La Novela Histórica

La participación de la Historia en la Literatura o la literatura en la historia

 

Archivo de Octubre, 2009

Arte Comunicarte

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Distinciones

Directorio Cultural Hispanoaméricano

Hemos sido selecionados para formar parte en los registros del Itinerario, Directorio Cultural de Hispanoaméricano de Letralia. Tierra de Letras a partir del 5 de octubre de 2009

Itinerario, directorio cultural de Hispanoamérica

Distinciones

“Los últimos días de Pompeya”. Una crítica de Héctor Zabala

Nuestro colaborador de Buenos Aires, Argentina, Héctor Zabala, nos ha enviado una crítica de la obra de Edward George Earl Bulwer-Lytton. “Los últimos días de Pompeya”. Escrita en el año de 1834 . La novela de Bulwer es un ejemplo de lo que no se debe hacer cuando se escribe una novela histórica. Como ustedes se darán cuenta como se vaya desarrolla la crítica, que Bulwer se sentó a escribir sin tener toda la documentación necesaria sobre el hecho histórico, en este caso: los días anteriores a la erupción del Vesubio que sepulto bajo su lava y cenizas a Pompeya. Demos ahora paso a nuestro colaborador:
“Los últimos días de Pompeya” es una obra de género realista; entendiéndose por tal a toda creación literaria que busque respetar las leyes naturales.
“La novela intenta mostrarnos cómo era la vida de los antiguos romanos. La trama y el desarrollo son buenos, aunque por momentos el relato se torna un tanto pesado, cosa no necesariamente atribuible a la manera de escribir del siglo XIX; máxime que para 1834, época en que fue escrita, ya había literatos de pluma muy grácil como Edgar Alan Poe, sólo por dar un ejemplo.
Pero más allá del estilo del autor, que fue objeto de crítica por muchos, he hallado varias inexactitudes en esta obra de Edward George Bulwer-Lytton, cuya historia se desarrolla en Pompeya (Campania, Italia) durante el año 79 de nuestra era. El 24 de agosto de ese año la erupción del Vesubio destruiría esa ciudad junto con la de Herculano.
Estas inexactitudes deberían servirnos de alerta sobre el peligro que corre un autor que intenta una novela histórica o de trasfondo histórico sin estar suficientemente informado.
Las inexactitudes de la obra:
1) “–Apaecides –dijo, haciendo un gesto rápido con las manos, que era la señal de la cruz.” (Libro I, capítulo VIII)
El texto no expresa con claridad si… Olintho hace la señal de la cruz en dirección a Apaecides o si la hace para sí, (en ambos casos) estaría fuera de contexto histórico (los primitivos cristianos no la practicaban)… La primera referencia a la señal de la cruz data recién del año 230 y la debemos a Tertuliano. No hay constancia histórica de que los cristianos de los dos primeros siglos utilizaran ese rito, introducido tardíamente en el cristianismo… esto (ocurrió) en el siglo III, nunca tan temprano como a fines del siglo I, época en que se sitúa la novela.
2) El egipcio Arbaces, sacerdote de Isis, trata de convencer a su discípulo Apaecides de que el cristianismo es un plagio:
“–Esa fe –comenzó – es un plagio extraído de una de las muchas alegorías inventadas por nuestros sacerdotes antiguos. Observa –añadió, señalando un rollo de pergamino – en estas viejas imágenes el origen de la Trinidad cristiana. Ahí tienes representados tres dioses: Dios, el Espíritu y el Hijo.” (Libro II, capítulo IV).
La comparación con el misterio de Osiris es muy ingeniosa, pero el inconveniente estriba en la palabra Trinidad y en la idea misma. El término Trinidad no se encuentra en la Biblia, por lo que es muy improbable que los primitivos cristianos conocieran la idea. De hecho la palabra es de origen latino… Además la Trinidad no fue establecida como doctrina cristiana en el siglo I sino mucho después… la realidad histórica determina que el tema fue planteado por diferencias doctrinarias… en el siglo IV y… (Se) necesitó (de) un emperador pagano  Constantino I, el Grande, ordenara un concilio para decidir sobre la naturaleza de Dios… Fue en el Concilio de Nicea (año 325)… En el siglo I, época en que se sitúa la novela, ni siquiera se había planteado el asunto, razón por la que el egipcio Arbaces no habría podido decir lo que está entrecomillado.
3) El autor narra una reunión de cristianos a la que asiste Apaecides en calidad de observador o de curioso, conducido por Olintho:
“La puerta se abrió. Doce o catorce personas se sentaban en un semicírculo, en silencio, al parecer absortos en sus pensamientos; en la pared opuesta se veía un crucifijo toscamente tallado en madera.
Cuando Olintho entró, levantaron todo el cabeza sin pronunciar palabra. El propio nazareno, antes de aproximarse a ellos, se arrodilló súbitamente, detuvo su mirada en el crucifijo y comenzó a mover los labios, dando a entender a Apaecides que estaba orando. Realizado este rito, Olintho se dirigió a la congregación…” (Libro III, capítulo III).
El origen del crucifijo data del siglo VI y ni siquiera se conoció inmediatamente en territorio italiano, pues su creación se debe a artistas bizantinos muy posteriores a la caída del Imperio Romano de Occidente. No hay ningún objeto de este tipo de los siglos I al V hallado por los arqueólogos ni tampoco referencia bibliográfica alguna de que tal objeto se usara antes del siglo VI.
En cuanto a la cruz como símbolo (sin la representación del cuerpo de Jesús de Nazaret) data de época menos tardía (siglo III o IV), pero muy posterior al año 79 en que se sitúa la novela…
5) Un diálogo entre un viejo cristiano, Medón, y el recién bautizado Apaecides se desarrolla en parte así:
“– ¿Es cierto, como dicen, que tú viste el rostro de Cristo? [Dice Apaecides]… –En la ciudad de Naím, en la lejana Judea, vivía una viuda, pobre de espíritu y de corazón… El hilo que unía a la mujer con la vida (su hijo) quedó roto y el aceite se secó en las vasijas de la viuda. Colocaron el cadáver en el féretro y, ya cerca de las puertas de la ciudad… el silencio prevaleció sobre los lamentos funerarios, porque el Hijo de Dios pasaba por allí… el Señor se apiadó de ella, tocó con sus manos el féretro y dijo ‘Levántate y anda’. Y el muerto resucitó y vio el rostro del Señor… Me levanté y hablé. Estaba vivo y me lancé a los brazos de mi madre. Sí, yo era un muerto redivivo…” (Libro IV, capítulo IV). La narración es muy conmovedora y repite parte de lo dicho por el discípulo Lucas en el capítulo 7 de su evangelio (pero) no nombra a ningún Medón)… Naím no quedaba en Judea. La aldea de Naím  estaba en Galilea, a muy corta distancia de Nazaret. Para llegar a Judea, había que atravesar todo el distrito de Samaria… también  (es) inconcebible, es que el personaje habla de los pergaminos de los Apóstoles. Éste es un error que tampoco hubiera podido cometer un cristiano del primer siglo, versado en las escrituras. La anécdota de la viuda de Naím sólo se encuentra en el evangelio de Lucas, pero Lucas no fue apóstol de Cristo. Era un médico, discípulo cristiano como tantos, pero nunca apóstol… La aldea de Naím (o Naín o Nein) todavía subsiste. Se encuentra a unos 10 Km. escasos al sudeste de Nazaret.
Si deseas tener el ensayo completo sobre “Los últimos días de Pompeya” de nuestro colaborador, envíanos un correo-e a nuestra dirección y te lo enviaremos por la misma vía:
Jiménez.humberto@prodigy.com.mx

© Humberto Miguel Jiménez 2009

Crítica

El Contenido de la Novela Histórica

El arte es una de las representaciones de la conciencia social, es una de las formas por el cual el hombre conoce la realidad. Es una forma de conocimiento y de interpretar a la realidad.
La obra literarias en la forma más acabada de los valores, ideas y de los intereses del escritor. Por media de ella el escritor y por lo tanto el hombre, puede reconocer cada una y todas las formas en las cuales la realidad se puede manifestar. Esta manifestación se presenta en dos formas, una objetiva, que es la realidad (el hecho histórico o parte de él) y de la cual, el escritor elige, selecciona y refleja una parte de esa realidad. La otra es la parte subjetiva, o la forma que el escritor ha seleccionado para presentar el hecho histórico a través de la ficción, sin separarse de la realidad.
El autor debe de reconocer que la meta de su obra debe de ser un reflejo objetivo y verdadero de la vida o del acontecer histórico que se relata, que el contenido que habrá de imprimirle a su obra, será el factor primario y determinante de su trabajo.
Toda obra literaria esta siempre precedida por una idea, es decir, lo que el escritor quiere o intenta expresar. En este proceso la idea existe a través del tema, o lo que el escritor quiere comunicar. Desde luego, esta expresión de una idea, no puede ser manifestada en forma abstracta sin tener un tema, ya que este representa la parte del hecho histórico que quiere el escritor tratar y deberá manifestarse por medio de pasos lógicos y convincentes.
El proceso de la creación se inicia con el deseo de resolver algún problema, sin importar los motivos o las razones que tiene que el escritor para enfrentarlo y resolverlo. Este proceso continúo esta delimitado por el hecho histórico. Por ejemplo: el autor tiene la intensión de enfrentarse al hecho del inicio de la guerra de independencia de la Nueva España, pero solo le interesa lo referente a la toma de la Alhóndiga de Granaditas, por las fuerzas que dirigían Hidalgo y Allende; ya fuera desde el punto de vista de los insurgentes, o de los españoles que se refugiaron en el lugar, o de ambos.
El escritor de esta manera ha definido su problema de creación. El siguiente paso para resolverlo, será proceder a recabar la información que sea necesaria para tener una idea clara de lo sucedido. Esto le permitirá constituir una figura o una imagen, con características propias pero apegadas a la realidad de lo acontecido. También le permitirá definir en que partes de su obra entra la parte histórica y en donde la ficción. Desde luego el impulso creador deberá estar  balanceado entre el impulso objetivo (hecho histórico) y el impulso subjetivo (la ficción), sin que ni uno ni el otro se sobreponga, sino buscando siempre el equilibro lo más equitativo posible. Ya que si la parte objetiva domina se volverá un texto de historia, y si es dominado por la parte subjetiva, será una obra de ficción, pero en ninguna de los dos casos, será una novela histórica.
En el desarrollo de la creación literaria el escritor deberá tener cuidado en respetar la época escogida, la forma histórica concreta, los hechos y sujetos que actúan en ella, sin olvidar la modalidad de las relaciones sociales y de producción, imperantes en la época seleccionada, lo que le permitirá poder estructurar su obra positivamente y resolver los problemas que surjan durante el proceso creativo, sin divorciar a los personajes reales o ficticios, de la realidad histórica en donde interactúan.
El trabajo del escritor no consiste solamente  en la búsqueda y el descubrimiento de los diversos problemas. Sino que debe de reconocer sobre todo la esencia del problema y lo que representa; su origen y el porque de su existencia. Al plantearlos el escritor en su obra, debe de tener como fin  el exponerlos y presentar una resolución.
Si el escritor logra reconocer la esencia del problema y sabe expresarlo, descubrirá al mismo tiempo el camino a seguir para darle una solución. Porqué todo problema artístico o literario, es una contradicción, es algo dual. También este descubrimiento le permitirá tomar partido para seleccionar la forma de abordarlo y desde cual perspectiva es la más adecuada, y desde ese punto de vista, abordarlo en su totalidad.
Desde luego los problemas no podrán ser abordados en forma abstracta o con pensamientos puros. Sino siembre en forma concreta y responsable, sin dejar de lado el instinto y la intuición. Sin olvidar que el pensamiento de cada escritor presenta características propias. La obra resultante deberá de tener acción y dinámica propia, de esa forma obtendremos un plan general de la obra a escribir. Y dedicarnos en base a ese plan a la creación de la estructura dramática y al desarrollo de los personajes.
Goded dice en su obra (1): “El método quedará subordinado a las necesidades de expresión siempre nuevas y cambiantes. La creación artística parte de la realidad y no de las ideas, de la vida y no de las abstracciones”

(1)Goded, Jaime. Los problemas dramáticos del guión cinematográfico. UNAM. Dirección General de Difusión Cultural. México 1969 Textos de cine 2 Pág. 102

© Humberto Miguel Jiménez 2009

Teoria
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