Inmigración y Literatura

vida cotidiana en la Argentina (1810 - 1960)

 

Recuperación de la Memoria Oral

(Ma. Cristina Ruffini, a partir de investigación conducida por el Dr. Andrea Senigliesi en 2001)

Las italianas de antes llegaron a l´América en el siglo diecinueve.
Algunas venían solas, otras con sus hombres e hijos.
Se cuenta que en el baúl, entre sus pertenencias, traían un delantal. Hay quienes aseguran que ya al bajar del barco se lo pusieron, anudando las cintas con un tirón, y también dicen que inmediatamente se arremangaron las blusas, como para ir ganando tiempo, sabiendo lo que les esperaba:
trabajo y más trabajo.
Norma Battú, ‘Las Italianas’

En 2001, el Centro Marchigiano de Pergamino llevó a cabo una investigación socio – histórica de recuperación de la memoria oral de algunas emigradas de la Región Marche en ese momentos residentes en la norpampa bonaerense.
La investigación fue coordinada por Andrea Senigagliesi, con quien colaboró la Dirección Municipal de la Juventud. En dicho trabajo, desde un encuadre metodológico cualitativo se entrevistó con 10 mujeres marchigianas utilizando regiones etnográficos y descripción densa. Los entrevistadas emigradas fueron Emilia Capitanelli(Loreto) , Cándida Capriotti( Fermo), Valentina y Rosa Ciaffaroni ( Porto San Elpidio) , Nella Domizzi (Pollenza) , Giuseppa Lucarini y Elena Pierangeli ( las dos últimas, provenientes de San Severino Marche) , Ana Ruggeri ( Moresco)y Leandra Sabattini (de Morrovalle) .
Emigradas de Italia entre 1913 y 1949, provenientes en su gran mayoría de la Provincia de Macerata, habían huído de la guerra o de las penurias económicas.

A pesar de la insuficiencia de medios de comunicación, se generaron, en la mayoría de los casos, entre los familiares residentes en Italia y ellas mismas, los intercambios que permitieron mantener una continuidad entre el ayer y el mañana.

“Mi papá le escribía a sus parientes, y cada vez que llegaba una carta de Italia era una fiesta. Mi papá nos leía la carta en voz alta y para todos”
(Valentina Ciaffaroni)

“Mamá y papá se escribían con todos los parientes de Fermo, hasta el día en que murieron”
(Cándida Capriotti)

La necesidad de transmisión, inscripta en la historia, se revela en las palabras de las entrevistadas.

“Mi mamá me transmitió su ampor por la música italiana. Ella siempre la escuchaba. Y a mí me gustaba muchísimo”
(Giuseppa Lucarini)

“Mi mamá hacía la pasta todos los domingos , y yo también la hice después, cuando tuve mi propia familia, siempre….”
(Cándida Capriotti)

“En casa siempre hablamos en italiano…- hasta que mi hermano se casó. Entonces tuvimos que dejar de hablarlo porque su mujer, que era argentina, no nos entendía”
(Nella Domizzi)

En la mayoría de los testimonios se advierte el imperativo de reconocerse en una historia, una genealogía, una pertenencia.

“Mi mamá nunca quiso aprender el castellano. Ella siempre habló en italiano, hasta su muerte”
(Emilia Capitanelli)

“Yo no renuncio a la bandera italiana”
(Cándida Capriotti)

“Mi papá siempre nos cantaba el Himno Nacional Italiano. Y a nosotros nos gustaba tanto escucharlo!!!”
(Valentina Ciaffaroni)

En los testimonios recogidos se presenta un itinerario personal, interior que muestra cómo cada recorrido individual se sitúa en función de aquello que les había sido transmitido.

“Todos los domingos íbamos a misa. Y lo hacíamos a pesar de que la Iglesia quedaba a 10 Km de la chacra. Sólo si llovía yo faltaba a misa”
( Nella Domizzi)

Se advierte en los recuerdos de los entrevistados su deseo de clarificar el presente a través de una historia casi mítica que les permita proponer nuevas raíces al porvenir.

“Mi papá fue a la guerra de Turquía y tuvo un comportamiento ejemplar .Por eso, aquí en Argentina recibió una pensión y hasta medallas de oro le dieron”
(Valentina Ciaffaroni)

“Como yo era la mayor, en la chacra de El Socorro siempre tuve que hacer el trabajo de un hombre. Yo comencé a juntar el maíz desde muy chiquita, y lo hice hasta que me casé”
(Nella Domizzi)

“Cuando me casé, a los 19 años, estuve con mi marido sólo quince días, porque él debió irse a la guerra. Durante dos años ni siquiera supe dónde estaba, o si estaba vivo o muerto. Lo habían tomado prisionero en Palermo. Lo volví a ver después de siete años, pero casi todos sus parientes habían muerto, los alemanes habían quemado su casa. Con mi marido tuvimos que trabajar con el carbón. La miseria era tanta que Doménico resolvió venirse a la Argentina, donde vivía un hermano… Así, un día, salí de mi tierra , a los 27 años, con mi hijito Mario, que era un bebé Cuando llegamos a Pergamino había tanto barro que no te lo podés imaginar, Mi marido me dijo : Esta será nuestra casa, pero parecía un gallinero, chiquita, de barro y chapa, había sapos y otros animales por todos lados. Durante toda mi vida he trabajado, allá y acá, como una bestia. Y mi marido también …”
(Elena Pierangeli)

En las palabras de las entrevistadas se reitera la idea de que son todas portadoras de una historia singular que es deudora de un conjunto de hábitos y de ideales que constituyeron el patrimonio de los que las han precedido.

“En mi casa hubo una orden: Las pastas, siempre caseras!!!!. Y hasta hacíamos el pan”
(Nella Domizzi)

“En Italia teníamos una quinta, y mi mamá se levantaba muy temprano todas las mañanas para trabajar la huerta. Después, acá, tuvimos sesenta Hectáreas de tierra, pero mi mamá seguía igual, madrugando para trabajar sin cesas. Y eso nos lo enseñó a nosotras, sus hijas, con su ejemplo de todos los días”
(Valentina Ciaffaroni)

Jaques Housan dice: “Somos depositarios y transmisores de la historia.
Somos sus pasadores” . Y los testimonios muestran que lo heredado fue modificado por las vicisitudes de la vida en este lugar del Cono Sur. Revelan que no estamos condicionadas a reproducir, que la transmisión recibida y ofrecida como herencia no supone un “eterno retorno”. Cada una es distinta de quien la precedió y sus hijas siguen un camino distinto. Del mismo modo que no hay herencia sin que una parte se pierda, no hay transmisión de cultura que no conozca esta pérdida. En ese marco, las hijas de los entrevistados ni siquiera entienden la lengua en la que esa historia heredada fue construída en el ayer.

“Mi mamá fue siempre ama de casa, pero yo estudié, y fuí enfermera. Y trabajé también toda mi vida, fuera de mi casa, con los mejores médicos de la zona”
(Cándida Capriotti)

“Mi papá me enseñó a leer en la chacra. Pero yo a mi hija la hice estudiar. Por eso la puse pupila en un colegio, y ella terminó la Secundaria y ahora ya piensa en la Universidad”
(Nella Domizzi)

Todos los testimonios muestran que fue posible la inserción de las entrevistadas, con su historia en Argentina como país de adopción.

“Yo me siento tanto argentina como italiana. Todos me dicen “La Tana”, y eso me dá mucho orgullo. Pero yo aquí fui y soy muy feliz, Gracias a Dios….”
(Ana Ruggeri)

“Argentina fue muy buena para todos los inmigrantes. Ahora, acá hay algunos argentinos que se quejan de cómo le va. Pero mi familia y muchas otras familias de italianos no se puede quejar, gracias a Dios!”
( Cándida Capriotti)

En general, la Recuperación de la Memoria Oral Marchigiana” muestra que las crisis que sacuden a los migrantes no impiden que un “continuará” se haga posible. -

Colectividades Argentinas

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