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Geología, Peligros Naturales y GeoTecnología

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Paleontologia

Hallan fósiles de las bacterias más primitivas de la Tierra

Las rocas australianas se han convertido en el lugar más idóneo del planeta para buscar indicios del origen de la vida en la Tierra. Ha sido en la formación Strelley Poll, al oeste del país, en Pilbara, donde un equipo de científicos, australianos en su mayoría, ha descubierto los fósiles microscópicos de unas bacterias que vivieron hace 3.400 millones de años y que aparecen asociados a diminutos cristales de pirita.

El hallazgo, publicado en la revista ‘Nature Geoscience’ podría confirmar lo que hace ya algunos años habían planteado otros investigadores y que ha sido muy discutido por algunos colegas, que apuntan que las estructuras descubiertas podrían tener su origen en procesos abióticos, es decir, al margen de organismos vivos.

Las bacterias, según el estudio, habrían necesitado sulfuro para sobrevivir en un entorno en el que aún no existía casi el oxígeno, muy pocos cientos de millones de años después del gran bombardeo de meteoritos que sufrió la Tierra, que carecía de la atmosfera que hoy conocemos, por lo que las temperaturas eran muy elevadas.

Los investigadores utilizaron sofisticadas técnicas para probar que las estructuras elípticas, esféricas y tubulares que habían identificado eran organizaciones de múltiples células que, al metabolizar el sulfuro, produjeron los cristales de pirita que han encontrado. “La supervivencia a base de sulfuro es una característica que ya se pensaba que existió en las primeras fases de la Tierra, en concreto en el momento de transición entre un mundo no biológico y otro que si lo es”, ha declarado David Wacey, uno de los autores, al periódico ‘Sidney Morning Herald’, según informa Efe.

Estos microfósiles, según los autores, serían unos 200 millones de años más antiguos que los que se habían descrito con anterioridad en la misma zona, cuyo hallazgo se publicó hace unos años en ‘Nature’. “Este trabajo confirma que hace 3.400 millones de años existían bacterias que vivían sin oxígeno”, asegura también el profesor de la Universidad de Oxford Martin Brasier, otro de los firmantes del artículo.

Una de las pruebas que aportan para datar la antigüedad de los fósiles es que las rocas en las que se encuentran se formaron entre dos erupciones volcánicas entre unos pocos millones de años.

Jesús Martínez-Frías, investigador en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), que visitó Pilbara hace unos años, reconoce que el trabajo es de gran interés “porque aporta nuevas evidencias isotópicas sobre la posible existencia de vida en épocas muy primigenias, con relaciones entre una morfología celular y probables productos de actividad biológica basados en el azufre”.

Fósiles de las huellas de vida

No obstante, Martínez-Frías recuerda que las bacterias en sí no fosilizan, sino que lo que se encuentran son las huellas que dejaron y que en este caso no se trata de restos de actividad biológica. “La evidencia es indirecta principalmente a través de isótopos y no por la identificación de biomarcadores, que son compuestos orgánicos que proceden, inequívocamente, de la actividad metabólica de organismos; una relación isotópica no es “per se”, un biomarcador, sino un geomarcador”, explica el investigador.

De este modo, y aunque el hallazgo podría ser una nueva evidencia de que la vida surgió en la Tierra poco después de que su situación se estabilizara, el investigador del CAB cree que son necesarios más estudios de biogenicidad y para identificar unos criterios inequívocos que diferencias los marcadores que indican vida de los que son geológicos. “Estos criterios serán fundamentales para determinar el momento del origen de la vida en nuestro planeta y también para evitar confusiones cuando ésta se busque fuera de la Tierra”, concluye.

Brasier, por su parte, recuerda que todavía en la actualidad estas bacterias que se alimentan de sulfuro son muy comunes y se encuentran en acequias, fuentes de aguas termales, respiraderos hidrotermales u otros lugares con poco oxígeno.

Cortesia elmundo.es

Paleontologia

Hallan fósiles de hace 3.400 millones de años, la forma de vida más antigua

La forma de vida más antigua de la que se tiene noticia vivió hace más de 3.400 millones de años en el oeste de Australia, en una Tierra en la que aún no había oxígeno. Se trata de una serie de pequeños organismos descubiertos por un grupo de investigadores de las universidades de Western Australia y Oxford en rocas sedimentarias de la región de Pibara. El hallazgo acaba de publicarse en Nature Geoscience.

Los microfósiles fueron hallados en un excelente estado de conservación entre granos de arena ricos en cuarzo. Pibara, donde se encuentran algunas de las formaciones rocosas más antiguas del planeta, es uno de los pocos testimonios que quedan de un mundo muy joven y violento, dominado por grandes erupciones volcánicas y colisiones con meteoritos. Los mares, en aquél tiempo remoto, tenían la temperatura de un baño de agua caliente.

Ya en 2002, otro grupo de científicos que trabajaba en la misma región, apenas a 20 kilómetros de distancia, dijo haber encontrado bacterias fósiles similares, pero el hallazgo fue muy discutido por numerosos expertos, que no encontraron pruebas suficientes de que se trataba efectivamente de restos orgánicos y no de formas caprichosas propias de los procesos de mineralización de las rocas.

Ahora, por primera vez, los investigadores han aportado pruebas irrefutables que demuestran el origen biológico de sus hallazgos. Se trata de bacterias que tuvieron que vivir en un ambiente que poco o nada se parecía al que conocemos y alimentarse, para sobrevivir, de compuestos derivados del azufre.

«Estos fósiles microscópicos -asegura David Wacey, de la Universidad de Western Australia y autor principal del estudio- proporcionan pruebas convincentes de células y bacterias que vivieron en un mundo sin oxígeno hace más de 3.400 millones de años».

Vida en el azufre
Entre otras pruebas, los investigadores encontraron también diminutos cristales de pirita, un compuesto de hierro y azufre también conocido como «el oro de los locos» y que es un producto de la metabolización del azufre.

Algunos de los fósiles encontrados tienen una forma tubular. Otros son esféricos y recuerdan a las modernas colonias de bacterias. Según Wacey, seguramente «se comportaban como los microbios actuales».

También en la actualidad existen numerosas bacterias que se alimentan de azufre. Se trata de extremófilos que viven en su mayor parte en las profundidades oceánicas, al calor de las chimeneas termales que calientan el agua con el calor que se escapa del interior de nuestro planeta.

Los científicos se preguntan si es posible que esta misma clase de primitivas criaturas prosperara también en planetas parecidos al nuestro, como es el caso de Marte. El hallazgo servirá, sin duda, para programar futuros experimentos en el planeta rojo y determinar si, como se cree, Marte tuvo unos comienzos similares a los de la Tierra.
Cortesia ABC, España

Paleontologia

Fosiles marinos en Egipto

Esqueletos fosilizados de ballenas, tortugas y serpientes marinas, así como colmillos de tiburones gigantes que vivieron hace millones de años han sido descubiertos en 150 zonas situadas en el desierto que rodea el oasis de Siwa, en el noroeste de Egipto.

Según ha informado hoy el diario oficial Al Ahram, un equipo del Ministerio del Medio Ambiente egipcio asegura que entre los fósiles de ballenas al menos uno tiene más de 37 millones de años. En ese mismo desierto, los científicos hallaron una zona que al parecer fue habitada por los antecesores de los elefantes, lo que el ministro de Medio Ambiente, Maged George, calificó de importante descubrimiento.

Algunos tipos de ballenas desenterradas en Siwa son similares a las que se encuentran en el famoso «valle de las Ballenas» en el oasis de Fayum, a 200 kilómetros al suroeste deEl Cairo. En la depresión de Wadi Rayan (provincia de Al Fayum) se encuentra uno de los conjuntos más ricos del mundo en fósiles marinos.
Cortesia ABC, España

Paleontologia

Encuentran en Chile fósiles de 65 millones de años

Una expedición científica organizada por el Instituto Antártico Chileno encontró restos fósiles de vegetales, moluscos, tiburones y reptiles marinos que abundaban hace 65 millones de años, antes de que la Antártica estuviera cubierta de hielo. 

El jefe del proyecto geológico y paleontológico perteneciente al programa Anillos de Ciencia Antártica, David Rubilar, comentó que se encontraron fósiles de pingüinos extintos, coníferas,  ammonites y dientes de tiburones.

Hallamos también restos de un cráneo de mosasaurio y vértebras de plesiosaurios, reptiles marinos gigantes.

Los mosasaurios serían parientes de los actuales varanos o dragones de Komodo. Eran enormes, como orcas, con extremidades a modo de aletas y que han planteado algunas preguntas acerca del origen de las serpientes y si éstas evolucionaron o no de formas acuáticas, afirmó.

Añadió que los plesiosaurios no exhiben pariente alguno en la actualidad.

Los científicos descubrieron también un hueso de brazo de un tipo de ave enorme, probablemente de un pelagornítido, de un  tamaño superior a los albatros y que tenían proyecciones en sus picos a modo de dientes. 

Doctor en Ciencias y experto en vertebrados fósiles del Museo Nacional de Historia Natural, Rubilar subrayó que estos hallazgos son significativos porque permiten conocer el tipo de fauna que vivió en determinado momento y ver si son equivalentes a la que existió en Magallanes.
Cortesia Internet

Paleontologia

Hallan en México restos de especie de oso extinta de hace 11 300 años

Cuatro cráneos completos y mandíbulas de osos semejantes a una especie extinta en América hace 11 300 años fueron hallados por arqueólogos subacuáticos mexicanos, en el fondo de un cenote de la Península de Yucatán.

Según Guillermo de Anda Alanís, de la Universidad Autónoma de Yucatán, se trata del Arctotherium, una especie que vivió durante la época del Pleistoceno y que pudiera ser un ancestro de los osos cara corta.

El arqueólogo precisó que los restos se localizaron en el interior de una caverna sumergida a una profundidad de 42 metros, cuyo acceso fue posible por un cenote ubicado entre las poblaciones de Sotuta y Homun, en Yucatán.

Los huesos se encontraron dispersos en un espacio de 120 metros de diámetro, y al parecer podrían corresponden a una familia de osos, en tanto dos de los cráneos corresponden a una hembra y un macho, y los otros a subadultos, todos de la misma especie ya que tienen igual dentición y forma craneal, subrayó.

Junto a los restos de estos mamíferos se localizaron cinco partes óseas humanas de época antigua, sin que hasta el momento los investigadores hayan definido su temporalidad y la relación o no entre ambos hallazgos.

Luego de diversos reconocimientos in situ y a través del análisis de fotografías captadas bajo el agua, el especialista advirtió que la forma de los huesos y cráneos de estos osos nunca fue observada con anterioridad entre la fauna conocida en contextos arqueológicos de la región.

Cortesia internet

Paleontologia

Perú: descubren el fósil gigante de un pingüino

Los científicos afirman que el descubrimiento realizado en la Reserva Nacional de Paracas muestra que el plumaje estaba presente al principio de la evolución del pingüino.

Las plumas del animal de entonces eran de color marrón y gris, según afirmó el equipo de investigadores en una publicación aparecida en la revista Science, y su aspecto sería muy distinto del esmoquin negro que caracteriza a estos animales en la actualidad.

El ejemplar encontrado alcanzaba los 1,5 metros y era hasta dos veces más alto que el pingüino emperador, el más grande de las especies que sobreviven en la actualidad.

Los científicos bautizaron a este ejemplar con el nombre de pingüino Pedro, en honor a un personaje escamoso aparecido en una serie de televisión colombiana.
Emperador del agua

El pájaro se llama en realidad Inkaycu paracasensis, o emperador del agua de Paraca, y deambuló en la Tierra durante el período de finales del Eoceno.

Tenía un pico largo y recto y mucho más largo que el de sus parientes actuales.

Uno de los descubrimientos más sorprendentes es el buen estado de conservación de sus plumas y las escamas de sus patas.

“Antes de encontrar este fósil no teníamos ninguna muestra de cómo eran las plumas, los colores o la estructura y la forma de las aletas de los antiguos pingüinos” , declaró Julia Clarke, una palentóloga de la Universidad de Texas, en Estados Unidos, y autora principal del estudio.

“Teníamos muchas dudas y ésta es nuestra primera oportunidad de comenzar a contestarlas”.

La investigadora explicó a la BBC que el fósil muestra cómo los principales rasgos físicos evolucionaron a lo largo de millones de años, pero el color de las plumas de los pingüinos cambiaron de tono de rojo amarronado y gris a negro de forma bastante reciente.

La particular forma de las aletas y las plumas es lo que los convierte en unos nadadores tan excepcionales.
Vuelos acuáticos

Durante sus vuelos acuáticos y en el proceso de buceo estos pájaros son capaces de generar fuerzas a propulsoras en un entorno que es 800 veces más denso y 70 más viscoso que el aire.
Los pingüinos de hace 36 millones de años eran muy distintos a los de ahora.

“Una cosa que es interesante sobre los pingüinos es cuán profundo bucean depende del tamaño de su cuerpo”, afirma Clarke.

“Cuanto más pesado es más profundo bucea. Si eso fuese cierto para todos los pingüinos, la profundidad lograda por estos gigantes habría sido asombrosa”.

Para tener una idea del color de las plumas del pingüino que murió hace tanto tiempo, el equipo examinó las melanosomas -estructuras microscópicas celulares en el fósil, cuyo tamaño, forma y disposición determinan los colores de las plumas del pájaro.

“El conocimiento del color de los organismos extintos puede revelar pistas sobre su comportamiento y su medio”, explica el coautor del estudio, Jakob Vinther, de la Universidad de Yale, en Estados Unidos.

“Pero lo más interesante, creo que es simplemente genial poder observar el color de un organismo extinto tan extraordinario, como este gigante fósil”.

Los investigadores afirma que, junto a otros recientes descubrimientos en ese área, es una muestra de la gran diversidad de especies de pingüino gigante que habitó en el Eoceno en las bajas latitudes de Perú.

“Hay un gran potencial para nuevos descubrimientos que pueden cambiar nuestra visión de la evolución no sólo del pingüino sino también de otros marinos vertebrados”.

Cortesia Geobase80

Paleontologia

Un fósil de pingüino de hace 36 millones hallado en Perú no llevaba esmoquin

Los antepasados de los pingüinos no vestían el característico esmoquin negro y blanco como los actuales, sino que tenían plumas de color marrón rojizo y gris, según científicos de EEUU que estudiaron un fósil de pingüino gigante de hace 36 millones de años, hallado en Perú.

La especie, bautizada como Inkayacu paracasensis o “Rey del agua”, data el eoceno tardío, una época en la que los pingüinos gigantes hoy extintos proliferaban en todo el hemisferio sur, según un estudio publicado en la revista Science.

El fósil, que mide casi metro y medio, fue encontrado cerca de la reserva de Paracas, en la costa de Perú.

Los científicos de las universidades de Texas en Austin, Carolina del Norte, Yale y Akron determinaron el color del pingüino al analizar los melanosomas de sus plumas, pequeñas estructuras responsables del color del plumaje.

Sus plumas eran grises y marrón rojizas, unos tonos que se asocian hoy con pingüinos jóvenes, no con los adultos.

“Las características de los huesos de este fósil en particular indican que se trata de un adulto plenamente desarrollado, no de un joven, por lo que fue una sorpresa encontrar estos colores marrón y gris”, señaló uno de los autores del estudio, el Dr. Dan Ksepka de la Universidad de Carolina del Norte.

Los investigadores también comprobaron que los melanosomas del fósil eran mucho más pequeños que los de los pingüinos actuales, lo que abre un interrogante sobre cómo y por qué las plumas de estas aves cambiaron con el tiempo.

Además, en términos de tamaño, las plumas no eran más grandes que las que hoy tienen los pingüinos de tamaño normal, mucho menores que el rey de la especie, el Pingüino Emperador, que mide 1,20 metros.

Según Ksepka, el análisis de las diferencias entre estas plumas fosilizadas y las de los pingüinos actuales puede dar pistas sobre por qué especies gigantes como el Inkayacu se extinguieron, mientras sobrevivieron las especies más pequeñas.

Cortesía Geobase80

Paleontologia

Raros insectos y arañas que convivieron con los dinosaurios aparecen atrapados en ámbar en Etiopía

El descubrimiento de un extraordinario depósito africano de ámbar de 95 millones de años de antigüedad ha revelado a los científicos los secretos de un ecosistema del que formaron parte los dinosaurios. Insectos, arañas, hongos e incluso nuevas bacterias que, además, ofrecen valiosas pistas sobre el nacimiento y diversificación de las plantas con flores durante el Cretácico.
Un equipo de más de veinte investigadores acaba de publicar en la revista Proceedings of the National Accademy of Sciences (PNAS) el resultado de una serie de trabajos realizados en un depósito de ámbar de Etiopía, uno de los pocos que se conocen del antiguo supercontinente Gondwana, del que formaba parte nuestra Africa actual.
“Hasta ahora -afirma Paul Nascimbene, del Departamento de Zoología de Invertebrados del Museo Americano de Ciencias Naturales y uno de los autores del artículo- prácticamente no se habían encontrado yacimientos de ámbar del Cretácico del supercontinente Gondwana, en el hemisferio sur. Los depósitos más importantes de esa época habían aparecido en América del Norte y Eurasia”.
“Las primeras angiospermas, o plantas con flores -asegura por su parte Alexander Scmidt, de la Universidad alemana de Gottingen y autor principal de la investigación- aparecen y se diversifican en el Cretácico. Y su expansión cambió drásticamente los ecosistemas terrestres. Los depósitos de ámbar etíopes arrojan luz sobre esta época de cambios”.

Otros miembros del equipo, por su parte, han descubierto en este yacimiento hasta 30 artrópodos diferentes atrapados en el ámbar, pertenecientes a trece familias de insectos y arañas. Los hallazgos representan, para muchos de ellos, las muestras fósiles más antiguas de que se dispone de una gran variedad de artrópodos, incluyendo avispas, polillas, escarabajos, arañas y toda una variedad de insectos raros y únicos.
Aunque quizá el auténtico “tesoro” lo represente una extraña y primitiva forma de hormiga sin alas que puede cambiar por completo las ideas actuales sobre los orígenes y la expansión de esta familia de insectos por todo el mundo.”La mayoría de los especímenes -se lee en el artículo- representan el único registro fósil de sus respectivos grupos en Africa, y algunos están entre los registros más antiguos de todo el mundo”.

El ámbar, que se forma al fosilizar la resina de las plantas, constituye una auténtica “trampa natural” que es capaz de capturar primero, y conservar después, una gran variedad de organismos vivientes, tanto de flora como de fauna. El yacimiento etíope estudiado ahora por los científicos está formado por ámbar de hace 95 millones de años, en plena era de los dinosaurios y la época en que comenzaron a surgir los mamíferos y las aves.
Analizar por completo los hallazgos y determinar su auténtica trascendencia es un trabajo que llevará largos años de investigación. Una tarea que ya están empezando a realizar expertos de todo el mundo.

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Cortesía ABC, España

Paleontologia

Por qué los dinosaurios dominaron la Tierra

Muchas son las teorías sobre cómo desaparecieron los dinosaurios de la faz de la Tierra, pero para algunos científicos, descubrir cómo semejantes animales fueron capaces de sobrevivir a un mundo absolutamente hostil y ponerse la corona sobre el resto de criaturas que pisaban el orbe es aún más enigmático. Según un estudio realizado por paleontólogos de la Universidad de Brown y que publica la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) , hace unos 200 millones de años una intensísima actividad volcánica acabó con los animales dominantes hasta entonces, los crurotarsanes, unas criaturas cercanas a los actuales cocodrilos, y permitió que los dinosaurios ocuparan su lugar en el escalafón del poder terrestre. Así comenzó un reinado que duró 80 millones de años por tierra, mar y aire.
Cuando no había quién hiciera sombra a los crurotarsanes, todavía al final del período Triásico, el planeta era muy diferente a cómo es ahora. La mayor parte de la tierra estaba unida en un solo continente llamado Pangea y no había océano Atlántico. Sin embargo, las cosas estaban a punto de cambiar. Un azote de erupciones volcánicas se sucedieron, incrementado el dióxido de carbono atmosférico y otros gases de efecto invernadero que acabaron con la mitad de las especies de plantas existentes y diezmaron la población de crurotarsanes. Al parecer, gracias a la catástrofe climática, los dinosaurios fueron liberados de sus principales competidores y se convirtieron en la fuerza dominante en el mundo animal.

Cuestión de suerte
«Lo más importante es que muchas personas han oído por qué se extinguieron los dinosaurios, pero la pregunta de por qué llegaron a ser lo que eran es mucho más emocionante», afirma Whiteside, profesor asistente de ciencias geológicas. Lo que saben los científicos es que hace más de 200 millones de años, el supercontinente Pangea se rompió cuando las placas de América del Norte y de África comenzaron a separarse, creando la cuenca que después se convertiría en el Océano Atlántico. Enormes erupciones volcánicas que duraron unos 600.000 años cubrieron de lava esta cuenca de más de 9 millones de kilómetros cuadrados, un área cercana a la parte continental de Estados Unidos.
Los investigadores analizaron los fósiles y las firmas de carbono de dos cuencas antiguas en el noreste de Estados Unidos, la de Newark y Hartford, así como otras zonas de Inglaterra para averiguar exactamente qué lo que había ocurrido con el clima, y cómo había afectado a las plantas y animales. De esta forma, averiguaron que la mitad de las especies de flora pereció en la actividad volcánica del Triásico. En cuanto a los animales, los crurotarsanes no pudieron sobrevivir a la lava. Liberado de su principal competidor, los primeros terópodos, una categoría que incluye a todos los dinosaurios carnívoros desde el velocirraptor al Tyrannosaurus rex, se convirtieron en dominantes.
Los científicos admiten que es difícil explicar cómo los dinosaurios consiguieron sobrevivir ellos también a la catástrofe natural, pero lo cierto es que tuvieron la enorme suerte de adaptarse a un mundo absolutamente terrorífico.

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Cortesía ABC, España

Paleontologia

Los dinosaurios poblaron la Tierra mucho antes de lo que se creía

Un grupo de paleontólogos ha encontrado una criatura, mitad dinosaurio mitad animal, que ha resultado ser el pariente más lejano de los terribles seres jurásicos. Este especimen, al que han denominado Asilisaurus kongwe, vivió hace 243 millones de años, 10 millones de años antes de que lo hiciera el primero de los dinosaurios conocidos y, aunque comparte con ellos muchas de sus características, los científicos lo sitúan justo en el exterior de su árbol geneaológico. Es decir, que no acaba de entrar en la foto familiar, como los chimpancés tampoco aparecen en la nuestra. El descubrimiento sugiere que los dinosaurios y los reptiles voladores pudieron haber pisado la Tierra mucho antes de lo que se creía.
Los restos del Asilisaurus kongwe (el nombre significa, más o menos, anciano antepasado del lagarto en Swahili), descritos en la revista Nature por Sterling Nesbitt, investigador de la Universidad de Texas, fueron descubiertos al sur de Tanzania. En el yacimiento aparecieron huesos fósiles de 14 individuos, lo que hizo posible la reconstrucción de un esqueleto casi entero, con la excepción de porciones de la calavera y la mano. Los ejemplares medían entre medio metro y un metro de alto y de uno a tres de largo. Pesaban de diez a treinta kilos. Caminaban sobre cuatro patas y lo más probable es que comieran plantas o una combinación de plantas y carne.

Ancestros comunes
El Asilisaurus es parte de un grupo de hermanos de los dinosaurios conocidos como Silesaurus, que comparten muchas de las características de los dinosaurios pero que todavía carecen de un gran número de sus rasgos clave. La relación entre los Silesaurus y los dinosaurios es análoga al estrecho parentesco entre los seres humanos y los chimpancés. A pesar de que los dinosaurios más antiguos descubiertos hasta ahora tienen sólo 230 millones de años, la presencia de sus parientes más cercanos 10 millones de años antes implica que los Silesauros y el linaje de los dinosaurios ya se había separado de ancestros comunes hace 240 millones de años. Los Silesaurus continuaron viviendo junto a los primeros dinosaurios durante gran parte del Período Triásico.

En el yacimiento de Tanzania fueron descubiertos junto al Asilisaurus kongwe una serie de primitivos parientes de los cocodrilos. La presencia de estos animales juntos en el mismo momento y lugar sugiere que la diversificación de los familiares de los cocodrilos y las aves fue rápida y ocurrió antes de lo que se creía. «Todo el mundo ama a los dinosaurios- dice Nesbitt-, pero esta nueva evidencia sugiere que en realidad eran sólo uno de los grandes grupos de animales del Triásico». A juicio del experto, «esto demuestra que hay grupos enteros de animales por ahí de los que aún no hemos encontrado ni siquiera indicios. Es emocionante saber que todavía hay oportunidades de nuevos descubrimientos».

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Cortesía de ABC, España

Paleontologia

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