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Archivo de Noviembre, 2011

La fe y la razón según Víctor Hugo en “Los Miserables”

La fe y la razón según Víctor Hugo en “Los Miserables”

Dedico esta entrega con todo cariño y respecto a nuestra compañera participante en el blog de nuestra Amantísima anfitriona, Mora; Blanca Estela Saavedra Donoso.

“El Hombre vive más  de la afirmación que de Pan” [1]

Para Hugo, no existe solo una causa corporal que única comprenda la existencia, pues; siendo ésta la contenedora –recipiente-  del ser (Santo Tomas), debe nutrirse para subsistir, también hay otra, más elevada, que de hecho, aunque no sea una tabla rasa; necesita nutrirse de un elemento importante para poder mantener una armonía Universal respecto a la verdad. Este elemento es: el  conocimiento, la sabiduría, a lo cual Víctor Hugo llama: afirmación. Nosotros, los teístas, le decimos a esta única y absoluta verdad, Dios.

De este modo la fe produce un elemento importantísimo, pues en la medida de no tener la  omnipotencia de Dios, que de hecho debemos aceptar incondicionalmente y, sin lugar a dudas; el solo motivo de creer en su existencia, nos eleva a una esfera superior respecto a la concepción del espíritu, de otra forma dicha: espiritualmente, mental.

“Ver y enseñar no basta. La filosofía debe ser un poder vivo, y debe tener como meta y como efecto, la mejora del hombre”[2]

Nuestro concepto moderno de la educación comulga con esta acepción, por cuanto la filosofía de la educación tiene como fin desentrañar el verdadero objeto –principio fundamental- de la misma, lo cual no es más que programar mejores seres, mediante un ente sublime e ineludible, la conducta, construir  ante la situación ecológica de la tierra una mejor forma de vida; esta tarea es propia del hombre, esta tarea manejada con principios inefables, crea mejores seres, crean la persona humana.

Al afirmar que una cosa cierta que necesita el hombre para ser feliz es, la sabiduría; para esto Víctor Hugo se propone:

Transformar el Edén  de la Biblia en el Liceo de Sócrates, para producir mentes ilustres. La ciencia, en este sentido; debe cordializar con las esferas del espíritu, pues; sería muy triste, solamente gozar sin hacer sacrificios en funcion de las vocaciones para obtener la perfección de la mente. ¡No solo Gozar! Pues los brutos tambien gozan. ¡Pensar, ese es el verdadero triunfo del espiritu, de la mente, del alma!

En tal sentido debemos aceptar que la misión de la filosofia es hacer fluir el pensamiento al alcance de la sed del hombre, concederles la panacea, esta es: la noción de Dios.  Demostrarle que no hay mejor solución –a conciencia- para ser mejores que, unir fraternalmente la conciencia y la ciencia (la razón)  y, hacerlos justos por medio de esta razón misteriosa.

“La fe mueve montañas”

Con la Moral, frondecen las verdades, la contemplación nos lleva a las acciones, de modo que; al ser lo absoluto práctico, lo ideal debería ser respirable, potable, asequible al espíritu humano. Solo lo ideal mediante la sabiduría puede decir, Tomad, esta es mi carne; tomad, esta es mi sangre, por tal motivo, debemos considerar que la sabiduría es una comunión sagrada. Por ello, mediante esta acepción, la ciencia deja de concebir un amor estéril para convertirse en el modo único y soberano de la unión humana y pasar de filosofía a religión.

Considerando estas acepciones de Víctor Hugo, podemos observar una brillante congruencia con la sabiduría demostrada por el santo padre Juan Pablo II en  el Concilio Vaticano II, de los cual, les citaré un comentario de su santidad Benedicto XVI, para aquel entonces; Cardenal  (Joseph Aloisius Ratzinger, quien participó en el Concilio)

Cito:

“La filosofía se pregunta si el hombre puede conocer la verdad, las verdades fundamentales sobre sí mismo, sobre su origen y su futuro, o si vive en una penumbra que no es posible esclarecer y tiene que recluirse, a la postre, en la cuestión de lo útil. Lo propio de la fe cristiana en el mundo de las religiones es que sostiene que nos dice la verdad sobre Dios, el mundo y el hombre, y que pretende ser la “religio vera”, la religión de la verdad.”

De este modo se concibe la verdad de Jesús de Nazaret, derivada de una sabiduría más elevada que la que posee toda existencia terrenal. De esta forma debemos proyectarnos en renunciar con justificada razón a un antropocentrismo inexorable y a un progreso como objetivo inminente, si no se unen estas dos fuerzas motoras: creer y amar, fe y razón (Fides et Ratio)

“el progreso es el fin; el ideal es el modelo… ¿Qué es lo ideal? Es Dios”[3]

[1] Hugo, V. 2006, Los Miserables, pág. 586, editorial el perro y la rana Caracas Venezuela. El autor hace referencia con esta máxima que el cuerpo aun cuando la vida no podría ser  sin la carne, además del alimento cotidiano, se nutre de conocimientos lo cual aprende en la medida que aprehende los conceptos que derivan de las certezas. Tómense como absolutas

[2] Ibid

[3] Ibíd. Capítulo VI  libro VI, La Bondad de la oración, Pág. 588, Tomo I.

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¡una publicación “Miserable” el perro y la rana!


Queridos amigos, no podéis imaginar la emoción que sentí cuando; hace dos años, más o menos, recibí por parte de una misión “Cosette” según se auto promulgaron los autores de tal proceso, promovido por el “Ministerio de la Cultura” en 2006, en la esquina de Bella Vista con Cecilio Acosta, Maracaibo, Venezuela, una versión de “LOS MISERABLES” publicada por Editorial: el perro y la rana, de inmediato –ya que no la había leído- comencé su lectura.

Empecé lógicamente, desde el principio, con la presentación; un discurso que si bien es hermoso, debería de calificar como un inmenso mensaje de filantropía por motivo del espíritu de bondad que muestra, sino fuera por lo paradójico de la campaña altruista que representa y que al mismo tiempo promueve, las característica de los volúmenes de tal publicación, y más aun, por lo paradójico que presenta tal espíritu, respecto al verdadero fin de los promotores de tal campaña.

Para este artículo quiero ser breve y señalaré dos fallas múltiples que presenta el primer volumen, por lo cual califico de paradójico:

En sentido anterior señalado, debo empezar por la estructura del libro: ¡leyendo amena y entusiastamente, la maravillosa obra! Accedí a la página 396, donde, inexplicablemente continuaba la pagina 408, para volver de “retroceso” hasta la 405 y saltar a la Pág. 401. De ahí ascender hasta la pagina 402, ascender de nuevo a la pagina 404 y, saltar de nuevo atrás para la pagina 240, luego, seguir de retroceso hasta la pagina 238, bueno, de más esta explicar que las paginas 397, 398, 399, 407-411 desaparecieron, por lo cual seguir el argumento del capítulo -muy importante por cierto- con esta edición es poco menos que imposible, lo interesante es que os recordaría lo sucedido a Jean Val Jean capítulos atrás. Lo que llamaríamos los venezolanos –como todo lo que hacen este tipo de promotores- “está chucuta”

Luego, reconsiderando el discurso primeramente señalado y combinándolo con las máximas del autor respecto a la pobreza, según los argumentos que planteo en contra de las acciones emprendidas por el gobierno al cual representan los promotores de tal campaña –Cossete- no me queda nada sometido al beneficio de la duda que: reiterar mi afirmación hacia tal moción como paradoja.

Pues bien, nuestro ilustre presentador S.E. Ministro de la Cultura para aquel entonces, antes que el inmejorable Prólogo, genuino de Ernesto Sabato.

Se regodea expresando lo siguiente:

“Hoy, cuando esto escribo, 27 de abril de 2006, siendo las doce del mediodía en Caracas, cientos, tal vez miles, de niños mueren en el mundo, de hambre, de enfermedades causadas por la desnutrición o que son producto de la pobreza. Mueren, incluso, muchas veces, de enfermedades que hubieran sido fácilmente curables con un poco de atención”[1]

Por supuesto, deberíamos pensar en tales palabras; como producto de un espíritu filantrópico genuino y no de intención demagógica en función de crear tal imagen, que de todas formas solo sería un altruismo calificado de facto. Además, ciertas palabras –impresionantes por cierto- podrían haber sido inspiradas de las ya traqueadas de sus mentores caribeños. Sin embargo, no puedo soslayar la posibilidad de haber sido producto de las ya dichas por el autor en el “El Navío de Orión”. [2] Donde, reflexivo, Víctor Hugo reconsiderando las injusticias del mundo, los desaciertos de la guerra, las trivialidades militares y demás, en ocasión de la entrada de un navío de guerra en un puerto francés “Tolon” a los cuales, para la época; se les recibía con la detonación de once salvas de cañón, dice:

“Se ha calculado que salvas, cortesías reales y militares, cambio de ruidos corteses, señales de etiqueta, formalidades de rada y de ciudades, salvas hechas diariamente por todas las fortalezas y todos los buques de guerra al salir y ponerse el sol, a la apertura y clausura de los puertos, etc., etc., el mundo civilizado gasta en pólvora en toda la tierra cada veinticuatro horas, ciento cincuenta mil tiros de cañón, inútiles. A seis francos el tiro, importan novecientos francos al día, trescientos millones al año, que se convierten en humo. Esto no es más que un detalle. Entretanto, los pobres, se mueren de hambre” [3]

Por otro lado y, del mismo modo, Víctor Hugo afirma respecto a los ejércitos y la guerra (…)

“Un ejército es una extraña obra maestra de combinación, en que la fuerza resulta de una enorme suma de impotencia. Así se explica la guerra, hecha por la humanidad contra la humanidad a pesar de la humanidad” [4]

Entonces considerando lo explicado en las acepciones del genio de la literatura francesa Víctor Hugo, y que todo el discurso del presentador se base en la perspectiva de un mensaje en consideración de la miseria de los hacedores de guerra, y lo que producen ¿Cómo es posible que el gobierno haya gastado un dineral en la compra de material bélico, incluyendo submarinos (Varshaviancas) –que ni se sabe en qué condiciones están- mientras los hospitales, las Universidades, la gente se mata por un pote de leche? En otras palabras la gente empiece a padecer de escases de productos de primera necesidad, ¿A quién le van a echar la culpa de esta falla? ¡Me sigo preguntando! ¿Para qué crear otro ejercito paralelo –FAB- si ya existe las FAN? ¿No es esto un gasto inútil y dispendioso?

Acerca de la obra editada en cuestión, ¿Ustedes creen que era necesario crear esta edición de 500.000 volúmenes para regalarlos a la gente pobre? ¿No hubiera sido mejor emplear el verbo como ya lo hace el presidente ante el pueblo a invitarlo a leer en vez de crear una adversidad latente? ¿Ustedes creen que la gente que anda detrás de un pote de leche, o de aceite, o una jeringa para inyectarse una medicina porque en los hospitales y lo CDI no las hay, vayan a estar preocupados en leer a Víctor Hugo, o al Quijote. ¿Quien se benefició con esta misión. El pueblo?

¡Es verdad, indudable, que en la educación está el crecimiento de los pueblos y su cultura, pero, con pañitos calientes no se cura la enfermedad de nuestro pueblo! Como decía el apóstol de la patria cubana. Cito:

“Ni Marlo, ni Bakunin, ni Marx, tienen la medicina para curar la enfermedad que padece nuestro país” José Martí.

En conclusión el espíritu de tal misión es: simplemente, sin lugar a dudas, una paradoja. Un verdadero absurdo, tomando en cuenta, el supuesto negado de que; si, toda esa masa popular beneficiada con esta entrega, además de darle un uso higiénico –razonable por la escases- le hubiere leído, ¿no creen ustedes que la indignación que sentirían al ver que el gobierno en vez de vindicar la necesidad del pueblo, están haciendo todo lo contrario, gastando dinero en lo que no deben?

¿No creéis vosotros queridos lectores, que, pensar lo contrario, sería una ofensa a la inteligencia del pueblo?

¡Válgame Dios! Que ironía.

Os ama

Joise

[1] Sesto F, 2006, discurso de presentación de la obra en tres tomos de “Los miserables” de Víctor Hugo en la campaña –Cosette- emprendida por el gobierno nacional venezolano.,

[2] Capitulo III del libro segundo de la obra “Los Miserables”

[3] H. Víctor. 2006, Los Miserables, pág. 418, ed. El perro y la rana, Caracas Venezuela, el autor se refiere al gasto innecesario que hacen las autoridades de las naciones en trivialidades, mientras, sectores sociales padecen de miseria.

[4] Ibíd., Pág. 420.

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La derrota de Waterloo, una suerte para Europa o ¿La derrota de un tirano?

Un verdadero triunfo de la civilización en contra del narcicismo de los déspotas y solipcistas de corte totalitario. Ante todo, quiero pediros, que descartéis alguna interpretación de sesgo divino o teológico, este trabajo simplemente es una interpretación de la obra del genio francés.

Víctor Hugo, mediante su emblemática obra: Los Miserables, demuestra con la vanidad retratada en el narcisismo dañino de Napoleón, la más elevada crítica en contra del culto a la personalidad. Napoleón, a quien llama V.H. Atleta sombrío del pugilato de la guerra se propinó tal estigma al hacer venir al papa desde Roma con el solo fin de que presenciara su auto coronación. Su pretensión, nunca filantrópica, solo persiguió la fama y la gloria.

Considerando la trágica derrota que hizo miserables –en las llanuras de Mont-Saint-Jean, después, Waterloo- no tanto al Emperador-Capitán que era Napoleón, sino a las tropas “cuadros” que sucumbieron ante los desatinos estratégicos de un comandante deteriorado tanto física como mentalmente, pero, caprichoso y déspota no atiende las indicaciones de sus limitaciones, solo atiende al genio que se cree. Luego ante tales circunstancias, V.H. se pregunta: ¿Se exaltaba para ocultarse a si mismo su decaimiento? (…) ¿Se volvía, cosa grave en un general, inconsciente del peligro? (…) Y, continua, En esta clase de hombres materiales, a quienes puede llamarse los genios (gigantes) de la acción, ¿hay una edad para la miopía del genio? Luego asienta:

“la vejez no hace mella en los genios del ideal; para los Dante, Miguel Ángel, la vejez es crecer, para los Aníbal y Bonaparte ¿es decrecer?”.

Aunque hace hincapié en la no necesidad de la guerra para conciliar “sociedad” desmiente que el titánico conductor de destinos haya sucumbido a sus limitaciones de edad, a los 46 años. Pero si su perspicacia y su sentido de la piedad en detrimento de los suyos. Por tal motivo V.H. Defiende su visión señalándose como un testigo, como un transeúnte en tal llanura –Waterloo- .

“un indagador inclinado sobre esa tierra; amasada con carne humana, tomando a la vez apariencia por realidad”

Su testimonio, no le da mérito a juzgar lo hechos, por cuanto al no tener la suficiente autoridad en la práctica militar, ni la competencia estratégica como tal, el panorama se les presenta como un espejismo; solo como una visión, para él la derrota de Napoleón fue producto del azar. Al cual V.H. Juzgaría como un juez ingenuo, que es el pueblo. Napoleón representa con tal imagen la figura del último Cesar, mostrando con sus ajuares su supuesta omnipotencia, principalmente selladas con sus espuelas de plata y la espada de “Marengo”. Empero, aclamada por unos y, despreciada por otros, presentes en todas las imaginaciones. La historia lo castiga, su doble daemon enfrenta al déspota contra el brillante capitán. De esa acepción se desprende de la medida de los pueblos, Babilonia violada disminuye a Alejandro, Roma encadenada disminuye al Cesar; Jerusalén sacrificada disminuye a Tito. La Tiranía sigue al tirano. Luego culmina con:

“Es una desgracia para un hombre el dejar detrás de si la sombra que tiene su forma.

Napoleón de buen humor, su enfermedad, la que el no ve, como suele suceder al enfermo incurable que arrastra su decadencia y la oculta, se siente alegre como suele suceder a aquel en la víspera de su muerte, en este caso, no su muerte física, sino su muerte como estratega guerrero, aun cuando su padecimiento era local, en ese día nefasto, el 18 de Junio de 1815, su impenetrabilidad sonreía. Este hombre sombrío en otras guerras victoriosas no sospechaba su desafortunado azar, conjuntamente con la derrota sucumbe su ejército pero inexplicablemente no el culto de sus adeptos. Como otros los supuestos grandes predestinados tienen sus contradicciones. Para V.H. las alegrías no son más que sombras. La sonrisa suprema pertenece a Dios. Analizad lectores el análisis del autor.

No le importaba lo inoportuno de la lluvia, que volvió su bombardeo un hacedor de volcanes de barro y convirtió su metralla en salpicones de barro en el cieno, tal que sus quince escuadrone convirtiéndose en inútiles, produjo en menos de una hora en 3500 muertos, pero él, solipsista se cree victorioso, ignorando lo miserable que se convertía, pues, se creía protegido por el bien y tolerado por el mal, no retrocedería ¡no sabía, no se imaginaba que Santa Elena lo esperaba! Se creía invulnerable, y no terco. Lacoste le advirtió. Ney su mejor Mariscal llevó su ejército al sepulcro de Ohain eliminando la brigada de Dubois en un inexorable abismo. Allí comenzó su derrota, la perdida de la batalla de Waterloo.

Para V.H. Napoleón no ganaría por ningún motivo la Batalla de Waterloo, esto no partencia a la historia del siglo XIX, el anuncio de su fracaso estaba pronosticado hacía mucho tiempo, su inmensidad había caído, su excesiva autosuficiencia narcisista sobre el destino humano desequilibraba toda posibilidad de vindicación a su favor, el contaba para si solo mas que todo el universo humano, esta incapacidad de determinar su impecindibilidad , ese poder en una sola mano, seria mortal para la civilización “si durase”. Toda la mortandad, el orden moral sobre lo material, hacían sentir sus quejidos, las madres llorando eran el peor litigante en su contra, no tenia escapatoria, su miserabilidad

Era inminente, denunciado en el infinito su caída estaba decidida, Waterloo fue el cambio del Universo que conoció el siglo XIX, Napoleón molestaba a Dios. Hoc erat in fatis, ese día fue un gran dia para la perspectiva del género humano, sin la desaparición del gran hombre no hubiera podido ser el advenimiento del gran siglo XIX. En el ocaso de la batalla, quizás héroes o adeptos, sin embargo existió la duda respecto a quien emitió tal frase piadosa, o fue Colville o Maitland.

“Rendíos, valerosos franceses”

Mas el sombrío también, Cambronne respondió ¡Mierda!

No se sabe porque pronunció tal frase, pero, según V.H. podría haber sido, la exclamación de un profundo adepto al imperio de Napoleón tal que se hubiera podido adornar con la frase:

“La guardia muere, pero no se rinde”

“Mierda, es la adulación a la trivialidad de la multitud ciega de rabia que, a falta de una palabra lanza el excremento al rostro del destino; es la demagogia gramatical”

Para el autor más valía morir en silencio. Ney, Mariscal, el general más fiel al monstruo de la guerra, ante tal manifestación de catástrofe, exclama aterrado, mátenme es que no hay balas para mí, no, no habían balas provenientes del enemigo las balas que lo matarían eran la de los propios franceses, fusilado el siete de Octubre por la cámara de Paris, la soldadesca sobreviviente tomo venganza en él. Un verdadero chivo expiatorio, el colmo de un miserando.

Víctor Hugo, se regodea pronunciando un edicto maravilloso, para él, los pueblos civilizados, especialmente en la aurora del siglo XIX, no se rebajarían por la buena o mala fortuna de un capitán. Su peso específico en el género humano resulta de algo más que un combate. Su honor, gracias a Dios, su dignidad, su luz, su genio, no son números que los héroes y los conquistadores, pueden poner en la lotería de la batalla. Las mas de las veces las batallas perdidas son el progreso de los derrotados –Japón en la segunda guerra mundial- pues, también afirma que, cuanto menos gloria más libertad.

“el tambor enmudece, la razón toma la palabra. Es el juego de quien pierde gana, dejemos al azar lo que es del azar y a Dios lo que es de Dios”

Waterloo, fue una victoria “un Quino ganado por Europa, pagado por Francia”

El león se convirtió en cordero.

Os ama

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