La gente y su sombra

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Cuando no se habla de amor

Dedico esta entrada a una mujer extraordinaria, que no se llama Dilcia, que sí es luminosa.

 

“Una aventura es un soplido

que en el aire se escabulle,

que se guarda escondida

donde la ilusión la arrulle”

 

¿Regalas una sonrisa?

 

Cuando no se habla de amor

 

Se acerca al ritmo de los acordes de sus caderas, con su carterita al hombro y sus grandes lentes de sol. Su pollera floreada flamea con gracia; flores por aquí, flores por allá. Armonía de movimientos de hilo al son de un cuerpo joven, ávido, generoso; sin esfuerzos en la interpretación, espontánea, natural.

Él se prepara a disfrutar esa fiesta de colores y movimientos que lo incitan. Trata de mirarla a los ojos a través de aquellas lentes que no consigue penetrar. Sabe quien es, vive cerca; hoy en especial, se la ve irradiando energías poderosas y refrescantes. Parece traer consigo una primavera contagiosa dispuesta a regalar a su paso.

 

Piensa en saludarla, pero en un repentino e imprevisto cambio de dirección, Dilcia entra por el espacio del portoncito. Su corazón se detiene.

La sonrisa de ella captura toda la atención en medio de su sorpresa. El nerviosismo fue evidente en sus manos, acomodando su cartera y sus lentes sobre sus cabellos. Se para de frente, decidida; un último y delicado revoleo de caderas enrolla la pollera en sus piernas.

Él, sin lograr respirar aún, se abstrae en los efluvios de aquella sonrisa especial. Sorprendido, rempujando sus latidos, por reflejo, apoya la mano en su brazo y la besa en la mejilla. La saluda. Se saludan.

 

Flotan es una tensión que lentamente se afloja con la charla. Dilcia sabe que él está solo; él se entera que Dilcia está en conflicto, separada de su pareja. Intenta descubrir en sus ojos negrísimos algún rasgo que lo oriente, quiere saber qué la decidió a buscarlo; solo logra perderse en su profundidad. Cuando entra en ellos, siente haberse lanzado a un abismo. Mira a los lados y todo está pasando rápido. Mira hacia el fondo y parece no haber, parece que siempre estará perdido dentro de ellos; agudiza su mirada, busca alguna respuesta a ese sentimiento extraño que lo atiborra.

Encuentra sí, vitalidad, energía, a la vez que se inunda de una sensación incómoda por la falta de luces. Se siente estar en el fondo más profundo del océano, rodeado de seres que no puede ver, pero que sabe están allí. Siente la sensación de que esos ojos negros ocultan algo.

Su brillante sonrisa tan personal, puede más; ilumina el abismo, el fondo y el océano en el que le parece estar navegando.

 

La conversación es amena y disfrutable, con sabores a sublime y a extraño, sabores que él no logra conjugar y lo perturban. Dilcia tiene una hija con cuyo padre no se casó, trabaja como maestra jardinera y además anima fiestas de niños. Tiene veintiséis años, veintidós menos que él, casi la edad de su hijo mayor.

Es posible que sea esa diferencia de edad que lo esté inquietando. Es posible que sea la iniciativa de ella de entrar en su vida con propuesta de amistad. Estas incertidumbres lo trastocan, no comprende muy bien si son propias de la situación o están dentro de él. No logra descifrar qué pensamientos están pasando por la mente de ella. No está muy seguro de nada; confundido, se deja llevar.

Es sumamente atractiva, simpática y muestra una inteligencia y madurez que le sientan bien.

 

Se suceden otras citas. Él sigue tratando de descubrir rastros dentro de esos ojos grandes, hermosos y negros. No se opone a nada, pero se ocupa de hacerle comprender que no desea una relación formal, que su amistad le agrada y no le gustaría destruirla con compromisos. Así reprime sus deseos de carne que le provoca esa vigorosa juventud, tratando de ahuyentarla para no provocar heridas, al tiempo que la somete a una prueba.

Dilcia no se perturba.

Que no se perturbe le aporta otro dilema. Debe tener mejores relaciones en su ámbito que las que puede obtener con él. Pero ella, con su especial manera, se ocupa de no ahondar en ninguna de aquellas inseguridades. Sin apuros, sin ansiedades, lo fue abarcando y logró inundarlo de sus aromas y sonidos. Lo llevó a su fiesta, donde lo arrulló hasta hacerlo sentir dentro de un mundo de ellos; único.

 

Cuando las incógnitas dejaron de centrar su atención, cuando ya nada parecía existir fuera de ellos, cuando la imagen de ella se enredó en las de él convirtiéndose en la única, Dilcia le dio a beber de su sal y lo introdujo en su mundo de humedades y caricias.

Desde ese entonces, en cada encuentro, el saluda pidiéndole simplemente, de regalo, una sonrisa, para luego alejarse raudo.

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Serie de relatos de personajes

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Comentarios

13 respuestas a “Cuando no se habla de amor”
  1. celeste alvarez reyes dice:

    wa! y yo ke pensaba ke eras un virus! jijiji
    eske no rekonocia eso de BONI =)….
    hermoso, no existe otra definicion, porque logras describir lo que es indescribible y me sumerjo tambien con ellos =)

    que gusto leer tu blog =) y que gusto recuperarte y encontrarte de nuevo =) los extrañe! =), prometo no volver a dejarlos =) y prometo pronto escribir para ti , para mi, para ustedes =)
    …..

  2. Osvaldo Bonini dice:

    Un gran gusto reencontrarte Celeste. Y un GRAN beso.

  3. Jose Itriago dice:

    Vertiginoso remolino donde los brillos de las aguas impulsadas por el furor de mi corazón acelerado, cambiantes, veloces, me impelen a las profundidades de tus pupilas, que veo de pronto que se estrechan, como encandiladas o atentas y entonces trato de recordar qué dije, que te llamó la atención o te molestó (Te oigo, te oigo). Pero no puedo recordar nada porque no tengo tiempo, estoy hablando y temo dejar de hablar y tú me oyes como con una sonrisa, a veces, o serísima, casi siempre, haciéndote la concentrada. (Estoy aquí para ti y por ti) No sé de qué estoy hablando y menos sé de leer ojos y todo está en los ojos. Y tu remolino me reclama, me jala a las profundidades donde deseo estar. Por fin entiendo aquello que decían de que me quiero morir. Nadie se quiere morir, lo que quiero es vivir allí entre tus pechos gloriosos que no veo, que jamás he visto, mientras mantengo fija la mirada en tus ojos que se hacen ojos míos, porque allí me estoy viendo reflejado. (Estoy aquí para ti y por ti) No me atrevo a bajar la mirada y tú te inclinas (me inclino para que me ames en mi cuerpo) y yo sé que tu suave camisa se abre y me presenta tus maravillosos pechos que jamás he visto (jamás ha sido más dulce enseñarme ¡mírame!), pero sé que lo haces adrede, quizás porque sabes que no me atrevo a bajar la vista, para verte descaradamente, que es lo que me provoca. Siento el aroma de tu cuerpo y sé que es parte de la seducción tuya, (ya es tiempo de entregarse), pero no estoy seguro si debo o no bajar la mirada, ahora que intuyo que podría ver como nunca y por primera vez, tus pechos adorados, sostenidos por tus negras pupilas, diamante negro, como se llamaba un torero de mis tiempos. Te lo digo (Me lo dijo) pero tu no entiendes de qué te estoy hablando (Sé que divagas), me río y creo que te digo que no importan los toreros ni nada de la fiesta brava, que cuánto siento ser tan viejo para ti, creo harte oído decir algo sobre que no era tan viejo o que te gustaban los viejos, no puedo recordar ni imaginar más nada porque veo de pronto un dejo burlón en tu sonrisa (mi sonrisa es una puerta abierta para ti) y me parece que me equivoqué. De pronto me invade el temor de estar haciendo el ridículo. Siempre me pasa eso. Después si me adelanto y trato de abrazarla me pude rechazar (por favor, no me digas jamás). Me parece que se está despidiendo. Adiós, adiós, mi bella reina, reina de mi amor, reina de los ojos negros más bellos jamás vistos. Te perdí para siempre. Creo que le dije que no era posible y ahora ¿Qué hago con esta mezcla de alegría y frustración? seguiré pensando siempre este momento mágico. Durante semanas, o meses, o toda la vida, estaré jugando con él, cambiándolo sutilmente, imaginando que habría pasado si yo. Pero sé que no se repetirá, que rechacé la oportunidad final.

    Él se fue a la cocina a prepararse un carajillo, bien entonado, para después sentarse a pensar. Sabía que tenía razón, que estaba bien. Logró un sueño: impalpable, pero incorruptible. No pasaría nunca más por el rechazo final en la cama, dos cuerpos sudorosos y hastiados que deciden, cada uno por su parte y poco a poco, que ya no tienen más que decirse, ni que encontrarse. Ahora que casi obtuvo lo más bello y perfecto que pudo jamás imaginar, que estuvo al borde de poseerlo, se siente lleno con ese recuerdo, ese absoluto para el resto de sus años, del cual jamás se podrá saturar. Ni la vejez o el deterioro de ella podrán jamás sacarlo del ensueño: su fantasía tiene ahora argumentos reales, los más sólidos que jamás tendrá. Había envejecido, estaba canoso, pero su ingenio era innegable y su imaginación hacía casi indistinguible la fantasía de la realidad. Sabía vivir con ambas.

    Ella se fue con algo de decepción. Después de todo era un rechazo, aun cuando explicable por la edad de él, quizás sobrestimó el fuego, porque vio algunas brasas. Pero ahora entendía que esas brasas no estaban alimentadas por los hoy, sino por los ayeres. En realidad se divirtió seduciéndolo y una vez más concluyó que lo más importante era ese juego previo y se juró volverlo a intentar, a sabiendas de que sería forzado y se puso a cantar una antigua canción de Biéli:

    El riachuelo separa dos árboles,
    pero sus ramas crecen entrelazadas;
    el destino separa dos corazones,
    pero sus mentes siguen unidas.

    No quedaron miradas tristes, no quedaron noches interminables. Apenas algo de melancolía que las embellecía. Un casi, que es una esperanza, un tal vez.

  4. Mora Torres dice:

    Endimión en Latmos

    Yo dormía en la cumbre y era hermoso
    Mi cuerpo, que los años han gastado.
    Alto en la noche helénica, el centauro
    Demoraba su cuádruple carrera
    Para atisbar mi sueño. Me placía
    Dormir para soñar y para el otro
    Sueño lustral que elude la memoria
    Y que nos purifica del gravamen
    De ser aquel que somos en la tierra.
    Diana, la diosa que es también la luna,
    Me veía dormir en la montaña
    Y lentamente descendió a mis brazos
    Oro y amor en la encendida noche.
    Yo apretaba los párpados mortales,
    Yo quería no ver el rostro bello
    Que mis labios de polvo profanaban.
    Yo aspiré la fragancia de la luna
    Y su infinita voz dijo mi nombre.
    Oh las puras mejillas que se buscan,
    Oh ríos del amor y de la noche,
    Oh el beso humano y la tensión del arco.
    No sé cuánto duraron mis venturas;
    Hay cosas que no miden los racimos
    Ni la flor ni la nieve delicada.
    La gente me rehúye. Le da miedo
    El hombre que fue amado por la luna.
    Los años han pasado. Una zozobra
    Da horror a mi vigilia. Me pregunto
    Si aquel tumulto de oro en la montaña
    Fue verdadero o no fue más que un sueño.
    Inútil repetirme que el recuerdo
    De ayer y un sueño son la misma cosa.
    Mi soledad recorre los comunes
    Caminos de la tierra, pero siempre
    Busco en la antigua noche de los númenes
    La indiferente luna, hija de Zeus.

    Este poema es un regalo que hace tiempo quería hacerte, Osvaldo, y creo que es el momento oportuno. Es tan profundo como un Rembrandt, es para ser mirado y también leído en voz alta -no muy alta- muchas veces.

    Y su infinita voz dijo mi nombre…

    Por supuesto que es de JLB, el romántico a quien acusan de cerebral y frío.

    te quiero

  5. María del Socorro Nievas dice:

    Amigos:
    Es pregunta:
    Las mujeres ingresan al alma masculina por los ojos? Son imágen tan visuales…(aclaro que quisiera usar comillas pero desde un texto de Vancho me he propuesto a no usarlas “tanto”) las que pintan a esta hermosa mujer….
    Aunque las imágenes de José también dicen de estados del corazón y sonidos.
    Tengo una cita de mi hermana Sara: Todas las mujeres son bellas. La condición de belleza es que se hagan cargo de ser ellas mismas y se corran de ideales impostados.
    Abrazo

  6. Júdith Mora V dice:

    Te leo y me produce infinita admiración, si hay forma de llamar a un caballero con otro nombre, sería con el tuyo, Osvaldo. Tu verbo es delicado y pulcro y yo sigo encantada de tener la oportunidad de disfrutarlo.

    Que te llegue un beso muy grande, desde aquí, al norte del Sur.

    Morita
    Borges, el inmenso Borges que tan bien describes, me lo regaló hace un tiempo alguien de tu tierra… y desde ese entonces, la vida es otra.
    Otro beso inmenso para ti.

    Jud.- ♥

  7. María Celeste Cécere dice:

    Y… yo creo que sí Socorro. Por lo menos es lo que he escuchado a lo largo de mi vida de los labios de muchos hombres. Hay una fascinación por la curva, lo ondulado, el meneo, todos los movimientos y las figuras circulares… recuerdo que de muy jovencita me preocupaba esa fascinación, porque como siempre fui muy delgada, no me sentía con “recursos para competir”… inseguridad adolescente típica.
    Cuando descubrí que mi verdadero fuerte estaba en otros aspectos de mi belleza, me hice conciente de aquello que dice tu hermana. Así que luego pude escuchar cosas como: “la luz brillante que irradian tus ojos”, “la gracia para moverte, como de bailarina de ballet”, “eso que no sé qué es… pero qué dificil es ser tu amigo”… jajaja. Recuerdos que se colaron.
    ¡Abrazos!

  8. Mora Torres dice:

    Socorro: en ese caso no todas las mujeres serían bellas sino sólo las que se corren de ideales impostados. No, si uno está en el mundo sabe que no todas las mujeres son bellas y que ésas son frases impostadas. Lo siento, nunca estoy de acuerdo con vos, pero es lo bueno por ahora.

  9. Jorge A Rodriguez V dice:

    Osvaldo:
    …. Reminiscencias de sublimes vivencias retrotrae la lectura.
    Evoca el delicioso aroma de joven mujer ávida por un amor travieso de conveniente intrascendencia.
    … Predispone la entrega de cuerpos y almas. En imágenes, por supuesto, si así conocemos. ¡Ah! El año 26 en la mujer es un gran año, sumados es 8, un año infinito, es un alfa abierto a lo eterno, al cambio, se requieren al menos el doble de años para apreciar los matices de su encanto. El hombre mira en un cristal y la mujer en otro. Aceptando eso se produce la armonía y el sueño de Endimión se justifica.
    Maravillas todos y todas, que agradable.

  10. clauss rizzo dice:

    Osvaldo Capo
    Que historia…
    Que distancia, y que cerquita que anduvieron
    las flores desparramadas por el suelo

  11. Iván Salazar Urrutia dice:

    Osvaldo. Cuando aún no nacía el amor, las palabras vacacionaban. Jorgerv lo dice: …”amor traviezo de conveniente intrascendencia.” Claro que cuando lo dice ya Amor había -varias horas atras- nacido. Por ello lo de Amor traviezo. Por ello Cuando No Se Habla De Amor. Metido como estoy en el blogg de las palabras, tomo mi cuerda de circo y hago precarios equilibrios hasta llegar (otra cosa es cómo voy a volver; pero eso es parte constituyente de mi vida: me arriesgo para llegar y luego ¿?).
    Estando donde estoy, digo que Amor nace como un gigantesco monumental parto de la conciencia, es decir de la palabra. Nada más brutal, nada más sobrecogedor, nada más hiriente del paraíso natural, que una declaración de amor. Demoraremos queridos y queridas en develar este arcano, o siquiera en llevarlo a nuestro bolsillo de las anotaciones: se trata de una búsqueda tautológica.

  12. Blanca Estela Saavedra Donoso dice:

    ¡Felicitaciones Osvaldo por tu blogs!

    A propósito de ojos negros:

    ESOS OJOS NEGROS

    (Antonius Hermosillus Torrus)

    Salí de mi trabajo como de costumbre y bajo un sol esplendoroso dispuse mis pasos por el callejón. Caminar en esa dirección era lo más cotidiano y normal. Sin embargo, todo cambió cuando mis pies enfilaron por el camino y en cosa de segundos mis ojos quedaron clavados en la vereda del frente. Más concretamente en la ventana de la casa amarilla. Allí había un par de ojos negros. Sí esos ojos negros me conquistaron de inmediato. En el acto quedé prendado de la luz que emanaba de ellos. Fue realmente fantástico. No tenía conciencia de nada más en el bario. Sólo miraba embelesado esos ojos negros. La impresión pareció recíproca. Caminé más lento y a igual velocidad mis ojos seguían enamorándose de esa mirada.
    La cortina cubría su rostro, sólo esos hermosos ojos negros continuaban mirándome. El momento fue eterno y en un instante la cortina se corrió.
    Esos ojos negros pertenecían al perro de la casa.
    Ciao.

  13. Jose Itriago dice:

    El cuento de Blanca Este es coitus interrupto. Me recuerda a Joaquín Sabina:

    Ojalá quien visite este folleto
    Sea lego en Chaquespiere y en sor Juana,
    No compite mi boina de paleto
    Con el chambergo de Villamediana.

    Sacando chispas donde falta lumbre,
    Si un verso crispa su reverso ampara,
    Mientras dispara contra la costumbre
    De ponerle al buen tiempo mala cara.

    Muchos quieren brindar con los amigos,
    Varios desactivar un exabrupto
    Dos o tres avivar el avispero.

    Todos obviando premios y castigos
    Duran menos que el coitus interrupto
    De tantas despedidas de soltero.



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