La Novela Histórica

La participación de la Historia en la Literatura o la literatura en la historia

 

Todo el domingo

Los domingos son para dormir y quedarse en la cama hasta que el sol rebote en el otro lado de la casa.

Y cuando Uka María llega y abre las cortinas, deseo una gran tormenta este cayendo y no un sol brillante y un cielo despejado se me estrelle en la cara.

Me meto el pantalón del día anterior, me pongo una blusa blanca y las zapatillas abiertas de medio tacón. Subo la bicicleta a la camioneta y durante tres horas veo pasar a mi hija por la pista del parque en compañía de sus amigas, mientras oigo a sus mamás quejarse de sus maridos sobre sus negocios. Lo que hicieron o dejaron de hacer durante la semana y en lugar de estar aquí aplastadas, deberíamos estar tomando una copa de vino con alguien rico, amable, apuesto y muy cariñoso.

Cuando al fin regresamos a casa y logro guardar la bicicleta y Uka María corrió a buscar a su nana para pedirle el desayuno. Me dirijo a mi habitación, no pienso en desvestirme, al fin no traigo nada abajo, tan sólo botare las zapatillas y a dormir el resto del día. No para eso se inventaron los domingos, incluso, el Señor descanso al séptimo día de la creación.

Cuando cruzo por la sala con las zapatillas ya desabrochadas y casi descalza, alcanzo entresueños a ver a Héctor, sentado en la terraza tomando, tiene la botella y dos vasos llenos. Al verme, se levanta y me estira el brazo invitándome a reunirme con él. Viste un pantalón de casimir gris perfectamente planchado, camisa azul sin corbata y las mangas dobladas hasta el antebrazo.

Me acerco a él, medio dormida. Me toma con su brazo derecho y me besa, siento el vaso frio de su bebida en el hombro mientas me arrejunta contra él, soplo aire por el apretón.

Me cuelgo de su cuello. Una calidez agradable me recorre todo el cuerpo. Comienzo a temblar como una hoja arrullada por el viento en una calurosa tarde de verano. Un sopor me invade todo mi entendimiento. Tiemblo como quinceañera en su primera cita. Me desabrocha los dos primeros botones de la blusa y deja a la vista, una buena parte de mis senos, que tanto le gustan. Reciben por primera vez en el día, la luz del sol. Eso me obliga a ir tres veces al gimnasio, para mantener el busto firme, mis posaderas arriba y la línea circular del estomago lo más recta posible.

Su mano cálida y delicada me recorre mi espalda lentamente, desesperadamente lenta; siento su calor únicamente separado por la tela de la blusa. Cuando su mano llega a la cintura, comienzo a respirar de forma agitada y el corazón a latir como caballo desbocado. Su mano derecha recorre mi trasero suave y delicadamente, una, dos, tres veces; mientras su mano izquierda me toma por la cintura y me arrejunta contra él, y luego me levanta, apenas puedo respirar y siento como desde mis entrañas, soy trasporta hasta los cielos. Él, al enderezarse para arrejuntarme, me levanta haciendo volar las zapatillas, como pelota de beisbol. Logro colocar mis pies sobre su empeine y siento con mis dedos sus agujetas, perfectamente atadas. Lo abrazo con todas mis fuerzas por el cuello, mientas le digo al oído: “Sin ti, mi vida ya no es vida”. Contigo mí amor, hasta la perdición. No veo ya nada, empiezo a viajar en un espacio llenó de luces brillantes y multicolores.

En ese momento llega Uka María diciendo:

—Dice Anne Marie: “ya esta el desayuno, que se vengan, sino se va a enfriar”.

Y volviendo a la realidad nos encaminamos al desayunador, cada uno con un baso en la mano, lleno de jugo de naranja.

— ¿Cómo vas en el colegio? –Le pregunto Héctor a Uka María.

— ¡Bien! –Fue la respuesta–. Verdad mamá. –Yo sólo afirmé con la cabeza y de seguro mi cara reflejaba la gran desilusión, la sentía hasta lo más hondo de mi ser. Héctor me había tomado por la cintura y sentía sus dedos cálidos bajo la blusa, por arriba del cinturón del pantalón, y yo, había recargado la cabeza sobre su hombro –. Saque diez en historia, ocho en matemáticas, nueve en literatura y un primer lugar en Artes.

— ¿Con cuál fotografía sacaste primer lugar? –Pregunto Héctor con gran satisfacción y entusiasmo.

—Te acuerdas. Me ayudaste a tomarla. La de las escaleras mojadas de la fuente, porqué habían apagado la bomba y las aguas sobrantes se escurrían por ellas. Y los rayos oblicuos del sol de invierno, se reflejaban sobre ellas, produciendo una gamma desde los negros hasta los blancos, me dijiste; pasando por los grises y los plateados. Te acurdas, me indicaste desde cual ángulo debía de tomarla para captar todos esos tonos y como realizar la toma. Pon tu cámara en manual, me indicaste, toma la medición de la luz de los grises medios y compensa los grises oscuros con poca textura, cerrando tú diafragma dos pasos o incrementa la velocidad dos veces. Y así lo hice.

—Sí. Ya recuerdo. ¿Y qué hiciste después?

—Revele el rollo a la temperatura de siempre, le di más tiempo de revelado y lo agitaba tres veces cada minuto. Cuando la amplié la fotografía a cuarenta por cincuenta centímetros, busque el gris más oscuro, antes del negro absoluto en la tira de pruebas, y luego, lo compare con el negativo. –Héctor afirmo con la cabeza–. Y le di la exposición marcada. Y la copia resultante la revele normal, lavándola hasta eliminar totalmente los residuos del fijador. La seque y la monte.

— ¿Y en dónde esta ahora? –Pregunto Héctor con gran animación.

—Esta en exhibición en la escuela. En la galería del taller de artes. Y hoy es el último día. Y mañana termina la exposición y las devuelven.

— ¿Y podemos ir a verla?

— ¡Claro!

—Entonces. Desayunemos y vámonos a ver ese primer lugar. ¿Qué te parece?

—Sí. –Grito Uka María y pasamos al desayunador. ¿Quién dijo, los domingos son para descansar? Había quedado en completo abandono por una fotografía ganadora del primer lugar, entre trecientas fotografías participantes. Lo único alentador era; la fotografía pertenecía a mi hija y la esperanza, de que Héctor, como el león, se quedara a dormir esta noche en casa.

© 2012 Humberto Miguel Jiménez

Narración

Primer número de SOMOS ESPEJOS.

Acaba de publicarse el primer número de la revista de literatura “Somos Espejos”, bajo la dirección del escritor Argentino Gonzalo Salesky. Se trata de una revista digital de distribución gratuita. A diferencia de otras publicaciones de este tipo. “Somos Espejos”, sobre sale de las demás por su fina y austera edición, pero no por ello menos profesional.
En esta ocasión nos presenta la participación de 29 poetas y narradores de ambos continentes (Argentina, Brasil, Cuba, México, Venezuela, España, Escocia entre otros). Nos deleitan con poesía y narrativa y unas esplendidas fotografías.
Por lo cual, vale la pena acceder al blogs de donde podemos descargar el número completo de la revista “Somos Espejo” y comenzar la colección de esta excelente revista. Para ello tan solo debemos hacer clic aquí: SOMOS ESPEJO.
Los editores agradecerían de antemano, cualquier comentario que permitan mejorar la Revista.

Publicación

Astucia. El Jefe de los Hermanos de la Hoja.

La novela histórica costumbrista.

Luis G Inclán autor de esta novela histórica costumbrista, parte histórica y parte de ficción: nace el 21 de junio de 1816, en el rancho de Carrasco, perteneciente a la Hacienda de Coapa, municipio de Tlalpan. Para los que conocen la ciudad de México, se encontraba en la Avenida de Insurgentes y el Anillo Periférico, en el sur de la ciudad. En esa misma fecha se inició la publicación del “Periquillo Sarniento”, la primera novela escrita en el Nuevo Mundo, Morelos ya había muerto y el movimiento Insurgente se encontraba a la deriva.
Su madre fue una mulata llamada Rita Goicochea y su padre el Administrador de la Hacienda de Narvarte de nombre José María Inclán. Sus primeros estudios los hizo en la Escuela Real y posteriormente en el Seminario Conciliar, estudia latín y filosofía. Al no ser de su agrado los estudios, se fuga del seminario.
Después de la fuga, habla con su padre sobre sus deseos de convertirse en ranchero, este lo envía a trabajar con un enérgico y rico latifundista del valle de Quencio, en la Tierra Caliente de Michoacán. Inclán se enamora del lugar, al grado de hacerlo el escenario de su novela, en el suceden todas las aventuras de su héroe, Lorenzo Cabello; El Coronel Astucia, Jefe de los hermanos de la hoja o los Charros contrabandistas de la Rama.
Cinco años después de trabajar en la Tierra Caliente, regresa a vivir al rancho de Carrasco y se hace cargo de la administración de las haciendas de Narvarte, La teja, santa María, Chapingo y Tepentongo, así como de la plaza de toros de México y Puebla. Compra el rancho de Carrasco y se casa en 1837  A la muerte de su primera esposa, se vuelve a casar en 1842
Durante la invasión norteamericana sufre la destrucción de sus propiedades y a consecuencia de ello, se traslada a la ciudad de México, para subsistir se contrata como cobrador de alquileres. Cuando al fin logra vender lo que le queda de su rancho de Carrasco, con el producto de la venta, compra una pequeña imprenta que instala en la calle de León 5 cerca de santo Domingo 12 y un taller de litografía situado en la calle de san José del Real 7, en donde imprimía estampas religiosas.
Carlos González Peña el primer critico del jefe de los hermanos de la rama, lo describe, pero nosotros podíamos imaginarnos a Lorenzo cabello, el coronel Astucia, en esa descripción. González Peña dice: “magro y cargado de espaldas, moreno, de ojos pequeños, negros y vivos (…), de gran nariz, cejas amplias y bien diseñadas, dilatada y (…) sonrisa campechana y cazurra del ranchero, bigote y mentón afeitado y barba recortada a la usanza de los charros que” hemos visto, en los viejos grabados del siglo XIX.
En Astucia sus personajes se desplazan en caballo, mula o a pie; se hablan, se informan, espían y son fieles a su palabra. Todo esto dentro de un ambiente casi familiar, surgido de un México rural y ajeno a cualquier problema político. Para ellos, su ambición es vivir una vida simple, sin problemas cos sus vecinos y menos con la autoridad y las leyes que representan.
La necesidad de los charros de ganarse la vida comerciando hojas de tabaco, que la ley los obliga a pasar por las aduanas y en donde dejarían sus ganancias en el pago de los derechos. Los obligan a evitarlas y por tanto ponerse fuera de la ley. De esa forma, muchos otros dedicados a esta actividad, tienen también que contrabandear el producto. Pero a diferencia de otros delincuentes, los charros se rigen por un código de honor, que prefieren morir que faltar a él.
Inclán nos cuenta en su novela: las aventuras que corren los charros contrabandistas de la rama para cruzar la sierra, los valles y los ríos, para cumplir con su palabra de llevar a buen termino su promesa. Evadiendo al mismo tiempo las aduanas y a la autoridad. También nos cuenta cuales son sus legitimas ambiciones de lograr su emancipación económica y social. Ya que en esencia, lo que desean es comprar y vender el tabaco, ser dueños de sus caballos y de sus mulas, en las cuales transportan su mercancía. Y si tienen algo de suerte, tener al final de su vida un capital suficiente para comprar un pequeño rancho y pasar sus últimos años, en compañía de su familia.
No debemos de olvidar que son los primeros años después del fin de la guerra de independencia y en donde se esta decidiendo el destino de la nación: el fin de la cultura novohispana y la creación de una nueva basada en la propiedad privada, el deseo de lucro y de una industria capitalista, que arrasa a todo pequeño propietario, sumiéndolo en la miseria.
Esta lucha entre los dos sistemas de producción son ajenos para Astucia y sus compañeros, para ellos la lucha se limita a combatir la injusticia en la cual se desarrolla su vida diaria. Tampoco Inclán, entra en detalles sobre los problemas que sufre el país, y se contenta en seguir una línea argumental que lo mantiene fiel al ritmo de la naturaleza.
Inclán no es un hombre de letras, sino un simple impresor, que se pasa tiempo en su taller. De su preparación literaria podemos decir que es casi nula.     En 1889, Luis González Obregón comenta sobre la obra que nos ocupa: “aunque mucho deja que desear esta novela, es, sin embargo, interesante desde el punto de vista histórico”.
A pesar de todo esto, vale la pena leer la novela, nos narra una vida de un México pasado, por medio del cual, podemos conocer sus costumbres, sus deseos y ambiciones. Inclán nos dice, en su prologo de su obra: “es la simple relación de los acontecimientos que le fueron relatados por el coronel Astucia”, muchos años después que estos sucedieron. Cuando la pasión del vivir, se han convertido en un lejano recuerdo, en tristezas y alegrías marchitas en el corazón.
En 1865, se publica: “Astucia, Jefe de los Hermanos de la Hoja o Los Charros Contrabandistas de la Rama”, con la autorización del emperador Maximiliano, en base a los artículos 2º y 8º de la Ley de 3 de diciembre de 1846; en dos tomos, ilustrados con estampas e impresas en el taller del autor. Que disfruten su lectura, les dejara un buen sabor de boca y un conocimiento más amplio sobre la historia y las costumbres mexicanas de la primera parte del siglo xix. Costumbres que no variaron gran cosa, en la segunda parte, por lo menos hasta 1880
Bibliografía.
El comentario se hizo en base al Prólogo histórico de Felipe Garrido.
Inclán, Luis G. Astucia, El jefe de los Hermanos de la hoja o los charros contrabandistas de la Rama. Prólogo de Felipe Garrido. Promociones Editoriales Mexicanas. México 1979 Colección de Letras Mexicanas. Pág. 638 +XXVI
©Humberto Miguel Jiménez 2010
jimenez_humberto@prodigy.net.mx
Tlalnepantla de Baz. México.

Crítica

La importancia de la investigación en la novela histórica.

En nuestros artículos anteriores, nos hemos referido a la importancia de realizar una verdadera investigación sobre el tema y la época en donde deseamos situar nuestro relato. De otra manera, caeremos en simulaciones o errores en cuanto a los sucesos y los hechos históricos acontecidos.
Como ejemplo de una investigación deficiente o aún carencia de ella, podemos encontrar una infinidad de novelas, todas ellas se dicen históricas y no alcanzan esa distinción. Para no resultar monótonos, pondremos unos ejemplos obtenidos en la novela de Jamake Highwater “El sol de muerte”, editado por Edivisión en el año de 1982
El autor ubica su novela en la época del Imperio Mexica, más exactamente,  antes de la llegada de los invasores españoles. Y nos describe la llegada de Nanahuatzin, su personaje principal, a la Ciudad de México Tenochtitlan.
Highwater nos dice al final de su página 14, por medio de su personaje: “A lo largo de sus riberas y entre flores y árboles se hallan asentadas las chozas de paja de los campesinos” Y más adelante continua la descripción de la ciudad: “van apareciendo entre el follaje los muros de adobe de las casas de gente más rica”. En contraste, los cronistas y estudiosos del tema, nos dicen como era la ciudad de México Tenochtitlan en el siglo xvi, fecha aproximada del relato: “Las casas de la gente baja (campesinos y artesanos) estaban hechas de adobe (…) y tenían azotea o terrado (…). Solían estar encaladas y las escasas puertas y ventanas cerradas con petate (…). Las casas eran bajas (…). Una excavación en el barrio de Atenantitlan (al noreste de la ciudad) ha puesto de manifiesto la veracidad de estos informes” . En otra parte de su obra Rojas nos describe las casas de la clase alta: “tenían mayor extensión y estaban construidas con piedra y vigas (…) con el suelo elevado (…) o con altos (…). La existencia de un segundo piso parece darse sólo entre las clases pudientes (…). En el segundo piso de una vivienda solía alojarse un núcleo familiar separado (…).”  Al final de la sección Rojas nos dice: “La solidez de la construcción ‘azteca’ y la utilidad de las azoteas y fortalezas construidas en lugares claves de las calzadas fue puesta a prueba por Cortés en el asedio de la ciudad (…) el único medio eficaz de desalojar a los guerreros ‘aztecas’ de sus posiciones (significo) la destrucción total de la ciudad” .
La falta de una investigación es notoria por la descripción realizada en los párrafos anteriores. Pero no sólo eso, también testimonia su falta de investigación, cuando habla sobre las chinampas, nos dice: “Estos jardines-barcazas quedan flotando a la deriva hasta que acaban por enredarse unos con otros (…)”.  En primer lugar, las chinampas no quedaban a la deriva, Jaime Aguilar, en su obra: “Las chinampas. Una técnica agrícola muy productiva”. Editorial México 1982: nos describe cómo se construía y se trabajaba una chinampa. Para nuestro caso, sólo nos detendremos en el capítulo referente a la construcción. Me he permitido realizar un pequeño resumen, para evitar el cansancio del lector con una descripción detallada: Primero se buscaba un lugar de aguas poco profundas; a continuación con estacas largas de carrizo se delimitaba el terreno. Después se realizaban zanjas alrededor del mismo para el paso del agua. Al sitio se llegaba por medio de canoa, medio principal de transporte en la ciudad, de la misma forma como ahora usamos el automóvil. Se recogía por medio del corte  plantas que crecían en el agua, como el tule, el lirio, el chichicastle, el zacatón, etc.; el enredo de todas estas raíces entre si, formaban una base con un grueso de 20 a 100 centímetros, las cuales flotaban en el agua. Una vez terminada la chinampa, se colocaban estacas de árboles (ahuejotes) por los cuatro lados, con una distancia de 4 a 5 metros entre ellas. Esto evitaba que las esquinas de la chinampa se desmoronaran y la mantenían sujeta al fondo del lago.
Antes de terminar me gustaría aclarar lo siguiente; Highwater en su página 15 de su obra escribe: “Al lado de los canales hay caminos angostos por donde los mercaderes, acompañados de guardas armados y de cargadores que les van siguiendo al trote, llevaban sus mercancías a los tianguis, o mercados”. En primer lugar debemos de tener en cuenta, las dos clases de mercaderes existentes en el Imperio Mexica: los primeros, eran los campesinos que llevaban sus excedentes de verduras y frutas a vender al mercado de Tlatelolco y los artesanos sus productos, tanto uno como otros se desplazaban en canoa hasta el muelle que existía junto al mercado. Bernal Días del Castillo, nos narra como todas las mañanas se veían miles de canoa con productos para la venta dirigiéndose al mercado de Tlatelolco. Los otros mercaderes, eran los Pochtecas, los mercaderes del Emperador, encargados del comercio exterior del Imperio o también conocido como de larga distancia. Estos mercaderes siempre entraban por la noche y en canoa, procedentes por lo regular de Mexicalzingo y en días preestablecidos según su Tonalamatl, el calendario de la cuenta de los días y de los destinos que regían a los Pochtecas, y por lo normal el día de entrada caía en un día 7 serpiente, por ser de buena suerte. Siempre procuraban no ser vistos por la población. Dentro del territorio imperial no acostumbraban usar el resguardo del ejecito. Esto sólo se solicitaba cuando transitaban por territorios enemigos, extra territoriales al imperio. Los Pochtecas siempre se distinguieron por ser grandes guerreros. En caso necesario, viajaban con armadura y el armamento completo, lo mismo hacían sus cargadores. Esto nos demuestra una carencia de una investigación sobre el tema y la época.
Para terminar, no quiero dejar pasar por alto los comentarios de Carlos Fuentes sobre el arte de narrar ficción y hechos históricos, vertidos en una entrevista realizada por el periódico “El Nuevo día” del domingo 11 de abril de 2010, el escritor mexicano nos dice: “El cine cuenta con imágenes; la novela con palabras. También narran con palabras el periodismo y la filosofía. Pero la literatura tiene un valor insustituible; es el arte que nos da la posibilidad de imaginar y de no llegar a conclusiones. Los grandes libros no llegan a conclusiones. Quedan abiertos: lo que más importa es la co-creación del lector, que la obra esté suficientemente abierta como para que cualquier lector pueda decir; yo continúo la obra”. Y sobre la realidad y la literatura, entre la narrativa de ficción y la narrativa histórica nos comenta: “Nada en la realidad se parece a la literatura. Una cosa es la invasión napoleónica de Rusia y otra la novela de Tolstoi, ‘La guerra y la paz’. Ahí la invasión es un tema; la novela es un escrito con apoyo histórico, pero no es la realidad. Una cosa es un hecho concreto y otra cosa es la imaginación literaria. No caigo en la trampa de confundir la realidad con la imaginación. Hay muchas realidades, la literatura refleja sólo una parte de la realidad y es diferente de ella”.
Estos comentarios nos ayudan a reflexionar sobre la literatura y la historia, de cómo debemos de narrar el hecho histórico desde nuestro particular punto de vista, sin alejarnos o traicionar el hecho histórico. Es decir, que si deseamos escribir una novela que reseñe un acontecimiento histórico o la situemos en una época en particular, debemos de realizar la investigación suficiente para no caer en traspiés históricos al momento de narrar.
©Humberto Miguel Jiménez 2010
Tlalnepantla. México.

Teoria

Cambio de Correo electrónico

Favor de tomar nota del cambio de la dirección de correo electrónico:

jimenez_humberto@prodigy.net.mx

Gracias.

Avisos

La Fundación de Tihuanaco. Cuento mitológico.

La Fundación de Tihuanaco, cuento mitológico, por nuestro colaborador el escritor Rodolfo Acosta Castro, nos platica sobre la fundación de la ciudad de Tihuanaco realizada por los aymaras.

Tihuanaco ciudad fundada al sureste del Lago Titicaca y años después la capital del Imperio Aymara, predecesor de los Incas.  Situada a los 4,000 metros de altura, en donde el frió es intenso y viven del cultivo de la papa y de tubérculos. Es donde se encuentran las vicuñas, llamas y alpaca y cuya lana era y es altamente apreciada.

Nuestro colaborador nos recrea el momento en el cual se descubre el sitio en donde deberá de ser construida la ciudad y nos narra el plan de construcción de sus edificios.
Para leer el relato completo, 1-fundacion-de-tiahuanaco.

Narración

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Nuestro blogs ya forma parte de: Escritores.org

Puede ser visitada en el siguiente enlace: Escritores.org

Distinciones

La tierra prometida.- Cuento histórico

“Llegaron, vinieron,
“siguieron, el camino,
“vinieron a terminarlo,
“para gobernar aquí en esta tierra,
“que con un solo nombre era mencionada,
“como si éste fuera sólo un mundo pequeño.”
Tamoanchan, nuestra casa.

La tierra prometida, cuento histórico del escritor Humberto Miguel Jiménez, recrea el momento preciso en el cual es fundada la ciudad de México Tenochtitlan: un día 13 quiyahuitl, del mes Hueitecuihuitl del año ome calli,  de la era Mexica. 18 de julio del año 1325, en la cuenta occidental cristiana; y éste año de 2010, cumple 685 años de haber sido fundada. Suceso casi inédito entre los habitantes actuales de la ciudad, tanto del pueblo, como por sus autoridades.
En base a las fuentes originales consultadas, nos describe una imagen viva de  los acontecimientos que llevaron a la localización de la tierra prometida, ofrecida  por su dios Huitzilopochtli. Búsqueda que duro más de doscientos años, desde el año 1062, cuando salieron de Aztlan, en el año 1116, su dios, les ordenó un cambio de denominación, cuando Huitzilopochtli se les apareció y les dijo: que en adelante ya no serían aztecas sino serian mexicas, porque los mexicanos serían los dueños de la urbe que estará en el centro de todo el mundo conocido y que sujetará a todas las naciones cercanas o lejanas, y de mar a mar a todos los pueblos y será ama y señora de todo el mundo y a donde irán los reyes y señores  a ofrecer  sus respetos y a servir, estarán sujetos y entregaran tributo.
A través del relato nos describe a los gobernantes que guiaron a los mexicas durante la última etapa para localizar el águila sobre el nopal, los sentimientos del pueblo y su fe, los deseos de encontrar la tierra prometida en donde fundaran su asiento final, el encuentro con el águila y la fundación de la ciudad, tal como ellos la vivieron y sintieron.

La tierra prometida.

por Humberto Miguel Jiménez

683 años antes. Un escuadrón de canoas se deslizaba sobre las aguas del lago… casi sin mover los remos… para evitar hacer ruido. Las canoas se acercaron lo más despacio posible a la isla más grande que se encontraba en el centro del lago. Un viento que soplaba creaba remolinos, agitaba las aguas del lago con olas entre cruzadas y de diferentes alturas… hacían brincar a las canoas con peligro de naufragar… y solo la pericia de sus tripulantes las mantenía a flote.

Los rayos tiernos del nuevo Sol apenas lograban cruzar las negras nubes de lluvia que cubrían la laguna y formaban largas sombras como fantasmas, las cuales se movían de un lado a otro o desaparecían. Las tinieblas de la noche no acababan de ser vencidas.

Para leer el relato completo, la-tierra-prometida

Relato histórico

Regalo de Año Nuevo

ano-2010

El archivo anterior contiene un regalo para todos nuestros amigos, lectores y colaboradores. Es un archivo PDF y puede ser bajado a su PC.

Muchas Felicidades en estas fiestas de fin de año, agradeceremos lo hagan extensivo a sus familiares y demás seres quedidos. Les desea

Humberto Miguel Jiménez Moderador del Blog La Novela Histórica

P.D.  Espero poder contar con su participación el próximo año como lo hicieron el año que termina. Gracias.

Felicitaciones

Historia y Literatura

El oficio del historiador es la confirmación de que “la existencia del pasado como de cualquier otra cosa y que afirma, sin ambigüedades, la posibilidad de ‘recuperarlo’, a veces, de ‘reconstruirlo’, otras, e incluso, de ‘observarlo’, ‘ por los ojos de la cerradura que son los vestigios’. Un libro de historia es sin “duda, conocimiento concreto de la vida pasada”. Decir que los libros de historia son “novelas verídicas” y los historiadores “‘novelistas de lo verdadero…”. (Guillermo Palacios en El oficio de historiar pág. 24). Es reconocer una realidad.

¿Qué es una novela verídica? Se pregunta la antropóloga Ana María Alonso, y se responde “en la sociedad occidental, las historia se conciben conversando sobre ’hechos’ y las novelas sobre ficciones.”. Aceptando esta declaración resulta que la novela verídica o histórica, resulta una “herejía para la doxología dominante de la historiografía occidental”

Por lo que hablar de novela verdadera, histórica o verídica resulta como algo fuera de la realidad histórica.

Andrew Roth nos dice que “El oficio del (historiador) es un tratado extenso sobre las novelas verídicas, los instrumentos de su confesión, la extracción de su sustancia ‘los hechos’, y las practicas eruditas, disciplinadas e imaginativas de los que logran fabricarlas. El oficio aquí contemplado es entendido como una forma de producción cultural… los historiadores son quienes pueden y necesitan concebir, desarrollar y dar a luz a una novela verídica”

“El historiador es un autor que trabaja hechos del pasado (acontecimiento y eventos, fases y ciclos, periodos y épocas, cifras y censos) para relatar la verdad acerca de nuestros muertos”

“El acto de relatar las vivencias y las experiencias, las obras y los acontecimientos de otros es semejante a la redacción de novelas, sólo que el historiador no cuenta con la licencia poética o dramática del autor de ficción: el relato histórico tiene que ser verídico; tiene que acercarse tanto como sea posible a lo que realmente pasó. … la novela verídica refiere a la tradición narrativa de realismo histórico”

“… en cuanto existe un secreto de la novela verídica, y en tanto está velado y revelado en las páginas… hay que medir y mediar entre las posibilidades de objetivarlo, asimilarlo y, por supuesto, gozarlo (Andrew Roth Seneff. La novela verídica en México. En Luís González El oficio de historiar pág. 31 - 40).

Por otro lado Ana María Alonso, nos comenta sobre la relación que se establece entre las obras de literatura y de historia, sí Balzac no aporta más información sobre la sociedad francesa del siglo XIX, que muchos libros de historia que hablan sobre la época. Luego Alonso, se pregunta: si esto ¿no es un paralelo entre la historia y la literatura?, y luego agrega: “… los historiadores tienen diversas estrategias de relato para crear… ‘efectos de verdad’. Presentan sus relatos dentro de marcos ideológicos que configuran un sentido de totalidad y así legitimar el relato como verídico”

La novela histórica, a su vez cuenta con su bagaje discursivo y estratégico que apuntan hacía una totalidad, que va siempre impresa en el relato de los hechos y su congruencia, los vuelven verdaderos, sin olvidar que la realidad es siempre más fragmentada y caótica, y en ocasiones confusa o ambigua.

Andrew Roth dice sobre los conceptos de Alonso: “Contrasta marcadamente con su posición narrativa de realismo histórico y nos advierte sobre la posible complejidad en la contemplación de la obra histórica como novela.”

Por el lado de la literatura: “Las coincidencias y las divergencias entre la historia y la novela histórica remiten a un problema de perspectiva, cuya delimitación constituye otro problema que a veces se vuelve ineludible para los historiadores y los especialistas de la literatura” (Conrado Hernández López Presentación en Historia y novela histórica, pág. 13). Esta situación lleva muchas veces a los literatos y a los lectores, a dudar de la posibilidad de poder penetrar en los pensamientos, situaciones, épocas y ambientes de mundos muy distintos al tiempo actual. En su origen los productos de la historia y la literatura, se limitaron a la coincidencia que unos eran libros verdaderos  y los otros, libros de ficción.

En la actualidad el historiador le otorga a su producto un sustento documental a su descripción o narración de los hechos históricos, mientras que el escritor de novelas históricas no lo realiza siempre, por lo cual su narración se pierde en la ficción, a pesar que ésta puede tener o, tiene ese mismo sustento documental. Lo que lleva a que los autores de novelas históricas verídicas, buscar invariablemente ese mismo sustento documental y de consulta de archivos. Y así, cómo los textos históricos llevan una bibliografía de las fuentes consultadas, el escritor de novelas históricas o verídicas, debe de acompañar también a su obra de esa ficha bibliográfica para darle valides a su producto: sin perder en ningún momento que es una obra literaria y cuenta con diversas armas para darle un sentido de ficción realista; como el poder entrar en el pensamiento y en la vida privada de los personajes históricos, entre otras herramientas que le da la ficción

Para terminar “…podemos concluir que “La novela histórica, (es) la unión de la historia y la literatura o para muchos la participación de la historia en la literatura, o para estar dentro del contexto de la globalización, la participación multidisciplinaría de la historia y la literatura, nos narra una historia que puede ser cierta o no desde el punto de vista histórico (la) novela histórica en su sentido estricto debe de ser aquella que se ajusta a una época determinada y platica una historia en donde el ambiente y los protagonistas son verdaderos (existieron)… y el escritor juega en aquellos puntos en los cuales la historia no tiene explicación o (el) registro de los acontecimientos son muy vagos” (Humberto Miguel Jiménez) en http://blogs.monografias.com/la-novela-historica

© Humberto Miguel Jiménez 2009

Teoria

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