Geología, Peligros Naturales y GeoTecnología

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Medio Ambiente

Una ‘red social’ para prevenir desastres naturales

La gestión de las emergencias en el caso de desastres naturales depende, en gran medida, de la cantidad de información que se tiene sobre las zonas de riesgo. Recogerla y procesarla es algo que ya se realiza con los sistemas de información geográfica por parte de los profesionales, pero ahora es una opción que también se abre a los ciudadanos.

Los primeros en dar el paso de implicarles en la prevención de fenómenos como aludes o incendios forestales ha sido los responsables del Gobierno de Andorra, que han encargado a una empresa especializada, Deneb, participada por Ibermática, un sistema que permita la colaboración de todos. Se trata del Sistema Web 2.0, gracias al cual los ciudadanos podrán interactuar con la información que tiene la Administración y aportar datos que no estén en el mismo, aportando fotografías, croquis o describiendo el fenómeno.

Los promotores de la iniciativa observaron que en zonas de alta montaña de Andorra siempre hay aludes que son un riesgo para las personas, dado que la afluencia de visitantes es cada vez mayor. Si resulta que los propios excursionistas, o los residentes, explican lo que ven, sería más fácil calcular los tiempos de respuestas de los servicios de emergencia.

Con el nuevo sistema, los usuarios no sólo conocen las zonas de riesgo sin necesidad de acudir a las oficinas de información, sino que cuentan con la información más actualizada. La misma web, además, les facilita las búsquedas de cualquier topónimo geográfico, desde lugares a refugios de montaña.

En el caso de los incendios también resulta de gran utilidad, explican sus responsables. Los planes de prevención municipales precisan una actualización constante de la cartografía de las pistas forestales, los puntos de aprovisionamiento de agua (balsa, embalses…), del mantenimiento de los bosques…. Deneb también ha realizado para la Diputación de Barcelona una herramienta que permite contar con una base de datos homogénea.

En caso de incendio, los bomberos acuden a los mapas de este sistema para conocer sus rutas de acceso, las de escape si hay problemas o donde recoger agua, aprovechándose de la información que podría llegar desde esa gran ‘red social’ que componen quienes conocen esa zona.

Cortesia ABC, España

Medio Ambiente

El cambio climático ‘devora’ las costas del Ártico

El calentamiento global está devorando las costas del Ártico, donde la erosión está afectando a las poblaciones humanas y amenazando la supervivencia de especies locales de plantas y animales.

Ésta es la principal conclusión de un doble estudio hecho público este lunes por un consorcio de treinta científicos de diez países que ha analizado la situación de 100.000 kilómetros de costa o cerca del 25% de las fronteras terrestres de los ocho países que lindan al norte con el océano Ártico.

“Parece que la erosión de las costas del Ártico se está acelerando de forma dramática. El recorte medio es de medio metro al año, pero en algunas zonas llega a ser de diez metros al año”, señaló Volker Rachold, investigador del Instituto Alfred Wegener de Potsdam (este de Alemania).
El Ártico ruso es el más afectado

Las áreas más afectadas son, según este novedoso informe científico, el mar de Laptev y el este de Siberia, ambos en Rusia, y el mar de Beaufort, que limita con las costas de Canadá y Alaska (Estados Unidos).

El estudio alerta de que, como las costas del Ártico suponen un tercio del total de las costas del planeta, “la erosión puede llegar a afectar a áreas enormes en el futuro”.

Este retroceso de las costas es consecuencia del calentamiento global, un problema que se agrava en el Círculo Polar Ártico, donde los incrementos doblan el aumento térmico medio global, explica el investigador alemán.

Este proceso climatológico está descongelando parte del ‘permafrost’ costero, la capa de hielo permanente de los niveles superficiales del suelo propia de regiones muy frías, lo que desbarata el de por sí fragmentario terreno sobre el que se asienta y lo deja totalmente expuesto al fuerte oleaje del océano Ártico.

“Vemos rápidos cambios en una situación que ha permanecido estable durante milenios”, denuncia el estudio, el primero de carácter comprensivo que analiza las consecuencias físicas (geológicas y químicas), ecológicas y humanas de la erosión de las costas árticas.
Los afectados

Su impacto es “sustancial” para los ecosistemas árticos costeros y para la población humana asentada en esas regiones, apunta el documento “Estado de la Costa Ártica 2010″, de 170 páginas y disponible en internet.

Los más afectados por estos cambios son los animales salvajes que habitan en esas regiones, especialmente los extensos rebaños de renos y caribús, y los frágiles ecosistemas de los lagos de agua dulce próximos a la costa.

El hombre también se ve afectado por este grave proceso erosivo, pero dada la escasa población en las costas más septentrionales del planeta, el estudio le retrata más como acicate que como víctima en este problema medioambiental.

Rachold reconoce que hay “grandes intereses” económicos y comerciales para que no se tomen medidas para frenar este proceso: la región ártica es una fuente de recursos naturales como petróleo aún virgen y su deshielo podría abrir codiciadas rutas marítimas de transporte de mercancías.
Tímidas legislaciones nacionales

Además, las tímidas legislaciones que ya se han aprobado para frenar la erosión costera son de carácter nacional y no está siquiera prevista la negociación de una normativa internacional de protección.

El trabajo científico, que precisará de estudios subsiguientes para confirmar la tendencia y evolución de este proceso, ha estado liderado por el Comité Científico Internacional del Ártico (IASC), del que España es miembro desde 2009, y alentado por otros programas e instituciones científicas internacionales.

“Tenemos que seguir investigando en los próximos años. Aún nos faltan datos y no podemos hacer comparaciones con la situación de las costas del Ártico en el pasado”, indica Rachold.

Cortesia elmundo.es

Medio Ambiente

El cambio climático amenaza al 58% de las especies protegidas en Europa

Hacia el año 2080, el 58% de las especies de vertebrados terrestres y de plantas presentes en Europa podría perder las condiciones climáticas para subsistir en las áreas protegidas de cada país. Así lo asegura un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) publicado ‘Ecology Letters’.

Los autores, liderados por Miguel Araújo, han analizado la eficacia de las políticas de conservación en el 75% de los vertebrados terrestres y el 10% de las plantas del continente. De su análisis también se desprende que estos cambios afectan a más de la mitad de las especies que se incluyen dentro de la red de conservación europea ‘Nature 2000′, hasta a un 63% de ellas.

Las áreas montañosas, los valles encerrados y las líneas de agua desempeñan un papel fundamental en la adaptación de la biodiversidad al cambio climático. Al proporcionar gradientes de temperatura y humedad acentuados, señala el estudio, facilitan la adaptación de las especies mediante movimientos de corta distancia que son más factibles y menos arriesgados que las migraciones continentales.

La red Natura 2000 abarca 27.661 zonas, lo que se traduce en un total de 117 millones de hectáreas que constituyen el 17% de la superficie de los 27 países que integran la Unión Europea. El objetivo de la red es asegurar la supervivencia de la biodiversidad a largo plazo. Además, cada país designa sus propias áreas protegidas. Todo ello convierte a Europa en la región con la mayor red de conservación del mundo.

Modelos climáticos
Los investigadores han empleado varios modelos climáticos para estudiar la potencial distribución de 1.883 especies, 585 vertebrados terrestres y 1.298 plantas de Europa.

Según explica Miguel Araujo, del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, “hemos observado que las áreas protegidas conservan mejor las especies frente a los efectos del cambio climático, pero la red Natura 2000 es más vulnerable y podría perder más especies”.

Las zonas de conservación designadas por cada país son más eficaces porque suelen situarse en zonas montañosas, que actúan como ‘refugios climáticos’. En la red Natura 2000, las especies son más vulnerables porque viven en llanuras, donde los efectos causados por el clima se intensifican. La investigación confirma que los mayores impactos los sufrirá el sur de Europa, mientras que las zonas altas de montañas europeas se verán menos afectadas.

Las conclusiones apuntan a la necesidad de designar nuevas áreas de protección tras un proceso de revisión y reclasificación de las ya existentes. Además, los autores sugieren mejorar los sistemas de gestión del paisaje para facilitar el desplazamiento de las especies entre las áreas de conservación.

“Hasta ahora se ha pensado que el éxito en las estrategias de conservación implicaba aislar las áreas protegidas de posibles amenazas. No obstante, para que sean efectivas, deben mitigar los impactos del cambio climático, además de conseguir una gestión sostenible de los hábitats y ecosistemas”, destaca Araujo.
Cortesia elmundo.es

Medio Ambiente

Hallan yodo radiactivo 7,5 millones de veces más del permitido en Fukushima

La empresa Tepco ha informado de que en aguas marinas próximas a la central nuclear de Fukushima se ha detectado un nivel de yodo radiactivo 7,5 millones de veces superior al límite legal (un primer análisis apuntó a 5 millones), , mientras el cesio-137 lo excede en 1,1 millones de veces.

Una muestra recogida a primera del lunes 4 de abril en un área marina próxima al reactor 2 de Fukushima reveló una concentración de yodo-131 de 200.000 becquerelios por centímetro cúbico.

Los análisis también mostraron una presencia de cesio-137 que superaba el límite legal en 1,1 millones de veces, según fuentes de Tepco citadas por la televisión pública NHK.

Mientras el yodo-131 tiene una vida media relativamente breve, de ocho días, el periodo de semidesintegración del cesio-137 es de 30 años.

Verter agua radiactiva para almacenar más
Los resultados de estos análisis llegan horas después de que la empresa anunciara el vertido de 11.500 toneladas de agua contaminada al mar.

El objetivo es evacuar el agua con niveles de radiación relativamente baja (procedentes de las unidades 5 y 6 de la central) al océano para dejar espacio libre y que los contenedores de la central puedan albergar agua más contaminada que anega las unidades 1, 2 y 3.

El estado de los reactores y de las piscinas es lamentable, como se ha demostrado en las imágenes difundidas por las agencias japonesas.

Tepco ha informado que hasta el momento ha vertido al Pacífico unas 3.430 toneladas de agua contaminada, del volumen total previsto de 11.500 toneladas.

Las autoridades calculan que ya se han acumulado en el sótano de la central y en canales subterráneos 60.000 toneladas de agua radiactiva, cuya presencia obstaculiza la labor de los técnicos para estabilizar la planta, gravemente dañada por el terremoto y posterior tsunami del 11 de marzo.

¿Qué se hará con el agua más radiactiva?
El portavoz del gobierno nipón, Yukio Enano, ha vuelto a defender esta actuación, iniciada el lunes, con el argumento de que esta medida es necesaria para evitar males mayores.

Una vez drenada, el agua más radiactiva será almacenada en tanques y depósitos para basura nuclear en la propia planta, además de en buques de EEUU y una plataforma flotante que será llevada a Fukushima a finales de este mes, según la agencia local Kyodo.

El ministro japonés de Agricultura y Pesca, Michihiko Kano, ha asegurado que se estrecharán los controles sobre los productos marinos de la zona de Fukushima y las provincias colindantes ante la continua filtración de agua radiactiva al mar.

Las inspecciones se reforzarán en la región de Ibaraki y también en la costa cercana a la ciudad de Choshi, en la provincia de Chiba y al este de Tokio, dijo el ministro, citado por Kyodo.

Radiactividad en productos del mar
En su afán por tranquilizar a la ciudadanía, el Gobierno japonés ha decidido este martes, además, fijar un límite de radiactividad en los productos procedentes del mar.

“Aplicaremos provisionalmente las tasas establecidas a las hortalizas, peces y marisco”, ha señalado el portavoz del Ejecutivo nipón, Yukio Edano.

El límite ha quedado establecido en 2.000 becquerelios/kg para el yodo-131, que puede provocar cáncer, y en 500 becquerelios/kg para el cesio-137. Los peces han sido considerados no aptos para el consumo.

La decisión ha sido adoptada tras el descubrimiento, en los últimos días, de niveles anormalmente altos de radiactividad en las anguilas de arena pequeñas capturadas frente a la prefectura de Ibaraki, al sur de Fukushima y al norte de Tokio. El resto de pescado analizado no ha mostrado niveles elevados de radiactividad, han especificado las autoridades

Cortesia elmundo.es

Medio Ambiente

Fukushima amenaza la lucha contra el cambio climático

En la Cumbre del Clima de Cancún (México) 2010, Japón destacó por su oposición a prolongar el Protocolo de Kioto y por su apuesta de un acuerdo en la ONU para que tanto los países firmantes como las economías emergentes limitasen sus emisiones gases de efecto invernadero.

Unos meses más tarde y tras el desastre de Fukushima, la firme posición japonesa frente al cambio climático pierde fuelle. Japón podría reconsiderar su promesa de reducir las emisiones para el 2020, según declaraciones de un funcionario del Ministerio de Medio Ambiente aparecidas en la prensa nipona.

La reducción de emisiones, en el aire
Más tarde, Yukio Edano, jefe de Gabinete del Gobierno salió a la palestra a matizar las malas noticias: Tokio tendrá que analizar el impacto de la crisis de Fukushima sobre multitud de políticas e industrias, y el cambio climático será una más. Japón tiene previsto reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 25% en 2020 hasta alcanzar los niveles de 1990. Sin embargo, la consecución de este objetivo parece ahora un poco más difusa. “En este momento, no hemos decidido si revisaremos esa meta y no estamos en una etapa en la que podamos tomar una decisión”, añadió Edano.

Más directo se mostró Hideki Minamikawa, viceministro administrativo del Ministerio de Medio Ambiente: “Es cierto que nuestra meta de reducción [de emisiones] se verá afectada significativamente”, reconoció según recoge el diario ‘Yomuri’. Minamikawa se encuentra estos días en la Reunión en Bangkok sobre cambio climático, antesala de la próxima cumbre de la ONU en Durban (Sudáfrica).

Lo cierto es que el complejo de Fukushima representaba un quinto de toda la potencia nuclear de Japón y el desastre obliga replantear la política energética nipona. Mientras se revisan las medidas de seguridad de varias centrales a lo largo del país, los representantes internacionales que se dan cita en Bangkok expresan su preocupación por el futuro.

Futuro incierto para los acuerdos internacionales
El negociador jefe de la Comisión Europea, Artur Runge-Metzer, ha reconocido que la crisis de confianza en las nucleares repercutirá en las negociaciones internacionales sobre el clima. “La nuclear es una de las opciones energéticas que emiten pocos gases de efecto invernadero, origen del cambio climático”, declaró el europeo en rueda de prensa. Runge-Metezer también hizo hincapié en la necesidad de repensar nuestro modelo de desarrollo, las tecnologías alternativas y las energías renovables.

Por su parte, el jefe economista de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), Fatih Birol, se sumó el viernes a las voces de alerta sobre las consecuencias de la catástrofe de Fukushima en la lucha contra el cambio climático. Tras la paralización anunciada de algunas centrales nucleares en Alemania y la creciente presión en algunos países contra la prórroga de las centrales o la construcción de nuevas instalaciones, el futuro más próximo se parece mucho al pasado.

¿Segunda juventud para energías fósiles?
El gas y el carbón vuelven a estar sobre la mesa. Con la vista en casa, a finales de febrero, Miguel Sebastián defendía la apuesta del Gobierno español por el carbón para garantizar nuestra seguridad e independencia energética. Un mes más tarde, los datos dijeron que la principal fuente de energía en España durante marzo había sido la eólica.

Sin embargo, desde los organismos internacionales advierten: el abandono de la energía nuclear recurriendo a energías fósiles aumentarían en 0,5 gigatoneladas las emisiones de CO2 para 2035, según Fatih Birol. Y Durban espera.
Cortesia elmundo.es

Medio Ambiente

Detectan una destrucción récord del ozono en el Polo Norte

La capa de ozono en el Polo Norte sufre un nivel de destrucción sin precedentes a causa de excepcionales condiciones meteorológicas, según informa hoy el organismo francés Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS).

A finales del pasado mes, la disminución de la capa que protege a la Tierra de los rayos ultravioleta fue del 40% y se registró en una “zona extensa”, un fenómeno nunca antes observado, señala el CNRS en un comunicado.

El motivo de esta degradación se encuentra en “un invierno estratosférico muy fío y persistente” que ha conducido a una destrucción de ozono “importante” y “prolongada excepcionalmente hasta la primavera”.

La Agencia Espacial Europea (ESA) detalla que este récord en la capa de ozono se debe a los fuertes vientos conocidos cómo ‘vórtice polar’. Este fenómeno aísla la masa atmosférica sobre el Polo Norte e impide que se mezcle con el aire procedente de latitudes medias. Como resultado, la situación -de frías temperaturas- se asemejó mucho a la que se da cada invierno en la Antártida. El satélite Enviasat, de la ESA, ha proporcionado datos para medir los niveles de ozono.

Gases perjudiciales
La destrucción de la capa de ozono está ligada a la presencia en la atmósfera de diversos gases, emitidos por los aerosoles.

A 80ºC bajo cero esos gases se convierten en nocivos para el ozono, un fenómeno “recurrente” en la Antártida, donde las temperaturas son extremadamente bajas” cada invierno, pero menos común en el Polo Norte, donde la temperatura es más elevada y las condiciones meteorológicas más variables.

“No siempre se reúnen las circunstancias para que se produzca una disminución importante del ozono” en esa región, indicó el CNRS, que señaló que “las condiciones meteorológicas extremas son responsables del récord alcanzado” este año.

Los científicos franceses, apoyados en los datos que envían las estaciones de observación destacadas sobre el terreno, tratan ahora de determinar el impacto que este fenómeno tendrá cuando las masas de aire pobre en ozono se desplacen una vez que suban las temperaturas con el avance de la primavera.

Lenta recuperación
El CNRS advirtió de que el deterioro de la capa de ozono hubiera sido mayor si en 1987 no se hubiera firmado el Protocolo de Montreal, que limita el uso de aerosoles.

Estos productos, que emiten gases ricos en cloro y bromo, permanecen durante años en la atmósfera, por lo que los científicos franceses no descartan que una destrucción de la capa de ozono similar a la de este año se repita si vuelve a haber inviernos excepcionalmente fríos.

Según el último informe de evaluación de la capa de ozono, este gas no recuperará su nivel de 1980 hasta los años 2045-2060 en el Polo Sur y una o dos décadas antes en el Norte.
Cortesia elmundo.es

Medio Ambiente

El cambio climático amenaza el Amazonas

El denominado “pulmón” de la tierra padece la segunda gran sequía en menos de diez años, lo que puede desestabilizar el equilibrio atmosférico por el aumento de CO2
Un reciente informe publicado en la prestigiosa revista Science por científicos de Reino Unido y Brasil informa de las consecuencias de las sequías que se están produciendo en el Amazonas, la región selvática más grande del mundo. La falta de lluvias ha derivado en los niveles más bajos de los ríos y afluentes en décadas, afectando a todo el ecosistema de la zona.

 

Por otra parte, muchas comunidades se han quedado aisladas y miles de botes se mantienen varados a causa del ínfimo nivel que impide su uso para desplazarse. Esta es una de las consecuencias de la tendencia climática que está sufriendo el Amazonas.

El informe explica que la escasez de lluvias que se registró el año pasado puede ser más profunda que la de hace cinco, cuando la deforestación emitió más de 5.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, una cifra similar a la cantidad de CO2 que emitió Estados Unidos por la quema de combustibles fósiles. Para realizar el estudio, los investigadores midieron la lluvia caída sobre los 5,3 millones de kilómetros cuadrados de la Amazonía durante la estación seca de 2010 y comprobaron que la sequía ese año fue más severa y prolongada que cinco años antes. Lo alarmante es que este suceso, que se daba cada cien años, ya no es tan inusual, como demuestran los datos de «Science».

Fernando Valladares, investigador del CSIC y experto en Cambio Climático, alude al «aumento de la variabilidad y de la energía en el sistema que intensifica los fenómenos climáticos». Por eso no es raro que se creen zonas donde el índice de desertificación sea cada vez mayor y contraste con «un mar muy productivo, donde sobrevivan numerosos especies», añade.

Tanto este fenómeno como el de «La Niña» –causante de las inundaciones en Australia, así como del actual ciclón que atraviesa la isla– forman parte de lo que Valladares denomina «teleconexiones»: anomalías climáticas que aunque se produzcan en un punto del planeta, pueden afectar a la zona opuesta: «Son conexiones de varios elementos atmosféricos que ocurren a gran distancia y que, por un juego de altas y bajas presiones, se mueven desde el Pacífico a Nueva Zelanda», asegura el investigador.

Según los modelos climáticos con los que trabajan los expertos, las sequías serán cada vez más frecuentes a causa de la emisión de gases de efecto invernadero que desprenden a la atmósfera. «Padecer dos eventos de esta magnitud en un plazo de tiempo tan corto es extremadamente inusual, pero desgraciadamente concuerda con los modelos climáticos que vaticinan un futuro sombrío para la Amazonía», señala el principal autor del informe, el doctor Simon Lewis, de la universidad británica de Leeds.

Según las predicciones de los expertos, los bosques que rodean el Amazonas liberarán a la atmósfera unas 5.000 toneladas de CO2 adicionales, en lugar de las habituales 1.500 millones que absorbió en 2010 y 2011. Todo ello como consecuencia de la putrefacción de los árboles.

Cortesia Geo base 80

Medio Ambiente

Adiós a La Chureca

Desde Mateare, Ciudad Sandino e incluso desde algunas comunidades de León, adultos y niños llegan hasta La Chureca para buscar el pan de cada día en medio de las más de mil 200 toneladas de desechos que a diario son depositadas en el vertedero capitalino.

El último censo sobre la cantidad de personas que sobreviven en La Chureca, a través de la recolección y posterior venta del material apto para el reciclaje, fue realizado por el organismo Dos Generaciones y por la Alcaldía de Managua y reveló que mil 267 personas trabajan de manera sistemática dentro del basurero.

El censo, además, estableció que en La Chureca se pueden encontrar al menos 32 tipos de materiales reciclables.

En promedio, cada uno de los recolectores informales puede percibir un ingreso diario de 80 córdobas, de acuerdo al mismo estudio realizado en La Chureca.

EL CAMBIO

Aunque durante muchos años el depósito de desechos se realizaba en unas 40 hectáreas del vertedero a cielo abierto, el área de trabajo para los recolectores informales se ha reducido a 16 hectáreas debido al trabajo de sellado del vertedero.

Hasta ahora, el sellado total de La Chureca registra un avance de casi el 90 por ciento y todo indica que las obras concluirán en dos meses más, porque la maquinaria incluso ya está trabajando en el último vaso de vertido o área que todavía tenía basura acumulada al aire libre.

El vertedero municipal funciona a cielo abierto desde hace unos 40 años y desde entonces sólo ha acumulado basura sin ningún control.

No obstante, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) inició las labores de sellado en marzo del 2010 y pretende sellar el vertedero, construirle casas a quienes viven dentro de La Chureca y hasta darle empleo a un alto porcentaje de los recolectores informales que serían parte de la planilla de la nueva empresa de separación de desechos inorgánicos y de la otra planta de manejo de desechos orgánicos.

Precisamente por el proyecto, cuya inversión supera los 45 millones de dólares, el trabajo de sellado se realiza paralelo al de la construcción de viviendas y del parque industrial.

Cortesia Laprensa

Medio Ambiente

El calentamiento global aumenta las lluvias torrenciales y el riesgo de inundaciones

Los científicos llevan tiempo advirtiendo de que el aumento global de temperaturas provoca cambios en el régimen de precipitaciones. La base del argumento es sencilla: más calor equivale a más energía en las atmósfera y esto supone, por tanto, más vapor de agua y más actividad en el sistema. Los expertos aseguran que es difícil predecir cómo cambiarán las lluvias exactamente en cada lugar del mundo, pero sí saben que, debido a la mayor cantidad de energía presente en la atmósfera, se harán más habituales los fenómenos extremos, como las tormentas, huracanes o fuertes temporales.

Precisamente, dos artículos recién publicados en la revista ‘Nature’ vienen a corroborar estas predicciones. Los autores defienden que las emisiones humanas de gases de efecto invernadero han incrementado considerablemente la probabilidad de precipitaciones fuertes y el riesgo de inundaciones.

Francis Zwiers y sus colegas de la División de la Climate Research Division de Toronto (Canadá), han manejado datos reales de lluvias registrados durante medio siglo en el Hemisferio Norte para llegar a la conclusión de que los aguaceros torrenciales se han más que duplicado.

Los investigadores utilizaron los registros de precipitaciones realizados en 6.000 estaciones pluviométricas diferentes entre 1951 y 1999 en todo el hemisferio norte. El terreno abarcado incluye Norteamérica y buena parte de Eurasia hasta India. Tomaron los datos de máximas de lluvia en un sólo dia registrados cada año y también los de máximas de lluvias en un periodo de cinco días de cada año, que son, según ellos, los que mejor reflejan lo que es una lluvia torrencial.

Tras aplicar nuevos sistemas de cálculo por ordenador a toda esa base de datos, los investigadores descubrieron que los episodios de lluvias violentas han aumentado en dos terceras partes del hemisferio norte en las últimas décadas. En concreto, los registros de máximas diarias han aumentado en un 65% de las estaciones y los de máximas de cinco días en un 61% de ellas.

Inundaciones en Inglaterra

En un segundo artículo publicado en el mismo número de ‘Nature’ y liderado por Pardeep Pall, de la Universidad de Oxford, se asegura que el calentamiento global aumenta la posibilidad de que ocurran inundaciones como las sufridas en Gran Bretaña en octubre y noviembre de 2000, el otoño más húmedo conocido en aquel país desde que empezaron los registros en 1766.

De hecho, según sus cálculos, aquellas inundaciones se vieron reforzadas por el calor extra añadido por el hombre a la atmósfera. Cuando los científicos simularon en el ordenador las condiciones de aquel otoño pero retirando las variables de perturbación introducidas por los gases de efecto invernadero emitidos por el hombre en los últimos siglos, resultó que en nueve de cada 10 cálculos el ordenador decía que esas lluvias no hubieran sido tan catastróficas de no haber intervenido el factor humano. De hecho, es con esas palabras, Factor Humano, como titula su portada la última edición de la revista Nature, que lleve una fotografía de una ciudad inundada como única ilustración.

Cortesía elmundo.es

Medio Ambiente

Alerta ecológica en el Amazonas por dos graves sequías en cinco años

Un nuevo estudio muestra que la sequía sufrida en la cuenca del Amazonas el verano pasado puede haber sido incluso más dañina para los bosques de la región que la sequía inusualmente fuerte de 2005, que fue considerada entonces como un fenómeno de esos que ocurren una vez en un siglo. Ahora, se han sucedido dos periodos de extrema sequedad en un lustro.

El análisis de la lluvia caída en cinco millones de kilómetros cuadrados de la Amazonía durante la estación seca de 2010 se publica en la revista ‘Science’ esta semana y muestra que la sequía fue más dispersa que la de 2005.

El equipo de investigadores, formado por expertos británicos y brasileños, también calculó el impacto de esta sequía sobre el ciclo de carbono de los bosques. Como es sabido, los árboles capturan el CO2 del aire (el principal gas de efecto invernadero) y lo incorporan a sus tejidos. El carbono se libera de nuevo a la atmósfera cuando los árboles arden y también cuando se pudren, aunque en esta caso la emisión es mucho más lenta.

Según los autores, durante la sequía de 2005 los bosques amazónicos liberaron unos 5.000 millones de toneladas de CO2, debido a que el clima extremo provocó la muerte de muchos ejemplares. Y durante la sequía de 2010 la cantidad de carbono emitido puede haber sido incluso mayor. Hay que tener en cuenta que cantidades de ese calibre equivalen a las que produce un país como EEUU en todo un año. En 2009, por ejemplo, ese estado produjo unos 5.400 millones de toneladas de CO2.

Los autores sugieren en su artículo que si las sequías de este tipo se hacen más frecuentes, el Amazonas dejará de funcionar como un sumidero de las emisiones producidas por el hombre, tal y como ha sido hasta ahora.

Sequías inusuales
El autor principal, Simon Lewis, de la Universidad de Leeds, afirma en una nota distribuida por el servicio de noticias científicas Eurekalert: “Observar dos eventos de esta magnitud en un periodo de tiempo tan breve es extremadamente inusual, pero por desgracia es un hecho que concuerda con los modelos climáticos que proyectan un futuro oscuro para la Amazonia”.

La cuenca del Amazonas abarca terrenos de seis países sudamericanos y cubre una extensión de hasta siete millones de kiómetros cuadrados, lo que equivale a 14 veces España. Otros estudios de la Universidad de Leeds habían estimado que esa amplia zona de bosque ecuatorial funciona como un receptor de CO2 atmosférico y en años meteorológicos normales llega a absorber unos 1.500 millones de toneladas. Aunque en muchas partes del Amazonas también se emite CO2 debido a la deforestación, las talas y los fuegos, el saldo total es positivo. La cuenca contribuye así a frenar el calentamiento global ya que funciona como receptora de los gases de efecto invernadero producidos en otros lugares.

Sin embargo, no fue así en 2005. La extrema sequía provocó la muerte de muchos árboles. Los estudios de campo demostraron que en esa época extrema los bosques ralentizaron su metabolismo y dejaron de absorber CO2 del aire. Al mismo tiempo, los árboles muertos y en descomposición liberaron carbono. En su momento, los meteorólogos describieron aquella sequía, que afectó especialmente al suroeste de la cuenca, como un evento extremo de los que ocurren una vez cada siglo. Pero cinco años después, la región ha sido golpeada por otra sequía similar que provocó que el nivel del agua en los cauces llegara a mínimos históricos, como es el caso del río Negro, uno de los principales tributarios, que registró su peor medición histórica.

El estudio recién publicado, liderado por el británico Lewis y el brasileño Paulo Brando, del Instituto de Pesquisa Ambiental da Amazonia (IPAM), empleó la relación conocida entre la intensidad de la sequía de 2005 con la muerte de árboles para estimar el efecto producido por la recién terminada escasez de lluvias de 2010.

Descomposición de árboles
Los científicos creen que, debido al estado de estrés que ha sufrido la selva durante este periodo de falta de lluvias, no va a ser capaz de absorber CO2, tal y como hace habitualmente. Eso ocurrió en 2010 y también pasará en 2011. Además, aseguran que en los próximos años el Amazonas emitirá unos 5.000 millones de toneladas de carbono provenientes de los árboles muertos que entrarán en fase de descomposición.

El doctor Brando, afirma: “No podremos saber exactamente cuántos árboles han muerto hasta que no completemos el trabajo de observación directa en el campo. Puede ser que muchos de los árboles más sensibles a la sequía ya murieran en 2005, lo que podría reducir el número de los desaparecidos en 2010. Pero por otro lado, la primera sequía pudo dejar debilitados un gran número de ejemplares, y éstos quizá no han resistido el segundo golpe recibido en 2010″.

Brando afirma que el estudio debe verse como una “estimación inicial”. De hecho, el cálculo de emisiones no incluye las proveniente de los fuegos, que se extendieron por numerosas áreas durante los días de calor y falta de agua. Esos fuegos liberaron grandes cantidades de carbono de forma súbita”. Algunos modelos climáticos indican que las sequías en el Amazonas como consecuencia del calentamiento global.

El doctor Lewis añade: “La sucesión de dos sequías extremas e inusuales en menos de una década sirve de sobra para anular el CO2 absorbido por los bosques intactos durante ese mismo tiempo. Si fenómenos como éste empiezan a ocurrir más a menudo, la selva amazónica llegará a un punto en el que dejará de ser un valioso almacén de carbono capaz de ralentizar el cambio climático a convertirse ella misma en un punto de emisión capaz de acelerar el fenómeno”.

Todavía hay considerables incógnitas sobre el impacto del cambio climático en el Amazonas. Este nuevo estudio se añade a un cuerpo de evidencias que sugieren que las sequías severas se harán más frecuentes, acarreando importantes consecuencias para los bosques amazónicos. Si los gases de efecto invernadero contribuyen a las sequías del Amazonas, que a su vez provocan incendios y muerte de árboles que producen CO2, este es un proceso de retroalimentación sumamente preocupante”, dicen los autores.
Cortesia elmundo.es

Medio Ambiente
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