Kao Joi Lin

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Archivo de Abril, 2016

Venezuela y Maquiavelo según “analítica”


“analítica” www.analitica.com/opinion/releyendo-al-principe-de-maquiavelo dice:

“El Príncipe de Maquiavelo es una de las obras más importantes  del pensamiento político que se haya escrito. Muchos grandes hombres en la historia lo han estudiado, como Napoleón Bonaparte, que lo comentó, in extenso, en los márgenes del libro.

Hoy harían bien nuestros gobernantes -y los que aspiran a serlo- en leer sus páginas, ya que no se trata de una obra cínica, sino más bien de un profundo y descarnado análisis de la condición humana.

Algunos de sus comentarios bien pueden ser aplicados a la situación que hoy vivimos en nuestro país como cuando afirma: “… El príncipe… debe evitar las cosas que lo hacen odioso y despreciable“, para el agudo Florentino era preferible ser temido que amado, pero lo que tenía que evitar era ser odiado porque de ocurrir eso su fin estaría muy cerca.

También recuerda Maquiavelo que el príncipe debe temer dos cosas, una a lo interno, sobre lo que piensan sus sujetos, la otra a lo externo, lo que piensan las potencias extranjeras

En la Venezuela de hoy los dirigentes del oficialismo se empeñan en ser odiosos, en ofender y perseguir a sus adversarios al no considerarlos como tales, sino como los peores enemigos. ¿Será que no se acuerdan del viejo dicho: quien siembra vientos recoge tempestades?”

Esto está pasando en Venezuela, lo describe Platón en el libro VIII de: “la república o el estado”, la síntesis es de Aula de filosofía de Eugenio Sánchez Bravo, Cito:

“Platón hace una distinción entre deseos necesarios e innecesarios. Los necesarios son aquellos que “no podemos reprimir y que, al ser satisfechos, nos benefician”. Por ejemplo, el comer y el condimento son necesarios en tanto en cuanto supongan beneficio para el cuerpo. Los innecesarios son típicos del alma carente de educación y perjudiciales para el cuerpo. Por ejemplo, el deseo de comidas que resultan nocivas. Lo mismo ocurre con los apetitos sexuales. El hombre oligárquico está dominado por los apetitos necesarios pues ve en los innecesarios un peligro para su economía. Sin embargo, en sus hijos se librará una batalla entre los necesarios e innecesarios en la que, en ocasiones saldrán triunfantes los más perjudiciales. Se dejarán arrastrar por los discursos que igualan el pudor a la idiotez o el control de sí mismo a la falta de virilidad o la grandeza de espíritu a la prodigalidad. El hombre democrático pone todos los placeres en pie de igualdad y vive satisfaciendo cada día el apetito que le sobreviene, “algunas veces embriagándose y abandonándose al encanto de la flauta, otras bebiendo agua y adelgazando, a veces inclinándose hacia los guerreros y otras hacia los negociantes”.

A la democracia le sigue el peor de los sistemas políticos, la tiranía. La transformación de la democracia en tiranía es posible porque, tanto en el caso del individuo como del Estado, la más salvaje esclavitud surge a partir de la más extrema libertad. Existen tres clases sociales dentro del Estado democrático: los zánganos, los ricos, “pasto de los zánganos”, y el pueblo, que vive dolorosamente de su trabajo. El pueblo, cuando se congrega, es la clase más poderosa en una democracia pero rara vez lo hace a no ser que le proporcione algo de riqueza. Si sus líderes se enfrentan a los ricos, para distribuir la riqueza entre la multitud, suele participar. Es habitual que los ricos se defiendan e intenten restaurar una oligarquía. El pueblo reacciona y elige de entre sus filas al más sanguinario como líder.

Este líder, “alguien que gusta de entrañas humanas descuartizadas entre otras de otras víctimas, necesariamente se ha de convertir en lobo“, será el tirano. Para contentar al pueblo mata y destierra, sugiere abolición de deudas y partición de tierras. Los ricos se defienden: intentarán ejecutarlo, desterrarlo o asesinarlo a escondidas. Entonces el tirano solicitará al pueblo una custodia personal. Los ricos, al verse en minoría y “enemigos del pueblo”, huirán cobardemente y dejarán al pueblo a merced del tirano. Este, en principio, sonríe y promete, libera de deudas y reparte tierras, adopta modales amables… pero al poco tiempo comenzará una guerra, subirá los impuestos y obligará al pueblo a trabajar día y noche para que no conspiren contra él. Quienes no confíen en su mando serán eliminados y aquellos de sus amigos que le censuren también. “Purificará el Estado” eliminando a los más sabios, los más valientes y los más ricos. Vivirá siempre rodeado de mediocres que le hagan sentir seguro. Normalmente los traerá del extranjero. Cuando el pueblo quiera retirar su apoyo al tirano será demasiado tarde. Este es parricida por naturaleza y no respetará al pueblo, que es su padre, y de hombres libres pasarán a ser esclavos.”

Jaime Pons Briñez de Maracaibo afirma: respecto al príncipe relacionándolo con Venezuela lo siguiente:

Que el gobernante de hoy le advierte al otro que no lo es, que se cuidará de sus amenazas para derrocarlo. Sería en los tiempos de las consejas de Maquiavelo razón suficiente para que El Príncipe nuestro asesinara con veneno o con arma moderna a quien solo le da dos meses en el trono. Pero ni el uno ni el otro son imprescindibles y cada uno tiene quien puede y quiere reemplazarlos y eso los obliga a aceptarse pues sin él uno, se acabaría el otro o perecerían ambos. Que esa es la naturaleza del poder y lo que obliga a soportarse.

Aquí ni se renuncia ni se entrega el poder, pues eso no es alternativa alguna si lo que te espera es prisión de por vida y en suelo extranjero aunque se demuestre que este Príncipe nuestro no es de por estas tierras y obligaría a sus soldados a repudiarlo y dejarlo a su suerte, que es lo que propios y extraños más desean y hasta sería lo menos cruento y lo que los aproximaría para sellar algún tipo de paz, por engañosa que esta sea.

Que nadie olvida la mala muerte del finado comandante entre las súplicas por alguién que le diese vida cuando ya no la tenía ; o, el otro que saltaba charcos y que traicionado, terminó como un bacalao congelado mientras sus esposas se repartían los despojos del muerto hasta que no quedó otra que sepultarlo o correr con una muerte por plaga. Que así premian los dioses a quienes les arrebata el poder y los despoja de todo honor y gloria, pues el hombre es el ser que depreda por puro placer a sus semejantes y se congratula por ello.

Que también El Príncipe fue formado en ´´El Arte de la Guerra´´ y Maquiavelo habla de la ventaja de usar no patriotas sino mercenarios, pues no teniendo afecto por sus connacionales puede matar con impunidad y hasta recibir buen pago por sus acciones y también que se le oculta a la soldadesca propia los desmanes de los extranjeros… ¡Qué tal es la querencia del poder y de su uso, desde que Caín mató a Abel!

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