Inmigración y Literatura

vida cotidiana en la Argentina (1810 - 1960)

 

LA MUJER MARCHIGIANA EN LA “PAMPA GRINGA” ARGENTINA

Escribe María Cristina Ruffini

(emigradas en la primera mitad del siglo XX)

Lic. María Cristina Ruffini
Portavoce Forum Donne Marchigiane Argentina
Consigliere Titolare Emigrazione Regione Marche

Las italianas de antes llegaron a l´América en el siglo diecinueve.
Algunas venían solas, otras con sus hombres e hijos.
Se cuenta que en el baúl, entre sus pertenencias, traían un delantal. Hay quienes aseguran que ya al bajar del barco se lo pusieron, anudando las cintas con un tirón, y también dicen que inmediatamente se arremangaron las blusas, como para ir ganando tiempo, sabiendo lo que les esperaba:
trabajo y más trabajo.
Norma Battú, ‘Las Italianas’

Resumen
El presente artículo tiene como objetivo analizar el trabajo doméstico y extra - doméstico de mujeres italianas en la Llanura Pampeana Argentina .En la primera mitad del siglo XX, el control ejercido por el hombre sobre la organización del trabajo y la vida privada definió las relaciones genéricas. Las mujeres casadas cumplieron el rol tradicional: velar por el bienestar de la familia, la crianza y cuidado de los niños además de la obligación de hacerlos asistir a la escuela. En la segunda mitad del siglo XX el ingreso como asalariadas al rol docente, a tareas de enfermería y a la empresa confeccionista se relaciona con el proceso de formación de la fuerza de trabajo que se realiza en la unidad doméstica y refleja comportamientos aprendidos en el proceso de construcción del género.

DESARROLLO :
En el presente texto se aborda el trabajo doméstico y extradoméstico en el siglo XX de mujeres marchigianas en la “Pampa Gringa, ubicada en llanura pampeana bonaerense y santafesina.
La explotación agrícola en la llanura pampeana tuvo en la mujer marchigiana un rol decisivo en la primera mitad del siglo XX. Las hijas de esas mujeres, en la segunda mitad del siglo XX, ingresan a la Profesión Docente, a los escenarios sanitarios ( en el rol de enfermeras) y a la industria confeccionista ( a la que se incorporan como obreras del vestido) . Por lo que se ha optado por periodizar el trabajo teniendo en cuenta dos momentos históricos: 1913-1930 que coincide con la llegada de las primeras italianas a la zona, y 1940-1949 aproximadamente cuando se produce la segunda inmigración italiana.
La escasez de estudios desde la perspectiva de género en los estudios acerca de las inmigrantes marchigianas en la zona de la llanura pampeana motivan esta investigación. Este abordaje permite tener en cuenta las dimensiones de la esfera privada, mediante el estudio de las estructuras familiares, el trabajo doméstico, la socialización de los hijos y la reproducción cultural y la esfera pública a partir del análisis de las modalidades de incorporación al mercado laboral. Este trabajo indaga en el mercado de trabajo y las instituciones educativas para reflexionar acerca de las relaciones de género.
En 2001, el Centro Marchigiano de Pergamino llevó a cabo una investigación socio – histórica de recuperación de la memoria oral de algunas emigradas de la Región Marche en ese momentos residentes en la norpampa bonaerense.
La investigación fue coordinada por el joven marchigiano Andrea Senigagliesi, con quien colaboró la Dirección Municipal de la Juventud. En dicho trabajo, desde un encuadre metodológico cualitativo se entrevistó con 10 mujeres marchigianas utilizando registros etnográficos y descripción densa. Los entrevistadas emigradas fueron Emilia Capitanelli (Loreto) , Cándida Capriotti( Fermo), Valentina y Rosa Ciaffaroni ( Porto San Elpidio) , Nella Domizzi (Pollenza) , Giuseppa Lucarini y Elena Pierangeli ( las dos últimas, provenientes de San Severino Marche) , Ana Ruggeri ( Moresco)y Leandra Sabattini (de Morrovalle) .
El presente trabajo recupera vivencias extraídas de dichos testimonios.
La llegada de mujeres marchigianas en la llanura pampeana se produce a través de dos mecanismos:
a) políticas oficiales plasmadas en las leyes de inmigración o en tratados y convenios bilaterales entre Italia y Argentina;
b) cadenas migratorias, entendidas como el movimiento a través del cual los presuntos migrantes se enteran de las oportunidades, son “llamados”, provistos de transportes y obtienen su inicial ubicación y empleo por medio de relaciones primarias (1). La emigración femenina es paralela o posterior a la masculina, ya que generalmente llegaba el padre, el esposo o el hermano y luego las “llamaban”. En la mayoría de los casos, los hombres salían en busca de trabajo (temporario o permanente), para revalorizar su oficio o evitar la proletarización de su grupo familiar que permanecía en Italia. Las mujeres, en cambio, emigraban con la idea de reunirse con su esposo o familiares en Argentina y en un pequeño porcentaje por cuestiones laborales.
Pero era el hombre el que decidía cuándo viajar y con quiénes venir: en general la autoridad masculina era delegada en otro pariente varón que acompañaba a las mujeres y a los niños en la travesía hacia el lugar de destino.
A pesar de la importante producción tanto histórica como antropológica (2) referida al estudio de las mujeres y de los italianos (3), existe poca información para el caso de las inmigrantes marchigianas en la Pampa Húmeda y sólo tangencialmente se ha recuperado la participación de las mujeres en la esfera doméstica y extradoméstica.

Género y migración
El movimiento feminista apareció en los países anglosajones y escandinavos asociado a los movimientos por los derechos civiles en la década del sesenta y, en el caso de América Latina, ya en la década del setenta relacionado con la presencia de mujeres en acciones colectivas y en organizaciones de carácter político (4). Hasta fines de la década del setenta, la mayoría de los estudios buscaban mostrar las actividades desarrolladas por las mujeres fuera del ámbito doméstico y estrechamente relacionadas al activismo político. Fue para esa época cuando el feminismo académico anglosajón comenzó a utilizar la categoría género para diferenciar las construcciones socio-culturales de las biológicas, es decir, para demostrar que las características femeninas eran adquiridas en el proceso de socialización y no derivaban de su sexo. A mediados de los ochenta la historiadora Joan Scott propuso una definición de género que integraba dos proposiciones “elemento constitutivo de las relaciones sociales basado en las diferencias que se perciben entre los sexos y (…) manera primaria de significar relaciones de poder”. La autora menciona cuatro elementos del género: a) los símbolos y los mitos culturalmente disponibles que evocan representaciones múltiples;
b) los conceptos normativos que definen las interpretaciones de los significados de los símbolos, que se expresan en doctrinas religiosas, educativas y políticas que afirman categóricamente el significado de varón y mujer;
c) las instituciones y organizaciones sociales que influyen en las relaciones de género: el sistema de parentesco, el mercado de trabajo, las instituciones educativas y la política; d) la identidad subjetiva. En este caso, los historiadores deben examinar las formas en las que las identidades genéricas son construidas y relacionar sus descubrimientos con un conjunto de actividades, organizaciones sociales y representaciones culturales históricamente específicas, para lo cual han sido útiles las biografías o tratamientos colectivos que estudian la identidad genérica en grupos.
Marta Lamas (1986), retomando el planteo de Scott, sostiene que las variaciones entre lo considerado femenino y masculino son construcciones culturales, a excepción de la maternidad. La autora afirma que lo femenino se asume mediante un proceso individual y social que es el proceso de adquisición de género que se articula en tres etapas: la asignación de género (poner nombre de mujer o varón según su sexo biológico); la identidad (cuando el infante adquiere el lenguaje y se le señala que es un niño o una niña y como tal debe asumir determinados comportamientos) y el rol de género que se forma con el conjunto de normas y prescripciones que dicta la sociedad y la cultura sobre el comportamiento femenino o masculino (lo femenino es lo doméstico, lo maternal; lo masculino, lo público). La categoría género es definida, entonces, como una construcción social e históricamente determinada que da cuenta de las expectativas y valores que una sociedad asocia al hecho biológico de ser varón o mujer. El género, como simbolización de la diferencia sexual, se construye culturalmente diferenciado en un conjunto de prácticas, ideas y discursos.
Se ha tomado la unidad doméstica (Jelin 1984) como la instancia mediadora en la
que pueden observarse las interrelaciones entre los individuos y la estructura socio-ocupacional y en la cual se realizan actividades que cumplen una doble función: reproducción cotidiana -satisfacción de necesidades físicas inmediatas (alimentación, vestido, limpieza)- y transmisión de una generación a otra de aspectos ideológicos y culturales (comidas, dialecto, modos de comportamiento). Conformada por un grupo social
corresidente -viven juntos- que coopera económicamente en las tareas cotidianas ligadas al mantenimiento de sus miembros unidos -o no- por lazos de parentesco (5), la unidad doméstica es el espacio privado donde se satisfacen necesidades materiales y afectivas y “se fabrican las ideas de lo que debe ser un hombre y lo que debe ser una mujer” (Lamas, 1998). Familia es, en tanto, una institución que confiere significado social y cultural a las necesidades de sexualidad y procreación.
El trabajo doméstico está dirigido a aquellas tareas de manutención, socialización y a crianza de los hijos, ya que es sobre esta función que las mujeres construyen su rol de madre. El rol tradicionalmente asignado a la mujer implica asumir el cuidado de los hijos, administrar los recursos del hogar y asegurar el bienestar de la familia, por lo que en este trabajo se recupera el significado dado por las mujeres italianas a sus prácticas y comportamientos cotidianos.
El género se refleja en el mundo laboral, en el cual la participación de hombres y mujeres es incluida por las representaciones de lo que deben hacer. Las acciones de los hombres se asocian a la espera de la producción ya que deben ser ellos quienes provean de los medios de subsistencia para su grupo familiar y las de las mujeres a la de la reproducción. La cuestión a indagar es qué sucede cuando la mujer trabaja “fuera de la casa”, definido como trabajo extradoméstico. Para algunos autores (6), las actividades que las mujeres realizan en este ámbito son “ayuda” porque no es el trabajo principal y el adiestramiento femenino se realiza dentro del grupo doméstico. En general el tipo de tarea que realizan las mujeres marchigianas son una extensión de las domésticas, en forma temporaria, no muy bien remunerado y en lugares cercanos a su vivienda, como trabajadoras rurales, o en el rol de enfermeras.
Para el abordaje de la temática se utilizaron fuentes documentales y realizaron entrevistas (7) a mujeres marchigianas que llegaron desde 1913 hasta 1949. En particular, se parte de biografías (Freidin 1999) individuales que apuntan a comprender algunos aspectos del proceso migratorio y de su “reacomodo” en un nuevo espacio social (8).

La explotación agrícola
Los comienzos de la producción agrícola y su posterior expansión económica aumentaron la necesidad de mano de obra
La familia agrícola es extendida en la primera mitad del siglo XX y pasa a ser nuclear, conformada por los padres y los hijos que residen juntos conformando una unidad doméstica, a partir de la segunda mitad del siglo XX. Dentro de ella, los roles están definidos: el hombre realiza actividades “rudas” fuera del hogar, mientras que la mujer desempeña un papel “tradicional” al dedicarse al cuidado de los hijos, preparación de alimentos, limpieza de la casa y de la ropa y atención del grupo familiar. La familia y las instituciones educativas constituyen espacios de socialización y endoculturación donde se aprenden comportamientos, actitudes y valores tales como el patriarcado, la verticalidad y las jerarquías. Desde niño se les enseña cómo comportarse en la explotación agropecuaria, frente a sus superiores, y si es niña a obedecer, a respetar la autoridad masculina o realizar tareas destinadas al bienestar de la familia. Por otro lado, el matrimonio al interior del sector agrícola maximiza los recursos humanos, al incluir la mujer y los hijos en la chacra.
“Como yo era la mayor, en la chacra de El Socorro siempre tuve que hacer el trabajo de un hombre. Yo comencé a juntar el maíz desde muy chiquita, y lo hice hasta que me casé”
(Nella Domizzi)
“En Italia teníamos una quinta, y mi mamá se levantaba muy temprano todas las mañanas para trabajar la huerta. Después, acá, tuvimos sesenta Hectáreas de tierra, pero mi mamá seguía igual, madrugando para trabajar sin cesas. Y eso nos lo enseñó a nosotras, sus hijas, con su ejemplo de todos los días”
(Valentina Ciaffaroni)
Veamos entonces algunos de los mecanismos implementados desde épocas tempranas para lograr jóvenes que respondieran a los intereses de la empresa agrícola y que se comportaran según los cánones prescritos.
Las instituciones educativas -en las cuales se encarnaba el estado- también definían las relaciones de género al planificar orientaciones según sean varones o mujeres. La escuela era el segundo lugar de aprendizaje para comportarse como mujer, ya que las diferentes orientaciones hacia los trabajos que podían realizar se relacionaban con la vida cotidiana, saber coser, criar a los hijos y cocinar. A tal fin, se crearon escuelas profesionales para niñas en las que pudieran aprender las labores “propias de su sexo”. “Las niñas de élite recibirían su educación en colegios de monjas, esta vinculación influenciaría a muchas de ellas y a sus madres a trabajar en caridades patrocinadas por los católicos y en organizaciones femeninas” (Crespo 2000).
Desde mediados de la década del cuarenta se inauguraron escuelas técnicas con talleres de artes y oficios que permitieron calificar a los varones para las empresas que comenzaron a crearse en la zona. Un tema a indagar es el plan de estudios y contenidos de los cursos de las Escuelas Profesionales y Técnicas para conocer de qué modo contribuyeron en la construcción de la masculinidad y la femineidad.
En las chacras y en los pequeños pueblos, las esposas de quienes tenían trabajos estables se dedicaban exclusivamente al hogar, tal como se lo habían enseñado sus padres.
Los hombres debían dedicarse por completo a la esfera de la producción agrícola u obrera. El hogar y los niños eran responsabilidad de las mujeres. Los discursos y las prácticas muestran cómo se va construyendo la diferenciación de lo femenino y lo masculino.
“En mi casa hubo una orden: Las pastas, siempre caseras!!!!. Y nosotras, las mujeres, también hacíamos el pan”
(Nella Domizzi)
La subordinación de la mujer ha sido vinculada a la reproducción biológica y cultural. Las empresas que se constituyeron en la región promovían que la mujer estuviera en la casa, dedicada a la crianza de los hijos y al cuidado de la familia. Era en la unidad doméstica donde se fabricaban las ideas de lo que debía ser una mujer porque “tenían que hacer lo que sabía realizar la madre”. Otra cuestión interesante a analizar es el rol de las mujeres en la conservación del idioma italiano y de las costumbres pero que no será abordado en esta oportunidad.
“Mi mamá decía que una mujer tenía que aprender a hacer todas las cosas de la casa… ella se ponía a amasar, a hacer pan… lo que hacemos lo aprendimos de ella, a hacer los tallarines, el pan” (Cándida Capriotti).
“Cuando fui chica aprendí a coser y a su vez mi mamá cortaba los vestiditos y polleras para nosotros y nos enseñaba a armar… Cuando vine acá estudié corte y confección, a practicar moldes, después me dediqué a la casa… y también me dediqué a la costura… para nosotros. Todas las mujeres siempre con trabajo en casa… Yo atendía también a mi esposo, a mis hijos…” (Nella Domizzi).
La identidad genérica se asume mediante un proceso individual y social dentro del sistema de parentesco. Desde el nacimiento se le asigna un nombre al recién nacido según sea su sexo biológico; cuando es infante se le señalan los comportamientos a seguir, si es niña a bordar, cortar, practicar moldes, coser, tejer, cocinar, hacer pan para luego ser una buena madre.
Si bien en algunos casos existió la posibilidad de que las mujeres aprendieran o se perfeccionaran en algún tipo de oficio, éste se limitaba en la primera mitad del siglo XX a su puesta en práctica dentro del ámbito doméstico y para el consumo familiar. El género se construye culturalmente en un conjunto de prácticas e ideas como “las mujeres son para educar a los chicos” tal como aparece en este relato…
“Yo estuve siempre en la casa, cuidando de nuestros chicos… Mi mamá se dedicó a ama de casa porque en Italia se acostumbraba a ser ama de casa. Las mujeres son más para educar a los hijos y no para estar tanto afuera y sólo en caso de extrema necesidad; pero si no siempre, la mujer en la casa y el hombre afuera” (Giuseppa Lucarini).
La mujer italiana respondía a una rígida estructura familiar, en la que la autoridad patriarcal era indiscutida, por lo cual aparecen explicitadas las relaciones de poder “atender al esposo porque es él quien trae el dinero a casa”. Es interesante el relato de un informante varón que define a su madre y a su hermana de la siguiente manera:
“La mujer marchigiana se interesa en todo de la familia. Ella es para criar los hijos con esmero y con toda la rigurosidad que exigían las costumbres, con honestidad, con amor a la familia. Se interesaba por la compras, por los vestidos de las hijas… Se interesaba por todo. Ella ayudaba al marido… y en todo… a mi hermana la mandaban a corte y confección, después se ocupaba de la casa y el campo… mi mamá le enseñaba y le gustaba que las hijas aprendieran según las costumbres que se iban siguiendo. Pero antes, tenían que hacer lo que sabía realizar la madre” (Luis Giaganti)
A pesar de que algunas mujeres reconocen que el acceso a la educación superior les hubiese brindado más ventajas para ocupar un lugar en el espacio extradoméstico, no fue tan fácil acceder a ella básicamente porque la sociedad de corte patriarcal había asignado a la mujer el ámbito doméstico.
“Mi mamá fue siempre ama de casa, pero yo estudié, y fuí enfermera. Y trabajé también toda mi vida, no sólo adentro sino también fuera de mi casa, con los mejores médicos de la zona”
(Cándida Capriotti)
“Mi papá me enseñó a leer en la chacra. Decía que nosotras debíamos ser buenas madres y amas de casa. Pero yo, después, cuando me casé, a mi hija la hice estudiar. Por eso la puse pupila en un colegio, y ella terminó la Secundaria”
(Nella Domizzi)
La docencia era uno de los pocos espacios extradomésticos destinados a la actuación femenina. “Digna consecuente de la labor maternal, la docencia encarnaba valores muy estimados y el deseo íntimo de la mayoría de los sectores medios y medios bajos era conseguir que su hija fuera maestra” (Barrancos 1999). Sin embargo, no todas las familias marchigianas aceptaban que sus hijas fueran maestras.
“Mi papá, como todos los italianos , decía que la mujer es de la casa, ayudar a la mamá pero yo igual me anoté para enfermera y fuí enfermera. Y también lo fue mi prima” (Cándida Capriotti).
La disputa por el lugar que debía ocupar la mujer estaba presente en cada hogar, ya que los padres querían que sus hijas fueran el reflejo de su madre, por lo que la profesionalización no era percibida como necesaria. ¿Es que acaso atentaba contra la autoridad masculina el hecho de que una mujer pudiera ser reconocida como maestra, enfermera, médica y no sólo como la esposa de…? Los roles estaban bien diferenciados. En los casos analizados, el padre era la autoridad del hogar, quien traía el dinero para el mantenimiento y la madre era la organizadora de la casa y administradora del dinero.
“Seguimos con la costumbre que la caja fue de la madre. El marido cobraba, llevaba a la casa todo el dinero y de ahí no se ocupaba más. Si vamos a comprar algo, nos ponemos de acuerdo, lo compramos… pero ese era el dinero y con eso debía llegar (a fin de mes). La administradora del hogar es la mamá” (Emilia Capitanelli).
Existe otra modalidad interesante de aprendizaje de tareas femeninas, que se da entre pares, en el interior de las casas y en lo que se puede denominar el tiempo de “ocio”, que en realidad es también un tiempo de trabajo. Es el tejido o la costura en compañía de amigas o de otras mujeres del barrio con quienes comparten hijos en edad escolar, esposos que trabajan en la misma empresa y los mismos horarios “libres”.
Si bien la posición de la mujer como madre era fomentada desde diferentes ámbitos, existieron situaciones en que debió aceptarse la participación de las mujeres en el mercado laboral. En coincidencia con el planteo de Dora Barrancos “cualquiera fuera la posición ideológica respecto del valor asignado al trabajo femenino, a la hora de tener que sostener familias de numerosos miembros, especialmente frente a la muerte del padre, la búsqueda de trabajo por parte de hijas desamparadas se hacía irreprimible” (Barrancos 1999)
En la segunda mitad del siglo XX, nace el sector confeccionista y, en él, las mujeres realizan un trabajo que es extensión de la tarea doméstica, y cerca de su casa
La segunda guerra y en especial la posguerra significa el comienzo de algunos cambios en la vida de las mujeres. Las mujeres solteras comienzan a ser incorporadas en las empresas confeccionistas como obreras del vestido y permanecían en los Talleres de Costura hasta su casamiento, o hasta el nacimiento de sus hijos. ¿Acaso estos son los espacios institucionalizados en los cuales sólo puede participar la mujer?
Como se ha mencionado, las jóvenes aprenden a realizar tareas como subordinadas dentro de la familia y luego en la empresa en forma temporaria (hasta casarse).¿Es el lugar de trabajo otro de los espacios de socialización de la vida y de encuentro con otros jóvenes solteros? La empresa confeccionista crea espacios (fiestas, instituciones) en los cuales los jóvenes pueden conocerse. Por otra parte, la existencia de redes sociales, es decir, las relaciones con sus familias, amigos, paisanos o vecinos influyen en sus comportamientos y constituyen un factor de peso, tanto al elegir las parejas con quienes casarse como para ingresar en algún trabajo.
La década del cincuenta es testigo de la creación de la Escuela de Enfermeras. El objetivo de la misma es que la formación de mujeres enfermeras “colabore con el servicio médico escolar, con la higiene preventiva en cada uno de los hogares y sean reserva al servicio de la defensa de la patria” (14). A partir de esa fecha se abre una nueva posibilidad de profesionalización de las mujeres que deseaban titularse de enfermeras, Existe un caso que pueden ejemplificar esta situación. Es la de Cándida Capriotti, quien abrió un camino que siguieron después otras mujeres de su familia.

Conclusiones
La investigación muestra cómo las identidades genéricas son construidas en un contexto socio-histórico determinado, en este caso en la llanura pampeana, en la primera y en la segunda mitad del siglo XX.
El control ejercido por la figura patriarcal sobre la organización del trabajo y la vida privada definió las relaciones genéricas que muestran las relaciones de poder existentes en la sociedad. La protección al bienestar familiar se convirtió en uno de los objetivos, ya que para que un jefe de familia pudiera ser “eficiente” en su trabajo debía despreocuparse de los problemas cotidianos. La familia patriarcal, basada en la autoridad del hombre sobre la mujer, es el modelo presente en las representaciones de las mujeres marchigianas residentes en la pampa húmeda
La construcción de la identidad forma parte de un proceso social en el cual se interrelacionan la familia, la escuela y el trabajo. Las instituciones educativas influyen en el aprendizaje de cómo ser una niña, sabiendo realizar determinadas tareas, como las manualidades, la cocina; o cómo saber realizar tareas masculinas, para lo cual los niños asisten, en la segunda mitad del siglo XX, a escuelas técnicas en donde aprenden diversos oficios propios de una empresa industrial. El disciplinamiento de los niños y las mujeres se ejerció en los diferentes espacios de socialización: en la escuela, en el barrio, en las
reuniones, en los encuentros con amigos. Los horarios de ingreso o de salida del trabajo de los hombres marcaron el tiempo de las mujeres.
A las mujeres casadas se les asignó el rol tradicional: velar por el bienestar de la familia, la crianza y cuidado de los niños. En el ámbito doméstico ellas llevaron adelante las prácticas que habían aprendido: cocinar, administrar la casa, coser o tejer.
Las mujeres marchigianas se insertaron en un nuevo espacio social cargado de reglas y disciplinamiento en el que se conjugaron los elementos culturales del país de origen y el interés del estado argentino.
La posguerra trae cambios en la vida de las mujeres, que se van consolidando paulatinamente. La posibilidad de titularse como enfermeras o maestras en instituciones locales las posiciona diferente en el espacio social y en el mercado laboral, donde pueden ser incorporadas como profesionales a las que debía protegerse por el bienestar de sus hijos. A pesar de estos logros, en el discurso de la mayoría de las entrevistadas marchigianas sigue apareciendo la idea de que las mujeres deben dedicarse al cuidado del hogar y de los hijos.

Notas
1. Además permiten conocer el funcionamiento de los grupos sociales primarios, como la familia y la parentela, mostrar que las redes sociales fueron más importantes que las políticas oficiales y explicar el ingreso de mujeres italianas al mercado de trabajo (J. y L. Mac Donald, citado en Mariela Ceva, “Movilidad social y movilidad espacial entre grupos de inmigrantes durante el período de entreguerras. Un análisis a partir de los archivos de fábrica”, Estudios Migratorios Latinoamericanos, Año 6, Nº 19, 1991; Fernando Devoto, “Algo más sobre las cadenas migratorias de los italianos a la Argentina”, Estudios Migratorios Latinoamericanos, Año 6, Nº 19, 1991).
2. María Luisa Bueno Domínguez, “Reflexiones en torno a la historia de las mujeres ¿una historia coyuntural?”, en Carlos Barros (editor), Historia a debate, Tomo II, Santiago de Compostela, 1995. Cristina Segura, “Algunas cuestiones a debatir sobre la historia de las mujeres”, en Carlos Barros (editor), Historia a debate, Tomo II, Santiago de Compostela, 1995. Verena Radkau, “Hacia una historiografía de la mujer”, Nueva Antropología, Vol
VIII, Nº 30, México, 1986. Paula Zaldívar, “La Italia en sueños: imágenes, sentimientos e identidad de tres mujeres italianas inmigrantes en Chile”,
Estudios Migratorios Latinoamericanos, Nº 12, 1989. Héctor Recalde, “Prostitutas reglamentadas”, Todo es Historia. Buenos Aires, Nº 285, 1991.
Cheywa Spindel, “La formación de una nueva clase: las mujeres en el proceso de industrialización”, Nueva Antropología, Vol VIII, Nº 30, México, 1986.
Mary Goldsmith, “Debates antropológicos en torno a los estudios de la mujer”, Nueva Antropología, Vol VIII, Nº 30, México, 1986. Revista Estudios
Regionales, Nº 7. FHCS. Universidad Nacional de Misiones. 1995. Lourdes
Arizpe, “Las mujeres campesinas y la crisis agraria en América Latina”,
Nueva Antropología, vol VIII, Nº 30, México, 1986. María del Carmen Feijoo y
Mónica Gogna, “Las mujeres en la transición a la democracia”, en Elizabeth Jelin (comp), Los nuevos movimientos sociales, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1989. Soledad González Montes, “Hacia una antropología de las relaciones de género en América Latina”, en Soledad González Montes (coord), Mujeres y relaciones de género en la antropología latinoamericana, México, El Colegio de México, 1997.
3. Los estudios sobre inmigración italiana son tan numerosos que sólo se citarán algunos. Los diversos trabajos de Fernando Devoto (1987, 1989,1991), los compilados por este autor y Gianfausto Rosoli (1985,1988, 1991), los trabajos de Nascimbene (1987) y de temáticas específicas: grupos empresarios de María Inés Barbero (1987, 1990), pautas matrimoniales como los de Seefeld (1986), legislación de Olivieri (1987), participación italiana en huelgas y movimientos obreros de Donna Gabaccia (1992).
4. Teresita de Barbieri y Orlandina de Oliveira, “Nuevos sujetos sociales: la presencia política de las mujeres en América Latina”, Nueva Antropología, Vol. VIII, Nº 30, México, 1986. Las autoras diferencian las acciones colectivas en tres tipos: movimientos que se articulan en torno a la búsqueda de identidades (género, etnia y género), a demandas para mantener y mejorar las condiciones materiales de existencia, o a la defensa de la vida y los derechos humanos.
5. Implica que algunos de los miembros de la unidad estén vinculados por relaciones de parentesco porque debe existir al menos un núcleo familiar conyugal que cumpla funciones de reproducción biológica. En Susana Torrado, Familia y diferenciación social. Buenos aires. Eudeba, 1998: 21.
6. J. Narotzky, Trabajar en familia: mujeres, hogares y talleres, Valencia, Alfons El Magnanim. Citado en Karina Dionisi, “Las mujeres de sectores pobres urbanos del Gran La Plata y el trabajo: un estudio de caso”, V Congreso argentino de Antropología Social. La Plata, 29 de julio al 1 de agosto de 1997.
7. Para la elaboración de las entrevistas se han tenido en cuenta criterios objetivos y subjetivos. Entre los primeros: fecha de llegada a la pampa húmeda argentina, causas de la migración, tipo de migración (sola o con el grupo familiar), profesión o tipo de trabajo extradoméstico realizado, composición y tamaño de la unidad doméstica, estado civil, lugar de residencia, nivel educativo, categoría ocupacional del esposo. Entre los subjetivos: descripciones de tareas, valoración hacia el tipo de actividades femeninas y masculinas, modos en que se fue construyendo el rol de mujer, conservación de elementos representativos de la cultura italiana y percepción hacia las empresas confeccionistas.
8. Algunos aspectos son la conexión entre las experiencias de las inmigrantes y las dinámicas familiares; las causas de sus desplazamientos y su relación con las redes sociales; la participación de la mujer italiana en las tareas cotidianas relacionadas con la reproducción familiar y cultural, la construcción social del rol y las actividades extradomésticas.

Bibliografía
Barrancos, Dora . 1999 “Moral sexual, sexualidad y mujeres trabajadoras en el período de entreguerras”, en Fernando Devoto y Marta Madero (dir.), Historia de la vida privada en la Argentina, tomo 3. Buenos Aires, Taurus.
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Ciselli, Graciela (y Martín Vulcaín). 1996 “Un viaje a través de la memoria de los italianos”, presentada en las Jornadas de La oralidad como método de rescate socio-cultural. Comodoro Rivadavia, Chubut.
Devoto, Fernando. 1991 “Algo más sobre las cadenas migratorias de los italianos a la
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Freidin, Betina. 1999 “El uso del enfoque biográfico para el estudio de las experiencias migratorias femeninas”, en Ruth Sautu, El método biográfico. La reconstrucción de la sociedad a partir del testimonio de los actores. Ed. De Belgrano.
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Lamas, Marta. 1986 “La antropología feminista y la categoría ‘género’”, Nueva
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Spindel, Cheywa . 1986 “La formación de una nueva clase: las mujeres en el proceso de
industrialización”, Nueva Antropología, Vol. VIII, Nº 30, México.

Profesora en Psicología y Ciencias de la Educación, Profesora en Educación Especial . Psicóloga Social, Licenciada en Psicopedagogía en la USAM. Trabajó en el sistema educativo bonaerense, cumpliendo funciones docentes desde hace 40 años tanto en Educación Primaria y Especial como en Dirección de Psicología y Asistencia Social Escolar . Fue Consultora Docente de la Dirección General de Educación y Cultura de la Provincia de Bs.As. En el Nivel Superior, se desempeña desde 1970 como Profesora en ISFD y T Nro. 5, en el ISFD Nro. 121 (Escuela Normal Superior “Dr. Víctor González”) y en el I.E.P. de Pergamino. Fue Docente y Directora de Escuelas Especiales e Inspectora de Educación Especial en la provincia de Buenos Aires, estando jubilada de este último cargo en la actualidad.
Ha realizado Cursos a distancia sobre Tecnología aplicada a las NEE, siendo docente de la cátedra con este nombre en Profesorados de Educación Especial.
Es alumna de la Diplomatura de FLACSO en “Educación y Nuevas Tecnologías (Cohorte 2006)
Investigadora histórica en temáticas de genéro, es co – fundadora del “Foro Donne Marchigiane Argentina”, ha participado en diferentes eventos culturales con un espectáculo titulado”Mujeres y Tango”, en el que conduce un acercamiento a la historia del género femenino en Argentina. Ha sido premiado en un Concurso Histórico – Literario por un trabajo titulado “Pergamino, donde la industria tiene cara de mujer”, en el que presenta la historia de la mujer en el sector indumentaria.
Se ha capacitado en Londres y se ha especializado en Mediación en los E.E.U.U. y en Israel, dictando cursos sobre “Resolución Cooperativa de Conflictos” en numerosas ciudades del norte bonaerense. Ha escrito numerosos artículos pedagógicos en revistas y diarios de Pergamino y su zona de influencia. Es co-autora de libros publicados por Ed. Intercoop (de Bs.As.) “La Cooperativa en la Escuela” (1988 ) y “La Cooperativa Escolar en la Gestión Curricular”(2006) y del libro publicado por Ed. Armando ( de Roma) “ Trastornos del Aprendizaje Escolar. Estrategias de Intervención” . Además, es Compiladora de historias y testimonios de emigrados en el libro “Valijas de Cartón” (Ed. Centro Marchigiano, de Pergamino)

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