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Archivo de Julio, 2016

“Absolvedlos, no importa, la Historia los condenará”



“Absolvedlos, no importa, la Historia los condenará”. Mirian Celaya.

Esto anterior es lo antagónico de las frases dichas por Fidel castro durante su juicio incoado en 1953 por el asalto al fuerte Moncada, donde, se regodeo con un documento de 44 folios en hacer alusiones de derechos sociales y humanos en contra de las tiranías, incluso dichas por clérigos como Santo Tomás de Aquino. ¿Negando algún ateísmo? ¡Qué cínico!

Cito:

“En la Summa Theologíca, rechazó la doctrina del tiranicidio,

Pero sostuvo, sin embargo, la tesis de que los tiranos debían ser depuestos por el pueblo.”

Igualmente, Fidel, citó a Martin Lutero y a Juan Mariana para justificar lo injustificable devenido en el prólogo de la tiranía más larga que se ha suscitado en Latinoamérica.

Su corolario lo justificó con las teorías políticas de EEUU del siglo XVIII y la revolución francesa

La Declaración de Independencia del Congreso de Filadelfia el 4 de julio de 1776, consagró este derecho en un hermoso párrafo que dice: «Sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres nacen iguales; que a todos les confiere su Creador ciertos derechos inalienables entre los cuales se cuentan la vida, la libertad y la consecución de la felicidad; que para asegurar estos derechos se instituyen entre los hombres gobiernos cuyos justos poderes derivan del consentimiento de los gobernados; que siempre que una forma de gobierno tienda a destruir esos fines, al pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios y organice sus poderes en la forma que a su juicio garantice mejor su seguridad y felicidad.»

La famosa Declaración Francesa de los Derechos del Hombre legó a las generaciones venideras este principio: «Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para éste el más sagrado de los derechos y el más imperioso de los deberes.»

«Cuando una persona se apodera de la soberanía debe ser condenada a muerte por los hombres libres.»

Haciendo alarde de que el luchó, ataco y mató a gente inocente ese día aciago, el Moncada, por la libertad de un pueblo reprimido por la tiranía de Batista. La pregunta es: ¿cómo se puede llamar a un régimen que ha mantenido a su pueblo durante más de 50 años padeciendo sangre sudor y lágrimas producto de la miseria y del terror de estado?

Para culminar su oratoria retorica-olímpico-maratónica como emulo a Nerón (Claudio César Augusto Germánico) como parte de la defensa, dijo:

(…) Nacimos en un país libre que nos legaron nuestros padres, y primero se hundirá la Isla en el mar antes que consintamos en ser esclavos de nadie.

Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba,

Qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!

Termino mi defensa, no lo haré como hacen siempre todos los letrados, pidiendo la libertad del defendido; no puedo pedirla cuando mis compañeros están sufriendo ya en Isla de Pinos ignominiosa prisión. Enviadme junto a ellos a compartir su suerte, es inconcebible que los hombres honrados estén muertos o presos en una república donde está de presidente un criminal y un ladrón.

A los señores magistrados, mi sincera gratitud por haberme permitido expresarme libremente, sin mezquinas coacciones; no os guardo rencor, reconozco que en ciertos aspectos habéis sido humanos y sé que el presidente de este tribunal, hombre de limpia vida, no puede disimular su repugnancia por el estado de cosas reinantes que lo obliga a dictar un fallo injusto. Queda todavía a la Audiencia un problema más grave; ahí están las causas iniciadas por los setenta asesinatos, es decir, la mayor masacre que hemos conocido; los culpables siguen libres con un arma en la mano que es amenaza perenne para la vida de los ciudadanos; si no cae sobre ellos todo el peso de la ley, por cobardía o porque se lo impidan, y no renuncien en pleno todos los magistrados, me apiado de vuestras honras y compadezco la mancha sin precedentes que caerá sobre el Poder Judicial.

En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no la ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no importa, La historia me absolverá.

Mirian Celaya (Eva), (La Habana, Cuba 9 de octubre de 1959)

En contra de la probidad y la bondad del mandato de Los Castro, afirma:

Magnificar el efecto del virtual derrumbe del chavismo y de la crisis económica venezolana como la fuente principal de la actual crisis cubana es colocar (una vez más) las causas de los problemas de Cuba más allá de sus fronteras, cuando en realidad la clave de todos nuestros males se encuentra en la ineficacia de un elite de taimados bandoleros que han secuestrado vidas y haciendas, saqueando la nación a su antojo durante décadas (…) Con o sin Venezuela, —como antes fuera con o sin Unión Soviética, con o sin “campo socialista”, con o sin inversionistas extranjeros—, lo cierto es que los Castro han sido más nocivos para Cuba que todas las epidemias y guerras que haya tenido esta nación a lo largo de su historia, y continuarán siendo una rémora para todos los cubanos en tanto sigan en la poltrona del poder.

Algo como esto anterior decía el apóstol de la libertad

Cito:

“Cada pueblo se cura conforme a su naturaleza, que pide diversos grados de la medicina, según falte este u otro factor en el mal, o medicina diferente. Ni Saint-Simón, ni Karl Marx, ni Marlo, ni Bakunin. Las reformas que nos vengan al cuerpo. Asimilarse la útil es tan juicioso, como insensato imitar a ciegas (…) El derecho mismo, ejercitado por gentes incultas, se parece al crimen.”

Como pueden notar Fidel Castro ha endilgado a sus opositores o enemigos las innumerables consecuencias nefastas producto de su conducta narcisista dañina, a todo esto toma como bandera a quienes nunca hubieran apoyado sus tropelías, hasta el punto de hacer a sus aliados intelectuales y artistas concebir en la literatura de Martí como fuente inspiradora de sus adefesios tiránicos, cosa que en base al adoctrinamiento de los infantes ha hecho de su personalidad un icono al que hay que rendirle tributo, “desafecto” a la más rancia teoría de los comunistas en contra del dogma y la idolatría.

“No hay para odiar la tiranía como vivir bajo ella (…)  “nosotros tenemos esta noche la elocuencia de la Biblia, que es la que mana, inquieta y regocijada como el arroyo natural, de la abundancia del corazón.” Jose Martí

“Han de tenerse en grado igual sumo la conciencia del derecho propio y el respeto al derecho ajeno; y de éste se ha de tener un sentimiento más delicado y vivo que el de aquél, porque de su abuso sólo puede venir debilidad, y del de aquél puede caerse al despotismo.” José Martí.

Esta última sentencia es lo que la egolatría del León del Biran ha hecho al pueblo cubano miserable en nombre de un régimen que lo menos que tiene es filantropía socialista o sistema político democrático, pero si, déspotismo como el tiránico.

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