Colectividades Argentinas

historia y actualidad

 

Archivo de Marzo, 2005

ANTONIO PORCHIA, ITALOARGENTINO

Muchos hombres y mujeres lIegaron a nuestro país desde otras tierras, deseosos de establecerse y de realizar un aporte a Ia nación que los recibía hospitalaria. La mayoría de ellos permanecen anónimos –casi todos los inmigrantes que hicieron trabajos manuales, comerciaron o brindaron servicios-; los recordamos como un gran grupo que tuvo decisiva influencia en la historia argentina. Otros, en cambio, descollaron en diversas actividades. Entre ellos, se destacan los de origen italiano. Fueron ítaloargentinos célebres, entre otros, José Ingenieros, Roberto F. Giusti, Rodolfo Mondolfo, Gherardo Marone, Alfonsina Storni, Syria Poletti y Antonio Porchia. Ellos se dedicaron a las letras y la filosofía, disciplinas en Ias que brillaron por su inteligencia y sensibilidad.
Antonio Porchia, autor de un unico libro, Voces, nació en 1886 en Calabria, desde donde emigró durante su adolescencia; vivió en Argentina hasta eI momento de su muerte, acaecida en 1968. Vivía en una modesta casa en Olivos, “un lugar de encuentro para quienes veían en él a un verdadero maestro en La expresión de la verdad y Ia belleza”.

Un género con historia

Los diccionarios de lengua castellana definen al aforismo como “una sentencia breve y doctrinal que se propone como regla”. En inglés, se lo relaciona con la ciencia, ya que la definición se da en estos términos: “a brief statement of a scientific principle; a pithy saying or maxim”. -El vocablo inglés, aphorism, presenta una notable similitud con la forma latina del mismo, aphorismus, de Ia que seguramente deriva.
El escritor Bernardo Ezequiel Koremblit destaca que eI vocablo proviene del griego y está formado por “apo” (de) y “oridzein” (limitar); su etimología “indica que consiste en una sentencia breve y doctrinaI que encierra Ios justos términos de una verdad, aunque ésta es la definición que da el Diccionario,·igualmente es exacta”.
EI crítico lo define como “una proposición o frase breve clara, evidente, de profunda y util enseñanza”. La historia del género se remonta a épocas inciertas -agrega-, ya que “Sabios aforismos religiosos, morales, políticos y sociales arrancan de las literaturas egipcia, védica, sánscrita. hebrea y china, y aforismos son muchas sentencias del código de Manú y Ios preceptos de Confucio y los dictámenes de Horo, como lo son Ias expresiones preceptivas de algunos intencionados pasajes del Timeo y el Banquete platónicos”.
La elección del género aforístico obedecía -dice Koremblit- a un propósito: “¿quién que reconozca o perciba en la concisión y la precisión el encanto de la sabiduría puede dudar de que nuestros sabios y atrayentes padres protoliterarios y protofiIosóficos quisieron ser amables y seductores con sus contemporáneos y descendientes, benévola y cortés intención que los movió a librar sus pensamientos como colombófilos que soltaron las palomas de sus ideas para que éstas volaran graciosa y armoniosamente”.
En su surgimiento, el aforismo se vincula con otras especies literarias de antigua data: “Con el cuento, aparece entre los primeros géneros llamados ahora literarios y que entonces eran los esenciales impulsos de Ia literatura. Libros enteros de la Biblia, como los Proverbios, eI Eclesiastés; y la Sabiduría contienen en su mayor parte aforismos, y eI dulce Virgilio, principe de la aforística Iatina, los escribió abundantemente en su Eneida y sus Geórgicas, y uno de sus aforismos es decididamente un aforismo sobre el aforismo: hoc opus, hic labor est, ‘aquí está la obra y Ia labor difíciles’ “.
Koremblit afirma que también se encuentran aforismos en Hesíodo, en la Odisea, en Plotino y los Santos Padres, Recuerda, asimismo “el hipocrático Libro de Aforismos que el padre terapeuta escribió científica-humanamente, para sus discípulos de humanidad y medicina en la escuela de Caos, obra que comienza con el mas célebre de los aforismos: ‘Ia vida es corta y largo el arte, la ocasion fugaz, la experiencia peligrosa, el razonamiento difícil’ ”.

Los hombres, la palabra

En sus aforismos, Porchia no sólo nos ofrece máximas de vida, sino que también plantea su personal filosofía acerca de Ia situación del hombre en el mundo y con respecto al Ser Supremo. “Dios mío, casi no he creído nunca en ti, pero siempre te he amado” –escribió. Esta afirmación tiene relación con aquel otro aforismo en el que dice que busca su existencia, pero la busca fuera de él mismo. Las reminiscencias bíblicas están presentes en sus sentencias; en una de ellas se evidencia su concepcion acerca de la condición humana: “Casi no he tocado el barro y soy de barro”. En esta realidad encuentra asimismo otra imagen como vía de expresión: “El lodo, apartándolo del lodo, no es más lodo”. Este aforismo implica la idea de la posibilidad de una redención.
Relacionado con el tema de Dios, encontrarnos el de la culpa, inherente a la religión católica. Porchia sostenía que el mal no lo hacían todos, pero acusaba a todos; como forma de enfrentar ese destino cierto, él se proponía una máxima de vida: “Mis culpas no irán a otras manos por mi culpa. No quiero otra culpa en mis manos”.
En la obra aparecen el paraíso y el infierno, vistos desde su original perspectiva creativa; él dice: “Quien hace un paraíso de su pan, de su hambre hace un infierno”. AI igual que en otras sentencias, postula el ideal de austeridad que caracteriza su libro.
Acerca de la condición del hombre, afirma que “Hasta el más pequeño de los seres !leva un sol en los ojos”; lo difícil es poder ver ese sol en todos. La bondad tampoco es una garantía de felicidad para Porchia, pues -a su criterio- “Si eres bueno con este, con aquel, éste, aquel dirán que eres bueno. Si eres bueno con todos, nadie dirá que eres bueno”.
La palabra, medio por el cual se expresa, es observada en relación con eI contenido que encierra. El aforista sostiene que las palabras son siempre las mismas y que son ellas Ias que duran; sin embargo, aquello que dicen nunca es lo mismo, y lo que dicen no dura.
Dios, los hombres, el amor, el desdén, el bien, el mal, la fe y el escepticismo son algunos de los temas abordados en estos aforismos que tuvieron resonancia en el ambito literario extranjero de su tiempo.

En Argentina y el exterior

La obra de Porchia aparece en el estudio de Daniel Freidemberg sobre la poesía del cincuenta. En esas páginas, eI ensayista describe al ítaloargentino como “una soIitaria figura que, por edad y por la publicación de su unico Iibro (Voces, 1943) es muy anterior: eI inclasificable aforista Antonio Porchia (1886-1968), autor de brevísimas reflexiones donde los más severos mecanismos intelectuales desatan vertiginosas indagaciones. no ajenas a la concepción de lo ’surreal’, tal como lo entendieron los fundadores de ese movimiento”.
A criterio de sus editores, la atención que Ie dispensaron personalidades foráneas hizo que la obra de Porchia alcanzara una relativa difusión: “el espaldarazo de Andre Breton (y el de Roger Caillois) promovió el reconocimiento de Porchia en su propio país”.
Roger Caillois tradujo este libro al francés en 1949; el aforista se lo había dedicado. Por su parte, Andre Breton afirmó, en su libro Entretiens 1918-1952: “Debo decir que el pensamiento mas ductil de expresión española es, para mí, el de Antonio Porchia, argentino”.
La obra fue editada en reiteradas oportunidades, en castellano y también en otros idiomas. En Belgica, en 1962, el aforista fue incluido por Femand Verhesen en una selección de autores argentinos que tradujo al francés con el titulo de Poésie vivante en Argentine. No obstante -afirma Alberto Luis Ponzo-, el escritor no era conocido en España.
Voces tuvo también ediciones en América del Norte. En Estados Unidos, W. S. Merwin tradujo y publicó en 1969 una selección a la que tituló Voices. En el prólogo que encabeza este libro, refiriéndose a algunos aforismos, encuentra que tienen estrechas afinidades con frases de las escrituras budistas y taoístas, mientras que otras no sólo recuerdan a Kafka, sino también a Lichtenberg y a Blake.
El libro de Porchia cumplirá en 1993 sus primeros cincuenta años de vida. Estimamos que es una ocasión propicia para que quienes no conocen la obra de este ítaloargentino se beneficien con Ia lectura del magnífico texto, al que siempre se recurre en procura de orientación y goce estético.

Inmigrantes y Exiliados Destacados

MONSEÑOR LEOPOLDO BUTELER

23ea389e141954c650a08ce133dfde45.jpgPrimer Obispo de la Diócesis de la Villa de la Concepción de Río Cuarto, por Ignacio M. Costa. Río Cuarto, Fundación ICALA Intercambio Cultural Alemán-Latinoamericano, 2004.

El presente trabajo ofrece una vision del pensamiento y de la obra del primer Obispo de Rio Cuarto, Monseñor Jose Leopoldo Buteler (1882-1961) durante los 26 años de Pastor de esa Diocesis (1935-1961).
Despues de una primera parte en que se reseñan algunos antecedentes de esos años (nacimiento, sacerdocio, parroco, Obispo Auxiliar de Cordoba) se entra de lleno en su obrar pastoral, articulado en cuatro objetivos principales de su episcopado: la Obra de las Vocaciones Eclesiasticas (OVE) y Seminario, Misiones Populares, Catecismo y Accion Catolica, divididos en dos periodos de diez años (1935 a 1945 y 1946 a 1956).
Finaliza el trabajo con una Miscelanea, en la que se alude, entre otros temas, a la Juventud Obrera Catolica, los Protestantes, la única Visita ad Limina y los últimos momentos de su vida.
En resumen, es una cronica diocesana que abarca desde 1931 a 1961, y que tiene como protagonista a Monseñor Leopoldo Buteler.

Acerca de los antepasados del Obispo, escribe Costa:
“Nicolás, tercer hijo del segundo matrimonio de Williams, se trasladó a América, pero no dejó descendencia en la Argentina. Este Nicolás, en 1714, suscribió una representación ante el Rey de España, junto a otros 127 notables, residentes y comerciantes de Buenos Aires. Fue él también el que firmó por primera vez su apellido en forma castellanizada: BUTELER. Veinte años después, James Diego, antepasado como el anterior de Monseñor José Leopoldo, sexto hijo del segundo matrimonio de Williams, se estableció en la Argentina y desde su llegada firmó también Buteler.
(…)
Del matrimonio de James Diego y Vicenta nacieron seis hijos, entre ellos, en 1784, Diego (los “Diego” se siguen sucediendo en la familia Buteler) quien se casó en 1819 con Lucía Martínez de Betancur y Berton (hija de Ignacio Martínez y Rosa Berton), abuelos de Leopoldo”

646de8f990d2047c91746c025df3763e.jpgIgnacio Miguel COSTA. Nacio en Ucacha (Provincia de Cordoba) el 1 de Junio de 1932. Curso estudios de Humanidades, Filosofia y Teologia en el Seminario de Rio Cuarto (1944-55). Ordenado sacerdote el 24 de Septiembre de 1955, se desempeñó como Parroco de Las Higueras (Cordoba).
Profesor (1976) y Licenciado en Historia (1990, Universidad Nacional de Rio Cuarto), ha sido docente de “Historia de la Iglesia” en el Seminario Mayor Jesus Buen Pastor de la Diocesis de Rio Cuarto. Ha participado en Cursos en el Instituto Catequistico Latinoamericano, Santiago de Chile (1962), y en el Centrum Internationale pro Sociali Institutione Cieri, Roma (1965-66).
Ha realizado investigaciones con una Beca de la Fundacion ICALA (Intercambio Cultural Aleman-Latinoamericano) en los Archivos del Vaticano, ltalia. Ha participado en Seminarios y Jornadas nacionales e internacionales relacionados con la Historia de la Iglesia y la Historia regional. Desde 1983 es Asesor Teologico y Miembro del Consejo Directivo de la Fundacion ICALA y, desde 1993, Miembro de Numero de la Junta Municipal de Historia de Rio Cuarto.
Entre sus obras figuran: Las Reducciones del Espinillo. Reseña historica de la localidad de Reduccion en la Provincia de Cordoba. Rio Cuarto. Ediciones del ICALA. 1991; Reduccion y el Cristo de la Buena Muerte. Reseña historica del Santuario del Cristo de la Buena Muerte. Rio Cuarto. Ediciones del ICALA. 1992; “Leopoldo Buteler, un evangelizador del Siglo XX”. QUARTO RIO: Rev. de la Junta Municipal de Historia. Año 1. Num. 1 (1966). Pags. 44-74; “El ferrocarril entre Villa Maria y Rio Cuarto y la construccion de la estacion de Las Higueras”. QUARTO RIO. Año 2. Num. 2 (1997). Pags. 64-74.

gentileza de Eduardo Tyrrell

Inmigrantes y Exiliados Destacados

Lunas eléctricas para noches sin luna

por Belén Gache

reseña en el gRillo – Revista de Cultura – Año 14, Nº 40, Marzo – Abril 2005

Inmigración y Literatura

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