inmigración a la Argentina
Publicado el 18 de Noviembre de 2009 por María González Rouco
Nuevo libro de Julio César Melchior
El escritor Julio César Melchior, autor de varios libros dedicados a rescatar la historia y cultura de los descendientes de alemanes del Volga, acaba de lanzar un nuevo libro, titulado “La gastronomía de los alemanes del Volga”, que rescata ciento cincuenta recetas de cocina tradicionales de los alemanes del Volga.
Al respecto de la obra, el Prof. Desiderio Walter opina en la introducción al libro que “Después de un arduo trabajo de investigación llevado a cabo durante más de dos años, en los que visitó y entrevistó pacientemente a infinidad de mujeres mayores de descendientes de alemanes del Volga, de hurgar en cuanto archivo culinario fuera posible hallar vestigios de alguna receta ya extinta, e investigar con obstinación la memoria colectiva para reconstruir platos perdidos en el olvido de las migraciones, el escritor Julio César Melchior nos presenta esta preciosa colección de más de cien recetas de cocina.
“Un trabajo que debe ser valorado en su justa medida cultural. Porque rescata antiguas recetas que, por esas circunstancias de la vida moderna, donde no parece haber tiempo para preparar comidas que requieren de tiempo y paciencia, comienzan a desaparecer. Y en esta obra no solamente vuelven a resurgir sino que quedarán inmortalizadas en el recuerdo permanente de los descendientes de alemanes del Volga, como uno de los legados más preciosos que alguien pudiera dejar a sus descendientes.
“En resumen, en estas páginas encontramos más de cien recetas, con varios siglos de antigüedad, que componen la tradicional cocina de los descendientes de alemanes del Volga. Una obra que merece ser adquirida, no sólo para aprender a elaborar y degustar los exquisitos platos que presenta, sino también para guardar como un tesoro de incalculable valor cultural e histórico”.
(información de prensa)
Tags: alemanes del Volga, investigación
Publicado el 12 de Noviembre de 2009 por María González Rouco
Programa Todas
II Ciclo
“De Historias de Mujeres y Mujeres en la Historia”
2009
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Un espacio de reflexión y debate en función de la recuperación de la historia que hemos realizado las mujeres y que en no pocas oportunidades se encuentra oculta, a veces censurada y otras, invisibilizada.
El objetivo de este año se basa en el análisis de la historia más reciente, aquella que construimos para el mañana y que nos condiciona en el día a día.
En este espacio nos proponemos, entonces, reflexionar sobre algunas cuestiones referidas a cosmovisiones diferentes, poniendo especial énfasis en un análisis y un enfoque de Interculturalidad y género.
PROGRAMA:
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18 de Noviembre
Panel
Trabajo, Migraciones y Subjetividades
en Clave de Género.
Soledad y Más de Tres Caminos: Emiliana Mamani.
Coordinadora de Q’ Amasan Warmi –Fuerza de Mujer en lengua aymara- y Centro de Madres 27 de Mayo: Mujeres Migrantes Bolivianas.
Ciudadanía, Cuotas de Género y Cultura Política en Bolivia: Laura Albaine.
Lic. en Ciencias Políticas. Doctoranda en Ciencias Sociales. Docente Auxiliar en la carrera de Ciencias Políticas. UBA.
Las Mujeres Peruanas en Buenos Aires: Olinda Pérez.
Presidenta de Mujeres Peruanas Unidas Migrantes y Refugiadas MPUMR.
Lourdes Vargas.
Vicepresidenta MPUMR.
Orfa Pérez.
Secretaria MPUMR.
Volver a Galicia: María González Rouco.
Lic. en Letras. UBA. Blog Colectividades Argentinas, autora del libro Volver a Galicia.
Mujeres Gallegas, una Revisión Histórica sobre su Construcción Política y Social: Micaela Fernández Darriba.
Directora de Foeminas, Revista virtual de género de Lugo, Galicia.
Moderadora: Gladys Flores.
TODAS- Dirección General de la Mujer.
Se ruega puntualidad.
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18 de noviembre
18.30 hs.
Salón Ortega Peña
Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires
Piedras 574
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ORGANIZAN:
TODAS: Cristina Reges, Gladys Flores.
Coordinamento Donne: Rafaela Cuppari.
Consejo de los/as Italianos/as en el mundo: María Rosa Arona.
Foeminas (Revista virtual de género de Lugo): Micaela Fernández Darriba.
AUSPICIAN:
Delegación de la Xunta de Galicia en Buenos Aires.
Comitato degli Italiani residenti all ‘ Estero. (Comites de Buenos Aires.).
El Equipo Orerapé y el Centro Social y Cultural paraguayo Silvio Morinigo.
Asociación Civil Yanapacuna (Ayudémonos.
Mujeres Peruanas Unidas Migrantes y Refugiadas.
Q’Amasan Warmi (Fuerza de Mujer).
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INFORMES:
PROGRAMA TODAS
Carlos Pellegrini 211 - 7° piso
4323-8000 int. 4703 / 4394-0824
lunes a viernes de 10 a 17 Hs.
http://demujeresymujeresenlahistoria.blogspot.com
http://www.youtube.com/user/historiademujeres
todas.dgmuj@gmail.com
Tags: cuentos, investigación, poemas
Publicado el 11 de Noviembre de 2009 por María González Rouco
Estimados,
Quiero contarles que el cuento sobre el inmigrante lituano Casimiro Szlapelis, ha sido publicado en español y lituano en el website www.fimba.net en el blog FIMBA travel: http://fimbatravel.blogspot.com/.
Esta página visitada mensualmente por más de 500.000 personas de todo el mundo, abre con esta publicación una nueva puerta cultural y turística del Chubut no solamente para Lituania sino para el resto del mundo y en especial para aquellos países que hicieron posible el crecimiento y la historia del nuestro.
Lugares como Sarmiento hoy pueden ser conocidos gracias a la magia de la literatura y los medios electrónicos, por millones de personas.
Los saludo cordialmente,
Mónica Soave
Tags: cuentos
Publicado el 9 de Noviembre de 2009 por María González Rouco
informa acerca de los próximos eventos a realizar:
• Museo Comunitario, de Artes Visuales e Histórico de Florencio Varela
Calle 25 de Mayo esquina Chacabuco, Fcio. Varela Centro
Muestra: “Alemanes del Volga, una conexión con la historia”.
Presenta: “Der große Himmelsring”, Asociación de Alemanes del Volga y Alemanes Allegados.
La exposición que se presentará en el Museo durante todo el mes de noviembre de 2009, consistirá en una muestra estática, que estará a disposición del público durante todos los días del mes, y otra dinámica que serán espectáculos para los días sábados.
Entrada libre y gratuita.
Informes: info@himmelsring.org.ar – (011) 4210-1514
Muestra estática
Libros y revistas Libros sobre la historia de los Alemanes del Volga y revistas, publicaciones de otras instituciones en alemán y en castellano.
Documentos Certificados de nacimiento, de bautismo y confirmación, documentos de identidad.
Fotografías Fotografías antiguas y actuales representando tradiciones sociales, paisajes de las aldeas argentinas y rusas. Fotografías de personajes famosos descendientes de Alemanes del Volga. Monumentos y festividades.
Vestimentas Trajes de baile que estarán en exhibición en maniquíes.
Banderas y escudos Banderas de Argentina y Alemania. Escudos de la Asociación.
Cuadros Cuadro con mapa de la desaparecida República de los Alemanes del Volga en territorio ruso. Bocetos del escudo de la asociación y pinturas realizados por un artista alemán del volga.
Cartelera Cronograma de efemérides destacadas de la cultura alemana del Volga. Fiestas programadas de la Asociación. Cartelera con línea de tiempo de los procesos migratorios de este pueblo.
Objetos Se exhibirán objetos hogareños pertenecientes a familias descendientes de los Alemanes del Volga, por ejemplo mantillas y cobertores elaborados a mano, etc. También elementos de trabajo de campo. Algunos de estos objetos pertenecen al Museo de la Ciudad de Crespo.
Muestra Dinámica
Sábado 07/11/09 – 17:00 horas
Presentación: “¿Quiénes son los Alemanes del Volga?
Charla: “La construcción de la identidad de los Alemanes del Wolga” Inauguración de la muestra. Presentación de la Asociación a cargo de Darío Bessel. Palabras de Juan Carlos Scheigel Huck del CACW. Charla sobre la historia de los Alemanes del Volga, su recorrido por Rusia y Argentina, a cargo del Prof. Horacio Walter. Presencia de autoridades municipales e invitados. Degustación de comida típica y música.
Sábado 14/11/09 – 16:00 horas
Tarde de música y danza. Grupo de danza típica, “Mir sein so”. Ballet con 30 integrantes que presentarán una serie de danzas características del pueblo Alemán del Volga. Referencias históricas. Además actuará el excelente artista Damián Stecklein que nos deleitará con melodías típicas ejecutadas con su acordeón. Degustación de comidas típicas y música.
Sábado 21/11/09 – 16:00 horas
Tarde de Reflexión Charla a cargo del periodista e investigador José Gareis y contaremos con la presencia de Armando Reisenawer. Reflexiones acerca de la cultura, costumbres y legado de este pueblo a la identidad nacional argentina. Luego proyección del documental “Una luz en la oscuridad”. Video documental que refleja la historia de los Alemanes del Volga que quedaron en Rusia y que muestra la dura realidad a partir de la Deportación en agosto del año 1941.
Sábado 28/11/09 – 16:00 horas
Cierre de la muestra:
Música y artistas en vivo. Cierre de la muestra. Presentación de grupo volguense “Los Tres Inmigrantes”, que interpretarán melodías representativas del pueblo Alemán del Volga. Sonidos que representan a los inmigrantes y su mezcla con otras culturas. Degustación de comidas típicas y música. Palabras de agradecimientos.
•
8/11/09 Unser Licht. Fiesta del Disfraz (San Martin PBA)
• 14/11/09 REUNION A. del Wolga. en LA PLATA
Nuevo encuentro de “Alemanes del Wolga” para el sábado 14 de noviembre del corriente año.
Hora: 16,00 hs.
Lugar: gimnasio de Marta Peschel en la calle 12 n° 424 entre 42 y 43 de La Plata.
Programa del encuentro:
16 hs. Recepción
17 hs. “Las Colonias Volguenses en Argentina” a cargo de Horacio Walter
18 hs. Mate y exquisiteses
Programación de la próxima reunión: despedida del año
Comunicación de eventos hasta fin de año.
19 hs. Despedida.
• 14/11/09 NOCHE DE LOS MUSEOS (Puerto Madero)
Museo Nacional de la Inmigración – Ex Hotel de los Inmigrantes)
Avda Antártida Argentina 1355
• Stand Unser Bier.
• CACW
• Club Aleman Descendientes del Volga y Allegados de Berazategui
• 15/11/09 Fiesta típica y tradicional. Club Aleman Descend.del V. y Allegados Berazategui (PBA).
En Salón de la Flia. Siciliana. Calle 137 y 24 - Berazategui. (PBA) 12 hs.
Tel. reservas. 4261-2106 / 4275-8446 / 4278-8320 / 4256-7252
• 26/11/09 Herzliche Einladung:
Vortrag (auf Deutsch) von Dr. René Krüger
Donnerstag, den 26. November 2009, 20:00 Uhr
Pasteur 433, Martínez, Buenos Aires
Traducción: Presentación del Libro“ Los Alemanes de Rusia“
En particular, los alemanes del Volga en la Cuenca del Plata (Argentina, Uruguay y Paraguay)
Libro conmemorativo con motivo del cincuentenario de su inmigración (1878 – 1928)
Escrito y publicado por encargo de la colectividad por JAKOB RIFFEL Pastor en Lucas González, Entre Ríos Argentina
Por el Prof. Dr. René Krüger el 26 de Noviembre 20,00 hs.
Calle Pasteur 433 de la localidad de Martinez – San Isidro
• 29/11/2009 Der Grosse Himmelsring. Fiesta de la Espiga (Quilmes. PBA)
Diciembre
• 5 y 6 Dic.Fiesta de la Trilla (Santa Anita. Entre Rios)
www.fiestadelatrilla.com.ar
SÁBADO 5 DE DICIEMBRE de 2009:
Durante el día se realizarán pruebas de maquinarias en el campo del Sr. Andres Buet (lugar de la fiesta).
Por la noche, espectáculo musical en la “Plaza del Inmigrante” a las 20.30hs (Entrada Gratis). Actuarán: Conjuntos regionales y la presentación estelar de “Antonio Tarragó Ros”. Cierra baile con “Los Tres Inmigrantes”
DOMINGO 6 DE DICIEMBRE de 2009:
A partir de las 9,30 hs. de la mañana en el campo del Sr. Andres Buet (2km del acceso a Santa Anita) se comenzará con las actividades de trilla, habrá desfiles de caballos, trabajos con todo tipo tractores de diferentes épocas y también trilladoras y engavilladoras de principio de siglo, restauradas y en perfecto funcionamiento.
Al mediodía habrá servicio de cantina con la colaboración de las instituciones del pueblo, con más cantinas y mejor ubicadas, en lugares con sombra.
Como todos los años, habrá exposición de artesanos locales, con trabajos, fotografías o comidas típicas alemanas. Además habrá sectores con nutrida sombra para descansar, como asi también 12 baños a disposición del público.
Para aquellos que vengan en auto, tendrán una playa de estacionamiento, y habrá tres entradas para la fiesta, puestos de venta de bebidas y la construcción de galpones para el asentamiento de la gente.
Por la tarde se continuará con las grandes demostraciones de maquinarias de todo tipo, incluyendo la esperada comparación con máquinas de última tecnología para establecer la diferencia entre ambas, lo cual será emocionante. A esto se le agrega la participación del ballet de nuestra localidad, la presencia de medios radiales transmitiendo en vivo, como así también cámaras de distintos medios televisivos.
ENTRADA:
Sábado: Gratis
Domingo: $15.- (Mayores), $5.- (Menores)
Se recomienda traer cubiertos, sillas y comodidades.
Comisión Organizadora.
DATOS IMPORTANTES:
Hospedaje:
* Hotel “Santa Rita” (03445-497009)
* Camping - Cabañas “Mi Recuerdo” (a unos 7 km de nuestra localidad) (03445-497117 ó 03445-15654126). Por motivos de capacidad se recomienda reservar su estadía previamente.
Santa Anita también cuenta con campings donde podrá establecerse en carpa, ambos establecimientos (Camping - Cabañas “Mi Recuerdo” y Camping Municipal) poseen amplias comodidades.
Para más información comunicarse a los siguientes teléfonos:
03445-497212 - Hugo kloster (Vicepresidente de la Comisión de la Fiesta de la Trilla)
03445-15404937 - Ricardo Honeker (Encargado de Publicidad)
03445-497243 - Municipalidad de Santa Anita.
O por mail a info@fiestadelatrilla.com.ar
• 12 y 13 Diciembre- 4º Fiesta de las Colectividades Pilar
La Asociación Argentina de Colectividades, la Secretaría
de Educación, Cultura e Integración y la Subsecretaría
de Cultura del Municipio de Pilar, llevará a cabo la 4º Fiesta de Colectividades, que se realizara los días 12 y 13 de Diciembre del corriente, en la plaza 12 de Octubre, participando con stand, ballet, erc.
• 18/12/09 Fiesta de Despedida y Fin de Año Club Aleman Descend. Del Volga y Allegados de Berazategui (PBA).
• 20/12/09 Fiesta Despedida del Año Unser Licht (San Martin. PBA)
22 FEBRERO 2010 1er. Festival del Inmigrante Aleman. Viale (Entre Ríos)
Contará con la presencia de Die Dof Musikanten y diferentes actividades organizadas por la Municipalidad de Viale y el Centro Argentino Cultural Wolgadeutsche
Tags: alemanes del Volga, encuentros
Publicado el 7 de Noviembre de 2009 por María González Rouco
Sábado 7 de Noviembre de 2009
Destinado a: Bibliotecarios y miembros de instituciones de colectividades y público interesado.
Lugar de realización: Asociacion Atletica Argentinos Juniors
Polideportivo Malvinas Argentinas
Tronador 50 (y Baunnes)
La Paternal - CABA
Organizado por:
Colectividad Checa Cesky dum Argentina
Biblioteca
www.cesky-dum.com.ar
PROGRAMA
09.00 Acreditación Entrega de Carpetas
09:20 Bienvenida. En representación de la Colectividad Checa , el Sr. Presidente de Cesky Dum Argentina, y en representación de la Secretaria de Cultura de la Asociación Atletica Argentinos Juniors, el Sr. Oscar Vignolo
09.30 Bibliotecas Digitales. y algo más!. Ana María Michemberg.
10.45 Café
11.00 - La literatura checa en los tiempos difíciles. Sra. Marketa Pilátová
11.40 - Formas de promoción de las literaturas minoritarias: las letras checas en Argentina. Lic. Daniela Capkova. Directora del Centro Checo de promoción cultural
12.15- Ponencia de la Sra. Alicia Dieguez
12.45 - 14.00 hs. Receso para almorzar
14.00 - Mega Plan de Recuperación Documental. Miguel Chiloteguy.
Subdirector del Museo de la Emigración Gallega en la Argentina
14.30 - Revista digital “Studia Croatica” - Instituto De Cultura Croata
1959/1960 - 2009/2010 - 50 Aniversario. Sr Joza Vrljicak.
15.00 - Literatura y biblioteca: hacia el lugar donde los fragmentos se unen.
Bibl. Mirta Romero
15.30 - Programa “Bibliotecas para Armar” dependiente del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. María Laura Migliarino
16. 45 - Café
17.00 - Inmigración y Literatura. María Gonzalez Rouco.
17.30 Conclusiones
17.45 Cierre: ” La Banda del Viejo Mundo”.
Palabras finales
Tags: encuentros
Publicado el 1 de Noviembre de 2009 por María González Rouco
AGENDAR
Desde Montserrat Histórico!
PARTICIPÁ
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
DIRECCIÓN GENERAL :NILDA ANTONIA PIGAZZINI
CIUDADANA NOTABLE PLAZOLETA HISTÓRICA MONTSERRAT
Peña Literaria y artística “El duende la luna y yo “”Honorato de Balzac ” Montserrat
Unificando Culturas
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Invitamos Viernes 13 de noviembre de 17 a 20,30 HS
Biblioteca Martín del Barco Centenera Venezuela 1538
2º viernes de Noviembre ” último del Ciclo 2009″
Nos despedimos hasta el 2º Viernes de Marzo 2010–
Con las rosas rosadas del verano
ACTIVIDADES
Viernes 17 hs.
Presentamos
Poemas
“Prohibido cruzar el borde de los sueños ”
“JOSEFA ABELLÁ ”
Presentación del libro
Ana María Fernández
Magister de Sociología
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18 hs.
Premio al mérito trayectoria
literateraria poética
Letras Argentinas
Escritor :Carlos Splausky
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Reconocimiento
Titulo “Ciudadana Ilustre Lanús ”
Asesora de la Peña
Artista Plástica :Martha Laroche
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Reconocimiento a los 20 años
de trayectoria Centro Jub y pensionados
San Telmo -Montserrat
Presidenta : Isabel Almada
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19 hs.
PRESENTACIÓN DEL LIBRO
” VOLVER A GALICIA”
cuentos y poemas de gallegos argentinos
MARIA GONZALEZ ROUCO
(Colectividades Argentinas)
Presentación del libro
Ana María Fernández
Magister de Sociología
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CD …Dedicado a la Plazoleta
Voz. Letra y Música —Nilda A. Pigazzini
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Participación de los presentes
Despedida…Afro…
Grupo Kumbambantú
Reseña Histórica
Sobre negritud y Candombes
en el Rio de la Plata
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Biblioteca Martín del Barco Centenera
Gracias…
Director :Oscar Rodriguez
Histórico Montserrat -.
¡ FELICES ENCUENTROS !
Los Esperamos —
http://bibliotecacentenera.blogspot.com/2007/06/20.html
www.blogs.clarin.com/montserratelduendelalunayyo
Sonido :Gabriel Gomez
n.pigazzini@hotmail.com
Difunde - Confección de Blogs : maricinella@hotmail.com
Hasta todos los cielos —–Nilda
Tags: cuentos, poemas, presentaciones de libros
Publicado el 29 de Octubre de 2009 por María González Rouco
La Cátedra España de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales
invita a las conferencias programadas para el Mes de Noviembre
Jueves 5, 18.30, “La cultura gallega en la obra de Mariana Vicat. Presentación de su libro de cuentos ´El puente de plata´”. Auditorio Paraguay 1239, 1er. Piso – C.A.B.A.
Martes 10, 18.30, “Infantas Isabel y Eulalia de Borbón: dos personalidades”, a cargo del Excmo. Sr. D. Francisco José Rodríguez Velasco. Auditorio Paraguay 1457, 1er. Piso – C.A.B.A.
Jueves 12, 18.30, “La importancia de la cultura en la sociedad”, a cargo del Presidente de la Fundación Konex , Dr. Luis Ovsejevich. Auditorio Paraguay 1239, 1er. Piso – C.A.B.A.
Martes 24, 18.30, “El exilio literario español en Argentina a raíz de la Guerra Civil “, a cargo del Dr. Mario “Pacho” O´ Donnell. Auditorio Paraguay 1457, 1er. Piso – C.A.B.A.
Actividades con entrada libre y gratuita
Informes: 4815-3290 ints. 580/581/582
Tags: cuentos
Publicado el 26 de Octubre de 2009 por María González Rouco
Después de controlar su reloj de bolsillo, el doctor Villarreal Ugarte se levantó una vez más de su asiento para reclamar en secretaria la demora en su atención.
La recepcionista intentó tranquilizarlo pero de nada valieron sus explicaciones. Molesto por la situación comenzó a levantar la voz sin importarle la presencia de otros clientes que esperaban antes que él. Finalmente, para evitar inconvenientes, la secretaria optó por hacerlo pasar a una salita contigua al escritorio principal y en pocos minutos fue atendido por el gerente, el señor De la Vega.
-Vea, mi amigo -dijo el doctor -Ya me han hecho esperar demasiado y no tengo tiempo que perder, así que vamos al grano.
Y sin que lo invitara a pasar, ingresó decididamente al despacho del gerente.
Luego de acomodar su arrugado impermeable en una silla, se sentó frente al escritorio principal y continuó:
-Como usted sabrá, hace más de un año murió mi madre y a mí me tocó como herencia la casona de los Ugarte. Desgraciadamente, desde que llegó la democracia, la situación de los jubilados del poder judicial es desastrosa y no me queda otro remedio que alquilarla…
Ante la extraña actitud del abogado, el gerente se limitó a escucharlo.
-…eso sí, no quisiera que la ocupe cualquier persona -continuó diciendo -Ni hablar de esos sinvergüenzas que alquilan las casas de las familias tradicionales para transformarlas en boliches, que no son otra cosa que la antesala del cotorro. Ha sido el hogar de mis abuelos y no voy a permitir que la tomen para la chacota; prefiero que la ocupe una buena familia, aunque tenga que resignar un poco el precio…
Fastidiado por el monólogo del doctor, De la Vega lo interrumpió:
-Mire, su propiedad es difícil de alquilar. Si bien está en uno de los mejores barrios de la ciudad, la construcción se ha deteriorado por falta de mantenimiento y la distribución de ambientes es poco funcional para casa de familia. De cualquier manera, si usted quiere, podemos intentarlo…
Cuando el gerente se disponía a informarlo del precio probable del alquiler y dar por terminada la entrevista, Villarreal Ugarte tomó nuevamente la palabra:
-No se olvide que allí vivió mi madre y, a pesar de la situación económica en que me encuentro, aún tengo esperanzas de arreglar la casa y darle el señorío de otros tiempos. Siempre soñé con realizar en ella el casamiento de mis hijas y verlas bajar con sus vestidos blancos por la elegante escalera del living. O instalar mi estudio en el escritorio que fuera del abuelo, pero no sé si será posible…
Emocionado bajó la vista y tomando el viejo “Perramus” amagó con despedirse, pero ni bien se repuso de la jugarreta afectiva de los recuerdos, volvió con su perorata:
-Mire, amigo. Los Villarreal somos como los De la Vega, de allí la amistad de mi padre con su abuelo. No necesitamos andar firmando papeles, nos basta la palabra y un buen apretón de manos. Lo que pasa es que la gente de hoy está podrida. A la juventud no le interesa trabajar, lo único que le importa es divertirse. Y de los políticos, mejor ni hablar. Los radicales son lobos disfrazados de corderos que quieren socializar el país y los peronistas son una manga de corruptos…
Harto de tanta conversación sin sentido, el gerente se puso de pie y extendió su mano para despedirlo.
Cuando Villarreal Ugarte se retiró de la oficina, De la Vega llamó al encargado de alquileres y le indicó que al día siguiente tasaran la casona del doctor, recomendándole tener un poco de paciencia con él.
La cita fue convenida para las cuatro de la tarde. A esa hora el calor de la siesta cordobesa era insoportable y hacía rato que el joven tasador esperaba. Finalmente, apareció el abogado.
-¿Cómo anda, m’hijo? Perdone la demora pero me recosté un rato y se me hizo tarde ¿sabe? A ver si he traído las llaves…
Mientras revolvía sus bolsillos, el muchacho lo observó detenidamente: su traje estaba tan gastado por el uso diario y el abuso de plancha, que los pliegues de la tela brillaban al sol cada vez que movía los brazos. Una vieja corbata le ajustaba el cuello de la camisa con un nudo chiquito y grasoso. Los zapatos, impecablemente lustrados, no podían disimular las capas de pomada que habían acumulado durante años.
Con descaro casi obsesivo, el muchacho continuó observando al doctor sin darse cuenta que él también lo miraba. Al advertirlo, se apresuró a indicarle:
-Doctor, ¡qué zapatos tan elegantes tiene! Seguramente los habrá comprado en Europa…
-No, mi amigo -contestó orgulloso -Son de la antigua casa Gath y Chaves, y a pesar de los años, todavía tienen para rato… -y continuó hablando de las bondades de los cueros argentinos, de la generación del ochenta y de la transformación del país a principios de siglo.
-Bueno, ¿qué le parece si entramos? -lo interrumpió el muchacho.
Sin apuro alguno, Villarreal Ugarte abrió la puerta del viejo caserón y le franqueó el paso: un fuerte olor a humedad inundó el hall de ingreso.
-No hay electricidad, muchacho. Hace tiempo que la empresa de energía retiró los medidores pero con un poco de buena voluntad podremos revisar todo.
Después de abrir algunas ventanas del living, continuó:
-Las humedades que se ven son de fácil solución. Y si le perdonamos el primer mes de alquiler, el que la ocupe podría hacerse cargo de los arreglos. ¿Qué le parece?
El muchacho no contestó.
-¡Mire ese vitreaux! Dígame si no es una obra de arte. Imagínese lo que fue la casa cuando estaba en buen estado. La carpintería y los pisos son excelentes.
Mientras Villarreal Ugarte hablaba y hablaba, el empleado de la inmobiliaria evitaba pisar las tablas flojas del parquet mientras disimuladamente intentaba quitar de sus solapas las telarañas que se le habían pegoteado al entrar al pasillo de los dormitorios.
De repente, como descubriendo un tesoro, el doctor Villarreal Ugarte abrió la puerta del baño principal y señaló la bañadera:
-¿No le parece una maravilla, amigo? Estas cosas no se fabrican más, son de hierro fundido. Mire el tamaño que tiene. Las que vienen ahora son para pigmeos. Vea usted el detalle de las patas con garras de león. Aún conserva su estilo, a pesar de tener saltada la loza -le indicó mientras levantaba un pedazo de mayólica que se había desprendido de la pared.
Cuando estaban por entrar a la cocina, el muchacho no soportó más. El olor a ratas era tan intenso que no quiso continuar la recorrida.
-Bueno doctor, con lo que he visto es suficiente. Vaya cerrando nomás. Lo espero afuera.
Fastidiado por el apuro del tasador, Villarreal Ugarte cerró rápidamente las ventanas de la casona y al salir no pudo disimular su enojo:
-Mire mocito, por mí, el inquilino puede hacerle los arreglos que quiera, pero yo no pongo un peso. Y si quieren hacer reformas importantes, deberán consultármelas. Eso sí, ni al vitreaux, ni a la bañadera me los tocan.
Dicho esto, guardó las llaves y entregándole una copia al muchacho, se marchó sin más trámite.
No habían transcurrido ni dos semanas de lo sucedido cuando Villarreal Ugarte se apersonó nuevamente a las oficinas de la inmobiliaria y, furioso, arremetió contra la recepcionista exigiéndole una entrevista inmediata con De la Vega.
Advertida de su mal carácter, la muchacha le sonrió amablemente haciéndole saber que el gerente estaba ocupado y tendría que esperarlo.
-¡Mire, niña, no tengo mucho tiempo que perder! -le replicó de inmediato -Lo menos que puede hacer es avisarle que lo estoy esperando, de lo contrario nunca sabrá que he llegado y demorará aún más en atenderme.
-Tenga paciencia, doctor. Enseguida lo anuncio.
A los pocos minutos, vio entrar al muchacho que había tasado la casona y saltando de su asiento, le salió al cruce.
-¡Muchacho! Con vos quiero hablar… ¿Qué pasa con mi casa?
Acosado por las circunstancias, el joven intentó darle alguna explicación, pero Villarreal Ugarte comenzó quejarse por los impuestos que tendría que pagar, además del deterioro que sufriría la casa si no la alquilaba y del dinero que le hacían perder diariamente.
Ante esta situación, De la Vega fue informado de lo que estaba sucediendo e inmediatamente se apersonó en recepción para calmarlo. Pero fue inútil.
-Vea, mi amigo. Si no me dan una solución, me van a obligar a recurrir a los servicios de otra inmobiliaria -dijo ofuscado, sin cuidar las formas.
-¡No diga eso, doctor. Si su casa no se alquila, no es culpa nuestra! -replicó molesto De la Vega -Lamentablemente está en pésimo estado y sólo la quieren para instalar bares o confiterías bailables. Sin ir más lejos, esta mañana estuvieron dos personas interesadas pero nada podemos hacer si usted no quiere alquilarla para ese destino. Más de lo que hemos hecho, imposible.
-¡Mire, amigo, terminemos con tanta charla! ¿Cuánta plata ofrece esa gente?
Sorprendido por el inesperado desenlace de la conversación, De la Vega contestó dudando:
-Creo que…unos mil quinientos pesos por mes; casi el doble de lo que usted pretende, doctor.
-Bueno, déjemelo pensar…
A la mañana siguiente, sin acordar cita previa, Villarreal Ugarte se presentó nuevamente en la oficina.
-Mire, De la Vega, ya lo he decidido. Ayer, cuando terminé de hablar con usted, me fui hasta el arzobispado a consultar el problema con el padre Andión. Él me ha dicho que el destino que puedan darle los inquilinos a la casa no es problema mío, por lo tanto la alquilaremos de inmediato. Y si se transforma en la antesala de los cotorros, como le dije el primer día, no será para mí un asunto de conciencia ya que en realidad no tengo por qué saberlo. Por lo tanto, asegúrese de las garantías y cuando estén listos los contratos, llámeme a firmar.
En pocos días todo estuvo arreglado. La cita con los futuros inquilinos fue convenida para las nueve de la mañana y el primero en llegar fue Villarreal Ugarte.
Sin demora alguna, De la Vega lo invitó a pasar a su escritorio y, antes de la reunión, le informó que los inquilinos tenían pensado realizar algunas reformas en su casa. Entre otras: voltear paredes para unir el escritorio con la recepción e instalar allí una pista de baile, sacar los vitreaux del comedor y modificar los baños.
-¡Modificar los baños! ¿Qué piensan hacer con los baños? -preguntó afligido -Y la bañadera y el vitreaux, ¿dónde piensan ponerlos? -terminó diciendo.
-Tenga paciencia, doctor. Ya hablaremos con los interesados.
Al rato, los involucrados en el negocio se reunieron.
El turco Abud, uno de los futuros inquilinos, era un comerciante hábil y astuto. Después de las presentaciones se ubicó estratégicamente frente a Villarreal Ugarte y decididamente tomó la palabra:
-Como usted sabrá doctor, la casa está en mal estado y hay que invertir mucho dinero para arreglarla, por lo tanto, necesitamos un contrato largo que nos permita recuperar el gasto inicial y también que nos libere de pagar los tres primeros meses de alquiler, que es el tiempo que durará la obra…
-Mire, Abud -lo interrumpió, guarango, Villarreal Ugarte -Estoy aquí por pedido del señor De la Vega. En realidad, él se apuró en realizar esta reunión cuando prácticamente yo había decidido no alquilar la casa. Pero como no es mi intención desairarlo, estoy dispuesto a escuchar la propuesta de ustedes con la advertencia de que si modifican mucho lo que pretendo, me sentiré liberado del compromiso y desde ya, olvídense de la casa.
-Pero doctor, ¿qué es lo que usted pretende, entonces?
Villarreal Ugarte acomodó su chaleco, juntó las manos sobre la mesa y, con tono altanero, indicó:
-Quiero un alquiler razonable, que paguen los impuestos y me cuiden la propiedad. Si van a hacer refacciones, que no cambien el estilo de la casa. No sé si saben que ha sido la casa de mi madre y algún día espero habitarla nuevamente.
-Bueno doctor, no creo que estemos tan lejos -respondió el Turco -El precio que pagaríamos sería el que nos ha solicitado la inmobiliaria. Y con respecto a las modificaciones, no son muchas: uniríamos el living con el escritorio, sacaríamos el vitreaux del comedor… -y continuó con la descripción de las reformas, exagerando costos y explicando que hacerlas era condición de operación, de lo contrario, no alquilarían la propiedad.
Villarreal Ugarte no tardó en darse cuenta que de continuar su negativa, peligraba la contratación. Poco antes que Abud terminara con el detalle de las obras, hizo algunas preguntas sin importancia y finalmente, mirando de reojo a De la Vega, asintió con la cabeza. El Turco y su socio, esbozaron una sonrisa.
El gerente había previsto que esto sucedería. Y, sin demora alguna, saco los contratos de un cajón y los extendió sobre la mesa.
Abrumado por las circunstancias, el doctor tomó la lapicera y comenzó a firmarlos lentamente. Al finalizar, observó a los inquilinos por encima de sus anteojos y les dijo:
-Bueno, espero que no se atrasen en los pagos… ¡Ah! Si llegan a tener algún problema con la habilitación municipal no dejen de avisarme, tengo algunos amigos en el gobierno.
Salieron de la salita y De la Vega los acompañó hasta la recepción para despedirlos. Mientras la secretaria hacía entrega de las llaves de la casona a los flamantes inquilinos, Villarreal Ugarte tomó conciencia de lo que había firmado y con nerviosismo se abalanzó sobre ellos.
-Esperen un poquito… Hay algo que no hemos hablado aún. Con los baños, ¿qué piensan hacer?
Con el contrato de la mano, Abud le contestó:
-Todavía no lo tenemos definido, doctor; pero seguramente dividiremos el baño principal en dos. En el de hombres, pondremos mingitorios; y en el de damas, sacaremos las mayólicas para colocar espejos ahumados y…
Sin poder disimular su molestia, el doctor lo interrumpió una vez más:
-Y dígame, ¿qué harán con la bañadera?
-¡Ah! Tenemos una idea genial. Pensamos colocarla en el medio de la pista de baile y llenarla con maní; de esa manera la gente lo irá comiendo mientras baila. El maní salado da mucha sed; y esto, aunque parezca increíble, aumenta el consumo de bebidas alcohólicas. Es una vieja treta de los cerveceros, doctor.
http://secretosinsolentes.com.ar/2009/10/19/el-doctor-villareal-ugarte/
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Publicado el 25 de Octubre de 2009 por María González Rouco
La Casilla
Nosotros no vivíamos en un conventillo. Vivíamos en la casa que había hecho construir mi abuelo Luiggi, ahorrando hasta el alma y trabajando extras inauditas en la Rosario, una lancha carguera de la compañía Mihanovich, donde se desempeñaba como “patrón”, función que se ejercía por condiciones naturales de mando, disciplina y práctica marinera, y Luiggi, navegador temprano y también náufrago a los doce años del Adriático y de ese marcamino que llaman Mediterráneo. sabía algo de eso. Esa función era similar la del Capitán de Cabotaje, es decir la autoridad máxima e indiscutible para las embarcaciones mercantes mayores de río y con movilidad propia. La Rosario, no; debía ser remolcada. Este tipo de embarcaciones eran utilizadas para trasladar la carga entre el puerto y los buques de mayor porte y calado que no podían entrar al mismo. Quinquela Martín supo narrar bien en sus cuadros el espíritu del puerto; sólo les falta el sonido. Porque la fiesta empezaba temprano en la mañana, a eso de las siete, con el rugido de los motores de los remolcadores, sus pitadas estridentes, voces, saludos, gritos, imprecaciones y carcajadas, todo con mate cocido y galletas. Todo mezclado. Y los hombres también. Paraguayos, italianos, correntinos, yugoslavos y polacos, se disputaban los tablones, los turnos, y compartían el descanso y su comida. Españoles casi no había en los menesteres del puerto, ellos se dedicaban más al comercio, almacenes, bares, confiterías; eran mozos ó porteros.
Entre los 11 y 12 años trabajé como dependiente en un comercio dedicado a la venta de café. No porque necesitara trabajar, simplemente por disciplina familiar, cultura del trabajo. Esos conchabos cortos de algunos meses de medio día —porque además, estudiar sí era obligación — los conseguía mi mamá Justina, también venida de Italia con su madre, mi abuela Susana, las dos solitas. Mamá tenía sólo 5 años. La cosa del trabajo era “por las dudas”, “los chicos no deben estar ociosos”, vigilar “las compañías” “que sepa ser útil para él” “uno nunca sabe…” Era su filosofía hormonal.
”La Planta de Café de Saavedra y Paulos” rezaba el cartel fileteado sobre la vidriera de la calle Del Crucero, casi esquina Olavarría. Insólita sociedad entre un catalán y un gallego. ¿Discusiones? ¿Diferencias? ¡Nunca!… esa casa era un templo de honestidad y respeto.
Saavedra, alto, erguido, abundante pelo blanco y ondeado, gesto adusto, pocas palabras, catalán y casi siempre de mal humor, con las manos cruzadas a la espalda. Paulos, bajito, rechoncho, calvo, parlanchín y gallego, juntaba cuanto grano de café crudo caía de las bolsas de exposición con las manos, en un gesto casi de amor y delicadeza que conmovía. No podía barrerlos impunemente. Él me enseñó a “torrar” el café en una paila de hierro calentada a fuego de leña, en un escondrijo oscuro y secreto. Nada, más parecido a una operación alquímica, en la que el humo perfumado por el aroma del café recién tostado prendía en mí, por un instante, la simiente de un futuro Nostradamus, Flamel o Paracelso.
Al poco tiempo conocí a su hijo. Por casualidad éramos compañeros de clase en el Joaquín V. González. Cuando iba a visitarlo, su madre, una gallega gordita y simpática, me recibía siempre de la misma manera. ¿Cómo? No has traído el pandeiro… ¿Cómo vamos a bailar y cantar entonces? y a continuación “Ven hiju” ¡mira qué linda tierra es Galicia!”, y me mostraba unas fotos de su tierra, pero era poco el paisaje que podía verse en unas fotografías en blanco y negro sacadas con máquina de cajón. Y luego : “¡Mira qué chicas guapas!”. Me enternecía su nostalgia y su inocencia “Debes conocer Galicia”. Y sí, es una deuda todavía pendiente. Con la vida.
Después, con el tiempo, de compañeros de clase pasamos a ser amigos. Por él supe que era su tío, el coautor de ese hermosísimo tango, “¡¡¡INSPIRACIÓN!!!” de Paulos y Rubinstein, como repetía invariablemente el locutor que lo anunciaba, es decir un gallego y un judío autores de una de las mejores muestras de nuestra música.
Nosotros no vivíamos en un conventillo, pero yo sí había nacido en uno de la calle Suarez, al lado del club El Trapito, a la vuelta de la cancha de Boca. Era el típico conventillo de ese barrio, de madera y chapa. Porque había otros que eran antiguos caserones que albergaban numerosas familias, como el famoso de Las Catorce Provincias, cuyo nombre anunciaba la diversidad de la composición étnica de las más de cuarenta familias que lo habitaban. Los de madera en cambio estaban destinados a cinco o seis, a lo sumo hasta diez familias, que era lo menos frecuente. Habían sido construidos como una respuesta precaria a la demanda de vivienda, producida por la ola inmigratoria de fines del siglo XIX y principios del XX.
La estructura básica era la de un patio generalmente cuadrado, rectangular o con una figura geométrica parecida que permitiera el terreno donde se asentaba, y rodeado por las construcciones de madera destinadas a las habitaciones, y muchas escaleras, porque todos estaban hechos en dos plantas. Los piletones se elevaban sobre una losa de hormigón en el medio del patio, porque los servicios de agua, baños y letrinas eran comunitarios y estaban separados. Los techos y paredes exteriores se cubrían con chapas de cinc onduladas que luego se pintaban. En algunos generalmente habitados por marineros italianos, los colores eran varios, por la sencilla razón de que la pintura utilizada era el remanente de la usada en los barcos, entonces cuando no había más,…¡no había más! y a cambiar de color, aunque también podía ser la manifestación de un primordial e inconsciente sentido artístico. Sea como fuere, conjuntamente con la exhibición de prendas de interior, sábanas, servilletas, puestas a secar colgadas de una soga tendida de ventana a ventana, y alguna macetita con plantitas y flores, el resultado era una alegre combinación que ayudaba a vivir.
La estructura de las casas estaba montada sobre unos pilotes de madera, cilíndricos, clavados en el suelo, dejando un espacio entre éste y el piso de la primera habitación, con el objetivo de evitar la entrada del agua a las habitaciones durante las inundaciones, pero muchas veces esto era insuficiente dado el reducido espacio que quedaba, que sólo servía de madriguera para roedores, y para juntar basura. Otras eran más grandes y servían para guardar materiales y herramientas. Ese lugar o espacio era “la casilla”, también las había de mayor altura, alrededor de los dos metros, y a veces el dueño del conventillo, olvidándose de las inundaciones, decidía hacerle paredes, colocarle puertas y transformarla en un nuevo “departamento”, que alquilaba más barato. En una de esas vivían los Padvalskis, una familia lituana que mandaba a su hijo, Vicente, al colegio salesiano San Juan Evangelista, donde nos conocimos.
Del conventillo donde nací, me queda el recuerdo de unos formidables porrazos, contra las baldosas rojas del patio, para un día de reyes, al caerme de un triciclo muy inestable, con asiento de cesto, que después me cambiaron por un caballito hamaca de cartón azul con las crines de lana blanca y adornos dorados. Lo recuerdo bien porque era muy parecido a los de la calesita, pero algo más chico. Me veo bajando de él, en el pasillo de arriba donde vivíamos, para entrar a las habitaciones de las vecinas, un par de maestras hermanas, para quienes yo era un especie de sobrino prestado, y con quienes frecuentemente almorzaba una aromada cazuela de conejo.
Allí vivimos hasta yo cumplir los tres o cuatro años de edad. Después nos mudamos a la casa antes mencionada donde nacieron mis hermanos, Susana, Luis y Ana.
La casa estaba ubicada en la cortada de Viedma, y descansaba sobre el paredón que limitaba un inmenso baldío. Estaba construida de material y con detalles de cierta elegancia, como los arcos de las ventanas, la puerta del zaguán de reja artística y vitral, balcón y terraza con glorieta y parra de uva moscatel. Esa terraza era un verdadero jardín, de maceteros con malvones y jazmines, desde donde se tenía una hermosa vista panorámica del puerto, con el puente de fondo, que se recortaba como un inmenso mamut contra el cielo del ocaso cuando el sol bajaba lentamente hundiéndose en el río. Después, el Lucero, anunciaba la llegada de la noche, y ésta llegaba con sus mejores galas: una infinidad de estrellas. Las miradas de la noche me sobrecogían el alma. De espaldas sobre el suelo me sumergía en ese abismo vertical que me llamaba y donde ocurrían historias fantásticas donde siempre, por azar e irremediablemente, me transformaba en héroe. Ya no se ven estrellas como aquéllas, gracias a la humareda diabólica que hemos inventado.
La casa era la bacana de la cuadra, porque el resto de ella eran cuatro conventillos de madera edificados sobre una sola mano. En la vereda de enfrente no había casas, sólo un enorme depósito de hierro de Descours & Cabout y una pequeña central eléctrica de la Italo. Del depósito entraban y salían las chatas cargadas de hierro y tiradas por tres percherones inmensos. Pero la cuadra era tranquila , solidaria y alegre, como un patio grande donde para las fiestas algunas familias, armaban las mesas en la calle y comían, se divertían y bailaban, convidando a los que se acercaban. Para Año Nuevo, recuerdo que terminábamos de cenar, antes de las doce, y mi padre y mi abuelo, ambos del mismo pueblo marino, fumaban tranquilamente en el patio damero de baldosas blancas y negras, charlaban de distintas cosas, en voz baja, no en secreto. De pronto, callaban y escuchaban atentamente, en un silencio cómplice con el barrio, porque los ruidos disminuían misteriosamente. Por unos instantes sólo se escuchaba el estampido aislado de algún cohete, y las voces de algunos chicos jugando. De pronto un sonido agudo, casi inaudible y prolongado desataba la fiesta, le seguía enseguida la pitada de un remolcador, e inmediatamente se sumaban otros, junto con la voz gruesa, alta o grave de los barcos mayores, todos con distintos ritmos, mientras papá y el abuelo competían en la identificación de los barcos por el sonido de su sirena. Era un concierto increíble, casi extraterrestre. Y el barrio estallaba de alegría: matracas, pitos, estruendosos fuegos y globos de papel que a veces se incendiaban en el aire. Así llegaba el Año Nuevo entre besos y abrazos fuertes, de mamá y abuela. Ah!… y sus lágrimas.
Algunos días después comenzaban los ensayos para el Carnaval. Uno de los conventillos de la cuadra oficiaba de sede virtual de La Castaña, una comparsa de genoveses, o sea los “xeneizes” raza itálica la más numerosa de la Boca, junto con los sicilianos, y puglieses que, cuando intentaban hablar entre ellos, no se comprendían. Tan enrevesados son sus dialectos que eran entre sí forasteros siendo compatriotas. Volviendo a los carnavales, una vez por semana se reunían en ese lugar los integrantes de la comparsa, para ensayar las canciones y músicas que habían compuesto. Los vecinos participábamos de las alternativas de los ensayos, las interrupciones, correcciones, las broncas y los aplausos, la pizza y la cerveza. Algunos de los músicos eran notables Había bandoneones, acordeón y guitarras, y completaban la orquesta los instrumentos de percusión, bombo, martillos, zamboñas y pitos. El primer día de carnaval, los vecinos observábamos los preparativos inaugurales. Los integrantes de la comparsa cambiaban sus ropas por el uniforme de la misma: pantalón, faja y corbata marrón de seda, camisa blanca y gorra capitana, luciendo una castaña de seda en la frente. A medida que salían, iban ocupando su lugar en la formación y ensayaban acordes o pasajes, o corregían las afinaciones de los instrumentos, ante las miradas expectantes del barrio, porque todo aquello formaba parte del espectáculo, que era patrimonio de la gente del lugar. Una vez que el director consideraba que estaba todo listo, al tercer llamado de su silbato, arrancaba la orquesta, y la comparsa cantaba en medio de aplausos y gritos de bienvenida. Como las canciones eran en genovés, muchos no entendíamos lo que decían, pero se deducía que por lo menos eran “picarescas”, a saber por las miradas cómplices de las mujeres que ocultaban su risa o su sonrisa con la mano y ladeando la cabeza. Así desgranaba su repertorio La Castaña, como homenaje a la barriada que la había acompañado con su presencia y con cerveza. Los nombres de otras comparsas eran curiosos e interesantes, Salamín senza piolín, también italianos, llevaban un enorme salame sobre un camión, indudable símbolo fálico, que ahora que lo pienso bien era la expresión ancestral típica de los pueblos del Mediterráneo de deidades soterradas en el inconsciente colectivo. La del Bar Oriente… ¡era genial! Todos los años presentaban un espectáculo diferente entre teatral cómico y circense. En una oportunidad armaron sobre un camión un quirófano, ni qué decir la imaginación demostrada en el atuendo de los que hacían de médicos. El energúmeno que hacía de paciente acostado en la camilla profería unos gritos mientras levantaba una pierna y los médicos que lo operaban sacaban largas tiras de chinchulines, chorizos, morcillas etc. que después asaban y compartían con el público. Y… La Debilidad de La Boca, unos ursos de piernas velludas disfrazados de colegialas, con unos guardapolvitos de minifalda, labios pintados, cofias, guitarras y alguna guasada de paso. Indudablemente esos carnavales eran más creativos que los actuales. En una oportunidad apareció una carroza muy bien adornada con gente luciendo unos disfraces costosos arrojando serpentinas y enmascarados con antifaces variados de seda y máscaras venecianas. Causaba asombro y misterio verlos pasar. La gente aplaudía con admiración y respeto.
Ésa era la parte linda o por lo menos simpática de ese barrio.
Pero también estaba la otra, la cara triste. El conchabo, y la inundación.
El conchabo era la selección de peones contratados en el puerto que un día trabajaban y dos o tres, no. El ritual era siempre el mismo. Los hombres, forzudos, de mostachos tupidos, con chaquetas de brin, pañuelo al cuello, faja negra, sombrero o gorra, y un pan asomando de algún bolsillo, formaban un semicírculo de diez a quince hombres alrededor del capataz que los semblanteaba uno por uno, señalando al elegido con un gesto del mentón a veces acompañado de un chistido aspirado, como a modo de saludo usaban los antiguos sicilianos. Los elegidos saludaban tocando ligeramente el ala del sombrero, y se retiraban en silencio; los demás desarmaban el semicírculo y se iban, también en silencio.
La inundación era el flagelo de la zona, sobre todo para los que vivían en las plantas bajas, o los que no tenían suficientes provisiones porque vivían al día, anotando las compras en la “libreta”.
Con suerte, a veces se anunciaba por la “sudestada”, un viento inclemente y frío que venia del río.
El agua aparecía rápidamente en las calles saliendo de las bocas de tormenta.
“La crecida” subía rápidamente cubriendo las calles en minutos, hasta que el agua sobrepasaba el nivel del muelle. Entonces era peor.
Otras veces, de noche, aparecía sin anunciarse, silenciosa, y los gritos de rabia de los que despertaban con el colchón mojado eran el aviso que permitía a los que estaban más protegidos, salvar algunas cosas, que si no, flotaban a la deriva*: mesas, sillas, mesitas de luz, juguetes…
Como los velatorios se hacían en las mismas habitaciones, en más de una ocasión, el mismo se transformaba en un sainete dramático.
Durante el invierno, el frío en la Vuelta de Rocha era cruel; era frecuente ver una ambulancia frente a un baldío, refugio precario de linyeras, retirando alguno sin vida. Los peones del puerto miraban la escena en silencio, algunos bromeaban para ahuyentar presagios, otros se santiguaban.
Pero todos esperaban la llegada de un triciclo blanco en el que un carnicero traía un desayuno especial. El hombre, que venía con un delantal blanco, armaba un estrecho mostrador con una tabla, extraía del interior humeante de hielo seco unos matambritos aromados por una albahaca inolvidable y, después de pasar dos o tres veces una filosa cuchilla por la chaira, comenzaba la esperada operación de cortarlos en rodajas con una destreza digna de aplausos ante la mirada brillante de los comensales expectantes. Después cortaba a lo largo unos baguetines, colocaba sobre una de las tapas las rodajas encimadas, las espolvoreaba a mano con sal, colocaba la otra tapa del pan, envolvía la base del mismo con papel de estraza y lo entregaba acompañado de un vaso de ginebra. Me quedé con las ganas. ¡Nunca lo pude probar!
Yo participaba de la escenografía portuaria, porque era el camino obligado para llegar al colegio, además de que me gustara como a los demás chicos, caminar peligrosamente por el borde del muelle, saltando cabos, y recibiendo los gritos de advertencias de los marineros.
Así llegaba al colegio de los salesianos. Era un colegio especial, de doble escolaridad y pago por supuesto, que recibía a los desplazados de la escuela pública por distintos motivos o por falta de plazas al cambiar de colegio, como era en mi caso ya que muchas escuelas eran mixtas, niños y niñas hasta tercer grado y, después, los varones sólo eran recibidos en escuelas para varones, pero muchas veces ya no había plazas porque la población aumentaba rápidamente sobre todo por la ola inmigratoria de Europa del Este. Así,polacos, yugoslavos, checoslovacos, ucranianos, armenios, sirio-libaneses, griegos, turcos y judíos se concentraban entre La Boca y la isla Maciel, es decir al otro lado del riachuelo, al que había que cruzar en bote, porque el trasbordador del puente sólo funcionaba en horario especial y no muy seguido. Los boteros eran casi todos italianos y algunos griegos y yugoslavos. Esa gente que venía con sus esperanzas, sus incertidumbres y sus terrores escondidos, se hacinaba donde podía ni bien llegada. Después, una vez aclimatados al país, se mudaban a barrios de colectividades afines. Mi querido amigo y extraordinario poeta, Simón Kargieman, me contaba que no había conocido la calle ni el idioma hasta los seis años, por la prohibición de su padre obsesionado por los progroms de su tierra natal, y algunas veces aprovechando el descuido de la puerta abierta, salía a correr enajenado y se perdía. Su padre lo recogía de la comisaría donde llorando y muerto de miedo había sido albergado.
Otro recuerdo cálido tengo de un señor de sombrero, corbata y perramus, muy correcto y amable, don Jaime Roittman, que todos los meses pasaba a cobrar la cuota de un peso por la venta de un corte de tela para algún futuro traje de papá. A veces mamá no podía pagarle, pero él igualmente, mantenía su larga charla docente con mi madre, de la cual yo era partícipaba embelesado por la distinta visión del mundo que aprendía de él. Cuando finalizó la guerra, y aunque ya hacía mucho tiempo que no éramos sus clientes, vino a despedirse, contándonos de la decisión familiar tomada con sus hijos, a quienes adoraba con orgullo, de radicarse en Israel.
Los chicos polacos eran los más numerosos junto con los yugoslavos. Algunos, ya un poco mayores y recién venidos de Polonia, tenían serias dificultades con el idioma, para diversión de algunos de los chicos, pero no todos eran así de crueles. De los polacos recuerdo muy bien a los hermanos Povalej.Eran seis, todos seguidos y todos iguales, el mismo corte de pelo bochita con flequillo, los mismos ojos azules, la misma ropa que pasaba del hermanito anterior al nuevo, muy religiosos y serios, todos monaguillos. La única diferencia era la estatura. Parecían una colección de las matrioskas, esas muñequitas rusas que se guardan unas dentro de otras.
Otro compañerito, era ucraniano–Ugrina creo que se llamaba–, era bastante hablador cuando alguien lo buscaba, y como yo le preguntaba muchas cosas sobre de qué modo vivían en su tierra, de sus comidas, de sus costumbres , en una oportunidad me invitó a jugar en su casa. Tenía un hermano mayor de unos de unos dieciocho años, que entonces me informó con alguna dificultad que–¡Padre y tíos… Campesinos! ¡Hacer vodka! Y una vez al año venían de lejos los comerciantes a comprar la producción. Era una ceremonia importante de la que participaba expectante toda la familia, numerosa por cierto, donde los interesados probaban primero la bebida varias veces, ante la mirada de los familiares de los productores, y después se requería una valoración del contenido alcohólico de la misma, para lo cual el dueño derramaba un vaso de vodka sobre la tabla gruesa de madera dura de la mesa y le prendía fuego. Entonces, de acuerdo al color de la llama variaba el precio. Una vez acordado el mismo se saludaban con abrazos y besos y libaban de lo lindo. Me fascinaban esos relatos de tierras lejanas y al volver a casa trataba de ubicarlas en el libro de geografía. No recuerdo bien si lo lograba.
Pero era con los armenios con quienes tenía una resonancia y simpatía especial, como si nos conociéramos desde siempre, como primos.
Sarkys Kalaidjian era el segundo de aquel cuarto grado, un chico muy inteligente y divertido,
A mi pedido me hacía probar las viandas que le preparaba su mamá, no sin antes advertirme cómo estaban hechas.
El cura de cuarto grado era el padre Olivieri. Lo primero que hizo al iniciar el curso, fue contarnos la historia de la rivalidad entre Roma y Cartago, y de cómo los cartagineses casi derrumbaron al imperio romano. Acto seguido nos anunció que había hecho dos listas de alumnos, o sea había dividido el curso en dos equipos llamados Roma y Cartago representados por elegantes
estandartes, rojo para Roma y verde para Cartago del cual yo formaba parte. Cada mes el equipo con mejores calificaciones era premiado con una medalla en su banderín, que determinaba un sabor amargo en los perdedores, pero esa estrategia daba resultados, por que al mes siguiente se invertían los resultados, con la consiguiente alegría de los vencedores.
El líder de los romanos era el lituano Padvalsky, también como Sarkys muy inteligente y religioso, hasta el punto que no toleraba que se dijeran malas palabras en su presencia. Su mirada y silencio eran muy elocuentes y avergonzaba al que las dijera. Era un chico raro, muy apuesto, que causaba la envidia de los menos dotados, preocupados al ver que las chicas que conocíamos nos ignoraban
pero sí se fijaban en muchachos mayores. Él con mucha firmeza, nos indicaba cómo debíamos vestir, cómo mirarlas y cómo hablarles para seducirlas. Lo mirábamos desalentados, porque en esa época y bastante después también, terror de abordar a las chicas. Hoy no es así.
Fue una tarde cuando, invitado a su casa ubicada en un conventillo de la calle Olavarría al 800, fuí a buscar un cuaderno o libro que se había ofrecido a prestarme, conocí a su familia. Ese conventillo estaba muy cuidado y limpio.
Al verme llegar, mi amigo, con un ademán me indicó que aguardara en la puerta de esa vivienda que consistía de una sala bastante espaciosa, sin ventanas, y un techo de escasos dos metros de altura.
La habitación era sala de estar, comedor, dormitorio y taller al mismo tiempo.
Mi amiguito se acercó a su madre y le dijo algo en voz baja.
La madre, que lucía un pañuelo en su cabeza anudado graciosamente hacia la nuca, me miró, le hizo un gesto afirmativo señalándole la figura de su padre, que estaba cosiendo muy profesionalmente, un traje bajo la dudosa luz de una lamparita eléctrica.
El padre también me miró, y le hizo un gesto afirmativo.
En silencio, mi amigo me indicó que entrara, mientras el padre un hombre muy corpulento y alto, que se movía ligeramente agachado, se levantó de su silla de paja, clavó la aguja en la tela que tenía en sus manos dejándola sobre otra silla, sacó de su cuello el centímetro de hule que depositó como si fuera una estola sacerdotal, en el respaldo de la silla que ocupaba, se acercó a mí y estrechó mi mano con un saludo en su idioma, acompañado de una ligera inclinación.
Nunca nadie me había tratado con tanto respeto como persona, con cariño y simpatía, sí, pero no con esa clase de respeto inaugural. Después y ante la leve sonrisa de Irene, hermana de mi amigo, se acercó su madre, puso sus manos sobre mi cabeza, y con mucha ternura me bendijo…. a la rusa.…con un beso en la frente.
Regalo de la vida… que no puedo olvidar.
* Virginia Segret Mouro, en un poema de descarnada y dolorosa emoción, describe magistralmente esta situación en su poema Carta a la casa de la calle Necochea de La Boca, publicado en POEMANIA N° 84 (pierodevicari@hotmail,com)
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Publicado el 24 de Octubre de 2009 por María González Rouco
UNA DECISIÓN DIFÍCIL
Corría el mes de enero de 1946. Me encontraba en Lobos disfrutando de mis vacaciones escolares en la quinta de mis tíos los Sofía, hermanos de mi madre. Una mañana pasó a saludar don Aparicio Luna un viejo amigo de la familia. Entre mate y mate, relató una historia vinculada con el arribo de mis abuelos maternos a la quinta de Lobos. Previamente nos aclaró que su informante , doña Catrina Viccario (recientemente fallecida) le había pedido que - mientras ella estuviese con vida - guardara en el más absoluto secreto todo lo que le fuera a decir . Por ese motivo don Aparicio resolvió transmitirnos los entretelones de la historia recién entonces. A todos el tema nos resultaba interesante. Siempre presentimos que la verdad – vaya a saber porqué - se nos había retaceado hasta ese momento
Pegadito a la casa de don Aparicio, vivía Catrina Viccario, una buena amiga y confidente que a fines de siglo XIX había llegado de Italia proveniente de una pequeña ciudad ubicada en la Provincia de Salerno, llamada Diano o Teggiano. De ese mismo lugar era oriundo don Vicente Sofía razón por la cual ella y su familia conocían al dedillo los pormenores del viaje de mis abuelos.
En uno de esos días de lluvia que se prestan para la charla amena y sin apuros, doña Catrina, con la nostalgia típica de los inmigrantes, comenzó describiéndole las características de su pueblo natal. Teggiano, era (y es) una antigua ciudad con fuerte influencia griega debido a que durante siglos aquella región perteneció a las colonias helénicas que los romanos denominaron Magna Grecia. Por ese motivo algunos “teggianeses”- entre ellos don Vicente - afirmaba sin que sus hijos lo tomaran muy en serio, que por sus venas corría sangre griega. Pero esta cuestión poco tiene que ver con la médula del relato apoyada casi por completo en la historia de San Cono, patrono del pueblo.
Hasta ese momento, no alcanzábamos a comprender que tendría que ver San Cono con la llegada de mi abuelo Sofía al Pago de los Lobos. El viejo lo captó y nos pidió que tuviésemos paciencia y escucháramos con atención. Así lo hicimos
Según doña Catrina, allá por el año 1250, habitaban en Teggiano los esposos Indelli, ambos de edad muy avanzada y sin hijos. Toda su vida habían esperado en vano la llegada de un vástago hasta que una noche ambos tuvieron un mismo sueño del que despertaron sobresaltados. Durmiendo habían visto que del seno de la mujer - llamada Igniva - ¡brotaban llamaradas de fuego…! Ante tal coincidencia, resolvieron consultar al Cura del paese quien interpretó la visión anticipando que Igniva (a pesar de su edad) tendría un hijo muy especial que sería la gloria de su pueblo.
La profecía se cumplió unos meses después con la llegada de un niño tan perfecto como el cono de luz que iluminaba la habitación del matrimonio el día del nacimiento. Ese es el significado de “Cono”; nombre que los devotos padres le pusieron al niño, felices del acontecimiento.
Desde muy pequeño, Cono sintió despertar su vocación de santidad por lo cual decidió solicitar el ingreso a un monasterio de Teggiano pero el Superior no lo aceptó, conociendo los desvelos que los padres tenían por aquel único y tardío hijo. El chico se disgustó muchísimo pues lo que más ambicionaba era una vida monacal. Pasado un tiempo, se presentó de incógnito en el monasterio de la vecina ciudad de Cadossa. Sus padres, que lo vieron partir, lo siguieron y reclamaron por su regreso pero el joven, para evitar esa posibilidad se escondió en el horno de pan del monasterio. Sin advertirlo, los monjes encendieron el horno con el niño dentro. Pudo ser una tragedia - sin embargo - Cono salió ileso y sus padres interpretaron el hecho como un llamado divino aceptando, por fin, su ingreso al convento ¡Tenía apenas dieciséis años!
Fray Cono, no cesaba de orar y trabajar en las labores más humildes olvidado por completo del mundo exterior. Así pasó los siguientes cuatro años hasta que en un atardecer de verano aquel frágil monje que aún no contaba con 20 años escuchó un misterioso mensaje que venía del cielo: “Esta noche Dios te llamará”, y así sucedió, porque en la madrugada del 3 de junio el joven fraile moría serenamente transformado por los creyentes en un verdadero santo popular al que el Vaticano no tardaría mucho en canonizar.
Poco después de la muerte del joven fraile, ambos pueblos: Cadossa y Teggiano, disputaban “ a muerte” la tenencia y guarda de sus restos mortales. Para dar término a la enojosa cuestión dispusieron, de común acuerdo, poner su cuerpo en una carreta y dejar que los bueyes decidan el camino. El rumbo que siguieron las bestias condujo el cuerpo del fraile hacia el pueblo de Teggiano y al llegar a la iglesia de su infancia los bueyes se detuvieron. Y allí quedó San Cono, en la Iglesia de la Anunciata, en Teggiano donde hasta el día de hoy descansan sus restos.
A esta altura del relato había descubierto dos cosas importantes: Que a mi madre la llamaron Igniva en homenaje a la madre del Santo y que uno de mis tíos fue bautizado como Juan Cono Sofía rindiendo honores al Patrono de Teggiano. Pero eso no me bastaba, así que – aceptando la sugerencia del viejo –me dispuse a seguir escuchando.
El padre de Catrina, don Severino Viccario, se dedicaba al acopio de lana, de modo que en época de esquila, viajaba con su carreta tirada por bueyes por los dificultosos senderos que unían los pequeños pueblos pastoriles para adquirir el producto. En esos viajes solía acompañarlo el joven Sofía, que se establecía con su organillo en la piazza de cada pueblecito ejecutando melodías populares al ritmo de la manivela con la que hacía funcionar su instrumento. La gente que se acercaba dejaba caer unas monedas en el sombrero apoyado sobre el suelo. Lo cierto es que cuando Vicente retornaba a Teggiano tenía acumulada una buena cantidad de dinero a tal punto que el comerciante solía bromear con que más le hubiese valido andar tocando el órgano por ahí que dedicarse a negociar la compra de lana a través de peliagudos regateos con los aldeanos de cada paese que, sin excepción, eran gente muy difícil. El recorrido que hacían con la carreta iba hilvanando los pueblos, uno tras otro, todos iguales…por los sinuosos senderos del valle de Diano.
Uno de los destinos más frecuentes en aquellas excursiones era Piaggine, donde casi todos sus habitantes se dedicaban a la cría de ovejas. El pequeño paese colgaba de la montaña a la vera del río Calore muy cerca del Monte Cervato. En ese tiempo, el llamado Vallo dell’ Àngelo, conformaba la parte alta de Piaggine por lo cual se conocía como “Piaggine Sopra” y lo que es el paese actual – más abajo – era “Piaggine Sotto”.
Vicente subía al Vallo dell’ Ángelo y allí se quedaba ejecutando su instrumento mientras que el padre de Catrina bajaba a comerciar con los dueños de las ovejas, algunos muy ricos con majadas de hasta 5.000 cabezas.
Cierto día, nella piazzetta del Vallo, Vicente - que para entonces tenía 35 años - conoció a Rosetta, una muchacha de su edad de la que se enamoró a primera vista. Rosetta pertenecía a una familia noble, muy rica. Su padre ostentaba el título de Barone dell’ Cilento. Poco a poco se fueron acercando y un día de primavera Rosetta lo invitó a visitar a su familia. En la casa, un bell’ palazzo, algo deteriorado por la falta de mantenimiento pero igualmente hermoso, Vicente le hizo conocer sus buenas intenciones y la idea que venía madurando respecto de viajar al otro lado del mundo. Para sorpresa del joven, el proyecto entusiasmó más al Barone que a su propia hija. La idea de formalizar este matrimonio “cerraba” perfectamente sus planes de invertir en el exterior.
Todo estaba así encaminado hasta que, bajando a Piaggine Sotto, el organillero conoció a una familia apellidada Paesano, amigos desde siempre de Catrina y de sus padres. Pasaba con ellos muy lindos momentos. Nació allí una sana relación en el afecto, una verdadera amistad que le permitió compartir reuniones dominicales, fiestas patronales, charlas de sobremesa, etc. El matrimonio Paesano se componía de cinco hijos, dos mujeres y tres varones ( uno de los cuales había emigrado a “la América”) .
Con el tiempo, Vicente se fue integrando más y más a esa hospitalaria familia y comenzó a prestar especial atención a Giuseppina la mayor de las hermanas que , a la sazón, contaba con apenas catorce años. ¡Era una niña que bien podía ser su hija, así que ni imaginar otra cosa que no fuese una relación de amistad y respeto…!
Pero algo extraño, casi milagroso, le ocurrió a Giuseppina… su corazón adolescente sentía que los ojos celestes de ese hombre “grande” le transmitían mucha bondad y la acariciaban con una transparente mirada mansa. Sin proponérselo y con la mayor buena fe, Vicente Sofía había llegado al alma virginal de la niña.
El jefe de la familia lo advirtió y con bastante cuidado habló con la jovencita preguntándole que es lo que sentía por el organillero. Ella, avergonzada y tímida, inclinó la cabeza y muy despacio, entre sollozos y suspiros, pronunció una frase que dio vuelta la historia de aquella familia: “Padre mio, io sento che l’amo con tutto il cuore”…” El padre de la joven sobresaltado, sólo atinó a advertirle que Sofía era una hombre mayor y que en lo único que pensaba era en irse a las Américas. La niña seguía con la cabeza gacha y en silencio. El padre le preguntó: ¿Estarías dispuesta a dejarlo todo por ir tras él? y para gran sorpresas de su progenitor, Giuseppina respondió que si Vicente se lo pidiese y siempre que le dieran su consentimiento, no lo dudaría ni un instante.
Reunidos secretamente el resto de sus familiares pensó en principio que sería un entusiasmo pasajero, cosas de chiquilina, nada más… pero también se preguntaron unos a otros (el padre, los hermanos, la madre…) : “¿Qué haremos, si estamos equivocados y Giuseppina se mantiene firme? ¡Santa madonna!
Vicente Sofía ni siquiera había abierto la boca, nunca demostró otra cosa que no fuesen sus buenos modales Jamás insinuó nada…solo dibujaba en su rostro una dulce sonrisa de cielo cuando observaba a la muchachita que lo miraba embelesada.
Pasaron varios meses sin que se volviese a hablar del asunto hasta que una tarde muy plácida del mes de mayo, cuando las flores lucían todo su esplendor en el jardín de los Paesano, Giuseppina y Vicente quedaron a solas por primera vez. Ella se le acercó. Olía a rosas y su cabello ligeramente rojizo desprendía destellos de sol. Vicente sintió que temblaba. Por primera vez en su larga vida errante, acusó el impacto de una presencia femenina que lo doblegaba. Mientras que Rosetta entraba y salía de su mente, Giuseppina solamente entraba y allí permanecía. Al advertir su estado emocional, la niña se echó a llorar. Él para consolarla la abrazó y luego, pasándole la mano por el cabello, le pidió que se calmase y dijera que era lo que sucedía… Giuseppina, mientras secaba sus lágrimas con el borde de la blusa, le confesó con valentía que lo amaba con toda su alma y que si sus padres se lo permitieran quisiera irse a “la América” junto a él.
Vicente, se separó de ella como quien huye de un peligro inminente, y con un hilo de voz le preguntó si estaba segura de lo dicho. Ella asintió bajando y subiendo la cabeza y dijo que sí, que quería salir del paese como lo había hecho su hermano mayor unos años atrás. Vicente le preguntó donde estaba aquel ignorado hermano a lo que ella respondió, en California y agregó inocentemente, “tal vez podríamos encontrarlo”…
_ “Non mia cara, quello sta nella America inglese, dove invece vado io è la America spagnola…¡Sapessi tu quanto sono distante una dall’altra!”.. le explicó . Pero la chica insistía: “Non importa, non importa. ¡Niente m’importa!”…
La situación de Vicente se hacía cada vez más embarazosa. ¿Qué dirían los padres de la jovencita?, podrían acusarlo. ¡Él era un hombre grande y Giuseppina una menor de edad!. Mientras se debatía en medio de tantas cavilaciones, la niña no logró contener el llanto que - nuevamente, como un río de lluvia - se deslizaba por sus mejillas hasta rozarle los labios… “Che fare?. Dio mio che fare?” se preguntaba el hombre en estado de total turbación. Casi pensando en voz alta le preguntó a la jóven : Che posso fare? Ella repetía una y otra vez : “Non lo so! Non lo so…! Vicente volvió a pedirle que se calmara, le sugirió que fuese a la iglesia, que le rogara al Señor “ Lui sì tutto può fare!…”
Lo hizo tan amorosamente, que Giuseppina cesó de llorar y lo despidió con un beso en la mejilla.
Vicente pasó noches sin dormir. Desde mucho tiempo atrás había proyectado la boda y el viaje, de común acuerdo con el Barone, todo estaba listo para que fuera Rosetta quien lo acompañara. Llevarían suficiente dinero para comprar campos en Argentina… Al plan sólo le restaba ejecutarse . Vicente Sofía había amado a Rosetta hasta el momento en que la pequeña Giuseppina entró en su vida de un modo tan insólito y fulminante. Por su parte Giuseppina había enfrentado valientemente a sus padres y hermanos pidiéndoles que la autorizaran para viajar. Les dijo que junto a Vicente se iría a un país donde en poco tiempo serían ricos y los mandaría buscar a todos para que no siguieran viviendo del modo miserable como lo habían hecho siempre. El padre de Giuseppina sabía muy bien quien era este hombre que irrumpía en el destino de su familia. ¡Conocía la honestidad y hombría de bien del organillero de Teggiano! pues hacía muchos años que lo trataba. Giuseppina no había nacido cuando Vicente Sofía llegó al paese por primera vez. Por esa razón, y algunas conveniencias económicas difíciles de entender ahora, luego de largos debates, todos los componentes de la familia, excepto la madre que se negaba rotundamente, consintieron en aprobar la relación con la condición de que Vicente la pidiera en matrimonio y se casaran en Piaggine, antes de partir.
Mientras tanto, Vicente iba y venía por su cuarto pasando una tras otra sus noches en vela. ¿Cómo explicarle a Rosetta? ¿Qué le diría a Giuseppina? ¿Cuál estaba más cerca de su corazón? ¿Cómo resolver el tema del dinero? Esta y otras mil preguntas se hacia sin encontrar respuestas… ¡Hasta que – por fin - le llegó el mensaje que tanto esperaba!
_ ¿Qué pasó?¿Qué pasó? coreamos los tres oyentes. El viejo, sin prestar atención a nuestra pregunta continuó diciendo:
En la cabecera de su cama, Vicente tenía colgado el cuadro de San Cono, ese mismo que ahora luce en uno de vuestros dormitorios. Observando detenidamente la estampa, se puede apreciar que a ambos lados de la figura del Santo se distinguen dos ilustraciones que grafican sus milagros; en la primera se ve la forma como Fray Cono sale ileso de entre las llamas del horno de panadería y en la segunda el dibujo reproduce en un cruce de caminos la carreta con los bueyes que – librados a su voluntad– decidieron el destino final de los restos del santo. Esta última imagen se fijó para siempre en los ojos de don Vicente Sofía y a la noche, mientras se paseaba por su cuarto solitario, recordándola, encontró la solución.
Como en muy pocos días más debía reiniciar la gira acompañando al acopiador de lana por todo el Valle de Diano, iba a pedirle a don Severino (que así se llamaba el comerciante) que cuando llegaran al cruce donde convergen los caminos a Vallo dell’Ángelo y a Piaggine, colocara la carreta en el vértice mismo del sitio de bifurcación dejando librado a los bueyes que la tiraban el destino final del recorrido. “¡Donde ellos vayan iré yo, porque esa será – sin duda – la voluntad de San Cono!” pensaba Vicente.
Así lo hizo. Con la autorización de su dueño, llevó la carreta al cruce de los senderos. Se apeó y, desde lejos, emitió un fuerte silbido, señal que las bestias obedecieron de inmediato poniéndose en marcha. No hace falta agregar que la carreta, sin conductor, emprendió su marcha en dirección a Piaggine, donde vivía Giuseppina.
Ese mismo día don Vicente en un gesto que honra su memoria, concurrió a la suntuosa residencia del Barone a quien solicitó audiencia para mantener una conversación a solas. Por suerte Rosseta no estaba en la casa y el Barón no tuvo dificultad en recibirlo.
Con sumo cuidado y el mayor de los respetos fue sincerando su situación admitiendo la absoluta responsabilidad que le cabía por la insólita deserción a la que lo obligaban razones ajenas a su voluntad, movimientos de la íntima conciencia que carecían de explicación lógica. Llegó a decirle que seguir adelante con los planes elaborados junto a Rosetta hubiese sido como traicionarla y que entre el dolor vergonzante de una ruptura o la continuidad de algo que podría deteriorarse con el tiempo, había preferido lo primero en salvaguarda del honor de ambos.
Tan precisas fueron las palabras de Vicente que el Barón supo comprenderlo y se ofreció a comunicar la noticia a su hija, pero Vicente se opuso. Él mismo se lo diría en cuanto tuviera la oportunidad de verla.
Cuando Vicente se retiraba de la residencia se cruzó con Rosetta en la pequeña piazzetta que había frente a la casa. La invitó a sentarse en un banco y allí, pausadamente fue confesándole su pesar por lo ocurrido y asegurándole que la decisión que había resuelto adoptar era la mejor para ambos. Le pidió humildemente que lo perdonara y que – de aceptarlo – lo considerara un amigo incapaz de engañarla. Agregó, además, que jamás olvidaría los buenos momentos vividos junto a ella y su familia y que se ponía a sus pies para servirle de ahí en más en todo cuanto estuviese a su alcance…
Rosetta, sin pronunciar una sola palabra, huyó despavorida en dirección a su casa, entró dando un portazo y desapareció de su vida para siempre.
A pesar del lógico disgusto, el Barone y su familia supieron comprender y hasta valorar la honestidad de Vicente que bien pudiera haber antepuesto intereses económicos al mandato de su corazón y continuar con los planes de riqueza y poder asegurados.
De ahí en más la historia es conocida. La dulce niña y el apuesto Vicente se casaron en la Chiesa del Carmine in Piaggine cuando el verano montañés estaba en todo su apogeo. Al comienzo del otoño embarcaron hacia Buenos Aires con el firme propósito de fundar una familia e iniciar una vida nueva en esa lejana tierra promisoria – aparentemente – accesible.
Catrina Viccario y los suyos, viajaron pocos meses después de que lo hiciera la joven pareja. Ellos tenían parientes en Lobos, que habían emigrado desde Teggiano una década antes. Esto sirvió de maravillas para que Vicente Sofía y su mujer pudiesen comprar en la zona de quintas del partido de Lobos, once hectáreas de tierra fértil por muy poca plata, mucha menos de la que traía ahorrada el audaz viajero.
Bueno, ahora ya lo saben concluyó don Aparicio y agregó “ aunque lo que les voy a decir puede que les “pinche el globo”, yo creo que don Vicente Sofía - profundamente enamorado de Giuseppina - nunca dudó sobre que era ella y no Rosetta la mujer de su vida. Para mí, la pobre Rosetta fue descartada en cuanto la jovencita de Piaggine se le cruzó en el camino”
En ese momento se me ocurrió intervenir y un tanto decepcionado pregunté ingenuamente:
_ “ Pero,¿entonces la historia de la carreta y los bueyes eligiendo por él no es cierta?
_ Claro que es cierta, pero yo creo que a don Sofía le apasionaba la jovencita y que los bueyes no eran nada tontos…
_ “¿Por qué?”, volví a preguntar.
_ ¡Muy simple m’hijito!, el camino hacia la casa de Giuseppina era cuesta abajo en cambio para llegar al palazzo de Rosseta había que trepar mucho y muy duro concluyó el viejo muerto de risa.
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