Colectividades Argentinas

historia y actualidad

 

Archivo de Diciembre, 2009

Latitudes africanas del tango

Estimados/as amigos/as:

Me es muy grato comunicarles que ya ha salido el libro del pionero en los estudios de negritud en la Argentina Néstor Ortiz Oderigo “Latitudes africanas del tango” (UNTREF), del cual tuve el honor de ser su editor.

Transcribo parte del texto de la contratapa:

Latitudes africanas del tango es otro de los libros que Ortiz Oderigo dejó inédito. Escrito en 1988, nos introduce en el tema, quizá, más controvertido de la identidad argentina: la prosapia negra del tango. Para nuestro orgullo blancoeuropeo representa una piedra en el zapato, una mancha congénita que ha intentado eliminarla u ocultarla. Queriendo explicar su prosapia negra, analiza cuestiones de otras músicas afroamericanas como el jazz, contemporáneo al tango y en cuya génesis la participación negra no tiene discusión.
Él fue el primero que nos enseñó a “pensar en tres” -aborígenes, blancos y negros- nuestra cultura cuando, con suerte si se “pensaba en dos”, pues el monopolio de la patria blanca apenas dejaba algún resquicio a lo aborigen y lo negro no era más que un capítulo de escasos renglones y situado siempre en el período colonial.

Atte. Pablo Cirio.

gentileza Carlos Penelas

Colectividades Argentinas

Valverde - Zarzoso

canciones para Lolita Torres

En Argentina, Valverde ha encontrado tres excelentes músicos con los cuales crear nuevas canciones.Uno es el malagueño José María Palomo; otro es vasco, Ramón Bastida, y el tercero, valenciano: Ramón Zarzoso. Con éste compone “Castillito de arena”, una creación de Carmen Sevilla, y “Si vas a Calatayud”, pasacalle-jota que, editado en Francia, curiosamente se convierte en un clásico con más de cien grabaciones distintas, y decenas de conjuntos populares que no cesan de interpretarlo, después de 50 años de su estreno.

http://es.wikipedia.org/wiki/Salvador_Valverde

Gentileza Beba Seijó

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NADAL GALEGO DESDE CUALQUIER LUGAR

Mas que nunca será la noche buena
Mensajera de amor para mi tierra
La misma del sosiego de la abuela
La misma del silencio de la aldea

Y al momento de unirnos en el canto
Que el niño de Belén honre la misa
Yo también estaré junto a Galicia
Mi patria, mi pasión y hasta mi llanto.

Fragmento del poema NADAL GALEGO DESDE CUALQUIER LUGAR
de José Luis López Garra

gentileza de Emigrantes Gallegos

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Lino Rodríguez

 

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productor de Caminando por España

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ESCRIBE CARMELA ISABELLA

5e3f4ce7bbe3d0d86ab21d6fdfb86ebc.jpgHola María: La verdad me encanta tu blog, y tu manera de expresarte. Te felicito.
Te envio este relato que cuando era niña y adolescente escuché entrecortado en mi casa, casi siempre en noches de invierno al lado de la estufa de la boca de mi hermano mayor que seguramente desde el cielo se alegrará. Con el tiempo lo fui armando en mi cabeza y como un pequeño rompecabeza salió esta pequeña historia que ocurrió en Martirano Lombardo, en la provincia de Catanzaro.
Felicidades en las fiestas. Y ojalá que la Navidad con el nuevo nacimiento eleve el alma de la humanidad.
Un abrazo
El tío

Genaro se despidió de sus amigos apresuradamente; ellos se quedarían un rato más. La cosa había sido en casa de Silvio, quien aprovechando la ausencia de sus padres que habían ido a visitar a la hermana, o sea una hija que acababa de dar a luz - la cual vivía en un pueblo vecino, casi en la punta de la montaña, donde demoraban unas tres horas llegar, en una subida de ripios y piedras coloridas - decidió, como lo venía haciendo desde hacía unos meses cada vez que sus padres se marchaban por algún motivo - invitar a María Pinta.
Al llegar junto a su amigo Mingo, María ya estaba en esa casa de piedra de tres pisos, sorteando el de abajo donde algunos cerdos y varias ovejas, comían en su mundo de instintos, olores y sonidos. Se la veía relajada, sonriente, junto a la mesa de madera rústica comiendo sopressata, con una vaso de vidrio grueso lleno de vino tinto, en la mano y los brazos en la mesa de madera rústica, en una especie de sala que hacía las veces de cocina y dormitorio. A la derecha se veían dos camas cubiertas con colcha de terciopelo de brillante rojo, azul y verde.
Luego de invitar a los muchachos con vino, el anfitrión dijo algo impaciente:
- Eh, compañeros. Me toca primero a mí; estamos en mi casa y la traje yo.
- Sí, sí. Vos el primero – afirmó María – Y no me tenés que dar nada. ¡Bah! ¡Bah!. Me hace falta harina, mañana me toca amasar el pan. Genaro y Mingo que me den las liras de siempre. La semana es larga y tengo que pasarla. No me queda ni una.
- Está bien. Pero a Genaro cóbrale igual que a mí. Trátame bien, no como la otra vez – dijo Mingo sacándose la gorra oscura, que dejó al descubierto una cabeza morena de pelo corto, mostrando un ensortijado, de un crespo casi mota.
Silvio y María subieron la escalera, rumbo a la habitación de los padres, cuyos escalones se veían gastados y lisos por los casi dos siglos de pisadas de abuelos, bisabuelos y tatarabuelos que de vez en cuando – según la madre de Silvio – se hacían ver, sobre todo en vísperas de alguna muerte o anunciando un terremoto.
Minutos más tarde, Silvio bajó suspirando y moviendo la cabeza arriba y abajo.
- Dice La Pinta que vaya Genaro.
- No le dije. A mí me toma para la joda y ustedes…
- Shhh. Estate callado – ordenó el anfitrión.
Sentados alrededor de la mesa, comían y bebían, riendo sonoramente de los chistes y anécdotas que contaba La Pinta, quien no se privaba de sacar a la luz formas genitales, modos de hablar e intimidades familiares de sus clientes que, se negaban a pagarle sus servicios.
- Yo a ustedes no les cobraría. La verdad que la paso muy bien.
- Decínos Pinta ¿Cual de los tres lo hace mejor? –preguntó Mingo.
- ¡Eh, eh! Déjate de poder – acotaron los otros.
- Elegí uno, vieja, dale.
- Todos se la rebuscan, hay que pensar que recién empiezan. Pero en honor a la verdad, Genarito, mi Genarito, es tan tierno. Si quieren, nos tamamos un vaso más y hacemos otra. ¿Eh chicos?
Ahora, Genaro caminaba ligero por el sendero bordeado de piedras, malezas, arbustos. Miró el reloj; casi las doce y tenía que levantarse temprano para carnear el cerdo, con su tío Cicco. Antes de salir quedó con su madre que hablaría con el tío sobre la selección del animal, la hora y demás detalles que requiere la labor. Había olvidado por completo por quedarse un rato más con la vieja y encima le había permitido a Mingo pasar antes, porque se había puesto pesado. Y Genaro no tenía ganas de pelear ese día. Pero, ¿qué se le iba a hacer? Así era la cosa. Bueno, pero debía ver pronto al tío, porque: ¡Virgen mía, que tarde se hizo!
Apuró aun más el paso. Volvió los ojos al cielo, donde la luna, silenciosa e inmensa, imperaba en las montañas, los sembradíos, las casa de piedras diseminadas a los costados, encima y en la mitad de las montañas, traicionando el secreto alentado en las noches oscuras. Era tal el silencio que a Genaro se le ocurrió que no existía ningún ser viviente en esos parajes. De pronto abrió grandes los ojos, los cerró inmediatamente, los volvió a abrir: por una pendiente, no muy lejos de dónde se hallaba él, su tío Cicco descendía caminando lentamente, con el bastón en la mano derecha, como acostumbraba para protegerse o espantar alguna víbora que podría cruzarse al paso. ¡Qué suerte!, pensó, mientras apurando el paso comenzó a trotar. Así se acabaría el problema con su madre, y no tendría que aguatar sus rezongos. Pero ¿de dónde vendría su tío, a esa hora y por la pendiente?
Al llegar junto al camino, el tío hizo un ademán como para detenerse a esperarlo. Así pudo verlo nítidamente, con el sombrero negro, el saco oscuro, las botas marrones de cuero grueso. Corrió, levantando los brazos, gritando:
- Tío, tío Cicco, tengo que decirle que mañana, bueno… hoy me voy a levantar…
Cuando Genaro estuvo a unos tres metros, del lugar donde se paró el tío, notó que el hombre lo miraba como si no lo reconociera, o bien como si no lo viera, con ojos lejanos, ausentes. Luego de uno segundos de inmovilidad, lentamente le dio la espalda y empezó a caminar unos pasos delante de Genaro.
Lo llamó varias veces, pero como respuesta, oyó su propia voz retumbando en la mantañas. En un impulso se adelantó para alcanzarlo, sin embargo a medida que corría, la figura del tío se alejaba un poco, luego más, y más, hasta que e convirtió un punto con sombrero. Y después la nada.
Agitado y nervioso, Genaro, entró como una tromba en la casa de su tío. Al verlo, la tía y su primo, - quienes machacaban aceitunas con una piedra alumbrados por un farol – le miraron extrañados.
- ¿Llegó el tío? ¿llegó, llegó?
- -¿Qué te sucede Genarito? Papá se acostó temprano, porque dijo que no se sentía bien. Está durmiendo, allá arriba.
- Sin agregar palabra, Genaro, subió apresuradamente la escalera, acercándose a la cama de su tío. El hombre al advertir la presencia del sobrino, trató de incorporase, con un quejido lastimero, totalmente cubierto de sudor.
- -Ah, ah, chico. Estuve pensando en vos. Creo que te soñé. No sé. Creo que tengo fiebre.
El joven, sin dejar e mover la cabeza, tapó su rostro con las manos.
- ¿Y? ¿La pasaste bien con La Pinta?
- Tío, tío. Escucheme, usted…
-¡Ay! ¡Ay! Genaro, tocame la frente, estoy ardiendo. Llamá a tu tía.

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José Francisco Soldati

Este hombre tan meritorio, nació en Suiza en 1864 y allí se dedicó a estudiar varios idiomas. En 1885, se trasladó a Norte América, y luego a Buenos Aires, con pocos recursos económicos. En pocos años gracias a su esfuerzo y a su espíritu visionario, fundó el Nuevo Banco Italiano. Fue miembro de la Sociedad Filantrópica Suiza, y entre otras cosas compró una chacra decidido a habitar esos lugares inhóspitos a los que nadie se animaba, solitarios, húmedos y nauseabundos. Subdividió las tierras y a esta zona le puso el nombre de su ciudad natal “Lugano”, donde falleció en 1913.
Al igual que en Villa Soldati, sus primeros pobladores fueron inmigrantes españoles, armenios e italianos, quienes construyeron sus primeras casas de chapa y zinc sobre una superficie totalmente silenciosa y despoblada.
Francisco Soldati se ocupó de subdividir los lotes. En los alrededores de la Estación del Ferrocarril se realizó el primer remate de terrenos, otorgando préstamos para que los pobladores pudieran construir sus viviendas. Todavía hoy se conserva la Estación como la “Histórica Estación Lugano” manteniendo las características británicas de su época. Pertenece al FFCC Gral. Belgrano.
http://www.barriada.com.ar/villalugano.htm

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Claribel Medina

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Diez, Mariel: “Claribel Medina CONSENTIDA”, en Miradas, Diciembre de 2009.

www.eltrecetv.com.ar

Foto: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=952911

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Consuelo Bermúdez

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Profesora en Letras

Participó en el programa Gente de Buena Pasta, que conducía Patricia Magariños en Radio Cultura

Secretaria de Actas de la ABC del Partido de Corcubión

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Marcelo Fagioli

Marcello Fagioli è nato in un paesino delle Marche, nel 1929.
È vissuto a Fabriano. Ha frequentato il liceo classico nel primo dopoguerra e si è laureato a Pisa, in Scienze Agrarie.
Per alcuni anni ha insegnato nelle Scuole Tecnico- Agrarie ed ha lavorato in società produttrici di prodotti chimici per l’agricoltura.
Nel 1963 emigrò in Argentina, dedicandosi alla ricerca nelle Stazioni Sperimentali Agrarie di Pergamino ed Anguil, rispettivamente nella provincia di Buenos Aires e di La Pampa. I suoi lavori vertono sulla conservazione e la fertilità del suolo.
È stato uno degli iniziatori della semina diretta o “zero tillage”, che ha per finalità la lotta contro la degradazione dei terrreni dedicati all’agricoltura, un problema molto attuale ai nostri giorni.
Nel suo curriculum appare un numero notevole di partecipazioni a congressi, la supervisione dell’attività di borsisti che completavano la loro formazione e l’elenco di numerose pubblicazioni in riviste di ricerca agricola.

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Mons. José Ricardo Arbó

d7dbaba90c6b73abf59b33d211935981.jpgFalleció Mons. Arbó, párroco de la catedral de Tucumán

San Miguel de Tucumán, 7 Dic. 09 (AICA)
Tras una larga y penosa enfermedad, el sábado 5 de diciembre a las 10.30, falleció en un sanatorio de esta capital norteña donde estaba internado, monseñor José Ricardo Arbó, párroco de la iglesia catedral de Tucumán. Tenía 78 años de edad.
Sus restos fueron velados en el mismo templo catedralicio y el domingo, tras una misa exequial presidida a las 17 por el arzobispo de Tucumán, monseñor Luis Héctor Villalba, y concelebrada por sacerdotes de la arquidiócesis, fueron sepultados en el panteón del Clero en el Cementerio del Oeste.
Monseñor Arbó, de origen español, se ordenó sacerdote para la arquidiócesis de Tucumán hace 50 años y desde estonces prestó un servicio cualificado a esta Iglesia en sus diversos ministerios pastorales.

Su personalidad
Monseñor José Ricardo Arbó nació en Mora de Ebro, Tarragona, España, el 21 de abril de 1931; al radicarse en Tucumán se naturalizó como ciudadano argentino.
Cursó sus estudios sacerdotales con los Sacerdotes Operarios Diocesanos en Salamanca. En 1958 se licenció en Teología en la Pontificia Universidad de Salamanca. En 1978 hizo un curso de actualización en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
En 1958 se trasladó a San Miguel de Tucumán y se incardinó en la arquidiócesis de Tucumán. Fue ordenado sacerdote por el entonces arzobispo de Tucumán, monseñor Juan Carlos Aramburu, el 19 de septiembre de 1959.
Se desempeñó como Vicario en las parroquias de Famaillá y de Burruyacú (con sede en Alderetes). Entre 1966 y 1983 fue párroco de Villa Luján y desde 1983 párroco de la Catedral.
Fue capellán del Hospital de Niños, de la Universidad Nacional de Tucumán y del Gobierno de la Provincia.
Cumplió también muchas funciones en la arquidiócesis: vicario episcopal para la Doctrina de la Fe y la Educación Católica y para el Apostolado de los Laicos; administrador arquidiocesano; Promotor de la Fe del Tribunal Interdiocesano; vicario general, ecónomo arquidiocesano, miembro del Consejo Presbiteral, del Colegio de Consultores y del Consejo de Órdenes, canónigo penitenciario, administrador apostólico de la Arquidiócesis, asesor de diversos Movimientos e instituciones eclesiales, profesor del Seminario Mayor, de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, del Instituto de Trabajo Social Juan XXIII y rector y profesor del Instituto Superior de Cultura Religiosa Santo Toribio de Mogrovejo.
En 1983 Juan Pablo II le confirió el título de Prelado de Honor de Su Santidad.
Tuvo una actuación destacada en el ámbito de la educación, habiéndose desempeñado en el Seminario Mayor Nuestra Señora de la Merced, en la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, en el Instituto Superior de Trabajo Social Juan XXIII, y en el Instituto Superior de Cultura Religiosa Santo Toribio de Mogrovejo. Por su trayectoria educativa y personal, en adhesión al Magisterio de la Iglesia, en la defensa de la libertad de enseñanza, en su apoyo y participación en el mejoramiento del sistema educativo provincial, el Consejo Superior de Educación Católica le otorgó en 2004 el Premio Divino Maestro y en 2005 la distinción José Manuel Estrada.

Movimiento de Cursillos de Cristiandad
En 1962 fue director espiritual del primer Cursillo de Cristiandad realizado en Tucumán, que marcó el nacimiento del Movimiento en la Argentina. Con este primer Cursillo comenzó una vasta renovación espiritual, que desde Tucumán se fue extendiendo por todo el país.
En 1964 monseñor Aramburu lo designó director espiritual del primer Secretariado de Tucumán y en 1969 al designar la Conferencia Episcopal el primer Secretariado Nacional con sede en Tucumán, el entonces arzobispo de Tucumán, monseñor Blas Victorio Conrero lo designó Asesor.
Ejemplo de su entrega y fidelidad al Movimiento de Cursillos de Cristiandad fue su participación permanente en Cursillos, en su Escuela de Dirigentes, Ultreyas, Encuentros, a nivel zonal, nacional, latinoamericano y mundial y la dirección espiritual del Movimiento de Cursillos por más de 40 años.+

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