la acariciaba dulcemente en las mejillas, mientras ella extremecía y se enroquecía, ya prendida, pero aún resistiendo en abrazarlo.

La navegación seguía alegre para Luis y Ramón y, cada día, aumentaba el grupo de charlas en torno a ellos. Se había acercado curiosa una muchachita húngara de trece años, flaquita pero bien proporcionada, con dos trezas que bajaban a sus espaldas, columpiando cada vez que movía la cabeza, riendo por la risa contagiosa que estallaba en el grupo, aunque no comprendía palabras. Sus negros ojos de móngola se encendían, sin destacarse de los de Luis que le provocaban simpatía, mirandole fijamente. Todavia él rodeaba nerviosamente la mirada, en espera que apareciera Giselle, la francesita, quien prometía consumir una maravillosa adventura, sin cometer pecado alguno. En tanto, aumentaba más el grupo de amigos, sobretodo suramericanos, así que Luis pudo practicar la lengua castellana. Uno de ellos era un jóven abogado de Quito, pequeño pero de justas proporciones, como un lilipuciano, de ojos también pequeñitos que reflejaban viva luz de inteligencia. Un gran tocador de guitarra y cantor, así que Luis pudo exprimirse a su lado en las más profundas melodías de amores inolvidables. Un verdadero gozar que en cada tarde, crecía con el grupo en la popa, a medida que el barco cruzaba el océano Atlántico superando el paralélo del trópico y acercandose a la meta soñada. Luis, sentía nueva fuerza corroborar su sangre, quietado en el alma, con la mente ya serena en llegar a un pais  aún desconocido, que pero consideraba ya suyo, capaz de enfrentar cualquier dificultad para empezar en construirse una nueva vida.

El barco procedía placidamente, el sol resplandecía más en el cielo alargando el día con una luz fuerte y clara de amanecer, como una campanita de cristal que espejaba las nubes sin dejarlas transpasar. En cada ángulo del barco, especialmente bajos los puentes de proa y también de popa, las parejas ocasionales buscaban la oscurdidad para consumir la adventura de amor; casi un rito embrujador en entrar al trópico.

Luis también estaba bajo de un puentito envuelto por la sombra, esperando que llegara Giselle, para vivir un inolvidable momento de empate de amor, como le había prometido y, de improviso, ella desembocó por un estrecho corredor. Él probó una sacudida al corazón y enseguida  ella se echó en sus brazos pegandole un beso ferviente a la boca, destacandose rápida sin poder decir palabra,  advirtiendo el crujido de la veste del capellán quien  seguía atrás por el mismo corredor.

“¡El capellán, está llegando el capellán!…” Y ella se despegó por el abrazo, desapareciendo esbeltamente en otro corredor lateral.

Luis, sintió caerle el alma, quedandose inmovil, indiferente, fingiendo fumar un cigarillo, mirando las pálidas estrellas en el cielo, mientras el astuto capellán pasaba casi arrastrandole y echandole una diabólica mirada. Así esfumó, para Luis y Giselle, aquella noche tropical que podia, quizas, transformarse en pasion, en algo más que una adventura pasajera.

El día siguiente, las trompetas del barco sonaron el avistamiento de la tierra y Luis se puso la mano a la frente, quizá como hizo Cristóbal Colón cinco siglos antes, en descubrir aquella maravilla inesperada. Todos los pasajeros se asomaron al balcón de proa manifestando alegría.

Pues, lentamente, el barco ancló en el puerto de La Guaira y todos se apresuraron en prepararse al desembarco, cadauno pensando de bajar primero, Todavia, los policias, ya subidos a bordo, levantaban machetes imponiendo de meterse en cola para el control. Luis se quedaba tranquilo, como marinero experto, mientras abrazaba Ramón quien prometía escribirle, una vez llegado a Valparaiso; ¡asi le dijo! Pues, levantando la mirada a la terraza del muelle, vió a su padre apoyado al balcón, quien le miraba fijo, aturdido, casi pareciendo de no reconocer al hijito abandonado siete años antes. Él le acenó un saludo con la mano y el padre se reanimó. Aparecía mucho más envejecido de los cincuenta años apenas cumplidos, demostrando claramente de no vivir en buenas condiciones, como cualquier peon italiano en Barquisimeto, ciudad donde vivía.

Una vez desembarcado, pasando por el control de aduana, Luis finalmente le abrazó en silencio; no era el momento de hablar, y no había nada de particular de contarle, y su padre demostraba no haber interés en preguntarle algo, ya lejos con la memoria de su pueblo natal italiano y los cuatro hijos menores abandonados. Ya había cortado a sus espalda toda la memoria de su vida errabunda.

Pues, fueron a embarcarse en el autobus de línea por la vieja carretera colinar entre Caracas-La Guaira, donde, zig-zagando entre grupos de ranchitos, Luis pudo bailar un primero tradicional Joropo, entre simples pasajeros y jaulas de pollos. Todavia, era lo mismo contento, aunque el padre no había ido a recibirle con un flamante carro. Pues, al fin, bajaron en el cuartel Santa Teresa, dirigiendose al “Hotel Zulia” situado entre las cuadras de Pinto a Vientos. Y fue la primera etapa de su vida que iba empezando en Venezuela, que Luis había soñado desde muchos años.

LUIGI   MUCCITELLI

FONDI  LAZIO  ITALIA

Nota: respetamos la grafía original del autor italiano que escribe en español

Inmigración y Literatura

Memorie di racconti abruzzesi

CICLO 2013 Los Asistentes grupo de Arte

Presentación del libro bilingüe
“Memorie di racconti abruzzesi / Recuerdos de cuentos abruzzeses”

de María D’Alessandro,

Viernes 30 de Agosto a las 19hs. Av. Cabildo 3067 -CABA-

Queimada y su Conxuro
preparado y explicado por Ramón Suárez “O’Muxo”.

Y uniendo todo, las canciones ítalo-españolas
en la voz melódico lírica de Jesica Bianco.

Conducción y entrevista: Elsa Aurora Nieto, periodista
Inmigración y Literatura, Inmigrantes y Exiliados Destacados

LA MUSICA SIN NOTAS ESCRITAS

El saxófono en el corazón

por Luigi Muccitelli

Martina, a los cuatro años, fue emigrante con los padres, entonces única hija nacida en Italia, quien seguía un destino de nómada, desde una frontera de tierra a otra, lo mismo mojada por el Océano Atlántico. Ya la madre Carmela, más o menos en la misma edad, se había embarcado con su familia en un navio de desperados, a la merced de despiadados negreros, después de la abolición de la exclavitud en Brasil.

La Princesa Isabel del Brasil había firmado en 1888 la Ley Aurea, mereciendo también el apellido de “Redentora”, la bendición y la “Rosa de Oro” por el Papa Leone III. Pero no la simpatía de los ricos “fazendeiros” quienes quedaron sin brazos de trabajo en ilimitados cafetales. Así volvieron atención y esperanzas hacia Italia que en 1890, bajo el rey Umberto I y desde la caída del feudalismo, registraba miliones de  pobres familias campesinas sin tierra, presa de hombres malvados y miseria. Muchisimos italianos respondieron al llamado de Argentina y Brasil, países que prometían trabajo y tierra para todos, entre cuyos, la familia de Carmela, madre de Martina. La historia de padecidas generaciónes señadas por un destino de permanente desarraigamento e inquietud, entre las tragédias seguidas en el siglo de 1900 que inexórablemente destruíba las familias que nunca pudieron alcanzar  futuro algún.

El padre de Martina, Raffaele, también tuvo que escaparse de una vida de opresión, desde la minas de Carbonia en Cerdeña, para realizar galerias de ferrocarriles en Fondi, entre Roma y Nápoles. Y fué cuando se casó con Carmela y nació la estupenda hija Martina. Un niña de grandes ojos color cielo y océano juntos, muy bella e inteligente, quien encarnó la felicidad del padre, así pudo, finalmente, gozar de un completo cariño familiar, largamente ansiado.

Sino la odisea no se había acabado. Una época desastrosa, en 1917, después de la Primera Guerra Mundial, que aún costreñía a emigrar a nuevos mundos, hablar extraños idiómas, ganarse otra nacionalidad en años de duro trabajo y humillaciónes, pero abriendo puertas al futuro de los hijos.

Así, la pequeña familia salió para Estados Unidos de América, donde ya el año antes Rafael había ido clandestino en un barco olandés, echandose desde el navio en lo largo del puerto de San Francisco con la maleta a espalda, nadando hasta la ribeira, pues arrestado e imprisonado. Todavia, pagando una cierta suma que la mujer le envió, vendiendo todas las joyas poseídas, pudo obtener un permiso de ingreso regular.

En Hartford, Connecticut, vivieron casi 10 años. Rafael, hombre fuerte como las rocas de Cerdeña, trabajó duramente, mientras Carmela quedaba en la casa preña de hijos nacidos uno  tras otro. Lorenzo, el varón, en 1918 y Rosy en 1920. Martina, en tanto, frecuentaba la escuela primaria, con resultado óptimo. Se había bien integrada, demostrandose ya padrona de la lengua inglés, la única aprendida, después del dialecto de su pueblo natal hablado en la primera niñez. Pero, la madre Carmela, analfabeta, no lograba  comprender la gente a su alrededor que parecía, según ella, endiablada y que se comía las palabras de sonido incomprensible. Obligó a su marido en retraérla a Italia, amenazando de suicidarse, ya con un cuarto hijo en su seno.

Así, se acabó el sueño americano de Rafael, cuando ya se iba acostumbrando a una vida de bienestar y de futuro para los hijos, empezando por Martina al centro de su orgullo en los provechos de estudios.

*   *   *   *   *   *   *

Volvieron a Italia, apenas en tiempo para que naciera el cuarto hijo Rafael, segundo varón a quien el padre impuso su nombre, aún revelandose diferente en los carácteres, no duro como él, sino sensible e inquieto, de aguda inteligencia, como la madre.

Martina, en tanto, a los 18 años, se distinguía entre las muchachas campesinas, costreñidas en un estado de ignorancia y analfabetismo. Aún si ella también, para ayudar la familia, tuvo que desenvolver los mismos pesados trabajos de campiña, en contraste con su refinada belleza y cultura personal. El padre, pensando que mereciera un futuro de bienestar, según la tradición de la época, dió consentamiento de  noviazgo a un campesino que habría heredado un pedazo de tierra por la colonía de familia. Sino ella, calladamente, lo rechazaba y nunca lo habría aceptado.

Un día, para salir de una situación de miseria y opresión paterna que empeoraba, Martina  escapó con un joven albañil de familia libre sin perjuicios, con músculos fuertes y capaz de ganar dinero para vivir mejor de los campesinos que esperaban siempre la clemencia de Dios para que amparara la cosecha estasional, siempre limitada y compartida con los dueños terreros.

El padre no se dió paz por largos años, no queriendo tampoco conocer su primero nieto, quien todavia estaba rodeado por el cariño del abuelo paterno de quien había heredado el nombre y la alegría, entre la numerosa y armoniosa familia.

En tanto, los primeros diez años fueron los más felices para Martina quien dió a luz otros tres hijos. Mientras el hermano Lorenzo a los 18 años se había vuelto a Hartford y pronto enlistado en el ejercito de apoyo a los marines en la guerra contras la Filipinas donde fué herido a Luzon. Pues, empezando una correspondencia con la hermana que siempre le demostró cariño particular. Pero, la guerra estalló también en Italia, y empezaron los terribles bombardeos americanos. En 1943, después el Armisticio del 8 de septiembre, las poblaciones fueron costreñidas a refugiarse en montañas., donde siguieron nueve meses de hambre y miedo; muchos murieron o quedaron mutilados.

La familia, finalmente reunida en la miseria, vivía en un valle dentro una cabaña típica de los pastores, hecha de paja y piedra en seco. Propio en aquellos días de terror el hijo Rafael había vuelto desde Pola donde había ido marinero voluntario, con la firma del padre, siendo menor de los 18 años, después de atravesar media Italia caminando o con medios de fortuna. El padre le consideraba un cobarde, para estar casi todo el día escondido en una pequeña cueva de rocas, sin rendirse cuenta que el hijo había ya sido fuertemente sacudido por el hambre y miedo de morir matado en su terrible adventura.

El padre, envés, para ganar algun centavo, sino más por misericordia de Dios, cada día bajaba hasta el cementerio, lejos 5 kilometros, para sepulturar los muertos por bombardeos, denutrición y enfermedades sin remedios medecinales. Y en uno de aquellos trágicos días, mientras volvía a su familia, quedó entrapado en la cotidiana incursión de bombarderos americanos y herido gravemente a las dos rodillas. Pasó algunos meses sufriendo agudas penas en el lecho de paja, cuidado con cariño pero sin medecinales, aún escasa alimentación y fiebre, hasta que llegaron las tropas americanas y fue traído  a  un  pequeño hospital de campo. Pues, siguiendo los movimentos de la Vª Armada Americana de Aliados, no volvió más a su familia. Murió desconocido entre desconocidos y ninguno supo donde plantaron su cruz. Así, en vida, repetía él a menudo: “Donde mueres te plantan una cruz…” Y a su familia, a los hijos y nietos, quedó la tristeza por la fatalidad del destino de un padre si duro, pero trabajador, sacrificadose en cualquier humilde trabajo ganando sobrevivencia por la amada familia y a él, por amarga suerte, ninguno pudo nunca traer una flor y rezar por un minuto sobre su tumba.

Después de la guerra, Martina, ya antes tenía cuatro hijos, sufría la imposibilidad de nutrirlos, oprimida por los problemas casi irresolvibles para reempezar a vivir dignitosamente con toda su familia, entre escombros y cruda hambre colectiva, en la escasez de medios alimentares. La madre Carmela, con sus cuatro hijos italianos, muerto el marido Rafael, vivía en miseria. El suegro generoso, también sufría con su numerosa familia, donde todavia Martina y sus hijos fueron siempre acogidos con mucho cariño, aún perdido la abundancia de alimentos que antes de la guerra almacenaba. El marido Giuseppe se desempeñaba en trabajos diferentes logrando, pero, muy poca ganancia.

La joven y bella madre que en su treinta años había dado luz a cinco hijos, pues una hembra muerta precozmente, todavia se estrechaba a los cuatro hijos comos dones de Dios. Se contentaba de habitar en una sola pieza de planta baja, angosta, sin agua ni toeleta, sin una ventana que pudiera abrir al aire para oxigenar pulmones y ambiente, que había sudividido con una cortina para cubrír su cama matrimonial y separar las camita de sus hijos, una de pie y otra lateral. No había muebles, sino algunas sillas empajadas donde colgaba camisas y pantalones, una vieja cómoda para sábanas y pequeños paños, una mesa para almuerzo; apoyado a la puerta de ingreso un fogoncito que abanicaba cuando encendía carbónes para preparar sopa  para los hijos. A lado de su cama, sobre la mesita, eran puestas únicamente dos fotos del hermano americano Lorenzo. Una en uniforme, cuando fue sargento del ejercito de apoyo a los marines en  desembargar en la playa de las Filipinas, allá herido a las piernas, pues sanado y repatriado con la medalla al valor. Quizás, en el mismo tiempo en que acaeció a su padre Rafael en Italia, pero, sin poterse sanar, desaparecido como  un fantasma en el nada. En la otra foto gastaba un elegante vestido, con pinta de actor hollywoodiano. Un buen mozo de verdad de quien la hermana Martina iba orgullosa, desde cuando él había nacido en Hartford y lo había mecido en sus brazos.

Poco a poco, su radioso rostro de virgencita se hizo pálido, sus ojos de cielo respladoroso, se volvían opacos, profundos de muda desesperación, golpeada por una sádica enfermedad, entonces imposible de curar.

En tanto, Gino, su hijo mayor le habían casi trajinado a la escuela donde no quería ir con sus zapatos desgarrados, los vestidos recosidos, sufriendo calambres al estomago. Todavia se resignó en seguir, sin libros, escuchando pero atento al profesor cuando explicaba las lecciones, asimilandolas, aún con la mente dirigida a su madre con agudo dolor en el corazón y un cupo ruído en la sienas.

Era el año 1947 y la madre había vuelto desde el hospital de Roma donde, a través de una operación cirujana y aplicaciones de Radium parecía  dar esperanzas de mejorar hasta sanar. Una ardiente esperanza hinflaba los pechos de toda su querida familia. Pero, los momentos de alegria para todos se volvieron pronto tristeza y áxilante desesperación.

Gino, durante las largas horas de escuela, advertía en sus ojos el fuego de las lágrimas y se iba a la toeleta desahogando su convulso llanto. A la época la directora del instituto lo había también elegido para curso de música en la tarde. Y no tuvo dificultad en aprender rápido el solféo, descubriendo su pasión  para el saxófono, porqué el sonido cupo y vibrante del instrumento penetraba en su corazón. Mayormente cada vez que iba al cine asistíendo a espectáculos musicales de las peliculas  americanas donde estallaban las orquestas de Glenn Miller, Benny Goodman, Tommy Dorsey, Rai Connif. Aquellos otónes lucientes hacian centellar más sus sueños de días y de noche.

Hasta que su madre, quien también soñaba un luminoso porvenir para él, escribió una carta al hermano americano Lorenzo, pidiendole de regalar un buen saxófono americano al primer sobrino Gino, para que pudiera sonar y demostrar su gran talento para la música que iba brillantemente estudiando. El tio prometió despacharlo lo más rápido posible, bien feliz de contentar la querida hermana. Él, después de su fea adventura de guerra en las Filipinas, había conseguido un buen puesto de trabajo en una fabrica de Hartford y pronto se habría también casado con una mujer italoamericana de bella pinta y muy distinta, según una foto apenas despachada.

Pero, el destino de Martina tenía escrito un capitulo diferente que iba acabandose. Su bellisimo rostro, día por día se rayaba, se escarnecía, su boca secaba y se arrullaba como pétalos de rosa, en sus ojos no resplandecía más luz. Su cuerpo se aflojaba y no lograba más estar de pies. Pasaba noches lamentosas punzonada de dolores terribles. Su hijo Gino, acostado en la camita lateral tampoco dormía, ahogando su llanto en la almohadilla y rezando fervorosamente, como nunca había hecho.

Hasta que, en un infernal día de julio su tormentoso lamento se acabó mientras su alma volaba en lo invisible. Gino que estaba a su lado, se lanzó sobre sus piernas besandola a los pies ya helados, entre los chorros sonoros de lágrimas a sus alrededor.

Pues, pronto, llegó una carroza trajinada por dos caballos negros y Martina cruzó la calle central entre la muchedumbre del pueblo enmudecido por la trágica fin de la bella y desafortunada reina, costreñida en abandonar sus cuatro hijos. Con su belleza y bondad tán ejemplar, el destino cruel la condenaba precozmente a la obscuridad, debaio de un monticulo de tierra y una cruz, pues con un numero equivocado. Y aún llorada por sus hijos sin nunca saber cual fuera su verdadera cruz. Así como su padre Rafael quien había recurrido el mundo acabando debajo una cruz desconocida.

Era el año 1948 y también Gino iba acabando su frecuencia escolastica. En un último tema que le asignaron, titulado “Estaba solo en mi pieza y lloraba, hacia la tarde una voz amiga ententó consolarme…” Y él pudo expresar toda su desesperación, mientras el profesor quedó conmovido e ipresionado, le dió el voto más alto nunca dado y fue a leerlo en todas las clases del instituto. Fue considerado un verdadero cuento de profundo humanismo, el primero escrito por Gino, pero extraviado en el tiempo y nunca publicado, quizás pegadose al pecho de la madre en vuelo para el paraíso También el saxófono americano no llegó más, disuelto con el sueño, pero clavado en su corazón y todavia sigue sonando en su mente divinas melodías que nunca habran notas escritas.

LUIGI  MUCCITELLI

FONDI  LAZIO  ITALIA

Nota: respetamos la grafía original del autor italiano que escribe en español

Inmigración y Literatura

CONCURSO INTERNACIONAL DE ENSAYO EN CONMEMORACIÓN DEL 80º ANIVERSARIO DE LA VISITA DE GARCÍA LORCA A LA ARGENTINA

INSTITUTO IBEROAMERICANO DE ESTUDIOS ANDALUSIES

Guadix, Granada (España) – La Plata, Buenos Aires  (Argentina)

BASES DEL CONCURSO INTERNACIONAL DE ENSAYO

EN CONMEMORACIÓN DEL 80º ANIVERSARIO

DE LA VISITA DE GARCÍA LORCA A LA ARGENTINA

El Instituto Iberoamericano de Estudios Andalusíes, con el auspicio del Consejo Argentino para las Relaciones con Andalucía y la Cátedra Libre de Cultura Andaluza de la Universidad Nacional de La Plata , convocan por única vez al Premio Internacional de Ensayo en conmemoración del 80º aniversario de la visita de Federico García Lorca a la República Argentina, el que se regirá por las siguientes bases:

PRIMERO: Podrán participar de esta convocatoria escritores de cualquier nacionalidad, mayores de edad, egresados de cualquier universidad pública o privada, con trabajos originales e inéditos, en el género ensayo, que hagan referencia a la influencia de Federico García Lorca en la cultura hispanoamericana (poesía, teatro, vida intelectual). Los textos podrán abordar una disciplina específica (crítica literaria, periodismo, historia, etc.) o bien una región determinada o ambos (por ejemplo, “La Influencia de FGL en la vida intelectual argentina” o “La influencia del teatro de FGL en la dramaturgia mexicana”). Deberán estar escritos indefectiblemente en idioma castellano. No podrán participar los miembros del Instituto Iberoamericano de Estudios Andalusíes, de la Cátedra Libre de Cultura Andaluza en cualquiera de sus categorías, ni los miembros del patronato del Consejo Argentino para las Relaciones con Andalucía.

SEGUNDO: Los trabajos concursantes tendrán entre 15 y 20 páginas, tamaño A4, márgenes de 3 cm , con interlineado 1 ½ y letra Times New Roman o similar en cuerpo 12. Deberán incluir notas y bibliografía en interlineado simple y con un cuerpo menor, sin sobrepasar las 20 páginas. Las notas irán a pie de página.

TERCERO: Las obras concursantes se enviarán bajo seudónimo a la siguiente casilla de correo:lorca80aniversario@yahoo.com.ar. Cada concursante adjuntará al mensaje dos archivos de tipo doc o docx: uno conteniendo la obra, que llevará su título, y otro con sus datos personales, que llevará como nombre del archivo el seudónimo elegido. Los datos personales que deberá contener este segundo archivo son: nombre y apellido, documento, lugar y fecha de nacimiento, universidad de la que es egresado y título obtenido, dirección postal, dirección electrónica, título de la obra presentada y una síntesis de sus antecedentes de no más de veinte líneas. Los organizadores del concurso no mantendrán correspondencia con los participantes, salvo una nota electrónica de constancia de recepción de los trabajos.

CUARTO: El concurso quedará formalmente abierto el día 5 de junio de 2013, aniversario del nacimiento de Federico García Lorca, y cerrará el 31 de diciembre del mismo año. Los resultados se darán a conocer públicamente durante el mes de marzo de 2014.

QUINTO: Los trabajos serán evaluados en primer término por un jurado de preselección, integrado por tres destacadas figuras de las letras del ámbito internacional, que elegirán seis (6) obras finalistas. Las obras finalistas serán consideradas por un jurado internacional de premiación, compuesto por tres personalidades del mundo académico pertenecientes al Instituto Iberoamericano de Estudios Andalusíes. Las decisiones del jurado serán inapelables.

SEXTO: El jurado de premiación establecerá en órden de mérito un primer premio, un segundo y tercer premio y tres menciones honrosas. Los tres premios consistirán en la publicación de los trabajos en la revista digital Giralda, órgano editorial del Instituto, en su número del mes de julio de 2014 (www.estudios-andalusies.com.ar). Los seis autores, tanto premiados como mencionados, recibirán diplomas que acrediten el lauro obtenido. Asimismo, el autor del primer premio se incorporará como miembro del Consejo Académico del Instituto Iberoamericano de Estudios Andalusíes.

SÉPTIMO: Se deja establecido que los autores premiados hacen cesión de los derechos de autor que les correspondan en lo que respecta a la edición de sus trabajos en la revista Giralda y que renuncian a hacer cualquier reclamo de esta índole a los organizadores del certamen, quedando en posesión de los derechos de sus obras en lo que a posteriores ediciones se refiera.

OCTAVO: Todos los participantes serán notificados del resultado del certamen con un tiempo prudencial para que los galardonados y quienes lo deseen puedan asistir a la entrega de premios, en caso de que el Instituto decida organizar tal acto. En esa circunstancia, los autores premiados o mencionados que no puedan hacerlo en forma personal, podrán designar a quien deseen que los representen. De lo contrario los autores recibirán sus acreditaciones por vía postal.

NOVENO: El solo hecho de participar en esta convocatoria implica la aceptación en forma total de estas bases y de las decisiones de los jurados. Cualquier circunstancia no contemplada en las presentes bases será resuelta por el jurado de premiación.

Sitios de referencia:

www.estudios-andalusies.com.ar

http://www.facebook.com/pages/Instituto-Iberoamericano-de-Estudios-Andalus%C3%ADes/578426265501660

http://www.facebook.com/pages/C%C3%A1tedra-Libre-de-Cultura-Andaluza-UNLP/116570308542995

Inmigración y Literatura

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