Kao Joi Lin

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La derrota de Waterloo, una suerte para Europa o ¿La derrota de un tirano?

Un verdadero triunfo de la civilización en contra del narcicismo de los déspotas y solipcistas de corte totalitario. Ante todo, quiero pediros, que descartéis alguna interpretación de sesgo divino o teológico, este trabajo simplemente es una interpretación de la obra del genio francés.

Víctor Hugo, mediante su emblemática obra: Los Miserables, demuestra con la vanidad retratada en el narcisismo dañino de Napoleón, la más elevada crítica en contra del culto a la personalidad. Napoleón, a quien llama V.H. Atleta sombrío del pugilato de la guerra se propinó tal estigma al hacer venir al papa desde Roma con el solo fin de que presenciara su auto coronación. Su pretensión, nunca filantrópica, solo persiguió la fama y la gloria.

Considerando la trágica derrota que hizo miserables –en las llanuras de Mont-Saint-Jean, después, Waterloo- no tanto al Emperador-Capitán que era Napoleón, sino a las tropas “cuadros” que sucumbieron ante los desatinos estratégicos de un comandante deteriorado tanto física como mentalmente, pero, caprichoso y déspota no atiende las indicaciones de sus limitaciones, solo atiende al genio que se cree. Luego ante tales circunstancias, V.H. se pregunta: ¿Se exaltaba para ocultarse a si mismo su decaimiento? (…) ¿Se volvía, cosa grave en un general, inconsciente del peligro? (…) Y, continua, En esta clase de hombres materiales, a quienes puede llamarse los genios (gigantes) de la acción, ¿hay una edad para la miopía del genio? Luego asienta:

“la vejez no hace mella en los genios del ideal; para los Dante, Miguel Ángel, la vejez es crecer, para los Aníbal y Bonaparte ¿es decrecer?”.

Aunque hace hincapié en la no necesidad de la guerra para conciliar “sociedad” desmiente que el titánico conductor de destinos haya sucumbido a sus limitaciones de edad, a los 46 años. Pero si su perspicacia y su sentido de la piedad en detrimento de los suyos. Por tal motivo V.H. Defiende su visión señalándose como un testigo, como un transeúnte en tal llanura –Waterloo- .

“un indagador inclinado sobre esa tierra; amasada con carne humana, tomando a la vez apariencia por realidad”

Su testimonio, no le da mérito a juzgar lo hechos, por cuanto al no tener la suficiente autoridad en la práctica militar, ni la competencia estratégica como tal, el panorama se les presenta como un espejismo; solo como una visión, para él la derrota de Napoleón fue producto del azar. Al cual V.H. Juzgaría como un juez ingenuo, que es el pueblo. Napoleón representa con tal imagen la figura del último Cesar, mostrando con sus ajuares su supuesta omnipotencia, principalmente selladas con sus espuelas de plata y la espada de “Marengo”. Empero, aclamada por unos y, despreciada por otros, presentes en todas las imaginaciones. La historia lo castiga, su doble daemon enfrenta al déspota contra el brillante capitán. De esa acepción se desprende de la medida de los pueblos, Babilonia violada disminuye a Alejandro, Roma encadenada disminuye al Cesar; Jerusalén sacrificada disminuye a Tito. La Tiranía sigue al tirano. Luego culmina con:

“Es una desgracia para un hombre el dejar detrás de si la sombra que tiene su forma.

Napoleón de buen humor, su enfermedad, la que el no ve, como suele suceder al enfermo incurable que arrastra su decadencia y la oculta, se siente alegre como suele suceder a aquel en la víspera de su muerte, en este caso, no su muerte física, sino su muerte como estratega guerrero, aun cuando su padecimiento era local, en ese día nefasto, el 18 de Junio de 1815, su impenetrabilidad sonreía. Este hombre sombrío en otras guerras victoriosas no sospechaba su desafortunado azar, conjuntamente con la derrota sucumbe su ejército pero inexplicablemente no el culto de sus adeptos. Como otros los supuestos grandes predestinados tienen sus contradicciones. Para V.H. las alegrías no son más que sombras. La sonrisa suprema pertenece a Dios. Analizad lectores el análisis del autor.

No le importaba lo inoportuno de la lluvia, que volvió su bombardeo un hacedor de volcanes de barro y convirtió su metralla en salpicones de barro en el cieno, tal que sus quince escuadrone convirtiéndose en inútiles, produjo en menos de una hora en 3500 muertos, pero él, solipsista se cree victorioso, ignorando lo miserable que se convertía, pues, se creía protegido por el bien y tolerado por el mal, no retrocedería ¡no sabía, no se imaginaba que Santa Elena lo esperaba! Se creía invulnerable, y no terco. Lacoste le advirtió. Ney su mejor Mariscal llevó su ejército al sepulcro de Ohain eliminando la brigada de Dubois en un inexorable abismo. Allí comenzó su derrota, la perdida de la batalla de Waterloo.

Para V.H. Napoleón no ganaría por ningún motivo la Batalla de Waterloo, esto no partencia a la historia del siglo XIX, el anuncio de su fracaso estaba pronosticado hacía mucho tiempo, su inmensidad había caído, su excesiva autosuficiencia narcisista sobre el destino humano desequilibraba toda posibilidad de vindicación a su favor, el contaba para si solo mas que todo el universo humano, esta incapacidad de determinar su impecindibilidad , ese poder en una sola mano, seria mortal para la civilización “si durase”. Toda la mortandad, el orden moral sobre lo material, hacían sentir sus quejidos, las madres llorando eran el peor litigante en su contra, no tenia escapatoria, su miserabilidad

Era inminente, denunciado en el infinito su caída estaba decidida, Waterloo fue el cambio del Universo que conoció el siglo XIX, Napoleón molestaba a Dios. Hoc erat in fatis, ese día fue un gran dia para la perspectiva del género humano, sin la desaparición del gran hombre no hubiera podido ser el advenimiento del gran siglo XIX. En el ocaso de la batalla, quizás héroes o adeptos, sin embargo existió la duda respecto a quien emitió tal frase piadosa, o fue Colville o Maitland.

“Rendíos, valerosos franceses”

Mas el sombrío también, Cambronne respondió ¡Mierda!

No se sabe porque pronunció tal frase, pero, según V.H. podría haber sido, la exclamación de un profundo adepto al imperio de Napoleón tal que se hubiera podido adornar con la frase:

“La guardia muere, pero no se rinde”

“Mierda, es la adulación a la trivialidad de la multitud ciega de rabia que, a falta de una palabra lanza el excremento al rostro del destino; es la demagogia gramatical”

Para el autor más valía morir en silencio. Ney, Mariscal, el general más fiel al monstruo de la guerra, ante tal manifestación de catástrofe, exclama aterrado, mátenme es que no hay balas para mí, no, no habían balas provenientes del enemigo las balas que lo matarían eran la de los propios franceses, fusilado el siete de Octubre por la cámara de Paris, la soldadesca sobreviviente tomo venganza en él. Un verdadero chivo expiatorio, el colmo de un miserando.

Víctor Hugo, se regodea pronunciando un edicto maravilloso, para él, los pueblos civilizados, especialmente en la aurora del siglo XIX, no se rebajarían por la buena o mala fortuna de un capitán. Su peso específico en el género humano resulta de algo más que un combate. Su honor, gracias a Dios, su dignidad, su luz, su genio, no son números que los héroes y los conquistadores, pueden poner en la lotería de la batalla. Las mas de las veces las batallas perdidas son el progreso de los derrotados –Japón en la segunda guerra mundial- pues, también afirma que, cuanto menos gloria más libertad.

“el tambor enmudece, la razón toma la palabra. Es el juego de quien pierde gana, dejemos al azar lo que es del azar y a Dios lo que es de Dios”

Waterloo, fue una victoria “un Quino ganado por Europa, pagado por Francia”

El león se convirtió en cordero.

Os ama

Joise

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