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Efectos de un volcán «de juguete»

Los aviones modernos están diseñados para operar en ambientes libres de ceniza y de gases corrosivos, justo lo contrario a lo que estos días predomina en los cielos europeos. Los radares de los aviones no pueden detectar la presencia de nubes de ceniza, que pueden alcanzar las altitudes de crucero de las aeronaves, por encima de los 8.000 metros. Con esta circunstancia de partida es necesaria la conjunción de una variedad de factores que permitan en los próximos días «sortear» el caos aéreo generado por la erupción del volcán en Islandia. Y todo ello en la esperanza de que el volcán no siga emitiendo cenizas en la cantidad que lo hizo en los primeros días de erupción, y dependiendo de la altura a que las partículas de magma sean eyectadas a la atmósfera.
LA NUBE DE CENIZAS
Semanas en suspensión
La nube está integrada por partículas muy finas de magma, que se ha solidificado muy rápidamente, compuestas en un 90% por sílice, explica a ABC Ramón Ortiz, vulcanólogo del CSIC. Y su densidad depende de la altitud; donde hay más es en la franja a la que son inyectadas en la atmósfera. La nube eruptiva (vapor de agua más algunos gases) asciende térmicamente hasta alcanzar una altura en la que está en equilibrio con la atmósfera que la rodea y allí se queda. «Las más pesadas -dice Ortiz- ya han caído, y las que quedan son muy pequeñas, y su relación tamaño-peso hará que sigan suspendidas entre dos o cuatro semanas».
Ahora, la franja más densa de la nube se encuentra en la tropopausa, entre unos 8.000 a 10.000 metros de altitud, según los datos de satélite y de observaciones desde tierra con láser, que sirven a los centros de control de cenizas para dar los avisos a los gestores aéreos. A esa altura no hay tiempo sensible, por lo que las partículas van bajando en función de su peso.
EVOLUCIÓN DE LA NUBE
Factor meteorológico
Una vez que las partículas van descendiendo entran en juego los factores meteorológicos. Las corrientes mueven a su antojo la estela de cenizas. Ángel Rivera, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología, no quiere se atreve a avanzar para ABC su pronóstico del tiempo para los próximos días sobre Europa, puesto que la nube de ceniza volcánica tiene un comportamiento interno y propio. Sólo explica que «el tiempo en primavera en estas latitudes es muy variable y, por tanto, impredecible». En estos momentos, dice, tenemos una situación bastante normal en primavera para Centroeuropa, dominada por un anticiclón y con una circulación atmosférica normal, con estabilidad salvo algunas pequeñas variaciones de circulación en el norte -ayer la nube alcanzó una latitud más septentrional hacia el este de Europa-.
La troposfera, que es donde se produce el tiempo sensible, en esta época del año asciende hasta unos 9 kilómetros, y es por debajo donde se producen los vientos y las lluvias. Si llueve, se produce la deposición de las cenizas. Y esto es lo que parece que ha ocurrido ya en nuestro país.
El profesor de Física Aplicada de la Universidad de Alcalá de Henares Miguel Ramos ha tenido, como él mismo describe a este diario, «un encuentro fortuito» con las cenizas en su casa de Azuqueca de Henares. El método no es muy ortodoxo, pues el profesor Ramos encontró las cenizas en el toldo de su casa, sobre el que había caído agua de un canalón roto para la que el toldo sirvió de filtro. Una vez que el toldo se secó surgieron «unos finos característicos de las cenizas volcánicas», explica Ramos. Mirados al microscopio óptico y enviadas las imágenes a algunos colegas para que las cotejaran, el profesor concluye que se trata de piroclastos, de talla submilimétrica, razonable para la distancia al foco emisor.
EFECTOS EN LOS AVIONES
El sílice, muy peligroso
El sílice, principal componente de las partículas emitidas por la erupción del volcán, es muy peligroso para la aviación, explica el vulcanólogo Ramón Ortiz. «Si se mete en el motor, se funde en la cámara de combustión para luego solidificarse sobre una superficie fría, que es donde está la turbina, que se deforma. El motor reduce mucho la potencia y aumenta la temperatura para finalmente apagarse y evitar así su incendio. «Lo malo -dice Ortiz- es que suelen apagarse los cuatro motores a la vez, porque tragan la misma cantidad de ceniza».
Como explica Luis Pérez Sanz, jefe del Departamento de Navegación Aérea de la ETS de Ingenieros Aeronáuticos, la ceniza puede provocar que los sensores «pitot» se obstruyan, bloqueando su recolección de datos para la navegación, como la velocidad del avión. También el impacto de la ceniza puede erosionar los «slats» y los «flaps» en las alas, muy importantes para el despegue y el aterrizaje.
NAVEGACIÓN AÉREA
Pasillos y rutas
La única manera de sortear el caos aéreo durante el tiempo que persista la nube es abriendo pasillos en las zonas en que estén presentes estas partículas, diseñando rutas de acceso a diferentes altitudes. La Organización de Aviación Civil Internacional cuenta con un grupo especializado en la vigilancia de volcanes, que determina la posición exacta de las nubes de cenizas, lo que permite a los controladores aéreos establecer las trayectorias de vuelo adecuadas.
Por este motivo, los pilotos y otros sectores aeronáuticos han criticado el cierre total del espacio aéreo durante tantos días. El vulcanólogo Ortiz reconoce que éste «es un volcán de juguete comparado con el Pinatubo». Comprende que «el peligro de que se te caiga algún avión es muy grave», aunque cree que «ha habido una sobrerreacción».

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Cortesía ABC, España

Vulcanologia

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