Kao Joi Lin

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Misoginia o misantropía solapada

“Proteger los derechos del ciudadano –hombre o mujer- sin discriminación de género ni de otra índole, es filantropía.”

Desde tiempos ancestrales la convivencia marital de la especie humana, ha sido concebida en el marco de la anuencia del hombre, ante la acepción requisitoria de la mujer; como respuesta a sus proposiciones. El hombre debe o termina aceptando condiciones por imposición de las féminas, de ahí el proverbio:

“el hombre propone y la mujer dispone”

De esta sencilla praxis ha nacido el control sublime de la comunión de parejas humanas protagonizado por el género femenino. Es menester que una concupiscencia “inusual” y   compulsiva, antes, que algún sentimiento natural (“amor”); altere, la naturaleza de conducta de la mujer ante una proposición inconveniente. Y, que ella, por causa de esa condición “atípica” sea afectada profundamente.

En función investigativa y derivado de análisis psicológicos trascendentales, los pensadores antiguos así lo han determinado.

Quien crea en debilidad de mujer, pensara solo en la percepción visual y/o bajo un concepto especulativo y sin ningún fundamento idóneo, el poder de ellas está en un sexto sentido por su carácter genérico, el cual, el hombre las más de las veces omite. Este error ha sido y será su condena.

Presentar a la mujer ante todo hecho como mártir es usual (eufemismo), máxime, en asuntos domésticos, violencia física o verbales, así el causante de los agravios sea la mujer. La diferencia estriba en que cuando es así, el hombre por dignidad u orgullo infundado, no actúa en su contra ante la justicia (machismo), en vez, actúa la mas de las veces insensatamente hasta llegar a situaciones drásticas o divorcio. ¡Es menester un grado de madurez mental y carácter elevado para que suceda lo contrario! En cambio, la mujer ante situaciones adversas utiliza ese sexto sentido del que habla Cicerón en los “Idus de Marzo” en Carta de “Cicerón a Ático” Capitulo XXXI, donde afirma que las mujeres tienen un rol dentro de los hogares y de las familias. No hay engaño al que no recurran, ni rapacidad que no practiquen para mantener seguro –“una cueva para ella y sus hijos”- su hogar y su familia, que es lo único que les importa. La posición social que tienen las mujeres en su medio es bastante parecida a la de la esclavitud y su astucia les sirve para defenderse con respecto al resto de mujeres, en lugar de usar la violencia, así como para conseguir lo que se proponen.

Consideremos el ejemplo a continuación:

Misoginia de Cicerón, o Codicia de Cleopatra

Cleopatra ansiosa de traspasar las barreras políticas del imperio romano en función de haberse de indulgencias e, indiscutiblemente tener injerencia en el mismo para beneficio -no tanto de su pueblo, que es el pote de humo- sino personal y de su hijo, supuestamente de Julio Cesar, se las ingenia para viajar a Roma con su vástago, caso que fue rechazado por el protocolo imperial.

Según Thornton Wilder en los “Idus de Marzo” considerando esto anterior y relacionado a las decepciones de Catulo por el amor de Clódia (personajes románticos de la obra); Cicerón, mentor del Cesar escribe a Ático que es un tribuno también y asesor del emperador (personajes políticos), comentándole los siguiente:

“Todo el mundo piensa que los matrimonios funcionan porque se creen excepcionales al resto, pero la realidad es que todos los matrimonios fracasan y solo unos pocos salen adelante. Las mujeres están tan convencidas de los argumentos que ellas tienen y de los fines que quieren conseguir, que no ven el resto de actuaciones ni de argumentos por parte de los demás que le lleven la contraria”

Cicerón, alega que estás cosas no suelen revelarse, para él se debería hacer, por tratarse de verdades.

A Cleopatra, que traía a su hijo con ella en viaje a Roma, no le parece acertada la decisión que toma Julio César ante la prohibición de no poder llevar a niños menores de cinco años, ya que su hijo tenía tres y ella pensaba que él había sido en todo momento un padre afectuoso, no en realidad como un hombre sin sentimientos por razones de estado.

Entonces, desde el navío real, a su llegada a Ostia, le escribe al emperador, para decirle como Reina y como madre, que su condición real la hace ser más vulnerable ante la necesidad de amor y afecto por parte de su hijo, y más en concreto si éste tiene necesidad de afecto y está delicado de salud. ¿Estará en lo cierto Cicerón?  ¡Pregunto!

Devenido de esta condición, innata de la mujer y la astucia de quienes manejan la política perversamente y tratan el sofisma con fines altruistas y poco honestos, aun cuando ¡por su misma condición hipócrita ante lo que le circunscribe o le conviene controlar parezca lo contrario! Muchos entes particulares y colectivos se han dado a la tarea de crear o promover normas y leyes asimétricas en función de “proteger” a la mujer, caso que, automáticamente refleja una discriminación tacita por motivo que la ley debería ser imparcial sin distinción de género, color y religión, de modo que si tal condición fuera absolutamente viable; entonces, también deberían crearse normas y leyes especiales para protección del hombre y en contra de la violencia domestica donde la victima sea el hombre. Esta actitud drástica e hipócrita, crea, considerando una sana reflexión: misoginia y/o misantropía solapada.

Las leyes creadas para –supuestamente- defender a la mujer son una trapa de doble filo para las mujeres –considérese una misoginia solapada- pues, las mujeres, confiadas en estas leyes discriminantes y ¿absurdas?  Muchas veces cometen –“sin querer queriendo”- errores fatales.

Muchos políticos y altruistas tanto hombres como mujeres, muchas veces feministas infundados y engañados a sí mismos, con el fin de ganar adeptos para sus campañas electorales y para constituir fundaciones y ganar imagen (respectivamente); se han dado a la tarea de promover movimientos en favor de la mujer, caso que, las más de las veces sin lograr su propósito con el fin que supuestamente se promueven, obtienen su objetivo principal y oculto detrás de las cortinas del escenario del teatro, “lucro”.

Definitivamente esta actitud es, una misoginia solapada, de índole eufemista e hipócrita. La ley debe ser igual, tanto para hombres como para mujeres, describir una ley para proteger a la mujer implica otra para proteger al hombre esto, sin lugar dudas, es absurdo, pues, discrimina la capacidad de ejercer justicia equitativa o ecuánime entre los géneros y ofende por un lado la inteligencia del común denominador del pueblo donde se aplica y por el otro, a aquellos quienes interpretan las leyes bajo un concepto intelectual o filosófico, la naturaleza de las leyes y, que reconocen y no aúpan sus despropósitos.

Ante esto, repito:

“Proteger los derechos del ciudadano –hombre o mujer- sin discriminación de género ni de otra índole, es filantropía.”

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