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Geología, Peligros Naturales y GeoTecnología

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La fecha 11/11/11 genera inquietud

El próximo viernes 11 de noviembre es una fecha esperada por los numerólogos de todo el mundo, pues coincidirán los números del día, mes y año (11/11/11) incluso se suma la hora 11:11.

Para los adeptos a las ciencias ocultas, esta casualidad podría indicar la ocurrencia de eventos inusuales, mientras que para la mayoría de la gente esta coincidencia de reloj y calendario, que se produce una vez en cien años, pasará totalmente desapercibida, los numerólogos y otros esotéricos buscan las señales que esto podría tener.

Miles de aficionados a las ciencias ocultas planean reunirse ese día para ceremonias o danzas y ya han aparecido varias páginas dedicadas a esta fecha en las redes sociales como Facebook.

Algunos numerólogos atribuyen al número once poderes paranormales que proporcionan un canal de comunicación con el subconsciente. Otros, sostienen que el once representa la dualidad del bien y del mal en la humanidad

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Cortesia Internet

Ciencia y tecnología

Los niños del tsunami

Haruka dice que cuando cierra los ojos no puede recordar cómo era su mejor amiga. Sus compañeros de refugio ya se han lanzado con avidez a recoger las pinturas y ceras esparcidas por el piso y han empezado a dibujar. “No recuerdo su rostro”, responde con frialdad la niña cuando Arisa le entrega una hoja en blanco y un lápiz. “No, no puedo dibujar, y aunque quisiera no sabría qué hacer”,  contesta con una sequedad impropia de una niña de nueve años.

       La mejor amiga de Haruka es una de las miles de personas que fueron arrastradas mar adentro por el tsunami del 11 de marzo en la costa noreste de Japón. Ambas eran compañeras de cuarto año de primaria en la escuela Yamashita de Yamamotocho, un pueblo situado en la prefectura de Miyagi, al norte de Fukushima, que antes de la tragedia tenía una población de 17.000 habitantes, 2.800 de ellos menores de edad. Según datos del ayuntamiento, el terremoto y las olas gigantes que desencadenó causaron la muerte de cerca de 650 personas, entre ellas decenas de niños. Casi cuatro meses después de la peor catástrofe vivida por Japón desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los desaparecidos todavía superan el centenar. Además, el temblor destruyó completamente 2.000 viviendas y dejó otro millar medio derruido.

       Ahora, mientras la mayoría de los medios de comunicación dirige su mirada a la central nuclear Fukushima Uno y elabora conjeturas sobre el impacto que tendrá de la tragedia en la economía japonesa, miles de niños damnificados empiezan a mostrar los efectos del desastre. No pueden dormir, se sobresaltan con el menor ruido, están irritados, van muchas veces al baño y todavía no comprenden que amigos o familiares han muerto por lo que siguen pronunciando su nombre con la esperanza de que vuelvan. Además, algunos de ellos siguen viviendo en refugios debido al retraso en la construcción de las casas prefabricadas por falta de materiales y desavenencias entre los políticos para aprobar un presupuesto suplementario.

 

Una tarde de dibujos

Los niños se han reunido en un rincón de la entrada del refugio instalado en la escuela secundaria de Yamashita. El 23 de abril, cuando visitamos la zona, en este albergue vivían unos 30 niños. Seis semanas después del desastre todavía no habían encontrado a donde ir. Peluches, consolas, mangas, bicicletas… todo se lo llevó la ola gigante. Unos pequeños recuerdos aplastados por una cicatriz imborrable. Muchos también han perdido a familiares y amigos.

       La entrada es un ir y venir. Hay evacuados que vagan por el centro con la mirada perdida. Uno de ellos, el señor Kato, un hombre de 78 años cuya complexión robusta contrasta con sus pasos desgarbados y el desaliento que transmite su figura. Después de recorrer los pasillos de la planta baja un par de veces, por fin decide tomarse la tensión. La mujer que lo atiende intenta levantarle el ánimo, pero es imposible. Los ancianos, el segmento de la población más afectado por la catástrofe, parecen aceptar con resignación lo sucedido.

       Más alegre se muestra Makoto, un voluntario de 24 años que no para de sonreír desafiando la rutina. Estudia Electrónica en la Universidad de Tohoku. La tragedia no le ha afectado directamente, pero ha querido estar aquí para ayudar durante sus vacaciones. En un respiro, Makoto se acerca y me dice que en verano se irá a Francia para seguir sus estudios en la Universidad de Grenoble. “Estudio francés desde hace seis meses… ¿Español? Solo sé decir ‘hola’  y ‘de nada’.”, me explica como disculpándose. La conversación fluye distendida, como si estuviésemos en una cafetería. “¿Conoces el Mont Blanc? Cuando esté en Francia, me gustaría subir al Mont Blanc”, me dice.

       En Yamamotocho había a finales de abril cerca de 2.000 personas viviendo en seis refugios temporales, es decir más del 10% de la población. El peso de la organización de estos albergues instalados en escuelas y centros culturales recae en las autoridades locales con la colaboración de las Fuerzas de Autodefensa japonesas y los bomberos. Sin embargo, el quehacer diario dentro de los refugios también pasa por las manos de voluntarios de la Universidad de Tohoku, como Makoto. Los estudiantes formaron un grupo de apoyo llamado Haru (“primavera” en japonés) el día después del terremoto y, desde entonces, cada día, varios autocares parten de la universidad con destino a los centros de coordinación de voluntarios desde donde se distribuyen a los diferentes refugios. Son inconfundibles por su peto azul y una sempiterna sonrisa.

       Mientras conversaba con Makoto, algunos niños ya han acabado los primeros dibujos. Kazuya, un niño de cuatro años, tira del pantalón de Arisa y le dice que ya ha terminado. “¿Qué es?”, le preguntamos. Se ríe sin contestar y empieza a pegar puñetazos al aire. “¡Es un avión!”, irrumpe en la conversación Aki, una niña de 11 años que parece haber asumido el cuidado del benjamín del grupo. En éste, como en todos los albergues temporales, los niños se ayudan y protegen como si fuesen una gran familia.

       Cuando a Arisa y a mí se nos ocurrió recorrer los 350 kilómetros que separan Tokio de Yamamotocho para pasar un día con los niños, pensamos que dibujando podrían deshacerse por unas horas de la tensión acumulada durante tantos días. Pero también teníamos miedo de su reacción. “Papá, vuelve enseguida”, podía leerse en la pared de otro refugio en el dibujo de una niña cuyo padre es uno de los miles de desaparecidos. Según Yoshiki Tominaga, profesor de la Universidad de Hyogo y especialista en Pedagogía, en situaciones como ésta la respuesta de los menores es imprevisible. Algunos se vuelven hiperactivos, otros caen en la apatía y unos pocos expresan su frustración con violencia o sadismo.

 

Cortesia Fronterad.es

Psicologia

Meditacion

No lo dice un grupo «new age», ni unos amantes de la pseudociencia o de la falsa espiritualidad, sino un equipo de psiquiatras liderado por el Hospital General de Massachusetts, que ha realizado el primer estudio que documenta cómo ejercitar la meditación puede afectar al cerebro. Según sus conclusiones, publicadas en Psychiatry Research, la práctica de un programa de meditación durante ocho semanas puede provocar considerables cambios en las regiones cerebrales relacionadas con la memoria, la autoconciencia, la empatía y el estrés. Es decir, que algo considerado espiritual, nos transforma físicamente y puede mejorar nuestro bienestar y nuestra salud.
«Aunque la práctica de la meditación está asociada a una sensación de tranquilidad y relajación física, los médicos han afirmado durante mucho tiempo que la meditación también proporciona beneficios cognitivos y psicológicos que persisten durante todo el día», explica la psiquiatra Sara Lazar, autora principal del estudio. «La nueva investigación demuestra que los cambios en la estructura del cerebro pueden estar detrás de esos beneficios demostrados, y que la gente no se siente mejor solo porque se han relajado», apunta.
Lazar ya había realizado estudios previos en los que había encontrado diferencias estructurales entre los cerebros de los profesionales de la meditación, con experiencia en este tipo de prácticas, y los individuos sin antecedentes, como, por ejemplo, un mayor grosor de la corteza cerebral en áreas asociadas con la atención y la integración emocional. Pero entonces la investigadora no pudo confirmar si este proceso había sido fruto de, simplemente, haber pasado unos ratos de reflexión.
Conciencia sin prejuicios
Para el estudio actual, los científicos tomaron imágenes por resonancia magnética de la estructura cerebral de 16 voluntarios dos semanas antes y después de realizar un curso de meditación de ocho semanas, un programa para reducir el estrés coordinado por la Universidad de Massachusetts. Además de las reuniones semanales, que incluían la práctica de la meditación consciente, que se centra en la conciencia sin prejuicios de sensaciones y sentimientos, los voluntarios recibieron unas grabaciones de audio para seguir con sus cavilaciones en casa.
Los participantes en el grupo de meditación pasaron 27 minutos cada día practicando estos ejercicios. Sus respuestas a un cuestionario médico señalaban mejoras significativas en comparación con las respuestas antes del curso. El análisis de las imágenes por resonancia magnética encontró un incremento de la densidad de materia gris en el hipocampo, una zona del cerebro importante para el aprendizaje y la memoria, y en estructuras asociadas a la autoconciencia, la compasión y la introspección. Además, se descubrió una disminución de la materia gris en la amígdala cerebral, un conjunto de núcleos de neuronas localizadas en la profundidad de los lóbulos temporales, lo que está relacionado con una disminución el estrés. Ninguno de estos cambios fueron observados en el grupo de control formado por otros voluntarios, lo que demuestra que no fueron resultado solo del paso del tiempo.
«Es fascinante ver la plasticidad del cerebro y cómo, mediante la práctica de la meditación, podemos jugar un papel activo en el cambio del cerebro y puede aumentar nuestro bienestar y calidad de vida», dice Britta Hölzel, autora principal del estudio. El hallazgo abre las puertas a nuevas terapias para pacientes que sufren problemas graves de estrés, como los que soportan un agudo estrés post-traumático tras una mala experiencia.

Cortesia ABC, España

Ciencia

Solos entre la muchedumbre

El individuo conoce sobradamente su derecho al individualismo, y hace uso de él dejando al margen a todos los que les circundan. Teje su bien estructurada tela sin permitir que nadie del exterior irrumpa en su terreno bien acotado y de aforo reducido.

Existen los solitarios declarados, personas que defienden una vida carente de afectividad y que huyen de toda relación interpersonal, actitud totalmente respetable.

Pero los que realmente me preocupan, o por los que verdaderamente me intereso son por ese otro sector que de forma involuntaria han de acogerse a una vida de soledad.

Enfermos que sufren en silencio el desespero de no ser visitados. Mujeres que comparten sus vidas con verdugos y que en una agónica soledad respiran la ausencia de ayuda ajena.

Seres esclavizados a las drogas que sienten impotencia y cobardía ante una problemática tan aventada.

Personas mayores que alejadas de sus familiares saborean una agria existencia carente de cariño.

Solitarios en un mundo demasiado grande para darles cabida.

El individuo que defiende su espacio vive alejado del resto, sigue promoviendo su derecho al individualismo, al yo por encima del tú, dedica su vida a la contemplación del propio ombligo para evitar ver las miserias de fuera.

Cuentan -y desconozco la veracidad de dicha información- que en las paraolimpiadas en Seattle del año 1998 nueve participantes, todos con deficiencia mental o física, se alinearon para la salida de la carrera de los cien metros lisos.

A la señal, todos partieron, no exactamente disparados, pero con deseos de dar lo mejor de si, terminar la carrera y ganar el premio. Todos, excepto un muchacho, que tropezó en el piso, cayó y rodando comenzó a llorar.

Los otros ocho escucharon el llanto, disminuyeron el paso y miraron hacia atrás. Vieron al muchacho en el suelo, se detuvieron y regresaron todos.

Una de las muchachas, con Síndrome de Down, se arrodilló, le dio un beso al muchacho y le dijo: “Listo, ahora vas a ganar” Los nueve competidores entrelazaron los brazos y caminaron juntos hasta la línea de llegada.

Valga esta escena real o ficticia para reflejar una forma de actuación digna de imitar.

Si somos capaces de ver el esfuerzo ajeno como personal, las desgracias impropias como nuestras, encontraremos sin duda razones para vivir en complicidad con el allegado. Renunciaremos a ser tan independientes dejando la puerta abierta para que otros puedan entrar.

La unidad crea vínculos de amor, lazos irrompibles y perdurables en el tiempo.

La soledad, angustia, ahoga y somete al ser humano a una cruel apatía.

Dejemos de ser meros individuos y volvámonos colectivo.

Seamos cercanos al necesitado y dejemos nuestro caparazón en casa. Con algo de esfuerzo la vida de otros puede tornarse un poco más hermosa.

Cortesia Geo Base 80

Psicologia

Comportamiento de la persona envidiosa

Envidia, de acuerdo a las definiciones de la Real Academia Española la envidia es la tristeza o pesar del bien ajeno y la emulación, deseo de algo que no se posee.

Primera definición.- Tristeza o pesar del bien ajeno.
De acuerdo a la primera definición la envidia es sentir tristeza o pesar por el bien ajeno. De acuerdo a esta definición lo que no le agrada al envidioso no es tanto algún objeto en particular que un tercero pueda tener sino la felicidad en ese otro. Entendida de esta manera, es posible concluir que la envidia es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor sino que al otro le vaya peor.

Segunda definición.- Emulación, deseo de algo que no se posee.
De acuerdo a la segunda de las acepciones la envidia se puede encuadrar dentro de la emulación o deseo de poseer algo que otro posee. Siendo en este caso que lo envidiado no es un sujeto sino un objeto material o intelectual. Por lo tanto en esta segunda acepción la base de la envidia sería el sentimiento de desagrado por no tener algo y además de eso el afán de poseer ese algo. Esto puede llegar a implicar el deseo de privar de ese algo al otro en el caso de que el objeto en disputa sea el único disponible.

* Una tercera posibilidad para comprender lo que la envidia implica sería la combinación de las dos acepciones mencionadas anteriormente. Cualquiera sea el caso, la envidia es un sentimiento que nunca produce nada positivo en el que lo padece sino una insalvable amargura.

Pecado capital

La Envidia es considerado como un pecado capital porque genera otros pecados, otros vicios; El término “capital” no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados y rompe con el amor al prójimo que proclama Jesús.

San Gregorio Magno (*ca. 540 en Roma – †12 de marzo de 604), fue el sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia católica romana; fue quien selecciono los siete pecados capitales, y se mantuvo por la mayoría de los teólogos de la Edad Media.

Dante Alighieri en el poema de El Purgatorio, define la envidia como “Amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos.” El castigo para los envidiosos es el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer. En la edad media el famoso cazador de brujas, el cardenal Peter Beasbal le atribuyó a la envidia el demonio llamado Leviatán, un demonio marino y que era sólo controlado por Dios.

Estudios, citas y notas

Bertrand Russell sostenía que la envidia es una de las más potentes causas de infelicidad. Siendo universal es el más desafortunado aspecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no sólo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia, sino que además alimenta el deseo de producir el mal a otros.

José Antonio Marina sostiene cierta nomenclatura afectiva en su obra “El laberinto sentimental”, en la que divide los fenómenos afectivos en: afecto, sensaciones de dolor placer, deseos y sentimientos, subdividiendo éstos en cuatro grupos según su intensidad como: estados sentimentales, emociones y pasiones. Este último grupo, las pasiones, son definidas como “sentimientos intensos, vehementes, tendenciales, con un influjo poderoso sobre el individuo”. Sería en este grupo en el que la envidia quedaría configurada.

La envidia ha sido frecuentemente tema literario y ha inspirado relatos literarios como el de Caín y Abel que aparece en el Génesis de la Biblia. Este relato, en realidad, ejemplifica la rivalidad y conflictos históricos entre los sistemas de vida nómadas y sedentarios de pastores y agricultores que se han desarrollado siempre a lo largo de la historia, también entre los pueblos semíticos. El escritor de la generación del 98, Miguel de Unamuno afirmaba que era el rasgo de carácter más propio de los españoles y escribió para ejemplificarlo su novela Abel Sánchez, en que el verdadero protagonista, que significativamente no da título a la obra, ansioso de hacer el bien por la humanidad, sólo recibe desprecio y falta de afecto por ello, mientras que el falso protagonista, que sí da título a la obra, recibe todo tipo de recompensas y afecto por lo que no ha hecho.

Significado psicológico

Una de las peculiaridades de la actuación envidiosa es que necesariamente se disfraza o se oculta, y no sólo ante terceros, sino también ante sí mismo. La forma de ocultación más usual es la negación: se niega ante los demás y ante uno mismo sentir envidia.

La envidia revela una deficiencia de la persona, del ser envidioso, que no está dispuesto a admitir. Si el envidioso estuviera dispuesto a saber de sí, a reconocerse, asumiría ante los demás y ante sí mismo sus carencias.

La dependencia unidireccional del envidioso respecto del envidiado persiste aún cuando el envidiado haya dejado de existir. Y esta circunstancia –la inexistencia empírica del sujeto envidiado y la persistencia, no obstante, de la envidia respecto de él-descubre el verdadero objeto de la envidia, que no es el bien que posee el envidiado, sino el sujeto que lo posee.

El envidioso acude para el ataque a aspectos difícilmente comprobables de la privacidad del envidiado, que contribuirían, de aceptarse, a decrecer la positividad de la imagen que los demás tienen de él (el envidioso tiende a hacerse pasar por el mejor «informado», advirtiendo a veces que «aún sabe más»). Pero adonde realmente dirige el envidioso sus intentos de demolición es a la imagen que los demás, menos informados que él, o más ingenuos, se han construido sobre bases equivocadas.

¿Cómo conseguirlo? Mediante la difamación, originariamente disfamación. En efecto, la fama es el resultado de la imagen. La fama por antonomasia es «buena fama», «buen nombre», «crédito». La difamación es el proceso mediante el cual se logra desacreditar gravemente la buena fama de una persona.

Ahora vemos dónde está realmente el verdadero objeto de la envidia. No en el bien que el otro posee, sino en el (modo de) ser del envidiado, que le capacita para el logro de ese bien.

El envidioso es un hombre carente de (algún o algunos) atributos y, por lo tanto, sin los signos diferenciales del envidiado. Sabemos de qué carece el envidioso a partir de aquello que envidia en el otro. Pero, además, en este discurso destaca la tácita e implícita aseveración de que el atributo que el envidiado posee lo debiera poseer él, y, es más, puede declarar que incluso lo posee, pero que, injustificadamente «no se le reconoce». Ésta es la razón por la que el discurso envidioso es permanentemente crítico o incluso hipercrítico sobre el envidiado, y remite siempre a sí mismo. Aquel a quien podríamos denominar «el perfecto envidioso» construye un discurso razonado, bien estructurado, pleno de observaciones negativas que hay que reconocer muchas veces como exactas.

No sólo el sujeto envidioso es inicialmente deficiente en aquello que el envidiado posee, sino que el enquistamiento de la envidia, es decir, la dependencia del envidioso respecto del envidiado perpetúa y agrava esa deficiencia. Decía Vives: «Con razón han afirmado algunos que la envidia es una cosa muy justa porque lleva consigo el suplicio que merece el envidioso».

Una de las invalideces del envidioso es su singular inhibición para la espontaneidad creadora. Ya es de por sí bastante inhibidor crear en y por la competitividad, por la emulación. La verdadera creación, que es siempre, y, por definición, original, surge de uno mismo, cualesquiera sean las fuentes de las que cada cual se nutra. No en función de algo o de alguien que no sea uno mismo. Pues, en el caso de que no sea así, se hace para y por el otro, no por sí. Todo sujeto, en tanto construcción singular e irrepetible, es original, siempre y cuando no se empeñe en ser como otro: una forma de plagio de identidad que conduce a la simulación y al bloqueo de la originalidad.

El tratamiento eficaz de la envidia cree verlo el que la padece en la destrucción del envidiado (si pudiera llegaría incluso a la destrucción física), para lo cual teje un discurso constante e interminable sobre las negatividades del envidiado. Es uno de los costos de la envidia, un auténtico despilfarro, porque rara vez el discurso del envidioso llega a ser útil, y con frecuencia el pretendido efecto perlocucionario –la descalificación de la imagen del envidiado- resulta un fracaso total.

Su deficiencia estructural en los planos psicológico y moral aparece a pesar de sus intentos de ocultación y secretismo.

Citas sobre la envidia

Anonimo: La fuerza de tu envidia es la rapidez de mi progreso

* “A la sombra del mérito se ve crecer la envidia.”
o Leandro Fernández de Moratín

* “El silencio del envidioso está lleno de ruidos.”
o Khalil Gibran

* “El peor presente para una persona que tiene envidia es un palacio… con una vista de un mejor.”
o Leonid S. Sukhorukov

* “El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: “Es envidiable.”
o Jorge Luis Borges

* “La envidia es el adversario de los más afortunados.”
o Epicteto

* “La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual.”
o Miguel de Unamuno

* “La envidia es una declaracion de inferioridad.”
o Napoleón I

* “Hacemos regularmente vanidad de las pasiones, aún de las más criminales; pero la envidia es una pasión cobarde y vergonzosa que jamás osamos confesar.”
o François de La Rochefoucauld - Fuente: Wikisource.

* “La envidia de la virtud hizo a Caín criminal.

¡Gloria a Caín! Hoy el vicio es lo que se envidia más.”

*
o Antonio Machado Proverbios y Cantares-X

* “Es envidia la que provoca placer por las desgracias de los amigos.”
o Platón, Filebo, 50a.

Citas por autor

Ignacio Manuel Altamirano

* “El mayor castigo que puede imponerse a la envidia es el desprecio. Hacerle caso es permitirle saborear un síntoma de victoria.”
* “La envidia como la ictericia se conoce en el color de los ojos y en el de la piel.”

* “La envidia es al mérito lo que la cobardía al valor.”

* “La envidia es el cáncer del talento. No tener envidia es un privilegio de salud que debe agradecerse a los dioses más que la salud física.”

* “La envidia es proteiforme. Sus manifestaciones más comunes son la crítica amarga, la sátira, la diatriba, la injuria, la calumnia, la insinuación pérfida, la compasión fingida, pero su forma más peligrosa es la adulación servil.”

* “La envidia es un buitre que se alimenta de sus propias entrañas.”

* “La envidia es una furia que se disfraza casi siempre de vieja devota.”

* “La envidia es una sombra que oscurece el semblante y entristece el espíritu.”

* “La envidia hace sufrir al envidioso más que a los censurados la censura.”

* “La envidia es la impotencia irritada por el mérito.”

* “La envidia no tiene nunca ni la franqueza de la risa, ni el arrebato de la cólera; no tiene más que sonrisas frías y lágrimas ocultas.”

* “La voz de la envidia es el pregón de la inferioridad del envidioso.”

Referencia bibliogràfica

1) Teoría de los sentimientos” de Carlos Castilla del Pino - Tusquets Editores – ISBN 84-8310-708-2

2) los 7 pecados capitales”, serie de The History Channel.

3) Web de la enciclopedia temàtica, WIKIPEDIA, http://es.wikipedia.org.

Psicologia

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