inmigración a Cuba

Gallegos I

Testimonios de inmigrantes y exiliados gallegos de la Argentina

A Entre Ríos se traslada el pionero Francisco Izquierdo, quien escribe en 1882: “Los primeros días que pisamos la playa de Colón formado en ese entonces por un verdadero bosque salvaje, sin más habitantes que los nativos de semejantes sitios, sin entrar en los detalles de las especies porque creemos que el lector se dará cuenta de la clase de habitantes, y puede imaginarse cuál sería la primera impresión después de un viaje terrible en el mar, y los trasbordos cuando se navegaba puramente en buques de vela, teniendo para calmar nuestra primera mala impresión que recurrir al librito o contrato lleno de ofertas por el General Urquiza, en vista de los cuales nos resignábamos en parte pues el tiempo pasaba y nos encontrábamos como tribus salvajes, apiñados bajo los árboles, con nuestros hijos, sin más techo que el de la naturaleza, y ni una visión de simples ranchos en una estancia de algunas leguas a nuestro alrededor, teniendo de voz solo cuando la visita de uno que otro poblador de los alejados contornos” (1). 
El escritor y editor Arturo Cuadrado Moure evoca su exilio: “En el año 1936 sube Franco, aquella tremenda traición en donde los hombres tuvieron que matar a los hombres. Surge la famosa guerra civil que duró tres años y donde han muerto casi dos millones de españoles. Nosotros, el ejército republicano, que dominábamos Madrid, Valencia y Barcelona, no teníamos fuerzas, teníamos la canción y teníamos a América. Era nuestro guía espiritual, nuestro árbol intocable, profundo y alto, don Antonio Machado. (…) desde México a Buenos Aires realizamos todos nuestros sueños, todas nuestras esperanzas, todas nuestras ilusiones, con el convencimiento de que habíamos triunfado… Ortega y Gasset nos había enseñado el camino de amar más que luchar” (2). 
Francisco Coira nació en 1906 en Catoira. “Me vine en 1925 –cuenta-, como vienen todos los inmigrantes, para buscar algo mejor… y en realidad, escapando del servicio militar, que se hacía en Africa…(…) lo que significaba, con las pestes, la guerra y todo, casi ir a morirse… a gatas tenía el sexto grado, así llegué, y aquí logré todo lo que soy, un trabajo, una familia, una vida” (3). 
Jesús Amorín Varela relata: “Mis padres eran gallegos y fueron a Cuba. Ahí nací yo. A los dos años me llevaron a Galicia y me dejaron al cuidado de mis abuelos maternos. Estuve con ellos hasta los diecisiete y en 1929 me vine para la Argentina” (4). 
“Pedro Fernández, español, y de Orense, como corresponde a un afilador que se precie de tal, dado que esta ciudad gallega se conoce como la tierra de los afiladores por excelencia, con ochenta años de edad, recuerda cuando recorría más de cien cuadras por día: ‘Si uno se sacrificaba podía ganar un pesito más. Después, todo cambió, con la industrialización el trabajo desapareció’. Don Pedro cuenta que aprender el oficio no es fácil, y que hasta puede ser riesgoso. Como certificando sus palabras muestra el dedo índice de su mano derecha con la impronta de una herida producto de la inexperiencia inicial. Con su bicicleta roja y sus piedras anduvo por muchos rincones del país, pregonando su máxima fundamental: ‘La comida sabe mejor cuando el cuchillo corta bien’ (5)”. 
“A partir del año 1918 don José Loureiro, un simpático gallego, trabajó en la Costanera Sur, con la fuente de Lola Mora como fondo. ‘Los domingos con buen tiempo hacía hasta cincuenta fotos a cuarenta centavos, las tres postales con la misma pose, las coloreadas a mano, cincuenta’ ” (6). 
Daniel Artola entrevista a Salvador de la Calle, periodista del diario Crítica: “Es diciembre de 1923. Estefanía es una pasajera más del vapor Alba que viene de Vigo, España, rumbo a la Argentina. El barco está cargado de inmigrantes con sus esperanzas a cuestas. Ella sabe que el destino está cerca y le habla a su bebé, Salvador, que extiende las manos debajo de la manta que lo cubre. Tiene la convicción de que ésta será una gran tierra, donde el trabajo y la felicidad no serán una utopía. A su esposo Rafael lo espera el campo. Después de unos días en el Hotel de Inmigrantes marchan a El Socorro, un lugar intermedio entre San Nicolás y Pergamino. Allí necesitan brazos fuertes para sembrar la tierra: el futuro para ellos se cosechará recogiendo bolsas de maíz. (…) Salvador se ha dado el gusto de volver a la tierra que lo vio nacer. En 1989 visitó a una tía en su pueblo natal: ‘Estaba en la campña y me la pasaba comiendo sardina, quesos de cabra y trozos de jamón crudo, porque allí no lo cortan en fetas como acá’ “ (7).
Darío Lamazares, representante legal del Instituto Santiago Apóstol, llegó a la Argentina a los catorce años: “Fui un autodidacta –dijo-, me formé en la calle, y como la mayoría de mis compatriotas sufrí la falta de instrucción. Este país nos dio todo, los mismos derechos que sus hijos, y la escuela es una forma de pagar esa deuda” (8).
Francisco Lores, presidente de la Federación de las Asociaciones Gallegas de la República Argentina, recuerda: “Llegué en 1952 desde O Grove. Trabajé como mecánico, pasé los desarraigos al igual que muchos. Fui mecánico y ahora estoy jubilado, dedicado a esta pasión que es conservar nuestro patrimonio” (9). 
No puede regresar Fermín Alvarez, mozo de la confitería La Ideal. “Su rancia estirpe gallega se ablanda un poco cuando confiesa que le gustaría volver a España, después de tantos años sin pisar la tierra que lo vio nacer. ‘Pero no hay plata: acá se gana muy poquito, apenas las propinas. Y la jubilación, para qué hablar’, cuenta. Su hija le está gestionando una jubilación en España para que su vida sea menos empinada” (10). 
María Mercedes Arias “se recuerda a sí misma como una campesina de Porto, una aldea de la comarca gallega de Valdeorras donde todavía se ve a lo lejos el río Sil y el Castillo del Conde de Rivadavia, construido en el siglo XV. ‘Araba el campo con mis dos hijos porque mi marido se había ido a la Guerra Civil que estalló en 1936. Llenábamos un carro con las castañas que había en el bosque, las comíamos asadas y con un vaso de leche. Yo tenía 38 años y como la posguerra era muy dura, nos vinimos a la Argentina’, cuenta” (11). 
Entrevistada por Débora Campos, relata la escritora María Rosa Iglesias: “Mi padre nos había prohibido a mi hermano y a mí hablar gallego, actitud que siempre sentí arbitraria y descalificadora. Perder mi idioma fue una mutilación. Cuando más grande quise volver a hablarlo, no me atreví porque me avergonzaba hacerlo mal. (…) Escribo en gallego pero con menor capacidad expresiva que en castellano. La conciencia de estas limitaciones me ha impedido hasta ahora encarar una obra literaria en gallego ya que el lenguaje literario requiere de mayor destreza que el informativo. Tengo la ilusión de poder superar estas trabas en los próximos años. La sordera me dificulta escuchar conversaciones o seguir audiciones de radio donde se hable un lenguaje coloquial o figurado muy propio de la literatura y esto lógicamente, dificulta mi ejercicio del gallego que sólo practico en lecturas. En suma, siento que aún me faltan herramientas para expresar adecuadamente mi pensamiento. Si bien el gallego fue mi primer idioma y conservo sus estructuras básicas, no hay que olvidar de que es un gallego practicado y hablado hasta los 5 años, demasiado elemental como para hacer literatura” (12). 
Manuel Corral Vide llamó Morriña a su restorán, nombre que nos habla sin duda del sentimiento que aúna a chef y comensales: “A través de Morriña (palabra entrañable para nosotros) el nombre de Galicia llega a miles de personas que, sin ser gallegas, se interiorizaron de las características de nuestra cocina, lo peculiar de nuestras tradiciones y nuestra milenaria cultura. En cuanto a los paisanos, me consta que se enorgullecen de tanta difusión” (13).
El publica sus recetas en Galicia en el mundo; en una de las entregas de “Cocina gallega”, leemos: “En Buenos Aires, siempre que se podía en casa, nos agasajábamos con una buena paella en la que difícilmente faltaba el conejo (mi abuela los criaba en nuestros primeros años en la Argentina” (14). 
José Cameán Parcero recuerda: “Yo también fui gallego de m… y también colorado’, porque así es mi color de cabello. Y más de una vez tuve que escuchar a mis compañeros decir que me habían cambiado por un cuero. Pero no me molestaba, quizás porque yo al venir a los cuatro años me sentía uno más. No sabía mi conciencia la diferencia de ser gallego o argentino”. Cuenta que su padre ”como buen gallego, era músico, tocaba la gaita y le enseñó a él a tocar la caja. Como esto resultó ser de su gusto tocó con Los Celtas de Vigo y con Los Chavales de España. En estos conjuntos tocaba la tumbadora. Estos instrumentos todavía los conserva en su taller de autos antiguos” (15). 
Un inmigrante tiene un bar en la Isla Maciel: “ ‘Esto era la calle Florida, entre el frigorífico, las areneras, los astilleros –dice el Gallego-. Y ahora… ya ni comidas damos. Es una pocilga. Me dan ganas de largar todo pero no puedo’. Su bar quedó varado en algún cierre mpreciso, ese día último en que la heladera despachó la porción final para uno de crudo y queso. Y pensar que el bar del Gallego hasta tenía un reservado, con manteles y todo. Al Gallego le dan ganas de llorar. La enorme mesa de billar tapada con una tela parece meterle más luto al que ya tiene. Sólo el comensal de siempre va por su vasito de vermú, antes del almuerzo. Pero ya no se dicen nada” (16). 
En un bar de Gaona y Concordia, en Buenos Aires, transcurre probablemente el cuento “Hombre de la esquina rosada”, de Jorge Luis Borges. En ese bar trabaja un mozo gallego: “Pepe ‘Galleguito’ Castro (62 años, vecino desde hace 34), único mozo del Gaona, acredita: ‘Se inauguró en 1908’. Y otra cosa más. Casualidad de la vida o no, hoy está pintado de rosa, dato que no aparece en el texto pero que sí remite al título del cuento. ‘Borges sabe que, en aquella época, los almacenes eran de ese color, lo cuenta en Fundación mítica de Buenos Aires’, apunta Sorrentino. Ajeno a los análisis literarios, Pepe pone cara de circunstancia al nombrarle a Borges. ‘Me dolió cuando dijo que no quería morir en la Argentina’, apunta el hombre que nació en Santiago de Compostela y por nada del mundo quiso salir en las fotos” (17). 
Julio Méndez Iglesias se presenta: “A mí me dicen el otro Julio Iglesias. Porque además de vender flores, toco música gallega, celta, religiosa y folklore de todo el mundo con mi guitarra y mi armónica. Pero ni Dios me dio el don de hacer lo que hace él, ni a él le dio el don de hacer lo que hago yo. (…) También soy poeta, tengo como 500 hermosos poemas para editar. (…) Otro amor que tengo son las palomas. (…) Nací en España, en Santiago de Compostela, por eso firmo mis poemas como El Compostelano. Tengo 63 años. Me casé en 1985 con una argentina y tengo dos hijos, un nene y una nena. Hace 35 que vine a la Argentina, tenía 25 años. A los pocos meses me puse esta florería. Me gusta mi vida, mi trabajo. Lo hago con agrado, a pesar de que es muy ingrato, porque en la calle se sufre mucho, se sufre la intemperie, la gente” (18). 
Luis Varela, octavo de catorce hijos, recuerda en De Galicia a Buenos Aires: “En aquella época las familias gallegas eran casi todas así de numerosas, y como nuestros padres sólo nos enseñaban a labrar las tierras y luego, de mayores, no alcanzaban las tierras para todos, era habitual mandar a algunos para el convento, otros para curas, uno se quedaba en la casa con los padres y los demás veníamos para América. Muchas veces yo le reproché a mi padre por tener tantos hijos, porque habiendo nacido en la casa de un gran labrador, nos dejó a todos en la ruina. Y él me contestaba que si tuviera tres o cuatro, yo no hubiera nacido y la mejor riqueza sería no tener que luchar con un truhán como yo” (19).
El gallego Plácido López escribe: “De los cinco hermanos yo era el más chico, y allá en aquellas aldeas cuando se tienen tres años y pico ya hay que salir a llevar los chanchos al campo, cuando uno es más grande debe salir con las ovejas, luego sale con las vacas. El monte quedaba bastante retirado del pueblo; me acuerdo que cuando salía con las ovejas o los chanchos volvía a casa cuando ya era de noche. Pasaba todo el día con un pedazo de pan y otro de panceta, cuando llegaba la cosecha de castañas éstas se asaban y se comían con papas y maíz. Era por eso que en las cosechas no se pasaba hambre” (20).
Leila Guerriero reúne, en su nota “Cuentos de gallegos”, diversos testimonios: 
El de Susi Rodríguez: “-los gallegos éramos lo más despreciado de España –dice Susi-. Estaba prohibido hablar en gallego. A las aulas había que entrar saludando ‘viva España’ y ‘viva Franco’, y las maestras te castigaban si no usabas el castellano. (…) –Cuando nos fuimos de mi pueblo, La Guardia, aquello fue un entierro –dice Susi, sentadita y rubia en su casa del barrio de Lanús Oeste junto a Cari, su marido–. Yo tenía 12 años y vine porque me trajeron. Primero vino mi padre, y al año llegamos con mi madre y mi hermano. Ella trajo once baúles con cosas. (…) –Hacía calor y tenía una tristeza enorme. Fuimos a vivir a Fiorito. Yo venía de una casa con pozo de agua pura, un cuarto para cada uno, el baño adentro. En Fiorito teníamos que recoger el agua del tren, el baño era un agujero en el fondo. Papá se compró un taller mecánico, mamá trabajaba en una fábrica, y yo tenía que cuidar a mi hermano de 5 años. No me dejaron estudiar. Hubiera querido estudiar medicina, pero no pude hacer siquiera el colegio secundario” (21). 
Aucario Pérez Cartoy afirma: “-Vine por la desesperación. Mi padre era herrero y mi madre agricultora, y la verdad es que no había comida. Las papas las sacábamos antes de que maduraran, por el hambre”. Volvió en 1994: “–Fue la desilusión de mi vida –dice Cari–. Habían pasado 32 años. Quería ver a mi amigo Antonio. Corrí para darle un abrazo y me dice ‘hola, cómo estás’. Así, frío. Le digo ‘bien, tengo una mujer, dos hijos’. Y me dice ‘tú estás mejor, tú puedes venir aquí, y yo no puedo ir a la Argentina’.” (22). 
José Campos Barral manifiesta: “-Yo me siento gallego, y luego, si me queda un rato libre, soy español. Pero en el ’49, en España, se pasaba mucha miseria. Yo he llevado bofetadas del maestro por hablar gallego. Me decía: ‘Hable cristiano’. Mi padre era republicano, y tenía la libertad condicional. Estaba harto. Primero vino mi hermano mayor, luego mi padre, mi madre, la abuela. Y luego yo. Tenía 16 años. El 24 de marzo de 1949 llegué a Buenos Aires. Lo primero que te decían era “¿a qué viniste acá, gallego?, ¿a matarte el hambre?”. Cuando caminaba por este país y veía cómo estaban los tachos de basura llenos de comida pensaba ‘ay, mi madre, con esto se alimenta toda Galicia’” (23). 
José Manuel Castelao Bragaña, abogado y presidente del Consejo General de la Emigración relata: “Vi la multitud en el puerto y busqué, entre todos esos rostros, el de mi padre. El me había dejado niño y se encontró frente a un hombre. Pasada la primera alegría del encuentro, yo lloraba todos los días. Pero mi padre dijo algo que por entonces tenía sentido: ‘Les dejo más futuro a mis hijos en la Argentina sin nada que en España con todo’. Si me dijeran ahora para siempre España o para siempre Argentina, yo digo para siempre Argentina. Aquí nadie me preguntó dónde había nacido, no pagué un peso por mi título universitario de abogado. En Buenos Aires soy un gallego morriñoso y en Galicia soy un porteño nostálgico. Yo creo que el emigrante gana algo único, y es el espíritu de libertad. Es él solo, todo depende de él. Por eso a los emigrantes no les gusta que los manejen, porque han pagado muy caro el precio de esa libertad. Todo lo que ha hecho lo construyó sobre el dolor y la nada.” (24). 
Manuel Fajardo, dueño de la pizzería La Continental, brinda su testimonio: “A los tres días de estar aquí, me empleé en el Ferrocarril del Sur como peón de cocina. El cocinero me puso una bolsa de patatas de 40 kilos y me dijo: “Pélelas”. Le pregunté: “Cuántas”. Y me contestó: “Pélelas todas”. (…) -Lo que más orgullo me da es que les he dado trabajo a más de 700 argentinos –dice Manuel, que vive en una casona de Parque Centenario seis meses al año y los otros seis meses los pasa en España-. El secreto es trabajo, trabajo y más trabajo” (25). 
Jesusa Pérez Iglesias se refiere a la falta de comida: “–Nos estafaron: dos sinvergüenzas se quedaron con el dinero para comprar la casa de nuestra vejez. El ahorro de 48 años de trabajo. Ahora tengo 71, artrosis, dedo martillo, juanetes. Menos suerte y plata para comprarme mi casa, tengo de todo. Yo me vine a los 18, para tratar de mandar dinero. Allá se pasaba hambre. Ibamos al matadero a buscar la sangre de la vaca. La hervíamos, la cortábamos en pedazos, si había aceite se freía y si no se comía hervida” (26). 
“Acabo de leer las historias contadas en la nota Cuentos de gallegos –afirma Ana Varela-. Historias casi iguales a la mía y a las de tantos de mis conocidos. Pero hay un punto que quiero aclarar. En Galicia no estaba prohibido hablar gallego. Todos lo hablábamos libremente, pero, con muy buen criterio, en las escuelas de toda España se obligaba a los alumnos a hablar y escribir castellano. Era el lugar adecuado para aprenderlo y practicarlo. Yo aprendí mis primeras palabras en castellano a los 5 años. Aún agradezco a quien me enseñó, sabiendo que al llegar a Buenos Aires iba a necesitarlo” (27). 
Escribe a La Nación, María Dolores Bermúdez: “Gracias por habernos hecho tener esos momentos llenos de emoción en la nota que dedicó a nosotros, los tantísimos gallegos que vinimos a hacer la América, allá por la primera parte del siglo pasado. ¡Cómo nos identificamos, cuántas historias similares! Primero, el papá; luego, algún hermano mayor, y finalmente mamá con el resto de la familia: éramos seis con mamá; aquí ya estaba papá con sus dos hijos mayores y, para afianzar nuestro amor por esta querida Argentina, nació el noveno hijo” (28). 
“Fermín González, un empresario gastronómico del microcentro, decidió recuperar The Brighton en la dirección original (Sarmiento 645), aunque en lugar de zurcir finos trajes y sombreros abrió un restaurante con la intención de devolverle su brillo tradicional a este rincón porteño. Las tareas de restauración ocuparon nueve meses y tuvieron especial atención en recuperar los detalles de la época. ‘Fue un amor a primera vista; siento veneración por ese estilo en el trabajo de la madera y lo veo como algo viviente que regresa a la ciudad”, señaló González, un ciudadano español que llegó al país a principios de la década del setenta. “El gallego”, como él mismo se define, tuvo mucho éxito con un local de venta de sandwiches (los mejores de Buenos Aires, dicen), llamado Café Paulin, a pocos pasos de The Brighton. ‘El destino me llevó a esperarlo’, comentó González, pues, entre 1978 y 2002 funcionó allí otro clásico, Clark s II. ‘Estoy satisfecho por restaurarlo y ponerlo de nuevo a funcionar; algunas personas me acercaron viejas prendas de The Brighton y me agradecen por haberlo recuperado”, explicó el empresario’ ” (29). 

Notas
1. Izquierdo, Francisco: en Vernaz, Celia: La Colonia San José. Santa Fe, Colmegna, 1991.
2. S/F: “Esa magnífica legión de viejos”, en Revista Mayores, Año II, N° 11, 1994. Foto: Jorge Navós, en SICE.
3. Ceratto, Virginia: “Gris de ausencia. Volver a empezar en un mundo nuevo”, en La Capital, Mar del Plata, 26 de noviembre de 2000.
4. S/F: “Pérez Millán”, en Revista Mayores, Año II, N° 11, 1994
5. Spinetto, Horacio: “Los Oficios - Entre el Olvido y el Rescate - El Afilador”, en www.dgpatrimonio.buienosaires. gov.ar.
6. Spinetto, Horacio: “Los Oficios - Entre el Olvido y el Rescate - El fotógrafo de plaza”, en www.dgpatrimonio.buienosaires. gov.ar.
7. Artola, Daniel: “Salvador de la Calle lleva tres cuartos de siglo residiendo en Saavedra ‘En 1929 el barrio estaba lleno de quintas’ “, en El Barrio Periódico de Noticias, Buenos Aires, Año 6, N° 67, Octubre de 2004.
8. Beltrán, Mónica: “La primera escuela gallega que enseña a chicos argentinos”, en Clarín, Buenos Aires, 25 de abril de 1999.
9. Urfeig, Vivian: “Un nuevo museo rescata la historia de inmigrantes gallegos”, en Clarín, Buenos Aires, 13 de diciembre de 2005.
10. Commisso, Sandra: “Un marinero que eligió ser mozo y quedarse en tierra”, en Clarín, 16 de julio de 1998.
11. Pogoriles, Eduardo: “Volver a las raíces”, en Clarín, Buenos Aires, 13 de agosto de 2001.
12. Campos, Débora: “Follas Novas”, en Fios invisibles http://fiosinvisibles.blogspot.com/2006/02/follas-novas.html , 8 de febrero de 2006.
13. Corral Vide, Manuel: “Cocina gallega”, en Galicia en el mundo, Edición Mercosur. Buenos Aires, 3-9 de septiembre de 2001.
14. Corral Vide, Manuel: “Cocina gallega”, en Galicia en el mundo, Edición Mercosur. Buenos Aires, 14-20 de febrero de 2000.
15. S/F: “José Cameán Parcero. Un vecino de Bembibre, Parroquia de Buxán”, en El mensajero gallego, N° 2, Abril de 1998.
16. Piotto, Alba: “La Isla Maciel por dentro”. Fotos: Rubén Digilio, en Clarín Viva, Buenos Aires, 27 de junio de 2004.
17. Tagtachian, Magdalena: “Entre la Avenida Gaona y Juan B. Justo. Borges dejó su huella en el barrio”, en Clarín, Buenos Aires, 11 de diciembre de 2002.
18. S/F: “Click. El otro Julio Iglesias”, en Clarín Viva, Buenos Aires, 12 de octubre de 2003.
19. Varela, Luis: De Galicia a Buenos Aires –Así es el cuento-. Buenos Aires, el autor, 1996.
20. López, Plácido: Diario, en El vigor de las colectividades 1914-1930, volumen que integra la colección Nuestro Siglo - Historia de la Argentina, dirigida por Félix Luna. Buenos Aires, Crónica, 1992.
21. Guerriero, Leila (texto) y Lucesole, Martín (fotos): “Cuentos de gallegos”, en La Nación Revista, 17 de abril de 2005.
22. ibídem
23. ibídem
24. ibídem
25. ibídem
26. ibídem
27. Varela, Ana: “Gallegos”, en La Nación Revista, 30 de abril de 2005.
28. Bermúdez, María Dolores: “Gallegos (II)”, en La Nación Revista, Buenos Aires, 8 de mayo de 2005.
29. Varise, Franco: “La ciudad recupera el encanto de Brighton De sastrería inglesa a fino restaurante”, en La Nación, 28 de enero de 2007.

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VOLVER A GALICIA

 

En unos días aparecerá mi nuevo libro, el primero de la colección “Colectividades Argentinas”. Será bendecido en la Parroquia Santiago Apóstol de la Ciudad de Buenos Aires.
La edición en formato papel incluye cuentos y poemas que escribí entre 1990 y 2008, publicados en diarios, revistas e internet, fotos antiguas y actuales y una introducción con testimonios de integrantes de la colectividad gallega de la Argentina.
Prólogo de Carlos Penelas. Entrevista de Margarita Ferrer. Comentarios acerca de la obra por Helena Villar-Janeiro, Presidenta de la Fundación Rosalía de Castro de Galicia; Lionel Rexes Martínez, Coordinador de Berce das Orixes; la escritora e ilustradora Anxeles Ferrer, la Inmigrante Destacada María Rosa Iglesias, el Historiador Ruy Farías, los periodistas Antonio Requeni, Sebastián Jorgi, Carolina de Grinbaum y Raquel González Bonorino de Rocca.

http://volveragalicia.blog.arnet.com.ar/

http://www.edicioneselescriba.com.ar/

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ROSALIA

por Helena Villar Janeiro. Ilustraciones de Ánxeles Ferrer. Fundación Rosalía de Castro (Tres Pitas Brancas). N° I. Febreiro 2006.

La noticia biográfica publicada en la revista Letralia nos informa que Helena Villar Janeiro es una “Escritora española (Lugo, 1940). Es autora de más de veinte libros de poesía, narración y ensayo. Ha recibido diversos premios literarios, entre ellos los premios de poesía Eusebio Lorenzo Baleirón (1992) y Miguel González Garcés (1994) y los premios de narrativa Breogán (1990) y Rodríguez Figueirido (1991). Sus libros infantiles están incluidos en el Catálogo White Ravens (Internationale Jugendbibliothek de Munich). Es miembro fundadora del PEN Club de Galicia y presidenta de la Fundación Rosalía de Castro”.
En Rosalía, brinda una visión de la poeta accesible a los niños. Con pocas palabras, narra la vida de la compostelana, y esboza uno a uno los grandes temas que preocuparon a esta mujer tan conmovida por lo que sucedía a su alrededor: la pobreza, la injusticia, la emigración. Y, como el volumen incluye textos de Rosalía de Castro, ofrece a los niños la posibilidad de disfrutar de la poesía tan honda de la escritora en cuyo homenaje se ha instituido el Día de las Letras Gallegas. Las ilustraciones de Anxeles Ferrer, bellas y elocuentes, iluminan el relato.

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LOS ESCRITORES AMERICANOS Y LA INMIGRACION

Los inmigrantes que llegaron a América entre 1850 y 1950, fueron evocados en obras literarias por destacados escritores americanos. En narrativa, lírica y drama, se alude a las causas que los llevaron a dejar su tierra, las condiciones en que debieron realizar un viaje tan amargo, y la suerte que corrieron en el nuevo destino.
Nos referiremos a algunas de estas páginas, escritas por autores no nacidos en Argentina ni emigrados a ella, en las que inmigrantes de diversas nacionalidades se vuelven personajes literarios.
En narrativa
En 1952 aparece El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, “una gran fábula basada en la vida de Sebastián, un pescador cubano, por la que conseguirá, al año siguiente, el premio Pulitzer. (…) Creador de héroes estoicos e individualistas, Hemingway retrató siempre en sus novelas un hombre que luchaba contra la adversidad aunque fuera incapaz de vencerla. Esto mismo le sucedió a él. Su impotencia ante la vida casi vegetal que llevaba en sus últimos años le llevó a acabar con su vida” (1). Se considera que Gregorio Fuentes, nacido en las Islas Canarias y llevado a Cuba por sus padres. inspiró la obra del escritor. “En la novela, un viejo pescador lucha a brazo partido desde su bote con un pez enorme, al que consigue dominar, pero del que sólo le queda el esqueleto mordido por los tiburones cuando llega a la playa. Sin embargo, logra de nuevo el respeto de los pescadores más jóvenes. En esa épica personal, Hemingway cifraba su filosofía vital: ‘Un hombre puede ser derrotado, pero jamás vencido’ ” (2).
Susan Sontag, “una de las voces estadounidenses más críticas y comprometidas desde los años 60”, escribió En América. Esta obra es, a su criterio, “la mejor que ha escrito. Con ella ganó el National Book Award en el año 2000. (…) Inspirado en una historia real, ‘En América’ relata la historia de una gran actriz polaca que a finales del siglo XIX decide dejarlo todo e irse a EE. UU. con su marido, un escritor que la admira, su hijo y algunos amigos para formar en California una comunidad utópica”. (3).
Isaac Bashevis Singer escribió Sombras sobre Hudson (2000), novela acerca de la que expresó Marcelo Birmajer: “Aunque muchos de los personajes son sobrevivientes de la Europa nazi y la historia de amor de uno de ellos, el doctor Margolín, está envenenada de la peor manera por la hecatombe, lo cierto es que para el resto de los personajes la gran tragedia es más un escenario que la marca definitiva de sus vidas: no es la primera novela en que Singer da a entender que la imposibilidad para ser feliz y la unidad entre el amor y el fracaso no devienen de un suceso histórico, sino que suceden en todos. Hertz Grein y Anita Makaver, dos de los personajes centrales, habrían huido juntos antes o después de la guerra, y sus vaivenes sentimentales no habrían variado gran cosa. Es cierto que el desastre de la guerra, como telón de fondo, otorga más peso a cada una de las acciones, pero no es lo que las determina. Las bizarras sesiones de espiritismo en busca de los seres queridos muertos intercaladas a lo largo de la trama, pletóricas a un mismo tiempo de humor y desesperación, ya las narra Singer en sus cuentos situados en los años anteriores a la guerra” (4)
El cubano Miguel Barnet es el autor de Gallego. Acerca de esta obra, manifiesta Eduardo Galeano: ‘Miguel Barnet, certero escuchador, decidor de palabra clara, demuestra que el testimonio bien puede ser alta literatura. Nuestros países tienen una deuda pendiente con los miles y miles de inmigrantes que han venido a tierras de América desde Galicia. Por mano de Miguel, aquí cuenta su historia un hombre de dos patrias, un cubano en cuya memoria no han cesado de resonar los airinhos de la aldea donde nació. Pero más allá del personaje y su peripecia, este libro es un homenaje y un entrañable desagravio a los miles y miles de gallegos que tantas veces han recibido desprecio a cambio del mucho amor y trabajo que nos han entregado’ ” (5).
En Mi tesoro te espera en Cuba, novela del cubano Joel Franz Rosell, uno de los personajes relata la historia de un español: “-Tú sabes que Cuba fue colonia española hasta 1898. Después de la independencia muchos españoles continuaron yendo allí a buscar fortuna. Entre esos emigrantes estuvo tío Fermín, que se fue muy joven y sin un duro. No sabemos cómo logró hacerse con tierras, montar una fábrica de conservas y otros negocios. Llegó a tener buenos amigos en el gobierno y eso acabó por traerle la desgracia cuando la revolución de 1959… Los revolucionarios persiguieron a los del antiguo régimen y Fermín, sintiéndose en peligro, salió clandestinamente de la isla. Lo extraño es que su esposa no lo acompañó y murió en Cuba poco después. Como ella no tenía familia y a Fermín no le quedaban amigos en Cuba, nunca hemos logrado saber exactamente lo que ocurrió” (6).
La peruana Gabriella De Ferrari “Escribe en inglés, idioma en el que se expresa con más fluidez que en español o en italiano. Sin embargo, la conciencia de ser una gringa en Perú y una latina en Estados Unidos, sigue presente. “Una nube en la arena” y “Gringa Latina” fueron eso. Una memoria ‘saturada con poderosos ecos y profunda nostalgia de un lugar que no puedo dejar atrás’. (…) en “Gringa Latina” la trama transcurre en Tacna y la historia es la de Gabriella: su niñez, el colegio, su primer viaje a Italia para encontrarse con la tierra de sus ancestros. No es una novela propiamente autobiográfica ni costumbrista, aunque contenga ambos elementos, es más bien un retrato sicológico hábilmente compuesto con imaginación y vitalidad.” (7).
La boda del poeta, del chileno Antonio Skármeta, es “Una historia de amor legendario en clave de intriga y humor, una mirada inteligente y satírica sobre la Europa de preguerra, pero también la crónica de una estirpe de emigrantes que llegará a Chile a principios de siglo”. En La chica del trombón, “continuación de su novela anterior (…) Alia Emar comparte con el resto de los emigrantes el amor por el cine y las heroínas románticas, y la obsesión por Nueva York, donde sueña con encontrar algún día a su tío abuelo Reino Coppeta, probable fabricante del monstruo cinematográfico King Kong. La búsqueda de aliados para su aventura de escapar a Estados Unidos le hace conocer a toda clase de gente y vivir mil y una peripecias que Skármeta cuenta con el humor, la alegría y el encanto característicos de su prosa” (8).
En Doña Flor y sus dos maridos, de Jorge Amado, aparecen inmigrantes. Entre ellos, un español. Relata uno de los personajes: “-Un día, hará más de cuatro años, en el mes de marzo, encontré a Vadinho en los ‘Tres Duques’, jugando al 17. Iba vestido con una capa bajo la cual no llevaba nada puesto: estaba desnudito. Había llevado todo al montepío. Lo había empeñado todo, saco y pantalón, camisa y calzoncillos, para poder jugar. Ramiro, aquel español avaro del “Setenta y Siete”, sólo quería aceptar los pantalones y el saco. ¿Qué diablos podía hacer con una camisa de cuello raído, unos calzoncillos viejos, una corbata gastada? Pero Vadinho logró que recibiera todo, hasta las medias, quedándose sólo con los zapatos. Era tan envolvente su palabra que consiguió que Ramiro, esa fiera que ustedes conocen, le prestase una capa casi nueva, pues no iba a salir desnudito calle adelante, en dirección a los Tres Duques…” (9).
La brasileña Nélida Piñón escribió La república de los sueños, obra en la que evoca la inmigración española que llegó al país limítrofe. “La república de los sueños es la República de Brasil, el lugar donde todas las esperanzas humanas pueden hallar cumplimiento. Madruga y Venancio nacieron con el siglo. Se conocieron en el barco inglés que los trasladó de Vigo a Río de Janeiro en el lejano año de 1913. apenas eran unos muchachos cuando dejaron atrás la miseria y el desamparo de su Galicia natal, para navegar detrás de un sueño, rumbo a los paraísos de ultramar. Madruga conquistará Brasil, levantando industrias, comercios, haciendas. Pero se extraviará en el camino. Venancio, en cambio, mantendrá intacta su condición de soñador: será él quien llore en nombre de Madruga, será el verdadero depositario de sus sentimientos vetados. En La república de los sueños, hecha de emociones, o sea, de palabras esenciales, Nélida Piñon sacude al lector y le transmite el sabor agridulce, de triunfo y frustración, de uno de los pocos países del mundo en que sobrevive la epopeya” (10).
En poemas
En “La confidencia” (11), escribe el mexicano Luis Gonzaga Urbina:
¡Pobre galleguito, rubio y candoroso,
que a América vino sin ir a la escuela!
Tiene torpes andares de oso
Y apacible mirar de gacela.
De Rubén Darío es el “Canto a la Argentina”, que incluye estos versos:
Argentina, región de la aurora!
Oh, tierra abierta al sediento
de libertad y de vida,
dinámica y creadora!.
Gabriela Mistral nos dejó una visión de la inmigración en el poema “La extranjera” (12), en el que expresa:
Vivirá entre nosotros ochenta años,
pero siempre será como si llega,
hablando lengua que jadea y gime
y que le entienden sólo bestezuelas,
y va a morirse en medio de nosotros,
en una noche en la que mas padezca,
con solo su destino por almohada,
de una muerte callada y extranjera.
El uruguayo Fernán Silva Valdés Es el autor de “América” (13), poema que transcribimos parcialmente:
América no es sólo un poncho de colores,
Ni un indio, ni un cacharro,
Ni un gaucho, ni un rodeo;
La América de ahora,
la del tiempo presente,
la del tiempo futuro,
es todo eso, cierto, pero eso es la mitad,
la otra mitad es el gringo;
el gringo:
palabra chica que encierra un hecho enorme.
En dramas
Una bestia en la luna, de Richard Kalinovsky “es una historia de amor, una maravillosa historia de amor entre Aram Tomasián y Seta (su esposa). Aram Tomasian es un huérfano que llega a Estados Unidos huyendo del genocidio cometido por los turcos contra el pueblo armenio entre 1915 y 1923. El crimen sigue impune. El sueño de su vida es contruir una familia. Para lograr su objetivo se casa por correspondencia con una joven (Seta) a la que conoce por una fotografía. La obra comienza cuando Seta llega a los Estados Unidos y Aram descubre que es solo una niña de 15 años que aún juega con muñecas. Esto le genera muchas contradicciones dado que Aram es muy religioso y lleno de prejuicios. Pero el deseo de construir una familia y la simpatía y vitalidad de Seta lo hacen enamorarse de ella rápidamente” (14).

…..

Entre los autores que citamos figuran académicos y ganadores de Premios Nobel, lo cual da una idea de la relevancia de los creadores que abordaron esta temática. La elección del inmigrante como personaje nos habla de la voluntad de eternizar su gesta, sus victorias y sus fracasos en tierra americana.

Notas
1. Ferrer, Silvia: “Ernest Hemingway”, en www.portalmundos.com.
2. S/F: “Inspiró ‘El viejo y el mar’, de Hemingway Cumplió 100 años un marinero legendario”, en Clarín, Buenos Aires, 13 de julio de 1997.
3. Sánchez, Belén: “Susan Sontag: ‘Siempre me ha resultado incómodo ser ciudadana americana´ ”, en www.cultura.terra.es.
4. Birmajer, Marcelo: en www.pagina12.com.ar
5. S/F: en Barnet, Miguel. Gallego. Madrid: Alfaguara, 1986. 2° edición.
6. Rosell, Joel Franz: Mi tesoro te espera en Cuba. Ilustraciones: Pier Brito. 1° ed. Buenos Aires, Sudamericana, 2002. 160 pp. (La pluma del gato). Pág. 26.
7. Cornejo, María Elena: “Gabriella de Ferrari, peruana que ha hecho carrera en EE.UU”. Fotos José Vilca, en www.caretas.com.pe.
8. S/F: en www.clubcultura.com.
9. Amado, Jorge: Doña Flor y sus dos maridos. Buenos Aires, Losada, 1978.
10. S/F: “La república de los sueños”, en www.alfaguara.santillana.es
11. Urbina, Luis G.: “La confidencia”, en Berdiales, Germán: Cantan los pueblos americanos. Ilustraciones de David Cohen. Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1957. 2° edición.
12. Mistral, Gabriela: “La extranjera”, en www.nodo50.org
13. Silva Valdés, Fernán: en Berdiales, Germán: op. cit.
14. S/F: “Una bestia en la luna”, en www.armeniosonline.com.ar.

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PAQUELE

 por Julio M. Llanes. Ilustraciones de Xulian. Buenos Aires, Ediciones del Eclipse, 2006. 157 pp.
Este volumen integra la colección “Novelas del Eclipse”, dirigida por María Teresa Andruetto (textos) e Istvan Schritter (arte y diseño). “La intención de esta colección –afirman- es ofrecer un abanico de escrituras de grandes nombres y de nuevos autores. También de escritores de la literatura para adultos que editan con nosotros por primera vez un libro para chicos. Buscamos calidad en los textos y en las ilustraciones y la gráfica, diversidad de estéticas; descubrimiento de posibles nuevas escrituras todavía ocultas; es decir, buena escritura a secas. Pensamos en un lector “sin edad”, en libros que, destinados a la franja joven o infantil, se dejen bienleer por lectores adultos. Una colección de libros elegidos, de libros perdurables, una colección con un perfil valorado por lectores exigentes, un perfil valorado también por escritores e ilustradores exigentes. Libros que puedan seguir leyéndose a lo largo de los años”.
Julio M. Llanes, nació en 1948 en Yaguajay, actual provincia de Sancti Spíritus, Cuba. Es miembro fundador y presidente de la UNEAC. (Unión de Escritores y Artistas de Cuba). Se desempeña como profesor adjunto de la Universidad Pedagógica de Sancti Spíritus, miembro de la Cátedra de Literatura Infantil de dicha institución y miembro de la Sociedad Cultural José Martí. Publicó cinco libros de recopilación de ensayos sobre literatura infantil, una obra testimonial sobre sus viajes por Sudamérica, los libros de relatos Celia nuestra y de las flores, Canción para una sonrisa, Mi amigo Serafín, Sueños y cuentos de la niña mala y las novelas El día que me quieras y Paquéle –un hito en la literatura juvenil cubana-, de la que está en proceso una edición en holandés. Obtuvo numerosos premios, entre otros, Edad de Oro 1983 y 1991, La Rosa Blanca 1996 y 2000, Diploma Centenario de la Edad de Oro por su trabajo con niños y jóvenes, Premio Abril y Los Zapaticos de Rosa por el conjunto de su obra, Premio Especial Raúl Ferrer y Premio Especial la Rosa Blanca 2005 por su trayectoria.
Paquelé relata la historia de un adolescente esclavo en Cuba. Uno de los personajes explica por qué surgió esta novela: su amigo Llanes se propuso escribir una historia en la que los esclavos y los que dicen que son libres tuvieran protagonismo, donde no parecieran “animalitos que no hablan, ni piensan, ni sueñan”. El personaje le dice entonces a Llanes que se apure, porque si no, cuando él termine esa obra, ya no va a haber esclavitud, a lo que el escritor responde: “Que había muchas maneras de ser esclavo. Que la libertad, el amor y el odio y la alegría, nunca iban a envejecer, porque al hombre siempre le iban a interesar los problema del hombre”.
El resultado es esta obra, maravillosamente escrita, en la que se narra la vida de un esclavo, desde su nacimiento hasta que queda marginado de la sociedad. Se evocan las peripecias que tuvieron que ver con su origen, la muerte de su madre y el ahorcamiento de su padre, el cruel aprendizaje de calesero, la forma en que es regalado a un doctor (“lo estaban regalando como a un quitrín, como un caballo, como una gallina”), la amistad perdurable, el enamoramiento de una esclava.
Todo esto en el marco de la Sancti Spiritus colonial, una ciudad de Cuba en la que viven españoles que no se adaptan a su nueva vida. Añoran su España natal, y desdeñan todo lo americano, todo lo que se aleje de lo netamente hispano, como la fiesta en honor al Apóstol tal como se la festeja en Cuba: “El Santiago era la fiesta de Paquelé. Aunque don Gonzalo dijera que ése ya no era el Santiago, que el verdadero Santiago era el de antes, cuando los españoles de Santiago de Compostela trajeron las fiestas que en su tierra le dedicaban al santo patrón. El Santiago era la fiesta de Paquelé, aunque don Gonzalo afirmara que los tambores de los negros y el tiempo lo habían cambiado todo, y ahora era fiesta sin rango, fiesta de esclavos alborotadores, de negros y mulatos presumidos que ya nada respetan, sí señor”.
Otros añoran asimismo su tierra, mas no son inmigrantes ni exiliados; han sido traidos por la fuerza desde su continente, en el que eran libres y felices. El recuerdo de esas épocas los agobia en la ciudad de la isla: “Yo estaré volando, sí, pero para mi tierra, para mi aldea de Africa, donde el padre de mi padre fue oba, un rey tan rey como el de España”, dice el taita Ambrosio.
O han venido más o menos voluntariamente desde Manila; “tienen mucho papel de contrato, pero que en verdad son más esclavos que los negros.
Españoles, africanos y chinos llevan en sí el caudaloso bagaje de sus tradiciones, a las que honran; tradiciones que, fusionándose, han dado origen a esta cultura americana, en la que confluyeron los acervos más disímiles.
A los que llegaron, y a los que nacieron en América, evoca Llanes en una novela memorable, acerca de la libertad y la identidad.

(LETRAS-URUGUAY, Montevideo, 2006)

 

 

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LOS ESCRITORES EUROPEOS Y LA INMIGRACION A AMERICA (1850-1950)

Indice
1. Edmondo D’Amicis
2. Rosalía de Castro
3. Leopoldo Alas
4. Juan Antonio Cavestany
5. Pío Baroja
6. Rafael Alberti
7. Federico García Lorca
En este trabajo me refiero a los inmigrantes que llegaron a América, evocados en memorias y obras literarias por destacados escritores que no nacieron en la Argentina ni emigraron a ella. Son estos escritores el italiano Edmondo D’Amicis y los españoles Rosalía de Castro, Leopoldo Alas, Pío Baroja, Rafael Alberti, Federico García Lorca y Juan Antonio Cavestany.
Hemos leído obras escritas por inmigrantes que se establecieron en la Argentina, o acerca de ellos. Supimos, a través de drama, narrativa y lírica, de memorias, biografías y periodismo, cuáles fueron las causas que los llevaron a dejar su tierra, en qué condiciones debieron realizar un viaje tan amargo, y qué suerte corrieron en el nuevo destino.
Complementando estos textos de inmigración, se encuentran otros textos, escritos por autores de renombre nacidos en Europa, que nos hablan de aquellos que emigraron. Nos ocuparemos de algunas de estas páginas, referidas a inmigrantes de diversas nacionalidades, y a su vida en la tierra americana a la que se dirigieron.
Edmondo D’Amicis

Los italianos que se embarcan en Génova en 1884, hacia el Río de la Plata, son descriptos por Edmondo D’Amicis en su obra En el océano. Acerca del escritor, expresó Griselda Gambaro: “El autor de Corazón recoge, sin embargo, sus mejores frutos en la crónica. En este fresco están todos los que vinieron a América, en su mayoría obreros y campesinos, cada uno con su sueño particular. Y el sueño -y el destrozo del sueño- empieza en el Galileo, como si el barco navegara en un mar de tierra y sus pasajeros, en los múltiples tipos y pasiones, representaran a la humanidad entera” (1).
Cuore (2), publicado en el año 1886, es una de las novelas “de intención moralista y didáctica” (3) de D’Amicis. En ella, presenta a una mujer debe buscar fortuna en otra tierra, agobiada por las deudas que había contraído. El relato incluido en Cuore se titula “De los Apeninos a los Andes”.
La madre creada por el escritor –un ser admirable- sufre ante la partida, aún sabiendo que no existe otra posibilidad para ella y para los suyos. Evoca la despedida con amargura: “¡No me lo podía separar de mi cuello cuando partí; sollozaba que daba compasión oírle; parecía que supiese que no había de volver a ver a su madre! ¡Pobre niño mío! ¡Creía que estallaba mi corazón!”.
Para la genovesa de Corazón, Argentina era una meta que le permitiría tener una vida más digna, a pesar de un sacrificio terrible. El italiano comenta: “No son pocas las mujeres valerosas que realizan tan largo viaje con aquel objeto, gracias a los buenos salarios que encuentra allí la gente de servicio, y al cabo de pocos años retornan a la patria con algunos millares de pesos”.
Pese a su corta edad, Marcos, el protagonista del relato del italiano, comprende la situación, mas no descansa hasta el momento del reencuentro. Para distraerse del miedo, el adolescente “pensaba en muchas cosas de ella; traía a su mente sus palabras cuando salió de Génova y el modo como le solía arreglar las frazadas bajo el mentón, cuando estaba en la cama”.
En 1895 apareció en Italia La maestrina degli operai, traducido al castellano como La maestrita de los obreros (4). En esa obra, en una oportunidad, la protagonista encuentra que, al ir a dar su clase, “Faltaba esa noche más de una docena de alumnos. La maestra investigó las razones de la ausencia, y supo que habían ido, con muchos otros, a pasar la velada en un establo, donde un viejo aldeano, de vuelta de América, un espíritu jovial y extraño, había invitado a medio arrabal para relatarle la historia de sus aventuras. Era algún alivio para ella; pero de la muchachada, por desgracia, no faltaba ninguno”.
Notas
Gambaro, Griselda: “L’América: el sueño en italiano”, en Clarín, Buenos Aires, 20 de julio de 2002.
Varios autores: Enciclopedia Clarín. Buenos Aires, Visor, 1999.
D’Amicis, Edmondo: Corazón.
D’Amicis, Edmondo: La maestrita de los obreros.
Rosalía de Castro
El 24 de febrero de 1837 nace en Santiago de Compostela Rosalía de Castro. “La emigración gallega es uno de los temas más constantes y sentidos de la poesía de Rosalía –destaca Emilio González López-, que en Follas Novas (1880) incluyó toda una parte, el quinto libro, a poetizar la triste situación de los emigrantes y de las familias que dejan su tierra, libro que tituló As viudas dos vivos e as viudas dos mortos. En Follas Novas Rosalía contempla el éxodo de las gentes de Galicia que emigran para América. Con inmensa tristeza los ve ir, pensando que no hay nada más doloroso que dejar la propia tierra en busca de un porvenir incierto”. En su libro En las orillas del Sar, vuelve a tratar el tema, “pero contemplado ahora desde un punto de vista diferente. Ya no ve la poetisa la marcha de los emigrantes, sino que piensa en los que se han ido y están ya en América. Y Rosalía, entristecida por su larga ausencia de la tierra, los llama para que se reintegren a la patria amada. Esta llamada, que tiene el dolor de una madre que se dirige a sus hijos extraviados por el mundo, se expresa en una serie de poemas que recoge bajo el título de Volved, que son lo más sentido y bello que se ha escrito en la poesía castellana sobre la emigración. (…) No es Rosalía quien llama a los emigrantes, sino toda Galicia: es toda la tierra, su viento, sus ríos y sus bosques que se han quedado abandonados por los que se fueron”.
Su visión es parcial –finaliza González López-: “El emigrante no es jamás en los versos de Rosalía el indiano enriquecido y vanidoso, satirizado principalmente en las obras de los novelistas asturianos y montañeses, sobre todo de Pérez de Ayala y de Pereda; sino el pobre y desgraciado que ha sido arrancado a la fuerza de su casa y de su terruño por el trágico destino que juega con el hombre como si fuera un muñeco. Rosalía no tiene ojos para ver, ni pensamientos para entretenerse en satirizar a los pocos que han triunfado a su manera en las tierras americanas; sólo tiene sentimientos para los tristes y para los desgraciados que no encontraron la felicidad en el mundo que dejaron y difícilmente tendrán mejor suerte en este otro nuevo al que vinieron” (1).
El tema de la inmigración aparece, fundamentalmente, en Follas Novas. Este libro –anota el prologuista-, que no se publicó hasta 1880, pero fue escrito, casi con certeza, entre los años 1870 y 1871, “representa una sensibilidad nueva, significa una distinta concepción de la poesía. Rosalía abandona el folklore, los tópicos costumbristas, el popularismo, para ahondar en los sentimientos, en la problemática social, para elaborar una metafísica del alma gallega. (…) En otra dimensión, volvemos a encontrarnos de nuevo con el dolor, con la saudade; con la vida trabajosa y dura de los labradores pobres; con los niños desamparados huérfanos, lacerados por el frío invernal; con la emigración; con el amor en todas sus manifestaciones: amor a la madre, a los hijos, amores femeninos agostados por el abandono, truncados por la muerte. Ahora bien, los temas de Cantares gallegos se adensan, se subliman, en Follas Novas. (…) Rosalía de Castro concibe sus versos “no fondo sin fondo do meu pensamento”; no son ‘follas novas’, son tojos y zarzas, ásperos, punzantes, como sus fieras penas, como su irremediable dolor; son la sombra misteriosa que merodea sus pasos, el dolor indescriptible del clavo hincado en el corazón, las viudas de muertos, las viudas de vivos que nadie consuela” (2).
Notas
González López, Emilio: Galicia, su alma y su cultura. Buenos Aires, Ediciones Galicia (Centro Gallego de Buenos Aires, Instituto Argentino de Cultura Gallega), 1978.
Varela Jácome, Benito: “Estudio preliminar”, en Castro, Rosalía de: Castro, Rosalía de: Obra poética. Edición a cargo de D. Benito Varela Jácome. Barcelona, Bruguera, 1972.
Leopoldo Alas, Clarin

Leopoldo Alas nació en Zamora en 1852. De 1891 es Su único hijo, segunda y última novela larga del español Leopoldo Alas Clarín. En ella, se relata lo sucedido una noche en el teatro, cuando Emma Valcárcel hace su aparición lujosamente vestida. Esa situación permite al escritor reflejar qué sentía la esposa del hombre a quien denominaban “el americano” –no se aclara si por su origen o por haber regresado de este continente-: “Tal vez la que más envidiaba a la de Valcárcel era la mujer del americano Sariegos, el más rico de la provincia, que podría aturdir a todos los Valcárcel del mundo envolviéndolos en papel del Estado y en acciones del Banco y otras mil grandezas, pero Sariegos no permitía tales despilfarros, que en él no lo serían, y su señora tenía que contentarse con un lujo muy mediano. Por eso rabiaba ella”. Pero también rabiaba él, aunque por otro motivo: “se puso de pronto a aborrecer a Emma, porque tenía la culpa de que en aquel momento su esposa estaría maldiciéndole y detestándole a él por avaro; y además, aunque parezca raro, también miraba con envidia el aderezo de la abogaducha. Mas luego se hizo superior a sentimientos tan humillantes para él” (1).

Notas
Alas, Leopoldo (”Clarín”): Su único hijo. Barcelona, Bruguera.

Juan Antonio Cavestany

Cavestany nació en Sevilla en 1861. Fue poeta y dramaturgo; académico. “Su mejor obra teatral es El esclavo de su culpa. Sus poesías se reúnen en dos tomos: Versos viejos y Al pie de la Giralda” (1).
En “Canto a la Argentina” (2), se refiere a quienes han dejado sus tierras en busca paz y prosperidad.

Canto a la Argentina

¡Salve noble Nación! Seguro puerto
guardado por las olas y los Andes;
ayer, triste desierto,
hoy pueblo rico, grande entre los grandes.

El Mundo Viejo que antes te enseñaba
Hoy aprende de ti; de ti recibe
Hasta el mismo sustento de que vive.

Atravesando mares,
A ti llegan sus hijos a millares,
A realizar su anhelo
De beber de tu fuente,
De escoger riquezas en tu suelo
Y de aspirar venturas en tu ambiente.

Llegan… y hallan la suerte apetecida,
Pues dan a un tiempo, como doble palma,
Tu tierra, el rubio trigo: ¡el pan de vida!;
Tu aire, la Libertad: ¡el pan del alma!

Notas
Varios autores: Enciclopedia Clarín. Buenos Aires, Visor Enciclopedias Audiovisuales SA, 1999.
Cavestany, Juan Antonio: “Canto a la Argentina”, en Berdiales, Germán: Cantan los pueblos americanos. Ilustraciones de David Cohen. Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1957. 2° edición.

Pío Baroja

En Las inquietudes de Shanti Andía (1), novela, protagonizada por un marino, presenta Baroja a varios indianos. Se les llamaba así a quienes procedían de las Indias Occidentales (América), pero especialmente a aquellos que regresaban a España enriquecidos luego de muchos años en el Nuevo Continente. Los diversos pasajes en que describe a estos personajes nos permiten notar que no sentía por ellos, ciertamente, simpatía, en parte por su condición de comerciantes, pero también por su ignorancia y presunción.
En 1910 aparece César o nada (2), novela en la que aparece nuevamente su aborrecimiento por los indianos, encarnado esta vez en un personaje que “estudiaba en el colegio de Escolapios del pueblo y después ingresaba en el seminario de Tortosa”. El alumno dejaba mucho que desear: “No se distinguió allí por su inteligencia ni por su buena conducta; pero a fuerza de tiempo y de recomendaciones, pudo ordenarse y decir misa en Villanueva”.
En La sensualidad pervertida (3), el protagonista visita a una familia que le causa muy mala impresión: “Una casa donde me recibían amablemente era la de un americano, condiscípulo de mi padre, de niño, en Vergara. Este señor se llamaba Alpizcueta, y era un pobre hombre, bueno, débil y sin ningún carácter. Se hallaba dominado por su mujer, una americana despótica y altanera; tenían un hijo y dos hijas. El hijo era negado, de lo más incomprensivo que pudiera imaginarse, tonto, soberbio, caprichoso, rubio y con cara de negro; las hijas habían salido como la madre: altas, fuertes, guapas, voluntariosas y mandonas”.
Los Cuentos, publicados por Alianza (4), incluyen “Elizabide el Vagabundo”. En él, el narrador relata que próximo a casarse con la hija de un estanciero uruguayo “sintió la nostalgia de su pueblo, del olor a heno de sus montes, del pasiaje brumoso de la tierra vascongada (…) se embarcó en un transatlántico, y después de saludar cariñosamente la tierra hospitalaria de América, se volvió a España”.
Cuando a Martín Zalacaín (5) le aconsejaban ir a la escuela, él exclamaba: ” -¿Yo a la escuela? Yo me iré a América o me iré a la guerra”. No se decidió por el primero de estos proyectos. Ortega (6) “estuvo de médico militar en Cuba, y se acostumbró a beber de una manera terrible”. Son otros personajes que tuvieron en sus mentes la aventura trasatlántica. No la concretaron o volvieron derrotados. Sin embargo, es por estos por quienes el novelista siente aprecio, y no por los indianos a los que se ha referido reiteradamente.

Notas
Baroja, Pío: Las inquietudes de Shanti Andía. Cátedra.
Baroja, Pío: César o nada, en Baroja, Pío: Las ciudades. Madrid, Alianza.
Baroja, Pío: La sensualidad pervertida , en Baroja, Pío: Las ciudades. Madrid, Alianza.
Baroja, Pío: Cuentos. Alianza, 1966.
Baroja, Pío: Zalacaín el aventurero. Buenos Aires, Losada.
Baroja, Pío: El árbol de la ciencia. Alianza.

Rafael Alberti

El poeta Rafael Alberti y su esposa, la escritora María Teresa León, se exiliaron en la Argentina. En nuestro país, el gaditano escribe sus memorias, tituladas La arboleda perdida (1), obra en la que manifiesta: “Y ahora, esta afiebrada tarde del 18 de noviembre de 1954, en mi cercado jardinillo de la calle Las Heras, bajo dos florecientes estrellas federales, el mareante aroma de un magnolio vecino, cuatro pobres rosales, martirizados por las hormigas, y el apretado verde de una enamorada del muro, doy comienzo a este segundo libro de mis memorias”.
En julio de 1959, Alberti puso punto final a La arboleda perdida. Considera que hay en esas páginas “innumerables blancos, que no son, de ningún modo, olvidos” y se pregunta cuándo completará sus memorias, con miras a una nueva edición: “¿Lo haré eso en España o todavía aquí, en la Argentina, donde fueron escritos el final de la primera parte y toda la segunda de la presente obra? No sé, pero hay algo en mi país que ya tambalea, y entre nosotros, los desterrados españoles, circulan vientos que nos cantan la canción del retorno”.
Dejaría la Argentina pensando en su Cádiz amada, pero debió recalar mucho tiempo en Roma. Finalmente, regresó a su puerto de Santa María.
En 1963, María Teresa León escribe la nota titulada “Soñemos con el viaje”, en la que expresa: “A lo lejos nos está esperando el itinerario previsto o tal vez la emoción de ver de nuevo la aldea que se dejó al venir o la visita a los parientes de los abuelos, que deben estar en tal lugar…, o las ciudades madres de civilizaciones ilustres o los museos donde se almacena el ingenio humano o las formas diferentes de la vida de los hombres en este mondo cane, que a veces se dulcifica en las fiestas” (2).

Notas
Alberti, Rafael: La arboleda perdida. Barcelona, Bruguera, 1980.
Leòn, Marìa Teresa: “Soñemos con el viaje”, en Mucho Gusto, Nª 203. Buenos Aires, septiembre de 1963.

Federico García Lorca

Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros, Granada, probablemente en 1898. “Los Poemas Galegos -escribe Antonio Pérez-Prado- fueron publicados en 1935 por Anxel Casal, editor pobre y doméstico, quien solventó la malandanza de su imprenta con los aportes de su mujer, costurera. Un año más tarde, aquel negro año de 1936, Anxel Casal, en Galicia, y Federico García Lorca, en su Granada, fueron fusilados” (1). Uno de estos poemas es la “Cantiga do neno da tenda” (2), que transcribimos:

Bos Aires ten unha gaita
Sobro do Río da Prata,
Que toca o vento do norde
Coa súa gris boca mollada.
¡Triste Ramón de Sismundi!
Aló, na rúa Esmeralda,
Basoira que te basoira
Polvo d’estantes e caixas.
Ao longo das rúas infindas
Os galegos paseiaban
Soñando un val imposibel
Na verda riba da pampa.
¡Triste Ramón de Sismundi!
Sinteu a muñeira d’ágoa
Mentre sete bois da lúa
Pacían na súa lembranza.
Foise para veira do río,
veira do Río da Prata.
Sauces e cabalos múos
Creban o vidro das ágoas.
Non atopou o xemido
Malencónico da gaita,
Non viu o imenso gaitero
Coa boca frolida d’alas;
Triste Ramón de Sismundi,
Veira do Río da Prata,
Viu na tarde amortecida
Bermello muro de lama.

Notas
Pérez-Prado, Antonio: “A Lorca le hubiera gustado”, en Alposta, Luis: Lorca en lunfardo. Los “Seis poemas galegos” en edición bilingûe. Traducción de Luis Alposta. Estudio preliminar de Antonio Pérez-Prado. Buenos Aires, Corregidor, 1996.
García Lorca, Federico: “Cantiga do neno da tenda”, en Alposta, Luis: Lorca en lunfardo. Los “Seis poemas galegos” en ediciòn bilingûe. Traducción de Luis Alposta. Estudio preliminar de Antonio Pèrez-Prado. Buenos Aires, Corregidor, 1996.

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En los países de origen o en América, los escritores europeos evocaron a sus compatriotas emigrantes, los comprendieron y eternizaron.

 

 

 

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Festejado el cumpleaños 109 del gallego Caballero de París

Navegando por Internet leí esta nota, que incluyo para compartirla con ustedes:

Autor: Ángela Oramas Camero | Fuente: CUBARTE | 06 de Enero 2009

(Cubarte).- Al conmemorarse el natalicio 109 del Caballero de París, más de veinte cuadros con dibujos y caricaturas, realizados por igual número de artistas de la plástica, inspirados en la figura legendaria de ese querido gallego, fueron colgados de manera permanente en las paredes de la Casa Mental de Salud de Habana Vieja por iniciativa de la Oficina del Historiador y del autor del libro La Leyenda que Camina, Francisco Blanco Ávila, donde están impresas tales creaciones.
Los autores han firmado las respectivas obras con tan solo el nombre o un apellido: Adán, Adis, Alba, Alben, Blanco, Cecilio, Delga, Falco, F. Blanco, Janer, Lacoste, Lumat, Miriam, Mons, Narciso, Nuez, Ñico, Pedreira, Toledo, Tulio y Zequier. Curiosamente, se expone además la autocaricatura que el Caballero realizó en 1981 a petición del psiquiatra, titulada por él: Este es el caballerín.
En el mencionado hospital de Habana Vieja trabaja el doctor Luis Calzadilla Fierro, último especialista que atendió al más querido personaje peregrino de los cubanos, quien al pronunciar las palabras inaugurales de la muestra, expresó: Sus amigos nos reunimos esta tarde para homenajear post mortem el 109 cumpleaños de José María López Lledín, nuestro Caballero de París, nacido el 30 de diciembre de 1899 a las 11:00 a.m., en la aldea de Vilaseca, Fonsagrada, en la provincia de Lugo, Galicia.
Explicó el Dr. Calzadilla Fierro que José María llegó a la capital cubana el 10 de diciembre de 1913 y luego de probar suerte laboral en varios hoteles fue empleado como sirviente en una casa de la aristocracia, donde lo acusaron injustamente de hurto por lo cual sufrió prisión en el Castillo de El Príncipe y de allí salió “transformado” en Caballero de París, para con el paso del tiempo devenir en símbolo emblemático de La Habana, sobre todo a partir de la escultura creada por José Villa Soberón, alzada a la entrada de la Basílica Menor de San Francisco de Asís. En este recinto y en una cripta reposan sus huesos dentro de urna.
Cierto es que los transeúntes cubanos y turistas procedentes de cualquier parte del mundo acarician su barba, zapatos y le dan la mano como si se tratara de un santo y hasta le piden milagros, lo que a motivado que estas partes de la figura en bronce halla pasado del color negro al dorado. Hay quienes aseguran verlo caminar de noche por la plaza de las palomas, mientras nacen otros mitos y leyendas. Una vez sentenció el Historiador de la Habana, Eusebio Leal Spengler: El que no se haya colocado inscripción alguna en este sitio tiene una explicación. Y es mi arraigada convicción de que han de ser las sucesivas generaciones las que cuenten las historias del Caballero de París y expandan hasta lo infinito su leyenda.
Durante el acto, también fue recordado el museólogo y poeta, recientemente fallecido, Helio Orovio, quien enterado de la muerte del Caballero, 7 de diciembre de 1977, no sólo asistió al velorio en la funeraria de Santiago de las Vegas, sino que se encargó de rescatar sus restos de una fosa común en Calabazar y posteriormente depositarlos en una tumba del cementerio santiaguero hasta el traslado definitivo para el citado Convento de San Francisco, siguiendo el deseo del Historiador de la Ciudad.
De esta hermosa manera, pintado repartiendo flores y fantasía, con los papeles bajo el brazo, andando y desandando las calles o entregado a la lectura de un libro a la luz de una farola, con la negra capa que cubrió sus espaldas y la barba y cabellera revueltas por el viento y el tiempo se encuentra hoy el loco más cuerdo que yo haya conocido en el palacio que habitan orates y casi cuerdos para recibir el saludo diario de buenos días Caballero, cómo estás mosquetero, añadió el Dr. Calzadilla que enfatizó el agradecimiento por las obras donadas del grupo de dibujantes y caricaturistas cubanos y en especial al humorista e historietitas Blanquito que por estos días celebra su 60 aniversario de trayectoria artística.

http://www.cubarte.cult.cu/paginas/actualidad/opinion.detalle.php?id=7320&tabla=entrevista&seccion=El+Portal+Cubarte+Le+Sugiere

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AIKO

Texto e ilustraciones de Anxeles Ferrer. Editorial Everest Galicia, S. L. www.everestgalicia.com

Ánxeles Ferrer es una escritora e ilustradora gallega, nacida en Valdeorras (Ourense). Vive actualmente en Tomiño (Pontevedra). La info publicada en el sitio de la Asociación Galega de Profesionais da Ilustración (http://www.agpi.es/ilustrador.php?id=7) consigna que se dedica a la literatura infantil y juvenil y a los libros de texto.
Es escritora e ilustradora de los libros A aventura de Xanzolo (Xerais), Os señores meses (Xerais) -obra preseleccionada para la lista de honor del IBBY-, Ola, son a lúa (Everest) -traducido al portugués-, O grilo Gastón (Everest) -libro escogido por la biblioteca Germán Sanchez Ruiperez entre los mejores de los años 2003-2004-, A pequena árbore (Xerais), Tres princesas namoradas (Galaxia), y Aiko (Everest).
Ilustró, entre otros, los volúmenes Peter Pan nos xardíns de Kesington (J.M.Barrie, Sotelo Blanco), Rosalía (Fundacion Rosalia de Castro, Helena V. Janeiro) y Carapuchiña vermella (Kalandraka). Realizó las portadas de los n° 13 y 14 de la revista Rio do Baixo Miño y el cartel para el Seminario Cientifico Internacional sobre el Prestige (Consello da Cultura Galega, marzo do 2003), entre otros trabajos, y fue ilustradora invitada en la revista Fadamorgana(nº10). Participó en varias ocasiones en las campañas de fomento de la lectura en bibliotecas.
“Esta es la historia de una nena llamada Aiko”. Así empieza (en gallego) este cuento hermoso que me ha hecho llegar Anxeles Ferrer. Un cuento hermoso, pero triste, muy triste, que parece tener la dura misión de mostrar a los niños, por medio de imágenes y palabras, el universo de aquellos que debieron sufrir, en Galicia, la partida de un ser querido. Y si muchas veces esta tristeza se vio compensada por la alegría del reencuentro, no pocas veces, el dolor se hizo más grande. Sólo creció, no encontrando consuelo…
Un árbol, una muñeca, una Navidad desolada y un engaño permiten a esta niña seguir teniendo esperanza. Hasta que conoce la verdad, la misma verdad que agobió a más de un aldeano.
Acerca de Aiko, la autora manifestó: “Cuando lo presenté en algunos colegios los niños me decian que el final era triste, que debería de acabar de otra forma, que el padre tendria que regresar… A los niños les gustan los finales felices. Pero yo quise plasmar, y no sé si lo conseguí, la tristeza que sienten los que tienen que abandonar sus hogares y dejar atrás todo lo que mas quieren. Les digo que hay mucha gente en el mundo que pasa por esas situaciones. Todos los dias llegan a las costas de España montones de inmigrantes en pateras; algunos no llegan vivos a la costa. Es un gran problema que está ahí, y tendremos que convivir con ellos y acogerlos; para eso creo que es bueno que los niños pueden llegar a ponerse en su piel y sentir lo duro que es para ellos marchar y sobre todo, llegar. Hace algún tiempo escribí otro cuento , O grilo Gastón, trataba de un grillo que no tenía de que vivir en su pais y se iba en un barco; llegaba a un lugar, era bien acogido y vivía feliz rodeado de amigos. En Aiko quise mostrar que a veces las cosas son de otra forma”.
Desde la tierra de mis abuelos, este cuento escrito e ilustrado por Anxeles me habla una vez más de la tremenda desdicha de quienes tuvieron que dejar a los suyos, y de la magia del arte, que permite que hasta esa realidad se vuelva bella.

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ROSALIA DE CASTRO: DE LO AUTOBIOGRAFICO A LO POETICO

Memorias, confesiones liricas y diarios, son las vertientes por las cuales la experiencia personal del creador se vuelca, se exterioriza, haciendose publica en manera mas o menos intimista. Pero un rasgo fundamental las diferencia: mientras el autobiografo se mueve dentro de coordenadas espacio-temporales y se refiere incesantemente a elIas, puesto que son las que estructuran su relato, el poeta se encuentra en la intemporalidad, en la aespacialidad. Asistimos, por cierto, al espectaculo de su existencia, pero no participamos en él como en el relato, organizado y cronologico, del escritor de memorias.
Hecha esta salvedad admitiremos que es licito hablar de la poesia como manifestacion auto biografica, de su hondo valor testimonial. El narrador evoca un suceso; el poeta, un estado de animoEl dolorEl 24 de febrero de 1837 nace en Santiago de Compostela, Rosalia de Castro, hija ilegitima de un miembro del clero y de una dama hidalga. Su vida estuvo signada por este oscuro origen; las bellisimas composiciones poeticas que nos dejó se refieren en todo momento a su dolor, a su angustia de hija natural y -a causa de la rigida moral de su epoca- oculta.
El sufrimiento es el protagonista de la obra de la poeta gallega, el sufrimiento en sus multiples manifestaciones. Junto a su tragedia personal -su origen y dos terribles enfermedades-, vibra en su poesía el sentimiento del dolor colectivo, la desolación de un pueblo abandonado por Dios y por sus compatriotas. La indigencia, el subdesarrollo de los campesinos gallegos se vuelven materia poética, adquiriendo una fuerza que emana de su propia condición autobiográfica. Nada se retrata mejor que lo que se conoce por experiencia; Rosalía sabe de la amarguras de su pueblo, y las canta. Pero, al mismo tiempo, canta también, sus mínimas, cotidianas alegrías.
 Los personajes

Los tipos sociales de su tierra aparecen en esas rimas sencillas, embriagadas de un sentimiento romántico de la existencia: la campesina, el zagal que la enamora en un paisaje bucólico, surcado por la típicas rías; el gaitero, “de paño de seda vestido”, que engaña a las muchachas deslumbradas por su apostura y cortesía.
EI amor, en la obra de Rosalia de Castro, no tiene con notaciones gozosas: no es jamas fuente de alegria, de felicidad. Y no podia serlo, si pensamos en su historia personal: el arnor de sus padres; un amor castigado por la sociedad, ocasionó a la niña grandes pesares; ya adulta, conserva en sus labios ese regusto amargo. Su posicion ante la relacion de pareja es absolutamente negativa, no obstante su armoniosa relacion conyugal.
El amor egoista y efimero, huye, dando paso a la soledad. Este es otro de los temas predilectos de la poetisa; la soledad, la lejania del ser amado, es un leit-motiv en sus poemas. Su dolor no siempre es manso, callado; muchas veces se desgrana en sollozos que la ahogan, impidiéndole elevar su plegaria al Señor.El emigrantePero el dolor no siempre esta vinculado a la ausencia del ser amado; en, otras oportunidades, es la nostalgia del hogar lo que provoca en ella tan amargo sentimiento. Su tierra ha quedado lejos, ya no puede escuchar el tañido familiar de las campanas; sus pasos la han llevado, desgraciadamente, por otros caminos. Lejos están su aldea, sus bosques, la imagen de la Virgen de la Asunción, “blanca como un serafin”. Aparece entonces el tema del emigrante.
Nos era familiar, en nuestra literatura -desde Eugenio Cambaceres y Lucio V. Lopez hasta Pedro Orgambide-, la figura del inmigrante. Aqui, por el contrario, se muestra el otro aspecto -complementario- de una misma realidad. El español, agobiado por la pobreza, por la miseria que degrada su vida y la de sus hijos, debe marcharse a “hacer Ia America”. Desde sus amadas tierras gallegas, Rosalia evoca esta cruel circunstancia: sus compatriotas, sus hermanos, se encuentran allende el mar, a menudo sin su familia, intentando labrar un futuro digno. En ellos piensa Rosalia cuando escribe: “Airecillos, airecillos, aires,/ airecillos de mi tierra;/ airecillos, airecillos, aires,/ airecillos, llevadme a ella”, su composición mas conocida por nosotros y que con tanto sentimiento escuchamos recitar.
En cada emigrante se encuentra este deseo, aunque a veces pueda estar ensordecido por el bienestar y la seguridad logrados en suelo extraño. Al igual que Rosalía de Castro, todo emigrante se sintió alguna vez “una hojilla seca”, dócil a los vaivenes de la brisa que la regresará a su aldea natal. El hombre alejado de los suyos es como una rosa que muere; muere de dolor al sentirse solo, en una tierra ajena.
El paisaje
Otro elemento autobiografico cobra gran importancia en la obra poetica de Rosalia de Castro: el paisaje. Mucho se ha hablado del sentimiento panteista de la naturaleza que inflama a todo poeta gallego. La autora de Hojas Nuevas describe el entorno con palabras maravilladas; las flores. las fuentes, los rios, son evocados con mucho de locus amoenus. Galicia tiene, para la poeta, todo aquello de que carece Castilla: vergeles fecundos, campiñas soleadas, aguas cristalinas. Galicia es la tierra pródiga que, sin embargo. condena a la miseria a sus pobladores; esta paradoja es la que causa mas pesadumbre a la autora.
…..
El dolor, los personajes, el paisaje de su region, protagonizan la obra poetica de Rosalia de Castro. El alma gallega pervive en la escritora compostelana, admirada por Unamuno, Azorin y Juan Ramon Jiménez. Permitasenos, por medio de estas lineas, hacernos eco del merecido homenaje que, con motivo de celebrarse el centenario de su muerte, Ie tributa su tierra natal. 1985 ha sido declarado “año rosaliano”, en homenaje a la creadora que representa el más autentico resurgir de las letras gallegas en el siglo XIX.
(LA PRENSA, 1985)
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