Geología, Peligros Naturales y GeoTecnología

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Descubren nueva especie de dinosaurio

Un equipo de paleontólogos de la Universidad Brigham Young de Utah (Estados Unidos) ha descubierto una nueva especie de dinosaurios, llamada Abydosaurus, gracias al raro hallazgo de cuatro cráneos, dos de ellos en perfecto estado.

De las 120 especies de saurópodos - los dinosaurios de mayor tamaño- que poblaron la Tierra, sólo se habían hallado ocho cráneos completos hasta ahora.

El análisis de los huesos, publicado en la revista Naturwissenshaften, indica que el familiar más cercano de esta especie, que vivió hace 150 millones de años, fue el Braquiosaurio (45 millones de años anterior), que también era herbívoro, tenía un largo cuello, una extensa cola y cuatro patas.

Los cráneos, pertenecientes a cuatro ejemplares jóvenes de Abydosaurus, fueron encontrados en una cantera en el recinto del Monumento Nacional de los Dinosaurios, al este de Utah (EEUU).

Para destapar los huesos, el equipo de paleontólogos tuvo que emplear martillos y sierras y desprenderse de una capa de piedra arenisca -de unos 105 millones de años- que los cubría.

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Cortesía de Internet

Paleontologia

Hallazgo paleontologico

Descubrir una nueva especie de dinosaurio no es algo tan extraño, los paleontólogos nos anuncian de vez en cuando la aparición de un nuevo miembro de la familia jurásica, pero que el recién llegado venga «de cabeza» sí es muy inusual. Un equipo de paleontólogos ha recuperado en un yacimiento de Utah (EE.UU.) cuatro cabezas –dos de ellas intactas- de un dinosaurio nunca visto hasta ahora, al que han llamado Abydosaurus y que tiene 105 millones de años de antigüedad. El animal pertenece al grupo de los gigantes herbívoros «cuellilargos» y su pariente más cercano es el potente Brachiosaurus, de 45 millones de años.
El hallazgo de los cráneos es realmente extraordinario, pues hasta el momento, de las 120 variedades conocidas de saurópodos, los expertos sólo habían podido tener en sus manos ocho cráneos completos. Las calaveras son especialmente frágiles, muy ligeras para que pudieran ser soportadas por sus larguísimos cuellos de cisne. Ocupaban sólo dos centésimas del volumen total del cuerpo –algo insignificante- y carecían de un sistema elaborado para masticar. El enorme Abydosaurus tenía pocos modales: no masticaba los alimentos, simplemente los mordía y se los tragaba de un enorme bocado.
Huesos finos
Los paleontólogos de la Universidad Brigham Young hallaron los restos en la formación montañosa de Cedar, en el yacimiento del National Dinosaur Monument, al este de Utah. Para obtener los huesos, los expertos recurrieron a martillos y sierras para cortar la piedra arenisca endurecida después de millones de años. Incluso tuvieron que recurrir a explosivos para llegar a algunos puntos. «Los cráneos de los dinosaurios son más ligeros que los de los mamíferos porque se encuentran al final de un cuello muy largo», explica el especialista Brooks Britt. «En lugar de huesos gruesos fusionados, los cráneos de los saurópodos son de huesos finos unidos por tejidos blandos. Por lo general, se deshace rápidamente después de la muerte y se desintegran»

Las calaveras pueden dar algunas pistas sobre cómo los animales terrestres más grandes que vagaban sobre la tierra comían sus alimentos, ya que la mayor parte de los que saben los científicos sobre los saurópodos es de cuello para abajo. Al parecer, estos animales no masticaban su comida, simplemente la tomaban y se la tragaban. Se alimentaban de plantas y reemplazaban sus dientes continuamente a lo largo de sus vidas. En el Jurásico, los saurópodos mostraban un amplio rango de formas de dientes, pero hacia el final de la era de los dinosaurios, todos tenían dientes estrechos similares a lápices. Los dientes del Abydosaurus son intermedios, reflejando una tendencia hacia dientes más pequeños y de reemplazo rápido.

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Cortesía de ABC, España

Paleontologia

¿Por qué sobrevivieron los mamíferos a la gran extinción del Cretácico?

Hace 65 millones de años, en la frontera entre los periodos Cretácico y Terciario, un asteroide de diez km de diámetro chocó contra nuestro mundo provocando uno de los peores episodios de extinción de todos los tiempos. Más del 70% de las especies que poblaban entonces la Tierra (tanto marinas como terrestres) desaparecieron por completo, casi de repente. Entre ellas los dinosaurios, que terminaron así, de golpe, un reinado de más de 200 millones de años. Sin embargo, algunos lograron sobrevivir a la catástrofe y heredaron un mundo nuevo y libre del dominio de los lagartos gigantes. ¿Cómo lo consiguieron?
Imaginemos un dinosaurio. Es grande, amenazador y su sóla presencia debía bastar para sembrar el pánico entre las pequeñas criaturas terrestres que compartían el mundo con él. Sin embargo, a pesar de su tamaño, los dinosaurios no lograron sobrevivir al impacto y sus terribles consecuencias. Algo que sin embargo sí que consiguieron sus insignificantes vecinos.
«Ellos eran mejores a la hora de escapar del calor», asegura Russ Graham, investigador de ciencias de la Tierra en la Penn State University. «Una gran cantidad de calor liberado por el impacto del meteorito fue la causa principal de la extinción del KT».
Para éste y otros muchos expertos, las madrigueras subterráneas y los entornos acuáticos donde los primeros mamíferos se ocultaban de los dinosaurios consiguieron también protegerles del breve, pero drástico, aumento de las temperaturas. Algo que sus enormes vecinos, igual que la gran mayoría de las criaturas de la superficie, no pudieron hacer. Un gran número de ellos, en efecto, murió quemado sin remedio en las primeras horas que siguieron a la caída del meteorito.
Un mundo devastado
Tras varios días de un calor extraordinario, la temperatura superficial de la Tierra descendió hasta niveles compatibles con la vida, y los pequeños mamíferos pudieron empezar a salir de sus madrigueras, para encontrarse con un mundo devastado y completamente distinto del que habían conocido hasta entonces. Devastado, sí, pero del que aún era posible obtener alimento, siempre que se tuviera una dieta adecuada.
«Incluso si algunos de los grandes dinosaurios herbívoros se las arreglaron para sobrevivir a la destrucción inicial, se encontraron con que, literalmente, no tenían nada qué comer -asegura Graham- ya que la mayor parte de la vegetación superficial también quedó destruída». Y a medida que los herbívoros supervivientes fueron desapareciendo, también lo hizo el principal sustento de los grandes carnívoros que se alimentaban de ellos.
Los mamíferos, por el contrario, podían comer insectos y plantas acuáticas, que seguían siendo relativamente abundantes tras el impacto del meteorito. Así que, a medida que los dinosaurios supervivientes fueron a su vez desapareciendo, los mamíferos empezaron a florecer. Lo mismo sucedió con los representantes de otras clases de animales (como por ejemplo los cocodrilos), pero fueron precisamente los mamíferos los mayores beneficiarios de la nueva situación.
De hecho, fue entonces cuando empezaron un proceso de diversificación que les ha llevado a poblar prácticamente todos los rincones del planeta con una infinidad de especies, entre ellas la nuestra. Resulta irónico, pero es más que probable que sin la caída de ese meteorito devastador, nunca se habrían dado las condiciones para el surgimiento de nuestra propia especie.

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Cortesia de ABC, España

Paleontologia

Las huellas más antiguas del mundo

Tienen 565 millones de años y son la prueba más antigua que tenemos hasta el momento de animales desplazándose por sus propios medios. Se trata de huellas fósiles descubiertas en rocas de la localidad de Newfoundland, en Canadá, por un equipo internacional de científicos dirigido por expertos de la Universidad de Oxford. Los investigadores, que acaban de publicar su hallazgo en Geology, han identificado cerca de setenta rastros que indican que algunas antiquísimas criaturas eran capaces de desplazarse de forma parecida a como lo hacen las anémonas actuales por los fondos marinos del Periodo Ediacárico.
“Las marcas que hemos encontrado -asegura Alex Liu, uno de los firmantes del artículo- indican claramente que estos organismos podían ejercer alguna clase de control muscular durante la locomoción. Y eso resulta excitante porque es la primera evidencia que tenemos de que criaturas que vivieron en este periodo tan temprano de la historia de la Tierra tenían una musculatura que les permitía desplazarse de un lugar a otro y les capacitaba, por lo tanto, para cazar en busca de alimento o huir de unas condiciones locales adversas. Pero lo más importante es que esas criaturas eran, con toda probabilidad, animales”.
En su trabajo, los investigadores comparan las huellas a las que deja una moderna anémona marina, la Urticina, y subrayan similitudes que permiten suponer que los animales que dejaron esos rastros también eran físicamente parecidos a las anémonas, quizá utilizando un pie en forma de disco como hacen sus parientes actuales.
Parecidos a los hongos actuales
Las pruebas que indican una capacidad de los animales para moverse libremente y a su antojo son muy raras cuando se habla del Cámbrico (entre hace 542 y 488 millones de años), lo que ha llevado a muchos paleontólogos a pensar que los organismos primitivos eran estacionarios y más parecidos a los hongos actuales que a cualquier otra criatura.
Por eso, encontrar evidencias de movimiento voluntario en el Periodo Ediacárico (es decir, cerca de treinta millones de años antes del Cámbrico), es algo realmente significativo, ya que arroja algo de luz sobre la oscuridad que envuelve al periodo que precede a la llamada “explosión del Cámbrico”, durante la cual surgieron todos los tipos de animales que conocemos en la actualidad y también otros cuya herencia se extinguió mucho antes de llegar al presente.
“Aún no somos capaces de decir qué organismo del Ediacárico dejó estas huellas -afirma Alex Liu- pero representan una clara evidencia de que aquellas criaturas tenían músculos que daban a sus blandos cuerpos algo de rigidez. Y también es una prueba de que la ecología de este antiguo entorno marino era bastante complejo, quizá de una complejidad más propia de épocas muy posteriores”.
Parece claro, concluye el científico, que estas antiguas rocas de los tiempos en que las formas de vida empezaban a hacerse complejas “tienen aún muchas cosas nuevas que contarnos”.

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Cortesía de ABC, España

Paleontologia

Dinosaurios con características de aves vivieron hace 163 millones de años

Un grupo de dinosaurios bípedos con algunas características de las aves vivió hace 163 millones de años, 63 millones antes que cualquiera de sus predecesores conocidos hasta ahora, según los fósiles hallados en el desierto de Gobi, en China, reveló un informe publicado por la revista Science.

El fósil analizado, un espécimen de la familia Alvarezsauridae, pertenece a un grupo de dinosaurios que tenían una gran garra al extremo de brazos cortos y poderosos.

El esqueleto casi completo, que mide más de tres metros, fue descubierto en 2004 en el fondo de un río en la provincia autónoma de Xinjian, en el noreste de China y recibió el nombre científico de Haplocheirus (mano diestra y fuerte).

Para los científicos, su tamaño, el mayor descubierto hasta ahora en la búsqueda de los Haplocheirus, sugiere que en el curso de su evolución se produjo un proceso de miniaturización en esos animales.

El momento en que vivió ese animal, en la última etapa del Cretáceo, distancia aún mas a su grupo de las aves en la escala evolutiva.

Según el grupo científico, el fósil de la nueve especie contiene características que lo vinculan al Alvarezsauridae, la familia de dinosaurios que incluye otras especies como las de los mononykus y que se creía que eran antiguas aves que no podían volar.

Los científicos indican que las manos del Haplocheirus terminan en tres dedos de los cuales el central es mucho más grande que los otros dos.

Añaden que con el tiempo esos dedos se fusionaron y se convirtieron en la garra que después fue la característica distintiva de los alvarezsauros del Cretáceo.

Pero, pese a la similitud de los esqueletos, el grupo científico asegura que los alvarezsauridae evolucionaron de manera paralela a las aves y las actuales no descendieron directamente de ellos.

La especie muestra las primeras etapas evolutivas en el desarrollo de un brazo corto y poderoso con una sola garra que pudo haber sido utilizado para extraer termitas, indicó el estudio.
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Cortesìa de Internet

Paleontologia

El origen asiático de los dinosaurios voladores

El microraptor, un pequeño dinosaurio cuyos fósiles fueron hallados en China en el año 2000, podía volar. Un grupo de científicos de la Universidad de Kansas (EEUU) asegura haberlo demostrado tras llevar a cabo una reconstrucción de este animal en una maqueta. Los detalles de la investigación se explican esta semana en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’.

El excelente estado de conservación del fósil encontrado en China, en los que incluso se puede apreciar con detalle el plumaje del animal, ha permitido reconstruir con fidelidad cómo era este microraptor, que tenía cuatro alas -dos en la parte delantera y dos en las patas-. Se trata de uno de los dinosaurios más pequeños que se conocen, con un tamaño similar al de un pavo y un peso de algo más de un kilogramo.

El debate sobre la evolución de los dinosaurios y sobre cómo lograron volar sigue abierto. Hasta ahora, la teoría más aceptada por los paleontólogos sostiene que estos animales eran terrestres y fueron evolucionando hasta que consiguieron volar.

Sin embargo, el equipo de científicos liderado por David Alexander y Larry Martin defiende que el microraptor era un planeador que vivía en los árboles y que comenzó a volar desde aquí. Los investigadores creen que incluso podía realizar con sus alas algunos movimientos de los pájaros actuales.
Transición entre dinosaurios y pájaros

“Aunque no es el asunto central de este estudio, creo que el microraptor era una especie en transición entre dinosaurios y pájaros. Sus alas y las plumas de las patas se parecen mucho a las de los pájaros pero su esqueleto tiene características en común con los dinosaurios”, explica a ELMUNDO.es el investigador David Alexander. “La articulación de su cadera es distinta a la de la mayor parte de dinosaurios, lo que le permitía extender sus patas hacia los lados para usarlas a modo de alas”.

La controversia residía en que estos animales no podían desplegar sus alas para planear, pero los investigadores sostienen que han sido capaces de articular sus huesos en su cadera para demostrar que sí podían volar. Además, destacan que los dinosaurios permanecían erguidos mientras que el microraptor tiene patas traseras y largas plumas para impulsarlo.

Para construir esta maqueta en tres dimensiones, los investigadores utilizaron moldes sacados del esqueleto original hallado en China, así como huellas de plumas de varias especies que se conservan en museos de ese país. La ceniza volcánica que cubrió el animal durante miles de años permitió la excelente conservación del fósil, que fue hallado por unos agricultores en el año 2000.

El modelo creado es mucho menos pesado que el animal real gracias a los materiales que emplearon (la maqueta sólo pesaba 43 gramos frente al 1,23 kg. que los investigadores calculan que pesaba el microraptor).

El animal en el que se basaron para este estudio medía 37 centímetros (sus patas tenían 30 centímetros de longitud). Los científicos afirman que sus largas plumas (de unos 18 centímetros de longitud) les impedían permanecer mucho tiempo en el suelo. “Honestamente, no puedo imaginarme a este animal andando. Creemos que evitaba aterrizar en el suelo siempre que le era posible”, explica Alexander. Para comprobar si podía volar, los científicos hicieron pruebas con la maqueta a cielo abierto en la Universidad de Kansas.

Los fósiles hallados en China están ofreciendo información muy valiosa sobre la evolución de los dinosaurios. Hace un mes, el mismo grupo de investigadores publicó una investigación sobre el sistema venenoso del sinornitosaurio, una especie muy próxima al microraptor.
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Cortesìa de elmundo.es

Paleontologia

El ‘dinosaurio serpiente’

Camuflado en las ramas de los árboles, sorprendía a sus presas por la espalda. Les inyectaba su veneno para inmovilizarlas y cuando entraban en estado de ’shock’ las devoraba, a veces mientras seguían con vida. Así se cree que actuaba el sinornitosaurio, el primer dinosaurio venenoso estrechamente emparentado con las aves que se conoce hasta ahora y que ha sido descubierto en China. Su gran similitud con los pájaros convierte a este especie venenosa en la primera conocida en la línea de evolución hacia los pájaros actuales.

La investigación, que esta semana publica ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, fue llevada a cabo por un grupo de investigadores de la Universidad de Kansas (EEUU) junto a colegas chinos de la Universidad del Noreste, en Shenyang.

El sinornitosaurio es un pariente cercano al Velociraptor. Los científicos creen que vivió en los bosques prehistóricos del noroeste de China hace 128 millones de años junto a otros animales entre los que había pájaros primitivos y dinosaurios.

Un ágil depredador
Tenía aproximadamente el tamaño de un pavo y era un ágil depredador: los pequeños dinosaurios y los pájaros eran su presa favorita. Los científicos creen que muy probablemente tenía plumas ya que es un pariente cercano del llamado microraptor, un pequeño dinosaurio con espectaculares plumas y cuatro alas cuyo estudio ha resultado muy útil a los investigadores para determinar las relaciones evolutivas entre aves y dinosaurios.

Esta nueva especie de dinosaurio tenía cavidades especiales a los lados de la cara donde los científicos creen que se encontraba una glándula venenosa que suministraría el líquido a los colmillos superiores. Su sistema venenoso es similar al de los actuales lagartos y a algunas serpientes.

“Cuando lo examinamos advertimos que su dentadura no era la habitual en este tipo de animales así que estudiamos la estructura entera, dentadura y mandíbula, y entonces descubrimos que era muy parecida al de las serpientes de hoy en día”, explica Larry Martin, paleontólogo y profesor de la Universidad de Kansas.

El sinornitosaurio está representado por al menos dos especies. Los investigadores de este estudio afirman que hallaron un sistema de baja presión para distribuir el veneno, similar al del lagarto moteado mexicano actual. El prehistórico Sinornitosauro, sin embargo, estaba dotado de colmillos más largos para penetrar a través de las capas de plumas de los pájaros que cazaba.

El hallazgo ayudará a profundizar en el conocimiento de otras especies ya que los investigadores sospechan que el microraptor pudo tener también un sistema similar para distribuir el veneno.

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Cortesía de elmundo.es

Paleontologia

Hallan una terrible ave prehistórica que paralizaba a sus víctimas con veneno

Ni lo veían llegar. El monstruo, un antecesor de las aves rapaces del tamaño de un pavo, saltaba desde la rama de un árbol y se acercaba a su presa por la espalda, posiblemente un pequeño dinosaurio o un ave. En un instante, se abalanzaba sobre ella, las fauces clavadas alrededor del cuello de la sorprendida víctima. Y aquí viene lo más increíble: los dientes incrustados en la carne inoculaban un potente veneno. La presa entraba rápidamente en estado de shock, pero, todavía viva, podía ver atolondrada cómo estaba siendo devorada por su verdugo. Este terrible depredador, denominado Sinornithosaurio, vivió hace 128 millones de años en China. Es el primer miembro del linaje de las aves modernas venenoso como una serpiente. Los científicos nunca habían visto nada semejante.
«Es un ave venenosa se mire por donde se mire», afirma el paleontólogo Larry Martin, profesor de la Universidad de Kansas y autor, junto a científicos chinos, del estudio sobre el animal, que aparece publicado esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) . El descubrimiento «fue una auténtica sorpresa para nosotros y creemos que causará un gran impacto», asegura.

Ni lo veían llegar. El monstruo, un antecesor de las aves rapaces del tamaño de un pavo, saltaba desde la rama de un árbol y se acercaba a su presa por la espalda, posiblemente un pequeño dinosaurio o un ave. En un instante, se abalanzaba sobre ella, las fauces clavadas alrededor del cuello de la sorprendida víctima. Y aquí viene lo más increíble: los dientes incrustados en la carne inoculaban un potente veneno. La presa entraba rápidamente en estado de shock, pero, todavía viva, podía ver atolondrada cómo estaba siendo devorada por su verdugo. Este terrible depredador, denominado Sinornithosaurio, vivió hace 128 millones de años en China. Es el primer miembro del linaje de las aves modernas venenoso como una serpiente. Los científicos nunca habían visto nada semejante.
«Es un ave venenosa se mire por donde se mire», afirma el paleontólogo Larry Martin, profesor de la Universidad de Kansas y autor, junto a científicos chinos, del estudio sobre el animal, que aparece publicado esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) . El descubrimiento «fue una auténtica sorpresa para nosotros y creemos que causará un gran impacto», asegura.

Los investigadores han encontrado en la cara del animal unas depresiones especiales en las que podría haber albergado las glándulas venenosas. Éstas estaban conectadas por una larga depresión lateral a una serie de largos y acanalados dientes en la mandíbula superior. Este sistema, que parece hecho para cazar pájaros, es similar al que tienen las serpientes modernas, por lo que ambas especies también podrían estar emparentadas.

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Cortesía de ABC, España

Paleontologia

Encuentran restos de dinosaurios de 130 millones de años

Un grupo de expertos argentinos descubrió un nuevo yacimiento paleontológico en la sureña provincia de Neuquén, donde halló restos fósiles de dinosaurios con una antigüedad de 130 millones de años.

El hallazgo fue hecho en la localidad de Las Lajas, donde no había antecedentes de restos de dinosaurios, explicó el trabajo con un equipo del Museo Municipal de la zona del descubrimiento.

Lo importante es que hemos dado con un yacimiento en la formación Bajada Colorada, del cretácico más inferior, o sea, el más antiguo que existe.

Coria insistió en que el yacimiento está ubicado cerca de Las Lajas, donde no existían referencias de la presencia de dinosaurios y consideró que el lugar es de una enorme potencialidad.

Se ha encontrado muchísimo material fosilífero de dinosaurio en esa zona y hasta ahora se ha podido rescatar parte de uno de ellos.

Se ha encontrado material muy informativo y esa información se dilucidará en los próximos meses, en los que se buscan caracteres anatómicos que permitan proponer una especie nueva de dinosaurio.

Se encontraron solo una pata trasera, parte de un brazo y un par de vértebras de un ejemplar ornitópodo de unos cinco a seis metros de largo, de los que hay en Neuquén.

El ornitópodo es un dinosaurio herbívoro, bípedo y que tenía un aparato masticador muy complejo.

Fueron hallados en Argentina los restos de un ornitópodo, dinosaurio herbívoro, bípedo y que tenía un aparato masticador muy complejo.

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Cortesía de Internet

Paleontologia

El ‘dios Sol’ de los dinosaurios carnívoros

La historia de la evolución de los dinosaurios sigue dando sorpresas a los paleontólogos. Una nueva especie hallada en el estado de Nuevo México (EEUU) revela que los primeros dinosaurios carnívoros habitaron la Tierra hace 230 millones de años. Asimismo, respalda la hipótesis de que los primeros dinosaurios se originaron en el territorio que hoy ocupa Sudamérica y poco después se dispersaron hacia otras zonas, como América del Norte.

El descubrimiento, que el viernes publica la revista ‘Science’, ofrece valiosa información sobre cómo evolucionó el esqueleto de los primeros dinosaurios carnívoros y modifica lo que los investigadores pensaban hasta ahora sobre las relaciones entre estos animales.

El investigador Sterling Nesbitt y sus colegas de la Universidad de Texas encontraron un esqueleto prácticamente completo de una especie de dinosaurio que han bautizado como ‘Tawa hallae’ (en homenaje a los indígenas sudamericanos Hopi -que denominan al dios Sol ‘Tawa’-, y a la paleontóloga Ruth Hall). El animal medía unos 70 cm. de altura y dos metros de ancho. Su cuerpo tenía un tamaño parecido al de un perro grande aunque con una cola mucho más larga. Además, su esqueleto muestra que tenía huesos huecos y aire en el cráneo y en el cuello, una característica evolutiva que posteriormente se ha hallado en pájaros.

Desplazamientos de dinosaurios
Los fósiles fueron hallados en Nuevo México en el año 2004, en una zona conocida como Ghost Ranch. Tanto el ejemplar ‘Tawa’ como los restos de otros dinosaurios encontrados en la misma cantera están en muy buen estado y son de los más completos que se conservan del periodo final del Triásico.

Hace más de 200 millones de años, los dinosaurios vivían en un supercontinente llamado Pangea, que posteriormente se fue fragmentando dando lugar a los actuales continentes.

El ejemplar hallado pertenece a un grupo de dinosaurios conocidos como terópodos, que incluyen el Tyrannosaurus Rex o el Velociraptor. La investigación muestra que los primeros dinosaurios vivieron en una zona de Pangea que es ahora Sudamérica y que posteriormente evolucionaron hasta convertirse en distintos tipos de dinosaurios.

‘Tawa hallae’ ha ofrecido a los científicos pistas sobre cómo estos animales se desplazaron por distintas zonas del mundo. Los investigadores creen que cada especie carnívora descendía de una rama distinta antes de llegar a la zona de Pangea que actualmente es América del Norte. El clima propicio de esta zona permitió que los dinosaurios que llegaron aquí sobrevivieran. Los científicos creen que a finales del periodo Triásico no había obstáculos geográficos que pudieran impedir el desplazamiento de los dinosaurios.

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Cortesía de elmundo.es

Paleontologia
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