Colectividades Argentinas

historia y actualidad

 

ESCRIBE IGNACIO GIANCASPRO

Uno a veces no tiene plena conciencia del valor de ciertas experiencias vividas, dicha conciencia va creciendo con el tiempo, cuando se mira hacia atrás. En mi caso se trata del hecho afortunado de haber pasado mi infancia en el tiempo y lugar justos, donde se dio la posibilidad o el privilegio de ser testigo de ese tiempo único de inmigración que se dio en Argentina en los primeros años del siglo XX. Si bien las corrientes inmigratorias empezaron mucho antes, en el intermedio entre la 1ra. y 2da guerra mundial, se produjo un incremento inmigratorio de gentes provenientes de Europa Central y del Este, así llegaron al pais, yugoslavos, checoslovacos, griegos, eslovenos, albaneses, croatas, polacos y lituanos, ucranianos, rusos, judíos de distintas partes de Europa y árabes y armenios. Muchas de estas gentes, no todas, se radicaron el La Boca, Isla Maciel y Barracas. Estos lugares tenían la ventaja inicial del relativo bajo costo del alquiler de viviendas, muchas de ellas lamentables, y la cercanía de las posibilidades de trabajo que daba el puerto y las fábricas como Alpargatas, Canale, El Aguila y otras, y donde frecuentemente encontraban paisanos que podían brindarles ayuda dadas las dificultades idiomáticas. Ahora bien, el segundo gran problema que debían resolver estas gentes era la educación de sus hijos, la mayoría nacidos como primera generación argentinos como era mi caso. En consecuencia aumentaba la demanda de plazas en las escuelas ya de por sí insuficientes. Recuerdo ahora la calidad de algunas escuelas como la de “Quinquela” como la llamban en el barrio, de aulas amplias, baños escrupulosamente limpios, o la de Berutti que tenia una verja a la entrada y jardín con una fuente ovalada con peces de colores, además de biblioteca con muebles lustrados, museo y otros lujos algunos de los cuales se repetían en escuelas mas humildes
Esta demanda era en parte satisfecha por las iglesias, católicas y evangelistas. De esta manera en la parroquia de San Juan Evangelista, ubicada cerca de puente de La Boca que comunicaba con la isla Maciel donde se radicaban principalmente los eslavos se daba el hecho de una gran concentración de descendientes de distintos países, era una especie de UN infantil. Fue en 4° grado donde conocí a mis compañeritos armenios, Sarkis y Martín, después conocí otros. Sarkis era un chico muy inteligente , religioso y divertido, muy noble y puro de sentimientos, diría un chico sin pecados. Martín era distinto, también inteligente, poco apegado al estudio, de gran viveza, siempre sacaba ventajas de todo, de cualquier cosa, un poco solitario, no creía en muchas de las cosas en qe creíamos otros, se mofaba de los curas, etc. En ese 4° grado el maestro era un sacerdote, el padre Olivieri, muy buen cantor y organista. Al comenzar el curso nos contó la historia de la rivalidad entre Roma y Cartago y de cómo los cartagineses estuvieron a punto de derrumbar al Imperio Romano. Acto seguido, nos comunicó que había dividido el grado en dos equipos, Roma y Cartago, con sus correspondientes estandartes de seda, rojo paara Roma y verde para Cartago, y que cada mes el equipo de mejores calificaciones sería premiado en su esandarte con una medalla. El lider de Roma era el lituano Padvalsky ademas N° 1 del colegio y el lider de Cartago era Sarkys, yo lo seguía a el en el equipo. Al final del primer mes el equipo ganador fue Roma, a cuyo estandarte el padre Olivieri le colgó una medalla envidiable, exibió el estandarte y lo colgó en la pared, acto seguido dio vuelta el estandarte de Cartago. Sarkis y yo nos miramos largo escondiendo nuestra amargura y desasosiego entendiendo que debíamos revertir ese resultado. En la hora del almuerzo los dos nos sentamos en el patio para preparar una estrategia. Sarkis sacó su almuerzo de una bolsita y como yo no había ido al comedor para estar con el, me ofreció compartir su almuerzo, unas especie de tortas de trigo y carne especiadas, kefte me decía, estos son falafel, sabores extraños para mí por lo exótico y entusiasmado por el hecho de tomar contacto directo con algo tan lejano y desconocido, y como intercambio me animé a contarle que comidas eran las nuestras, porque en general como no eran habituales en aquel entonces por ejemplo pastas con salsas de verduras, brócoli etc. tenía reparos en
Comentar las costumbres de mi casa. Martín vivía cerca en un conventillo de madera de los típicos de La Boca, y su padre Martín también de nombre, tenia instalado en la habitación que daba a la calle su taller de compostura de calzado, donde claveteaba suelas todo el día. Pero la mayoría de los armenios se habian instalado en Barracas sobre la avda. Patricios, donde vivía Sarkys en una casa con otras dos familias armenias que se dedicaban a la venta de telas, alfombras, tejidos y mercería . Los sábados armábamos unos partidos de futbol con los primos de Sarkis y otros chicos, en un potrerito cerca de Alpargatas. La casa de Sarkis si bien humilde estaba elegantemente decorada con muchos objetos extraños, metálicos de cobre o bronce, eso es un samovar me decía, se usaba para hacer té y fumar, pero aquí no lo usamos, era de mi abuela. Otra cosa era la elegancia ceremonial de la mamá de Sarkis para servir el té, colocaba una servilletita calada de primorosos dibujos y otra encima cruzada haciendo una estrella de ocho puntas sobre la que colocaba el platito portador de la taza., me encantaban esas escenas, era como estar en un teatro. Estos recuerdos son la indudable simiente de un sentimiento de identificación fraternal que me ha llevado a encontrar numerosos amigos armenios en la universidad ó en distintos ambientes, gente en su mayoría brillante, y que en algunos casos como mi amigo el Dr. Mateo Chekerdemián, buscador incansable de rastros que le permitan reconstruir su historia familiar, que después de una larga y dolorosa charla sobre el horrendo genocidio sufrido por su pueblo, me honró con uno de sus dos últimos ejemplares de un libro titulado Subasta de almas, de Aurora Mardiganian, sobreviviente del genocidio cuyo relato permitió que se llevara al cine el primer documento de la tragedia.
Vayan estos recuerdos como homenaje a los heroes gloriosos que resistieron el asedio del ejército turco en las montañas del Tauro y en la Mosha Dag

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