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‘Estamos destruyendo la vida en la Tierra’

El mundo no se puede permitir perder su riqueza natural. La Cumbre de Naciones Unidas sobre Biodiversidad en Nagoya (Japón), ha comenzado este lunes con llamamientos expresos a que la comunidad internacional actúe de forma inmediata para frenar la alarmante tasa de extinción de especies y la destrucción del medio ambiente.

“Este encuentro es parte de los esfuerzos del mundo para enfrentarse a un hecho muy simple: estamos destruyendo la vida en la Tierra”, afirmó Achim Steiner, responsable del Programa de Medio Ambiente de la ONU, durante la inauguración de la cumbre, que se prolongará hasta el 29 de octubre.

Jochen Flasbarth, presidente de la novena Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidad Biológica y director del departamento de protección de la naturaleza y uso sostenible del Ministerio de Medio Ambiente de Alemania lamentó que continúe la pérdida de biodiversidad. Es “obvio que la comunidad mundial fracasó en cumplir con ese objetivo”, dijo Flasbarth. “Seguimos perdiendo la diversidad, la riqueza, la belleza y el capital de nuestro planeta”.

Aun así señaló que son visibles algunos avances en la protección de especies. Como ejemplo de ello mencionó el retroceso de la pérdida de superficie forestal en algunas regiones. Muchos países han adoptado estrategias nacionales para la protección de la diversidad de especies, aseguró.

Durante el inicio de la conferencia la ONU alertó, asimismo, de que menos de un 1% de los océanos y en torno a un 12% del espacio terrestre están protegidos. La ONU recalcó que “las áreas debidamente protegidas propician ecosistemas saludables, que en contrapartida mantienen a las personas sanas”.

Amortiguar el cambio climático y la pobreza
A su vez incidió en la importancia que tienen las zonas protegidas como amortiguadores del cambio climático y la pobreza”, por lo que instó a las partes presentes en la convención a elevar las zonas protegidas a un 15 por ciento en el caso de las marítimas y a un 25 por ciento en el de las terrestres.

“Lo que el mundo quiere de Nagoya son acuerdos que detengan la dramática pérdida de riqueza viva en el mundo y la continua erosión de los sistemas que sostienen nuestra vida”, dijo también Jim Leape, director general de la organización WWF.

Delegados de 193 Estados miembros, líderes económicos y organizaciones no gubernamentales se reunieron para esta décima Conferencia de las Partes de la Convención de Diversidad Biológica (CBD) con el fin de establecer objetivos.

Durante el encuentro, las partes también discutirán sobre cómo compartir los beneficios derivados de los recursos genéticos.

Los países desarrollados y los menos desarrollados están divididos respecto a algunas de las cuestiones principales, por lo que hay gran preocupación en torno a que estas fracturas pudieran estancar las conversaciones como ocurrió en diálogos anteriores.

La CBD, que se creó en 1992 en la Cumbre sobre la Tierra en Río de Janeiro, junto con la Convención sobre Cambio Climático de Naciones Unidos, tiene tres objetivos principales: conservar la diversidad biológica, utilizar la diversidad biológica de manera sostenible y compartir los beneficios de los recursos genéticos de forma justa y equitativa.

En 2002, las partes prometieron reducir la tasa de pérdida de biodiversidad “significativamente” hasta 2010 para aliviar la pobreza y beneficiar toda la vida en la Tierra. Sin embargo, esas metas no se cumplieron.

Lucha contra la biopiratería
Uno de los pilares de las negociaciones actuales es el llamado protocolo ABS (siglas en inglés para Access and Benefit-Sharing) contra la “biopiratería”, cuya finalidad es hallar una solución justa para el reparto equitativo de los ingresos derivados de la extracción de sustancias biológicas. Las propuestas contemplan que grupos farmacéuticos, que producen medicinas a partir de plantas tropicales cedan parte de sus beneficios a la población del país originario de las sustancias en cuestión.

Especialmente los países en vías de desarrollo conceden gran importancia al protocolo ABS. Para ellos ese acuerdo podría ser una oportunidad para una transferencia controlada de tecnologías o pagos adicionales de países industrializados.

La aprobación de un protocolo contra la “biopiratería” podría ser determinante para que los países en vías de desarrollo ratifiquen el borrador de la estrategia de protección de la biodiversidad, presentado en Nagoya. El único Estado industrializado que rechaza la Convención para la Protección de la Biodiversidad es Estados Unidos.
Cortesía elmundo.es

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