La penumbra de José
Retado, pero bien retado.
De esos retos que no se gritan, sólo se dicen suavemente, pero que te hacen agachar la cabeza y sonrojarte. Inapelable. Indiscutible.
Claro, entonces me regreso por aquí y me pongo a escribir junto a Ustedes, con las orejas dolidas pero con el orgullo inflado porque fue un reto de esos que te tiran de las orejas pero que terminan fortaleciendo el propio ego por la forma del reclamo. Así es mi hermano Vancho.
No me permitiría dejar de hacer referencia a Violeta, su Violeta y, ¿por qué no también, nuestra Violeta?, si, nuestra Violeta sin saberlo, siendo “nuestra” una expresión de cariño y no cuestión de propiedad.
Surgió de repente con su propia luminosidad. Madura, centrada, respetuosa, inocente, como no sabiendo que -desde hace tiempo- la conocemos y aprendimos a quererla especialísimamente. A verla en una nube que la mece, en su estrella que la nombra sin nombre, en un temblor, detrás de alguna charla de las nuestras, en el lápiz que dibuja letras con las resonancias de sus huellas, detrás de quien maneja ese lápiz. Detrás de ese quien, iluminando.
Así asomó y está aquí. Gracias Violeta por todo,…por todo!
Entretanto…
¡Pero mire Don José! ¿¡Cómo alguien va a andar arrastrando una penumbra!? Solo a usted se le ocurren esas cosas. Fíjese -y usted debe saberlo, Don José- una penumbra es una sombra débil entre la luz y la sombra. No es ni una ni otra y no son personales ya que solo existen si hay sombra y por lo tanto luz.
O sea, a ver si podemos coincidir, usted puede proyectar una sombra la que se puede extender por cualquier lugar de su cuerpo y más allá también. Para que usted pueda proyectarla debe haber alguna fuente de luz que produzca la proyección. Para poder llevar esa sombra siempre en el mismo lugar es necesario, estrictamente, que el ángulo de proyección se respete inalterablemente. Usted, que es una persona sumamente inteligente, deberá haber deducido a estas alturas que para que su sombra ande siempre por el mismo lugar –o más o menos por el mismo lugar- la fuente de luz deberá estar fijada en un punto relativo específico que implicaría que, digamos por ejemplo y ya que habló de bombillas fluorescentes, usted anda con una lámpara de bajo consumo encendida soportada sobre una extensión de su oreja derecha.
Eso haría verlo casi como un extraterrestre, pero procuremos aceptar además que una deformación de ese tipo no es ningún defecto, por el contrario, si sirve para que usted pueda llevar la lámpara montada para que le proyecte su sombra en la parte exacta que usted desea poseerla, será entonces una cosa muy útil. Así, siendo su luz suya también lo será su sombra y su penumbra.
La lámpara deberá tener una fuente de energía inagotable –supongo, para que la sombra no se diluya- por lo que necesitará andar con una batería colgando, suceso que acentuará el tedio. O bien puede ser que la lleve enchufada en algún lugar, ahí no me meto ya que espero que haga usted con lo suyo lo que usted quiera.
Todo esto me ha hecho acordar que en una oportunidad –la recuerdo muy bien por lo especial- encontré un broche en una penumbra, una fantástica joya. Estaba allí, entre luz y sombra. Era hermosa, brillaba a pesar que la luz no le daba de lleno. Dorado como el más bello dorado que usted pueda imaginarse. Con diamantes enceguecedores que me sonreían. Me miraba desde allí como que me estaba diciendo: “¡tómame! ¡quiero ser tuya!”. ¡Por supuesto que la recogí y la llevé conmigo!, imposible negarme porque ya había nacido entre nosotros ese “feeling” especial que a uno lo hace sentirse como complementado. Amor a primera vista, podría decirse.
En ese primer instante, luego de recogerla, noté que la sombra y la luz que producían la penumbra donde la encontré no se generaban por mí. En realidad no lo noté, solo que sentí esa sensación que luego, mucho tiempo después pude descifrar, lo que quizás le cuente algún día.
Bueno, le decía Don José, la llevé conmigo.
La hice mi reina y por eso me sentía yo un rey. Era un sentimiento tan noble como la nobleza de esa misma jerarquía. Parecíamos estar a tono a pesar de las diferencias que existen entre un objeto y una persona. Como si fuéramos hechos el uno para el otro. Me enamoré de esa joya. Me di cuenta que la amaba porque parecía ser la otra parte de mí que jamás encontré.
Disfrutamos juntos de tantas cosas…cosas como música, situaciones, charlas, en fin, cosas… ¡momentos!, esa es la palabra, momentos especiales y únicos, nuestros, de ambos y de cada uno en un mismo escenario íntimo en cualquier lugar.
Un día me pidió que le escribiera una carta y allí –en esa carta- fue cuando cometí un error que muy luego –tarde- caí en cuenta. La escribí con muchísimo cariño y deseo. Ese fue el error, hablada del deseo que ella me inspiraba e imaginé las cosas que juntos podríamos hacer y lo estampé así en el papel. Mientras la escribía pensaba que le estaba reflejando en mis anhelos todos mis sentimientos. Pero no, hablar de los sentimientos que inspira un deseo no es lo mismo que hablar de los deseos que inspira un sentimiento y yo –entonces- solo hablé de deseo. Quizás fue lo que sentí realmente y aún estoy confundido por mi propio orgullo. Quizás, de esa forma fue mejor.
La cosa es que mi joya, al lee la carta que creé con tanto amor, fue tomando una cierta opaques a medida que la asimilaba.
Pero fue por un solo instante, luego todo volvió a la normalidad y hasta cumplió con algunos de los deseos con los que yo soñaba. Así el tiempo pasó y seguimos disfrutando de nuestros momentos hasta que un día (otro) –¿vio Don José, cuando uno se acostumbra a usar esos zapatos comodísimos y solo los usa y de repente se da cuenta que están descoloridos y hasta está por abrírseles un agujero debajo?- alguien comentó de lo desprolijo que era con ella.
Y la mire. La mire en detalle y –a esa altura de nuestra relación- con otros ojos. O sea, la analicé con la madurez de todo lo vivido juntos y tuve que aceptarlo, la había descuidado o –peor aún- quizás había caído inconscientemente en una ambigüedad terrible.
Todo lo que se pudo hacer después fue en vano y –claro- no vale la pena que le cuente todos los detalles…, en definitiva perdí a mi joya, y no porque la haya dejado olvidada en un cajón, sino porque simplemente no era mía y se fue, solo se fue.
Es como esa lámpara de bajo consumo que usted puede llegar a tener soportada en una extensión de su oreja derecha que a usted lo ilumina y que produce sus sombras y penumbras y que también ilumina a alguien produciendo en la otra persona otra sombra y otra penumbra que ya no es suya porque suya sea la luz que la produce. Pero ¡claro!, nadie anda con una lámpara de bajo consumo siempre encendida soportada por alguna extensión del cuerpo para que proyecte permanentemente su sombra y su penumbra.
A veces paso por el lugar donde la supe encontrar y disimuladamente miro de reojo a ver si la veo, pero, las penumbras que encuentro ya no son las de ella, la joya.
Ahora prefiero no recoger objetos que permanecen en alguna penumbra, mucho menos dejar ser elegido por ellos, los prefiero luminosos en sí mismo que proyecten mis sombras.
Y eso me gusta mucho de usted, Don José, habló de penumbra pero con luz, como siempre.
Que tenga un buen día y gracias por ayudarme en algunas reflexiones. Perdone que no lo tutee hoy, es que esta penumbra me impone respeto.
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Comentarios
19 respuestas a “La penumbra de José”Deje su comentario
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16 de Mayo de 2010 a las 2:19 pm
pareciera que en la vida una de las cosas importantes a lo largo de los años es de algún modo tener una penunbra, como tu la llamas o de algún modo también podría ser reflejo ¡o es muy pedante? por lo menos a mi me agrada saber que uno es referente para alguien, en la vida he tratado de sembrar en varios sentidos importantisimos: en mi, en mis hijos, en las personas que amo o quiero significativamente y en la naturaleza, he intentado no descuidar ninguno de ellos y los descuidado todos en algún momento pero así somos los humanos, humanos, somos dueños de nuestros defectos y nuestra virtudes y queremos proyectar una “sombra” perfecta, pero tal vez por proyectarla tan perfecta , me sale como realmente es o como la ven los demás; pues aunque mi sombra sea mía siempre tiene que ver con los otros, porque la luz no la creé yo, existía antes de mí.
Yo también he aprendido ha quererte a través del cariño de Vancho.
16 de Mayo de 2010 a las 3:36 pm
“No guardes nada mío, sería reconocer que empezaste a olvidarme.”
Con esta despanpanante frase inicia José Itriago su discurso en la página de Mora. ¿Puede alguno de nosotros escribir algo tan provocador y bello? -Ojalá.
Si esto lo unimos a la frase de Viloe -nuestra Viole-: “somos dueños de nuestros defectos y nuestra virtudes y queremos proyectar una “sombra” perfecta…”, la mezcla se torna explosiva.
Naturalmente el culpable es Osvaldo: “Ahora prefiero no recoger objetos que permanecen en alguna penumbra, mucho menos dejar ser elegido por ellos, los prefiero luminosos en sí mismo…”
Debiera terminar aquí mi participación; pero me pican los dedos por hacer algunas explicaciones. Sé que no debiera hacerlo, que lo que abunda sí daña. Pero, porfiado al fin, aquí vanm algunas explicaciones (invito a no leer a aquellos que como a mí le cargan las explicaciones):
Las cosas son hieráticas, rígidas, son lo más lejano del universo; éste cambia y se mueve en sus desconocidas dimensione; pero en nuestro corto lapsus de existencia, las cosas permanencen inmóviles: un imán que jala nuestra mirada hacia el pasado. Nada nos dicen de hoy; salvo quizás qué empolvados están, cómo adquieren ese tono amarillento… Pero si los miras fijamente, te atrapa con sus virtudes de zarpa gatuna y te arrastra al pasado, a lo que fue, a lo que pudo haber sido -¡tramposa!-. Y vienes tú y tu mirada de inocencia y le endilgas tus virtudes -acaso inventadas, de puro cansancio de tiempo ido- y ya te encuentras casi viviendo lo que no viviste, mientras el objeto sigue su peregrinación de cosa en sí misma muriéndose.
El acto circense está en creer la magia del recuerdo: si recuerdo, no olvido. Mas luego viene el payaso alojado en la conciencia y te pregunta ¿qué no olvidas? ¿lo que crees que pasó o que realmente pasó?… pero eso fue ya tiempo perdido, irremediablemente perdido en la umbría soledad del pasado. Hoy, bueno, digo hoy para decir ahora, ya no es; ni siquiera lo ves; sólo la sombra de lo que en tu recuerdo fue: lo olvidaste; no lo sabes mirar, hoy.
Y Osvaldo que no nos deja evadirnos. Pone la luz y, naturalmente, la sombra. Si no hay luz, nos la da desde nuestras orejas, como un colgante, o piltrafa de colgante. Nos pone la sombra aquí o allá; ¿la quiere más fija? y nos da la receta matemática… Pero no olvidemos (Osvaldo es implacable): sombra es sombra, la oscuridad es otra cosa. Claro que en nuestra imaginación podemos encontrar similitudes y diferencias; pero debiéramos determinar con precición qué es nuestra sombra (si es que es nuestra) ¿quién de nosotros tiene definición sobre su propia sombra?
“Nos es que yo vuelque mi vino,
lo derramo de intención,
mi sombra bebe y la vida es de los dos…”
…
“Sombras nada más
entre tu vida y la mía…”
Viste, Osvaldo: ¡Cómo nos haces falta!…
VANCHO
16 de Mayo de 2010 a las 4:35 pm
Estimado Don Osvaldo:
Debo decirle que usted perdió su joya porque se apegó a ella. Si se hubiera mantenido más a la distancia, quizás tampoco la tendría, pero no la habría perdido. Usted me dirá que no le hace gracia alguna esa sutileza entre perderla y no tenerla. Pero es que a ese “perder” suyo se le palpa corteza de dolor. Fíjese, yo que nunca tuve ni vi esa su joya, no le hice corteza alguna, ni de dolor ni de alegría, ni “no la tengo” ni la “perdí”. Y no son juegos de palabras. Después de todo, durante algún tiempo, que no parece poco, disfrutó usted su joya y esa es la única condición obligada para que pueda resentirse de no tenerla o de haberla perdido. O sea, una luz que existió, hoy lejana - o en apariencia lejana- le hace a usted también su propia, íntima y exclusiva penumbra. ¿O me dirá usted que estaría igual de iluminado o no iluminado si no se hubiera encontrada con su joya?. No. Esta usted cruzado por su propia penumbra que no desaparecerá hasta que otra y extraña joya le alumbre lo suficiente y aun así, no desaparecerá del todo por que ya estuvo en sus manos. Llegado ese momento, sea más cuidadoso: siga los manuales sobre cómo conservar joyas.
Además, debo destacar que la encontró gracias a que se encontraba en penumbra. Si hubiera sido en la umbra de su vida, no la habría podido ni detectar y habría pasado junto a ella como pasa cada día cerca de otras joyas, posiblemente más valiosas, sólo que los resplandores se aprecian poco por que están empañados de demasiada vida. Si, en caso contrario, hubiera estado bajo pleno sol, posiblemente encandilado, la hubiera dejado pasar confundiéndola con alguna baratija, de las tantas que se ven en las calles de nuestros sentimientos. Mas no fue así. Esa penumbra era necesaria para destacar sus extraños brillos dirigidos especialmente a usted, aun cuando usted suponga que estaba descubriendo algo que nadie más podría haber percibido, en lo cual tendría razón, pero por la fuente y no por el receptor. Me explico. Seguramente si yo hubiera pasado no habría logrado captar ningún brillo, porque para mí no lo había. No de ésa, que fue su joya.
En cuanto a la mecánica del asunto -quizás mejor explicado como el “aspecto eléctrico” del asunto- he de decirle que no porto ninguna lámpara, al menos físicamente hablando. Quizás si nos viéramos desde un infinito que no estaremos en capacidad de entender en esta tierra, nos podríamos observar como lucecitas deambulando un primer tramo de un algo, débiles y temerosas de apagarnos a la menor brisa, porque en la lejanía, la oscuridad es mucha. Es tanta que no vemos que estamos en algo más largo y nos preocupamos, con preocupación de soledades insondables, por las joyas que ya no están o que perdimos. Las que no brillan más para nosotros y lo peor, que seguramente si lo hacen y con mucha refulgencia para otros (le recuerdo, no obstante, sin temor a la contradicción, ese viejo refrán que dice que la grama del vecino siempre parece mejor, o sea, que cierta autoflagelación siempre estará presente en nuestros jardines y la grama del vecino puede que no sea tan verde como parece). Esa lucecita, en nuestra escala de incertidumbres y de abundantes ignorancias, a veces, parece un sol. Pero las más de las veces y más aun, al transcurrir de los tiempos, adopta penumbras que se le recuestan a las personas. Y es que usted se antoja en determinar la fuente lumínica en el exterior, cuando más bien anda en el interior. Su lamparita tendrá que encontrarla escarbando entre recuerdos borroneados o borrados del todo, entre diamantes licuados, entre fotos veladas y tan amarillas que parecen tribus de películas de vaqueros. También entre amores esperanzados, aun no partidos del todo -esos son los que proporcionan la luz caramelo- y éxitos cuasi probables -de color más bien azulado, como un flash con bombillo de tungsteno y no de magnesio- y muchas otras particularidades que no vienen a cuento.
Quizás algún viejo cobertor, un par de medias de lana o un espadrapo olvidado está cubriendo el remanente de su lamparilla. Así no habrá luz. Antes podría no haberse dado cuenta por que se iluminaba con su joya y ahora, ya sin ella, sólo le queda la penumbra cósmica de su ausencia y echa de menos algunos brillos propios de luces nuevas. Haga un buen trabajo de deshonillador, pula las superficies que son mejores de lo que parecen a simple vista, así descuidadas y mientras tanto, no se queje de su penumbra (que esa ya es suya), disfrútela en solitario. Siga la labor de mantenimiento que le recomendé, alúmbrese para que lo vean, no vaya a ser que la vida lo atropelle.
Nota: mantuve el respetuoso “usted” por simple envidia de la joya que tuvo y puede recordar, dándole a su penumbra ese toque melancólico de los románticos del siglo XIX.. Su penumbra parece más bien un cuadro de Turner en tono menor. Quizás su joya se parecía a alguno de sus famosos incendios.
16 de Mayo de 2010 a las 4:52 pm
Cuando copiaste, Iván, la frase de José recordé algo así como: “…no te pido que olvides mi correo anterior; te pido que por favor lo borres, lo quemes, lo elimines…” que recibí hace algún largo tiempo de un amigo al que nunca conteste que realmente no tengo ningún tipo de vocación de cura, por el contrario.
Pero creo en la amistad y más que en ella en sí, en lo que ella produce. Por eso quedé ensoñado y pensativo al leer tu interpretación en esa, la frase de José…¿por dónde andará tu sombra, amigo?…¿importa ya?…puedes ir hacia la luz, mirarla, cegarte que tu sombra será tuya y de la luz también y de todos los reflejos y de todas las otras luces que la iluminan además o que la ensombrecen más.
La luz debe estar dentro de ti.
Violeta, Iván, no se imaginan lo que los quiero.
17 de Mayo de 2010 a las 7:51 am
¡Ah… mis amigos! Cuánta luz y cuánta sombra arrastramos por ahí… ¿recuerdan cuando sólo teníamos una luz enceguecedora como de reflector halógeno? Éramos niñitos y no nos acordábamos todavía lo que era transitar apegándonos a las cosas y teniendo miedo de perderlas. Porque en el miedo está la fuente de la pérdida y la ausencia del disfrute.
O si nos acordábamos nos importaba un rábano, verdaderamente… jajaja.
Yo a lo único que temo es a olvidarme de la luz, a no encontrarla en mí, a confundirme…
17 de Mayo de 2010 a las 3:31 pm
Osvaldo: siempre metiendo la mano en la herida oculta. Por eso eres mi hermano.
Mi sombra es un aparecido aún antes que salga el sol.
Como todos los humanos, al andar la luz existente -que no la mía- proyecta mi sombra sobre el valle en que camino.
Como todos ,los huimanos mepregunro ¿es mi sombra producto de mi cuerpo o mi sombra antecede?
“sombrita ya no me de dejes…”
Claro ¡Cómo no lo pensé antes! ¿produzco yo los acontecimierntos o los acontecimientos me producen?
¿Es mi sombra la oscurana de mí? o, ¿quizás, voy yo por el mundo, cara al sol produciendo en cada paso una silueta plana y gris?
“… en la penumbra vaga
de la pequeña alcoba”
Quiero pensar que en este blog nos leen jóvenes a los cuales uno quisiera llegar…
Volcad vuestro vino para dar de beber a tu sombra.
Si mirando tu sombra te entra un poquito de vergüenza… es porque estás vivo y puedes proyectar en el futuro una sombra acogedora. Pero, si tu sombra es para tí un algo inconducente; la nada misma sobre la cual nunca te interrogaste… entonces, amigo, hermano, algo no anda bien en tí.
“…y aspiraré en el aire
aquel olor de rosas.”
Aspiro a crear mi sombra.
“… de terciopelo negro traigo cortinas….”
Mas no deseo que nunca mi sombra se avergüence de mí. Trato de ser profesional en mi forma de vivir. Mi paso está presto para girar a un lado…
Cuando ya el presente sea pasado y todo no exista más en mí, espero que Osvaldo y mis amigos digan con orgullo: fuimos amigos.
VANCHO
18 de Mayo de 2010 a las 4:44 pm
Y si José, toda perdida de algo querido deja siempre una huella al haber compartido un espacio y un tiempo especial.
¿Notaste que tu entrada llegó sin haberme percatado de ella mientras contestaba a Iván? Ambos casi al mismo tiempo, solo que me hubiera gustado en un orden invertido.
Lo que no sabía es que existan manuales de conservación de joyas. He preguntado por las librerías y bibliotecas y (ciertamente me miraban feo) no encontré. Pero no te preocupes, ya he renunciado a las joyas indeclinablemente –aunque, nunca digas nunca- y ahora me dispongo a renuncias a los cigarrillos, al vino, a las carnes rojas, a los vehículos con motores a explosión -vértigo incluido-, a los pubs, a la caza, a la pesca, entre otras cosas. Aún no lo he logrado más que con las joyas –y hasta cierto punto- ya que encontré cierta ocupación agradable para reemplazarlas, pero no lo puedo hacer todavía con el resto de esas otras cosas que tanto afectan a mi salud y la de los demás ya que todo con que las pruebo reemplazar es como que no se disfruta, como que es cosa maliciosa, que no me satisface.
Te explicas perfectamente en tu punto de vista sobre para quién estaría dirigido el brillar de esa joya, es definitivamente indiscutible, clarito, hasta obvio considerando mi edad y mi pinta.
Pero te quiero recordar que toda esta conversación comenzó cuando alguien que no especificaste, porque hubiera sido sumatorio saber tu relación con él, se interesó sobre tu penumbra, o mejor dicho en cómo te sentías con ella. O sea que –y el título de la entrada lo aclara también- estábamos hablando de la penumbra que te pertenece. Y aquí debo de sacarme el sombrero y reverenciar respetuosamente ésta tú habilidad de tomarme cinchando de la barbilla en un momento y en el otro llevarme a empujones por la espalda. Resulta que la penumbra que se extendía a partir de tu hombro izquierdo termina sobre mi lomo. Pero no me quejo, por el contrario, me haces sentir cómodo ya que, afortunadamente, me gustan los recuerdos y vivir con ellos, aunque –sabrás- no vivo en ellos.
También ha sido bueno que aclares que no portas ninguna lámpara ya que cometí el error de no corregirlo en el texto y quedaste como mal dibujado para quien lo lea y no te conozca o no interprete la metáfora, discúlpame por no haberlo notado.
Dentro de todo esto, che ¿de qué se trata tu penumbra, entonces?
18 de Mayo de 2010 a las 4:51 pm
María Celeste, lo que escribiste tiene como un fondito a no apegarse a nada para no sufrir la pérdida. Como que es mejor no comprometerse en nada. ¿Será que lo puedes explicar mejor?
Te dejo un besote grandote. Y aún estamos en expectativa…
18 de Mayo de 2010 a las 6:21 pm
No mi dulce Osvaldito… me expreso mejor: es inevitable apegarse y sufrir. Es como una de las reglas del juego. Pero por más que nos dijeran que es así, ¿quién se sustraería a la maravilla de la entrega absoluta, del juego de la posesión, del comercio de los afectos?
Por otro lado: cuando tememos, cavamos nuestra propia tumba. O la de lo que amamos. Debe ser absoluto y lleno de alas el amor. Donde hay miedo a la pérdida se marchita.
Y cuando digo que temo a la ausencia de la luz o a no reconocerla… es sólo un delirio mío. Como bien dicen, amigos, la ausencia de la luz no es más que la proyección de alguna sombra que transcurre…
La expectativa puede ser muuuuuuuuuuy larga, jajajaj.
19 de Mayo de 2010 a las 6:27 pm
Hablen, tiene tres minutos
De vuelta del paseo
donde junté una florecita para tenerte
entre mis dedos un momento,
y bebí una botellas de Beaujolais,
para bajar al pozo donde bailaba un oso luna,
en la penumbra dorada de la lámpara
cuelgo mi piel y sé que estaré solo en la ciudad
más poblada del mundo.
Excusarás este balance histérico,
entre fuga a la rata y queja de morfina,
teniendo en cuenta que hace frío,
llueve sobre mi taza de café,
y en cada medialuna
la humedad alisa sus patitas de esponja.
Máxime sabiendo que pienso en ti obstinadamente,
como una ciega máquina, como la cifra que repite
interminablemente el gongo de la fiebre
el loco que cobija su paloma en la mano,
acariciándola hora a hora
hasta mezclar los dedos y las plumas
en una sola miga de ternura.
Creo que sospecharás esto que ocurre,
como yo te presiento a la distancia en tu ciudad,
volviendo del paseo donde quizá juntases
la misma florecita, un poco por botánica,
un poco porque aquí,
porque es preciso
que no estemos tan solos,
que nos demos un pétalo,
aunque sea un pasito, una pelusa.
Para leer en forma interrogativa
Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa…
Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás…
Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga…
Has sabido
con cada poro de la piel, sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.
Por último:
“No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre,
que cada cosa cruel sea tú que vuelves…”
19 de Mayo de 2010 a las 11:08 pm
Esa “renuncia global” que incluye joyas, carne roja, a la caza, a la pesca y a muchas cosas más es apabullante. Renunciar a una joya está bien. Pero renunciar a todas las joyas es demasiado privativo, sobre todo cuando nunca podrás conocer a priori la inmensa diversidad que podrías encontrar. Es como renunciar al vino (y también lo amenazas) porque no te gusta la cepa Carmenere. Me parece más remunerativo abrir la mente a lo nuevo, en vez de estar renunciando a tantas cosas.
Ciertamente para no hablar de las penumbras propias, se las endilgo a los demás. Eso no podía escapar a tu perspicacia. No obstante, creo que basta con decir que uno anda con una penumbra terciada. ¿Para qué más?. Todos sabemos de penumbras, de ausencias y de renuncias. Como bien dices, siempre está la luz. A veces uno le sirve de lente a otro para que proyecte sus imágenes al aire. A veces la luz se hace tan tenue que requiere una operación de limpieza a fondo, pero no de renuncias, que sería como romper la lámpara, lo cual seguramente haremos al final.
Repito las preguntas del gran Vancho:
“Como todos los humanos, al andar la luz existente -que no la mía- proyecta mi sombra sobre el valle en que camino.
Como todos los humanos me pregunto ¿es mi sombra producto de mi cuerpo o mi sombra lo antecede?”
Los poemas que incluyen al final me parecen muy buenos. Asumo que son tuyos, ya que no dices nada sobre su autoría.
(Agrego: palabra extraña esa de “remunerativo” que usé arriba, pero es la que me vino en mente. Los beneficios no siempre se miden en pesos. Hay otras remuneraciones. Quizás habrá mejores expresiones, pero como bien sabes, no me gusta nunca cambiar nada a lo que escribo, si lo hice -con errores y todo- fue porque era lo que pensaba en ese preciso momento e insisto que puedo contradecirme a la siguiente hora.)
20 de Mayo de 2010 a las 9:05 am
Oh, lamentablemente se me olvidó decirles que son de Cortazar. es que ando muy despistado en estos días nublados.
23 de Mayo de 2010 a las 1:19 am
Cuánto me estoy perdiendo… demonios
Jose y Osvaldo, el contrapunteo de ambos me mató, me enamora y me lleno de gozo al leerles… en el crepúsculo nos encontramos la penumbra en su apogeo, y siempre será real y cierta por la luz, entonces, ustedes siempre seguirán siendo luz.
Osvaldo, cariño, renunciar a tanto al mismo tiempo lo considero una osadía que te llevará de plano a caer en todo, de nuevo. Particularmente siento que lo que realmente hará que puedas renunciar a todas estas cosas que acotas, será crear conciencia de por qué y cómo llegaste a ellas, pero también de por qué deseas abandonarlas. Al cigarro he renunciado en varias oportunidades, he pasado hasta 3 años sin fumar, no me preguntes en qué momento lo he vuelto a agarrar, lo que si es cierto, es que no he dado realmente con la raíz de mi apego a él aún, o ya hubiera desaparecido. Con las carnes, creo que me fue más fácil, y es que cómo puedo decir que amo un animal y después ir y pegarle un tiro o ensartarlo en un anzuelo para comérmelo; o cómo puedo decir que me encantan las flores y luego cortarlas para ponerlas en mi mesa, para que se vea “más bonita”, o decir que amo a los peces o los pajaritos y luego ir y encerrarlos en jaulas o peceras, acaso me gustaría a mi que el hombre que me ame me deje encerrada en casa y luego me monte un arpón y me deguste al horno, y si lo pensamos, sabremos que no es exagerado, o acaso no hablamos de amor… Sin embargo, la costumbre es cosa seria, como dice la canción de Rocío Durcal “no cabe duda y es verdad que la costumbre, es más fuerte que el amor”… pero se logra, que te lo digo yo, y en este caso si te recomiendo que sea poco a poco, ir eliminando de tu mesa estos manjares y sustituirlos por otros que sepan muy bien, para extrañarlos cada vez menos… lo que más demoré fue el pollo, y ya se fue de mi vida; creo que lo más me marcó, fue un video que vi por error, lloré mucho después de verlo, incluso tuve pesadillas, ese día juré que no más.. y no más. Con el cigarro, lo más triste es no pensar en que ese arpón, nos lo estamos clavando nosotros mismos, y me asusta, me cuesta entender que me quiera tan poco… pero también va desapareciendo de mi vida. El vino, para qué lo vas a dejar? en dado caso sólo debes bajar el consumo, asumiendo que sea mucho, de lo contrario, está comprobado que regulado no hace daño, al contrario. Y quieres saber un secreto? No lo veas como una renuncia, velo como un comienzo a algo mejor. Necesitas ánimo? fácil, marca 800 Jud y listo jajajajaja… en serio, escríbeme, yo me encargaré de decirte cosas que te ayuden… y no llames a Jose, es mala influencia jajajaja…
Jose, psst psst, un beso de miel para ti jijiji.
Vanchito, te sigo queriendo, que no se te olvide… y leerte, siempre siempre es refrescante, ameno, interesante y apasionante… qué manera, qué verbo. Eso si, deja de halarle las orejas a Osvaldito, me lo vas aponer feo y las chicas van a huirle jajaja.
Celeste, apegada estoy, y sin intenciones de renuncia- no me da la gana jajajaja- a tus mail, pues al no recibir alguno desde hace unas semanas, empiezo a sentir mareos… te quiero enorme, lo sabés, te extraño más, sabes que nos conocimos en otro tiempo, que jugamos en otro tiempo, que fuimos cómplices en otro tiempo… la vida nos reencontró, y son de las cosas que me hacen decir en voz alta: La vida es bella…
Los adoro… qué falta me hacen por las noches, cómo añoro poderlos leer
Dios me los bendiga
♥
23 de Mayo de 2010 a las 1:21 am
Ah! se me pasó… ESPECTACULAR lo que trajiste de Cortázar… aaaahhhhh Cortázar, cómo amo su letras…
Mis besos con aroma de boulevar festivo.
♥
23 de Mayo de 2010 a las 11:58 am
jUDITH, Así, con th, esa marca distintiva que adivino era orgullo cuando de niña aprendiste que era especial.
Déjame decirte y decirle a mis iguales del blog que Osvaldo se merece todo lo que le diga Y, además, que él es responsable de ello.
Se ganó con su ser todo el afecto que pueda yo cultivar en éste mi jardín de querer.
Así, queriéndolo como lo quiero, me tomo licencias…
Es Osvaldo (y José, pero hablo de Osvaldo) un gran escritor… si yo pudiera convencerlo. Pero un escritor se hace escribiendo más ese famoso 1% de genialidad. No me refiero a ese porcentaje porque Osvaldo lo posee.
Pero si Osvaldo le torciera la nariz al destino y no se dedicara a la disciplina de escribir: Lástima para los que no no leerán. Sin embargo Osvaldo es profesional de la amistad; el concepto “fraterno” estuvo en su cuna y quizás -lo más seguro-, antes.
Y, ahora, tenemos a un Osvaldo ruborizado por la lectura creyendo que es un halago. (no me hago exclusivo responsable de ese rubor, tú, Júdith, me has instigado: somos culpables).
VANCHO
23 de Mayo de 2010 a las 7:29 pm
Creo que salí ganando, porque me tocó el beso de miel. ¡Exquisito y aromático!
24 de Mayo de 2010 a las 2:30 pm
Disculpen, aprovecho de La Gente y su Sombra, para compartir con ustedes el reencuentro con un gran amigo, un hermano, un compadre, un igual (G.C.U. -gente como uno-).
Agradezco esta tecnología que así como nos hermana en este blog, nos permite encontrar a los perdidos -a algunos, otros se han perdido para siempre-.
Así, ubiqué a Rodolfo Dada Fumero, costarricense, poeta, humano hasta la médula (claro, dirá alguno, como si no fuéramos todos humanos. Pues no. No somos todos humanos si hacemos del concepto un derivado de humanidad: primero el hombre, segundo el hombre y, finalmente, el hombre.
Rodolfo es un gran humano.
Me cuesta llamarlo Rodolfo, ya que siempre lo llamamos Popo; Popo y su metro ochenta y cinco,Popo y sus ochenta y cinco kilos, Popo y su sonrisa imposible de no seguir, Popo y sus poemas -aún antes de escribirlos, Popo y su sangre corriendo por los débiles, Popo y su adarga contra todas las injusticias.
Nos fuimos juntos a Nicaragua. Luego él a su Costa Rica; yo, a mi Chile.
Él cargado de vivencias, poemas medio escritos, otros ya alojados en la memoria y muchos, muchos incubándose en su alma generosa.
Nos perdimos.
Ayer nos encontramos por internet. Le copio uno de sus poemas (olvidaba decirles que Popo es uno de los mejores poetas de poesía infantil):
EL GUAPOTE DEL MANGLAR
En filas de diez en fondo
y con el pecho aguerrido,
llegaron los chacalines
con su grito y con el mío.
Y don guapote asustado
se fue nadando en el río,
con el colmillo apaleado
y roto, roto el vestido.
-¡Ay, ay, todo esto era mío,
por mis colmillos así,
el agua, la piedra y el río,
de nadie, solo de mí!-
Decía el señor guapote
escondido en el fangal,
con su cabeza doblada
en una raíz del manglar,
-¡Ay, ay, se vinieron juntos
los chacalines a mí,
y yo no pude comerme
ni un pequeño tití!
El gran guapote morado
nunca salió del manglar
y juntos los chacalines
se pusieron a bailar.
Podría remitirles muchos otros más; sobre todo para los abuelos a sus nietos, la madre a sus hijos pequeños, la profesora a sus alumnos. Por ahora, basta. Comparto con ustedes el encuentro epistolar con este gran hombre -mi hermano- poeta.
VANCHO
25 de Mayo de 2010 a las 6:26 pm
Felicidades Iván por el reencuentro con tu gran amigo. Lo saludas a Rodolfo de nuestra parte ¿sí? Lograste transmitirnos en esas pocas líneas la alegría de tu corazón con ese reencuentro y mostrarnos cómo es él, ¡muchas gracias por eso!
Algún día –deseo que llegue pronto- puede ser que Internet logre hacer que cada abrazo, cada apretón de manos, cada beso que necesitemos dar se pueda dar realmente. Como poder salir de la pantalla y apretar fuerte.
Gracias Jud por andarte por aquí cada vez que puedes. Siempre te extrañamos. Y ahora hasta con rubores…
¡Agraciado José que se llevó el beso que le gusta!
25 de Mayo de 2010 a las 6:29 pm
“No es que yo vuelque mi vino,
lo derramo de intención,
mi sombra bebe y la vida es de todos…”