Inmigración y Literatura

vida cotidiana en la Argentina (1810 - 1960)

 

Myriam Stefford

Fue mientras buscaba ropa para regalar, que encontró la caja con las diapositivas del monumento a Myriam Stefford. Como no tenía un visor para ver las imágenes, decidió vestirse y salir para comprar uno. (Hacía días que se quedaba todo el día en camisón, ya no solía vestirse para salir a cenar). Por supuesto, no lo halló. ¿Cuántos años hacía que no se usaban las fotos en diapositivas? Su ex marido tenía un proyector y una pantalla para mirarlas, pero cuando se fue de su casa, no pensó en llevárselo. Además, después de más de cuarenta años, seguro ya no funcionaba…
Las miró a contraluz, pero no era mucho lo que podía apreciar. Sacó su carpeta de recortes y después de mirarlos por un largo rato, preparó el mate amargo, y encendió la computadora. Cuando entró en Internet, puso en el buscador: Raúl Barón Biza… Mientras la máquina buscaba, giró la vista en derredor. Su departamento era un caos, las puertas abiertas, montones de ropa para acomodar, valijas donde iba a guardar lo que se llevaría algún día de esos, cuando fuese inevitable salir de allí…
De repente, en la pantalla apareció una lista para abrir. Pinchó en la primera línea y apareció en blanco y negro, la foto de ese hombre, que la miraba fijo, mientras se llevaba la copa a los labios, y se olvidó de todo. Horas y horas estuvo leyendo las anécdotas, historias y libros que podía bajar. Comenzó con lo primero que encontró, una nota escrita por Barón Biza con referencia al libro “El derecho de matar” que mostraba su gran convicción con respecto a lo que escribía:

“La pornografía en los libros está
en proporción al cerebro del lector”

Pero antes había una especie de epígrafe que decía:

¡Oh mujer! Para lograr una figura tan bella,
y un corazón tan duro,
¿qué Dios del Olimpo se ayuntó con la hiena?

Cerró la carpeta. No se sentía capaz de seguir adelante con la lectura, otro día, cuando se sintiera con más fuerzas, lo haría. Abrió una que decía “Alegatos”. Se encontró con las defensas penales que llevaron a cabo Néstor Aparicio y Aristóbulo Aráoz de Lamadrid, con referencia a “El derecho de matar” y “Punto final”. Allí no dejó letra sin leer. A la madrugada, cuando sus ojos ya no podían mantenerse abiertos, decidió darse una ducha y acostarse.
La imagen de Raúl Barón Biza ya estaba colocada como fondo de pantalla en el monitor. Recortó el rostro de su primera esposa, no le gustaba verlo junto a ella…

e750190edb75d20468e22c3a4ec2f74b.jpgEL DERECHO DE MORIR
NOVELA DE MARGA MANGIONE
2009

Las fotos del libro están tomadas del sitio de Internet “Amigos de Barón Biza” con la autorización de los editores del blog. Hay otras que son personales, pues estaban en el álbum de fotos de la suegra de la escritora, que fue institutriz de los hijos mayores de Raúl Barón Biza y Clotilde Sabattini, y mantuvo amistad con ella mientras vivieron en Córdoba. El suegro fue administrador de la Estancia Los Cerrillos y allí se conocieron.

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