Inmigración y Literatura

vida cotidiana en la Argentina (1810 - 1960)

 

Archivo de Junio, 2009

Editorial ROBINBOOK invita

 

64d6355f578186cd0b68c8b2da265ac9.jpg

a la presentación del libro

Los otros niños del pijama de rayas. Los ángeles del holocausto.

de Licia López de Casenave

El 24 de junio a las 18.30 horas en la sala Meyer Dubrovsky del Centro de la Cooperación Floreal Gorini. Espacio J. L. Ortiz. Avenida Corrientes 1543, piso 3.

Acompañarán a la autora Aldo Etchegoyen, (obispo emérito de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina y fundador de la APDH ), Ricardo Feierstein (arquitecto, escritor y ex editor de editorial Milá) y María Seoane (periodista y escritora). La actriz Patricia Rozas leerá fragmentos de la obra.

Con la presencia de Ingeborg Berger y Eugenia Unger.

La infancia y su inocencia se mezclan en este libro con la crueldad ejercida por el poderío nazi. Una investigación conmovedora sobre los niños que vivieron las peores situaciones durante la Segunda Guerra mundial, sus carceleros y sus salvadores. El retrato de los ghettos, los campos de concentración y las rutas de los deportados y exiliados. Testimonio e historia. Relatos de vida y esperanza que agitan la memoria y recuerdan el pasado. Una referencia imprescindible.

Para más información ingrese en:

http://blogs.clarin.com/angelesdelholocausto/posts

http://www.robinbook.com/libro/detalle/id/1594

Inmigrantes y Exiliados Destacados

MANA AZUL

 

2aed31636e17870c80f604d47dc56276.jpg

REVISTA CULTURAL

Año 1, N° 3. Otoño 2009

Editor Responsable:
Marcelo Baudrón

Consejo de Redacción:
Adriana Abadie
Carlos Cúccaro
Roberto Glorioso
Silvio Oliva Drys
Ana M. Rodríguez de Baudrón
Enrique César Rodríguez

Producción general:
José Bendersky

Diseño y Diagramación:
MovieGraf / Azul

Impresión:
Combessíes Servicios Gráficos

E-mail:
revistamanazul@yahoo.com.ar
Correspondencia:
Bolívar 533
(7300) Azul, Provincia de Buenos Aires

Colectividades Argentinas

Return to Bolivia

El 2 de julio en varias salas:
Estrenarán en Buenos Aires película
sobre inmigrantes bolivianos

b438f38775a98fbde97bc1bdc1812c24.jpg

Se trata de la película “Return to Bolivia” del director argentino Mariano Raffo.
A partir del 2 de julio próximo en las salas de Artecinema y del Centro Cultural de la Cooperación de la ciudad de Buenos Aires, se proyectará la película: Return to Bolivia, la historia de una familia de inmigrantes bolivianos en la Argentina.
El anuncio fue efectuado por el Centro de Producción Audivisual (CEPA) y la productora independiente Pelela Cine a través de una gacetilla de prensa.
Return to Bolivia, es la historia de una familia de inmigrantes bolivianos radicados en Argentina que atiende una verdulería en un barrio de la Ciudad de Buenos Aires. Con el propósito de conseguir empleados para su negocio viajan a Bolivia luego de ocho años de ausencia. Durante el viaje van encontrándose con sus familiares, sus amigos y sus tradiciones abandonadas. Pero todo ha cambiado y Bolivia tampoco parece ser ya su lugar.
Este documental intenta una mirada subjetiva al tema de la inmigración, permitiendo que los protagonistas sean quienes llevan adelante la historia.

DISTINCIONES
Los productores de este film informaron que Return to Bolivia, ya logró importantes distinciones:
- Mejor Documental Extranjero en el XI Festival Icaro, Guatemala, 2008.
- Mejor Largometraje Documental Argentino en el Festival Internacional de Gualeguaychú, 2009
- Primer Premio Federal del octavo festival de cine y video “Imágenes de la Patagonia” 2009
- Premio Mejor Imagen. Segundo Premio en el Festival Tucuman Cine, 2008.
Este proyecto comenzó hace cuatro años y fue becado en el 20º Festival de Cine de Mar del Plata en su etapa de desarrollo y al año siguiente en su etapa de montaje donde recibió los consejos del prestigioso montajista Miguel Perez.
Cuenta con el auspicio y declaración de interés del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales INCAA, el apoyo institucional del Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina y la Embajada de Bolivia en Buenos Aires.

EL RODAJE
Por las características del proyecto, el rodaje de Return to Bolivia experimentó algunas diferencias entre lo registrado en Buenos Aires y lo vivido durante el viaje.
La escenas rodadas en Buenos Aires fueron esencialmente más planificadas, pautadas y consecuentemente más acotadas. Esto permitió dirigir el foco hacia el conflicto intrínseco de los protagonistas, sus historias personales y la relación entre ellos.
El viaje hacia Bolivia fue largamente planeado por la familia protagonista.
“En consecuencia nos sentimos con el deber moral de interferir lo menos posible. Por esta razón, fueron ellos quienes marcaron el compás en esta etapa y nosotros dejamos fluir esa realidad respetando sus tiempos”, dicen los productores.
Un equipo de realización reducido a lo mínimo, en una película de producción mínima, sumado a la excelente disposición y hospitalidad de las personas que se fueron acercando para colaborar con el proyecto lograron un trabajo auténtico y libre a la improvisación, la aventura y el juego.

EL INTERES DEL DIRECTOR
El director dice: “Conocimos a Janeth y a David a fines del 2004. Habían puesto su verdulería en la cuadra, a metros de nuestra casa. Allí mismo vivían junto a sus hijos Jhoselyn, Camila y Brian. Enseguida fuimos clientes y empezamos a conocernos. Todos los días, a la hora de los mandados nos quedábamos largo rato charlando. Cada receta, costumbre, visión del mundo que nos transmitían aumentaba nuestra curiosidad por Bolivia.
Un día, nos invitan a hacer un viaje ‘para bailar en los carnavales de febrero allá en Bolivia’. A lo que pronto contestamos que ‘bueno, pero vamos y llevamos una cámara y hacemos una película’.
Largo tiempo pasó. Ese año el viaje no pudo ser, pero tuvimos más tiempo para planificarlo y conocernos mejor.
En enero de 2006 finalmente emprendimos la aventura de lo que sería para ellos el reencuentro con su lugar natal.
Return to Bolivia es la lectura que nosotros, realizadores foráneos, hacemos de ese reencuentro, transmitiendo fielmente lo vivenciado en esa comunión humana a la que fuimos afortunadamente invitados”.

ACERCA DE LA BANDA SONORA
Se buscaron ruidos que produzcan climas, que construyan ambientes que refuercen la idea del guión y el discurso. Para lo cual encontramos propicia la música de Zelmar Garín, compositor acostumbrado a trabajar con elementos de la naturaleza cotidiana utilizados como objetos sonoros, un compositor de música concreta, noise, contemporánea, experimental. En su trabajo indaga sobre las expresiones autóctonas permitiéndose la yuxtaposición, la adulteración de elementos tradicionales por formas reelaboradas que entran en armonía con el punto de vista foráneo de la cámara.

BIOGRAFIA DEL DIRECTOR
Nació en el año 1973 en la Ciudad de Buenos Aires. Realizó diversos cursos de arte: pintura, grabado, fotografía, música y cine de animación. En el año 2000 egresó de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires. Trabajó en diversas productoras y canales de televisión especializándose en cámara y fotografía. Los trabajos de su autoría han sido emitidos por los canales Ciudad Abierta y Canal 7.
Desde 2006 trabaja junto a otros documentalistas con el objetivo de lograr mejores condiciones de producción para el género en el país conformando la asociación ADN (www.adndoc.com.ar). Es socio fundador del sello discográfico independiente Noseso Records, destinado a divulgar la música experimental argentina.
Con su opera prima Return to Bolivia asistió becado al Semillero de Talentos junto con la productora Marina Boolls a la Clínica de Producción Programa País 2005 (XX Festival de Mar del Plata) y al año siguiente a la Clínica de Edición Programa País 2006 (XXI Festival de Mar del Plata).

LA PRODUCTORA
Pelela Cine es una productora audiovisual independiente nacida a partir de la creación de los cortos documentales ‘De Cómo y Donde sacó Don Carlos Aquel Vino’, ‘Barszcz’ y ‘Carrojero’ dedicada a la creación de documentales con una clara vocación artística, política y pedagógica.
CEPA Audiovisual viene desarrollando desde el 2001 trabajos vinculados con la Producción Audiovisual, lleva estrenados títulos documentales como “Caseros, en la Carcel” de Julio Raffo, “Tocando en el Silencio” de Luciano Zito, y de ficcion Los Chicos Desaparecen” de Marcos Rodriguez. En la actualidad esta en postproducción de Puentes, opera prima de Julian Giulianelli y preparando el estreno de Return to Bolivia.

FICHA ARTISTICA
Janeth Cuiza, David Quispe, Jhoselyn Quispe Cuiza, Camila Quispe Cuiza, Brian Quispe Cuiza.

FICHA TECNICA
Idea original, investigación y guión: Marina Boolls, Mariano Raffo
Dirección: Mariano Raffo
Producción: PELELA CINE - CEPA
Producción ejecutiva: Marina Boolls, Felicitas Raffo
Cámara: Mariano Raffo
Edición: Omar Ester, Mariano Raffo
Sonido: Sebastián González
Música: Zelmar Garín

MAS INFORMACION: http://returntobolivia.blogspot.com/
Embajada del Estado Plurinacional de Bolivia

CONTACTO DE PRENSA:
Cris Zurutuza: 1559 70 70 39
BUENOS AIRES

difundido por Programa TODAS

Colectividades Argentinas

ESCRIBE SEBASTIAN JORGI

Especial para Inmigración y Literatura

MIS RECUERDOS DE LA CASA DE GALICIA

El Centenario de la Casa de Galicia en Buenos Aires no es un aniversario más. Y mucho menos para mí, que la transité durante años a partir de 1961, cuando entré a trabajar en La Italo, ahí nomás, a unos metros, sobre la calle San José. A 200 la Casa de Galicia y al 100 la Compañía de Electricidad. Íbamos a almorzar casi día por medio en el restaurante de don Antonio Barallobre con mis compañeros Emilio Suso, Benito Soneira y Mario García. También solíamos ir a cenar menos asiduamente, en esta instancia nos encontrábamos con los gallegos Berdullas y Rey, por nombrar dos íconos asistentes comensales a esa mesa larga de pucheros mixtos o de comidas más tradicionales como besugo a la vasca, arroz con calamares o pulpo a la gallega. Recuerdo al cocinero Lago—que tiempo después fue a trabajar a Lo Rafael, ahí cerquita sobre Sáenz Peña—y a un mozo característico, José María.
Y si dije que para mí no es un aniversario más, debo consignar cariñosamente y con mucha nostalgia, la amistad que hicimos con Antonio Barallobre, que continuaba la farra por la Avenida de Mayo en el Whisky Bar ya entrada la noche y pasábamos por el Bar Español de Av. De Mayo esquina Salta a ver a Los Gavilanes o a Los Churumbeles o de pronto pernoctábamos en La Tasca donde nos encontrábamos con Castaño—de oficio plomero y portero–. Allí, la barra de compañeros de La Italo, escuchaba las anécdotas y recuerdos de esos amigazos gallegos, la nostalgia de la tierra gallega, de los que allá quedaron, padres, madres, hermanos…
Sí, más que hermanos, porque fue en el 74 en que le presenté a don Antonio Barallobre el problema de traer a los padres de mi esposa Ramona y hermanos desde Goya, Corrientes.—Tráelos, me dijo. Estaban muy mal allá y entonces Barallobre le dio trabajo a dos cuñados míos y trajo a Vidal y a Hernández—propietarios del Hotel Finisterre de Moreno y San José—y emplearon a mi suegro como Conserje en el turno de la mañana. ¿Qué más puedo decir en este Centenario de la Casa de Galica de San José al 200? ¿ Qué más que Gracias mil…? A los hermanos españoles gallegos como don Julio Villasenin Pintos—recientemente fallecido—que fuera el peluquero de la calle Salta, al ladito del inolvidable Ruedo, restaurante de categoría—y que después siguió con la clientela hasta nuestros días—.Aún en su casa de Martín García en Barracas me atendía, mientras su esposa Carmen me servía un café. Julio Villasenin Pintos siguió yendo a Casa de Galicia hasta último momento, donde jugaba al dominó por las tardes. Acabo de hablar con su esposa Carmen para decirle que estaba escribiendo esta nota.
A veces, me paro frente a la puerta de la Casa de Galicia y las piernas me tiemblan, por no decir el alma, trastabillo de tristeza porque ya no está esa hermosa gente galaica que demostraron ser mis hermanos. Pero lo hago con una sonrisa también, porque los gratos recuerdos me abruman y exploto de agradecimiento.
Y hago este recuerdo, homenaje, para el blog Inmigración y Literatura de María González Rouco, que tanto se ha preocupado por el tema de los inmigrantes
En este blog que tiene más de 14.000 visitas mensuales, el mayor de Arnet.
Enhorabuena, hermanos de España. Hermanos gallegos.

Antología Inmigrante

María del Pilar Cordero Alonso


Inmigrantes y Exiliados Destacados

Almirante Guillermo Brown

Homenaje al Almirante Guillermo Brown

d1682980792332403490b29b9617dafd.jpg

El Instituto Nacional Browniano rinde homenaje al Almirante Guillermo Brown, simultáneamente, con sus Filiales y Delegaciones, en el país y en el exterior.

Filial Almirante Brown, Adrogué, Provincia de Buenos Aires

Filial Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires

Filial Resitencia, Chaco

Filial Rosario, Santa Fe

Delegación Tucumán, San Miguel de Tucumán

Delegación Kerry, Irlanda

Inmigrantes y Exiliados Destacados

ACERVO CULTURAL

Para nosotros, la cultura es un fin

NOVEDADES
Gorriti 3516 - 3º A (1172) Buenos Aires – Argentina
Distribuye: Galerna S. R. L. Lambaré 893 (1185) Buenos Aires - Argentina 4867-1661
4 9 6 3 - 1 0 3 7 / 4 7 8 4 - 2 6 4 1

Director Editorial: RICARDO FEIERSTEIN

MUJERES EXTRAORDINARIAS
Biografías noveladas de Cecilia Grierson, Julieta
Lanteri, Fenia Chertkoff y Carolina Muzzili
Myriam Escliar
Rescate documentado y lúcido de cuatro pioneras,
idealistas y combativas, del movimiento feminista en
el cruce de los siglos XIX y XX. Ignoradas por “la historia
oficial”, ellas lucharon por los derechos de la
mujer y el niño, la posibilidad de estudiar, el voto universal
y otros principios.
Colección Ensayos
184 páginas con fotos de época…………….$ 40.-

ver fotos de la presentación en SHA:
http://colectividadesargentinas.blog.arnet.com.ar/socieda…

Y LOS PIONEROS NO SE APAGAN
EN UN PARPADEO DE SOL!
Visita a las colonias judías de Entre Ríos
Eric R. Lach
Un joven escritor norteamericano- que desciende de
judíos argentinos- y su abuelo, dirigente comunitario,
visitan las colonias judías de Entre Ríos en 2008.
Documento narrativo de prosa rápida y eficaz, que
acerca una mirada generacional nueva, poco frecuente,
sobre el hoy de esa experiencia.
Colección Narrativa
108 páginas………………………………………..$ 20.-

DESDE AFUERA
Y DESDE ADENTRO
Dos excursiones por la cultura judeoargentina
Stephen A. Sadow - Ricardo Feierstein
Girando sobre sí mismo- como peculiar Cinta de
Moebius-, una mirada plural y reveladora sobre la cultura
judía latinoamericana (Sadow) y una “Memoria
personal de Buenos Aires” (Feierstein), quien ejemplifica
en sus relatos el mestizaje cultural judeoargentino.
Colección Narrativa
252 páginas, con reproducciones
de pintura e ilustraciones porteñas…………..$ 45.-

Inmigrantes y Exiliados Destacados

CACHIMBA

Teatro independiente. Un hombre. Una Vida, por Rodolfo Leiro. Introducción Norberto Ismael Pannone. Buenos Aires, Editorial Dunken, 2009. 112 páginas.

Un día de un año que al lector le tocará adivinar, un genovés de trece años desembarca en Buenos Aires. Su padre lo ha dado en custodia a un tío soltero, con el que viajó. A partir de ese momento, se suceden sensaciones, oficios y localidades en el itinerario de este protagonista que acepta diversas ocupaciones con la sola intención de que le sirvan para sostener su única pasión: el teatro.
Quizás no tuvo tanto talento, o -como afirma el autor- no encontró la persona indicada, no estuvo en el lugar en el que debía estar… Lo cierto es que Cachimba, primero niño, luego hombre y anciano, ve pasar delante de sus ojos una fama a la que pocos acceden, y un bienestar económico que le resultó esquivo, ya que, en pos de su vocación, descuidó este aspecto de su vida. La muerte lo encuentra abandonado por todos, junto a su muñeco querido, el símbolo de su talento, metafóricamente destrozado por unos salvajes que suponían que el italiano guardaba dinero en su interior.
Descendiente de italianos y gallegos, Leiro conoce las realidades de la inmigración: ese sentirse ajeno, siempre, y esa fe en el trabajo, heredada de los mayores. Y conoce, como escritor, los entretelones de la pulsión artística, de la celebridad, a los que se refiere en esta novela que trasciende la anécdota del personaje para ahondar en la condición humana.
MGR

Rodolfo Virginio Leiro nació en Junín, Provincia de Buenos Aires (Argentina). Hijo de Clara María Margarita Merlassini y de José Rodolfo Leiro. Actualmente reside en Capital Federal. Algunas de sus últimas obras editadas son Sondas de enigmas – Una ciencia ficción diferente, Mazorcas adultas - Poesías, Pañuelo de Bohemio – Poesías, Helenio y Helenio otra vez – Una ciencia ficción diferente, Apenas una sonrisa – 20 sonetos en lunfardo, La revelación – esotérica, ¿Vivir es un privilegio? – Filosófica, y Verbos estallados – Poesías. Entre las últimas distinciones que recibió, se cuentan el reconocimiento como “Hacedor de Cultura”, otorgado por la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo, Buenos Aires, Argentina y el diploma otorgado por la Junta de Estudios Historicos del barrio de Boedo en reconocimiento por su aporte a la cultura. Recientemente nombrado asesor de ASOLAPO (Asociación Latinoamericana de Poetas).

http://www.leiropoesia.com.ar/

Colectividades Argentinas

PEDRO SONDERÉGUER Y SUS PISTAS

UN CAMINAR DEL MITO A LA REALIDAD

 

Ahora que has muerto, padre
–ahora que sólo eres recuerdo de albores desintegrados
etérea máscara del recuerdo resignado,
terrosa circunstancia primigenia,
coágulo de ceniza insomne como el mar—
Ahora, comienzo a envejecer.
CÉSAR SONDERÉGUER

por Fidel A. Leottau Beleño

 

1. EL MITO

Aquella tarde de finales de la década de los cincuenta, los cuatro monaguillos que colaborábamos en las actividades litúrgicas de la parroquia de Villanueva, Bolívar, esperábamos que el padre Maciá llegara de su cátedra de filosofía que dictaba en un colegio de Cartagena. Apareció como a las cinco de la tarde. Cenó con la misma parsimonia de sus misas, se levantó y nos encontró alineados en una banca de la casa cural. Él sabía que esperábamos la historia que nos iba a contar esa tarde, como ocurría siempre. Arqueó algo dramática las cejas y, de inmediato, soltó una pregunta a quemarropa.
-¿Saben quién fue Pedro Sondéreguer? -, dejó flotando la inquietud en el corredor y se dirigió al patio a cepillarse los dientes.
Cuando volvió, con los dientes limpios y un Lucky Strike encendido, debíamos tener caras de idiotas porque él sonrió casi con burla y nos dio una respuesta a medias:
-Cómo está de fregado este pueblo que los padres no les enseñan a sus hijos quiénes son los personajes ilustres que han exaltado el nombre de estas tierras-, dijo con tono de sermón el sacerdote turbaquero.
-¡Sonderéguer fue un escritor nacido aquí, en Villanueva!
Aquella fue la primera vez que escuché el nombre de Pedro Sonderéguer y me quedaron dos cosas inquietándome la memoria. Una, yo no sabía que en Villanueva había nacido un escritor, pero si lo decía el padre Maciá, un hombre de quien admirábamos su erudición, era verdad que había nacido. Además, en esa época era inconcebible que un sacerdote pudiera mentirle a cuatro inocentes monaguillos. La otra, que ese señor debía haber muerto mucho tiempo atrás porque el padre hablaba de él en tiempo pasado, igual que cuando nos hablaba de Séneca y de Sófocles. Fue más adelante, convertido en adulto, cuando comprobé que, de tales deducciones la primera era cierta y la segunda, falsa.

OTRAS NOTICIAS DEL ESCRITOR DESCONOCIDO

Volviendo a aquellos años de revelaciones, recuerdo que no pasaron muchos meses para escuchar de nuevo el nombre de Sonderéguer. Esta vez, en la escuela. El maestro de primaria más connotado que ha dado esa tierra de agricultores, Moisés Cabeza Junco, se paró con el mismo aire severo y solemne que usaba cuando se refería a cosas trascendentales, para decirnos: “Hoy hablaremos de un hijo eminente de este pueblo, un hombre que le dio lustre a la historia local y del cual todos nosotros debemos sentirnos orgullosos”, ese recurridísimo suspenso que el maestro Moisés utilizaba para ambientar sus originales sesiones parecía interminable y nosotros esperábamos el nombre con la misma inquietud con que se espera el fallo de un concurso. “Me refiero al ilustre, al benemérito, Pedro Sonderéguer”.
Sentí un extraño cosquilleo en el estómago al escuchar el sabido nombre, mientras miraba en mis amigos la misma cara embobada que nosotros debíamos tener cuando el padre Maciá nos hizo conocer la existencia de aquel escritor. En verdad, nuestro profesor no aportó ninguna información diferente a la del sacerdote. Esto me dejó una inquietud adicional: si era escritor debió haber dejado algo escrito y, por una nueva deducción, estaba convencido, ante aquellas desafortunadas evidencias que ni mi maestro espiritual, ni mi maestro intelectual, habían leído a Sonderéguer.
Después vendrían otros datos sobre el escritor. El primero lo aportaron los miembros de una familia entera, cuyo apellido coincidía con el nombre del pueblo, Villanueva. Ellos se confesaban parientes, por línea materna, de Sonderéguer. Según esto, el nombre completo del humanista era, Pedro Sonderéguer Villanueva. Los otros datos lo aportaron las tertulias entre profesionales del pueblo en las cuales se involucraba mi padre, Fidel A. Leottau Escorcia, un veterano médico que experimenta igual deleite frente al estetoscopio como ante los clásicos de la literatura. En esas reuniones el nombre del escritor era algo recurrente. Como también lo era en casa de mis abuelos, quienes juraban con la señal de la cruz que Pedro Sonderéguer había nacido en Villanueva y que ellos lo habían conocido. Esto me despejó una duda que ya empezaba a asaltarme: en el pueblo sí había existido alguien, de carne y hueso con ese nombre. Pero me quedaba otra que no lograba esclarecer aún: si de verdad ese hombre con ese nombre era escritor. Aquello no demoró en esclarecerse.
Corrían los años 64 y 65 cuando llegó la oportunidad de recibir clases de español, en Cartagena, en el colegio de La Esperanza, de manos del doctor José María Guerrero, el “Papa” Guerrero como se le conocía comúnmente. Éste era un arjonero que se fue a estudiar medicina a España y, cuando arribó a Cartagena, dejó a un lado la bata y el bisturí para dedicarse a enseñar francés y español, a ser crítico taurino y a ocupar, algunos años después, la presidencia de la Peña Taurina de la ciudad. En una de sus jornadas de clase, “El Papa” Guerrero confesó que entre las muchas obras que había leído se encontraba una de un escritor bolivarense. La obra se llamaba “Quibdó” y el autor ¡Pedro Sonderéguer! Esta nueva revelación me produjo una sensación contradictoria. Por un lado, satisfacción por despejar dudas primarias; Sonderéguer existió, nació en mi pueblo y, además, fue escritor. El profesor no nos mostró jamás la evidencia, el libro, pero ya no dudaba. Si jamás dudé, de que la monja mexicana Sor Juana Inés de la Cruz fue escritora a pesar que jamás vi ningún texto suyo, por qué habría de hacerlo entonces con Sonderéguer. De otro lado, la segunda sensación fue que, tal vez por el esclarecimiento de mis inquietudes, el tema dejó de interesarme y me olvidé de Sonderéguer por mucho tiempo. Treintiún años, para ser exacto.

2. LA REALIDAD

En el año 1995, la Facultad de Ciencias Humanas organizó el II Seminario Internacional de Estudios del Caribe. Entre las muchas personalidades del mundo intelectual que disertaron en ese entonces, llegó un gringo extrovertido y cafeinómano incorregible que había realizado una de las investigaciones más completas sobre la novela en nuestro país, la cual le sirvió de trabajo de tesis para doctorarse en Literatura Colombiana en la Universidad de Washington, Novela y poder en Colombia, 1844 a 1987. Este norteamericano, catedrático de aquella universidad, Raymond Leslie William, no tardó en hacer amistad con un joven también extrovertido e igual de cafeinómano, que iniciaba sus estudios de lingüística y literatura: Juan Carlos Urango. Como una señal de agradecimiento por la colaboración que el estudiante le prestaba en la ciudad, Williams le regaló uno de los buscados ejemplares de su bien documentada obra. Condiscípulo y amigo incondicional, Urango permitió que yo hojeara el libro primero que él. La sorpresa fue mayúscula cuando, al abrir una página al azar, tropezamos con el nombre de Pedro Sonderéguer.
En aquel momento, afloraron los recuerdos dormidos de más de tres décadas. Nuevamente tenía ante mí la posibilidad de hallarnos con la existencia de nuestro paisano escritor, y esta vez de un modo irrebatible: a través de un estudio serio y detallado del profesor estadounidense. Otro condiscípulo y paisano (y no menos amigo), Oscar Castillo, tuvo una idea magnífica: aprovechar la presencia de Williams para que nos revelara cómo hizo para acceder a las obras de Sonderéguer. “En la biblioteca Luis Ángel Arango, de Bogotá, pueden encontrar fotocopias de los textos originales argentinos que menciono en mi libro”, fue su respuesta. Oscar Castillo hizo contactos con la doctora Silvia Marín Restrepo, directora de la Biblioteca Bartolomé Calvo, de Cartagena, para que se lograra un préstamo de los textos de la Luis Ángel Arango, aprovechando que ambas bibliotecas pertenecen al Banco de la República.
La labor fue fructífera: se consiguieron las copias de siete de sus libros: La colección de cuentos Dichosos en el mal; las novelas Las fuerzas humanas, Quibdó y El miedo de amar; La obra de teatro Lo que las mujeres no saben; y el ensayo filosófico Límites y contenido de la metafísica. Tenía en mis manos la muestra emocionada e irrefutable de que aquel hombre sí era en realidad villanuevero y, además, escritor. Pero había más: era un escritor que había transitado por varios géneros literarios con gran éxito. Esto me lo indicaba el hecho de tener en nuestras manos copias de segundas y terceras ediciones de sus obras, y que éstas no se limitaban a las que encontramos en Colombia; cada ejemplar traía un catálogo de los libros escritos con anterioridad. Fue así como nos enteramos de que también había escrito Cóndor, Crítica del genio, Los fragmentarios, El pensador, Todo el amor, Cátedra de seducción y El miedo de amar. Que tenía otro ensayo filosófico en preparación, Ayacucho. Y que tenía, para la época, otros libros en prensa, Gente de medio pelo, Las fronteras del espíritu y El paraíso del diablo.
El descubrimiento de esta información, unido a mi condición de paisano y de estudiante de lingüística y literatura, me puso ante un imperativo: dar a conocer los aspectos relevantes de la obra de Sonderéguer. Y, de paso, su biografía con los datos que había logrado compilar. Así, salió publicado el primer artículo sobre Pedro Sonderéguer en el suplemento dominical de un recién desaparecido periódico cartagenero. Al mismo tiempo, nació la idea de realizar nuestra tesis de grado a partir del análisis literario de su obra. Definitivamente, y sin darme cuenta, la dimensión que había adquirido la vida de este escritor en mí era lo suficientemente grande como para no dejar nada a medias. Debía dar otros pasos para despejar nuevas dudas. Sentí que en nuestro artículo habíamos dejado cabos sueltos e, inclusive, nos asaltaba el temor que muchas de las cosas que manifestamos en forma categórica podían resultar discutibles. Al fin y al cabo, algunos de los datos fueron recogidos de fuentes orales y, como se sabe, éstas suelen estar interferidas por los delirios mitológicos y la información que falta siempre es complementada por aspectos fascinantes que, en la mayoría de los casos, son falsos. Debíamos, entonces, recoger otra serie de informaciones que nos permitieran complementar la que ya tenía, y no sabía cómo hacerlo. Sólo un golpe del azar, como ya había ocurrido anteriormente con este tema, podía esclarecernos el camino. Eso, en efecto, ocurrió de nuevo.

NOTICIAS DE ARGENTINA

A finales de marzo de 1997, un administrador de empresas y buen amigo cartagenero, Dagoberto Almeyda, fue a visitar en Buenos Aires a su hermano Rafael, un médico neurocirujano que adelantaba estudios complementarios en esa ciudad. Al enterarme del viaje, le pedimos el favor que buscara en el directorio telefónico de la capital argentina a todas las personas con apellido Sonderéguer, anotara la dirección y el teléfono, y nos trajera esos datos. A los pocos días, Dagoberto nos suministró la información: siete Sonderéguer en Buenos Aires, un número revelador y tranquilizante en una ciudad tan grande. De todos ellos, nos llamó la atención uno, que tenía el mismo nombre del escritor, Pedro Sonderéguer. Lo llamamos. Mientras identificaba nuestro nombre y el origen de nuestra llamada, él no mostró ninguna sorpresa. Pero cuando le preguntamos si conocía al escritor Pedro Sonderéguer, él no pudo reprimir una alegría que inundó nuestro oído a través del auricular: “¡Él era mi padre, mi padre!”. Había dado en el clavo. De ahí en adelante tuvimos la verdad en nuestras manos y comprobamos mi corazonada: algunos de los apuntes de nuestro sincero e inicial artículo pertenecían al mito. En la correspondencia que hemos tenido con los hijos de Sonderéguer: Pedro César y Erasmo Pedro, se despejaron muchas de las incertidumbres que nos habían agobiado. Esas revelaciones llegaron desde Buenos Aires a petición nuestra.
El primer mito que cayó fue el de su origen paterno y, por ende, de su primer apellido. La creencia general decía que su padre fue un francés que llegó a Colombia para trabajar en la construcción del canal de Panamá. Pero algo no coincidía. Pedro Sonderéguer nació el 27 de octubre de 1884 y la construcción del canal sólo fue posible a comienzos de este siglo, cuando ya Panamá se había independizado de Colombia. A esto se le sumaba que nadie daba razón del nombre del progenitor. En realidad, el padre de Sonderéguer, cuyo nombre era Conrado, fue un ingeniero suizo alemán, que llegó al caribe junto a su socio y amigo Ferdinand de Lesseps, para participar en el proyecto de construcción del canal. Lesseps era un ingeniero muy conocido, como quiera que ideó y logró la aprobación para la construcción del canal de Suez. En medio de sus borradores y planos del que sería canal de Panamá, Conrado, conoció a una joven que comerciaba en los países del Caribe, nacida en Villanueva, nuestro pequeño pueblo de la provincia de Bolívar. Ella se llamaba Cayetana Villanueva. De ese amor que traspasó las barreras lingüística y geográficas, nació Pedro, en el pueblo natal de su madre.
Sin embargo, fue poco el tiempo que vivió Pedro Sonderéguer en Villanueva. A los dieciséis años se trasladó a Estados Unidos, específicamente al estado de California para adelantar estudios de ingeniería. Pero, en otra versión de este momento de su existencia, según datos biográficos de la Eciclopedia Universal Ilustrada (1), él estudió en la Universidad de Notre Dame, de Indiana. Mas en su espíritu peregrino y humanista había una intención diferente a seguirle los pasos a su padre. Se retiró y emprendió un viaje a Costa Rica. Allí publicó su primera obra, Cóndor, en 1904, es decir, cuando sólo contaba veinte años de edad. Su paradero en los tres siguientes años es, para los hijos, una verdadera incógnita. En 1907 se radicó en Santiago de Chile, donde publicó su segundo libro Crítica del genio y, a la vez, trabajó como profesor de dibujo y de matemáticas. Pero sólo durante un año. En 1908, pasó a Buenos Aires con las ilusiones de escritor joven y con las obras de Florencio Sánchez y Rubén Darío en un lugar de su maleta. No conocía a nadie en Argentina, pero eso no lo amilanó. Quién sabe de dónde sacó la idea de escribirle a Bartolito Mitre, hijo del General Bartolomé Mitre, ex presidente de la República, fundador y director del diario La Nación, desde entonces uno de los más influyentes en América Latina. Es sorprendente que tamaña empresa periodística, conocida por su conservadurismo, haya aceptado en sus filas a un joven colombiano de 24 años que, además, no ocultaba para nada su pensamiento liberal. La vinculación laboral con La Nación sólo terminaría en 1954, cuando Sonderéguer salió jubilado.
Obviamente, su trabajo no se circunscribió a lo periodístico. Dentro de él seguía latiendo su vena literaria y filosófica. En los primeros años publica sus novelas y, después de la década de los cuarenta, su inclinación es hacia los estudios filosóficos. Su tema novelístico por excelencia fue el amor, pero no como una visión estereotipada y decadente, almibarada y melodramática, sino en una concepción más elevada y profunda: el amor como esencia del espíritu. Y en lo filosófico se preocupó por las disgregaciones metafísicas y los aspectos fenomenológicos.
No obstante, el amor además de ser el tema de sus novelas fue de su vida. En 1914, Pedro Sonderéguer se casa con una mujer muy adinerada, con la cual tuvo tres hijos: Conrado Pedro, Silvia y Elsa. En opinión de sus posteriores hijos, este matrimonio y los estragos de la Primera Guerra Mundial, impidieron que Sonderéguer cumpliera su sueño de irse para Europa y morir una tarde de primavera en Boluogne-sur-Mer. No se sabe en qué momento este matrimonio llegó a su fin, lo cierto es que Sonderéguer siguió viviendo en la casa nupcial a pesar que de la unión marital sólo quedó una feliz separación.
En 1934, el amor llegó de nuevo a su vida, esta vez entró por sus ojos, en el sentido más literal de esta expresión: lo operaron de cataratas y se enamoró de la enfermera que lo atendía, Carolina Rodríguez del Pino. El romance se inició y perduró sin casamientos, porque la legislación vigente en aquellos tiempos impedía que Sonderéguer se divorciara de su esposa. Con Carolina tuvo tres hijos: una niña que nació sin vida (1935) y los ya mencionados Pedro César (1937) y Erasmo Pedro (1939). En 1952, llegó la separación definitiva de la pareja.
Sin embargo, esto no trajo la ruptura de los vínculos paterno - filiales. Cada semana los dos hijos menores visitaban a su padre y de esas visitas quedó una fuerte influencia por lo artístico, lo literario y lo humanístico en general. Pedro César inició estudios de filosofía, historia y literatura; luego se graduó en la Escuela Nacional de Bellas Artes M. Belgrano, con inclinación por la escultura. Al tiempo estudió cine. Con Lorenzo Domínguez estudió talla de piedra y batido de metales. Hizo, también xilografía. También realizó dibujos y murales. Estudió fotografía astronómica, óptica y construcción de telescopios. Construyó un telescopio newtoniano y un estroboscopio. Estudió, asimismo, cosmogonía y astronomía descriptiva. Tantas actividades polifacéticas, se complementan con sus tres matrimonios: con la bailarina Susana Maturi, con la escultora Marta Acal y con la doctora en química y fotógrafa Marta Melgarejo, con quien vive actualmente y ha recorrido parte de Europa y América, realizando documentales, haciendo exposiciones y dictando conferencias. En 1966, y para no dejar ningún campo del arte sin explorar, escribió un libro de poesía Mi ansia y yo, del cual extractamos el fragmento que sirve de epígrafe a este artículo y que es una elegía al padre.
Por su parte, Erasmo Pedro se dedicó a la literatura. En 1994 la Editorial Argenta Salep S.A. de Buenos Aires publicó su primera novela Regresa para regresar, la cual es una obra que combina la magia narrativa y una profunda fuerza visceral que le ha representado una crítica favorable en el sur del Continente y del cual me envió un ejemplar autobiografiado.
Son, precisamente, Pedro César (quien suele firmar solamente como César) y Erasmo quienes me han detallado los aspectos más importantes de la vida del escritor. A través del internet y el correo ordinario hemos sostenido constantes intercambios de opiniones y de libros. Ellos no tenían los que yo poseía y yo no contaba con los ejemplares que ellos atesoraban, entre esos llegaron a mi biblioteca: Los fragmentarios y El pensador, primer y segundo libro publicados en Buenos Aires, en 1909 y 1915, respectivamente. Fueron ellos quienes nos informaron que, además de todos los libros que ya he mencionado, publicó otros con carácter filosófico: El enigma de la realidad y Realidad inteligible y realidad pura. De igual modo, son ellos quienes le atribuyen un espíritu panamericanista, universal y demócrata. Admirador de Bolívar y de San Martín. Lo definen como un hombre de profundas concepciones éticas, empeñado en su trabajo y preocupado por desenterrar los misterios de la vida. Hombre de pocos amigos que vivió solo y peregrino. Que se entristeció cuando en 1936 regresó a Colombia e intentó dedicarse a la política en representación del partido liberal, pero al poco tiempo tuvo que abandonar el país porque lo amenazaron de muerte. En fin, un hombre que a pesar de deambular todo América, desde el norte hasta el sur, podía calificarse como un mal latinoamericano, cuyo sueño frustrado fue vivir a las orillas del Loira.
Este Pedro Sonderéguer de la realidad murió el 7 de octubre de 1964. Es decir, que en 1959, cuando el padre Maciá nos habló por primera vez de este escritor y supusimos que estaba muerto, todavía le quedaban cinco años de vida. Su cuerpo fue sepultado en el famoso cementerio de La Recoleta, donde yacen los grandes personajes de Argentina. El 4 de mayo de 1981 sus despojos mortales fueron exhumados y, posteriormente, cremados.
Esta es, pues, nuestra versión revisada y corregida de la vida y obra de Pedro Sonderéguer Villanueva. El mito y la realidad. Un mito que se inició en una casa de bahareque de Villanueva, que servía como sede cural y cuya realidad comenzó a develarse por una situación similar a la que trajo el progreso ( y la consecuente destrucción) de Macondo: porque a alguien se le ocurrió invitarle a un banano a cierto gringo. Lo que se destruyó esta vez no fue un pueblo sino un mito y a lo que se invitó no fue a un banano sino a un tinto, el tinto que mi amigo le brindó a Raymond Williams, el gringo que nos trajo las irrefutables pistas para recomenzar ese definitivo camino empezado en infancia.

(1) Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana, tomo LVII, pag. 389. Editorial Espasa - Calpe, Madrid - Barcelona (España), 1927.

El Universal, 07/06/1998

Fidel Alejandro Leottau Beleño, nació en la ciudad de Cartagena de Indias, Colombia. A los tres años sus padres se lo llevaron para Villanueva, Departamento de Bolívar, la tierra de la familia paterna.
Su infancia y parte de su juventud, transcurrió en su añorado pueblo al lado de sus abuelos Claudio y Arcadia, al punto que es más conocido como villanuevero. Allí inició los estudios hasta culminar la primaria, luego pasó al Colegio de La Esperanza, en Cartagena, de donde egresó como bachiller en 1965. Muchos años después, en 1998 graduó como Profesional en Lingüística y Literatura de la Universidad de Cartagena.
Trabajó durante treinta y siete años en la Zona Industrial de Mamonal. Sin embargo, nunca perdió contacto con los libros ni con la consagración a los estudios humanísticos. A comienzo de los noventa, realizó los ciclos de formación humanística en la facultad de Ciencias Humanas de la Universidad de Cartagena.
Se ha desempeñado como investigador cultural, en donde ha indagado y publicado acerca de la vida y obra del escritor colombiano (villanuevero como él) Pedro Sonderéguer, quien desempeñó su labor literaria y periodística en Argentina. El Secretario de Educación y Cultura del Departamento de Bolívar, Jabid Benavides Aguas, le concedió en el 2006 una placa por contribuir al rescate de la memoria cultural de la provincia.
Textos suyos han sido publicados en los magacines de los diarios El Universal y El Periódico de Cartagena. Ha participado de igual manera, como ponente en conferencias y encuentros culturales. Su primera obra, Apodología de mi pueblo, en la que exalta la picaresca de sus paisanos para renominar a las personas, se publicó en 1995.
También se ha desempeñado con algún éxito como compositor vallenato. Por ello, una de sus canciones, Mi corralito, fue antalogada en el libro Cancionero, de Carmencita Delgado de Rizo. Así mismo, por esta canción obtuvo una distinción del alcalde de Cartagena, Nicolás Curi Vergara, en 1992.
A finales de 2007 publicó, Villanueva mía, Cartagena de nosotros, una obra que recoge una serie de crónicas y reportajes acerca de los personajes y situaciones que lo han marcado en su deambular en sus dos espacios vitales: Villanueva y Cartagena. Un texto íntimo, construido con una prosa fluida, una alta sensibilidad y buen sentido del humor. Características que, más que al libro, se le pueden atribuir a su autor.

(gentileza de Erasmo Sonderéguer)

Inmigrantes y Exiliados Destacados

Lembranzas da terra

Boletín Informativo
Nº I - Junio 2009

Carta

Los que integramos la Agrupación Folklórica Lembranzas da Terra, hemos decidido continuar con nuestro trabajo en forma independiente, desvinculándonos del Centro Lalín, Agolada y Silleda de Buenos Aires.
Diferencias en el modo de entender el rol que le cabe a la cultura en las sociedades y centros de nuestra colectividad, precipitaron nuestra decisión.
El 15 de diciembre del año 1979, un grupo de amantes del folklore de Galicia, decidía dar a luz un nuevo proyecto: un espacio de encuentro frente al desarraigo y también de difusión de su cultura en el país que habían elegido para vivir.
Tenían la certeza de que sus bailes, su música y su lengua era dignos de seguir vivos pese a la distancia y a lo diferente del contexto. Eran nuestros padres, abuelos y maestros que fundaban “Lembranzas” .
Hoy, exactamente 30 años después, nos enorgullecemos de haber heredado de ellos no solo el amor por esta cultura sino también la convicción sobre su valor y belleza y la valentía para tomar decisiones que apunten a preservarla y dignificarla.
Con el apoyo de los que hace tres décadas comenzaron con este proyecto, sumado al aporte de energía e inquietudes de los más jóvenes, la Agrupación Folklórica Lembranzas da Terra continua trabajando en la investigación y difusión de las expresiones culturales del pueblo gallego en la Argentina.
Aprovechamos la oportunidad para presentar la nueva versión de nuestro sitio web:

Por la Agrupación Folklórica Lembranzas da Terra
Musica e Bailes na Quinta Provincia
Martín Calderón, María Eugenia Seijó,
Mariana Rey, Isabel Cid (fundadora)

Nueva Web

Los invitamos a visitar www.lembranzas.com.ar
y dejarnos su mensaje en el Libro de Visitas.

Colectividades Argentinas
chatroulette chatrandom