Geología, Peligros Naturales y GeoTecnología

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Ciencias

¿Qué mundo queremos?

Es una pregunta básica.

¿Qué mundo queremos? Podemos querer un mundo en el cual nos movemos a 150 km/h para llegar un minuto antes al atasco. Un mundo en el cual nos matamos por conseguir al chico/chica que nos parece el/la más guapo/a del grupo para descubrir unos meses más tarde que quien nos gustaba era otro. Podemos querer tener las casas con cuatro pantallas planas de TV en cada una de las cuatro paredes de cada habitación de la casa.

O podemos querer que existan las Tablas de Daimiel, Doñana, los linces y las avutardas, los glaciares y los bosques.

Podemos querer poseer o querer disfrutar. Dominar o vivir. Controlar o compartir. Podemos querer ser los monos jefes de la tribu de papiones o seres humanos.

Hay un mundo de dominio. Hay un mundo de disfrute. Hay quien aparta a los demás de su camino. Hay quien comparte su vida con los demás.

¿Qué nos queda en el mundo? Cuando yo era niño podía andar por la sierra de Madrid disfrutando del olor de los pinos y el silencio del bosque. Hace años que no subo a Guadarrama, a la Fuenfría, al Camino Schmidt, a Peñalara, porque lo único que me rodea hoy en esos sitios es la misma conversación que escucho en el tren de Alcalá cuando voy a la Universidad, los mismos humos de las motos de trial que respiro en las calles de Madrid.

Estamos destrozando –nuestro- planeta, nuestra casa común.

Y sin embargo, para vivir muy bien, mejor que lo que vivimos ahora, lo que necesitamos es compartir. Crear en vez de destrozar.

Ayer entre emprendedores de Almería me quedé sorprendido: Hay allí gente magnífica que no acepta la vida impuesta, que busca otro mundo distinto de este, compartiendo. Que quiere hacer dinero: Yo también, pero compartiendo el mundo con los demás, no destrozando este pequeño mundo que tenemos.

Dentro de unos días se discutirá en Copenhague el cambio de modelo económico, porque eso es el esfuerzo contra el cambio climático. Podemos seguir destrozando o podemos construir.

¿Qué elegimos?

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Cortesìa de elmundo.es

Ciencias

¿Cómo será el ser humano del futuro?: Cuatro opciones que baraja la ciencia

El aspecto que tendrá el ser humano dentro de cientos, miles o millones de años es una de esas grandes preguntas a las que los científicos no pueden replicar con una única respuesta. ¿Nos convertiremos en inviduos más altos, sanos y esbeltos? Se trata de una fantasía generalizada, pero algunos investigadores apuntan a panoramas más realistas y otros creen que ni siquiera sufriremos cambios dignos de reseñar. Las teorías más extraordinarias dibujan un futuro de ciencia ficción, en el que podríamos convertirnos en ciborgs, organismos cibernéticos dotados de dispositivos mecánicos para mejorar las limitadas capacidades biológicas con las que hemos nacido, e incluso hay quien apunta que acabaremos digitalizando nuestras conciencias para conseguir una inmortalidad cibernética.
El debate está más de actualidad que nunca con motivo del segundo centenario del nacimiento de Charles Darwin (1809-1882) y los 150 años de su obra más famosa, «El origen de las especies», este último celebrado hace tan sólo unos días. En su libro, el naturalista británico esbozaba la entonces revolucionaria teoría de la evolución, una ley del más fuerte que quizás ya no funcione con nuestro extenso grupo humano. En la actualidad, el curso que tomará el hombre está más allá de la fortaleza y la habilidad para sobrevivir al medio. La tecnología y el desarrollo de la medicina, el cambio climático y la destrucción de los ecosistemas de la Tierra, la gigantesca migración que hemos protagonizado como especie y quizás el más extraordinario viaje que nos espera, la conquista de otros planetas para convertirlos en hogares habitables, pueden influir en nuestra futura apariencia tanto como en nuestras vidas. Estas son las principales hipótesis al respecto:
-La evolución ya se ha detenido:
«Porque hemos evolucionado, es natural imaginar que lo continuaremos haciendo, pero creo que ésa es una idea errónea», afirma el antropólogo Ian Tattersall, del Museo de Historia Natural de Nueva York, a la revista National Geographic. «Por lo que sabemos, las innovaciones genéticas se producen solamente en pequeñas poblaciones aisladas», añade el especialista. Por ejemplo, esto es lo que ocurrió con los famosos pinzones de Darwin en las Galápagos, que adquirieron características propias para ajustarse a la vida en la isla.
La selección natural, a la manera del naturalista británico, tiene lugar cuando una mutación genética -como una columna adecuada para caminar erguido- se transmite de generación en generación, porque supone algún beneficio para la especie. Finalmente, la mutación se convierte en la norma. Para Tattersall es muy difícil que esto le ocurra al Homo sapiens, ya que poblamos prácticamente todo el planeta y disfrutamos de gran mestizaje y movilidad. «Tendremos que aprender a vivir tal y como somos», concluye.
Esta idea está respaldada por otro concepto importante en la teoría de Darwin que ya no funciona de la misma forma. El más fuerte no encabeza necesariamente el cambio evolutivo, ya que, gracias a los avances médicos, los más débiles, individuos que habrían muerto sin remedio si sólo dependieran de la selección natural, también sobreviven y pueden transmitir sus genes. Al menos, en las sociedades occidentales.
-Mujeres más bajas y rellenitas:
Al contrario que sus colegas más negativos, otros científicos creen que la evolución humana está lejos de haberse terminado. Una de las hipótesis más interesantes fue publicada hace apenas unas semanas en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Según el biólogo evolutivo Stephen Stearns, de la Universidad de Yale, las mujeres del futuro serán más bajas (dos centímetros menos), más rellenitas (dos kilos más) y más fértiles. Además, tendrán un corazón más sano que el de las mujeres actuales. Todo eso ya para el año 2409. No queda tanto.
El científico pudo comprobar que las mujeres más bajas y de mayor corpulencia tendían de forma inequívoca a tener más descendencia que las demás, más altas y delgadas. De la misma forma, las mujeres con una menor presión sanguínea y con índices de colesterol más bajos también tenían más hijos que la media. Pero lo que terminó de convencerle es que todos esos rasgos pasaban a la siguiente generación, de forma que también las hijas de esas mujeres tenían más hijos que la media.
La conclusión es que los humanos actuales siguen evolucionando y que, en palabras de Stearns, «la selección natural aún está en funcionamiento». Por supuesto, los cambios evolutivos identificados por los investigadores serán lentos y graduales, como ocurre con el resto de las especies.
Otros científicos afirman que la evolución sigue actuando a partir de las distintas frecuencias de determinados genes según la localización geográfica de los individuos estudiados. Y algunos atribuyen gran importancia a la selección de la pareja sexual para garantizar hijos más sanos, una selección a la que la tecnología puede dar un giro, ya que permitirá obtener descendencia sin enfermedades, más fuerte y saludable y, por lo tanto, también más atractiva.
-Una inmortalidad electrónica:
El movimiento conocido como transhumanismo que confía en las nuevas tecnologías para trascender al mundo biológico y mejorar las capacidades mentales y físicas del ser humano. Nick Bostrom, director del Instituto de Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford y uno de los principales teóricos de esta tendencia, considera que el desarrollo de la clonación, la robótica, la genética, la inteligencia artificial y la nanotecnología cambiarán nuestro aspecto de una forma determinante. No es una evolución natural, pero es una evolución. El rango de posibilidades es ilimitado, desde una especie de ciborgs con piezas electrónicas en el cuerpo que nos ayuden a superar nuestras limitaciones humanas hasta el desarrollo de una nueva generación de super soldados o atletas, propuestas que aunque parezcan insólitas no pueden despreciarse, ya que quizás el futuro nos plantee serios problemas morales que debemos estar preparados para afrontar.
Una de las ideas más extremas del transhumanismo es la inmortalidad electrónica: que el cerebro de una persona pueda «escanearse» átomo a átomo para transferir sus pensamientos a un ordenador.
-Colonias fuera de este mundo:
En el futuro, la colonización de otros planetas puede dar lugar a una situación insólita: congéneres de la especie humana absolutamente aislados durante un prolongadísimo espacio de tiempo. ¿Podrían producirse cambios evolutivos? El antropólogo de la Universidad de Wisconsin-Madison John Hawks explica en National Geographic que para que una nueva especie humana vuelva a surgir sería necesario un panorama semejante. Sin embargo, a pesar de que poblaciones de lugares como Australia y Papua Nueva Guinea han permanecido parcialmente aisladas durante 30.000 años, no se produjeron cambios espectaculares.

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Cortesìa de ABC, España

Ciencias

El fin del mundo será otro día: las profecías de las que se ríe la ciencia

Desde principios de los tiempos han sido muchos los que han pronosticado el fin del mundo, cada cual con un final distinto, pero siempre a lo grande, con cielos que se abren, explosiones atómicas o meteoros que se estrellan contra la Tierra. Temores como estos resurgen cada pocos años, en algunos casos acompañados de teorías pseudoreligiosas o pseudocientíficas, que a los dos bandos recurren los apocalípticos para elaborar sus estrafalarios augurios. El caso es que las fechas previstas por estos agoreros han pasado sin pena ni gloria, como otro día cualquiera, desde el año 800 en el que el Beato de Liébana  pronosticó su Apocalipsis hasta la más reciente, hace poco más de un año, de la puesta en marcha del Gran Acelerador de Hadrones (LHC) en Ginebra. Por cierto, prepárense porque, que se sepa, aún quedan dos finales por llegar: el que causará la misma «máquina del Big Bang» cuando se ponga en marcha de nuevo a toda potencia en enero y, por supuesto, el que algunos pronostican para 2012 en una curiosa interpretación del final del calendario maya. No digan que no les habíamos advertido.
Estas son algunas de las hecatombes más famosas a las que hemos sobrevivido, aunque seguramente el lector podrá añadir algunas más que tenga en su memoria:
-La Mir caerá sobre París y se desatará una oleada de desastres: Pasar de 1999 al año 2000 no podía ser algo ordinario. Además de los efectos perversos que el salto de centuria pudiera tener en los ordenadores -instituciones y empresas se prepararon para el acontecimiento-, el mundo se enfrentó a una profecía impresionante que tiene su origen en las teorías de Nostradamus. El excéntrico modisto Paco Rabanne cambió las telas y las agujas por una bola de cristal y advirtió a la Humanidad de que la vieja estación espacial rusa Mir iba a caer sobre la ciudad de París el 11 de agosto de 1999, fecha que coincidía con el último eclipse total del milenio. A partir de ahí, se sucederían una serie de desastres que conducirían sin remedio al fin de los tiempos. ¿Recuerda que hizo ese día? A no ser que algo importante de índole personal ocurriera en su vida, ese 11 de agosto no se diferenció demasiado de cualquier otro día del verano. El diseñador hizo un ridículo espantoso al que luego intentó quitar hierro, pero su reputación había quedado tocada sin remedio.
-El triste caso de La Puerta del Cielo: Si podemos tomar a chufla las declaraciones de Rabanne -al fin y al cabo el mayor perjudicado fue él mismo- esta historia es realmente trágica. En 1997, 39 miembros de la secta La Puerta del Cielo se quitaron la vida en la mansión en la que residían en San Diego (California) para que los extraterrestres llevaran sus almas a una nave espacial y evitar así el Armagedón que pronto caería sobre la Tierra. «Prefiero apostar en perder el autobús hacia el cielo que quedarme en este planeta y arriesgarme a perder mi alma. No hemos muerto, simplemente nos hemos mudado de este vehículo que es nuestro cuerpo», declaraba uno de los líderes en un cinta previamente enviada a la cadena de noticias CNN. Esta locura colectiva tuvo imitadores. Meses después, en Canarias, la Policía evitó que 34 adeptos de un grupo pseudorreligioso se suicidaran en el Teide, donde esperaban que les recogiera una nave espacial para salvarlos del fin del mundo.
-Un meteorito chocará contra la Tierra: Esta es una de las profecías más habituales y uno de los temores más extendidos en lo que el astrobiólogo David Morrison, un experto de renombre mundial en el sistema solar, denomina «cosmofobia», un miedo sin fundamento a los fenómenos que ocurren en el Universo. El italiano Giorgio Bongiovanni alertaba de que un meteorito chocaría contra nuestro planeta en 1991… porque se lo habían comunicado Jesús y la Virgen. Sus teorías aún circulan por distintas webs de dudoso gusto.
-El aviso del cometa Halley: El Halley dio muchísimo de sí a los predicadores del fin de los tiempos. Su paso cerca de la Tierra en 1986 fue interpretado por los amigos de lo oculto como una señal de que pronto íbamos a enfrentarnos al juicio de los juicios. El peruano Sixto Paz, una especie de visionario, calculó en su día que la sarracina mundial se produciría a causa de una gran guerra atómica. En el cielo, el cometa Halley -¿qué demonios tendrá que ver con la bomba atómica?- sería el aviso del sacrificio humano. ¿El resultado? Han pasado más de veinte años…
-¿Que la vida sigue después del día señalado? Pues cambiamos la fecha: Es una estrategia común entre los más desfachatados. Si el fin del mundo no llega cuando lo has previsto, dices que será otro día y tan frescos. Después de leer la Biblia a su manera, William Miller, fundador de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, propuso el epílogo para el 21 de marzo de 1843. Ese día debió de notar algunas miradas suspicaces, así que trasladó un segundo final al 22 de octubre de 1844. No fue el único que se divirtió con un baile de fechas. Los Testigos de Jehová han tenido ya varios apocalipsis (1874, 1914, 1918, 1925, 1940 y 1975). Lo mismo ha ocurrido con los agoreros del LHC, como veremos más adelante.
La Edad Media fue una época rica en predicciones fatalistas a partir de la interpretación de la Biblia. Beato de Liébana eligió el año 800; Arnaldo de Vilanova, 1370… Se inició así una carrera de fracasos que ha llegado hasta nuestros días. El mundo se enfrenta ahora a dos posibles y absurdos finales. Uno ya lo conocemos, y lo más probable es que cuando llegue ocurra lo mismo que ocurrió hace un año: nada. Se trata del miedo que algunos sectores poco informados tienen al LHC. Un grupo internacional denominado ConCERNed incluso lo ha denunciado ante la ONU porque considera que la máquina puede crear un agujero negro que engulla el planeta entero. Ahí es nada. Si todo marcha como está previsto, nos reiremos del tema a principios de 2010, cuando el ingenio, si hay suerte, consiga recrear un «Big Bang» en miniatura.
El segundo final, por si el primero le viene mal, es de película: el de diciembre de 2012. Ya saben, esa interpretación libre del calendario maya sobre la hecatombe que Hollywood y otros interesados se han encargado de engordar en diferenes webs de marketing viral. Vaya preparando su agenda y no haga demasiados planes.

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Cortesìa de ABC, España

Ciencias
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