La Novela Histórica

La participación de la Historia en la Literatura o la literatura en la historia

 

Archivo de Septiembre, 2010

Astucia. El Jefe de los Hermanos de la Hoja.

La novela histórica costumbrista.

Luis G Inclán autor de esta novela histórica costumbrista, parte histórica y parte de ficción: nace el 21 de junio de 1816, en el rancho de Carrasco, perteneciente a la Hacienda de Coapa, municipio de Tlalpan. Para los que conocen la ciudad de México, se encontraba en la Avenida de Insurgentes y el Anillo Periférico, en el sur de la ciudad. En esa misma fecha se inició la publicación del “Periquillo Sarniento”, la primera novela escrita en el Nuevo Mundo, Morelos ya había muerto y el movimiento Insurgente se encontraba a la deriva.
Su madre fue una mulata llamada Rita Goicochea y su padre el Administrador de la Hacienda de Narvarte de nombre José María Inclán. Sus primeros estudios los hizo en la Escuela Real y posteriormente en el Seminario Conciliar, estudia latín y filosofía. Al no ser de su agrado los estudios, se fuga del seminario.
Después de la fuga, habla con su padre sobre sus deseos de convertirse en ranchero, este lo envía a trabajar con un enérgico y rico latifundista del valle de Quencio, en la Tierra Caliente de Michoacán. Inclán se enamora del lugar, al grado de hacerlo el escenario de su novela, en el suceden todas las aventuras de su héroe, Lorenzo Cabello; El Coronel Astucia, Jefe de los hermanos de la hoja o los Charros contrabandistas de la Rama.
Cinco años después de trabajar en la Tierra Caliente, regresa a vivir al rancho de Carrasco y se hace cargo de la administración de las haciendas de Narvarte, La teja, santa María, Chapingo y Tepentongo, así como de la plaza de toros de México y Puebla. Compra el rancho de Carrasco y se casa en 1837  A la muerte de su primera esposa, se vuelve a casar en 1842
Durante la invasión norteamericana sufre la destrucción de sus propiedades y a consecuencia de ello, se traslada a la ciudad de México, para subsistir se contrata como cobrador de alquileres. Cuando al fin logra vender lo que le queda de su rancho de Carrasco, con el producto de la venta, compra una pequeña imprenta que instala en la calle de León 5 cerca de santo Domingo 12 y un taller de litografía situado en la calle de san José del Real 7, en donde imprimía estampas religiosas.
Carlos González Peña el primer critico del jefe de los hermanos de la rama, lo describe, pero nosotros podíamos imaginarnos a Lorenzo cabello, el coronel Astucia, en esa descripción. González Peña dice: “magro y cargado de espaldas, moreno, de ojos pequeños, negros y vivos (…), de gran nariz, cejas amplias y bien diseñadas, dilatada y (…) sonrisa campechana y cazurra del ranchero, bigote y mentón afeitado y barba recortada a la usanza de los charros que” hemos visto, en los viejos grabados del siglo XIX.
En Astucia sus personajes se desplazan en caballo, mula o a pie; se hablan, se informan, espían y son fieles a su palabra. Todo esto dentro de un ambiente casi familiar, surgido de un México rural y ajeno a cualquier problema político. Para ellos, su ambición es vivir una vida simple, sin problemas cos sus vecinos y menos con la autoridad y las leyes que representan.
La necesidad de los charros de ganarse la vida comerciando hojas de tabaco, que la ley los obliga a pasar por las aduanas y en donde dejarían sus ganancias en el pago de los derechos. Los obligan a evitarlas y por tanto ponerse fuera de la ley. De esa forma, muchos otros dedicados a esta actividad, tienen también que contrabandear el producto. Pero a diferencia de otros delincuentes, los charros se rigen por un código de honor, que prefieren morir que faltar a él.
Inclán nos cuenta en su novela: las aventuras que corren los charros contrabandistas de la rama para cruzar la sierra, los valles y los ríos, para cumplir con su palabra de llevar a buen termino su promesa. Evadiendo al mismo tiempo las aduanas y a la autoridad. También nos cuenta cuales son sus legitimas ambiciones de lograr su emancipación económica y social. Ya que en esencia, lo que desean es comprar y vender el tabaco, ser dueños de sus caballos y de sus mulas, en las cuales transportan su mercancía. Y si tienen algo de suerte, tener al final de su vida un capital suficiente para comprar un pequeño rancho y pasar sus últimos años, en compañía de su familia.
No debemos de olvidar que son los primeros años después del fin de la guerra de independencia y en donde se esta decidiendo el destino de la nación: el fin de la cultura novohispana y la creación de una nueva basada en la propiedad privada, el deseo de lucro y de una industria capitalista, que arrasa a todo pequeño propietario, sumiéndolo en la miseria.
Esta lucha entre los dos sistemas de producción son ajenos para Astucia y sus compañeros, para ellos la lucha se limita a combatir la injusticia en la cual se desarrolla su vida diaria. Tampoco Inclán, entra en detalles sobre los problemas que sufre el país, y se contenta en seguir una línea argumental que lo mantiene fiel al ritmo de la naturaleza.
Inclán no es un hombre de letras, sino un simple impresor, que se pasa tiempo en su taller. De su preparación literaria podemos decir que es casi nula.     En 1889, Luis González Obregón comenta sobre la obra que nos ocupa: “aunque mucho deja que desear esta novela, es, sin embargo, interesante desde el punto de vista histórico”.
A pesar de todo esto, vale la pena leer la novela, nos narra una vida de un México pasado, por medio del cual, podemos conocer sus costumbres, sus deseos y ambiciones. Inclán nos dice, en su prologo de su obra: “es la simple relación de los acontecimientos que le fueron relatados por el coronel Astucia”, muchos años después que estos sucedieron. Cuando la pasión del vivir, se han convertido en un lejano recuerdo, en tristezas y alegrías marchitas en el corazón.
En 1865, se publica: “Astucia, Jefe de los Hermanos de la Hoja o Los Charros Contrabandistas de la Rama”, con la autorización del emperador Maximiliano, en base a los artículos 2º y 8º de la Ley de 3 de diciembre de 1846; en dos tomos, ilustrados con estampas e impresas en el taller del autor. Que disfruten su lectura, les dejara un buen sabor de boca y un conocimiento más amplio sobre la historia y las costumbres mexicanas de la primera parte del siglo xix. Costumbres que no variaron gran cosa, en la segunda parte, por lo menos hasta 1880
Bibliografía.
El comentario se hizo en base al Prólogo histórico de Felipe Garrido.
Inclán, Luis G. Astucia, El jefe de los Hermanos de la hoja o los charros contrabandistas de la Rama. Prólogo de Felipe Garrido. Promociones Editoriales Mexicanas. México 1979 Colección de Letras Mexicanas. Pág. 638 +XXVI
©Humberto Miguel Jiménez 2010
jimenez_humberto@prodigy.net.mx
Tlalnepantla de Baz. México.

Crítica

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