Kao Joi Lin

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El Señor de la espada

Hobbes, hace entender a Leviatán –de Job e Isaías en el antiguo testamento- como una justificación del Estado absoluto, como la proposición teórica de la obra de J.J. Rousseau, y una doctrina de estados de derechos basada en el advenimiento de sociedades con gobiernos legítimos. Sin embargo, para nuestros tiempos su apreciación se ha venido tornando en favor del absolutismo y totalitarismo en derivación a las esferas o burbujas de poder del comunismo, el cual, evidentemente, a tenor de: 1) un patriotismo (chauvinista) como producto de los jacobinos de la revolución francesa (libertad, hermandad, fraternidad) fracasado en lo más profundo de su ser (la comuna de parís) y la coronación de Napoleón Bonaparte 2: la desaparición del mundo soviético con la acertada edición de Mijaíl Gorbachov con perestroika y glasnost más la desaparición del muro de Berlín. El advenimiento del capitalismo de Edo. De China promovido por Den Xiao Pin. Derivado de esto han creado una nueva forma de apoderarse de la cosa pública, reflejada, indudablemente, en el deseo de eliminar ese monstruo -el Capitalismo- maléfico en nombre del soberano, pueblo o proletariado. En Latinoamérica, El Foro de Sao Paulo.

J.M. Aznar dice: “el problema del comunismo es que dizque saben repartir pero no saben producir”

La diatriba interna del comunismo es su poca capacidad de entender una disciplina “Mater disciplinarum”; la economía. Como consecuencia, vindicar al que produce, al que trabaja, al proletariado, les cuesta consolidar, porque queriendo destruir ese monstruo Leviatán, que por cierto es inaccesible “solo la fuerza de Dios puede con el” quieren concentrar y manejar la cosa pública basada en un control de medios y entes a quienes se les asignan responsabilidades y que materialmente harán posible ese deseo, ese sueño de igualdad, libertad y fraternidad que tanto anhela la utopía comunista. Por tal motivo debe haber un poder más fuerte que Leviatán; ese poder es el Estado, ambiguamente el siempre holgazán Marx, quien profesaba la desaparición del Estado, promueve a ese ente poderoso.

“El SEÑOR castigará con su espada feroz, grande y poderosa, a Leviatán, serpiente huidiza, a Leviatán, serpiente tortuosa, y matará al dragón que vive en el mar.” La Biblia Isaías 27:1.

Ese señor encarna en déspota y, para colmo, se ensaña según Rorty, en un planteamiento de la Ironía basada en el poder del mandamás contra quienes de verdad saben producir: los artesanos, los productores independientes; en otras palabras, contra la propiedad privada. De este modo, jamás esa ideología será viable.

Su arma, una retórica preñada de argumentos falsos para persuadir a la población mediante la utilización de sentimientos exacerbados (chovinismo) y no la razón. Sus medios, además del terror y el hambre, la propaganda constante y empresarios sátrapas que condicionan todas sus expectativas. Según Carlo Altini para esto la enajenación de la simbología nacionalista es emblemática.

El comunismo, actualmente profesa que ser rico es malo, mientras somete a una rigurosa ración alimenticia a los miembros de sus sociedades, imponiéndoles limitaciones extremas que imposibilitan por todos los medios desarrollar cualquier inquietud individual en función del colectivo, dado a que toda acción se aboca sencillamente a la sobrevivencia del individuo y la familia.

En Cuba (excepto la nomenclatura o enchufados en el gobierno, que ganan mucho mas) el sueldo máximo lo tienen los profesionales: (25) dólares mensual, la ilusión más grande de un cubano es salir a una misión y el paraíso es Venezuela en su país los Castro le otorgan 100 dólares mensuales y aquí en Venezuela le dan otro resto.

Ya en el ocaso de vida, el progreso de su desdicha y la frustración, pues no considera la verdadera tendencia del espíritu humano; Marx, desarrolla con su mecenas Engels, por encargo de las ligas comunista en su Congreso II en 1847, su Manifiesto comunista. El mismo, se publica en febrero de 1848 y se define en los siguientes términos:

“El proletariado se valdrá del Poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas.

Claro está que, al principio, esto sólo podrá llevarse a cabo mediante una acción despótica sobre la propiedad y el régimen burgués de producción, por medio de medidas que, aunque de momento parezcan económicamente insuficientes e insostenibles, en el transcurso del movimiento serán un gran resorte propulsor y de las que no puede prescindiese como medio para transformar todo el régimen de producción vigente.

Estas medidas no podrán ser las mismas, naturalmente, en todos los países.

Para los más progresivos mencionaremos unas cuantas, susceptibles, sin duda, de ser aplicadas con carácter más o menos general, según los casos:

Primera: Expropiación de la propiedad inmueble y aplicación de la renta del suelo a los gastos públicos.

Segunda: Fuerte impuesto progresivo.

Tercera: Abolición del derecho de herencia.

Cuarta: Confiscación de la fortuna de los emigrados y rebeldes.

Quinta: Centralización del crédito en el Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y régimen de monopolio.

Sexta: Nacionalización de los transportes.

Séptima: Multiplicación de las fábricas nacionales y de los medios de producción, roturación y mejora de terrenos con arreglo a un plan colectivo.

Octava: Proclamación del deber general de trabajar; creación de ejércitos industriales, principalmente en el campo.

Novena: Articulación de las explotaciones agrícolas e industriales; tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el campo y la ciudad.

Décima: Educación pública y gratuita de todos los niños. Prohibición del trabajo infantil en las fábricas

Desafortunadamente ese despotismo, duró en la Rusia soviética nada menos que 80 años, en Cuba ha persistido más de 50 años igualmente en Corea del norte y otros países del bloque comunista en menor cuantía de años.

Diferente a este planteamiento político económicos aparece J. Maynard Keynes (uno de los padres de este mencionado Leviatán, El capitalismo), quien plantea respecto a la intervención del gobierno en la economía. Toda nación debe intentar afianzar y fortificar el liberalismo político mediante un nuevo programa económico con una nueva economía política. Respecto a la formula liberal de la economía plantea como los teóricos ingleses del siglo XIX las formulas liberales ante lo cual ninguno de ellos puso en duda la eficacia fundamental de la propiedad privada.

Aun cuando se considera un economista liberal acérrimo, Keynes es el primer gran economista británico de esta tradición que repudia explícitamente el laissez-faire. Su espíritu de individualismo impregna aún su pensamiento con tanta intensidad como el de los economistas británicos del siglo XIX. Acerca de la participación del Gobierno en la vida económica, al contrario de Adams, dice Keynes:

“La defiendo… tanto por ser el único medio practicable para evitar la destrucción total de las formas económicas existentes como por ser condición para el funcionamiento afortunado de la iniciativa individual”

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