inmigración a México
UN FRAGMENTO DE MI VIDA
México D. F. a 2 de noviembre de 2009
Estimados señores.
Por medio de la presente, me permito informarles que la participación al Certamen “Un fragmento de mi vida” que llega a su cuarto año, convocado por la Asociación Mexicana de Autobiografía y Biografía, nuevamente ha superado las expectativas de textos, gracias a su apoyo brindado, este año se han recibido alrededor de 316, provenientes de Latinoamérica y algunos países de Europa.
Por ello, nos vemos en la necesidad de informar que el fallo para designar al ganador de este cuarto certamen, se prorrogará hasta el día 30 de noviembre del presente año, a solicitud del jurado, que nuevamente se vio rebasado por amplia cantidad de participantes.
Sin más por el momento, agradecemos de antemano su comprensión y rogamos hacer extensiva a todos sus lectores esta información.
Atentamente
Ricardo Clark. Director
Sergio Gelista. Secretario
Escribe Ricardo Clark
El otro lado del mostrador
ESCRITORES AL DIVAN, y al Prozac, el Litio. etc…
Malas noticias. Pésimas para los escribas. Resulta que más allá del papel impreso, las novelas, los poetas, Kundera, las becas, los certámenes, los premios Nobel y otros, del otro lado del mostrador del bazar surrealista literario, existen otros mundos. Es el horror, y en efecto porque en los últimos treinta años un grupo de siquiatras, sicoanalistas, y neurólogos están interesados en conocer como es, cual es el cableado que permite funcionar por dentro a los escritores, en una palabra que los hace tan especiales, con el ego además tan inflado en algunos casos que los convierten en verdaderos hígados circulantes para quienes (en algunos casos), los conocen de cerca.
Nada nuevo, es decir nada que no haya llamado la atención desde la antigüedad a las gentes que los veían publicar los versos más tristes que escribieron la noche anterior.
Y hay malas noticias porque los creadores…son animales de distinta lana como diría Alejo Carpentier, o en otras palabras algunos pudieran tener uno o varios tornillos flojos. Asunto que por otra parte pareciera ser esencial para que funcione la creación.
¿Que provoca la curiosidad de los investigadores? por ejemplo la cantidad de poetas suicidas. En este género literario la estadística señala que son las mujeres las que están en mayor peligro. Tienen un promedio de suicido mas alto que los hombres que ejercen la poesía, genero en si difícil, solitario y para peor donde no hay un centavo. El asunto es tan interesante porque basta echar un vistazo para ver la cantidad de poetas que acabo con su vida. Inclusive apareció en España una Antología de Poetas Suicidas 1770 -1985 (el autor es José Luis Gallero).
En efecto es trabajo solitario el poético, y angustiante es el bucear en las profundidades del yo, lo cual es peligroso para todos los escribas, pero muy en especial para los poetas, señalan los investigadores. Son legión los que levantaron la mano sobre si mismos, entre otros Pavese, Chaterton, Silvia Plath, Maiakovski, etc. Constituyen como señala el crítico español Masoliver Rodanas, ” un universo mental y emocional”.
En la lista siguen los novelistas, llamando la atención el caso de cinco Nobel de literatura norteamericana (Se trata de Sinclair Lewis, Eugene O Neill, William Faulkner, y Ernest Hemingway) quienes tuvieron serios problemas con el alcohol.
Conviene destacar el trabajo del siquiatra norteamericano Arnold Ludwig (El Precio de la Grandeza, Resolviendo la Controversia Entre Creatividad y Locura), quien durante treinta años, analizo dieciocho profesiones diferentes. Aquí le fue posible comprobar que quienes se dedicaban al trabajo creativo es decir escritores, gente de teatro y músicos tenían un mayor riesgo de sufrir problemas mentales (alcoholismo, depresión, sicosis y ansiedad). A cambio los otros grupos que no estaban en el campo de la creación tenían una menor tasa de mortalidad. Los arquitectos, pese a su creatividad e historiadores además de ensayistas no estaban en esta zona de alto riesgo.
El problema - afirma el siquiatra Ludwig- es un hecho que afecta a demasiados escritores en demasiados sitios, si además a la lista de suicidas agregamos a los que murieron locos (caso Hoderlin, entre otros) o perseguidos políticamente como Pamuk o Rusdhie.
Pero aun hay mas, mucho mas: en el texto The Alcohol and the writer (El alcohol y el escritor), el siquiatra Donald W.Goodwin afirma que despues de los cantineros, en materia de muerte por cirrosis, los siguen los escritores.
Los ejemplos abundan: Edgar Allan Poe, Herman Melville, Scott Fitzgerald, William Faulkner, Hemingway…son legion.
Con respecto al terror de la página en blanco la neuróloga Alice Weaver Flaherthy en su texto The midnigth desease, (La Enfermedad de la Medianoche), explico que el asunto es sencillo: cuando no hay ideas para continuar la increíble novela que uno tiene en su cerebro pero que no acaba de llegar a su computadora pudiera tratarse de una depresión. No es necesario en este caso buscar dentro de uno mismo durante seis meses, primero hay que darse una vuelta con el siquiatra para que le recete alguna de los nuevos fármacos que bajan el nivel de ansiedad (las drogas y el alcohol solo ayudan temporalmente) y estabilizan al escriba lo cual le permite atacar ahora si con ganas la bendita pagina en blanco. Se ocupa también de la hipergrafia, mal que afecta también a parte de la comunidad intelectual que publica un libro por mes, sin que exista tal necesidad.
También señala que los males del escritor, es decir baja creatividad, pueden deberse a la época del año, como navidad y otras fiestas anuales. Efectivamente, el asalto de los citados investigadores, detrás del mostrador literario, intenta mostrar que hay dentro del escritor, pero mas que nada parece guiarlos a la idea de que no hay ninguna necesidad de que un creador muera por la causa, cuando aun le quedan muchos años de productividad. Scott Fitzgerland murió a los 44 años, y pudiera haber sido Premio Nobel norteamericano.
Ya Freud en su texto clásico sobre la interpretación de los sueños se ocupo del tema, pero el resto de la sociedad siempre vio desfilar a los creadores como “bohemios” a los que habia que tolerar (e ignorar), al tiempo que las afecciones mentales de este singular grupo humano hacían estragos entre ellos.
Entre otros descubrimientos esta el tema de la falta de dinero. Cuando llega, curiosamente, el autor se distrae, deja de crear, razón por la cual quizá Henry Miller durmió un tiempo debajo de los puentes de Paris, o Mario Puzo, que se hizo millonario con El Padrino y recibió un millón de dólares por el libreto de Superman, fue y tiro el dinero en Las Vegas. Ni hablar de Dovstoiesky quien también era aficionado al juego. Es necesario aclarar que en ambos casos esta fase maniaca les provoco tanta angustia que los dos escribieron un libro sobre el tema.
Si las cifras ayudan el trabajo del sicólogo James C. Kaufman sobre mil 897 escritores ya fallecidos, (poetas, novelistas y dramaturgos de ambos sexos) entre los que habia mexicanos, canadienses y norteamericanos, demostró que en promedio los poetas vivian unos 62.2 años, los dramaturgos 63.4, los novelistas 66 y los que se esforzaron en el ensayo y la historia, entre otros 72.7 años.
Fuera de guasa el asunto es grave y explica porque ese amor a la barra libre, a la cantina, para apagar los incendios del alma en algunos creadores, cuando en realidad sus males están más cerca de la terapia médica que del Olimpo. Dice por su parte, la siquiatra Kay Redfield Jamison (en su libro La enfermedad maniaco depresiva y el temperamento artístico), que los creadores no están muy de acuerdo, en algunos caos en cambiar sus altas y bajas emocionales, es decir el alucine, la fibre, la compulsión, el alcohol, y toda la angustia que crea ese tipo de vida, por la calma que puede producir un fármaco o cualquier tipo de terapia. El matemático y Premio Nobel, John Forbes Nash Jr., quien paso en manicomios parte de su existencia explico ya calmado por la medicina, que extrañaba sus estados febriles.
Algunos creadores prefieren la barra libre porque afirman que su creatividad está en juego con cualquier tipo de terapia, lo malo es que ese tipo de vida, si no se controla, puede conducir al precipicio y en realidad los seres humanos se deben a la vida no a la muerte prematura, no importa cuan creadores sean.
GALLEGOS EN AMERICA
El gallego emigrante es una figura que se encuentra frecuentemente en la literatura. A su presencia en obras de diversos países me refiero en esta página. No incluyo citas literarias sobre los gallegos en la Argentina, porque ése es tema de otro trabajo ya publicado en Monografias.com.
En Cuba
En Cuba, en la ciudad de Manzanillo, vivió mi abuelo. A la isla marchó con dinero suficiente para poner un hotel, en sociedad con sus hermanos. Tiempo después, él vino a Buenos Aires, donde vivió sus últimos años. Otros gallegos como él, son evocados en libros de autores cubanos.
Miguel Barnet es el autor de Gallego (1). Acerca de esta obra, manifiesta Eduardo Galeano: ‘Miguel Barnet, certero escuchador, decidor de palabra clara, demuestra que el testimonio bien puede ser alta literatura. Nuestros países tienen una deuda pendiente con los miles y miles de inmigrantes que han venido a tierras de América desde Galicia. Por mano de Miguel, aquí cuenta su historia un hombre de dos patrias, un cubano en cuya memoria no han cesado de resonar los airinhos de la aldea donde nació. Pero más allá del personaje y su peripecia, este libro es un homenaje y un entrañable desagravio a los miles y miles de gallegos que tantas veces han recibido desprecio a cambio del mucho amor y trabajo que nos han entregado’ ” (2).
“Mis dos abuelos de Luis Cabrera Delgado está formado por las historias, de cierta forma temáticamente paralelas, que le hacen al nieto cubano una abuela cubana y un abuelo gallego. Fue Premio “El niño de la bota” y publicado por Ediciones Capiro. Santa Clara (Cuba), 1992” (3). En esa obra -citada por la investigadora Sylvia Puentes de Oyenard-, relata el niño: “Abuelo es fuerte y duro. Si Abuelo fuera un árbol, seguro que sería un algarrobo: dulce y fresco, fresco y duro. Las manos de Abuelo saben a tierra, y si te acarician, a pesar de los callos, parece como si te rozara el plumón. Abuelo habla poco, porque cuando lo hace, el aire se le quiere escapar en las eses y las ces. A mí me gusta ayudar a Abuelo a desgranar maíz cuando se sienta debajo del mamoncillo del patio, porque entonces, si trabajo bien, me dice: -Un día de estos, tú vas a ver, te vas a ver, te voy a llevar a España” (4).
En México
En “La confidencia” (5), escribe el mexicano Luis Gonzaga Urbina: “¡Pobre galleguito, rubio y candoroso,/ que a América vino sin ir a la escuela!/ Tiene torpes andares de oso/ Y apacible mirar de gacela// (…) Y él me dice: -¡Señor, qué delicia/ es sentarse a cuidar el rebaño/ a la sombra de un viejo castaño/ o a la vera de un río, en Galicia!”.
En Brasil
La brasileña Nélida Piñón escribió La república de los sueños (6), obra distinguida con el Premio Príncipe de Asturias, en la que evoca la inmigración española que llegó al país limítrofe. “La república de los sueños es la República de Brasil, el lugar donde todas las esperanzas humanas pueden hallar cumplimiento. Madruga y Venancio nacieron con el siglo. Se conocieron en el barco inglés que los trasladó de Vigo a Río de Janeiro en el lejano año de 1913. apenas eran unos muchachos cuando dejaron atrás la miseria y el desamparo de su Galicia natal, para navegar detrás de un sueño, rumbo a los paraísos de ultramar. Madruga conquistará Brasil, levantando industrias, comercios, haciendas. Pero se extraviará en el camino. Venancio, en cambio, mantendrá intacta su condición de soñador: será él quien llore en nombre de Madruga, será el verdadero depositario de sus sentimientos vetados. En La república de los sueños, hecha de emociones, o sea, de palabras esenciales, Nélida Piñon sacude al lector y le transmite el sabor agridulce, de triunfo y frustración, de uno de los pocos países del mundo en que sobrevive la epopeya” (7).
En Uruguay
“En Uruguay Juana de Ibarbourou narra en sus memorias que de su padre, español, adquirió el gusto por la poesía, pues si bien no había un diccionario en su casa, él le recitaba los versos de Rosalía y Espronceda que sabía de memoria. Pero nunca hace referencia a la inmigración más que en un poema breve, “Morriña”, publicado en una revista escolar” (8). Ese poema dice: “Si algún día a ti llegara/ quiero sentirme, Galicia,/ recibida por tus gaitas/ en un crepúsculo lila/ de violetas y de malvas,/ de jacintos y glicinas.// Tengo tu aire en el pecho/ como una dicha vecina.
La escritora Angela Cáceres me cuenta: “Conocí solamente a mi abuela materna. Nacida en La Coruña, fue una gallega sin el menor acento galaico, y sin memoria alguna del lugar de su nacimiento porque tenía menos de dos años cuando sus padres, luego de un complicado y más largo de lo habitual viaje por entonces, se instalaron en Montevideo (la muy Fiel y Reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago). No cuento con documentación alguna pero habrán llegado a la costa oriental , según mis cálculos, alrededor de 1862 o 63. Mi abuela murió en 1950 con 90 años, según recuerdo. De sus padres no tengo dato alguno. Soy la menor de dieciocho nietos y creo que ninguno de nosotros se interesó demasiado por el pasado. El nombre completo de mi abuela (soltera) era Manuela Cedeira Turiñán, de manera que salvo sus respectivos apellidos no se nada de mis bisabuelos maternos. Mi abuela, que no podía recordarlo, solía decir que vinieron al Río de la Plata en un barco a vela según la informaron sus padres. Tenía dos hermanas menores: Teresa y Carmen. Mi abuela, que era muy dada a contar historias y cuentos, en especial a mí por ser la más chica y posiblemente la única nieta interesada en escucharla dado que fui una niña mas bien solitaria, con muchos primos y ningún hermano, solamente una vez me mencionó a su padre. Me contó que había trabajado en una fábrica de fósforos y que murió muy pronto. De la madre…nada, salvo que un perro le había mordido la cara, aunque no estoy muy segura.. Parece que las tres hermanas dieron bastante que hablar ya muchachas por su hermosura. Mi abuela, con espléndidos y renegridos ojos que pude apreciar, era muy seria y detestaba llamar la atención, muy al contrario de su hermana Teresa que, siendo menos bella, era sumamente seductora y coqueta. A esta tía abuela llegué a conocerla y le recuerdo un paso firme, un aire de mandona y magníficas caravanas (aquí en Argentina las llaman aros). A la menor, Carmen, no la conocí porque ya había muerto cuando nací. Tampoco vi su retrato. Parece que era tímida y de poco hablar. Hubo una historia con triste final que anuda las de mis tías abuelas. Pero eso te lo contaré luego de comunicarte lo poco que se de mi abuelo materno, nacido en Cádiz, de familia muy distinguida y que se llamaba José Quintero de Trujillo. Al hacer su servicio militar lo embarcaron en una fragata de nombre Infanta Isabel con destino a Buenos Aires. La epidemia de fiebre amarilla los obligó a quedarse en el puerto de Montevideo..y parece que quien sería mi abuelo decidió desertar. Según las mentas familiares (mi abuela jamás me habló de esto) al dar un paseo por nuestra Ciudad Vieja vió a tres muchachas asomadas a un balcón pero se prendó de una: de la esquiva Manuela. Las consecuencias de tal decisión fueron varias: la ruptura con su familia allá en Cádiz y el apremio por conseguir trabajo. Parece que a mi abuela la vió dos o tres veces en el famoso balcón pero luego la perdió completamente de vista hasta que el destino hizo su jugada, mucho después. Para José Quintero (tengo un par de retratos de él, uno de uniforme, otro del día de su boda con Manuela Cedeira y era bastante buen mozo..lástima los enormes bigotes al uso) la vida no se le presentó muy fácil. Tengo entendido que hizo muchas cosas para sobrevivir hasta que encontró un trabajo estable en los viñedos de una familia poderosa de Colón, entonces una zona muy residencial llena de quintas lejos del núcleo urbano de Montevideo (ahora la ciudad se expandió y la sobrepasó). Los Vidiella alcanzaron mucho renombre con sus vinos y quiso el destino, luego de varios años, que mi abuela, ya huérfana y necesitada de trabajar, fuera a dar a la casa de esa familia. Allí se encontraron con José y parece que ella le dio mucho trabajo al enamorado porque era tan arisca que el más leve acercamiento, el más leve intento de caricia le parecía falta de respeto. Cómo habrá hecho José Quintero..no se. Pero logró casarse con la gallega. El, andaluz y de maneras suaves y gentiles, ella, áspera como ortiga, según diría él, pero con mucho fuego. Tengo en mi escritorio el retrato del días de su boda: él sentado, muy elegante, ella de pie, vestida de negro cubierta de azabache del cuello a los pies porque se negó a vestir de blanco de puro capricho a pesar de su indiscutible virginidad. Tuvieron diez hijos: seis mujeres y cuatro varones, dos de éstos muertos a poco de nacer. Mi madre fue la menor de las mujeres. Me contaron que mi abuelo tuvo algunos negocios, lechería, mercería y no le fue bien, de manera que terminó trabajando en una fábrica dieciséis hora por día. La hija mayor, Teresa, murió de tuberculosis a los diecisiete años y me contaron que mi abuelo, de vuelta del trabajo, no se despegaba de su cama. Cuando Teresa murió su novio se suicidó. Así no más. Cuando llegó a la presidencia de la República Oriental del Uruguay Don José Batlle y Ordóñez, estadista esclarecido que sentó los cimientos de un gobierno socializante, con previsiones y beneficios sociales sumamente adelantados para esos primeros años del siglo XX, mi abuelo tomó la ciudadanía uruguaya. Lo hizo, entre otros motivos, por gratitud a un gobierno que impuso como límite ocho horas al trabajo. Pero José Quintero murió muy pronto. Cayó fulminado por un ataque al corazón, en plena calle, a pocos metros de su casa, con poco más de cincuenta años. Los hijos, poco a poco, a medida que comenzaban a trabajar, sostuvieron a mi abuela hasta el fin de sus días. Me gusta recordar la pasión que mi abuela tenía por la lectura, pasión que le duró tanto como su vida. Solía contarme que aun cuando trabajaba leía hasta el amanecer alumbrada por una vela, a escondidas. El destino de sus hermanas, mis tías abuelas, fue muy distinto. Teresa, la seductora, tuvo un romance muy apasionado con su novio pero le apareció un pretendiente mayor y muy adinerado. De manera que, sin dudarlo, despachó al novio y se casó con el rico que la servía como un esclavo y que, por supuesto, murió antes que ella. Pero el novio no se quedó atrás. En lugar de lamentarse o suicidarse, se casó con Carmen, la hermana menor. La nueva generación de la familia ha creído que lo hizo para mantenerse cerca de Teresa. Qué pasó de verdad entre ellos…no lo se. Pero…algún incendio hubo porque, una tarde, Carmen, la malquerida esposa, se vistió como para una fiesta, se puso las perlas y se arrojó por el balcón. Si Teresa sintió algún remordimiento ¿quién podría saberlo? Pero mi abuela, severa y moralista, puso distancia. Ambas, tanto Teresa como Carmen, igual que mi abuela Manuela, fueron prolíficas madres. Tengo entendido, también, que unas primas lejanas de mi abuelo se instalaron en Montevideo y daban clases de música y de arpa a las señoritas acomodadas. Pero no tengo más información acerca de ellas”.
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Entre los autores que citamos figuran académicos y escritores galardonados con importantes premios, lo cual da una idea de la relevancia de los creadores que abordaron esta temática. La elección del inmigrante como personaje nos habla de la voluntad de eternizar su gesta, sus victorias y sus fracasos en tierra americana.
Notas
1. Barnet, Miguel. Gallego. Madrid: Alfaguara, 1986. 2° edición.
2. S/F: en Barnet, Miguel. Gallego. Madrid: Alfaguara, 1986. 2° edición.
3. Puentes de Oyenard, Sylvia: “Un viaje al corazón de América latina”. Uruguay, 2006.
4. Cabrera Delgado, Luis: Mis dos abuelos. Premio El niño de la bota y publicado por Ediciones Capiro. Santa Clara (Cuba), 1992. Citado en “Un viaje al corazón de América latina”, de Sylvia Puentes de Oyenard.
5. Urbina, Luis G.: “La confidencia”, en Berdiales, Germán: Cantan los pueblos americanos. Ilustraciones de David Cohen. Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1957. 2° edición.
6. Piñón, Nélida: La república de los sueños. Alfaguara, 1999. 766 pp.
7. S/F: “La república de los sueños”, en www.alfaguara.santillana.es
8. Ibarbourou, Juana de: “Morriña”. Citado en “Un viaje al corazón de América latina”, de Sylvia Puentes de Oyenard.
LOS ESCRITORES AMERICANOS Y LA INMIGRACION
Nos referiremos a algunas de estas páginas, escritas por autores no nacidos en Argentina ni emigrados a ella, en las que inmigrantes de diversas nacionalidades se vuelven personajes literarios.
Susan Sontag, “una de las voces estadounidenses más críticas y comprometidas desde los años 60”, escribió En América. Esta obra es, a su criterio, “la mejor que ha escrito. Con ella ganó el National Book Award en el año 2000. (…) Inspirado en una historia real, ‘En América’ relata la historia de una gran actriz polaca que a finales del siglo XIX decide dejarlo todo e irse a EE. UU. con su marido, un escritor que la admira, su hijo y algunos amigos para formar en California una comunidad utópica”. (3).
Isaac Bashevis Singer escribió Sombras sobre Hudson (2000), novela acerca de la que expresó Marcelo Birmajer: “Aunque muchos de los personajes son sobrevivientes de la Europa nazi y la historia de amor de uno de ellos, el doctor Margolín, está envenenada de la peor manera por la hecatombe, lo cierto es que para el resto de los personajes la gran tragedia es más un escenario que la marca definitiva de sus vidas: no es la primera novela en que Singer da a entender que la imposibilidad para ser feliz y la unidad entre el amor y el fracaso no devienen de un suceso histórico, sino que suceden en todos. Hertz Grein y Anita Makaver, dos de los personajes centrales, habrían huido juntos antes o después de la guerra, y sus vaivenes sentimentales no habrían variado gran cosa. Es cierto que el desastre de la guerra, como telón de fondo, otorga más peso a cada una de las acciones, pero no es lo que las determina. Las bizarras sesiones de espiritismo en busca de los seres queridos muertos intercaladas a lo largo de la trama, pletóricas a un mismo tiempo de humor y desesperación, ya las narra Singer en sus cuentos situados en los años anteriores a la guerra” (4)
El cubano Miguel Barnet es el autor de Gallego. Acerca de esta obra, manifiesta Eduardo Galeano: ‘Miguel Barnet, certero escuchador, decidor de palabra clara, demuestra que el testimonio bien puede ser alta literatura. Nuestros países tienen una deuda pendiente con los miles y miles de inmigrantes que han venido a tierras de América desde Galicia. Por mano de Miguel, aquí cuenta su historia un hombre de dos patrias, un cubano en cuya memoria no han cesado de resonar los airinhos de la aldea donde nació. Pero más allá del personaje y su peripecia, este libro es un homenaje y un entrañable desagravio a los miles y miles de gallegos que tantas veces han recibido desprecio a cambio del mucho amor y trabajo que nos han entregado’ ” (5).
En Mi tesoro te espera en Cuba, novela del cubano Joel Franz Rosell, uno de los personajes relata la historia de un español: “-Tú sabes que Cuba fue colonia española hasta 1898. Después de la independencia muchos españoles continuaron yendo allí a buscar fortuna. Entre esos emigrantes estuvo tío Fermín, que se fue muy joven y sin un duro. No sabemos cómo logró hacerse con tierras, montar una fábrica de conservas y otros negocios. Llegó a tener buenos amigos en el gobierno y eso acabó por traerle la desgracia cuando la revolución de 1959… Los revolucionarios persiguieron a los del antiguo régimen y Fermín, sintiéndose en peligro, salió clandestinamente de la isla. Lo extraño es que su esposa no lo acompañó y murió en Cuba poco después. Como ella no tenía familia y a Fermín no le quedaban amigos en Cuba, nunca hemos logrado saber exactamente lo que ocurrió” (6).
La peruana Gabriella De Ferrari “Escribe en inglés, idioma en el que se expresa con más fluidez que en español o en italiano. Sin embargo, la conciencia de ser una gringa en Perú y una latina en Estados Unidos, sigue presente. “Una nube en la arena” y “Gringa Latina” fueron eso. Una memoria ‘saturada con poderosos ecos y profunda nostalgia de un lugar que no puedo dejar atrás’. (…) en “Gringa Latina” la trama transcurre en Tacna y la historia es la de Gabriella: su niñez, el colegio, su primer viaje a Italia para encontrarse con la tierra de sus ancestros. No es una novela propiamente autobiográfica ni costumbrista, aunque contenga ambos elementos, es más bien un retrato sicológico hábilmente compuesto con imaginación y vitalidad.” (7).
La boda del poeta, del chileno Antonio Skármeta, es “Una historia de amor legendario en clave de intriga y humor, una mirada inteligente y satírica sobre la Europa de preguerra, pero también la crónica de una estirpe de emigrantes que llegará a Chile a principios de siglo”. En La chica del trombón, “continuación de su novela anterior (…) Alia Emar comparte con el resto de los emigrantes el amor por el cine y las heroínas románticas, y la obsesión por Nueva York, donde sueña con encontrar algún día a su tío abuelo Reino Coppeta, probable fabricante del monstruo cinematográfico King Kong. La búsqueda de aliados para su aventura de escapar a Estados Unidos le hace conocer a toda clase de gente y vivir mil y una peripecias que Skármeta cuenta con el humor, la alegría y el encanto característicos de su prosa” (8).
En Doña Flor y sus dos maridos, de Jorge Amado, aparecen inmigrantes. Entre ellos, un español. Relata uno de los personajes: “-Un día, hará más de cuatro años, en el mes de marzo, encontré a Vadinho en los ‘Tres Duques’, jugando al 17. Iba vestido con una capa bajo la cual no llevaba nada puesto: estaba desnudito. Había llevado todo al montepío. Lo había empeñado todo, saco y pantalón, camisa y calzoncillos, para poder jugar. Ramiro, aquel español avaro del “Setenta y Siete”, sólo quería aceptar los pantalones y el saco. ¿Qué diablos podía hacer con una camisa de cuello raído, unos calzoncillos viejos, una corbata gastada? Pero Vadinho logró que recibiera todo, hasta las medias, quedándose sólo con los zapatos. Era tan envolvente su palabra que consiguió que Ramiro, esa fiera que ustedes conocen, le prestase una capa casi nueva, pues no iba a salir desnudito calle adelante, en dirección a los Tres Duques…” (9).
La brasileña Nélida Piñón escribió La república de los sueños, obra en la que evoca la inmigración española que llegó al país limítrofe. “La república de los sueños es la República de Brasil, el lugar donde todas las esperanzas humanas pueden hallar cumplimiento. Madruga y Venancio nacieron con el siglo. Se conocieron en el barco inglés que los trasladó de Vigo a Río de Janeiro en el lejano año de 1913. apenas eran unos muchachos cuando dejaron atrás la miseria y el desamparo de su Galicia natal, para navegar detrás de un sueño, rumbo a los paraísos de ultramar. Madruga conquistará Brasil, levantando industrias, comercios, haciendas. Pero se extraviará en el camino. Venancio, en cambio, mantendrá intacta su condición de soñador: será él quien llore en nombre de Madruga, será el verdadero depositario de sus sentimientos vetados. En La república de los sueños, hecha de emociones, o sea, de palabras esenciales, Nélida Piñon sacude al lector y le transmite el sabor agridulce, de triunfo y frustración, de uno de los pocos países del mundo en que sobrevive la epopeya” (10).
que a América vino sin ir a la escuela!
Tiene torpes andares de oso
Y apacible mirar de gacela.
Oh, tierra abierta al sediento
de libertad y de vida,
dinámica y creadora!.
pero siempre será como si llega,
hablando lengua que jadea y gime
y que le entienden sólo bestezuelas,
y va a morirse en medio de nosotros,
en una noche en la que mas padezca,
con solo su destino por almohada,
de una muerte callada y extranjera.
Ni un indio, ni un cacharro,
Ni un gaucho, ni un rodeo;
La América de ahora,
la del tiempo presente,
la del tiempo futuro,
es todo eso, cierto, pero eso es la mitad,
la otra mitad es el gringo;
el gringo:
palabra chica que encierra un hecho enorme.
…..
Entre los autores que citamos figuran académicos y ganadores de Premios Nobel, lo cual da una idea de la relevancia de los creadores que abordaron esta temática. La elección del inmigrante como personaje nos habla de la voluntad de eternizar su gesta, sus victorias y sus fracasos en tierra americana.
1. Ferrer, Silvia: “Ernest Hemingway”, en www.portalmundos.com.
2. S/F: “Inspiró ‘El viejo y el mar’, de Hemingway Cumplió 100 años un marinero legendario”, en Clarín, Buenos Aires, 13 de julio de 1997.
3. Sánchez, Belén: “Susan Sontag: ‘Siempre me ha resultado incómodo ser ciudadana americana´ ”, en www.cultura.terra.es.
4. Birmajer, Marcelo: en www.pagina12.com.ar
5. S/F: en Barnet, Miguel. Gallego. Madrid: Alfaguara, 1986. 2° edición.
6. Rosell, Joel Franz: Mi tesoro te espera en Cuba. Ilustraciones: Pier Brito. 1° ed. Buenos Aires, Sudamericana, 2002. 160 pp. (La pluma del gato). Pág. 26.
7. Cornejo, María Elena: “Gabriella de Ferrari, peruana que ha hecho carrera en EE.UU”. Fotos José Vilca, en www.caretas.com.pe.
8. S/F: en www.clubcultura.com.
9. Amado, Jorge: Doña Flor y sus dos maridos. Buenos Aires, Losada, 1978.
10. S/F: “La república de los sueños”, en www.alfaguara.santillana.es
11. Urbina, Luis G.: “La confidencia”, en Berdiales, Germán: Cantan los pueblos americanos. Ilustraciones de David Cohen. Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1957. 2° edición.
12. Mistral, Gabriela: “La extranjera”, en www.nodo50.org
13. Silva Valdés, Fernán: en Berdiales, Germán: op. cit.
14. S/F: “Una bestia en la luna”, en www.armeniosonline.com.ar.
