Colectividades Argentinas

historia y actualidad

 

Archivo de Julio, 2000

LA OTRA BUENOS AIRES

por Delfin Leocadio Garasa. Buenos Aires, Editorial Sudamericana-Planeta, 1987. 464 páginas.

Numerosos escritores y artistas rindieron su homenaje a las pintorescas calles de Buenos Aires. En un libro escrito a mediados de siglo, Manuel Mujica Láinez decía que las ciudades europeas -que tan bien conocía- aventajaban a la capital en historia y en belleza estética; ellas le despertaban la admiración de algo perfecto, concretado a través de siglos de paciente labor. La urbe, en cambio, presentaba un encanto distinto: el encanto de lo que se está formando, la fuerza de un dinamismo que la extiende a lo ancho y a lo alto.
En este crecimiento, obviamente, algo permanece y mucho desaparece. La piqueta del progreso echa abajo rincones de nuestro pasado, dando lugar a plazas, a importantes avenidas, a poderosos rascacielos. Buenos Aires no fue fundada, como las ciudades del Viejo Continente, con material extraido de las canteras, sino de los pisaderos de barro; éste parece ser su destino: cambiar contínuamente, rehuir los siglos y su tradición.
Frente a la ausencia de elementos físicos que aseguren la perdurabilidad de sus paisajes, Garasa presenta la indudable presencia de un “material” mucho más duradero: los hombres que la amaron y su memoria. Recorriendo sus escenarios -afirma- logra adentrarse en “otra” ciudad, signada por la permanencia. Poetas, narradores y ensayistas, dramaturgos apasionados por la urbe, dejaron en sus obras el fiel testimonio de un pasado que no debe perderse, pues forma parte de nosotros mnismos. Al recomponer este “mapa literario” de Buenos Aires, arriba a una gozosa conclusión: “Comprendí así -nos dice- que aquello que no había podido hacer la piedra recia inexistente, lo hacía la palabra en apariencia tan tenue y etérea y, sin embargo, capaz de aprisionar el suceder y el sentir porteños, en la permanencia de su fugacidad y en la íntima unidad de su proteísmo”.
El dinamismo de la ciudad de barro, la fugacidad de sus construcciones, son la contrapartida de un espíritu enamorado que aúna a quienes hicieron transcurrir en ella sus obras más importantes. En una labor de investigación encomiable, el crítico ha reunido los testimonios de literatos ligados a ella por los acontecimientos que la tuvieron por escenario, por la sangre de sus antepasados que, en no pocas oportunidades, contribuyeron a engrandecerla con sus gestas patrióticas.
Veintisiete capítulos se refieren a otras tantas zonas de la urbe. No se restringe Garasa al centro porteño; en su estudio encuentran lugar también La Boca, Barracas, Mataderos y Liniers, entre otros, los cuales son asimismo, objeto de la evocación de los escritores consultados. Con estos testimonios logra elaborar una historia que describe los barrios desde su surgimiento a la actualidad. De modo que al interés literario -que es mucho- , agrega la obra su didactismo histórico, que la hace apta para el público que quiera adentrarse en la historia de una ciudad y, al mismo tiempo, en los hechos más significativos de nuestro surgimiento como nación.
Porque, en verdad, literatura y vida van de la mano; los bellos rincones -a veces señoriales; otras, francamente populares- nos retrotraen a un ayer que nos marca, aún hoy, con sus peculiaridades, a un ayer del que somos herederos. Esta afirmación se encuentra corroborada en capítulos como “Plaza de Mayo”; en las primeras páginas, domina las plaza el imponente Fuerte que, tras sucesivas reformas, “cedió paso al ‘rubor suave’ de la Casa Rosada, como dice Baldomero Fernández Moreno”. La evocación se prolonga, recordando afamadas plumas, hasta llegar a las palabras de Julio Cortázar, quien nos remite a nuestro presente.
La obra de Garasa es sumamente enriquecedora: su labor de investigacion es a todas luces exhaustiva, ya que, además de conocer a la perfección cuanto se escribió sobre el tema, ha realizado un aporte personal al mismo. El lector se encontrará con un relato ágil, pleno de anécdotas, que le permitirá participar de un pasado que nos pertenece, tanto a porteños como a nacidos en otras localidades. Al final del volumen, un índice onomástico -que incluye nombres de la talla de Jorge Luis Borges, Horacio Quiroga y Ernesto Sábato- facilitará la tarea de quienes lo utilicen como libro de consulta.

(LA CAPITAL, Rosario, 5 de julio de 1987)

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