La señora y la ventana
¿Cuando fue que nos dimos cuenta que las historias comienzan y terminan de la misma manera para todos nosotros, estemos donde estemos, seamos quienes seamos, vivamos lo que vivamos?
Todo nace, todo muere y en el medio se vive tantas cosas hermosas… Solo cuando nos hacemos aquella pregunta es cuando sabemos, cuando llegamos a comprender, que las vivencias más dolorosas son también dignas de ser llamadas hermosas. Están dentro del paréntesis.
Pero, ¿qué pasa cuando nos imaginamos a nosotros mismos? ¿qué pasa cuando nos vemos reflejados en otra imagen? ¿qué pasa cuando nos descubrimos en un fin?
La señora y la ventana
Al salir de la oficina se sienta a una de las mesas de la vereda, casi sobre la esquina de la callecita empedrada y angosta que lleva hasta la balconada del mar y ordena un café al mozo de siempre.
De una mirada se asegura que todo esté en su lugar; la farmacia, la boutique con sus disparatados maniquíes en su escaparate, el banco de más allá, las casas de otro siglo pintadas con colores pasteles, las enormes farolas de las esquinas que aún no se encienden, las masetas, las flores.
Todo está allí, como todas las tardes, con su ambiente húmedo y el lejano tránsito de gaviotas y barcos que se alcanzan a divisar al final de la calle y que parecen estar en otro lugar. En un lugar que no es éste, donde se encuentra. Como si lo viera en una pantalla sin sonidos.
Eligió este café -quién sabe cuándo-, porque la seduce el aire colonial y emancipador del lugar, con atardeceres cálidos y brisas refrescantes que la distraen.
A modo de entretenimiento, está acostumbrada a pasarle revista a todo el entorno, compararlo con días anteriores y luego conjeturar sobre las diferencias. Por ejemplo, sin saber quiénes son los que viven en la casa verde, les conoce sus rutinas. Son personas dedicadas a sus plantas y las adoran. Continuamente remueven la tierra de las masetas largas de los ventanales que dan a la callecita y pinzan los rosales con esmero. Cuando entran por el pasillo rozan la ruda o la acarician a propósito y siempre tienen unas macetitas de perejil y albahaca en la ventanita de la cocina que da al patio del frente que parece un vivero florido.
Pero hoy descubre por sobre el toldo del pequeño quiosco, un poco hacia la derecha, enmarcada en un ventanal abierto, a una mujer con una pose singularmente estática. Una imagen con textura y aroma de cuadro al óleo del que no se había percatado. Su cabello atado, su rostro de roble, las paredes despintadas, la ventana de madera casi destartalada, los reflejos de los vidrios, todo parecen tener la estructura de pinceladas maestras sobre el lienzo.
Apenas apoya su hombro en la ventana. Su leve sonrisa parece dibujada perfecta recreando alguna pasión; su mirada está anclada muy detrás de la farola de la esquina. Sus pupilas brillan como gotas de rocío que parecen proyectar sus pensamientos.
Quizás se encuentran en un cine o preparándose a una cita o remembrando una caricia o un beso. Es posible que manos, risas, besos, primaveras, veranos pasen y pasen suaves, desordenados; se deslicen y giren y giren en su carrusel de visiones.
Habrá amores eternos enredados en sus cabellos plateados. Habrá sonidos inolvidables en sus oídos que resuenan, crujen, rítmicos, adulando la risa, la mirada.
Una niña, una escuela, un novio, un vestido, un casamiento. Viajes, hijos, nietos, domingos. Luego una muerte y otra vida. Una escalera al sótano, una oscuridad, una regresión y cosas que se fueron y cosas que quedaron y el timbre oxidado. Habrá soledad y mucho tiempo para esperar en esos pensamientos. Muchos porqués y muchos donde. Quizás también algún cuando y una larga bufanda para el invierno que posiblemente llegue.
Fluyen enmarañadas imágenes que salen de ese cuadro magnífico cuando, de repente, se quiebra la magia con el aletear de un palomo que llega zureando y se posa cerca de su ventana. Su sonrisa se borra mientras una de sus arrugas del rostro se acomoda en una nebulosa gris sobre su ceja que se eleva imperceptiblemente. Su mirada se regresa a este lado de la farola, sobre su tejido, en puntadas inseguras que parece no lograr acertar.
En un instante todo ha cambiado, ahora se puede percibir en ella una profunda nostalgia, tan profunda que se combina entre arrugas y cabellos plateados en una inesperada forma de esperanza que no parece suya, como una esperanza designada para ella sin mayores alternativas. De todo aquello que siempre buscó, es seguro que algunas cosas ha disfrutado y otras ya no llegarán; parece resignada. Se acomoda levemente en su ventana dando la sensación de estar tejiendo algo que sí le es posible esperar, que ella conoce y que inexplicablemente desea, puntada a puntada.
La señora de la ventana, por un momento pareció compartir su luz junto a su café y ahora parece poder ser el propio espejo de sus profundos temores.
Llega el aroma de la ruda por lo que descifra que la han rozado. De inmediato se escucha el cerrojo que cierra el portón y se encienden las farolas, el café se enfrió y ya es tiempo de irse.
Antes de doblar en la esquina se da vuelta para llevarse la última imagen de ella, pero no encuentra ventana ni señora. Se detiene perturbada; sí, no hay.
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Comentarios
13 respuestas a “La señora y la ventana”Deje su comentario
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21 de Junio de 2010 a las 7:03 pm
Querido Osvaldo: años antes de que escribieras la maravilla que escribiste, yo había leído su comentario en un libro de filósofo, sólo que referido a una pintura del romanticismo, en el momento mismo en que la pintura vaga hacia lo abstracto:
“De espaldas, asomada a una ventana entornada que permite entrever fragmentos de un paisaje marino, una mujer se encuentra como ensimismada mirando más allá, o mejor, como podría adivinarse, hacia ningún lado. Es un lugar en el que la línea del horizonte coincide con el esfumarse del agua en una pura luminosidad, mientras la figura humana, cuya atención es capturada por algo casual o indiferente como un bote que pasa o permanece anclado, evoca asimetrías singulares. La mirada del sujeto, perdido en una contemplación que lo hace olvidarse de sí, parece estar como reimpulsada hacia el propio interior, oscurecida, cegada. Pero esto no es algo que la pintura dice, sino que simplemente sugiere a través de la exclusión de lo que debería ser el objeto de la representación. El objeto de la representación no es la mujer (…) Tampoco lo es la habitación (…) Y ni siquiera lo es la luz. En sentido estricto, el objeto de la representación no es lo que se ve, sino lo que no se ve: es un mirar dirigido hacia el vacío y simultáneamente replegado hasta el grado cero (mancha a punto ciego) de la visibilidad. Es decir: el objeto de la representación es lo irrepresentable, y es precisamente la representación de esta imposibilidad de representar la que difunde en el cuadro un aire de profunda melancolía” Sergio Givone, Historia de la nada
Fui y busqué este libro y lo copié: son dos instantes en el tiempo, una pintura y un relato revelador, que descubren lo mismo, en este caso la inmensidad del vacío o algo así.
21 de Junio de 2010 a las 11:00 pm
El otro día -mejor dicho, un día- caminando por las calles en un día cualquiera de la semana de Concón, vi una gaviota a la puerta de la pequeña carnicería. Salía yo aferrado a mi carne recién comprada y el ave marina detuvo su caminar de payaso esperando fuera yo quien pasara primero. Tanta gentileza me llamó la atención, y luego de pasar me detuve a observar el próximo movimiento del plumífero marítimo perdido en la ciudad.
Avanzó unos divertidos pasos más y levantando su cabeza apuntó con su pico al carnicero tras el mostrador. Este no pudo evitar percatarse. Sin saludar, ni hacer un gesto particular de simpatía, salió a la vereda y puso sobre un viejo y desusado buzón unos pedazos de roja carne de vacuno.
La gaviota salió muy compuesta y con una especie de salto apoyado por sus alas, se posó en la improvisada mesa banquetera y se dedicó a comer meticulosa y pausadamente.
El señor carnicero, casi sin mirarla, afilaba su cuchillo para atender al cliente que esperaba…
Ese día fue lo único nuevo del día.
Y me ocurrió lo del personaje de Osvaldo. Volví mi mirada antes de arrancar el auto y el ave ya no estaba; no vi al carnicero, ni vi carne sobre el buzón.
Al llegar a casa le conté a Viole. Ella me dijo que seguro fue en la carnicería frente a la gasolinera…
Parece que las cosas no son tan distintas entre nosotros.
Parece ser que lo diferente es como anida en el roquerío de nuestra conciencia.
VANCHO
23 de Junio de 2010 a las 12:16 am
¡Hola! Cómo están mis amigos, aquí me encuentro en casa, refugiada del frío dentro del “sobre” como decimos aquí en Chile una vez que te metes a la cama, ya es tarde, pero decidí escribir, después de un momento extenso de silencio en tu blog, querido Osvaldo, ya sabes el trabajo, el hogar, las amigas, la iglesia…y para que seguir, todo es una disculpa, aún así, más vale tarde que nunca, verdad?
Me llamó la atención tu relato apenas comencé a leer.
Hoy los chicos de 2º medio en el colegio observaron un P.Point preparado para la clase de artes. La unidad que corresponde es el cuerpo humano, entonces apareció ella en la ventana, mirando hacia el vacío… ¡Qué coincidencia! , o es que de alguna forma no son tan distintas las cosas entre nosotros; ¿ estamos conectados como dice Vanchito.?
Aquí copio la explicación del cuadro de Dalí:
Person at the Window ● Figura asomada a la ventana ● Person am Fenster
Salvador Dali, 1925 - Oil on canvas, 103 x 75 cm - Museo Nacional Reina Sofía, Madrid.
Paisajes, reflexiones en el vidrio y una persona. La luz en la parte posterior de la muchacha (Ana María, su hermana) resalta una de las formas preferidas por Dalí. El paisaje visto por la ventana es la bahía de Cadaqués, donde Dalí solía pasar temporadas durante el verano. García Lorca conservó particulares recuerdos de la vista desde esa ventana al despertarse, describió su estancia en Cadaqués, como maravillosa, como un hermoso sueño. Salvador y Ana María eran muy unidos, particularmente a raíz de la muerte de su madre. Ana María fue su única modelo hasta que Gala la sustituyese en 1929. Luego que Ana María en un libro describiera a su hermano de una manera que a éste no le agradó, Dalí creó otra versión de este cuadro con el título “Joven virgen sodomizada por su propia castidad”(1954).
23 de Junio de 2010 a las 9:47 am
El espejo de nuestra alma, como por arte de adivinación, está y no está. Se rompe de nada, porque es muy frágil y pareciera desaparecer, pero lo empatamos una y mil veces y parece perfecto. Sólo muy de cerca y con instrumentos de alta precisión, se detectan las infinitas fisuras que ese continuo romper y empatar le han dejado a través de tantos años. Lo que hay que evitar es que otros lo puedan ver cuando está roto, hay que disimularlo. No se puede permitir que alguien, ni uno mismo, se recree de las fragilidades.
Pero si con esos instrumentos de alta precisión pudieras no sólo ver, sino copiar, hacer un mapa de cada una de las fisuras, podrías encontrar el código de la alegría en el dolor, de la aceptación y de la voluntad de resurgir. Cuando llegamos al horizonte que desde la ventana se veía tan lejos, solamente encontramos otro horizonte, aun más lejano, pero sabemos que estamos más cerca de nuestro destino final.
Claro que Osvaldo lo dice inmensamente mejor, yo apenas trato de entenderlo. El Nóbel de 1980, Czeslaw Milosz, escribió (se llama “Eso”):
“Ojalá por fin pudiera decir qué está en mí.
Gritar: gente, les mentí
diciendo que eso no estaba en mí,
cuando eso está ahí siempre, días y noches.
Aunque gracias a eso supe describir sus ciudades inflamables,
sus cortos amores y juegos desmembrándose en humus,
aretes, espejos, el deslizar de un tirante,
escenas de alcoba y de campos de batalla.
Escribir fue para mí estrategia de protección,
de borrar las huellas. Porque a la gente no puede gustarle
aquél que alcanza lo prohibido.
Llamo en mi ayuda a los ríos en los que nadé, lagos
con puentecillos entre cedazos, valle
en cuyo eco la canción duplica la luz del anochecer,
y confieso que mis extáticos halagos a la existencia
sólo pudieron ser entrenamientos de alto estilo,
Pero abajo estaba eso, que no me atrevo nombrar.
Eso se parece al pensamiento de alguien sin hogar, cuando
atraviesa la ciudad ajena, congelada.
Se asemeja al momento cuando un judío cercado ve aproximarse
los pesados cascos de los gendarmes alemanes.
Eso es cuando el hijo del rey se dirige a la ciudad y ve el mundo
real: pobreza, enfermedad, vejez y muerte.
Eso puede ser comparado con el inmóvil rostro de alguien
que entendió que fue abandonado para siempre.
O con las palabras del médico sobre la sentencia inevitable.
Porque eso significa enfrentar un muro de piedra
y entender que ese muro no cederá ante ninguna de nuestras súplicas.”
23 de Junio de 2010 a las 6:01 pm
Aprovecho lo escrito por José para compartir con ustedes este pequeño cuento.
EN EL CASTILLO.
(Oscar Orrego e Iván Salazar.)
Es un castillo de insoslayable calma, inmensas puertas al límite del tiempo.
Entre aquellas paredes, un silencio de rincones vacíos, de manta negra percudida, de sombreros abandonados.
Es invierno, pero no hay lugar para envejecer, sólo la espera del no estar.
Entre estas paredes más poderosas que la vida, la imaginación habita en cada hombre un mundo perdido…
La distancia tiene olor de carne marchita; la humedad, de ojos que no ven. Son los habitantes que la memoria abandonó tras los portalones.
Aquí nadie ha visto la mirada de los amantes; sólo el gran miedo a la palabra y la caricia.
El silencio más grande del mundo en medio del mundo. Un trozo de cielo fracturado. Un eco monótono de conversaciones de otras épocas. Escaleras que alguna vez poblaron sandalias, creyentes de demonios y extravíos infernales.
Acaso aquellos pasos sin huellas ni sonidos ya nadie quiere recordar. Sin embargo, al otro lado de las aldabas una mano y otra mano, por los tiempos de los tiempos, esperan la señal de no olvidar.
Un castillo de insoslayable calma.
VANCHO
23 de Junio de 2010 a las 6:52 pm
Y nos dieron las diez
(Joaquín Sabina)
Fue en un pueblo con mar
una noche despues de un concierto;
tú reinabas detrás
de la barra del único bar que vimos abierto
-”Cántame una canción
al oido y te pongo un cubata”-
-”Con una condición:
que me dejes abierto el balcón de tus ojos de gata”-
loco por conocer
los secretos de su dormitorio
esa noche canté
al piano del amanecer todo mi repertorio.
Los clientes del bar
uno a uno se fueron marchando,
tú saliste a cerrar,
yo me dije:
“Cuidado, chaval, te estas enamorando”,
luego todo pasó
de repente, su dedo en mi espalda
dibujo un corazón
y mi mano le correspondió debajo de tu falda;
caminito al hostal
nos besamos en cada farola,
era un pueblo con mar,
yo quería dormir contigo y tú no querías dormir sola…
Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una
y las dos y las tres
y desnudos al amanecer nos encontró la luna.
Nos dijimos adios,
ojalá que volvamos a vernos
el verano acabó
el otoño duró lo que tarda en llegar el invierno,
y a tu pueblo el azar
otra vez el verano siguiente
me llevó, y al final
del concierto me puse a buscar tu cara entre la gente,
y no halle quien de ti
me dijera ni media palabra,
parecia como si
me quisiera gastar el destino una broma macabra.
No había nadie detrás
de la barra del otro verano.
Y en lugar de tu bar
me encontré una sucursal del Banco Hispano Americano,
tu memoria vengué
a pedradas contra los cristales,
-”Se que no lo soñé”-
protestaba mientras me esposaban los municipales
en mi declaración
alegué que llevaba tres copas
y empecé esta canción
en el cuarto donde aquella vez te quitaba la ropa
Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una
y las dos y las tres
y desnudos al amanecer nos encontró la luna.
24 de Junio de 2010 a las 6:25 am
Hay, en algún lado, en algún lugar del tiempo, una imagen de una pintura así. No es de Dalí ni de Picasso, pero es de alguien. No sé quién. Sí sé que existe porque la vi.
Esa imagen, junto a hilachas anudadas, hilachas de cosas que transitan, me traen a ésta sensación que no me conforma, aunque ustedes tan bien la han interpretado.
Mora, Blanca, José, Iván, sí. Es un gran hoyo que no produce intrigas curiosas, sino, más bien produce una especie de terror melancólico. Una inmensidad insoportable por sí misma. Una nada llena de todo sin valor por un instante. Una nada que Socorro llena de amor de aves de paso de Sabina.
Gracias por estar conmigo.
Gracias también a Almendra del otro lado del mostrador, y a la nueva amiga, Jany de Cuba. A ellas las invito a gritar cambios por aquí, o por allá; aunque las cosas no se puedan cambiar y quizás la mejor manera de hacerlo sea deslizarnos un pasito para que nuestra forma de verlo sea diferente. Es muy difícil, pero las diferencias son enormes.
Como la que hay entre hacer el amor o que nos hagan el amor, o ver un atardecer o su otro amanecer.
Los quiero montones.
24 de Junio de 2010 a las 10:25 pm
Vernos reflejados en lo que existe o no… al final es el ensimismamiento del alma, que sirve para reflexionar sobre lo que hemos vivido o lo que hubiésemos querido vivir (aunque los “y si…” en el presente salen sobrando), pero de alguna manera necesitamos volver sobre nuestros pasos, sobre lo vivido para disfrutarlo con más calma, para poder extraer hasta la última gota de conocimiento que podemos absorber de las vivencias… y creo que cuando el alma se nos “pierde” en los recuerdos es cuando podemos llegar a atesorar y aprehender la vida, los senderos que hemos caminado…
Y aunque desaparezca la imagen proyectada de nuestra alma, sabemos que en realidad, en lo más íntimo de nuestro corazón, el recuerdo persiste y eso nos genera las más dulces de las sonrisas…
Quizás es cuando alguien se detiene junto a nosotros y nos dice: “¿Y de qué te sonríes?” y no podemos contestar con certeza…
Me encantó… Gracias Osvaldito!
Se les recuerda a todos y todas siempre… de mi corazón al de ustedes, un gran abrazo!
25 de Junio de 2010 a las 5:07 pm
Me preocupa que la física y las matemáticas (incluyendo la geometría) nos est{en ganandola partida.
Ellos ya hablan de otras dimensiones, de otras formas de medir -es decir, de ver-. Osvaldo nos refresca con una literatura que nos lleva de una medida a otra medida, de una dimensión a otra.
Definitivamente las cosas no obedecen a la mecánica de la causa efecto; o causa-efecto son mucho más complejas que un empujón.
La ocurrencia creo se debe a una multiplicidad de razones que aún no dimensionamos bien.
Para mi gusto, la imaginación de José Itriago es la más “científica” de nosotros. José nos presenta el otro lado del mostrador, el rebote del espejo. (¿compartí con ustedes que el espejo de agua donde se admiraba el ególatra se solazaba en el reflejo de su faz de agua en los ojos?).
Como sea que sea -y esto lo podrá o no ratificar Joise- la verdad aún se oculta a la razón -y a la ciencia-. Con naturalidad espera de la literatura… o de la filosofía, una explicación que aún construímos y que Osvaldo enfrenta con valentía y genio.
VANCHO
27 de Junio de 2010 a las 12:13 am
Para algunos la vida pareciera pasar desapercibida… nacen, viven, se alimentan, trabajan, se acuestan, se reproducen y se van haciendo viejos en una rutina que pareciera ser normal, esperada, sin expectativas más allá de las que presenta siempre la vida por más simple que parezca. Hay otras en las que hasta el susurro de una hoja de otoño implica un pensamiento que lo transporta a miles de pensamientos que pueden incluso convertirse en cuestionadores. A esas, a mi me gusta llamarles “seres inconformes creativos”. Personalmente me encanta sentarme en el banco donde están éstos últimos… y ahí estás tú Osvaldo, y ahí estoy yo y estamos los que nos reunimos cada tanto en este nuestro “Lugar Común”… y es que una vida sin cuestionamientos, ha de ser una vida bastante aburrida, alejada completamente del pensamiento original, de la imaginación constructiva, del pensamiento divergente, del experimentar…
Y la edad, creo, o me vengo dando cuenta en los últimos tiempos, la edad nos sienta frente a un espejo de cuestionamientos diarios que antes solían ser más divertidos y ahora se llenan más y más a menudo de nostalgias, haciéndome creer que a veces somos sapiens auto destructivos.
La diferencia entre hacer el amor o que nos hagan el amor, sólo está en el sujeto de acción, pero siempre el amor se está hilando, y creo que al final, ese debería ser el pensamiento importante hacia donde se dirija nuestro cuestionamiento nostálgico. No sé si esto me lo digo a mi o se lo digo a ustedes, o al final lo digo para tod@s… tal vez lo siento más patente porque mi padre vivió sus últimos años sumido en pensamientos nostálgicos que no le permitieron disfrutar de detalles que antes le maravillaban, y creo que no vale la pena, aunque se nos haga tan difícil entenderlo y ponerlo en práctica… si es que pasa, y logro comprenderle, tal vez por eso lo tengo tan presente, lo lucho con los uñas, y me niego a mantenerlo por más tiempo del necesario, tapando el espejo con una hermosa sábana bordada, y dejándolo guardado en ático.
A veces me veo sentada en esa ventana, las sienes plateadas -y más allá de las sienes jaja- ya las tengo, y en vez de bordar, tallo, pero lo hago con música de fondo, o incluso la tele, así evito quedarme sumida en el mundo de pensamientos que cae con cada astilla de madera que desprende la pieza… cuando al percatarme lo hago consciente, entonces cierro rápidamente la ventana, así no me doy chance de no verme en el segundo parpadeo.
Beso enorme, para tod@s… les quiero grande.
Osvaldito, hoy, me robé el modem jajajaja…
Te quiero mucho
♥
28 de Junio de 2010 a las 10:09 pm
Mi querida Judith, como te conozco, puedo jurar que no te verás con las sienes plateadas. Mi mamá, que murió de ochenta y dele, jamás mostró sus canas y no era tema sobre el cual pudiéramos hablarle. Parece un comentario frívolo, pero no. Es que hay que quererse hasta el último día, por lo menos lo suficiente para cuidar la apariencia (en lo que se pueda, yo no puedo con la barriga y eso que sufro rechazando manjares). De ese quererse un poco surgen caminos de supervivencia interesantes. Eso de arreglarse todos los días evita, indirectamente, las nostalgias deprimentes (porque las hay bellas). Se empieza cada día con ganas de que no termine, pensando dónde ir, con quien almorzar. Es verdad que aquí salir tiene su riesgo y que todo se nos ha puesto demasiado caro. Ya la cosa es qué vino se puede tomar, midiendo muy bien el precio. Pero hay que esforzarse, hay que tomar buen vino de vez en cuando, buen café y mejor compañía. Con esa receta nadie se enferma de amores oxidados y encuestas malévolas.
2 de Julio de 2010 a las 9:29 am
querido Osvaldo.
Perdonad por no intervenir mas antes, hasta hace pocos dias tuve acceso a a pagina, por eso he estado respondiendo a todos los mails, ahora os toco a vos.
Definitivamente, existe en todos los ambientes una inquietud natural del individuo, esta se ejercita mas donde existe un desenvolvimiento urbano, las gentes por lo general frecuentan lugares de esparcimiento, como: cafes, discos, etc. Se da el caso, como los lugares del casco central de cualquier ciud,ad donde comulgan gentes y edificios, los primeros de variadas costumbres, lo segundo de diferente indole y por lo general full de inquilinos, si son hoteles, de empleados si son negocios (oficinas) y de clientes y empleados si son comercios abiertos al publico, lo peculiar del individuo -sea humano o de cualquier especie- es la curiosidad, aspecto este que se traduce en abstraccion por el paisaje, cosas y en atencion a otros individuos de lamisma u otras especies, el fin especifico o simplemente por entretenimiento, la cosa es que siempre hay algo que influye y les hace a esos que participan en la accion ser sometidos a un juicio, esto es la cotidianidad, si este que se asoma por una ventana es visto por aquel del cafe va a ser sometido a un analisis, este analisis se hace cotidiano y tendiente a la costumbre si quienes conforman el fenomeno lo convierten en periodico y frecuente. Esto todo lo produce la curiosidad natural del hombre y su deseo de concretar la mas diversas de las informaciones, si esto no sucede, empiezan a aparecer las mas diversas de las elucubraciones, criterios, y especulaciones respecto al objeto observado, esto es la capacidad social del ser humano (nada extrano por cierto.
Todo radica en el interes que pongais y la empatia de los participantes en el acaecer, si, podria haber sido un amor silencioso muy sencillo y nacido de la cotidianidad, la diferencia es la falta de iniciativa de ambas partes para concertar una comunion, un coloquio, cara a cara, una accion natural, pero no propia de todos y todas, tambien existe la timides y el recato. muy lindo relato
Os ama
Joise
4 de Julio de 2010 a las 7:05 pm
¡Qué memoria la mía!
La cosa es que leí un cuento no sé cuándo ni de quién.
En un viaje hacia lo desconocido del espacio galáctico, la tripulación baja en un planeta para explorarlo. Desde la madre tierra se enteran por uno de los pilotos que toda la tripulación se trastornó. Le instruyen cerrar las compuertas de la cabina y enrumbar a la Tierra. Con la llegada, los científicos comprueban que efectivamente toda la tripulación esta loca.
Luego de darle vueltas y vueltas, deciden someter al único sano que recuerde los acontecimientos bajo acción de la hipnosis.
En el sofá -para seguir la tradición de los cuentos con psicólogos-, el piloto narra que cuando se percata que algo malo le ocurre a los compañeros, decide dejar también la nave e ir a buscarlos. relata el paisaje extraño a su alrededor, luego ruidos que no lograba descifrar y más luego encuentra a sus compañeros con cara de despavoridos, ojos desorbitados, y gritando incoherencias. Él avanza con precaución, veo un montículo, veo correr al último de mis compañeros, siento un gran ruido y… Oh!!! Ooohhh!!!!
El psicólogo intenta “retornar” a la conciencia al piloto, pero éste sigue con los ojos desorbitados, gritando incoherencias…
Explicación: la mente del piloto bloqueó sus recuerdos. El psicólogo logró pasar por sobre la barrera protectora de la mente y la llevó a vivir de nuevo la experiencia. Esta vez la memoria no pudo bloquear y se trastornó.
-¿Pero qué vio? ¿Qué puede ser tan fuerte que su sola presencia cause la locura o la pérdida de la razón?
- Algo en otra dimensión.
-Pero… ¿Qué?
-No lo sé. Si lo supiera, estaría loco. Ni siquiera lo puedo imaginar, pues son formas absolutamente desconocidas. (no como los monstruos, cola de cocodrilo, garras de león cuerpo de búfalo, alas de murciélago cabeza de lobo, hocico de águila… todo conocido) Nuestra imaginación trabaja con nuestra realidad…
___________
Bueno, me acordé del cuento a propósito.
VANCHO