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Kao Joi Lin

Blog en Monografias.com

 

Archivo de Mayo, 2009

El teatro de la vida

Queridos pensadores, en esta entrega tengo el gusto de presentarle una obra de un ilustre dramaturgo del siglo XV ¿su estilo? Barroco español, el cual lo identifica como uno de los más emblemáticos de su época, recibiendo las más altas críticas de parte de Lope de Vega en sus trabajos, Calderón de la Barca. En su obra, capta la miseria humana y la transporta al escenario con una clara imagen de la verdad del individuo y su inconformidad, dando como muestra la capacidad de reflexionar, unos respecto a otros y, a la vez tomando en cuenta las limitaciones de quienes consideran injusta su posición en el gran teatro de la vida, y que sin embargo no se auto plantean un desenvolvimiento autónomo, sino, al contrario, fomentan la lastima hacia su persona, explotando o tratando de explotar la caridad de quienes lo rodean.

He aquí, en el siguiente extracto de la obra: ”El Gran teatro del mundo” la base de la reflexión anterior.

En la ejecución de una de las escenas aparecen, El Pobre, El Autor; que es Dios. La hermosura.

Este primer párrafo (escogido) de la obra, termina con un sesgo dogmatico, que sumerge tanto a los espectadores como a los personajes en un contexto teológico profundo, un fin señalado ineludible, dado a la gracia divina.

EL POBRE: Si yo pudiera excusarme

deste papel, me excusara,

cuando mi vida repara

en el que has querido darme;

y ya que no declararme

puedo, aunque atrevido quiera,

le tomo, mas considera,

ya que he de hacer el mendigo,

no, Señor, lo que te digo,

lo que decirte quisiera.

¿Por qué tengo de hacer yo

el pobre en esta comedia?

¿Para mí ha de ser tragedia,

y para los otros no?

¿Cuando este papel me dio

tu mano, no me dio en él

Igual alma a la de aquel

que hace el rey? ¿Igual sentido?

¿Igual ser? Pues ¿por qué ha sido

tan desigual mi papel?

Si de otro barro me hicieras,

si de otra alma me adornaras,

menos vida me fiaras,

menos sentidos me dieras;

ya parece que tuvieras

otro motivo, Señor;

pero parece rigor,

—perdona decir cruel—

el ser mejor su papel

no siendo su ser mejor.

EL AUTOR: En la representación

igualmente satisface

el que bien al pobre hace

con afecto, alma y acción

como el que hace al rey,

y son iguales éste y aquél

en acabando el papel.

Haz tú bien el tuyo y piensa

que para la recompensa

yo te igualaré con el.

No porque pena te sobre,

siendo pobre, es en mi ley

mejor papel el del rey

si hace bien el suyo el pobre;

uno y otro de mí cobre

todo el salario después

que haya merecido, pues

en cualquier papel se gana,

que toda la vida humana

representaciones es.

Y la comedia acabada

ha de cenar a mi lado

el que haya representado,

sin haber errado en nada,

su parte más acertada

allí, igualaré a los dos

LA HERMOSURA: Pues, decidnos, Señor, Vos

¿cómo en lengua de la fama

esta comedia se llama’:’

EL AUTOR: Obrar bien, que Dios es Dios

Luego tenemos en esta segunda parte una característica más mundana, como producto del libre albedrio que supuestamente debe gozar el individuo humano, y lo demuestran con sus inquietudes, unas vanidosas y otras como parte del destino que le ha tocado vivir, un tanto resignación y otro tanto agradecimiento por la benevolencia de Dios.

Aquí participan: El Pobre, El Rico, La Discreción, El Mundo, El Labrador, El Rey, La hermosura, Y La Ley de Gracia.

EL POBRE: ¡Oh, cómo esta voz consuela!

EL RICO: ¡Oh, cómo cansa esta voz!

LA DISCRECION: El Rey sale a estos jardines.

EL POBRE: ¡Cuánto siente esta ambición

postrarse a nadie!

LA HERMOSURA: Delante

de él he de ponerme yo

para ver si mi hermosura

pudo rendirlo a mi amor.

EL LABRADOR: Yo detrás; no se le antoje,

viendo que soy labrador,

darme con un nuevo arbitrio,

pues no espero otro favor.

Sale el rey

EL REY: A mi dilatado imperio

estrechos límites son

cuantas contiene provincias

esta máquina inferior.

De cuanto circunda el mar

y de cuanto alumbra el sol soy

el absoluto dueño,

soy el supremo señor.

Los vasallos de mi imperio

se postran por donde voy.

¿Qué he menester yo en el

[mundo?

LA LEY DE GRACIA: (Canta.) Obrar bien, que Dios

[es Dios.

EL MUNDO: A cada uno va diciendo

el apunto lo mejor.

EL POBRE: Desde la miseria mía

mirando infeliz estoy,

ajenas felicidades.

El rey, supremo señor,

goza de la majestad

sin acordarse que yo

necesito de él; la dama

atenta a su presunción

no sabe si hay en el mundo

necesidad y dolor;

la religiosa, que siempre

se ha ocupado en oración,

si bien a Dios sirve, sirve

con comodidad a Dios.

El labrador, si cansado

viene del campo, ya halló

honesta mesa su hambre,

si opulenta mesa no;

al rico le sobra todo;

y sólo, en el mundo, yo

hoy de todos necesito,

y así llego a todos hoy,

porque ellos viven sin mí

pero yo sin ellos no.

A la Hermosura me atrevo

a pedir. Dadme, por Dios,

limosna.

LA HERMOSURA: Decidme, fuentes,

pues que mis espejos sois

¿qué galas me están más bien?,

¿qué rizos me están mejor?

EL POBRE: ¿No me veis?

EL MUNDO: Necio, no miras

que es vana tu pretensión?

¿Por qué ha de cuidar de ti

quien de sí se descuidó?

EL POBRE: Pues, que tanta hacienda os sobra,

dadme una limosna vos.

EL RICO: ¿No hay puertas dónde llamar?

¿Así os entráis donde estoy?

En el umbral del zaguán

pudierais llamar, y no

haber llegado hasta aquí.

EL POBRE: No me tratéis con rigor.

EL RICO: Pobre importuno, idos luego.

EL POBRE: Quien tanto desperdició

por su gusto, ¿no dará

alguna limosna?

EL RICO: No.

EL MUNDO: El avariento y el pobre

_ de la parábola, son.

EL POBRE: Pues a mi necesidad

le falta ley y razón,

atreveré me al rey mismo.

Dadme limosna, Señor.

EL REY: Para eso tengo ya

mi limosnero mayor.

EL MUNDO: Con sus ministros el Rey

su conciencia aseguró.

EL POBRE: Labrador, pues recibís

de la bendición de Dios

por un grano que sembráis

tanta multiplicación,

mi necesidad os pide limosna.

EL LABRADOR Si me la dio

Dios, buen arar y sembrar

y buen sudor me costó.

Decid: ¿no tenéis vergüenza

que un hombrazo como vos

pida? ¡Servid, noramala!

No os andéis hecho un bribón.

Y si os falta que comer,

tomad aqueste azadón

conque lo podéis ganar.

EL POBRE: En la comedia de hoy

yo el papel de pobre hago;

no hago el de labrador.

EL LABRADOR: Pues, amigo, en su papel

no le ha mandado el Autor

pedir no más y holgar siempre,

que el trabajo y el sudor

es propio papel del pobre.

EL POBRE:    Sea por amor de Dios.

Riguroso, hermano, estáis.

EL LABRADOR: Y muy pedigüeño vos.

Luego de haberos presentado esta exquisita obra, voy a hacer una alegoría inspirada de la vida real:

Secundino, Dionisos y Apolonio

Solían reunirse todos los viernes, Secundino y Apolonio, libando licor, en el bar más próximo a sendos aposentos,

El lar, sosegado y ventilado, ofrecía variada comodidad para fomentar múltiples coloquios.

¿La escena?, ¡no muy cotidiana! Empero, propia del recinto, dado a la afluencia de libadores.

¿El tópico? ¡Relacionado a la Ética del trabajador y las formas de percibir el trabajo!.

Ahora bien, abordemos la escena y leamos los comentarios.

Apolonio: -Trabajador de la mecánica (ayudante), dice- “pase toda la mañana con el negocio lleno de clientes” eso si fue trabajo, me gane ese dinero bien ganado, estoy cansado pero gane bastante.

Secundino: ¡No vale, eso es trabajar como una bestia!, sabéis quien se gana el dinero bien ganado, ¡mi hijo! Dionisos, ¡ese si es feliz! Se para a las cinco de la mañana, se desayuna a las seis, luego, va a la cancha de Bascket ball, les entrega los balones a los muchachos que supuestamente tiene que entrenar ¡porque él es monitor de deportes! Y se va de nuevo a la casa, a ver televisión, o a dormir, almuerza y se acuesta otra vez, luego a las seis de la tarde regresa a la cancha a buscar los balones, porque él es el responsable de estos. Así pasa los treinta días del mes, cobrando los quince y los últimos de cada mes y sin hacer cola en el ministerio, ¡Qué manteca!

Apolonio: -Sorprendido, piensa-, ¡Bendito sea Dios¡ Entonces yo estaba equivocado –reflexiona- ¡bueno, unos nacen con estrellas y otros estrellados, parece que esta vez el estrellado soy yo! No me queda más que seguir trabajando y estudiar para mejorar mi situación.

Transcurre el tiempo, Apolonio sigue trabajando y estudiando, serian 20 años, se gradúa en la Universidad y consigue un trabajo propio de su profesión, lo cual le proporciona los recursos suficientes como para vivir en una buena casa, comprarse un coche nuevo periódicamente, y salir de Vacaciones, de vez en cuando con la familia.

Una mañana de Week end, a las 8:00, para ser más exactos, visitando a un amigo, mientras esperaba a la puerta de la verja, un señor canoso y desaliñado lo aborda diciéndole ¡¡opa!! Apolonio ¿cómo va eso? Era nada menos que Dionisos; el hijo de secundino ,

Apolonio: -aun sorprendido contesta- ¿Qué fue mi hermano? ¿Cómo va todo?

Dionisos: -sobrecogido- Bueno chico la cosa esta mal, llevo casi 20 años que me votaron del ministerio, y desde entonces no trabajo, por tal motivo necesito que me regaléis un dinero para llevarle el desayuno a los muchachos,

Apolonio: -sin pensarlo dos veces le dio el dinero y le dice- tomad compradle algo a los chicos.

Dionisos: -casi que de reverencias- se despidió raudo y risueño, ¡Ciao! ¡Ciao!

El amigo: -que salía a recibir a Apolonio- pregunta, ¿era ese Dionisos?

Apolonio: Si.

El Amigo: -preguntó- ¿te pidió dinero? –continuó afirmando- Pobrecito, eso es todos los días.

Otro día, Apolonio sentado en el frente de su casa, esperando al jardinero, observa acercarse a Dionisos

Dionisos: -al ver a Apolonio, lo aborda- mi hermano ¿cómo estáis?

Apolonio: bien y vos.

Dionisos: aquí, ¡buscando a Dios! –y prosigue, inquiriendo- ¿tenéis algo por ahí de dinero que me deis para llevarle a los muchachos?

Apolonio: Bueno si pero es lo único que tengo para que el jardinero me barra el frente del jardín, “si queréis lo barréis vos y te ganáis esos realitos”.

Dionisos: ¡No mi hermano que va! Yo ando pidiendo, ¡no buscando trabajo!

¿Qué les parece? ¿Qué creen? ¿Qué piensan UDS. de esa actitud? Yo por mi parte afirmo, las épocas pasan y las miserias (PARADOJAS) quedan.

Joise

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La libertad y la pobreza

La libertad y la pobreza.

Dejadme deciros, Diógenes de Samos “el perro” como solía, le gustaba, que lo llamaran,  por su predilección a andar  sin vestiduras y sucio, amaba la sabiduría, su  gusto era disfrutar de la naturaleza,  por lo cual prefería percibir la temperatura del ambiente más que cualquier cosa, un día  decidió deshacerse de un recipiente que cargaba para beber agua, con el fin de hacerlo igual como lo hacen los perros directamente del suelo, paleteándolo con la lengua, ¡a eso el llamaba libertad!

Me parece que; aunque la libertad es compatible con muchas acepciones, el,  dentro de la inquietud del “ser” tenía razón, como ser humano,  cada quien tiene derecho a decidir su desenvolvimiento en el transcurso de su propia vida, como mejor le parezca, eso  viene intrínseco,  inherente a la inteligencia peculiar de cada ser humano, bien sea, vivir una vida absolutamente propia y particular, donde los otros no tienen injerencia. Sin embargo prefería vivir en la ciudad antes que en la selva, o el monte, como le dicen algunos, ¡he ahí la cuestión!, ¿Por qué dentro de ese existencialismo precario, los indigentes toman esa aptitud apática y desconsiderada respecto a las bondades del urbanismo y las formas más benévolas de la civilización?

Parece como cruel, empero mencionar que la pobreza es producto –en gran parte de la voluntad del individuo-  de la poca información del bien social de los pueblos y naciones, respecto al trato que se merece el individuo, como parte del colectivo, que formado en determinada generación ha debido obtener. Caín,  mata a Abel, no por dinero ni oro, sino por abandono, Eva, cómplice de la desidia hacia Caín, se abstrae de tratarlo como trataba a Abel , no obstante tal situación no da merito al desgravamen a favor de Caín, dado a que el único verdadero derecho del hombre, como humano, es el derecho a la vida, los demás son derechos sociales reconocidos y practicados a medida que el individuo humano se desarrolla en la más ilustre y sublimemente humana  forma política, “democráticamente”.

En todas partes he visto desidia y abandono, eso no tiene nada que ver con la verdad civilizada ni con la urbanidad, empero si con las formas de conducir las voluntades, se debe interpretar la obstinación y la parquedad ante los elementos sociales, como producto de la voluntad individual, eso está bien, si quien decide vivir como perro es un adulto, pero tratándose de las generaciones adolecentes se debe proponer ante todo; una clase de individuo de  compatibilidad, sembrarle el deseo de servir a sí mismo como al entorno que le compete,  sin promoverle una dependencia  acechante y sofocante, sino, un desenvolvimiento autónomo pero acorde al precepto social, al urbanismo, por tanto a la civilización. Esto solo se lograra con una evolutiva educación, a la cual he de llamar ecológica, vivir un mundo como humano, pero de calidad verdaderamente social y civilizada, la pobreza no es lo que estamos acostumbrados a ver en las calles; niños y ancianos pidiendo,  indigentes durmiendo en las plazas, no, la pobreza es: no haber comido un bocado en semanas, no porque  no hay dinero para comprar, sino porque, además no hay comida, ni dónde buscarla en kilómetros de distancia.

La pobreza tiene un fundamento antropológico, así como: la delincuencia y el crimen, un fundamento tan nefasto y deplorable como las malformaciones congénitas y las enfermedades, la diferencia estriba en que las segundas son inevitables  bien por condiciones fisiológicas y carencia de condiciones higiénicas -cuando no hay medicinas- y la primera por voluntad de la inteligencia humana, que ha decidido, ser lo que es,  en consideración del  movimiento y el espacio en el universo que le ha tocado vivir.      

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